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domingo, 6 de noviembre de 2016

La gran mentira del PP

          Llegó el momento de sorprenderse y rasgarse las vestiduras con el caso Espinar. A mí en concreto me sorprende poco, me cuesta creer que alguien se creyera realmente el cuento de "somos los hijos de los obreros que nunca pudisteis matar". Los cuadros de Podemos son casi todos "los hijos de los profesionales liberales que no supieron encajar la caída del Muro de Berlín" (aunque yo diría que precisamente el padre de Espinar fue un socialista que lo encajó divinamente). "Son unos hipócritas" dicen aquellos que se sorprenden o fingen sorpresa. Yo creo que no, yo creo que realmente se han creído su propio metarrelato porque aunque vayan de postmodernos, de hecho son modernos trasnochados (salvo Errejón diría, cuyo relato es coherente con el fin de los metarrelatos de la postmodernidad). No mienten, viven ellos mismos engañados. Como Don Quijote, ellos de tanto leer libros de revolucionarios...
          Pero no quiero hablar aquí de Podemos (ya lo he hecho en varias entradas, más bien críticas) solo quiero aprovechar la polémica creada por la hostia que le ha dado la realidad a quien es un pijo con mala conciencia (un gremio al que pertenezco) para hablar de otros que viven también en una realidad alucinada y no lo saben: los mandos del PP. Y no se trata de un "y tú más", porque de hecho no es corrupción o hipocresía lo que quiero reprocharle al PP (eso ya lo he hecho en bastantes entradas), sino autoengaño.

          A Podemos se le reprocha un rigor en sus exigencias a los demás que no son capaces de tener con ellos mismos algunos de sus miembros. El PP nos reprocha continuamente una falta de emprenduría que no abunda precisamente en sus filas.
          El metarrelato que se han construido los cuadros del PP es el de que todos ellos son personas hechas a sí mismas, que han llegado a estar donde están por talento y esfuerzo, y por eso nos venden eslóganes baratos como la "cultura del esfuerzo" o el "espíritu emprendedor". No sé si entre sus votantes habrá muchos emprendedores, lo que es seguro es que entre sus mandos no.
          Un reproche habitual al PP es que sus miembros más talluditos provienen del franquismo (y es incontestable que el PP es vástago de Alianza Popular, y esta a su vez de sectores muy reaccionarios del franquismo), pero las ideas se pueden cambiar, es verosímil que hayan descubierto las bondades de la democracia (aunque, como traté de explicar en esta entrada, algunos como Rajoy no la comprendan muy bien), lo que no cambia es la clase social de partida y no, los cuadros del PP no vinieron de abajo y se hicieron a sí mismos.
          Si los de Podemos han leído muchos libros de revolucionarios, los del PP han visto muchas películas sobre el mito americano, pero no lo han vivido ni de lejos. Así que los del PP le exigen un espíritu emprendedor a los ciudadanos españoles del que ellos mismos carecen.
          Las Nuevas Generaciones están gobernadas no por empresarios soñadores que tuvieron una idea y andan de banco en banco buscando financiación, sino por los mismos animales de partido, ideólogos baratos, hijos de cuadros superiores y activistas profesionales que el resto de juventudes del resto de partidos.
          El PP predica un liberalismo en el que no cree, una vez más sus miembros miran a Estados Unidos pero se tocan con la mantilla cuando la ocasión lo requiere. El liberalismo les parece bien en lo económico, pero en lo político y en lo social... mire, es que si separamos realmente los poderes perdemos nuestro poder sobre la Fiscalía del Estado, el Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional; si aceptamos el matrimonio homosexual entonces nuestro ideal de familia queda desfasado; si la asignatura de religión deja de ser evaluable la Iglesia pierde adeptos. Y ya puestos, ni siquiera en lo económico son liberales, están encantados de planificar la economía, eso sí, no para el bien común sino el propio. Tampoco parece muy de emprendedores la forma en que se ha venido financiando el PP. Y ya puestos, como gestores no parece que hayan dado la talla, ¿o acaso dejar en bancarrota la ciudad más rica de España, Madrid, es gestionar bien los recursos públicos? Igual es que creen en esta ecuación: partidario de liberalizar empresas = liberal. Yo juraría que esa ecuación es muy incompleta.
          No, el PP es conservador y tradicionalista, aunque haya algún liberal genuino los que dicen serlo por norma general lo son de boquilla, y saben tanto de fundar una empresa desde la nada como los de Podemos de correr delante de los grises: porque han oído contar historias sobre eso muchas veces (mientras estudiaban Derecho y opositaban como querían sus padres). En el Congreso de los Diputados que salió de las elecciones de hace un año (y el actual no es muy distinto) lo que más abundaba eran los profesionales liberales (abogados y docentes representaban casi el 40% de los Diputados) y ojo, aquellos parlamentarios sin profesión constituían ya el 19%... y el grupo que más sumaba a estos profesionales de la política (permítaseme el oxímoron) no era precisamente Podemos, sino el PP con un ¡26% en sus filas! A tope con los emprendedores. Además los Diputados del PP son los que más tiempo de su vida llevan dedicado a la política: una media de 18 años.
          "¡Ah bueno, pero el espíritu emprendedor no es solo el del empresario! Es el de alguien inquieto, motivado, que se esfuerza por crecer profesionalmente..." ¡Acabáramos! Para ser emprendedor basta con desearlo muy fuerte, ahora entiendo por qué en el PP se creen ser algo que no son.
          Lo siento pero no, el PP no representa la España abierta, innovadora, moderna y creativa de los que los miembros del PP creen ser una minoría egregia, no. Pero sepa, querido lector, que a usted y a mí sí nos exigen serlo... o igual no podrían ellos perpetuarse en el poder.


domingo, 3 de enero de 2016

Populismos

         Si populismo y demagogia son, como creo, prácticamente sinónimos, el populista es el enemigo acérrimo del filósofo, pues el populismo entrañaría tanto el uso recurrente de falacias (argumentos ad populum o sofismas patéticos) como escaso amor por la verdad y lo bueno (el demagogo amaría por contra lo verosímil y lo agradable, la opinión común aún a costa de lo cierto y lo justo). El populismo sería el gobierno del sentimiento y la intuición frente al de la razón y la argumentación. 
          En contra de esta idea se viene defendiendo recientemente que existe un populismo chachi que bebe de la obra del teórico postmaxista Ernesto Laclau. A mí el constructo teórico de Laclau de la “razón populista” (un oxímoron según lo dicho en el párrafo anterior) me parece neolengua, pero aquí lo voy a comprar. Pongamos que es adecuado distinguir entre un populismo (el bueno) donde el “populum” hace referencia al pueblo, al demos, y sus necesidades y demandas insatisfechas, variopintas y plurales agregadas hasta sumar una mayoría y que se oponen a las de una oligarquía que, en este sentido, estaría excluida del pueblo (por haber excluido previamente a este de las instituciones); y otro populismo (el malo) en que los ciudadanos son reducidos a un colectivo borroso a base de difuminar su individualidad y exaltar rasgos identitarios (esto es, son convertidos en lo que Ortega llamaba “hombre masa”) y sus sentimientos son instrumentalizados para crear un poder omnímodo que se erigiría en auténtico y único representante del auténtico pueblo (formado por aquellos que compartan los rasgos comunes exaltados). Por mor de la simplicidad llamemos a estos populismos “populismo de izquierdas” y "populismo de derechas” respectivamente.
          ¿Qué pinta tiene un discurso populista de izquierdas? Creo que este es un discurso que aplaudirían si no los dirigentes de un populismo de izquierdas, sí muchos de sus votantes: 
"Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: "Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal"."
          Es obvio que el populismo es un antiliberalismo, y tiende a defender una forma superior de democracia frente a la liberal pues, como reza el texto anterior, el liberalismo entraña una falsa libertad en lo que se refiere a la clase obrera (en la dicotomía clásica, en el marco postmarxista hablaríamos del 99%, de “los de abajo”, de “la gente”) dado que no hay libertad sin los medios para ejercerla de forma efectiva. De hecho, en la teoría de Laclau, el populismo es caracterizado como un “discurso que trata de dirigirse a los excluidos por fuera de los canales de institucionalización”, esto es, a todos aquellos cuyas demandas son insatisfechas y que perciben dicha insatisfacción como exclusión del sistema (de las instituciones). La suma de los insatisfechos es un ente colectivo, “la pluralización de las demandas”, y por ello el populismo sería un antiliberalismo, pues el liberalismo en principio sería individualista (los sujetos de demandas, incluso agregadas, seguirían siendo los individuos, no un ente colectivo). 
          El fragmento anterior, no obstante, no pertenece a un todo que suela considerarse de izquierdas (como saben ya quienes hayan leído en mi blog “El 15M y los discursos para lelos”), pertenece a un discurso populista muy extendido en los años treinta en Europa: el fascismo. En concreto la cita anterior pertenece al manifiesto fundacional de la Falange. ¿Estoy diciendo que todo populismo es fascismo? No, lo reconozco, he hecho trampas, el discurso es más largo, no quiero caer en una falacia de falsa analogía. He aquí otro fragmento del mismo discurso:
“La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria.” 
          Este segundo fragmento hace ya perfectamente reconocible el populismo de derechas, esto es, el fascismo, porque el contenido de este segundo fragmento, el nacionalismo, es un ingrediente indispensable para hablar de fascismo, el componente antiliberal del primer fragmento no basta, es condición necesaria pero no suficiente, y pretender lo contrario sería una falacia de falsa analogía. El populismo de izquierdas sostiene un discurso antiliberal sin componentes xenófobos (de ahí la fallida participación de Jorge Vestrynge en Podemos, pues no se acomodaba a esta separación, y por eso muchos de los participantes en los círculos de Podemos no querían, con razón, la ansiada hegemonía a costa de integrar a sujetos como Vestrynge y su discurso contra la inmigración, por eso este no cabía en Podemos, porque quería el pack completo de antiliberalismo y xenofobia, porque Vestrynge obviamente nunca dejó de ser lo que había venido siendo toda su vida, un fascista que ha llevado su fascismo allí donde ha militado). 
          Para mí esta es una diferencia crucial entre el populismo de izquierdas y el de derechas, y si bien no soy populista, para mí es claramente peor el segundo, que no es otra cosa que el fascismo: un antiliberalismo xenófobo, un colectivismo identitario, un populismo nacionalista. Es una fórmula fácil de aprender: colectivismo + nacionalismo = fascismo.
          De esta forma, suponiendo que el populismo no fuera malo en sí mismo, sin duda el componente nacionalista lo pudre. Tal vez exista un nacionalismo no fascista, pero si el nacionalismo convive con el populismo entonces lo que tenemos es falangismo puro y duro. Así que el populismo haría muy bien en no hacerle el juego a discursos identitarios, porque todo discurso identitario es sencillamente xenófobo, porque la identidad propia se define por oposición al otro, al extranjero. El populismo no puede (o no debe) agregar cualquier demanda insatisfecha, sino solo las legítimas (¿qué habría de la demanda insatisfecha de vengarse por su cuenta, por ejemplo, de muchos familiares de víctimas de violaciones o asesinato?), esto es, aquellas que se refieran a derechos menoscabados en mayor o menor medida y que puedan ser satisfechas entro de la ley (aunque está por ver que un populismo que discriminase entre demandas insatisfechas pudiera tenerse por populismo en sentido laclauliano). No hay derechos menoscabados de los ciudadanos catalanes que defender (desafío a cualquier nacionalista a que sea capaz de citarme un solo derecho, uno solo, del cuál él carezca respecto a mí, madrileño, por el hecho de ser catalán), luego la defensa de la excepción para Cataluña es necesariamente la defensa de privilegios, esto es, de la superioridad de unos presuntos poseedores de la identidad catalana. No es compatible la izquierda con el nacionalismo, no es posible el populismo que confraterniza con el nacionalismo sin ser fascistoide. Y añado: con cualquier nacionalismo, porque soy radicalmente antinacionalista, a mi antinacionalismo no le añado ninguna coletilla como “catalán”, para mí no hay nacionalismos buenos o justificados (aunque no todos sean totalitaristas). Mi postura es camusiana, la del resistente. Defender que no se puede ser antinacionalista a secas, que siempre se es nacionalista respecto a una nación es tan falso como decir que solo hay tipos de fascismo, pero que no se puede ser genuinamente antifascista. Sí se puede.

martes, 30 de diciembre de 2014

Usos y abusos del Estado de Derecho

          No era la primera vez que escuchaba como presunto argumento contra una noción liberal de estado de derecho la falsedad de que “el III Reich ha sido el mayor estado de derecho que ha habido”, pero en esta ocasión quedé aterrado porque la frase salía de boca de una jueza (ni más ni menos que Garbiñe Biurrun, Presidenta de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco). Esto ocurrió hace meses en el interesante debate del programa Salvados que siguió a su falso documental del 23F "Operación Palace". Creo que no hubo réplica de los contertulios por una auto-asumida falacia de autoridad: uno tiende a esperar que si alguien sabe lo que es un estado de derecho es precisamente un experto en derecho, un juez. Se ve no obstante que la ideología es capaz de nublar toda objetividad y llevarnos a abusar de cualquier término con tal de salvar nuestros muebles ideológicos. Últimamente el concepto de estado de derecho está siendo desvirtuado por ser empleado con total ligereza tanto por sus detractores como por sus defensores, y dado que el estado de derecho es una conditio sine qua non de la democracia (como trataré de mostrar y contrariamente a lo que quiere la citada jueza) querría dedicar una líneas a reivindicar su uso legítimo frente a los abusos a los que es sometido con demasiada frecuencia, porque cuando un término acaba siendo tan polisémico que tiene como referencia prácticamente todo, esto es, cuando la noción de estado de derecho es tan vaga que sirve para designar prácticamente cualquier estado, entonces estamos ante un concepto absolutamente equívoco y por tanto inútil y confuso. Pero no creo que la noción de estado de derecho sea confusa, sino que hay usos malintencionados del término que buscan sembrar la confusión no tanto para desdibujar los límites del término como para borrar las fronteras del estado de derecho mismo.

            Sé bien que estado de derecho puede entenderse de forma puramente legalista o formal como “estado en que hay derecho”, esto es, lugar en que impera la ley, y esto es lo que llevaría a afirmar que estados como la Alemania nazi lo serían de derecho (existir una ley, existía). No obstante creo que este es un uso abusivo del término, como entenderemos a poco que reflexionemos acerca del concepto de ley. Rousseau defiende en El contrato social que un contrato que enajena derechos es un no-contrato, la ley me hace libre solo si no supone renuncia a mis derechos sino si garantiza en pie de igualdad los de todos los ciudadanos. Cualquier ley que me convierta en súbdito y no en ciudadano no es realmente ley sino fuerza, es por tanto una disimulada prolongación del estado de naturaleza donde solo rige una ley, la del más fuerte, que es precisamente el imperio de la violencia no legítima o no legal, esto es, el imperio de la no-ley. No quiero adentrarme en la noción rousseauniana de ley o de estado, tan solo recoger la idea de que si una ley no obliga por igual a todos entonces no es plenamente ley. De la misma forma un derecho no es tal si es excepcional, esto es, si solo parte de la ciudadanía es sujeto de derecho (entonces recibe el nombre de privilegio). Así pues, considero que un estado no puede serlo de derecho si no hay igualdad ante la ley (y de hecho la moderna noción de estado de derecho se opone a la de estado absolutista, en que haber leyes, habíalas), pues lo contrario supone que hay una excepcionalidad a la ley (una negación de la ley en la ley misma), que hay un poder superior al de la ley y es por tanto aquel, y no esta, el que impera.
            Por todo esto hay que decir que las leyes de Nuremberg del III Reich pondrían fin el estado de derecho (heredado de la República de Weimar), pues consolidan una desigualdad ante la ley de los judíos, les desposeen de su ciudadanía por ley. No obstante la ley lo que hace, o debería hacer en un estado de derecho, es generar ciudadanos y no desintegrarlos. Para aquellos que defienden la noción más puramente formal de estado de derecho mi concepción se antojará excesiva, en lo que sigue no obstante me voy a ceñir a ella porque creo que es la única forma de entender el concepto de estado de derecho que lo convierte en una noción significativamente útil. Si se entiende estado de derecho sencillamente como estado legal la noción es puramente redundante y tanto vale decir “estado” a secas. Ahora bien, creo que aún atendiendo a una definición muy deflacionaria de estado de derecho como mera existencia de la ley (aun cuando sea una ley tiránica, esto es, que obliga solo a algunos), tampoco el III Reich lo sería sencillamente porque no imperaba la ley, sino Hitler: su palabra era ley, podía perfectamente contradecirla y prevalecer, sus discursos eran fuerza de ley. La Alemania nazi no sería pues en ningún caso un estado de derecho porque no había igualdad ante la ley y porque había arbitrariedad en la ley, pues el poder de Hitler estaba por encima de ella, él mismo era la ley. Pero si la ley no manda no hay estado de derecho, si el derecho no precede a todo lo demás (a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en cualquiera de sus formas) el estado no lo es de derecho. La ley, y más concretamente los derechos civiles, son el a priori del estado de derecho, todo lo demás es su consecuencia.
¿Pero por qué querría nadie decir que el III Reich era un estado de Derecho? No son filonazis quienes lo hacen como uno podría tender a creer (aunque argumentando así se les hace el caldo gordo), sino cierta izquierda. La idea es asociar nociones centrales de la democracia liberal al nazismo para así desprestigiar dichas nociones en pro de ideas más próximas a eso que llaman “democracia orgánica”, de este modo se difumina la diferencia entre totalitarismo y democracia (todo sería estado de derecho salvo el estado de naturaleza) y sería más fácil justificar dictaduras o dictablandas de izquierda. Se trata de una falacia de reductio at hitlerum, que además de falaz señala algo falso pues como he tratado de dejar claro en ningún caso el término “estado de derecho” es aplicable al III Reich.

Hay otro frente en esta batalla semántica que es el que lideran no ya revolucionarios irredentos, sino los miembros del gobierno. El ejecutivo con demasiada frecuencia abusa también del término, para el gobierno “estado de derecho” es intercambiable por “acción de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado o de su sistema judicial”, pero una vez más esto es incorrecto. Se respeta el estado de derecho cuando dicho uso de la fuerza coercitiva es legítimo, esto es, cuando esos cuerpos y fuerzas de seguridad del estado actúan conforme a la ley, sometidos a ella, y eso solo siempre que dicha ley respete los derechos humanos. Así, hay estado de derecho cuando no hay tortura, juicios arbitrarios o terrorismo de estado. No es que el estado sea el derecho mismo y lo que no es estado no lo sea, los terroristas y delincuentes en general no violan el estado de derecho, violan la ley, no tienen capacidad para romper el estado de derecho (por desgracia sí a sus ciudadanos, desestabilizando así en ocasiones el estado de derecho hasta su disolución). Quien actúa fuera del estado no quiebra el estado de derecho aunque quiera, este sigue existiendo independientemente de su acción porque dado el monopolio del uso legítimo de la violencia por parte del estado, solo es conforme o no a derecho la acción del propio estado.
De un tiempo a esta parte, desde que desaparecieron los GAL y otras formas de terrorismo de estado se ha dado por hecho desde el poder que acción policial y estado de derecho son sinónimos pero no es así: tan policiales eran la acciones de la Stasi como lo son las de la policía nacional. Que la acción sea del estado es condición necesaria para que sea un ejercicio de la fuerza conforme a derecho, pero no es condición suficiente, ni mucho menos toda acción policial es legal por el simple hecho de que la policía sea un órgano ejecutor de la ley. Como defendí más arriba, sólo la aplicación de la ley de igual forma para todos y respetando siempre los derechos humanos es conforme a derecho (de no ser así hemos de darle la razón a quien considera que el III Reich fue un estado de derecho), y esto cuando no ocurre no suele ser gracias a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado o de sus distintos poderes, sino a su pesar.
            Así pues, el mayor peligro para el estado de derecho no es ni la perversión del lenguaje ni son, como quiere el gobierno, la acciones ciudadanas fuera o en el límite de la ley (y solo estas pueden ser tenidas por desobediencia civil, nunca la acción del poder como querría Artur Más), la más terrible amenaza del estado de derecho es el abuso del propio estado de derecho y eso es algo que solo los gobiernos pueden hacer porque si contra alguien protegen los derechos humanos es precisamente contra el poder del estado, y por ello es de derecho aquel estado que garantiza su defensa dentro de su territorio.
            Por ello lo que debería preocupar al gobierno, lo que supone un auténtico atropello al estado de derecho es la recién aprobada ley de seguridad ciudadana (ley mordaza) y en general la represión cada vez mayor del ejercicio de derechos civiles fundamentales como el de expresión o de reunión. Es sencillamente un escarnio para el país que exista el informe de Amnistía Internacional “España: el derecho a protestar, amenazado”, que las UIP (que insisten en  no llevar identificación) puedan invadir violentamente la estación de Atocha de Madrid sin consecuencias y que mossos d’esquadra ¡condenados por torturas! sean indultados. Si toda acción de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado por el hecho de serlo va a ser tenida por legítima se desmorona el imperio de la ley, si el abuso de poder y de fuerza es impune, entonces la fuerza es la ley y no el derecho.

            La batalla contra el estado de derecho es pues propia de totalitaristas (pues como he tratado de mostrar el estado totalitario no lo es de derecho) y de anarquistas (pues buscan la abolición de cualquier forma de estado), pero en España la ganan para ellos cierta izquierda condescendiente con regímenes dictatoriales y autoritarios y el gobierno, del cual cabría preguntarse entonces si no pertenece de forma oculta a alguno de esos bandos (y juraría que no es al de los anarquistas). Si el Partido Popular está realmente preocupado por el auge del populismo y la desafección con las instituciones democráticas, que sencillamente deje de pervertir la democracia y de abusar de un Estado que, con cada nueva ley referida a la seguridad que aprueba, lo es menos de derecho.

viernes, 2 de agosto de 2013

Rajoy y la democracia espuria

          Si hay algo que ha demostrado el Presidente Rajoy en su comparecencia de ayer en el Senado ante los diputados del Congreso es una concepción de la democracia vergonzosamente pobre, y que todo un Presidente del Gobierno pueda tener una idea tan limitada, tan inexacta de la democracia, explica perfectamente la actual crisis política.
           La intervención de Rosa Díez señaló dos aspectos interesantes de ese sonrojante analfabetismo político de Rajoy: el primero concierne a la separación de poderes, en este caso entre el legislativo y el ejecutivo (cierto que en sistemas parlamentaristas como el nuestro cuando hay mayorías absolutas esta separación se desdibuja, pero existe) y el segundo atañe a la diferencia entre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio.
           Empezando por el segundo aspecto, nadie discute a quien haya sacado plaza en su oposición a maestro que esté legitimado para enseñar en un colegio público, salvo que falte sistemáticamente a clase, enseñe lo que no corresponde a ese ciclo educativo o maltrate a sus alumnos (nótese que en el tercer supuesto la actuación del maestro sería además constitutiva de delito, pero no por ello debería dejar de asumir su responsabilidad en calidad de docente, aunque Rajoy quiera hacernos creer que la responsabilidad penal que determinan los jueces, y no la profesional, política en el caso del Presidente, es la única que existe). Que en esos casos el maestro dijera en su defensa “es que yo saqué una oposición” equivale al “yo obtuve una mayoría de los votos” de Mariano Rajoy. La concepción de la democracia de Rajoy no va más allá de la existencia de elecciones y de pluralismo político, condiciones sine qua non de la democracia, sí (mal que le pese a los partidarios de “democracias orgánicas”), pero no suficientes. Ya puestos, cualquier dictador comunista podría aducir para legitimar su poder: “oiga, que yo hice una revolución y derroqué a un dictador”, y no parece que Rajoy fuera capaz de aceptar dicho argumento, pasmosamente semejante al suyo, pues ambos consideran que solo el origen del poder, y no su ejercicio, es fuente de legitimidad. ¿Y qué me dicen de: “Hitler llegó al poder mediante unas elecciones”? ¿Qué podría aducir Rajoy en contra de ese argumento? Su torpe concepción de la democracia le obliga a reconocer la legitimidad del dominio del Partido Nacional-Socialista en la Alemania de los años treinta del pasado siglo. Pero la realidad es que las leyes de Núremberg desposeyeron a Hitler de la legitimidad de las urnas, pues suponían una limitación de los derechos civiles y políticos, una disolución del Estado de Derecho, y por tanto una destrucción de la democracia que ningunas elecciones podrían justificar. La democracia necesita de otras cosas, es un formalismo complejo y las elecciones forman parte de ese formalismo, pero no son todo el formalismo. Uno de los aspectos esenciales de dicho formalismo es la separación de poderes, y esto nos permite pasar al siguiente aspecto.
           Rajoy olvida que a él personalmente no le han elegido los españoles. Los españoles hemos elegido a los diputados, y ellos son los que le han elegido a él, por ello debe responder ante los diputados, que son los representantes de la soberanía popular, y no el gobierno. Rajoy parece ignorar que el ejecutivo y el legislativo deberían ser contrapoderes, por eso se niega a contestar, porque para él, como para el portavoz del PP, el Congreso, sus comparecencias, las sesiones de control, son un mero circo, una pantomima, un formalismo esta vez en el mal sentido de la palabra, un adorno, un trámite burocrático de cara al público. Amasar enormes cantidades de dinero por parte del partido, invertirlo en unas elecciones, salir elegido y... ancha es Castilla. Lo normal es amasar más dinero aún para el partido en general y para sus miembros en particular colocados a dedo en puestos de confianza y en empresas públicas creadas como agencias de empleo para correligionarios que esquivan el sistema normal de acceso a la función pública. Oiga, y durante cuatro años, si hay mayoría absoluta, ¿rendir cuentas a quién, de qué? La democracia es ganar un concurso de votos cada cuatro años y hasta que acabe la legislatura no me moleste usted que estamos gobernando.
           Mi sospecha es que la ignorancia de Rajoy de lo que la democracia es se debe a que jamás se ha interesado por estudiarla, sino que tan solo ha aprendido de su práctica en esta degenerada democracia que tenemos en España. Rajoy realmente cree que independencia del poder judicial significa que este pueda ser politizado por distintos partidos, realmente cree que Gobierno y Estado son sinónimos, realmente cree que libertad de prensa es que haya medios al servicio de más de un partido, realmente cree que las promesas electorales no son en absoluto vinculantes, realmente cree que en la carrera por ganar elecciones todo vale y que no existen las responsabilidades políticas, solo las penales. Lo ha mamado toda su vida y se lo cree, no sabe lo que es una democracia avanzada porque nunca ha tenido contacto con ella y no se ha preocupado por saber en qué consiste.
           En todo este asunto de Bárcenas, Rajoy me recuerda al capitán Renault de Casablanca que cierra Rick's diciendo “qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega” mientras recibe el fajo de billetes de sus ganancias. Eso sí, tengo total convencimiento de que no encontrará una punzada de honestidad hacia el final que le permita resarcirse y que nos lleve a augurar el principio de una gran amistad, porque para rectificar hay que ser capaz de reconocer que uno está equivocado y Rajoy realmente cree que la única democracia posible, la única que existe, es esa en la que él está inmerso, una democracia espuria.

viernes, 29 de marzo de 2013

Del neoliberalismo al neofeudalismo

De la indignación a la ira
          Querría analizar en este artículo un fenómeno que me preocupa seriamente: la legitimación de casi cualquier acto siempre que se tenga por una reacción de protesta ante lo que se perciba como injusticia social, dando ya igual su encaje o no en formas democráticas. Hemos pasado en dos años de un tipo de protesta escrupulosamente respetuosa con los principios de la democracia (aunque no lo fuera siempre con la ley, haciendo uso de una desobediencia civil pasiva, y por tanto legítima diría yo) propia del 15M, a los escraches, de la indignación a la ira.
          La indignación es un sentimiento moral, esto es, sentirla constituye en sí mismo hacer un juicio moral, y por eso busca ser compartida. La indignación es un sentimiento objetivable, cabe dar razones de él, si algo es indignante es que cualquiera debería indignarse por ello. Si algo indigna es que es injusto. En este sentido, la indignación es política y puede manifestarse conforme a cauces de protesta que pertenecen a la esfera pública, a la vita activa. La ira, no obstante, es prepolítica, es sentimiento puro, podemos localizar sus causas, pero ello no implica que reaccionemos a su vez con ira. La ira no puede ser objetivada, es inherentemente subjetiva. Por eso la indignación genera en todo caso rebelión, pero no por ello violencia, porque es la ira la que pertenece al mundo de la ley del más fuerte, al estado de naturaleza, esto es, a lo prepolítico, a la acción directa, a la esfera privada.
          Algunos contemplarán este panorama con ilusión y esperanza, no es mi caso. No es que no me afecte lo que conduce a esa ira, entiendo que los escraches tengan lugar. Lo que me resulta extraño y me inquieta no es que se comprendan, sino que tantos los justifiquen, que la mayor parte de artículos que leo los legitimen. Y eso me preocupa porque me parece un signo de escasa salud democrática, esto es, me hace temer que no estemos viviendo los tiempos que yo creía estar viviendo de reconstrucción de la democracia, o mejor, de la definitiva democratización de este país, sino los últimos estertores de un moribundo.
 
De raíz social
          Dentro de mi estupor habría que incluir, aparte de la batería de artículos celebrando los escraches (no tanto los propios escraches, insisto) esta surrealista conversación del diputado Alberto Garzón en Twitter:

 
          Lo primero es pedirles que se abstengan de llegar a la conclusión "IU es fascista" (Garzón dice explícitamente que no ve a ninguna falange buena y Twitter es Twitter) porque obviamente no es así (aunque considero que el pacto en Ardales es injustificable), y además no es ese el tema de este artículo, sino el tipo de argumentación que lleva a justificar actos como pactar con Falange Auténtica o los escraches, a saber, que son "de raíz social".
          En primer lugar me sorprende la ignorancia del diputado Alberto Garzón respecto a los orígenes históricos de los distintos fascismos, porque ninguno en ningún caso fue un movimiento que surgiese de las élites políticas sino que todos fueron de "raíz social" (y militar), todos demandaban justicia social frente al orden burgués, nacionalización de la economía frente al liberalismo explotador y acción directa frente a unas instituciones políticas caducas (¿no resulta aterrador que nos suene hoy familiar este discurso?). He aquí, por ejemplo, un fragmento del manifiesto fundacional de Falange:
          El Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: "Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal".
 
          Dictaduras muy posteriores al fascismo clásico, como las de Pinochet o Videla en países de América Latina, sí que surgieron de las élites económicas (y aplicaron al dedillo el manual friedmaniano del neoliberalismo), también lo hizo la dictadura franquista, pero precisamente el franquismo es lo que distingue a Falange Auténtica de Falange Española: esta segunda surge de la unificación (obligatoria) de fascistas, carlistas, monárquicos y demás variantes de la derecha española en un partido único al servicio de Franco (que realmente carecía de ideología y asume la de Falange para llenar su vacío teórico, no era más que un dictador conservador y católico que estaba encantado de que le hubieran quitado de en medio a José Antonio Primo de Rivera). En definitiva, negar la "raíz social" del fascismo es vivir fuera de la realidad, y por si alguien leyera esto entendiéndolo justo al revés, la conclusión a la que pretendo llegar no es que algún falangismo sea bueno (como le ocurre a Garzón, creo, por tener que justificar lo injustificable), sino que "ser de raíz social" no sería bueno en sí mismo (esta afirmación, aprendo por un amigo, a cambio de evitarme ser tenido por fascista, parece ser que me convierte en demófobo, así será).
          El caso es que lo que me preocupa, por la salud de la democracia, es precisamente esta justificación de la violación de los procedimientos democráticos, la legitimación de la acción directa, amparándose en el efecto "demanda social" o en un estado de extrema urgencia o alarma social, porque eso es precisamente no entender (o entenderlo demasiado bien, tal vez) que la democracia es más que nada un procedimiento. Y me preocupa porque precisamente en la desconfianza, cuando no el odio, hacia los procedimientos democráticos es por donde se nos cuela el fascismo, porque afortunadamente otro componente fundamental del fascismo como sería la xenofobia parece no estar suficientemente arraigado en la sociedad española (salvo en algunas zonas donde viene excitándose durante años como en Cataluña, y por ello obtienen alcaldías partidos xenófobos), sí está presente, por desgracia, en el gobierno, como demuestra la infamante exclusión de la sanidad pública de los inmigrantes sin papeles (esto sí merecedor de desobediencia civil por parte del personal sanitario).
 
Las causas de la ira (de raíz social)
          Ante hechos preocupantes como los que aquí señalo, cabe dar distintas respuestas. Una de ellas, la que sistemáticamente da este gobierno, es la pura y simple represión. El caso de los escraches no va a ser una excepción, pero yo sigo defendiendo (contra todos, me temo) que los escraches son muy posiblemente legales aunque ilegítimos (y no al revés como quieren los medios de la izquierda, o ni legales ni legítimos como quieren los medios de la derecha). Otra respuesta, la que personalmente asumo, es indagar en las causas de la ira, porque considero que de corregirlas es de lo que depende la salud de nuestra democracia, y creo además que es posible hacerlo (me temo que no con este gobierno, aunque tampoco ahondando en la propia ira).
          Considero que la democracia española (y puede que no solo ella), que de entrada era insuficiente, se ha ido degradando entre otras cosas por la presión de los dictados de la economía neoliberal (aquella que busca adelgazar la intervención del Estado en los asuntos públicos hasta el extremo de su anorexia) llegando a resucitar ciertos aspectos propios de una sociedad feudal. Esto no quiere decir que vivamos en una sociedad estamental propia del Medievo, pero sí que ciertos logros que generaron paz social corrigiendo el sistema de clases en su versión decimonónica han sido o están siendo eliminados o reestructurados poniendo en grave riesgo la principal ventaja del modo de producción capitalista frente al absolutista (y a cualesquiera otros modos de producción previos): la posibilidad (no digo probabilidad) de ascender en la escala social gracias al mérito y al esfuerzo.
 
Características principales del neofeudalismo
          He empleado en el párrafo anterior el concepto "modo de producción" que pertenece al pensamiento marxista. Voy a emplear bastantes términos pertenecientes al análisis materialista de la realidad social de Marx, porque precisamente a él le correspondió analizar una sociedad que había abolido los estamentos de iure, pero no de facto, y algo así nos viene ocurriendo en los últimos tiempos (¡hala lo que he dicho!). Tres son las características de la sociedad actual que me permiten hablar de neofeudalismo:
 
          1/ La inexistencia de movilidad social. La diferencia fundamental entre la sociedad estamental de la Edad Media y la sociedad de clases es que esta última permite la movilidad social: alguien que pertenezca a la clase alta puede acabar por su mala cabeza (o la mala suerte) perteneciendo a la clase baja, y alguien de la clase baja podría por sus propios méritos (o la buena suerte) llegar a pertenecer a la clase alta. En la sociedad estamental nacer en la nobleza supone morir siendo noble, y otro tanto si uno es plebeyo, en la sociedad de clases la familia en que uno nace supone la clase social de partida, pero no forzosamente la de llegada, cabe ascender en la escala social. En teoría. De hecho, me temo, no es así, a día de hoy el ascenso en la escala social o bien no ocurre, o constituye una proeza o no se da por los cauces previstos (los únicos talentos que permiten ascender son los méritos deportivos, la participación en un reality show o la pertenencia a un partido político mayoritario). Si miramos a Francia, en estos términos es como cabe entender el odio de los inmigrantes de tercera generación a la República Francesa que presuntamente les ha dado cobijo, esa generación de franceses de origen extranjero se siente absolutamente desarraigada y engañada: sus abuelos emigraron y desempeñaron penosas tareas sin posibilidad de ascender en la escala social a causa del idioma, sus padres ya habían sido educados en la Escuela de la República, ya eran franceses, pero siguieron ocupando el mismo lugar que sus abuelos en la escala social a pesar de sus anhelos de integración, y ellos, sus hijos, renuncian a una integración que saben imposible. ¿No ocurre lo mismo en España? ¿No trata el Partido Popular de generar dos sistemas educativos paralelos ajustados a distintas clases sociales, de dificultar el acceso a la universidad a aquellos que pertenezcan a la clase baja?
          En el esquema que elabora Marx de la sociedad capitalista del siglo XIX hay que distinguir entre dos clases: la clase dominante (burguesía) y la clase dominada (proletariado). A pesar de tratarse de un sistema de clases, no existe movilidad social en la sociedad que Marx describe, porque la propiedad, el capital (que es el principal factor que permite ascender socialmente) está en manos de la clase dominante y los miembros de la clase dominada reciben tan solo un salario suficiente para su subsistencia, con lo que no pueden prosperar, entre otra cosas porque no existen mecanismos igualadores que corrijan las desventajas del punto de partida (que dependen tan solo de la clase de nacimiento, algo absolutamente ajeno al mérito o demérito personal). Hay que tener por logros de la lucha de clases los llamados derechos de segunda generación, los económicos, sociales y culturales (de los artículos 22 a 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, seguridad social, educación pública gratuita y universal, subsidio de desempleo...) que son la garantía de una auténtica igualdad de oportunidades, que es lo que hace posible el ascenso en la escala social. Si los servicios igualadores de oportunidades se degradan (y eso viene ocurriendo en nuestra sociedad desde hace bastantes años) se hace imposible la movilidad social. Por ejemplo, sin ayudas a la dependencia, ¿quién tendrá que abandonar los estudios, quien tenga que dedicar la mayor parte de su tiempo a cuidar de su padre enfermo o quien pueda contratar a alguien que lo haga? Y es que la Escuela Pública es el mayor igualador de oportunidades, el mayor motor del ascenso social, y por ello la mayor batalla por la igualdad se libra en este campo: devolver a la Escuela Pública su prestigio (escamoteado ilegítimamente calumniando a su alumnado y su profesorado, a este último usando como ejemplo ¡a aquellos profesores que suspenden las oposiciones!, o sea, a aquellos que en su mayor parte acaban ejerciendo en el sistema educativo privado).
          En cualquier caso, la percepción de que la movilidad social es, o se está haciendo, o se trata de hacer, imposible, explicaría muy bien por qué no existe confianza en los cauces democráticos de cambio social y político: porque de hecho se comprueba en el día a día que dichos cauces, en lo que respecta a la movilidad social, son principios declarados pero no materializados.
 
          2/ La desaparición de la clase media.  Yo no me sentía en absoluto proletariado, pero cada vez me siento menos clase media y desde luego no estoy acercándome a la clase alta. En la sociedad a la que pertenecemos, la posibilidad de pasar del estrato social más bajo al más alto mediante la educación era más o menos irreal, pero desde la clase baja sí cabía pasar a formar parte de una borrosa, amplia y mayoritaria clase media en la que se vivía muy bien (mejor que en algunas clases altas de otras sociedades o épocas anteriores). Mi alumno de familia muy humilde que con esfuerzo y tesón lograba sacar sus estudios adelante con todo en contra no albergaba la esperanza de llegar a lo más alto, pero sí por lo menos hacer estudios superiores y lograr un empleo que le permitiera dar el salto a una vida bastante mejor que la de sus padres.  Esto ya no es así o va camino de dejar de serlo. En primer lugar porque, como he defendido más arriba, no funcionan adecuadamente los mecanismos de igualdad de oportunidades, y en segundo lugar porque el poder adquisitivo de las clases medias disminuye drásticamente, acercándose al de las clases bajas (que directamente están siendo relegadas a la pobreza). El ascenso social es imposible porque no hay escalas intermedias entre el primer escalón y el último, la brecha que se abre entre la clase media y la clase alta hace que vaya haciéndose indistinguible la clase media de la baja (a no ser porque, como ya digo, crece la probreza extrema en nuestra sociedad, y no cabe comparar vivir en una clase media empobrecida con vivir en el umbral de la marginalidad).
 
          3/ Reaparición de los privilegios de la clase dominante. Lo que dije algo más arriba no era una boutade, un buen medio de progreso social, independiente del talento personal, es militar en las Juventudes Socialistas o en las Nuevas Generaciones y dedicarle a ello más tiempo que los demás. A la larga podría conducir a una vida de enormes sueldos (que uno mismo se pone a sí mismo), coches oficiales (incluso para ir a la peluquería), exenciones de impuestos, dietas de alojamiento, pensiones vitalicias... Lo que habitualmente se conoce como privilegios. Esto es, a día de hoy existe una auténtica clase dominante por encima de la ley que obliga al resto de ciudadanos a cotizar treinta y cinco años o más, aprobar oposiciones, demostrar su valía en una carrera o una empresa para salir adelante, pero que les permite a ellos salir airosos con solo tener el carnet del partido adecuado en el momento adecuado. ¿Son sangrantes los privilegios de los políticos? Tal vez no en la inmensa mayoría de los casos, pero lo suficiente como para que los cargos públicos electos (y los no electos, esos asesores que multiplican el número de políticos del país) sean percibidos como una clase, y ahí tenemos servida la vuelta a la descripción de la sociedad de clases con el binomio reductor de clase dominante y clase dominada. Si a eso le añadimos la corrupción, la impunidad y el nepotismo... ¿cómo que no existe una casta política?

          En definitiva, una lucha de clases que se había vuelto innecesaria en la mente de la mayoría de las personas, reaparece en muchas de esas mismas mentes porque ven en la lucha su única posibilidad de llegar a ascender socialmente, o de no ser relegados más, y más, y más en la escala social. Nadie en su sano juicio entre Suecia y la URSS se quedaría con la URSS, pero cuando lo que se va materializando es la posibilidad de ser China... ¿a alguien le extraña que algunos vuelvan su mirada al siglo pasado? Una división de clases al estilo clásico acaba generando desprecio por los mecanismos democráticos, en tanto estos acaban percibiéndose como herramientas al servicio, no de los ciudadanos, sino de una clase que vuelve a ser dominante en tanto es imposible llegar a pertenecer a ella. Los próceres del neoliberalismo, que han decidido llamar privilegios a nuestros derechos para desposeernos de muchos de ellos, deberían tener esto en cuenta: su sistema reconvierte a los habitantes de la clase media (mayoritaria) en miembros de un proletariado más o menos clásico, y este emprobrecimiento de la mayoría de la población no carece de consecuencias, por mucho que este empobrecimiento se dé en dosis homeopáticas no puede terminar sin saldarse con una insurrección. Imagino que el neoliberal tiene esto previsto, y para evitarla recurrirá a los instrumentos habituales: propaganda y represión. En fin, el plato del totalitarismo está servido, en la acción del poder y en su reacción.
 
 Combatir el neofeudalismo
          El neofeudalismo NO es un auténtico feudalismo, y por ello genera ira y no indignación, porque se pretende combatir un sistema que no es en su esencia misma injusto como si sí lo fuera, y esto es así porque de hecho funciona como si efectivamente lo fuera, se comporta como si hubiera estamentos pero el caso es que no los hay. Muchos ansían el estallido social que esta percepción genera, yo prefiero grabarme a hierro la lección de la Guerra Civil y huir de situaciones semejantes como de la peste. Si algo caracterizaba la España del 36 era la práctica inexistencia de demócratas (y eso no significa que no existiera un sistema democrático, ojo, la 2ª República lo era): unos poquitos radical-republicanos de derecha, los republicanos de izquierda, una pequeña parte del PSOE, algún anarquista... frente a fascistas, comunistas, la mayor parte de los socialistas, los monárquicos, los carlistas, el ejército, la Iglesia... Creo que a día de hoy vivimos en una democracia bananera, pero más aún que la calidad de nuestra democracia, me preocupa el creciente sentir y pensar antidemocrático de sus ciudadanos. Ya sabemos que a algunos la democracia nunca les entró realmente y la usan a su antojo, como un niño que aprende una palabra nueva y la emplea en todo momento para demostrar que la domina (dejando claro cada vez que no es así), pero a la mayoría sí, y no obstante ahora florecen peregrinas críticas a los procedimientos democráticos como tales (no en su malfunción) creyendo que ello no supone una crítica a la democracia en sí misma. Y por eso insisto en que la democracia no es nada más que un mecanismo, tal vez está tan oxidado que hay que sustituirlo por otro nuevo (como creo que defiende el Partido X) o tal vez basta con cambiar unas piezas, pero creer que puede prescindirse de mecanismo alguno es pensar que puede prescindirse de la democracia misma, y por eso prefiero ponerme del lado de los que quieren reformar o cambiar el sistema desde sus reglas, y no en ausencia de regla alguna.
 
 
 

viernes, 28 de diciembre de 2012

Vinieron de dentro de...

          Finalmente se consumó el desfalco, la gestión de seis hospitales públicos pasará a ser privada con el apoyo unánime de los diputados del PP de la Asamblea de Madrid. Están en su derecho dirán algunos, su mayoría parlamentaria les legitima para tomar esa decisión. ¿Seguro? Estudiemos un poco los hechos mediante sun diálogo ficticio pero basado en hechos reales.
 
          - ¿Cuál es la razón aducida para privatizar la gestión de dichos hospitales?
          - Que están mal gestionados.
          - ¿Quién los ha gestionado hasta ahora?
          - Aquellos que han votado a favor de su privatización.
          - Vaya... o sea que los gestores de la Comunidad de Madrid reconocen su incompetencia y por ello ceden su responsabilidad a terceros que juzgan más competentes, ¿pero si eso es así, no debería dimitir alguien, pedir perdón, ser juzgado incluso?
          - Noooo, porque en realidad esta mala gestión es fruto de una herencia envenenada, es el resultado de la mala gestión de gobiernos anteriores.
          - ¿El estado actual de las cuentas de la Comunidad de Madrid es responsabilidad de los que la gobernaron hace... 17 años?
          - No exactamente, pero sí del sistema que ellos establecieron, que es extremadamente rígido y no concede suficiente autonomía a los hospitales.
          - ¿Luego lo que convendría es reformar tal vez la función pública o el sistema de gestión de los hospitales?
          - No, porque hay algunos hospitales deficitarios.
          - ¿Los que se construyeron hace más de 17 años?
          - Buenoooo, más o menos.
          - ¿De esos se privatiza la gestión?
          - No exactamente. Se privatiza la gestión de seis hospitales construidos hace dos legislaturas.
          - ¿Por qué?
          - Porque una empresa privada además de dar un servicio necesita generar beneficios, y hay ciertos servicios que no pueden no ser deficitarios. Por ello la empresa privada se ocupará tan solo de los servicios que tengan un coste más asequible.
          - ¿Pero entonces habrá servicios que desaparecerán?
          - Noooo, ni mucho menos. El Servicio Madrileño de Salud en su conjunto seguirá prestando la misma atención pero parcelada: en la práctica los hospitales públicos asumirán los servicios más caros y los hospitales de gestión privada los más asequibles.
          - Pero entonces no es que la gestión privada sea más eficiente.
          - Sí, porque en los hospitales de gestión privada se podrá contratar a menos personal y con un salario menor, pero se les seguirá exigiendo el mismo grado de profesionalidad.
          - Ya, y eso en conjunto podría redundar en un menor gasto total para la Administración, pero, ¿no lleva ya bastantes años la Comunidad de Madrid haciendo contratos eventuales de seis meses de duración y no ha habido ya varias bajadas salariales?
          - Bueno, sí pero...
          - ¿Pero...? O sea que algo que es de todos los madrileños, que funcionaba correctamente y sin excesivo déficit, por culpa de unos gestores que deciden ganar unas elecciones a base de prometer que construirán ocho hospitales (que construyen empresas privadas a las que se les paga luego un canon de alquiler cada año), renuncian al cabo de unos años a la gestión de seis de esos hospitales asumiendo con ello su incompetencia a la hora de gestionarlos, defienden que con esa renuncia se ahorrará dinero cuando en realidad lo que ocurrirá es que ganarán dinero unas empresas privadas a costa de ser financiadas con dinero público y de que la administración asuma las partidas más complejas de la gestión... ¿y dice que esto, que tiene toda la pinta de desfalco en toda regla a los ciudadanos madrileños, es legítimo porque dichos ciudadanos votaron a favor de ello al votar a favor del programa electoral del PP en las últimas elecciones?
          - ¡Sí! Eso es. Bueno... No. No exactamente.
          - ¿No exactamente?
          - Bueno, es que nada de esto aparece en el programa electoral del PP de las pasadas elecciones.
          - ¿Cómo? ¿Ni una ligera mención a la "externalización" de servicios sanitarios, a la colaboración de iniciativa privada y pública en la gestión sanitaria?
          - Ejem. No.
          - ¿Está diciéndome entonces que el voto de los ciudadanos es un cheque en blanco, que el programa de los partidos no les compromete en absoluto en su gestión?
          - Bueno, un poco sí, pero es que la situación económica...
          - ¿Los partidos políticos elaboran sus programas electorales de espaldas a la realidad? ¿Y eso no es incompetencia e irresponsabilidad?
          - No, es que el despilfarro, el déficit generado por los gestores anteriores...
          - ¿Generado hace 17 años?
          - No, del Gobierno de la Nación.
          - ¿Pero la gestión de la Sanidad no lleva años transferida? ¿No la transfirió de hecho el Partido Popular cuando estuvo en el Gobierno?
          - Sí pero...
 
          ¿Sigo? Es más sencillo que todo esto. Hemos puesto a la zorra a cuidar de las gallinas, a gestionar la Sanidad pública a quienes no creen en la gestión pública de la Sanidad, y lo que han hecho es una profecía que se autocumple: gestionar pésimamente para convencernos de que es imposible que gestores públicos gestionen adecuadamente.
          Como ciudadano madrileño siento que estoy asistiendo a una gigantesca estafa. Insisten en que la Sanidad seguirá siendo gratuita y universal, pero ya ha dejado de ser ambas cosas por el copago farmacéutico y con la exclusión de los inmigrantes sin papeles de la atención sanitaria. Es cierto que el ciudadano medio no notará el cambio, en efecto, pero será sencillamente porque los hospitales de gestión pública darán la cobertura necesaria a aquellos pacientes excluidos de los hospitales de gestión privada, es lo bueno del área única sanitaria, los hospitales de gestión privada podrán especializarse en lo vistoso, barato y fácil, y los de gestión pública en lo oscuro, caro y laborioso. Es lo bueno... para Sanitas, Capio y demás empresas del ramo, que son las que sí se están beneficiando profundamente de la gestión de la Comunidad de Madrid. ¿Es o no es un robo? Su dinero ya no financia lo que es suyo, sino a ciertas empresas (pero a las que usted no elige).
          Ya lo sabe, si usted es ciudadano vale lo que vale su voto, le subirán los impuestos, si usted es un banco o una empresa amiga, el Estado o la Comunidad Autónoma financiarán sus deudas. Lo llaman liberalismo pero su nombre real es corporativismo o feudalismo capitalizado. En el rango de los peores sistemas económicos posibles creo que solo el modelo mercantilista del absolutismo lo supera.

domingo, 9 de septiembre de 2012

La Presidenta y sus chapuzas

          Existe un tópico malintencionado acerca de la Presidenta de la Comunidad de Madrid que sin embargo, en lugar de perjudicarla, la aúpa al pedestal que le permite ganar unas elecciones tras otras (aunque no olvidemos que perdió unas elecciones que pudieron haberla apartado para siempre de las instituciones madrileñas, pero dos peleles de ese infausto rival que es el PSM traicionaron a su empresa y salvaron a Esperanza Aguirre de la quema). Bien, ese tópico es el siguiente: Esperanza Aguirre es una facha (un insulto que en España se emplea con más ligereza que en ningún otro país del mundo) pero es eficaz. Y lo cierto es que no es tan facha y sin embargo sí es bastante pedestre no solo en sus maneras sino también en sus gestiones. Esperanza Aguirre será muy conservadora (o reaccionaria incluso), populista, nacionalista, clasista y en ocasiones chabacana, pero no es fascista salvo que estiremos de tal forma el significado de dicha palabra que quede absolutamente desdibujado (y tanta gente deba darse por aludida como votantes tiene Esperanza Aguirre y no, afortunadamente no hay tantos fachas en Madrid). Además, la lideresa madrileña no presume de progresista, de lo que presume es de ser eficiente en lo profesional y liberal en lo ideológico, y eso es lo que le conceden sus opositores, pero esas cualidades son las que no reúne en ningún caso. Es chapucera y dogmática hasta lo cutre.
          Esperanza Aguirre se ha creado esa imagen de gestora responsable, inflexible pero competente, beneficiándose de su comparación con Ruiz Gallardón, empeñado éste en cambio en que ella apareciera como lo más rancio de España y él como el paladín de la progresía del PP, pero admitiendo de buen grado ser tenido por un auténtico manirroto. De este modo, comparándola con un gestor que ha llevado al Ayuntamiento más rico de España a la quiebra, Esperanza Aguirre parece un banquero alemán, pero es que con ese listón Rodríguez Zapatero parece un socialdemócrata sueco, y no. La Comunidad de Madrid tiene déficit, no tan importante como el de otras comundades autónomas como Murcia o Castilla la Mancha, pero más del que la propia Esperanza Aguirre dijo que tenía, lo cual no es propio de gestores eficientes que, citando a cierto político español, llaman al pan, "pan", y al vino, "vino".
           La Presidenta se refugia en su supuesto liberalismo para justificar sus ajustes en el sector público, pero si hay algo que es absolutamente antiliberal es la financiación pública de empresas privadas, el liberalismo funciona de hecho más bien al contrario. En países como Estados Unidos uno podrá encontrarse con que cierta planta de un hospital lleva el apellido de cierto empresario, que contribuyó a su construcción (y que también la gestiona, o no), lo que ocurre aquí es exactamente lo contrario, el hospital se habrá construido con dinero público pero su gestión será privada: todo el riesgo, toda la inversión, corre a cargo de la Admninistración, de su dirección en cambio se encarga una empresa privada (Capio es la empresa, perteneciente en parte a Rodrigo Rato y a familiares de Mª Dolores del Cospedal, que se va quedando poco a poco con la sanidad madrileña). Ningún país de Europa aparte de Bélgica tiene el porcentaje de enseñanza privada concertada que tiene España, y concretamente la Comunidad de Madrid, modelo por el que apuesta abiertamente Esperanza Aguirre, y que será de todo menos liberal, porque el liberalismo se basa en la competencia privada que conduce a mejores productos o servicios en aras de ganarse al cliente, no en la subvención de empresas privadas independientemente de los productos o servicios que ofrezcan para garantizar su supervivencia sea cual sea la competencia.
          Así que Esperanza Aguirre no es liberal, y tampoco es una gran gestora, porque lo que genera el déficit de la Comunidad de Madrid no es el gasto en servicios públicos, sino la sistemática desviación de los caudales públicos a empresas privadas: se construyeron ocho hospitales en la época del desarrollismo ladrillista pero no se los dotó de personal y por ello varios de ellos (concretamente el Infanta Leonor) corren el riesgo de ser completamente privatizados (le habremos pagado los madrileños algo más que la cama a Capio); se recortó la plantilla de profesores en la Escuela Pública dejando en la calle a muchos interinos, pero se aumentó la inversión en enseñanza privada concertada y las becas para alumnos de colegios privados (un gasto que superaba en 10 millones de euros  lo que pretendía ahorrarse despidiendo a los interinos), por no hablar del intento de colar a empresas privadas dentro de los centros públicos mediante el Programa Refuerza. Así que ya vale también de ese otro argumento del aguirrista irredento que dice "bueno, aquí se ha gastado dinero pero por lo menos en hospitales y en colegios", no, se ha gastado dinero en hacérselo ganar a constructoras y empresas privadas de salud y educación (que está muy bien que ganen dinero, pero en el libre mercado, que para eso son privadas... ¿o no lo son tanto?).
          Pero si hay algo que convierte a alguien en un mal gestor y no ya solo en un gestor ineficiente o dogmático, es el derroche de dinero y la chapuza en la gestión, y esa es también una norma de la administración Aguirre. La especialidad de la casa es el despilfarro en publicidad institucional (despilfarro desde el punto de vista del ciudadano, no de la Presidenta de la Comunidad, para ella es propaganda electoral que le sale gratis al partido): en campañas como "Respetemos y apoyemos a nuestros profesores" (1.800.000 euros) meses antes de sostener públicamente la mentira de que su jornada laboral era de 18 horas semanales y de no renovar a miles de profesores interinos, como la torticera campaña del "Más por menos" justificando una subida del 50% del billete sencillo de Metro o como esta más sutil para aquellos agraciados con una plaza en una Escuela Infantil de la Comunidad:
 
 
          ¿Exactamente cuál es el beneficio de este gasto, qué justifica la inversión? ¿Se supone que los usuarios harán mejor uso de sus plazas en las Escuelas Infantiles públicas gracias a esta carta? Lo dudo, sus horarios y funcionamiento son muy estrictos, es difícil (si no imposible) abusar de este servicio. ¿Se sentirán más afortunados? Créanme, antes de recibir la carta ya se sentían muy afortunados (a pesar de la subida de precios que ha llevado a muchas familias a renunciar a su plaza). No, es propaganda electoral pura y dura o algo peor, un "usted es un mierdecilla que vive por encima de sus posibilidades" encubierto. En cualquier caso es un gasto absolutamente prescindible, superfluo, y por tanto un despilfarro. Habrá quien diga que una comunidad autónoma no se arruina por enviar una carta, cierto, pero en este caso se trata de 45.000 cartas. Y a estas hay que sumarle aquellas otras pidiéndole un esfuerzo a los profesores al principio del curso pasado, o convenciendo al personal sanitario de las bondades del área única, más las campañas institucionales citadas anteriormente y otras muchas que indignan, y con razón, a quienes sienten en sus propias carnes ajustes para ahorrar dinero que se emplea no en combatir el déficit y proteger los servicios más valiosos de la Administración, sino en lo superfluo, en colocar como asesores a los miembros del partido que no logran escaño en la Asamblea de Madrid (esto no es privativo de la Comunidad de Madrid ni del PP, sino generalizado) y mantener esa situación a base de esa propaganda electoral encubierta pagada con el dinero del bolsillo de todos los madrileños.
          Así que Esperanza Aguirre ni es veraz, ni es liberal, ni es eficiente, ni es austera y por si esto fuera poco, encima es chapucera, como trataré de mostrar con un ejemplo concreto, el de la gestión del personal de Enseñanza Secundaria de la Comunidad. Por una parte la Presidenta de la Comunidad de Madrid, por medio de su acólita Lucía Figar, es capaz de desobedecer la ley (¡Cristina Cifuentes, ojo, aquí hay desobediencia civil activa!) para encontrar rápidamente vacantes libres para profesores extranjeros sin titulación ni conocimientos de español, pero nativos de habla inglesa (por si hay mentes muy bienpensantes leyendo esto... no, no se les contrata como auxiliares de conversación  o para enseñar lengua inglesa, sino otras asignaturas del currículo, en inglés). A día de hoy ser español es realmente un hándicap para trabajar en un instituto de secundaria madrileño, porque es obligatorio pasar una oposición, requisito innecesario si uno tiene la suerte de ser irlandés. Por esa obsesión con el bilingüismo (según lo entiende Esperanza Aguirre, que dista mucho de lo que se considera bilingüismo en los países civilizados) la Presidenta de la Comunidad de Madrid via su Consejera de Educación y Empleo anunció que convocaría oposiciones a Secundaria (por eso y por desafiar al gobierno central, entonces en manos del PSOE) y lo hizo ofertando finalmente 190 plazas de las cuales 100 eran de inglés y, por ejemplo, ninguna de matemáticas, asignatura instrumental en la que peores resultados cosechan los alumnos españoles en las pruebas de PISA. Una de la especialidades convocadas fue la de filosofía, con cinco plazas, pero el caso es que no hay vacante a día de hoy (a tres días de comenzar el curso) para quienes obtuvieron esas plazas (dejadme presumir, yo saqué el nº1) ni para 31 profesores en expectativa de destino que a día de hoy esperan también su vacante. No es que se haya recortado plantilla en interinos, es que los recortes han sido realizados con tal precipitación y desconocimiento de la realidad del sistema que durante unos meses la Comunidad de Madrid tendrá que pagar su sueldo a esos profesores (y otros tantos en otras tantas especialidades) que no trabajarán hasta que haya hueco, algo inédito en la Comunidad de Madrid. Chapuzas.
          Chapuza cómo se ha precipitado en general, por motivos electoralistas una vez más, una gran iniciativa como es el Programa de Enseñanza Bilingüe, en el que han acabado habilitándonos simplemente por poseer un certificado de idiomas de nivel C1. Chapuza cómo se gestiona, de forma precipitada también, la asignación de destinos a principio de curso, que deja a muchos profesores con sueldo y sin trabajo. ¿Y es que es ahorro tener a funcionarios cobrando sin trabajar? ¿Es eso eficiencia? ¿Saben las familias que los profesores de sus hijos se enteran de qué darán y dónde un par de días antes de iniciarse el curso, o con el curso empezado? ¿Saben las familias que licenciados en filosofía acaban enseñando lengua, licenciados en matemáticas biología, algo habitual en la enseñanza privada (concertada o no) pero excepcional en la Escuela Pública hasta hace dos años?
          La Presidenta de la Comunidad de Madrid no es una tecnócrata ni siquiera en el mal sentido, es Pepe Gotera y Otilio, es solo experta y eficiente a la hora de gestionar su propia empresa, el Partido Popular de Madrid, el problema es que lo hace con el dinero de todos los madrileños, y así es como una empresa privada siempre gana a pesar de las chapuzas de sus directores.
         

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La liga PPSOE II

          Me decido por fin a completar la entrada La liga PPSOE I con esta su segunda parte. Al disolverse las Cortes se ha dado ya el pistoletazo de salida para la habitual campaña de mentiras de los dos mayores partidos del país, el PSOE y el PP, y solo el previsible auge de formaciones más pequeñas e incluso de nuevos partidos parece que conseguirá salvarnos del hastío y la indignación que inspira el cinismo de las soflamas de Rajoy, Rubalcaba y sus acólitos. ¿A qué cínicas mentiras me refiero? Básicamente a dos: el PP es un partido liberal y el PSOE es un partido progresista. Si la derecha de este país fuera realmente liberal y la izquierda progresista otro gallo nos cantaría.
          No es cierto que el PP sea liberal, pues es intervencionista en cuestiones de conciencia y de economía, además de ser corrupto y clasista.
          Nada menos liberal que la confesionalidad, que legislar a favor de una fe determinada, que apoyar con fondos públicos escuelas religiosas, que defender la presencia de la religión en todas las escuelas y el poder para elegir a profesores por parte de mandatarios de una iglesia. El liberalismo surgió contra la intolerancia religiosa y se basa en la distinción entre el espacio público y el ámbito privado, entre el Estado y la fe. Tampoco es muy liberal el intervencionismo en los medios de comunicación, sino más bien un rasgo propio de los totalitarismos de distinto cuño, pero no del liberalismo. Recordemos sin más que la única sentencia de la democracia que ha recibido en contra la televisión pública por manipulación informativa fue en los años de gobierno del PP con motivo de la noticia de la huelga de junio de 2002. Por no hablar de la parte que me toca como madrileño, pues no existe pluralidad en Telemadrid, de hecho no existe una cadena de televisión pública, sino una cadena sostenida con dinero público pero de uso privado, al servicio del PP y sus simpatizantes.
          De acuerdo, el PP no es liberal en asuntos de conciencia, ¿pero cómo que en economía tampoco? Pues ni siquiera, sino que también es intervencionista. Recordemos en este caso la privatización de Telefónica. Siendo todavía la empresa de titularidad pública, el entonces Presidente de España José María Aznar apoyó el nombramiento de su amigo y compañero de colegio en Nuestra Señora del Pilar, Juan Villalonga, como Consejero Delegado de Telefónica, cargo que conservó al privatizarse la compañía. ¡Eso sí que es un buen regalo entre amigos! Y no fue el único caso de tráfico de influencias e interferencia del gobierno del PP en las numerosas privatizaciones que se llevaron a cabo en esos años (Manuel Pizarro en Endesa es otro ejemplo). Recordemos también el caso Sogecable que se saldó con una condena al juez Gómez de Liaño por prevaricación y una sentencia del Tribunal Supremo en 2003 que obligaba al Estado (o sea, a todos los españoles) a resarcir con una indemnización a la empresa perjudicada. Vamos, que no se trata de los planes quinquenales, pero intervenir en la economía interviene, conque no, el PP no es liberal, de ser algo es tan solo neoliberal y ya he explicado que a esa desregularización de los mercados dictada por Milton Friedman y que ha conducido a la crisis en que nos hallamos inmersos lo llaman neoliberalismo y no lo es.
          Y esto nos lleva a otro rasgo del PP, su clasismo. Porque colocar en las principales empresas del país a los amigos de la infancia, garantizando así la pervivencia de una determinada oligarquía creada en los años del franquismo. Asegurarse en la medida de lo posible que no hay herramientas para progresar socialmente combatiendo la igualdad de oportunidades reduciendo a su mínima expresión el sector público, como viene haciendo el PP en las distintas comunidades autónomas cediendo la gestión de los hospitales y centros de salud, así como de colegios e institutos públicos a empresas privadas. Y legislando a favor de la pervivencia de privilegios de aquellos que más suerte han tenido en la lotería social y natural, suprimiendo impuestos como el de sucesión o reduciendo los del capital. Todo ello es fundamentalmente clasismo, porque son medidas que garantizan la persistencia de un status quo en que la libertad de elección es un bien que algunos sencillamente no puede costearse, porque no hay mecanismos para corregir las desventajas en la situación de partida.
          No, no es liberal el PP, sino meramente conservador, nacionalista y católico.

          Bien, ¿y qué hay del PSOE? Antes de comenzar con la crítica, reconozcámosle al PSOE reciente dos leyes que sí considero genuinamente progresistas porque ahondan en la igualdad de derechos y en la justicia social: la ley de matrimonio homosexual y la ley de dependencia. Por cierto que el rechazo al matrimonio homosexual es una prueba más de la falta de liberalismo del PP, porque si algo caracteriza al liberalismo es la defensa de los derechos civiles. Ciertamente PSOE y PP no son equivalentes (salvo en su nivel de corrupción institucionalizada), pero con todo y eso, el PSOE no es progresista, ¿y cómo es esto posible si se trata de una palabra que no se les cae de la boca?
          Desde la izquierda comunista se critica al PSOE por no ser realmente de izquierdas, yo diría que es justo al contrario, que el PSOE no es progresista no por no ser de izquierdas, sino porque serlo a la manera tradicional en 2011 es ser conservador. Es difícil a día de hoy ser de masas y obrero, porque las masas no son obreras. En la transición el PSOE recuperó el lugar que había tenido en la 2ª República como principal partido de la izquierda, después de haber prácticamente desaparecido, precisamente soltando lastre del pasado. Decidió mirar a Villy Brandt y Olof Palme en lugar de repetir la cantinela de Prieto y Largo Caballero, en fin, evolucionó hacia el reformismo y la socialdemocracia porque se hizo una pregunta muy sencilla: ¿dónde vive mejor la gente, en Suecia y la RFA, o en Yugoslavia y la RDA? Mi idea es que el PSOE debería tal vez mirar más a John Rawls y menos a sus clásicos (lo cual no quiere decir que los relegue por completo).
          Pero de acuerdo, tal vez esta interpretación es errónea o demasiado personal. Vayamos a los hechos. El PSOE no es progresista porque es nacionalista, solo que en plan periférico. Pero ni CIU es menos nacionalcatólica que el PP por ser un partido a escala regional, ni el nacionalismo es más progresista por ser catalán o vasco que español. El nacionalismo es conservador por definición, porque considera que el pedigrí define a las personas, y eso no es que no sea progresista, es que es directamente rancio.
          Tampoco es progresista el PSOE porque no es laicista. Vale, sí, los socialistas dicen que lo son, pero vayamos a los hechos una vez más. O estoy muy equivocado o el PSOE ha gobernado durante casi veinte años este país, y o sigo estando muy equivocado o sigue vigente el Concordato con el Vaticano de 1979, sigue impartiéndose una asignatura de religión en las escuelas públicas y sigue destinándose parte de la recaudación de los impuestos de todos los españoles a la Iglesia católica.
          Otro campo de batalla progresista en que el PSOE no parece dar la talla es el de los servicios públicos, pues creo recordar que han sido cuantiosas las privatizaciones que han tenido lugar bajo el auspicio del PSOE, por citar una, la de Argentaria. Y tampoco desaparecieron los conciertos educativos "paulatinamente" como se prometía, y de hecho fue bajo el gobierno del PSOE cuando surgieron las primeras fundaciones sanitarias, esto es, los centros hospitalarios públicos de gestión privada. Decir que se defienden los servicios públicos porque no se desmantelan como sí hace el PP no convierte al PSOE en paladín de los servicios sociales, sino en un cortafuegos lleno de rastrojos.
          No, no es progresista el PSOE, es un diccionario de citas viejunas de mayo del 68.
         
          Así, si eres nacionalista católico o progre de eslógan tienes tu voto resuelto para el 20N, si no lo eres, el PP y el PSOE no te representan así que #NoLesVotes, si eres liberal y/o progresista seguro que encuentras uno o más partidos que sí lo harán, a mí se me ocurre un par de ellos. Y si realmente ninguno te convence, piensa si votar a un partido en el que no crees para que te represente y gobierne en tu nombre durante cuatro años es realmente un voto útil. Eso sí, la decisión es tuya, porque eso sí que es 15M, votar en conciencia e informado, y no por inercia y manipulado.

miércoles, 27 de julio de 2011

Sobre la tolerancia II

          ¿Debe ser tolerado el intolerante? La respuesta de John Locke a este interrogante en su Carta sobre la tolerancia es "no". El Estado según Locke deberá respetar todas las creencias religiosas, pero deberá actuar contra aquel que trate de imponer las suyas violentamente, así como contra aquel que carezca de creencias. En efecto Locke, hijo de su época, considera que el ateo, como el intolerante, no debe ser tolerado. El razonamiento en que se basa esta idea es el siguiente: el Estado democrático existe por un pacto que nos compromete a todos, el ateo es incapaz de asumir compromiso alguno porque no puede jurar, por lo tanto el ateo es incapaz de suscribir el pacto en que descansa el Estado democrático. En este caso la conclusión es falsa porque lo es la segunda premisa, desmentida por la experiencia: son muchos los creyentes que no respetan la palabra dada, y muchos los ateos que sí lo hacen, aunque prometan y no juren. El juicio de Locke, obviamente, descansa en una concepción todavía arcaica del Estado según la cual los derechos son naturales por estar regidos por la ley divina, y quien rechaza dicha ley difícilmente podrá aceptar dichos derechos.
            Una vez salvado este escollo preguntémonos si Locke tiene razón al negar que deba ser tolerado el intolerante. ¿Qué quiere decir esto? No se refiere al hecho obvio de que deba perseguirse a aquel que ejerce físicamente la violencia. Y tampoco se trata tan solo de perseguir actos concretos de intolerancia, sino al propio intolerante. ¿Cómo es eso posible? ¿No convertiría eso a ciertas personas en ilegales dentro de la democracia, negando así un pluralismo que debería ser su esencia misma? En realidad no, porque lo que la democracia no puede ni debe tolerar son atentados contra ese mismo pluralismo, y dichos atentados no son solo acciones terribles como los crímenes de ETA o del asesino de Oslo, sino también esos atentados indirectos como son la apología del terrorismo, el racismo, la xenofobia o el fascismo. Ahora, defender esto último no implica que no se deba tolerar al intolerante, sino que debe ampliarse el concepto de "acción violenta" y comprender que expresarse en términos racistas, por ejemplo, es en sí mismo un acto racista. Expresar una opinión también es llevar a cabo una acción.

            Por ello considero más acertada la forma de entender la tolerancia en un Estado democrático que tiene John Rawls que la de John Locke. El Estado democrático debe tolerar incluso al intolerante, pero debe ser inflexible con los actos intolerantes, aunque dichos actos sean palabras. Ante la duda, ¿cómo debería actuar el Estado? Debería abstenerse de actuar salvo cuando haya constancia de una acción inminente resultado de ciertas posturas. Para la salud de la propia democracia es mejor dejar escapar a un culpable que castigar a un inocente. Hay medios de la derecha que a raíz de las reacciones al atentado de Oslo advierten del peligro de criminalizar las ideas, pero es que hay ideas que son criminales, cuya expresión misma daña. Esos mismos medios así lo reconocen cuando se trata de ideas que amparan el terrorismo de ETA. Consideran que quienes manifiestan su apoyo, explícitamente o por omisión, a los crímenes de ETA son en parte responsables de dichos crímenes, y estoy de acuerdo. ¿Pero por qué no extender dicho juicio a quienes apoyan los crímenes racistas, xenófobos y fascistas? ¿Qué hace mejor a un líder de la ultraderecha noruega que a un líder de Batasuna? ¿No anima a ambos la misma xenofobia? No es coherente quien condena la apología del terrorismo y no del racismo y viceversa. Si unos partidos deben ser ilegalizados porque algunas de sus ideas y principios son esencialmente antidemocráticos, así debería ocurrir con todos.

            No es criminal decir, por ejemplo, que hay que controlar la inmigración (aunque el Artículo 13.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice que "Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado"), es criminal defender que tienen más derechos los "autóctonos" (españoles, vascos o noruegos) que los extranjeros, porque los derechos son absolutos, independientes de cualquier "origen nacional" (Art. 2.1), y por tanto priorizar los derechos de unos frente a los de otros es negar los de aquellos que se dejan en segundo lugar. Y negar derechos es un crimen, es un ejercicio activo de violencia, luego sí, la expresión pública de ciertas ideas es en sí misma un crimen. Hay ideas que son en sí mismas agresiones porque apuntan a la línea de flotación de la libertad, porque son la negación de la libertad de algunos y por tanto la negación de las condiciones mismas de posibilidad de la vida en común. Quien defiende que no hay ideas ilegales no entiende esto, y se basa una vez más en el error muy extendido (que ya critiqué en una entrada anterior "Sobre la tolerancia") de que todas las opiniones valen lo mismo, que toda opinión merece respeto, cuando son las personas y no las opiniones quienes merecen universalmente respeto. Y por ello mismo considero, contra Locke, que debe tolerarse al intolerante, pero no debe dejar de perseguirse ninguna expresión de la intolerancia. La democracia debe respetar la libertad de conciencia, siempre, y debe respetar la libertad de expresión, salvo cuando el ejercicio de esta vulnere los derechos de otros ciudadanos, del mismo modo que se respeta la libertad de acción salvo cuando vulnera dichos derechos.

            ¿Quiere esto decir que sea legítimo emplear la violencia en respuesta a actos intolerantes? No, salvo aquella que entra dentro del uso legítimo que de ella puede hacer el Estado, esto es, aquella que es conforme a la ley. Porque lo que ha de hacerse con el intolerante es aquello que él no hace: incluir dentro de la legalidad a aquel cuyas ideas resultan repulsivas. Se aplica la ley a quien considera que está fuera de la ley o que hay otros que no merecen ser amparados por la ley. El Estado democrático ha de decirle al intolerante: "lo que tú no le reconoces a tus víctimas, el Estado no obstante te lo reconoce a ti". Por ello los criminales de guerra nazis tuvieron derecho a un juicio en Nuremberg, aunque ellos no habían concedido dicho derecho a sus víctimas, porque la democracia reconoce derechos incluso a quienes los niegan y pisotean. Pero eso no quiere decir que la democracia renuncie a perseguirlos, juzgarlos y condenarlos, porque precisamente lo que está en juego es la existencia misma de la democracia.
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