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jueves, 14 de junio de 2018

No soy un aliado, no estoy haciendo mansplaining y esto no son male tears

AVISO: absténgase machirulos, son el enemigo, esta entrada no les da la razón

Soy feminista. Mis creencias, deseos y acciones lo demuestran. Nadie puede decirme que no lo soy salvo que constate que mis creencias, mis deseos y mis acciones demuestren que no lo soy. Soy un varón en un sistema patriarcal, nadie puede dudarlo, así que posiblemente tendré creencias y deseos sexistas, y puede que cometa actos sexistas también, contra mi voluntad, contras mis creencias y deseos fundamentales, como excepción al patrón normal de mis acciones. Sí, lo sé, no es imposible que de cuando en cuando tenga comportamientos machistas. Son la excepción luego no me definen. Lo que hago ahora no es mansplaining (salvo que se pretenda que lo hago necesariamente solo por ser un varón explicando algo, lo cual es un ad hominem inaceptable), pero tiendo (o he tendido, pues me esfuerzo por cambiar) a hacerlo. Creo que es un comportamiento machista y que no debo tenerlo, me resisto a hacer mansplaining (me cuesta, pues tengo tendencia al “explaining” en general, soy profesor, es deformación profesional). Pero no, cada vez que un varón habla de feminismo con una mujer no es forzosamente un caso de mansplaining, es una discusión entre feministas de distinto sexo, nada más.
 Soy feminista porque defiendo la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, ejerzo dicha igualdad en mi vida diaria, denuncio los prejuicios sexistas, conozco el pensamiento feminista y coincido con sus supuestos fundamentales (muy breve y concisamente: la existencia de un sistema patriarcal que atribuye unos determinados roles de género a cada sexo otorgando al género femenino, y así a las mujeres, un papel de subordinación al varón). También, trato de divulgar el feminismo desde este blog: https://elninoquejuegaalosdados.blogspot.com.es/search/label/Feminismo
¿Qué no soy? No soy una mujer, así que no puedo decir #MeToo, no soy víctima, pertenezco al bando de los opresores (pero eso no me convierte en opresor), no lucho por mis derechos (aunque el sistema patriarcal imponga un rol de género a los varones que no me guste, no deja de ser el rol que conlleva privilegios) sino por derechos ajenos, no puedo ni debo liderar esa lucha, no puedo tener voz como mujer, pues no lo soy. Convengo en que soy un aliado en la lucha por la igualdad, en el movimiento de las mujeres por la igualdad, pero no soy un aliado feminista. Soy feminista a secas, y varón.
No, cuando critico la teoría (o el artículo, o la ponencia) de una mujer dentro del feminismo no hago mansplaining. No cuando hablo de feminismo no hago mansplaining. Soy el profesor de la asignatura de Valores Éticos de mi instituto, es mi obligación hablar de feminismo a los alumnos. Tengo cromosomas y caracteres sexuales masculinos, pero he estudiado pensamiento feminista en la carrera, participé en la fundación de un grupo de estudios feministas en la facultad, acudo a manifestaciones del 8 de Marzo desde hace ya hace veinte años (os aseguro que entonces éramos bastante menos que ahora), y he leído y estudiado con devoción a Mary Wollstonecraft, Simone de Beauvoir, Betty Friedan y tantas otras pensadoras fundamentales (eso tampoco me convierte en autoridad, no es mi especialidad en el campo de la filosofía). También he leído (y escuchado) a grandes feministas españolas como Amelia Valcárcel y Celia Amorós. De esta última asumo la crítica a algunas posturas feministas desde otras posturas feministas, porque si critico el feminismo de la diferencia (o algunos aspectos del mismo) no es desde el machismo, es desde el feminismo de la igualdad. Si disiento del invento postmoderno del “falogocentrismo” es porque creo que precisamente el logocentrismo es nuestra única oportunidad para acabar con el falocentrismo. Critico ciertas ideas de la tercera ola porque beben de filósofos postmodernos a los que ataco fuera del feminismo por sus ideas en general. Parte de la teoría queer bebe de Derrida, difícilmente podré comulgar con dicha parte si critico en general la deconstrucción. A su vez, si critico aspectos del marxismo es lógico que critique el feminismo marxista, pero dicha crítica no viene desde el machismo, sino desde el feminismo liberal. Y no, no todo feminismo es necesariamente anticapitalista o tendríamos que expulsar del feminismo a una gran parte de sus teóricas fundamentales (aunque de hecho a algunas teóricas feministas se les acaba la sororidad cuando se trata de mujeres de derechas); y no, no todo liberalismo es neoliberalismo o liberalismo económico, Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft eran fundamentalmente liberales.
Tal vez soy un fósil de la segunda ola arrollado por la tercera, o algo peor, un partidario del feminismo de corte ilustrado. Pero creo que mi tarea es resistirme a que dentro del pensamiento feminista (otra cosa es dentro del activismo) pese otra cosa que los argumentos, pese quién los esgrime y sus cromosomas sexuales. Y no, esto no son male tears, sencillamente como feminista no me resigno a “callar y escuchar” como me recetó en su día la dueña del feminismo en Twitter, precisamente porque no soy capaz de permitir que el feminismo deje de ser un pensamiento vivo, una filosofía activa, una teoría crítica y se convierta en el dogma de algunas personas solo para unas pocas personas. Cuantos más seamos, más cerca estará la igualdad, y eso es lo que queremos, en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en nuestros gobiernos, en nuestras calles.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Trumposos

          Un fantasma recorre el mundo, el fantasma del populismo. En Estados Unidos ese fantasma se ha materializado convirtiéndose ni más ni menos que en Presidente.
          No soy amigo de ninguna forma de populismo, pero sí distingo entre populismos de izquierdas y de derechas (véase la entrada Populismos), y puestos a elegir me quedo con el de izquierdas por un rasgo diferencial de los populismos diestros que para mí es crucial: la xenofobia. Todos los populismos actuales, dentro de todo el espectro ideológico, contienen un neonacionalismo en forma de defensa de la autarquía nacional disfrazado de rechazo a la globalización (Trump quiere añadir tasas a la importación, multar a empresas que deslocalicen, limitar el mercado internacional), también comparten el rechazo a una élite política y económica a la que no obstante en muchas ocasiones pertenecen los propios líderes de los movimientos populistas (Trump es millonario), pero el rechazo al extranjero es patrimonio de los populismos de derechas.
          Nacionalismo (frente a la pérdida de soberanía ante el FMI o la Comisión Europea) y rechazo a la democracia representativa (que enmascararía la oligarquía dicen) son temibles, pero lo que hace que esta década empiece a recordar peligrosamente a los años treinta del pasado siglo es añadirle a estos factores el racismo y la xenofobia del Frente Nacional, el UKIP, el Freiheitliche Partei Österreichs.... y ahora Trump.
          Se le puede reprochar a los populismos en general su demagogia, pero los populismos xenófobos son especialmente tramposos. Porque hay mucho de cierto en el relato de que una élite económica ha salido indemne de la crisis mientras que los demás hemos pagado sus desmanes, en que los partidos viejos son responsables de dicha crisis y que solo parecen perseguir perpetuarse en el poder y no el bien común, pero es de todo punto falso que los culpables de la crisis (del desempleo, de los bajos salarios, de la pérdida de derechos laborales) sean los emigrantes.
          El populismo se nutre de la vanidad de los electores que están deseando que alguien les diga que nada de lo malo que les ocurre tiene que ver con ellos, el chivo expiatorio por antonomasia son los inmigrantes, los extranjeros, los judíos, los gitanos... sí, la trampa de estos trumposos es vieja, pero parece que muchos siguen dispuestos a caer en ella. Y yo empiezo a temer que caigamos en horrores del pasado, entre otros el de creer cosas como "se moderará", "cuando llegue al poder no hará exactamente todo lo que dice", "las instituciones no pueden caer"... confundiendo deseos con realidad. Recuerdo ahora lo que se dice a sí mismo el padre de Wladyslaw Szpilman en la película El pianista de Roman Polanski cuando oye relatos terribles de lo que están haciendo los alemanes a los judíos, insistiendose en que no es posible que tengan lugar esas atrocidades. Nos autoengañamos pensando que no puede ser, y sí puede.
         "Nunca más" dijimos hace cincuenta años, pero se ve que cada generación solo es capaz de escarmentar en carne propia. Hijos de puta, juegan con las cartas marcadas y aún así ganan elecciones.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La gran mentira del PP

          Llegó el momento de sorprenderse y rasgarse las vestiduras con el caso Espinar. A mí en concreto me sorprende poco, me cuesta creer que alguien se creyera realmente el cuento de "somos los hijos de los obreros que nunca pudisteis matar". Los cuadros de Podemos son casi todos "los hijos de los profesionales liberales que no supieron encajar la caída del Muro de Berlín" (aunque yo diría que precisamente el padre de Espinar fue un socialista que lo encajó divinamente). "Son unos hipócritas" dicen aquellos que se sorprenden o fingen sorpresa. Yo creo que no, yo creo que realmente se han creído su propio metarrelato porque aunque vayan de postmodernos, de hecho son modernos trasnochados (salvo Errejón diría, cuyo relato es coherente con el fin de los metarrelatos de la postmodernidad). No mienten, viven ellos mismos engañados. Como Don Quijote, ellos de tanto leer libros de revolucionarios...
          Pero no quiero hablar aquí de Podemos (ya lo he hecho en varias entradas, más bien críticas) solo quiero aprovechar la polémica creada por la hostia que le ha dado la realidad a quien es un pijo con mala conciencia (un gremio al que pertenezco) para hablar de otros que viven también en una realidad alucinada y no lo saben: los mandos del PP. Y no se trata de un "y tú más", porque de hecho no es corrupción o hipocresía lo que quiero reprocharle al PP (eso ya lo he hecho en bastantes entradas), sino autoengaño.

          A Podemos se le reprocha un rigor en sus exigencias a los demás que no son capaces de tener con ellos mismos algunos de sus miembros. El PP nos reprocha continuamente una falta de emprenduría que no abunda precisamente en sus filas.
          El metarrelato que se han construido los cuadros del PP es el de que todos ellos son personas hechas a sí mismas, que han llegado a estar donde están por talento y esfuerzo, y por eso nos venden eslóganes baratos como la "cultura del esfuerzo" o el "espíritu emprendedor". No sé si entre sus votantes habrá muchos emprendedores, lo que es seguro es que entre sus mandos no.
          Un reproche habitual al PP es que sus miembros más talluditos provienen del franquismo (y es incontestable que el PP es vástago de Alianza Popular, y esta a su vez de sectores muy reaccionarios del franquismo), pero las ideas se pueden cambiar, es verosímil que hayan descubierto las bondades de la democracia (aunque, como traté de explicar en esta entrada, algunos como Rajoy no la comprendan muy bien), lo que no cambia es la clase social de partida y no, los cuadros del PP no vinieron de abajo y se hicieron a sí mismos.
          Si los de Podemos han leído muchos libros de revolucionarios, los del PP han visto muchas películas sobre el mito americano, pero no lo han vivido ni de lejos. Así que los del PP le exigen un espíritu emprendedor a los ciudadanos españoles del que ellos mismos carecen.
          Las Nuevas Generaciones están gobernadas no por empresarios soñadores que tuvieron una idea y andan de banco en banco buscando financiación, sino por los mismos animales de partido, ideólogos baratos, hijos de cuadros superiores y activistas profesionales que el resto de juventudes del resto de partidos.
          El PP predica un liberalismo en el que no cree, una vez más sus miembros miran a Estados Unidos pero se tocan con la mantilla cuando la ocasión lo requiere. El liberalismo les parece bien en lo económico, pero en lo político y en lo social... mire, es que si separamos realmente los poderes perdemos nuestro poder sobre la Fiscalía del Estado, el Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional; si aceptamos el matrimonio homosexual entonces nuestro ideal de familia queda desfasado; si la asignatura de religión deja de ser evaluable la Iglesia pierde adeptos. Y ya puestos, ni siquiera en lo económico son liberales, están encantados de planificar la economía, eso sí, no para el bien común sino el propio. Tampoco parece muy de emprendedores la forma en que se ha venido financiando el PP. Y ya puestos, como gestores no parece que hayan dado la talla, ¿o acaso dejar en bancarrota la ciudad más rica de España, Madrid, es gestionar bien los recursos públicos? Igual es que creen en esta ecuación: partidario de liberalizar empresas = liberal. Yo juraría que esa ecuación es muy incompleta.
          No, el PP es conservador y tradicionalista, aunque haya algún liberal genuino los que dicen serlo por norma general lo son de boquilla, y saben tanto de fundar una empresa desde la nada como los de Podemos de correr delante de los grises: porque han oído contar historias sobre eso muchas veces (mientras estudiaban Derecho y opositaban como querían sus padres). En el Congreso de los Diputados que salió de las elecciones de hace un año (y el actual no es muy distinto) lo que más abundaba eran los profesionales liberales (abogados y docentes representaban casi el 40% de los Diputados) y ojo, aquellos parlamentarios sin profesión constituían ya el 19%... y el grupo que más sumaba a estos profesionales de la política (permítaseme el oxímoron) no era precisamente Podemos, sino el PP con un ¡26% en sus filas! A tope con los emprendedores. Además los Diputados del PP son los que más tiempo de su vida llevan dedicado a la política: una media de 18 años.
          "¡Ah bueno, pero el espíritu emprendedor no es solo el del empresario! Es el de alguien inquieto, motivado, que se esfuerza por crecer profesionalmente..." ¡Acabáramos! Para ser emprendedor basta con desearlo muy fuerte, ahora entiendo por qué en el PP se creen ser algo que no son.
          Lo siento pero no, el PP no representa la España abierta, innovadora, moderna y creativa de los que los miembros del PP creen ser una minoría egregia, no. Pero sepa, querido lector, que a usted y a mí sí nos exigen serlo... o igual no podrían ellos perpetuarse en el poder.


domingo, 1 de noviembre de 2015

De la necesidad del estudio de la filosofía

          Aquellos que sean asiduos de este blog ya sabrán muy bien de tres de mis grandes vicios: las introducciones que dan largos rodeos, las entradas demasiado extensas y el quintacolumnismo. Es sin orgullo que declaro que esta entrada no va a ser una excepción, no obstante confío en que al final de sus muchos vericuetos y sus tribulaciones autocríticas logre su objetivo principal: defender la necesidad del estudio de la historia de la filosofía en el bachillerato (a quien solo le interese esa parte puede saltar directamente a la sección final del post).
          Creo que toda defensa de la filosofía, aunque en ocasiones pueda revestirse de épica (yo mismo lo he hecho en las entradas ¿Por qué la filosofía? y No hay ética) por motivos retóricos, debe sin embargo tratar de ceñirse a los hechos si no quiere convertirse en aquello que nos pasamos la vida criticando los profesores de filosofía en clase: la erística de los sofistas. Es así que vengo leyendo encendidas y dramáticas defensas de la necesidad de la filosofía que parten de afirmar una falsedad (la desaparición de la filosofía del bachillerato) y que emplean dos argumentos contrafácticos falaces: a) si no hubiera estudio de la filosofía, entonces no habría pensamiento crítico y b) si no hubiera estudio de la filosofía, entonces no habría democracia. Soy profesor de filosofía, así que obviamente adoro mi disciplina, pues filosofía no es precisamente algo que se estudie como medio para ganar fortuna y gloria. Ahora, de ahí a tener la osadía de pretender que todo aquel que no estudie filosofía será un borrego o un antidemócrata va un trecho tan largo que creo que solo ayudará a sumar a la causa de los filósofos el apoyo de borregos capaces de creer en tamaña falsedad (generalmente el tipo de borregos que confunde filosofía con ideología, y más concretamente con su ideología).

La filosofía no desaparece del bachillerato
          "¿Cómo? ¿Qué es eso de que no desaparece la filosofía del bachillerato? ¡Si he leído artículos, posts y cartas al director que afirman que el gobierno elimina la enseñanza de la filosofía!" Pues no, no es así, y lo siento por todos esos artículos, posts y cartas al director en cuyos titulares (no siempre el cuerpo) abundan las buenas intenciones pero no el amor a la verdad. A día de hoy es obligatoria la enseñanza de la asignatura Filosofía en 1º de Bachillerato, con una dotación de cuatro horas lectivas a la semana (una más que con la ley anterior), y sus contenidos formarán parte del futuro examen de reválida (respecto al despropósito que supone ese futuro examen tal cual está planteado a día de hoy ya haré una entrada específica en el blog). Lo que sí ocurre con la nueva ley es que la asignatura de 2º de Bachillerato Historia de la Filosofía pasará de ser obligatoria a ser optativa (salvo en el Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales en que será materia de modalidad). De esta forma, la aserción "desaparece la filosofía del bachillerato" es literalmente falsa.
          Es cierto que el profesorado español de filosofía en su mayoría tiene un sesgo historicista, y probablemente en las mentes de muchos de mis colegas Filosofía e Historia de la Filosofía son equivalentes (no hay más que echar un vistazo a muchos de los libros de la asignatura Filosofía, donde un tratamiento en apariencia sincrónico de los principales interrogantes filosóficos esconde muchas mini-historias de la filosofía). Hay que decir también, en honor a la verdad, que la existencia de asignaturas de filosofía (sin tener en cuenta asignaturas de ciudadanía o ética) es algo bastante poco habitual en los bachilleratos del mundo, yo apenas tengo noticia de tres casos aparte del nuestro: Francia, Italia y Finlandia.
          En Italia se enseña filosofía como le gustaría a muchos: Historia de la Filosofía a lo largo de los tres cursos de bachillerato (primer curso Filosofía Antigua y Medieval, segundo curso Renacentista y Moderna, y tercer curso Moderna y Contemporánea). En Finlandia y Francia el enfoque es sistemático y problematizador, no histórico (espero poder dedicar una entrada del blog a defender ese modelo frente al historicista). En Francia, el modelo que mejor conozco, no se estudia filosofía hasta el último curso de bachillerato, se dan tres horas semanales en el bachillerato científico, cuatro en el económico-social y la friolera de ocho horas en el literario. En todos estos itinerarios al menos dos horas de filosofía han de ser consecutivas para favorecer hacer exámenes de dos horas, exámenes que consisten en un comentario de texto (sin preguntas guía) o una disertación. Que yo sepa no se enseña filosofía en países que tan grandes filósofos han dado como Alemania o el Reino Unido. De hecho, en la mayoría de países europeos no se enseña filosofía como tal, con una asignatura específica en el bachillerato (este informe de la UNESCO que parece decir lo contrario contabiliza asignaturas de valores éticos). Así que si nos comparamos con todos esos países afirmaciones como "la filosofía queda de facto eliminada en los institutos" da vergüenza ajena (demuestra muy poco amor por la asignatura de filosofía que a mí me parece más valiosa, la de 1º). Como mucho podríamos decir que la asignatura de Historia de la Filosofía queda arrinconada, pero es obvio que como titular no resulta suficientemente sensacionalista (pero qué somos, ¿filósofos o sofistas?).

El pensamiento crítico y la democracia no dependen de la enseñanza de la filosofía
          La verdad de esta afirmación es tan obvia que parece mentira que nadie pueda decir lo contrario, y sin embargo son muchas las defensas de la presencia de la filosofía en bachillerato que afirman cosas tales como que sin la filosofía desaparecerán tanto el pensamiento crítico como la democracia (o al menos el espíritu democrático). Vale la pena preguntarse entonces lo siguiente: ¿Aventajamos acaso en pensamiento crítico, por ejemplo, a los ciudadanos alemanes gracias a nuestros (voy a contar solo los años de la democracia) 37 años de enseñanza de la filosofía en bachillerato? ¿Es nuestra democracia superior a la británica o a la de Estados Unidos? ¿Son las virtudes cívicas y actitudes democráticas de los españoles superiores a las de aquellos ciudadanos europeos que tienen la desgracia de no estudiar filosofía en el bachillerato?
          Martin Heidegger, uno de los más grandes filósofos del siglo XX fue un nazi redomado, ¿cómo iba servida su filosofía en cuanto a democracia? La enseñanza de la filosofía en bachillerato en España existe desde el año 1953, en plena dictadura franquista, ¿es de suponer que el régimen se hacía el hara-kiri enseñando el pensamiento crítico que haría de sus ciudadanos demócratas antifranquistas?
          Está bien que nos contemos a nosotros mismos y a nuestros alumnos los cuentos de lo que idealmente es, o debería ser, la filosofía, porque es la mejor forma de acercarnos (acercarles) a dicho ideal, pero no sé si es legítimo (o filosófico) recurrir al mito cuando se trata de legislar. Sería mejor atenerse a los hechos (¿dónde ha quedado eso de que la filosofía es el paso del mito al logos?), y los hechos demuestran que los argumentos a) "si no hubiera estudio de la filosofía, entonces no habría pensamiento crítico" y b) "si no hubiera estudio de la filosofía, entonces no habría democracia" son incorrectos.
          Algun filósofo bien pensante me acusará de falacia del hombre de paja, dirá que nadie defiende que la filosofía sea condición suficiente para el pensamiento crítico y la democracia, sino tan solo condición necesaria. La democracia nació con la filosofía y la relación no es accidental. Tal vez, pero temo que podamos cometer en esta ocasión una falacia post hoc ergo propter hoc. Diría que en todo caso la democracia fue causa de la filosofía y no al revés, la democracia ateniense (o la autonomía democratizante de las colonias de Jonia) hizo necesario y posible el pensamiento discursivo de la filosofía. Tampoco deberíamos olvidar que la democracia ateniense excluía a todas las mujeres, a gran parte de los varones y permitía la esclavitud, algo que difícilmente consideraríamos hoy democrático (pero que desde luego era legitimado por muchas filosofías). También, si hubo un momento de la Historia de Europa en que la enseñanza de la filosofía fue absolutamente obligatoria (para aquellos pocos que estudiaban), fue en la Edad Media, una filosofía que muchos no dudarían en tachar de no suficientemente crítica sino dogmática, y una época en que la democracia brillaba por su ausencia (aunque ya oigo a filósofos que sostienen una interpretación whig de la historia protestando panglossianamente por mi falta de visión de conjunto).
          Tratando se salvar los muebles tal vez el filósofo bien pensante acudiría a una nueva versión deflacionaria (más aún que la anterior) del argumento de que si no hay filosofía entonces no hay pensamiento crítico y democracia, vendría a decir algo así como que "la filosofía garantiza democracia y pensamiento crítico si es buena, o si se enseña como es debido". Pero si hemos arrinconado hasta ese punto a la filosofía entonces hemos perdido: habría que demostrar que la filosofía que efectivamente se enseña y el cómo se hace son "buenos" o "cómo es debido" (lo cual parece quedar desmentido por el hecho de que los españoles no seamos más críticos ni más demócratas que otros muchos europeos que no estudian filosofía en bachillerato) y además habría que demostrar que precisamente el hecho de que dejara de ser obligatoria no la enseñanza de la filosofía, sino la historia de la filosofía, desvirtuaría su carácter fundador de la democracia y del pensamiento crítico.
          No, los argumentos a) y b) son insostenibles. Es más, son vergonzantes y contraproducentes, porque demuestran la falta de pensamiento crítico de aquel que los esgrime. El pensamiento crítico es comprendido a menudo como capacidad de crítica a la verdad o el bien oficiales, como sinónimo de sospecha de lo establecido por la mayoría o las instituciones. Sin embargo el interés del por qué crítico de la filosofía es que alcanza cualquier recoveco, y eso incluye el pensamiento propio, también el de las autodenominadas minorías críticas que creen tontamente que precisamente por el hecho de ser minorías o alternativas a lo abundante u oficial ya son críticas. Nada más lejos de la realidad. Sin ir más lejos las llamadas terapias alternativas no son las representantes del pensamiento crítico en cuanto al conocimiento y la medicina, por el contrario son dogmáticas, es la ciencia oficial la que representa el pensamiento crítico (o algo que se le acerca). Más nos vale pues a los filósofos demostrar que no somos propensos a los discursos autocomplacientes con respecto al valor de nuestra disciplina, o la presunta conexión entre pensamiento crítico y filosofía resultará a todas luces vacía de contenido.

La enseñanza de la filosofía en bachillerato es necesaria
          Ya que he mencionado las terapias alternativas (sobre mi crítica a algunas pseudociencias véanse El fantasma en la máquina I: la homeopatía y El fantasma en la máquina II: el Reiki) voy a aprovechar para emplearlas en un ejemplo que muestra por qué la enseñanza de la filosofía es, si no necesaria, como mínimo muy útil: porque combate el pensamiento mágico. Cualquier persona sensata dirá que eso ya lo hace la ciencia, y así es, pero no en el bachillerato. Las materias de ciencias en bachillerato consisten en la enseñanza de contenidos puramente científicos (afortunadamente), y no en la discusión acerca de los límites de la ciencia ni de sus fundamentos (o no explícitamente). Muchos estudiantes de bachillerato científico tienen creencias profundamente anticientíficas sin ser conscientes de ello, para ellos la ciencia es como un algoritmo que permite resolver problemas prácticos pero no implica necesariamente una visión científica de la realidad. Por el contrario en filosofía se trabaja la necesaria coherencia entre praxis y teoría, acción y principios, se enfrenta a los alumnos a preguntas por la consistencia de sus creencias, por los fundamentos de su cosmovisión.
          Como es bien sabido la filosofía es un saber de segundo orden y nos permite abstraernos de lo concreto (que es lo que se enseña en todas las demás disciplinas del bachillerato) para tratar de dotarnos de una perspectiva global que cohesiona los saberes dispersos. Muchos alumnos llegarán a clase de filosofía con espíritu crítico y con espíritu democrático (luego estos no provienen de la enseñanza de la filosofía), pero muy pocos con la capacidad de abstracción radical de la filosofía que les lleve a tener una visión salvajemente holista de la realidad. La filosofía sirve, entre otras cosas, de pegamento de saberes que de otra forma serían compartimentos estanco, y para tratar cosas que, de otra forma, no se tratarían. En biología se estudia el funcionamiento del cerebro, en física la naturaleza de la materia, ¿pero dónde cabe preguntarse sobre si mente y cerebro son la misma sustancia o no, sobre si lo mental es material en el mismo sentido en que lo es el cerebro o no, sobre si lo mental es idéntico al cerebro o es una propiedad suya, o un epifenómeno, o una función?
          Cierto, aún estudiando filosofía seguimos siendo dogmáticos, prejuiciosos e incoherentes pero como dice Deleuze "que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran...". En fin, no voy a añadir aquí más argumentos a los ya aportados en ¿Por qué la filosofía? Voy en cambio, como prometí al principio de la entrada, a tratar de dar brevemente algunas razones por la cuales creo que no solo debe enseñarse en bachillerato filosofía, sino que sería conveniente mantener la obligatoriedad de la asignatura de Historia de la Filosofía.

La enseñanza de la historia de la filosofía en bachillerato es necesaria
          ¿Qué se enseña en Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato? Me temo que varía de unas comunidades a otras, en Madrid se enseña la historia del pensamiento desde la filosofía presocrática hasta la filosofía del siglo XX, desarrollando de forma pormenorizada el pensamiento de 13 autores: Platón y Aristóteles dentro de la Filosofía Antigua; Agustín de Hipona y Tomás de Aquino dentro de la Filosofía Medieval; Descartes, Locke, Hume, Rousseau y Kant dentro de la Filosofía Moderna; y Marx, Nietzsche, Wittgenstein y Ortega y Gasset dentro de la Filosofía Contemporánea. ¿Es necesario añadir la enseñanza del pensamiento de estos autores a lo visto en la asignatura de Filosofía de 1º de Bachillerato? Creo que es muy recomendable por las siguientes razones:
  • Al estudiar distintos sistemas filosóficos los alumnos tendrán ocasión de comprender el sentido de la filosofía no ya desde el punto de vista de las respuestas que da a interrogantes concretos, sino en cuanto sistema globalizador, en tanto que estructura de ideas jerárquica y coherente, en cuanto visión del mundo.
  • El estudio de "filosofías", del pensamiento de distintos autores con teorías a menudo enfrentadas permite desterrar el sesgo que pueda tener un profesor que imparta mal la Filosofía de 1º de Bachillerato. En Historia de la Filosofía se enseñan puntos de vista dispares y el profesor, aunque sienta un profundo disgusto con unos autores y admiración por otros se ve obligado a hacerlos todos tan convincentes y sólidos como le sea posible (y otro tanto le ocurre al alumno, que se ve obligado a poner entre paréntesis su propia filosofía). Así, en Historia de la Filosofía sale reforzado el pluralismo filosófico y de este modo también la tan cacareada disposición al pensamiento crítico.

          También es cierto que si ustedes me preguntaran "Si tuviera que elegir entre enseñar en bachillerato Filosofía o Historia de la Filosofía, ¿qué elegiría?", mi respuesta sería sin duda "Filosofía" pues bien planteada habría de ser tanto o más plural que Historia de la Filosofía, ¿pero por qué habría que elegir el menor de dos males si durante años ha sido posible enseñar ambas en bachillerato? Esta falacia también tiene nombre, se llama falso dilema.


          Aunque la petición hable grandilocuentemente de "salvar la filosofía", si consideras que la asignatura de Historia de la Filosofía merece seguir siendo obligatoria en 2º de  Bachillerato y que es necesaria la enseñanza de la ética filosófica y no de variantes baratas de autoayuda en la ESO, puedes firmar esta petición en change.org 

miércoles, 6 de mayo de 2015

El fantasma en la máquina II: el Reiki

     En la primera entrega de esta entrada, "El fantasma en la máquina I: la homeopatía", partía del concepto de "fantasma en la máquina" con el que el filósofo Gilbert Ryle definió el dualismo cartesiano y lo aplicaba a ciertas pseudociencias que pretenden que lo inmaterial (sea esto lo que sea), el fantasma, interactúe con lo físico, la máquina. Así, decía allí, "mucha gente está dispuesta a admitir el mágico efecto de lo que no existe físicamente (la molécula ausente en el medicamento homeopático, el campo de energía de los cuerpos en el Reiki) sobre lo físico (sobre la carne y los huesos humanos, sobre la materia, sobre nuestros cuerpos enfermos)". En la anterior entrada, me centré en el caso de la homeopatía, aquí abordaré el caso del Reiki.

Otra terapia fantasmal: el Reiki

     El Reiki, en japonés "energía universal", (no voy a distinguirlo de la terapia del biocampo o del toque terapéutico, pues comparten los mismos principios) consiste en presuntamente canalizar a través de las manos, que nunca llegan a tocar al paciente, una fuente de vibración (ojo, pero no el airecillo por mover las manos, es vibración "energética"), que está fuera, hacia uno mismo o hacia otras personas para curar enfermedades físicas o sanar emociones. El fantasma en este caso recibe el nombre científico de "energía" (o sea, trabajo, o masa acelerada al cuadrado), pero no describe ningún hecho físico real, sino el espacio entre las manos y el cuerpo del paciente, esto es, al aire, aunque esto sería solo un caso particular ya que el Reiki trabaja con la "energía vital universal" (en este caso cada alma no sería un fantasma, sino que existiría más bien un alma del universo, un fantasma omnipresente). Ciñéndose a los hechos, el Reiki es sanación por imposición de manos (a una distancia prudencial): una mano a 10 cm de mi riñón presuntamente podría curarme mi insuficiencia renal porque de hecho esta sería fruto de un desequilibrio energético producido por una falta de sintonía entre mi alma y mi cuerpo que esa mano, moviéndose a 10 centímetros de mi riñón o del resto de mi cuerpo, puede resolver (o si no curarme, como mínimo me aliviará el dolor). El Reiki resintoniza al fantasma y la máquina, que si ya es difícil explicar su interacción estando sintonizados, imagínense si además cada uno puede tener su propia frecuencia.
     Emily Rosa, con solo once años se convirtió en la más persona más joven que jamás hubiera publicado un artículo en una revista científica con un sencillo experimento que refutaba la validez de la terapia del toque terapéutico (basada en los mismos principios que el Reiki):
Emily ideó un experimento simple para comprobar si los practicantes del Toque Terapéutico sienten realmente un “campo humano de energía”, tal como dicen. La terapeuta y Emily estaban sentadas a una mesa, una frente a la otra, separadas por una pantalla opaca, en cuya base se habían recortado dos agujeros. La terapeuta colocaba en ellos las manos, cubiertas por una toalla. Antes de cada serie de pruebas, se le daba un tiempo para que “se concentrara” o hiciera las preparaciones mentales que juzgara necesarias. Emily lanzaba una moneda al aire y, de acuerdo con el resultado, situaba su mano derecha o izquierda a unos diez centímetros por encima de una mano de la terapeuta. Entonces le preguntaba qué mano estaba más cerca de la suya; la terapeuta disponía del tiempo que quisiera para decidir.
Alan Sokal, Más allá de las imposturas intelectuales

     En 280 pruebas con 21 terapeutas, el 44% de ellos escogieron la opción correcta, esto es, ligeramente por debajo de la posibilidad estadística de acertar por puro cálculo de probabilidades. Futuros terapeutas se han guardado muy mucho de someterse a pruebas semejantes, ojos que no ven... (se han hecho no obstante estudios más rigurosos tras el experimento de Emily Rosa, que no hacen sino confirmar sus resultados).

"Alteración del campo de energía": no es ciencia todo lo que reluce

     Como decía en la anterior entrada, parte de la fuerza persuasiva del Reiki y otras pseudociencias estriba en su jerga. Ciertamente la palabra "energía" describe algo (la capacidad para hacer), y existen los campos eléctricos y los campos magnéticos, pero ambos son campos físicos (y no místicos, ni espirituales), como físicas son también las vibraciones (propagación de ondas, perturbaciones tensionales en un medio continuo). Si mezclamos estos conceptos que describen realidades físicas para referirnos a otra cosa que no es su referente real parecerán tener significado careciendo no obstante de referencia (como el concepto de unicornio, que tiene significado por la fusión de los conceptos de caballo y cuerno, careciendo no obstante de referencia real). Y sin embargo se habrá conseguido el efecto deseado, por el uso de expresiones de carácter científico se habrá investido a esa entelequia inventada del prestigio del lenguaje científico, de su aura de certidumbre y fiabilidad. Las creencias pseudocientíficas pues, a diferencia de las creencias religiosas, pretenden estar basadas en la evidencia, en el conocimiento racional y científico y no en la fe, y no solo lo pretenden, pasan por estarlo, son tenidas por tales, el disfraz científico funciona. Pero aunque la magia se vista de ciencia, magia se queda.
     Un ejemplo del éxito del abuso del lenguaje científico relacionado con el Reiki sería que increíblemente existía un diagnóstico enfermero llamado "alteración del campo de energía" en la taxonomía de diagnósticos de NANDA (la asociación internacional encargada de estandarizar los diagnósticos de enfermería) hasta este año 2015 en que ha sido retirado porque "toda la literatura que defiende este diagnóstico trata de la intervención más bien que del diagnóstico enfermero propiamente dicho" (¿quién lo iba a sospechar?). Dado que la "alteración del campo de energía" no refiere a nada, es fácil que el Reiki sea la mejor terapia para curar eso que no existe, ninguna terapia real podría curar lo que no es nada. Que dicho diagnóstico figurara en la taxonomía NANDA se debe al mal que ha hecho a la enfermería científica el hippismo y postmodernismo de ciertas teóricas como Martha Rogers. Afortunadamente la taxonomía NANDA ha sido revisada implementando el nivel de los criterios de evidencia, lo que ha dejado fuera de la ecuación eso que puede que suene científico (aunque a mí me suena más a los midiclorianos de Star Wars o a los poderes de Susan Storm) pero que de hecho no lo es: que hay un campo de energía rodeando nuestros cuerpos, y que puede sufrir alteraciones (con lo que mover las manos a su alrededor podría corregir dichas alteraciones).
     El diagnóstico enfermero (insisto, desde 2015 no admitido ya como tal) de "alteración del campo de energía" ha funcionado como un cajón de sastre en que ha caído toda terapia alternativa que no haya probado su eficacia para hacer frente a cualquier otro diagnóstico real, y es lo que ha dado pie a la intrusión del Reiki en hospitales públicos tanto en aulas de formación, como en proyectos de investigación, como en atención terapéutica (por ejemplo en el Hospital de Guadarrama de Madrid). Revistas de referencia en enfermería en España como Metas de enfermería han publicado estudios de escasa validez científica sobre el Reiki. Teniendo en cuenta que falsar la efectividad del Reiki es algo que como hemos visto está al alcance de una niña de once años (muy lista y honesta, eso sí), desde mi punto de vista esto último habla muy mal de estas publicaciones y de cierta investigación que se hace en enfermería en este país (¿resolverán los estudios de grado este problema?). Prestemos ahora atención a dos de estos artículos.

Un par de estudios recientes

     La mayor parte de estudios que concluyen a favor del uso de terapias alternativas o complementarias no respetan el método científico y presentan un claro sesgo de información, mientras que la evidencia científica en contra es cuantiosa pero sistemáticamente ignorada por sus defensores. Permítanme comparar dos estudios publicados en Metas de enfermería: "Impacto del Reiki en el manejo del dolor por pancreatitis aguda" (estudio realizado en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid) y "Aplicación de la terapia Reiki en el cuidado de pacientes con perturbación del campo de energía" (estudio realizado en el Hospital de Guadarrama de Madrid).
     Aunque ambos me ponen los pelos de punta solo por el hecho de poner de manifiesto que el Reiki tiene hueco en hospitales públicos, el primero pretende medir algo cuantificable objetivamente, es honesto en su método (utiliza un doble ciego con grupo control para aislar la variable individual, y reconoce que el tamaño muestral es escaso) y en sus resultados, pero no completamente, pues presenta cierta resistencia a aceptar dichos resultados añadiendo varias conclusiones ad hoc. El estudio concluye que "no se produjeron diferencias estadísticamente significativas entre los tres grupos [el de pacientes tratados con Reiki, el de aquellos tratados con Reiki placebo y el de aquellos no tratados con Reiki] en lo que a las mediciones del dolor se refiere", pero añade que el Reiki "podría ser más eficaz en el dolor crónico, pero no en el agudo" y que si no hay diferencia en los resultados de Reiki auténtico (practicado por maestros) y Reiki placebo (practicado por voluntarios sin formación) esto "se podría relacionar con la capacidad que todos tenemos para transmitir energía". Con ambas afirmaciones se está cometiendo una falacia de petición de principio, pues se da por hecho al menos parcialmente justo aquello que debería probarse. En cualquier caso, respecto al impacto del Reiki en el manejo del dolor por pancreatitis aguda, "los resultados obtenidos en este estudio parecen estar en la misma línea de resultados que algunas publicaciones con estudios similares al nuestro que no han encontrado relación entre el manejo del dolor y la utilización de este tipo de terapias".
     Menos honesto es el segundo estudio, nada sorprendente por otra parte si se parte de un diagnóstico errado, la famosa "perturbación del campo de energía" que ya no es tenida por un diagnóstico válido por NANDA (aunque probablemente lo fuera aún en el momento de hacerse el estudio). Es cierto que es más una memoria de resultados que un experimento científico (aparece en el apartado "Gestion sanitaria" de Metas de enfermería, y no, no lo hace como ejemplo de mala gestión), pues no hace esfuerzo alguno por aislar la variable individual (la terapia Reiki): "los indicadores recogidos dependen de múltiples factores, no exclusivamente de la terapia Reiki, como medicación, evolución de la enfermedad, estado emocional, nivel sociocultural, creencias, etc." El "no exclusivamente" es aquí fundamental, ¿pues cómo se sabe que la terapia Reiki ha contribuido en algo al bienestar del paciente, si precisamente los resultados del estudio son fruto de la acción simultánea de varios factores (algunos de probada eficacia)? Nueva falacia de petición de principio, se da por hecho la efectividad del tratamiento por Reiki, cuando es precisamente aquello que habría que probar. El caso es que la terapia perece tener aceptación, así que se subraya "la necesidad de más personal cualificado para su realización". Obvio: no hay conclusiones válidas... luego invirtamos más en ello.

Fantasmas, placebos y Sanidad Pública

     Personalmente, pensar que parte de los valiosos y cada vez más escasos recursos del sistema público de salud (el tiempo siendo uno de los recursos fundamentales) se dedique a estas terapias, tanto a su ejercicio como a su investigación y estudio, me parece escandaloso. Y si se considera que es tiempo dedicado al cuidado integral del paciente, a tratar también sus necesidades afectivas y psicológicas y no solo las físicas, entonces que sea denominado como tal. Es fácil que un paciente al que se le dedica la atención personalizada que supone el Reiki se sienta mejor, pero no por el reequilibrio de su inexistente campo de energía alterado, sino por el contacto, que es algo que con toda seguridad sí necesitamos los seres humanos. El modelo naturalista de actuación enfermera de Florence Nigthingale o modelos de ayuda basados en la psicología humanista como los de Virginia Henderson o de Dorothea Orem dan perfecta cuenta de esto, los añadidos pseudocientíficos de campos de energía no aportan nada al modelo, lo desvirtúan, lo fantasmagorizan.
     Propongo como posible experimento que en lugar de Reiki se lleve a cabo, por ejemplo, una "terapia por lectura". Se informaría al paciente de que el dolor y el confort dependen en parte de su forma de afrontarlos, que su optimismo y el contacto humano pueden influir positivamente en su condición, porque pueden liberar neurotransmisores (endorfinas) que actúan como calmantes (hay evidencia de que distracción y compañía suben el umbral de dolor), y por ello se va a proceder a acompañarle media hora diaria, leyéndole un libro. Se le preguntaría al paciente qué libro o historia querría que se le leyera (tal vez un relato de la infancia, algo que recuerde momentos felices, que le haga sentirse querido...), y se le leería regularmente, dedicándole a la lectura el tiempo que se dedicaría a sesiones de Reiki. Esa sería la terapia: leerle a un paciente cogiéndole la mano, todos los días. Me juego el cuello a que los resultados también mostrarían "una mejora sustancial de la ansiedad, la angustia, el miedo y la confortabilidad, además de una disminución del insomnio y el dolor", así como "aumento de la empatía entre el paciente y los profesionales enfermeros", como aparece en el estudio del Hospital de Guadarrama citado más arriba. Yo preferiría esta "terapia por lectura" porque me parece un placebo mucho más honesto y que no contradice nuestras teorías científicas.
     Hay una verdad en lo que los maestros de Reiki dicen: "Autosanamos nosotros, es una capacidad natural que todos tenemos". Pero afirmar esto no es honestidad, es una forma de hacer infalsable la teoría propia: si yo no sano a mi paciente no es por incapacidad mía o de mi método, sino del paciente. Claro, es lo que tiene el efecto placebo, que si el enfermo no cree que realmente le ha sido dado un medicamento que es de utilidad, entonces no funciona. Y del efecto placebo sí que hay evidencia científica (véase el final del próximo vídeo) y lo que es más importante, una explicación de su mecanismo causal. Vamos, que el efecto placebo funciona, pero claro, alguien tiene que darnos el placebo, no podemos dárnoslo nosotros. La paradoja es que, o nos engañan, o no hay efecto placebo. ¿Pero de verdad queremos ser engañados, no deberíamos exigir terapias de cuya eficacia haya evidencia, que no establezcan solo correlaciones sino también relaciones causales? Hay a quien no le importa (y por eso estas terapias siguen vivas), como la paciente de este vídeo sobre el experimento de Emily Rosa y el toque terapéutico (segundo 54):

 

     "No necesito explicaciones, porque tengo fe en el proceso, eso es algo realmente maravilloso, cuando te sientes indefensa, aterrada, cuando te han dado un diagnóstico, como me ocurrió a mí." Marx diría que el Reiki es el opio postmoderno del pueblo, es pura analgesia por convicción. Y mucha gente dirá: "bueno, si el autoengaño funciona..."
     Yo preferiría que el engaño no existiera, porque sin respeto a la verdad no hay conocimiento científico (y por tanto no habría quimioterapia, vacunas o analgésicos), porque el engaño que vende prácticas inocuas no es él mismo inocuo, pues puede llevar a algunos pacientes a renunciar a un tratamiento real, basado en la evidencia científica, y por tanto poner en riesgo su salud y en casos extremos sus vidas (por mucho que los terapeutas insistan en que sus terapias son complementarias y no alternativas). No obstante, lo mínimo que pido es que no se engañe con mi dinero, y que por tanto se engañe en los sitios tradicionales: los templos, iglesias, santuarios y consultas de videntes. Esos son lugares en los que decir "tengo fe" cobra todo su sentido, no en los hospitales públicos. 

     Gracias a Elena Vacas Tapia por su asesoramiento en temas de enfermería.

jueves, 23 de abril de 2015

El fantasma en la máquina I: la homeopatía

En memoria de Rocío Orsi Portalo, la persona más sabia que he conocido

Descartes y el fantasma en la máquina

     Descartes es el padre de la filosofía moderna y de una concepción dualista del ser humano que distingue entre dos sustancias: alma y cuerpo. El alma es, según Descartes, "res cogitans" (cosa pensante) libre, inmaterial e inmortal. Por otra parte el cuerpo es "res extensa" (cosa extensa) y por tanto es materia sujeta a las leyes de la física. La primera es etérea, esto es, carece de existencia física, es imperceptible para los sentidos porque es, desde el punto de vista de la existencia material, inexistente. Por el contrario todo objeto material, como un cuerpo, ofrece resistencia, ocupa un lugar en el espacio e interactúa con otros cuerpos de forma puramente mecánica, por contacto.
     La concepción cartesiana de la mente ha impregnado nuestra cultura hasta el punto de que muchos son más o menos intuitivamente cartesianos (entre otras cosas porque el universo dualista encaja perfectamente con la mayor parte de creencias religiosas, es más, es fruto del intento de Descartes por hacer compatible la metafísica con el universo mecanicista de la modernidad). Dicha concepción de lo mental entraña un problema de difícil solución (por no decir irresoluble), que ha llevado a la mayor parte de filósofos de la mente a abandonar el dualismo de sustancias (a pesar de sus innegables ventajas, verbigracia, ser compatible con el libre arbitrio y con la inmortalidad). Dicho problema es el de la interacción del alma y el cuerpo, lo que el filósofo Gilbert Ryle bautizó como el problema del "fantasma en la máquina".


     El problema del fantasma en la máquina es el siguiente: si el alma es, por definición, no material y por tanto físicamente inexistente, ¿cómo puede mover el cuerpo si este es, por definición, pura extensión y solo se mueve por contacto con algo físico que le transmita dicho movimiento? ¿Qué parte del alma contacta con o empuja los átomos del cuerpo para moverlos? ¿Cómo el pensamiento, que carece de componentes materiales, se transforma en impulso nervioso? Si el fantasma es incorpóreo e inmaterial, ¿cómo puede ni tan siquiera asir los mandos de esa máquina que sería el cuerpo? Este problema, el de la causación mental, es uno de los más complejos de la filosofía de la mente, y lo es especialmente si uno acepta el universo dualista cartesiano.
     A día de hoy hay múltiples teorías en filosofía de la mente que tratan de solventar dicho problema, y en general lo que hacen es desistir de la hipótesis del fantasma (del alma incorpórea), pero la religión ha acostumbrado a mucha gente a concebir la mente de esa forma fantasmal, como alma, y a aceptar como natural su mágico control sobre el cuerpo. El cartesianismo ha triunfado en su versión para el vulgo y en la era contemporánea muchos están dispuestos a aceptar la acción de entidades físicamente inexistentes sobre los cuerpos. Eso es lo que lleva a que mucha gente esté dispuesta a admitir el mágico efecto de lo que no existe físicamente (la molécula ausente en el medicamento homeopático, el campo de energía de los cuerpos en el Reiki) sobre lo físico (sobre la carne y los huesos humanos, sobre la materia, sobre nuestros cuerpos enfermos). Dos perfectos ejemplos pues de acción del fantasma en la máquina serían la homeopatía y el Reiki

Una terapia fantasmal: la homeopatía

     La homeopatía consiste en curar con aquello que enferma pues presuntamente "lo semejante cura lo semejante", pero como resulta obvio que un segundo atropello no nos curaría de otro previo, la homeopatía defiende que eso "semejante" que podría curarnos debe someterse a diluciones sucesivas en agua que de facto hacen desaparecer el compuesto original pero permaneciendo en la "memoria" del agua (todo el mundo sabe que el agua, como los elefantes, nunca olvida). Hahnemann, el padre fundador, pensó que las causas subyacentes de las enfermedades eran fenómenos que llamó "miasmas" y que las fórmulas homeopáticas actuaban sobre ellos, y sin duda lo hacen, de la misma forma que las balas de plata son un remedio infalible contra los licántropos. Otra cosa es ya sobre las enfermedades reales. No hay "miasmas" que tratar, y tampoco hay tratamiento pues tras cada una de las diluciones va quedando una menor cantidad de moléculas de la sustancia original por litro de solución hasta estar la solución tan diluida que la probabilidad de encontrar una única molécula de la sustancia original en un litro del producto final tiende a cero. Por ello la homeopatía carece de efectos secundarios, es más, es imposible que los tenga se empeñan en asegurar sus defensores, y esto es así porque carece también de efectos primarios. La homeopatía es inocua (para bien y para mal), pues en el medicamento homeopático no hay dosis alguna de medicamento, luego no hay riesgo alguno de sobredosis, es imposible consumir en exceso aquello que no hay. Agua y azúcar, el principio activo ha sido eliminado mediante sucesivas diluciones, no hay molécula, y no obstante queremos que lo que no existe físicamente, esa molécula ausente, sane el cuerpo, que el fantasma arregle la máquina, pero esto es imposible.
     Estas conclusiones han sido probadas y defendidas científicamente repetidas veces. En 2010 el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico publicó los resultados de un estudio exhaustivo sobre homeopatía cuya conclusión fue: "Concluimos que no debería prescribirse placebos de forma rutinaria en el Sistema Nacional de Salud. No debería seguir subvencionándose a hospitales homeopáticos (hospitales especializados en la administración de placebos), y los médicos del Sistema Nacional de Salud no deberían remitir a los pacientes a homeópatas."
     Mucha gente confunde homeopatía con naturopatía y no son lo mismo. No es que yo sea un gran fan de la naturopatía, pero en un medicamento natural existe un principio activo, el de la planta, que sencillamente no ha sido aislado en el laboratorio sino que está en su estado natural: la cicuta en estado natural posee cicutina, el opio de la amapola posee morfina... Digo que no soy un gran fan de la naturopatía porque la ventaja del principio activo sintetizado en laboratorio me parece obvia: sabemos con precisión su concentración, en el caso del producto "natural" lo normal es que la concentración sea demasiado escasa pues esta es la única forma de prevenir una sobredosis por ignorar exactamente la cantidad de compuesto que hay en la planta. Además, la concentración del principio activo en la planta podría ser insuficiente para lograr efecto alguno (el aceite de oliva extra contiene una molécula en común con el ibuprofeno que tiene poder antiinflamatorio, pero invito a cualquiera a tratar de calmar el dolor de un flemón con 650 miligramos de aceite de oliva virgen extra, a ver qué tal). En cualquier caso, el genuino ejemplo de fantasma en la máquina es la homeopatía, o más bien uno de ellos, también lo es el Reiki (del que me ocuparé en detalle en la segunda entrega de esta entrada).

El peligro de la pseudociencia

     Descartes, en su Tratado del Mundo sostuvo que la interacción entre los espíritus animales (las partes más sutiles de la res extensa) y el alma tenía lugar en la glándula pineal del cerebro. Descartes fue un brillante científico, y eso separó sus explicaciones de las explicaciones directamente religiosas, pero ese mismo espíritu científico fue el que llevó a sus discípulos racionalistas a renegar del dualismo de sustancias (a Leibniz mediante su monadología y a Spinoza con su panteísmo): su cientificismo sencillamente chirriaba con esa concepción de la mente. Ignoro si hablar de la glándula pineal causaba estupor en sus contemporáneos de tal forma que tenían las afirmaciones más metafísicas de Descartes por científicas. En lo que respecta a la homeopatía y el Reiki, es el recurso a jerga científica lo que les ha dado cierto prestigio sumado a su efecto en la cura de síntomas (no de enfermedades) en algunos pacientes que se explica sencillamente como fruto del efecto placebo y del efecto cuidado.
     La gracia pues de estas terapias es el carácter pseudo-científico, y eso es lo que separa a estas terapias de la magia de toda la vida: la fe, la plegaria. Por un lado la homeopatía tiene nombre griego ("homoios" = igual, "pathos" = padecimiento), se produce en laboratorios farmacéuticos y el proceso de dilución suena razonable a quien no tenga rudimentos de química. Por su parte el Reiki se parece mucho a la labor de un hechicero, pero las palabras "energía", "vibración" o "campo magnético" tienen un uso científico (el problema es que de hecho la explicación científica de tales fenómenos dista de ser sencilla). 
     Su carácter pseudo-científico es lo que hace de homeopatía y Reiki  un grave peligro, porque no se dispensan en lugares donde la magia es norma como templos, iglesias, santuarios o consultas de videntes, donde se admite explícitamente la existencia de fantasmas (aunque "espíritu" es el término que goza de prestigio en estos lugares). No, la homeopatía se dispensa en farmacias (y no es barata) y el Reiki, para mi sorpresa e indignación, se practica en hospitales públicos (por ejemplo en el Hospital de Guadarrama de Madrid), su cursos se hacen en hospitales públicos y se escribe artículos sobre ello en revistas españolas de referencia en enfermería como Metas de enfermería (en la segunda entrega de esta entrada comentaré algunos de estos estudios). Pero yo lo último que querría es que mi hospital algún día se acabara pareciendo a este:




        Apéndice: sobre la dedicatoria de este post. El 28 de noviembre de 2014 falleció mi amiga Rocío Orsi Portalo con tan solo 38 años de edad. Me es muy difícil recopilar todas sus virtudes y me es imposible citar siquiera algún defecto. Resumo sus virtudes en su sabiduría porque esta es según Aristóteles la virtud que aúna todas las demás, y de nadie aprendí yo más de Aristóteles que de ella. Tenía una de las sonrisas más bellas que he visto y yo siempre admiré profundamente su inteligencia, una inteligencia que no era solo analítica sino también emocional, su sabiduría era sophía y era phrónesis. La última vez que estuve con ella su salud estaba ya muy deteriorada y pensé que tal vez era la última vez que la veía, así fue. Hablamos de muchas cosas, sobretodo de lo más importante, los niños. También hablamos de homeopatía y otras pseudociencias, porque Rocío en su enfermedad siguió conservando la lucidez con la que había vivido, su coherencia y su honestidad intelectual. Si algo amaba Rocío era la vida, sin excusas, así que no buscó remedios de última hora que obrasen milagros en los que no creía (aunque quienes sí creían en ellos lo intentaran), sino que quiso vivir todo lo intensamente que pudo, aprovechando cada instante hasta más allá de donde le permitían las fuerzas. Rocío fue sabia como lo son los sabios de verdad, también en la muerte. Parte de mi conversación con ella está en este post, porque el filósofo no se quita nunca la ropa de trabajo, la filosofía se vive como una segunda piel, y ella fue una gran filósofa no solo por lo que pensó y escribió, sino también por como vivió y cómo hizo frente a sus últimos meses de vida (y si la filosofía no nos ayuda con esto, es mala filosofía). Un ejemplo para todos. Sin ella, el mundo es un lugar claramente más triste y más tonto y yo no puedo sino celebrar que Rocío haya podido ser parte de mi vida.

sábado, 16 de marzo de 2013

¿Por qué la filosofía?

          Ningún amante de la filosofía se ha visto libre de responder a esta pregunta alguna vez, y con cada nueva reforma educativa responderla se va haciendo cada vez más acuciante, porque sistemáticamente el legislador parece no conocer la respuesta ni estar cerca de entenderla.
           El porqué del "por qué". Porque precisamente eso es la filosofía, el porqué de todos los porqués, un rascar en lo profundo de nuestra humanidad, no cabe vivir ajeno al preguntarse. ¿Acerca de qué? De mí mismo, del todo, hasta del propio preguntarse. ¿Qué preguntas se hace el animal? "¿Dónde hay comida, dónde hay un depredador, dónde puedo dormir?" El animal es presente, el ser humano es, como decía Ortega, futurición. Y ese vivir más allá del presente de las necesidades biológicas nos convierte en seres filosóficos. ¿Por qué ese afán entonces del legislador por cercenar la filosofía del cuerpo del saber?
           Porque el legislador no entiende de porqués, solo sabe de "paraqués". Su pregunta es "¿para qué sirve?". El legislador es puro homo faber, necesita de actividades que creen objetos de uso. "¿Qué produce esto? ¿Qué se añade al mundo de las cosas?" -inquiere el legislador. Ha renunciado al discurso y a la acción, a la política, a la vita activa. El legislador ha renunciado a ser legislador... y la filosofía nos lo recuerda, por lo que debe desaparecer para que no quede ningún resquicio por el que pueda colarse la denuncia del escarnio al que el legislador somete a su propia ocupación.
           "¡Ah, pero qué presuntuosos son estos filósofos!" -dice el legislador. ¿Y saben qué? Que tiene razón, en parte. Los filósofos españoles hemos contribuido a cavar nuestra propia tumba. Si el tecnócrata pretende borranos del mapa es porque hemos aceptado gustosos confundir que efectivamente la filosofía sea un saber de segundo orden con que sea una ciencia sin objeto, totalmente ajena a lo mundano. Y peor aún, si somos el arma arrojadiza de "los hunos y los otros" de la dicotomía unamuniana es porque algunos han considerado que su compromiso personal con los hunos o con los otros era el de la filosofía en su conjunto, confundiendo el combate filosófíco contra la ignorancia, el prejuicio y la superstición con sus neurosis personales. La filosofía es esencialmente crítica, sí, pero hay quien confunde la crítica en cuanto capacidad y actitud, esto es, en cuanto filtro de razón que aplicar a aquello que trate de acomodarse en nuestro pensamiento, con la Escuela Crítica, y eso es confundir el todo con la parte. Y si estos errores los cometemos los propios filósofos, ¿qué no hará ese legislador mandarín que nos lleva gobernando desde hace décadas?
          El legislador está harto de preguntas, aborrece el por qué filosófico. Solo quiere respuestas, y cuanto antes. ¿Que este país es incapaz de proporcionarlas? Impórtense. ¡Que inventen ellos! Total, ya importamos todo lo demás... Todo menos ideas, a ellas no parecemos echarlas en falta, ni las tenemos ni las queremos, el yermo intelectual que somos es casi lo único en que todos los españoles estamos de acuerdo, no valemos para eso, resignémonos. Pero esos son los objetos que crea la filosofía, ideas. ¿Quiere objetos el legislador? A ver qué tal estos: "tolerancia", "voluntad general", "prudencia". Son objetos filosóficos, diseños eternos, los crearon con sus manos intelectuales Locke, Rousseau y Aristóteles. Y hay muchos más, y jugar con ellos es saludable para otra cosa que nació un poco antes que la filosofía (¿tendrán algo que ver?): la democracia.
          "¡Acabáramos! Ya están estos filósofos convencidos de que son la reserva espiritual de la democracia." -dice el legislador con sonrisa cínica. Nada más lejos de la realidad. Es una ilusión que la filosofía nos haga demócratas (la lista de filósofos eminentes que no lo han sido es larga), pero nos da razones para ser lo que seamos en lugar de armas o prejuicios, y el mal generado por aquellas siempre es algo menor que el de estas, entre otras cosas porque las razones abren un hueco para nuevas razones mientras que las armas y los prejuicios solo apagan voces. La filosofía sirva al mal o al bien, sirve a la verdad, no hará por sí sola ciudadanos mejores (aunque quiero creer que la filosofía bien enseñada sí lo hace), pero hará personas más inteligentes. ¿Y por qué está tan en entredicho la inteligencia? Eso sí que es democrático, una sociedad de personas inteligentes, autoconscientes, sin prejuicios. Y una sociedad sin prejuicios es una sociedad libre, y por eso no se estudia una filosofía, sino filosofías, y por eso no basta con enseñar a filosofar, sino lo que otros filósofos pensaron antes, fuesen o no demócratas (¿o no se enseña el pensamiento de Hobbes? por ejemplo), porque después de ese recorrido por las distintas filosofías lo que queda son las razones, los objetos que crearon unos y otros, las ideas.
          ¿Por qué la filosofía? Porque es un saber instrumental de alto nivel. Porque cuando hemos aprendido a ordenar las palabras y a ordenar los números, resta aprender a ordenar las razones, a argumentar, a construir un discurso propio. Los alumnos están acostumbrados a verdades reveladas (por sus padres, sus amigos, sus profesores), han renunciado a entender la forma de un argumento, no disntiguen entre verdad y validez. Sólo quieren conclusiones, no indagar en las premisas. Han renunciado a fundamentar, a la justificación, su pregunta es "¿qué quieres oir?". La filosofía trata de poner fin a esa renuncia con sus exasperantes porqués, trata de rescatar al alumno de esta autocomplacencia en la reproductividad técnica del saber, de su dogmatismo relativista. ¿Qué debate público existirá, y de qué calaña, en un país en que no se aprendan estas cosas? Probablemente el que existe a día de hoy en España, el que maman en la televisión en cualquier debate sobre el estado de la Nación o en cualquier tertulia nuestros alumnos, y que convierte en hercúlea la tarea de los profesores de filosofía.
          ¿Por qué la filosofía? Porque toma distancia respecto a lo particular y mediante esa extrema abstracción dota de una visión general a los saberes técnicos. La filosofía no es un toque de alta cultura, sino una perspectiva que hará del filólogo, el historiador o el artista un humanista y del físico, el matemático o el biólogo un científico. La filosofía amplía nuestra visión del mundo, nos distancia del presente, de lo concreto. Sus conocimientos de física habrían hecho de Einstein un gran físico, su perspectiva, su punto de vista, su visión de conjunto hicieron del él un científico revolucionario. La filosofía y la ciencia no se enfrentan, ambas combaten un enemigo común, la ignorancia, y la investigación científica sin perspectiva filosófica tenderá al daltonismo intelectual. Hay una ciencia que resuelve y otra que descubre, y la filosofía es una herramienta al servicio de la segunda. ¿Por qué renunciar a ella? El problema de España, volviendo a Ortega, es y ha sido siempre el de la falta de ciencia.
          ¿Por qué la filosofía? Porque es inherente al ser humano preguntarse, y no hacerlo es conformarse con ser menos de lo que se podría ser. Es vivir con las respuestas sin haberse hecho las preguntas, es vivir sin distancia, sin perspectiva, es presente puro. Es sustituir un instinto natural innato por uno añadido artificialmente. En el puro presente no cabe el progreso, porque el progreso debe medirse mirando al pasado y construyendo el futuro, el presente es resignación. Pero queremos ser China y no Europa, elegimos ser el proletariado, alto y bajo, pero dominado al fin y al cabo, es nuestro puesto, lo asumimos, sin filosofía, "muera la intelectualidad traidora".

jueves, 1 de marzo de 2012

La democracia y la manipulación mediática

          Una de las condiciones sine qua non de la democracia es la existencia del pluralismo político, y dicha condición puede ser incumplida de diversas formas. Una de ellas, las más obvia, es mediante la existencia de un partido único como en las dictaduras franquista o soviética. Otra es mediante la supresión de la libertad de conciencia y de expresión, rasgo compartido también por todas las dictaduras. Y otra más, algo menos obvia, es mediante la perversión de los canales que alimentan la libertad de conciencia y de expresión, esto es, mediante la instrumentalización ideológica o partidista de los medios de comunicación. Pues bien, desde ese punto de vista nuestra democracia es a todas luces imperfecta, como vuelven a demostrar un día más las portadas, en este caso, de ABC y LaRazón.
          Se ha deslizado en nuestra sociedad la idea de que lo propio de la democracia no es que existan medios de comunicación desideologizados, sino que su instrumentalización ideológica, en lugar de llevarla a cabo un solo partido, el del gobierno, la compartan varios partidos o sectores de opinión. Se entiende por "pluralismo informativo" que existan medios de distintas ideologías, pero lo que garantiza el pluralismo es que la información sea veraz, porque es la realidad la que es plural. Los medios deben tratar de ser espejos de esa realidad multicolor, y no filtros que coloreen espacios de la realidad, porque la suma de estos filtros nunca será suficiente. No es lo mismo pluralismo que pluralidad. Lo que necesitan las democracias son medios independientes, y no medios con dependencias diversas, la democracia, el pluralismo político, se nutren de información honesta y no de propaganda plural. De lo contrario la prensa pasa de ser el cuarto poder a convertirse en un brazo hidráulico del poder político, en un instrumento de los partidos.
          Para entender la realidad que nos rodea nos vemos obligados a consultar cada vez más medios de comunicación, y eso solo significa que ninguno de ellos es capaz de cumplir con su cometido, porque la realidad es la que es, y no el resultado de hacer la media entre todos los puntos de vista. Que el heliocentrismo en su día fuera minoritario no lo hacía menos cierto.

          Tal vez este discurso resulte ingenuo, la auténtica realidad en toda su pureza objetiva es inaprehensible, pero lo que defiendo aquí es el rigor, no deberíamos rebajar nuestras exigencias de calidad con la excusa de que la perfección es imposible, se hace camino al andar. De lo que acuso a la prensa no es de no ser capaz de describir con asepsia científica la realidad, sino de haber renunciado a intentarlo, de haber dejado de considerar que informar verazmente, al servicio de los hechos y no de un presunto bien moral o político, sea su objetivo.
          Este hecho que señalo se ve claramente plasmado en las palabras que en una Junta General de Accionistas del grupo PRISA pronunciara el difunto Jesús de Polanco  y en la bizantina explicación que dio Pedro J. Ramírez recientemente para justificar un caso de manipulación informativa de su periódico.
         Lo que Jesús de Polanco afirmó fue: "Nosotros tratamos de ser neutrales. Lo que ocurre es que es muy difícil, muy difícil, estar de acuerdo con la acción política de algunos partidos." Estas palabras me llevan a preguntarme desde cuándo ha sido necesario estar de acuerdo con los protagonistas de la realidad de la que hay que informar, por esa regla de tres no deberíamos informar de los atentados terroristas porque es "muy difícil estar de acuerdo" con las acciones terroristas. Si lo que se requiere de los medios de comunicación son juicios de hecho, ¿qué necesidad de subrayar lo difícil que es hacer un juicio de valor positivo acerca de determinados hechos?
          En cuanto a Pedro J. Ramírez, justificó el uso de un encuadre fotográfico que claramente tergiversaba la realidad recurriendo en una entrevista a un relativismo bastante ramplón: "Preguntas si la foto ‘refleja la visión de EL MUNDO de la realidad’ y no la realidad misma. Claro que sí porque ‘la realidad’ no existe sino a través de la mirada de los demás. (...) Las ‘imágenes tal como son’ no existen. (...) El ejercicio responsable de la libertad de prensa no consiste en ceñirse a un sentido canónico de la objetividad que siempre terminará dictaminado por quien ostente el poder. No, la esencia del pluralismo es la concurrencia de subjetividades honestas." Querría aprovechar este espacio para formular una petición: periodistas e intelectuales de medio pelo, por favor, dejen la Hipótesis Duhem-Quine para los filósofos y el Principio de Incertidumbre para los físicos, sus versiones vulgarizadas son subjetivismo barato y no sofisticado antiabsolutismo epistemológico. Incluso Pedro J., aunque pretenda que no, es capaz de distinguir entre los siguientes sintagmas nominales: "un verde campo" y "un bello campo". Que no me venga con que no hay diferencia entre juicios de hecho y juicios de valor, entre descripción e interpretación, y menos aún con que lo que es propaganda es la exposición de datos acordes con la realidad, ¿ahora resulta que describir científicamente la fotosíntesis es hacer propaganda de la clorofila? Como expliqué más arriba, no hay que confundir la pluralidad con el pluralismo.

          ¿Y qué es manipulación? Considero que cabe distinguir cuatro grandes categorías de manipulación mediática, con en ocasiones límites borrosos, basándonos en el criterio del grado de elaboración de la realidad de la que el medio pretende informar, de la cantidad de trazas o de huellas de la realidad que quedan en la información final. Atendiendo a ese criterio diría que es posible manipular la información interpretando, alterando, sustituyendo o inventando los hechos.
          Manipulación por interpretación sesgada de la realidad: la información puede partir de la realidad pero ser sesgada como en el caso de este titular de Público, donde deliberadamente se obvia parte de la información, como que esa presunta obligatoriedad de la religión a la que hace alusión se daría tan solo en la escuela y que no consistiría en la obligatoriedad de profesar ninguna, sino de estudiar el fenómeno religioso. Ciertamente el titular no niega estos puntos, pero tal y como está redactado, al omitirlos los enmascara. Además de describir la realidad la interpreta mediante un juego de sobreentendidos basado en lo que Grice llamó "implicatura conversacional" (los mecanismos de interpretación que van más allá de lo manifestado en los enunciados), por lo que en estos casos no sería válido que el medio recurriese a la excusa de que lo que afirma el titular es "literalmente" cierto, porque la manipulación se da en el nivel del significado implícito. La expresión "vuelta de la religión obligatoria" a lo que remite tácitamente es a una época en que no existía la libertad religiosa, no a una ley educativa previa que contemplaba una asignatura no confesional de religión.
          Manipulación por alteración de la realidad: la información consiste en la realidad misma, en el hecho, pero este ha sido alterado de tal forma que ya no es el hecho original, sino un subproducto manufacturado, que no obstante se hace pasar como la realidad inalterada. Lo vemos en los retoques con el Photoshop en las fotos de modelos y actores, o en esta portada de La Razón acerca de la manifestación del movimiento 15M del 19 de Junio de 2011.
          Manipulación por sustitución de una realidad por otra: la información transmitida refleja una realidad, pero no aquella de la que se está informando, un hecho se hace pasar por otro. Esto puede hacerse de forma más o menos sutil, sugiriendo una correlación donde no la hay o no está suficientemente justificada (caso de las portadas de ABC y La Razón mencionadas al principio de la entrada); o directamente haciendo pasar por una fuente que ilustra un suceso, una perteneciente a un suceso distinto, como en el caso de estos informativos de Telemadrid en que se ilustra una noticia del 15M en España con imágenes de manifestantes en Grecia.
          Manipulación por invención de la realidad: esto es algo inaudito, solo visto en regímenes totalitarios y que en España hasta hace poco no se daba. Hasta donde sé, de momento un medio tiene el monopolio absoluto de esta la forma más sangrante de manipulación: Intereconomía. He aquí una prueba, este conocido vídeo en el que presuntamente se entrevistaba a un acampado de la Plaza de Catalunya en Barcelona, tratándose sin embargo de una entrevista dramatizada con un actor con guión haciendo de indignado (en torno al minuto y medio, mientras el entrevistado dice "no votar al PP y al PSOE" la entrevistadora musita esas mismas palabras). En este caso el medio no solo no refleja fielmente la realidad, sino que crea una realidad inexistente, inventa su propia noticia, informa acerca de una ficción.

          Todos estábamos acostumbrados al primer nivel de manipulación, pero de un tiempo a esta parte la ética periodística parece haberse hecho a un lado y distintos medios se han lanzado a una carrera armamentística desaforada escalando a los siguientes niveles de manipulación. El riesgo que entraña ese creciente juego sucio es muy alto, porque como explicaba al principio consiste en la supresión de las vías de alimentación de la libertad de conciencia y la libertad de expresión y por tanto del pluralismo, condición sine qua non de la democracia. En los tiempos que corren pues, luchar por la verdad en España es más que nunca luchar por la democracia, y si como decía Epícteto "la verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad", resistámonos a ser cómplices de la podredumbre de la democracia no siendo cómplices de la mentira.

viernes, 10 de febrero de 2012

Qué es y qué no es la memoria histórica

          En 1994, tras la victoria electoral en Sudáfrica del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela, se crea la Comisión para la Verdad y la Reconciliación cuyo lema es "Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón". La idea general de dicha comisión, como la de aquellas que tendrán lugar más tarde en América Latina, es que es necesario purgar la violencia pasada mediante el reconocimiento público del daño sufrido por las víctimas, otorgándole así a estas una reparación moral al hacer oficial su estatuto de víctimas de violaciones de derechos humanos, sin por ello hacer valer el principio fiat iustitia pereat mundus que impediría la reconciliación nacional. Se trata de condenar desde la democracia los ataques a la democracia misma personalizados en las agresiones concretas a las víctimas, y así restaurar la confianza en unas instituciones que de lo contrario estarían siempre bajo sospecha de amparar o justificar las violaciones de derechos humanos.
          Con este mismo fin, la construcción de una cultura democrática que ponga término al rencor y el revanchismo, además de medidas como las citadas comisiones de verdad, dentro del ejercicio de la memoria histórica, esto es, de la visibilización de un daño opaco o no reconocido oficialmente hasta ese momento, caerían también la eliminación de elementos que hagan apología de principios o personajes responsables de la violencia y el rescate de rastros materiales del daño perpetrado en el pasado mediante, por ejemplo, la restauración y exhibición desde un punto de vista crítico de campos de concentración u otros escenarios de crímenes contra la Humanidad. He aquí un ejemplo, el campo de concentración de Sachsenhausen, especialmente interesante en tanto rememora el terror de Hitler y de Stalin.
          Estas son pues las dos patas principales de la memoria histórica: el reconocimiento público del daño de las víctimas y su reparación, y la condena oficial de las instituciones o los principios que generaron ese daño. Y de hecho en eso consiste la mal llamada "ley para la memoria histórica" española, cuyo nombre real reza así: Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura. Pero si de eso se trata, ¿qué no es entonces la memoria histórica?

          El reconocimiento de las víctimas del franquismo no es una revancha, porque las víctimas no piden el enjuiciamiento y penas para sus verdugos más allá de la confesión pública de sus crímenes y el reconocimiento del daño causado. Los familiares de víctimas de la Guerra Civil y de la represión franquista no piden enterrar a los asesinos en las fosas comunes en que yacen los cuerpos de sus víctimas, sino el reconocimiento oficial de dichas víctimas como tales (y no como "desaparecidos" o "delincuentes"), la condena del daño que sufrieron y la recuperación, si posible, de los cuerpos. Se trata de que haya un relato público de los hechos y del daño sufrido reconocido como tal daño, esto es, injustificado, indignante, contrario a los principios que animan la democracia. Recuerdo y condena, hacer visible lo invisible.
          "¡Pero hubo víctimas en los dos bandos que se enfrentaron en la Guerra Civil!", se afanan en destacar algunos. Cierto, y todas ellas merecen reconocimiento y reparación, pero hasta ahora solo a las víctimas del bando republicano les han sido negados pues en los años posteriores a la guerra el régimen franquista ya llevó a cabo esa tarea de reconocimiento y reparación de sus propias víctimas en la Causa General instruida por el Ministerio Fiscal sobre la dominación roja en España. Por cierto que el resultado de la Causa General sí fue la persecución, encarcelamiento y fusilamiento de quienes fueron hallados culpables, y por ello no puede considerarse un proceso cuyo fin fuera la reconciliación. Aquello sí fue la institucionalización de la revancha, y por ello sufrieron penas de cárcel personas como Melchor Rodríguez, culpable de ser anarquista y defender la República pero sin crimen alguno en su haber (muy al contrario, se enfrentó durante la guerra a quienes estaban llevando a cabo las "sacas" de prisioneros de la cárceles de Madrid  para su fusilamiento, llegando a amenazar con armar a los reclusos para que se defendieran, un acto de valentía y humanidad que llevó a los franquistas a apodarle "el ángel rojo"). No fue pues la Causa General una comisión de verdad al uso, sino que fue más allá, y por eso no tiene sentido insistir en la reparación de las víctimas de los crímenes que cometió el bando republicano, pues esta ya tuvo lugar con creces, salvo en el caso de aquellas víctimas cuyo daño no fuera reconocido en el proceso de la Causa General (y seguro que las hubo y merecen su reconocimiento hoy tanto como las víctimas del franquismo).

          La eliminación o alteración de símbolos y monumentos franquistas no es borrar la historia, porque esta existe en los libros, manuales y artículos de historia de los cuales nada se va a borrar, los monumentos no son en sí mismos hechos históricos susceptibles de ser borrados, sino celebraciones de acontecimientos históricos. Una estatua, una placa conmemorativa, el nombre de una calle, un arco de triunfo no son historia, sino el soporte físico de una opinión, la materialización de un juicio de valor (laudatorio) acerca de un hecho histórico. Por muchas estatuas ecuestres de Franco que se eliminen de las plazas de las ciudades españolas Franco no desaparecerá de los libros de historia. Los monumentos ensalzan, no así la historia, que debe usar el método científico dentro de sus limitaciones como ciencia del espíritu, y cuyos profesionales son los historiadores y no políticos, periodistas, ideólogos o apologetas (lo siento por revisionistas panfletarios como Pío Moa o César Vidal, dejen la historia a los historiadores). La erección de un monumento es un acto artístico y político, no así la investigación historiográfica. ¿Deben pues eliminarse todos los monumentos en pos de la asepsis científica? No, solo aquellos que por ensalzar valores antidemocráticos supongan denigrar a las víctimas cuyo daño la democracia trata de reparar, y esto excluye los monumentos a las propias víctimas como, por ejemplo, el de Calvo Sotelo, cuya figura conviene recordar como acto simbólico de condena a su asesinato y por ende al resto de asesinatos por motivos políticos. Muy diferente es el caso de arcos del triunfo como el llamado Arco de la Victoria o el nombre de calles de genocidas como Queipo de Llano o Juan Yagüe. Si se trata de construir democracia, ¿qué sentido tiene celebrar figuras y valores antidemocráticos? Para no repetir la historia, para aprender de sus atrocidades, basta con la propia historia y es contraproducente mantener símbolos que justifiquen o incluso celebren dichas atrocidades, en todo caso sí convendría elaborar centros de la memoria a imagen y semejanza de los que existen en Alemania, o añadir a las listas de caídos de muchos cementerios e iglesias a aquellos que no figuran en ellas por haber pertenecido al bando de los vencidos.

          Todo cuanto he dicho hasta ahora no conlleva una defensa de los excesos de ninguno de los dos bandos de la Guerra Civil, tan condenables son las checas y la matanza de Paracuellos como los paseos y la masacre de Badajoz. Pero esto no supone una equidistancia entre la 2ª República y el franquismo, no hay simetría entre ambos regímenes como la que pudiera haber entre el totalitarismo nazi y el de los jemeres rojos de Pol Pot, y con esto voy ya más allá de la mera memoria histórica y paso a tratar de hacer un poco de justicia histórica por higiene democrática.
          Consideremos por un momento lo que supondría nombrar a una plaza "14 de Abril", "18 de Julio" o "1º de Abril". En el primer caso, ¿qué conmemora la fecha? Las consecuencias de un triunfo electoral. Precisamente uno de los rasgos que definen una democracia, las elecciones. Ciertamente la 2ª República funcionó como una democracia muy imperfecta, pero no porque sus valores no fueran auténticamente democráticos, sino porque la gran mayoría de sus actores no lo eran, ni en la izquierda ni en la derecha. Pero que los anhelos totalitaristas amenazasen la 2ª República a diestra y siniestra no la convierte en un regimen antidemocrático, convierte en antidemócratas a sus habitantes. Pensemos ahora en las otras dos fechas, una conmemora un golpe de Estado y la otra la victoria de una parte de los españoles sobre la otra parte. ¿Son estos hechos que puedan ayudar a construir una democracia, presumen las democracias de basarse en guerras civiles y golpes de Estado, es acaso democrática la imposición violenta, son esos los cimientos de una sociedad democrática? No. No es posible establecer simetría alguna entre la 2ª Republica y el franquismo, aquella no es el reverso rojo del segundo, nuestra Constitución podría beber (y de hecho bebe) de los valores de la Constitución de la 2ª República, pero no podría hacerlo de los valores del franquismo, o al hacerlo debería renunciar a los valores democráticos, esto es, a ser una auténtica constitución.
          Y ahora iré un paso más allá, no se trata solo de que el orden republicano fuese legítimo y no así el del regimen franquista, o que la 2ª República fuese una democracia (trufada por desgracia de actos antidemocráticos) y el franquismo una dictadura, sino que las atrocidades cometidas durante la Guerra Civil por uno y otro bando tienen, en gran parte que no en su totalidad, un carácter distinto: las que tenían lugar en suelo republicano se hacían contra la ley, contra el orden republicano, las que tenían lugar en suelo franquista conforme a la ley. Las sacas de la Modelo y otras cárceles madrileñas que acabaron con la vida de miles de presos políticos seguramente fueron orquestadas por parte de la Junta de Defensa de Madrid, con lo que tenían como mínimo un carácter semi-oficial, pero fue la propia República quien les puso fin y no el absoluto exterminio del contrario. En el bando franquista en cambio la consigna oficial era la aniquilación del adversario. No hubo voces del lado franquista que condenaran como sí lo hace Julián Zugazagoitia, diputado socialista en la 2ª República, los crímenes del bando propio. No es posible encontrar un testimonio tan crítico con los desmanes propios como Guerra y vicisitudes de los españoles entre los partidarios de Franco.
          Conocemos estos hechos y podemos sacar estas conclusiones porque no es cierto que haya habido, como suele afirmarse muy a la ligera, un "pacto de silencio". Desde el inicio de la democracia la investigación historiográfica en torno a la Guerra Civil y el franquismo no ha sido refrenada en absoluto sino todo lo contrario, el acuerdo que tiene lugar en la Transición no es el de sumir en el olvido la Guerra Civil sino, como le oí decir en una conferencia a Javier Rodrigo, autor de Los campos de concentración franquistas: entre la historia y la memoria, el de no instrumentalizar políticamente ni el franquismo ni la Guerra Civil, pacto que se ha roto ya al llegar al poder una generación de políticos que no participó en la Transición. Entiendo que se les acuse de romper unilateralmente aquel pacto tácito, pero aquellos que más fieramente acusan a estos políticos de abrir viejas heridas son quienes les echan sal para que no cicatricen por no condenar firmemente el golpe de Estado del 36 y la dictadura franquista. ¿Si de verdad se quiere olvidar aquello, entonces por qué resistirse a eliminar del callejero aquello que lo recuerda constantemente? El argumento del olvido restañador de heridas es hipócrita mientras siga habiendo monumentos y calles que no hagan otra cosa que recordar continuamente a aquellos que causaron ese daño que ahora es necesario reparar. Todos aspiramos al cierre definitivo de las heridas de la Guerra Civil, pero cada vez que veo una "Avenida del 18 de Julio" en alguna ciudad de España me resulta imposible no pensar en mi abuelo encarcelado durante la guerra por el simple hecho de ser maestro y de ser republicano, pero no por haber hecho jamás ningún mal a nadie. Cuando ya no haya en todo el país nombres de calles que recuerden injusticias como esa se habrá consumado, por fin, la ansiada reconciliación.

          "Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordaran, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: [...] Paz, Piedad y Perdón." Manuel Azaña, Discurso en el Ayuntamiento de Barcelona (18 de julio de 1938).


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