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domingo, 22 de noviembre de 2015

París, ¿y ahora qué?

En clase de Ética

          Era inevitable, mis alumnos en clase de Educación ético-cívica me preguntaron qué pensaba de los atentados de París. Se trataba de una pregunta de fácil respuesta: los atentados de París son una cruel y despiadada matanza de inocentes que me produce la más absoluta repulsa. Pero esa pregunta llevaba aparejada otra más complicada: "¿Qué hay que hacer?"
          Esa es la pregunta de la ética, "¿qué debo hacer?", y mi tarea como profesor es enseñar a los alumnos a responderla pero (al menos así enfoco yo la asignatura) sin darles la respuesta (al igual que el profesor de matemáticas enseña a resolver ecuaciones con la esperanza de que a los alumnos, conforme avance el curso, cada vez se les dé mejor resolver ecuaciones por sí mismos). Mi respuesta ante preguntas así no puede ser la del sacerdote, el moralista o el comisario político "debes hacer esto", porque si hay una cosa que deberían aprender los alumnos en clase de ética es algo tan complicado como a no ser ni dogmáticos ni relativistas, luego yo no puedo ser ni lo uno ni lo otro. No puedo ser dogmático porque entonces la única fuerza de mis enseñanzas sería la de la autoridad (y se trata de desarrollar la autonomía individual de los alumnos), pero tampoco puedo ser relativista porque los alumnos deben aprender a reexaminar sus preconceptos y desterrar prejuicios sin que ello conlleve un nihilista rechazo a cualquier tipo de principio o valor moral. Enseño pues cosas como que la violencia engendra violencia, que la venganza es estéril, que sin libertad, justicia y tolerancia no hay democracia y que ideologías del odio como la xenofobia o el racismo son incompatibles con el debate libre que llevamos a cabo en clase de ética y por eso su apología constituye un delito y no cabe en nuestras aulas, porque no se debe ser tolerante con el intolerante, por el bien de todos. Enseño, por tanto, cosas que harán de mis alumnos ciudadanos aptos para la convivencia pacífica con otros ciudadanos, pero no les evalúo por sus ideas ni por sus valores, sino por su capacidad de explicarlos, justificarlos y defenderlos sin otra fuerza que la de la razón y el mejor argumento, pues eso es lo que han de aprender a hacer.
          ¿Cuál fue entonces mi respuesta al "¿qué hay que hacer tras los atentados?" de mis alumnos? Un frustrante "¿qué crees tú que habría que hacer?". Así todos pudieron hablar, muchos para pedirme que "me mojara"... pero no soy su líder, ni su cura, ni su padre, soy su profesor de ética e hice lo que como tal me toca hacer: no responder por ellos, sino darles herramientas para que pudieran construir ellos mismos su propia respuesta sin más fuerza que la de las mejores razones y los mejores argumentos. Así, tocaba dilucidar qué era lo que realmente estábamos discutiendo, excluir razones que no eran sino reacciones viscerales, aclarar cuáles eran las opciones reales y cuáles un brindis al sol, señalar que casi siempre no hacer nada es también elegir y que en democracia la violencia no es la respuesta. Pero también tocaba considerar cosas menos obvias como que justificamos la violencia en casos excepcionales (defensa propia, tiranicido) y ya que estábamos hablando de Francia poníamos como ejemplos la Revolución Francesa y la resistencia armada contra la ocupación nazi, y también supimos de otras ocasiones en que (como en tantos procesos de transición a la democracia) se restaura la paz tras episodios terribles de violencia unilateral gracias a que los verdugos reconocen públicamente su culpa y las víctimas renuncian a hacer justicia (o a hacerlo con todo el peso de la ley) por el bien común. Y tras esto les tocaba a ellos, mis alumnos, evaluar si este era un caso de excepción o no, decidir cómo debían aplicarse algunos de los principios generales mencionados a este caso particular. Yo les presté la ayuda que pude desmintiendo falsas creencias y separando lo relevante para el debate de lo accesorio, la razón del prejuicio.
          No sé si un profesor de ética que no da la respuesta sin más es un buen profesor de ética, solo sé que yo no podría serlo de otro modo (aquí tenéis a otro profesor de ética, que sé es un gran profesor, enfrentándose al mismo problema). Pero al igual que el profesor de matemáticas tiene las respuestas a sus problemas aunque no las dé sin más, así también el profesor de ética ha de tener una respuesta (aunque resulta obvio que un problema complejo no puede tener una respuesta sencilla, por mucho que tantos se hayan aprestado a llamar imbéciles, mojigatos, cobardes, sanguinarios y demás improperios a aquellos que disentían de la opinión propia). Aquí trato de construir mi respuesta.

De aquellos polvos...

          En los últimos días ha habido bastantes personas que han buscado atenuar de alguna forma la responsabilidad de los terroristas de París, o por lo menos establecer responsabilidades colaterales que alcanzarían a los gobiernos de estados (¿y a los estados mismos?) que condenan dicha violencia y que tienen a los terroristas por enemigos. De hecho, muchos han hecho el siguiente razonamiento para llegar a acusar al gobierno de las propias víctimas como responsable de su asesinato: Francia decidió ayudar a los rebeldes contra el régimen de Al-Asad en Siria con armas y financiación, algunos de esos rebeldes se desgajaron de los demás y comenzaron una guerra por su cuenta para instaurar un gran califato semejante al Califato Omeya de los siglos VII y VIII, estos últimos prepararon a los terroristas (franceses en su mayoría) que perpetraron los atentados de París la noche del 13 de noviembre de 2015, luego el gobierno de Francia, de hecho, es responsable del atentado. A este argumento añaden otro: Francia (al igual que Rusia) en septiembre empezó a bombardear posiciones del DAESH (Estado Islámico de Irak y el Levante) en Siria, los atentados son una represalia, luego el gobierno de Francia es responsable del atentado.
          Normalmente nadie llega a la conclusión "el gobierno de Francia es responsable del atentado" (aunque muchos memes y eslóganes apuntan en esa dirección), pero son muchos los que hablan de tener en cuenta otras consideraciones además de la voluntad de causar el mayor daño posible de los terroristas como única responsable de sus actos. Bueno, sin duda el comportamiento de los terroristas se explica en parte por la desigualdad social y la discriminación, sin duda el gobierno francés (como otros muchos gobiernos de Occidente) ha tomado decisiones de geopolítica lamentables e incluso criminales, es cierto que parte de la financiación y las armas que maneja el Estado Islámico proviene de países que se tienen por sus enemigos... pero todo apunta a que cometieron los atentados unos terroristas en nombre de un estado teocrático, y todo apunta a que los responsables de las muertes de (hasta la fecha) 130 personas en dichos atentados fueron los terroristas que, con metralletas, bombas y una enorme dosis de fanatismo religioso, los asesinaron. Esto último no quiere decir que no haya que investigar más allá, pero la duda es si poner el acento en todo lo que no sea la responsabilidad de los terroristas por sus atroces actos en este momento es pertinente.
          Ciertamente Francia venía participando en la Guerra Civil Siria, pero me gustaría recordar que dicha guerra civil surgió al calor de la Primavera Árabe en 2011, que algunos ciudadanos sirios se levantaron pacíficamente contra la tiranía de Bashar Al-Asad y fueron duramente reprimidos (disparos a manifestantes, arrestos y tortura de prisioneros) y que con una esperanza ingenua (y tal vez irresponsable) muchos creímos que todos los rebeldes sirios eran iguales a aquellos manifestantes pacíficos y que defender su causa era la de defender la democracia frente a la tiranía. Reconozco que colaborar con esos rebeldes con financiación y armas me pareció terrible pero acertado, pues pensé que la participación directa (como se llevó a cabo en Libia) sería peor, y que la comunidad internacional no podía permanecer impasible ante los crímenes de Al-Asad sobre su propio pueblo (pues eso en el fondo es lo que reclamaban los partidarios de la no-intervención). El tiempo ha demostrado que las decisiones adoptadas fueron un terrible error (aunque no era fácil prever sus consecuencias exactas), pero quiero dejar bien claras las tres opciones: intervenir militarmente, colaborar con los insurgentes o contemporizar con las violaciones de Derechos Humanos de Al-Asad (la mejor para Europa, Rusia y EEUU, por cierto, la pregunta es si era la mejor para los sirios, que es de lo que va todo esto). El problema de la opción por la que se optó es que ha hecho posible el crecimiento de algo terrible, del grupo terrorista fundamentalista DAESH. Para quien no recuerde bien la cronología de los hechos, aquí hay un excelente resumen de la Guerra Civil Siria en cinco minutos. Lo que no hay que olvidar es que la ayuda de Francia al DAESH fue en su momento involuntaria (el DAESH no era aún el DAESH), que Al-Assad es un tirano sanguinario y que hace unos años fuimos muchos los ingenuos que, esperanzados, vimos en la Primavera Árabe el principio del fin de las teocracias islamistas y de tics medievales en el  Magreb y el Mashreq árabes.
          Pero Francia no ha sido el único estado occidental acusado subrepticiamente de ser responsable de los atentados de París, también EEUU. Y no he llegado a ver acusaciones hacia España, pero sí hacia su gobierno de hace una década. En fin, muchos establecen una relación causal entre la última Guerra de Irak y el nacimiento del DAESH. No obstante creo que Aznar, Bush y Blair no necesitan ser responsables de lo ocurrido en París para ser juzgados con toda severidad por aquello de lo que son responsables directos y que es ya suficientemente terrible por sí mismo: la última Guerra del Golfo, llevada a cabo por motivos espurios y en contra de una resolución directa de la ONU. Parece como si su culpa no fuera suficiente y hubiera que añadirles cada nuevo mal que tenga lugar en Oriente Medio. Pero si se trata de remontarse en la cadena causal entonces hay que retroceder algo más, pues yo diría que lo que empezó a desestabilizar la zona fue la Guerra Fría. Debemos recordar que los Estados Unidos reaccionaron a la invasión de Afganistán por parte de la URSS financiando y suministrando equipo militar a los rebeldes, lo cual también se ha revelado un error que traería consecuencias funestas a largo plazo (en ese caso y siempre que se ha hecho en la zona, como nos recuerda este artículo). Así que si la culpa de los asesinatos de París la tiene el imperialismo occidental, aquí tienen a los dos líderes de los principales imperialismos de la segunda mitad del siglo XX en el momento de los hechos:


          Estos son Leonid Brézhnev (Presidente de la URSS de 1964 a 1982) y Jimmy Carter (Presidente de los EEUU de 1977 a 1981), los principales actores en el inicio de la primera Guerra de Afganistán. Bien, tenemos a los culpables, ¿ahora qué?
          ¿Y por qué parar aquí? Si nos ponemos muy quisquillosos con los orígenes de los males de Oriente Medio, podemos ir más atrás, estos serían los responsables:


          Se trata de François Georges-Picot (en representación de Francia) y Sir Mark Sykes (en representación de Gran Bretaña) que firmaron el pacto durante la Gran Guerra por el cual Francia y Gran Bretaña se repartían Oriente Medio. O si no ellos, los responsables serían los gobiernos de sus países y más en general la política de colonización occidental.
          Podríamos ir más atrás aún, a la propia colonización, o al Imperio Otomano, o a las Cruzadas, o a la expansión del Islam, o al Imperio Romano o las conquistas de Alejandro Magno. Diseminen ustedes las responsabilidades cuanto quieran en la cadena causal de la Historia, el problema seguirá siendo el mismo, no nos habremos acercado ni una centésima más a la respuesta a nuestra pregunta: "¿Qué se debe hacer?" Podemos alcanzar a entender mejor las causas del conflicto para tratar de no repetir errores en el futuro, podremos forzar a dimitir a Obama u Hollande cuando todo haya acabado, o juzgarles, pero en este mismo instante (o mejor, hace una semana) la pregunta, obstinada y persistente, sigue en pie tras todas nuestras disquisiciones sobre el origen del mal que golpeó París: "¿Qué se debe hacer?" Ese es el dilema moral que hay que resolver y sobre el cual trataré de arrojar algo de luz empleando un pequeño experimento mental. Quien quiera conocer un poco la historia de la zona puede encontrarla en este vídeo en que se cuenta la historia de Siria en 10 minutos con 15 mapas o este artículo que explica los orígenes de la Guerra Civil Siria con 9 mapas. Pero ahora centrémonos en el atentado de París empleando para ello el ejemplo de otra guerra civil.

El atentado

          Imaginemos que durante la Guerra Civil Española los sublevados del bando franquista deciden que, puesto que la URSS está ayudando a la República con armas y otros medios, han de atacar a la URSS. Dado que el territorio de la URSS les resulta inalcanzable, deciden emplear a simpatizantes fascistas nacidos en la URSS que, en nombre de la Junta de Defensa Nacional, cometerán una serie de atentados en suelo soviético que Franco y demás líderes de la sublevación reivindicarán como propios. Dichos fascistas matan de hecho a 130 civiles inocentes en Leningrado. ¿No sería una invitación a que la URSS bombardeara las posiciones del autodenominado bando nacional en España? Y nótese que la España oficial es toda España, pero que de hecho el estado como tal, representado por su gobierno legítimo, no ha atacado a la URSS. Ciertamente la situación no es idéntica a la que nos enfrentamos, pero la duda es si las diferencias entre ambos casos son moralmente relevantes. En nuestro experimento mental todo sugiere que sería razonable que la URSS bombardeara el cuartel general del ejército sublevado.
          A las intuiciones que genera esta ficción, hay que añadirle algunas consideraciones, como la constatación de que Francia (y Estados Unidos, y Rusia, que por cierto también ha sido golpeada por el mismo terrorismo) desde septiembre de este año ya estaba tomando parte activa en la Guerra Civil Siria (como la URSS, Alemania e Italia en la Guerra Civil Española, lo cual refuerza el paralelismo) bombardeando posiciones del DAESH (y los rusos no solo del DAESH) en Siria. ¿La respuesta al atentado debería ser entonces dejar de intervenir? ¿No sería eso a todas luces admitir la derrota frente al DAESH? ¿Es esa una opción? Si un dilema es una elección forzosa entre dos posiciones contradictorias, ambas indeseables, que nos obliga a escoger el menor de dos males, entonces estamos ante uno muy serio.
          

El dilema moral

          El dilema moral no es si Francia tiene o no derecho a bombardear posiciones del DAESH en Siria (he tratado de resolver esta cuestión con el experimento mental de más arriba), ni siquiera si es mejor o no que lo haga para sus propios intereses porque el totalitarista en su versión nazi, etarra o fascislamista (gloriosa y afortunada expresión de Bernard-Henry Lévi en su indispensable artículo "La guerra, manual de instrucciones") solo ansía la aniquilación de quienes no son como él, luego lo único que le conduce a no destruirlos es que se le impida hacerlo, que de hecho los que no son como él lo hagan imposible.
          Volvamos a la primera mitad del siglo XX y escuchemos cómo suenan las palabras de aquel que dijera en 1940: "Bombardear Alemania solo servirá para generar más violencia, debemos lograr que se desarmen las partes y que entreguen las armas." No me puedo creer que nadie se tome en serio en estas circunstancias el argumento de la infinita espiral de violencia, pues no se puede ser tolerante con los actos intolerantes y la defensa de la intolerancia. O recordemos a los profetas que predijeron que la Ley de Partidos daría alas al terrorismo de ETA y que este no podría ser vencido únicamente con acción policial y judicial (aunque hay que reconocer que en esto había algo de verdad, fue necesario algo más, la repulsa, el rechazo público de la sociedad civil vasca que durante mucho tiempo consintió con su silencio pero finalmente fue capaz de vencer su más que comprensible miedo a sufrir represalias, y hay que puntualizar que en el caso que nos ocupa también son más que bienvenidas la repulsa y condena públicas e inequívocas del DAESH por parte de la comunidad musulmana).
          No, el auténtico dilema no es "¿qué le conviene hacer a Francia?", el auténtico dilema moral es este: ¿Justifica matar a inocentes el objetivo perseguido de acabar con los terroristas?
          Para responder a esta brutal cuestión hay que detenerse a analizar bien el problema. Si se tratara la cuestión dentro de una democracia la respuesta sería sencilla: no, en ningún caso está justificado. Si consideramos en cambio que la cuestión se dirime dentro de una guerra... la guerra (o al menos esta "guerra") es un juego de suma cero en que quien no vence, pierde. Si, como parece sugerir el experimento mental llevado a cabo con la Guerra Civil Española, los atentados de París son un acto de guerra, entonces el que hubiera víctimas civiles al atacar al DAESH sería un precio asumible (lo cual es decididamente terrible, y por ello nos hayamos ante un dilema brutal). El dilema en este caso es entonces decidir entre el menor de estos dos males: perder contra los fascislamistas o vencer pero sin poder evitar matar a una minoría (pero toda vida humana es preciosa) inocente (porque el mundo ideal en que los bombardeos solo matan a los malos no existe).
          Mi idea es que, de estas dos malditas opciones, la de perder contra los fascislamistas es inasumible. Tal vez empezar esta guerra podrá traer consecuencias funestas en territorio europeo (ya lo está haciendo) pero perderla las traería peores. Yo diría que si la historia nos ha enseñado algo es que la mayor parte de las intervenciones extranjeras en guerras civiles son un fracaso y casi siempre empeoran las cosas ("el infierno está lleno de buenas intenciones" decían las abuelas), pero el daño ya está hecho y no cabe volver atrás. Hay que elegir en el marco actual, con DAESH como factor determinante de cualquier movimiento. Y quien pretenda que mi dilema "ganar o perder" es un falso dilema porque habría terceras opciones tendría que entender que el DAESH no es cualquier cosa, son los nazis, son fascislamistas, porque el enemigo del DAESH es toda la civilización, su único objetivo es la aniquilación del que no sea de los suyos... y muchos no lo somos. Para el DAESH el dilema es obvio: matar o morir, y al juego de la paz dos no juegan si uno no quiere. Luego un DAESH consentido provocaría muchas más muertes inocentes que tratar de aniquilar al DAESH. De hecho ya lo está haciendo y no olvidemos que la mayor parte de las víctimas del DAESH son musulmanas y sirias, y de lo que se trata también es de defender a los sirios.
          Así que el resultado de nuestro dilema es atroz, como no podía ser de otra forma, Francia debe tratar de aniquilar a los terroristas del DAESH aunque eso sin duda implicará la muerte de inocentes, pero dejar de hacerlo sería con toda probabilidad consentir un número de víctimas inocentes mucho mayor a largo plazo (también hay que pensar que una operación con efectivos sobre suelo sirio sería probablemente más rápida... ¿pero estaría Francia dispuesta a enviar soldados a morir a Siria?, ¿sería aconsejable vista la experiencia de las guerras del Golfo?).
          Por supuesto, puedo estar equivocado, y por eso no respondo en clase de ética y solo ayudo a que los alumnos elaboren su propia respuesta, pero se responda o no a los alumnos, no se puede no tener una respuesta, porque no tenerla es también tener una repuesta, y añadir datos que nos distraen de los hechos y de la necesidad de responder, gritar cuánto se ama toda vida humana como si los demás no lo hicieran tanto como nosotros, discutir sobre intenciones y principios posponiendo sine die la acción, es lo que Jean Paul Sartre llamó mala fe.

Apéndice

          Me gustaría apuntar una cosa al hilo de las reflexiones anteriores. Francia ha podido hacer mal muchas cosas, pero hubo algo que sin duda hizo correctamente: educó a los futuros terroristas como ciudadanos y no los dejó a merced de quienes sembraron el odio en ellos. Fracasó pero lo intentó. Se trata de educar en lo que une y sustenta la democracia y el pluralismo, no en lo que separa, porque los valores cívicos nos unen a todos por igual mientras que las religiones nos separan por confesiones (a menos que sean hegemónicas como en una teocracia, pero eso es justo lo que persigue el DAESH). ¿Qué podemos pues hacer a largo plazo? Educar en los valores cívicos universales, en el laicismo. En eso hay que persistir, porque los hechos demuestran que por desgracia no es condición suficiente para la tolerancia, pero sí necesaria. Nadie invoca el nombre de Aristóteles, Kant o Stuart Mill para matar.

P.S. Hollande ha sido un zorro astuto y no nos ha dejado pensar, ha actuado antes de que el debate prosperara realmente y de repente el debate, como esta entrada, parece irrelevante, pretérito, vetusto. El problema es que la razón (incluso una tan calculadora y utilitarista como la de esta entrada) en ocasiones no es tan rápida como la voluntad quisiera... "La lechuza de Minerva levanta el vuelo al atardecer" Hegel dixit.





viernes, 4 de mayo de 2012

Siete puntos para reconocer a un ultra

          21/12/2013 - A modo de prólogo
          Ha pasado año y medio desde que publicara esta entrada. Me ha dado muchos disgustos (las críticas internas, como esta, no suelen ser bien recibidas) y creo que el arquetipo de ultra que dibuja sigue siendo válido (aunque ahora tiendo a pensar que las UIP no son como el resto del cuerpo policial, y desde luego han cometido barbaridades en los últimos años). Sí me genera dudas mi compromiso en el enfrentamiento que me llevó a escribirla. Yo no pertenecía a DRY, y creo que fue un error significarme en una lucha que de hecho hizo un daño enorme al 15M en su conjunto y envenenó buenísimas relaciones, alejando espíritus y voluntades de cuya cooperación salían cosas grandes. Por ello, a día de hoy, pienso que probablemente unos fueran ultras y los otros no, pero cualquiera que azuzara dicha lucha estuvo en un error. Por honestidad no voy a cambiar un ápice del texto original pero si lo volviera a escribir prescindiría del primer párrafo, aún así, creo que dicho texto es útil desde el punto de vista histórico, estas líneas tienen ahora algo menos de activismo y más de arqueología. En lo que respecta a los siete puntos, creo que definen por igual al fascista que entra en Blanquerna el día de la Diada y al que amedrenta a los estudiantes de Derecho de la Complutense, en este artículo aparece lo que les une.

          La desagradable guerra intestina de DRY me lleva a escribir esta entrada. Quien no tenga claro qué ha ocurrido puede informarse aquí (donde se defiende a los detractores de que DRY se institucionalice y que controlan la cuenta de Twitter de Democracia Real Ya! y su página web) o aquí (donde se defiende a quienes han registrado DRY como asociación y controlan la fanpage de facebook, recomiendo encarecidamente escuchar el audio adjunto al documento). Si he de tomar partido, estoy del lado de los que han creado la asociación, sencillamente porque las personas que conozco que están en DRY, y que son inequívocamente demócratas, están en ese bando y tiendo a confiar en ellas (además sus argumentos me resultan en general bastante más convincentes  y el tono del bando contrario me suena en exceso a discursos que llevaron a la 2ª República a perder la Guerra Civil, por decirlo suavemente).
          Esta tragedia se mascaba hace tiempo, y no es sino el epítome de una lucha que ha dividido al 15M desde el principio de forma cada vez menos inocua a medida que la ilusión inicial de la revuelta se ha ido aguando. Todos sabemos, pero hemos tratado de hacer explícita esa división lo menos posible para mantener un frente común de lucha, que hay dos grandes sensibilidades (con todos sus matices) dentro del 15M: una que podríamos llamar reformista y otra revolucionaria. Pertenezco más bien a la primera, entre otras cosas porque si hay algo que soy es antitotalitarista, y dentro del grupo revolucionario ese antitotalitarismo no es unánimemente compartido (y no quiero decir con esto que sea minoritario), así como tampoco lo es un principio del 15M que para mí es absolutamente irrenunciable como la no-violencia. Otra forma de definir estos dos frentes sería distinguir entre quienes creímos y quisimos que el 15M fuera algo completamente nuevo, y quienes vencieron rápidamente sus reparos iniciales (al no haber un discurso de clase explícito, al definirse como inclusivo "ni de izquierdas ni de derechas", al ser "sin banderas") y lograron convencerse de que eso era lo que ellos venían diciendo ya toda la vida. Si estos segundos tenían razón en esto, ¿por qué su causa nunca había recibido el apoyo que sí recibió la del 15M? Si realmente la del 15M desde el principio (antes de que hicieran suyo el movimiento) había sido su causa de toda la vida, ¿por qué esa insistencia en los primeros días en que les faltaba "formación" ideológica o política a los quincemayistas? Ambas preguntas tienen una misma respuesta: porque el 15M estaba libre de prejuicios ideológicos o políticos (ésa era su ideología y su política, ceder ante las razones y no a la doctrina), y eso mismo le granjeó el éxito que tuvo.
          Los prejuicios ideológicos o políticos conllevan una serie de tics de lo más irritantes para cualquiera que no comparta dichos prejuicios, y por ello el 15M ha ido perdiendo apoyos a medida que han ido aflorando esos tics. En efecto el 15M ha ido escorándose a la izquierda, pero esto no es malo en sí, ni extraño dado que gobierna la derecha, lo que de facto le ha hecho perder legitimidad es que ha dejado de ser inclusivo hasta dentro del izquierdismo, ha asumido como propios los prejuicios ideológicos del sector de la izquierda que más activa, consistente y regularmente ha participado en el movimiento tras los primeros meses, pero es un sector que no representa a la mayoría de los quincemayistas y mucho menos de la sociedad (ni aspira a hacerlo). He aquí sus tics, los siete puntos para reconocer a un ultra (en este caso de izquierdas porque solo hablo de lo que conozco):
         
          1º Tendencia a llamar fascista a quien es de derechas, o sencillamente es considerado insuficientemente de izquierdas.
          2º Fe ciega (o ingenua) en los medios de comunicación alternativos. El ultra olvida que son alternativos a los oficiales porque a menudo operan con criterios muy lejos de ser objetivos. Cierto es que muestran una realidad ajena a los medios generalistas, pero no siempre con garantías, y desde luego no libre de prejuicios porque el capital será manipulador, pero hay que ser iluso para creer que lo es más que la ideología (y ahórrense el rollo de que la infraestructura determina la superestructura ideológica, que a Marx y la Escuela de Frankfurt los tengo muy leídos). Por otra parte estos medios a menudo sufren los mismos vicios que los medios oficiales: generalización, autojustificación, ausencia de rectificación, no contraste de la información. Recordemos el ejemplo de este infiltrado valenciano de la policía que resultó que no lo era (por cierto que honra a I. Escolar haber rectificado... creo que fue el único).
          3º Si el otro no piensa como yo es que está manipulado, es tonto o es mala persona. Esto suele decirse de forma más educada, se subraya la falta de formación del otro o su dependencia de medios de información que uno juzga absolutamente tendenciosos (a diferencia de los propios que son garantes de la prístina verdad) lo que le convierte en un votante zombi, o si se trata de alguien que se considera razonable e inteligente, entonces es que es insolidario y quiere lo mejor para sí mismo a costa de los demás (véase el tic nº 1). Esto es lo que permite al ultra hablar en nombre del pueblo, que pensaría como él de no estar manipulado o ser tan zopenco, y lo legitima como garante de la voluntad general aún a costa de la voluntad de la mayoría. El caso es que la sociedad entera está en Matrix, y justo el ultra es Neo, mira tú por dónde. Hay un enorme mecanismo que manipula a los ciudadanos que actúan como engranajes inconscientes del poder, salvo al ultra, a quien nadie manipula, espíritu libre y salvador, mucho más inteligente que todos nosotros pobres ilusos que nos creemos todo cuanto nos dicen sin que nos pase por el córtex. Hay que tenérselo muy creído para ser ultra.
          4º Pulsión épica. Con este concepto quiero referirme a ese anhelo que tiene el ultra de entrar a formar parte de la Historia, pero no de cualquier manera, sino como guerrero. El ultra odia la paz aunque la predique (por ello siempre defenderá que bajo la calma aparente se libra una guerra secreta que los medios silencian) y desprecia los mecanismos democráticos de protesta (que por otra parte en España son insuficientes). Una revuelta no es una auténtica revuelta si no hay barricadas y porrazos, la lucha dialéctica es un sucedáneo, al final hay que estar listos para la acción de verdad, que no está en las instituciones sino fuera de ellas. Pero no es el que tira el adoquín el héroe, sino quien levanta los brazos y recibe, el héroe de la resistencia, en el Madrid cercado del 36 el héroe no es Santiago Carrillo sino el anarquista Mechor Rodríguez. Aquí lo cuenta Robert de Niro en Una historia del Bronx mucho mejor que yo: el obrero es el auténtico tipo duro (aguantad los tres minutitos de vídeo, merece la pena).
          5º Apoyo a nacionalismos sin Estado sean estos del 1er o del 3er mundo como si las situaciones fuesen idénticas. Pero no lo son, solo en el caso de nacionalismos del 3er mundo se emplea el concepto de nación en el sentido de "pueblo" y puede por ello hablarse de "nación oprimida", porque la opresión se ejerce sobre sus miembros y no sobre la entelequia "nación" de los nacionalismos de 3ª generación del 1er mundo. El nacionalismo no puede ser de izquierdas por definición (para justificar esta última afirmación he de remitirme a la entrada Por qué soy antinacionalista), lo cual nos lleva a concluir que el ultra de izquierdas es más lo primero que lo segundo.
          6º Manía persecutoria con respecto a la policía. "Maderos a la hoguera" es un letmotiv que parece ser más revolucionario que "proletarios del mundo uníos". No obstante el policía es un obrero más (aunque me gustaría saber si los antidisturbios escogen voluntariamente su destino, la verdad), no ostenta el poder, ni siquiera lo defiende, garantiza (o debería) el cumplimiento de la ley, él mismo detendrá al poderoso que la incumpla (o se quedará con las ganas, igual que los que no somos ni policías ni poderosos). Los hijos del rico fascista no se hacen policías y para serlo hay que tener vocación de servicio público. ¿No hay entonces policías fascistas? Los habrá, y médicos, abogados, profesores... Igual que los hay incompetentes, también como en todos lados. No arrojemos la mierda de gente como Felip Puig y otros delegados del gobierno sobre la policía, a menos claro que lo que nos vaya sea el rollo del punto nº 4. Recordemos que los primeros días del 15M la poli estuvo más bien de parte de los rebeldes y estos de la de la poli (recuerdo cómo los manifestantes insistíamos en que a ellos también les habían bajado el sueldo), luego, a raíz del desalojo bestial de la acampada de Plaza de Catalunya, esta entente se pudrió (y con ello sí que cumplió su objetivo el inefable Felip Puig).
          7º Anhelo de pureza. Con esto me refiero a que el ultra prefiere el fracaso (si este conlleva lo que él entiende por "no venderse") al éxito (si para alcanzar este último ha de ceder mínimamente en su postura). O al menos esa es la composición de lugar que se hace el ultra en su cabecita, porque el orden de los factores es otro: primero se fracasa porque de hecho el éxito nunca fue una auténtica opción, ni siquiera remota, y luego se explica el fracaso mediante la hipótesis ad hoc de que los demás son unos vendidos o, por emplear la terminología técnica, unos "disidentes". Este rasgo es el que explica el guerracivilismo y las purgas tipo de la izquierda: dado que ser de izquierdas garantizaría una cierta superioridad moral, competir por ser el más auténtico en su izquierdismo sería luchar por la santidad laica (o no tan laica, me temo, porque en este aspecto no veo más que una secularización del nihilismo cristiano). ¿A que a todos nos viene a la mente el mismo ejemplo de La vida de Brian?

          Bien, supongo que este post se tomará como prueba inequívoca de que soy un facha, y no puedo más que remitir entonces al lector al punto nº 1, pero estoy convencido (pero no lo sé porque afortunadamente he tenido poco contacto con ellos) que estos puntos definen también a los ultras de derechas con las siguientes diferencias: en el punto 1º donde pone "fascista" hay que poner "estalinista" y dónde pone "izquierdas" hay que poner "derechas" y viceversa, en el punto 5º el nacionalismo al que apoya el ultra de derechas siempre es el estatal y no estoy muy seguro de si el 6º punto se da tal cual en el caso del ultra de derechas, para comprobarlo debería acudir a una manifestación ultraderechista y no pienso hacerlo. En general cámbiese "izquierda" por "derecha" y tenemos al ultra del equipo contrario.

jueves, 1 de marzo de 2012

La democracia y la manipulación mediática

          Una de las condiciones sine qua non de la democracia es la existencia del pluralismo político, y dicha condición puede ser incumplida de diversas formas. Una de ellas, las más obvia, es mediante la existencia de un partido único como en las dictaduras franquista o soviética. Otra es mediante la supresión de la libertad de conciencia y de expresión, rasgo compartido también por todas las dictaduras. Y otra más, algo menos obvia, es mediante la perversión de los canales que alimentan la libertad de conciencia y de expresión, esto es, mediante la instrumentalización ideológica o partidista de los medios de comunicación. Pues bien, desde ese punto de vista nuestra democracia es a todas luces imperfecta, como vuelven a demostrar un día más las portadas, en este caso, de ABC y LaRazón.
          Se ha deslizado en nuestra sociedad la idea de que lo propio de la democracia no es que existan medios de comunicación desideologizados, sino que su instrumentalización ideológica, en lugar de llevarla a cabo un solo partido, el del gobierno, la compartan varios partidos o sectores de opinión. Se entiende por "pluralismo informativo" que existan medios de distintas ideologías, pero lo que garantiza el pluralismo es que la información sea veraz, porque es la realidad la que es plural. Los medios deben tratar de ser espejos de esa realidad multicolor, y no filtros que coloreen espacios de la realidad, porque la suma de estos filtros nunca será suficiente. No es lo mismo pluralismo que pluralidad. Lo que necesitan las democracias son medios independientes, y no medios con dependencias diversas, la democracia, el pluralismo político, se nutren de información honesta y no de propaganda plural. De lo contrario la prensa pasa de ser el cuarto poder a convertirse en un brazo hidráulico del poder político, en un instrumento de los partidos.
          Para entender la realidad que nos rodea nos vemos obligados a consultar cada vez más medios de comunicación, y eso solo significa que ninguno de ellos es capaz de cumplir con su cometido, porque la realidad es la que es, y no el resultado de hacer la media entre todos los puntos de vista. Que el heliocentrismo en su día fuera minoritario no lo hacía menos cierto.

          Tal vez este discurso resulte ingenuo, la auténtica realidad en toda su pureza objetiva es inaprehensible, pero lo que defiendo aquí es el rigor, no deberíamos rebajar nuestras exigencias de calidad con la excusa de que la perfección es imposible, se hace camino al andar. De lo que acuso a la prensa no es de no ser capaz de describir con asepsia científica la realidad, sino de haber renunciado a intentarlo, de haber dejado de considerar que informar verazmente, al servicio de los hechos y no de un presunto bien moral o político, sea su objetivo.
          Este hecho que señalo se ve claramente plasmado en las palabras que en una Junta General de Accionistas del grupo PRISA pronunciara el difunto Jesús de Polanco  y en la bizantina explicación que dio Pedro J. Ramírez recientemente para justificar un caso de manipulación informativa de su periódico.
         Lo que Jesús de Polanco afirmó fue: "Nosotros tratamos de ser neutrales. Lo que ocurre es que es muy difícil, muy difícil, estar de acuerdo con la acción política de algunos partidos." Estas palabras me llevan a preguntarme desde cuándo ha sido necesario estar de acuerdo con los protagonistas de la realidad de la que hay que informar, por esa regla de tres no deberíamos informar de los atentados terroristas porque es "muy difícil estar de acuerdo" con las acciones terroristas. Si lo que se requiere de los medios de comunicación son juicios de hecho, ¿qué necesidad de subrayar lo difícil que es hacer un juicio de valor positivo acerca de determinados hechos?
          En cuanto a Pedro J. Ramírez, justificó el uso de un encuadre fotográfico que claramente tergiversaba la realidad recurriendo en una entrevista a un relativismo bastante ramplón: "Preguntas si la foto ‘refleja la visión de EL MUNDO de la realidad’ y no la realidad misma. Claro que sí porque ‘la realidad’ no existe sino a través de la mirada de los demás. (...) Las ‘imágenes tal como son’ no existen. (...) El ejercicio responsable de la libertad de prensa no consiste en ceñirse a un sentido canónico de la objetividad que siempre terminará dictaminado por quien ostente el poder. No, la esencia del pluralismo es la concurrencia de subjetividades honestas." Querría aprovechar este espacio para formular una petición: periodistas e intelectuales de medio pelo, por favor, dejen la Hipótesis Duhem-Quine para los filósofos y el Principio de Incertidumbre para los físicos, sus versiones vulgarizadas son subjetivismo barato y no sofisticado antiabsolutismo epistemológico. Incluso Pedro J., aunque pretenda que no, es capaz de distinguir entre los siguientes sintagmas nominales: "un verde campo" y "un bello campo". Que no me venga con que no hay diferencia entre juicios de hecho y juicios de valor, entre descripción e interpretación, y menos aún con que lo que es propaganda es la exposición de datos acordes con la realidad, ¿ahora resulta que describir científicamente la fotosíntesis es hacer propaganda de la clorofila? Como expliqué más arriba, no hay que confundir la pluralidad con el pluralismo.

          ¿Y qué es manipulación? Considero que cabe distinguir cuatro grandes categorías de manipulación mediática, con en ocasiones límites borrosos, basándonos en el criterio del grado de elaboración de la realidad de la que el medio pretende informar, de la cantidad de trazas o de huellas de la realidad que quedan en la información final. Atendiendo a ese criterio diría que es posible manipular la información interpretando, alterando, sustituyendo o inventando los hechos.
          Manipulación por interpretación sesgada de la realidad: la información puede partir de la realidad pero ser sesgada como en el caso de este titular de Público, donde deliberadamente se obvia parte de la información, como que esa presunta obligatoriedad de la religión a la que hace alusión se daría tan solo en la escuela y que no consistiría en la obligatoriedad de profesar ninguna, sino de estudiar el fenómeno religioso. Ciertamente el titular no niega estos puntos, pero tal y como está redactado, al omitirlos los enmascara. Además de describir la realidad la interpreta mediante un juego de sobreentendidos basado en lo que Grice llamó "implicatura conversacional" (los mecanismos de interpretación que van más allá de lo manifestado en los enunciados), por lo que en estos casos no sería válido que el medio recurriese a la excusa de que lo que afirma el titular es "literalmente" cierto, porque la manipulación se da en el nivel del significado implícito. La expresión "vuelta de la religión obligatoria" a lo que remite tácitamente es a una época en que no existía la libertad religiosa, no a una ley educativa previa que contemplaba una asignatura no confesional de religión.
          Manipulación por alteración de la realidad: la información consiste en la realidad misma, en el hecho, pero este ha sido alterado de tal forma que ya no es el hecho original, sino un subproducto manufacturado, que no obstante se hace pasar como la realidad inalterada. Lo vemos en los retoques con el Photoshop en las fotos de modelos y actores, o en esta portada de La Razón acerca de la manifestación del movimiento 15M del 19 de Junio de 2011.
          Manipulación por sustitución de una realidad por otra: la información transmitida refleja una realidad, pero no aquella de la que se está informando, un hecho se hace pasar por otro. Esto puede hacerse de forma más o menos sutil, sugiriendo una correlación donde no la hay o no está suficientemente justificada (caso de las portadas de ABC y La Razón mencionadas al principio de la entrada); o directamente haciendo pasar por una fuente que ilustra un suceso, una perteneciente a un suceso distinto, como en el caso de estos informativos de Telemadrid en que se ilustra una noticia del 15M en España con imágenes de manifestantes en Grecia.
          Manipulación por invención de la realidad: esto es algo inaudito, solo visto en regímenes totalitarios y que en España hasta hace poco no se daba. Hasta donde sé, de momento un medio tiene el monopolio absoluto de esta la forma más sangrante de manipulación: Intereconomía. He aquí una prueba, este conocido vídeo en el que presuntamente se entrevistaba a un acampado de la Plaza de Catalunya en Barcelona, tratándose sin embargo de una entrevista dramatizada con un actor con guión haciendo de indignado (en torno al minuto y medio, mientras el entrevistado dice "no votar al PP y al PSOE" la entrevistadora musita esas mismas palabras). En este caso el medio no solo no refleja fielmente la realidad, sino que crea una realidad inexistente, inventa su propia noticia, informa acerca de una ficción.

          Todos estábamos acostumbrados al primer nivel de manipulación, pero de un tiempo a esta parte la ética periodística parece haberse hecho a un lado y distintos medios se han lanzado a una carrera armamentística desaforada escalando a los siguientes niveles de manipulación. El riesgo que entraña ese creciente juego sucio es muy alto, porque como explicaba al principio consiste en la supresión de las vías de alimentación de la libertad de conciencia y la libertad de expresión y por tanto del pluralismo, condición sine qua non de la democracia. En los tiempos que corren pues, luchar por la verdad en España es más que nunca luchar por la democracia, y si como decía Epícteto "la verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad", resistámonos a ser cómplices de la podredumbre de la democracia no siendo cómplices de la mentira.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El 15M y los discursos para lelos

          Hay un lugar común que se ha empleado y se emplea contra el 15M desde medios de la derecha, que paradójicamente también se oye dentro del propio movimiento, a saber: los que dicen ser ni de izquierdas ni de derechas en realidad son fascistas. A esta conclusión se llega mediante una brillante argumentación: los nacionalsocialistas alemanes, los fascistas italianos y los falangistas españoles se definían como ni de izquierdas ni de derechas, el 15M se define como ni de izquierdas ni de derechas, luego el 15M es nacionalsocialista, fascista o falangista. En todo este batiburrillo hay al menos dos errores. El primero es creer que aquellos que defienden que el 15M es a-ideológico (no a-político, por cierto) no tienen ideología, pero no es así, no es que no seamos de izquierdas o derechas, lo somos, pero el movimiento no, aparcamos nuestra ideología en aras de un bien común. El segundo error consiste en la comparación entre el a-posicionismo del 15M y el tercerposicionismo de los fascistas. El 15M no se autodefine como una nueva ideología que ocupa una tercera posición al margen de derechas e izquierdas como hace el fascismo, sino como un movimiento no ideológico: con ideas, sí, pero sin doctrina, con programa, sí, pero sin partido.
          Así, esa cantinela de Intereconomía y Telemadrid, La Razón y ABC, Esperanza Aguirre y Durán y Lleida no solo se refiere a una realidad que no existe, un movimiento que querría usurpar el poder por medio de la acción directa y la intimidación, sino que además confunde poseer una ideología que niega otras, con construir un discurso libre de prejuicios doctrinarios. Y si esto es así, ¿por qué querría nadie recurrir dentro del 15M a este tópico, que conduciría a la conclusión de que el 15M es un movimiento fascistoide? Porque hay algún sector dentro del 15M, este sí, por lo que parece, con alguna veleidad totalitaria, que no quiere desprestigiar el movimiento 15M en su conjunto, pero sí excluir del movimiento a aquel sector, mayoritario me atrevo a decir, que no está dispuesto a renunciar al 15M como un proyecto político pero a-ideológico, radical pero inclusivo. En fin, lo que quiere dicho sector es definir al 15M como movimiento de izquierdas (de cierta izquierda) para poder adueñarse de él. Hay personas que siguen sin entender el 15M, incluso dentro, y en realidad porque no quieren entenderlo, porque no les interesa la lucha del 15M sino la suya propia, y lo que quieren es el empuje, la fuerza, el respaldo y el reconocimiento que sí ha obtenido el 15M pero que nunca obtuvo su lucha particular. Bueno, pues ya que nos gustan las comparaciones, juguemos un poco a los discursos paralelos.

          Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: "Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal". Vaya, aquellos del 15M tan críticos con las medidas inclusivas, con la indefinición hacia la izquierda, probablemente firmarían este párrafo. Pero el caso es que esto no lo dijeron ni Marx, ni el Che, ni Rosa Luxemburgo, ni Antonio Gramsci. Lo dijo José Antonio Primo de Rivera  en el discurso fundacional de la Falange. También defendió, en efecto, que no era de izquierdas ni de derechas (véase más arriba, no obstante, la diferencia entre el tercerposicionismo y la posición 0 del 15M) pero, ¿por qué esa idea sería constitutivamente totalitarista y en cambio las ideas plasmadas en el párrafo anterior, que tan bien encajarían (aparentemente) con cierto discurso de izquierdas, no?

          Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos en una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas. ¿Y esto? Encaja perfectamente con el buenismo de los que se consideran inventores de la democracia, restañadores de las heridas, próceres de la Transición solo por el hecho de que vivieron ese momento histórico aun cuando fueran meros comparsas estupefactos de dicho periodo. ¿No podrían salir estas palabras de los tertulianos de "El gato al agua" o "Alto y claro", indignados por la degeneración de España y de los perroflautas de Sol? Podrían, pero de hecho salen también del discurso fundacional de la Falange.

          Así, si quisiéramos salir al paso de esas acusaciones de totalitarismo que se nos hace al 15M, precisamente por un exceso de celo en nuestro antitotalitarismo, bastaría con sacar a su vez estas comparaciones y restregárselas a los acusadores habituales. En fin, jugar a las comparaciones y establecer una sencilla falacia de asociación es algo al alcance de cualquiera. Parece ser que entender un movimiento como el 15M, libre de ideología barata, cuando uno tiene las anteojeras de las peores ideologías, es en cambio misión imposible. Pues basta ya, el 15M, con todas sus diferentes sensibilidades, reclama más democracia, y hace falta ser cínico para acusar de totalitarista a quien plantea esta demanda. Pero lo bueno de la realidad es que los hechos son tozudos, y aunque haya quien luche por hacer del 15M un proyecto propio o por desprestigiarlo, el caso es que el movimiento, todavía hoy, seis meses después, es efectivamente plural y transversal. Por citar un ejemplo concreto y muy palpable: una cara conocida del 15M como es Alberto Garzón encabeza la candidatura de IU por Málaga, y otra cara conocida como es Irene Lozano es 4ª en la lista al Congreso por Madrid de UPyD (y hay quincemayistas incluso en los partidos que forman parte del bipartito desnostado por el movimiento).
          Quienes debatimos habitualmente en esa asamblea horizontal, plural y multitudinaria que es twitter, vemos a diario hasta qué punto en el 15M hay de todo, y que no son más representativos del 15M aquellos que más se afanan en sacar continuamente el tarro de las esencias y purgar el movimiento de presuntos infiltrados y oportunistas (recordaré que algunos de estos zarandearon a Cayo Lara por participar en la detención de un desahucio, una práctica que él ya había llevado a cabo varias veces antes de que el 15M hiciera de ello uno de sus caballos de batalla).
          Resistámonos a las presiones externas. Desde el principio han querido ponernos una etiqueta. Pues no tenemos ni la queremos, nuestra única etiqueta es 15M precisamente porque es informe: señala un momento, un sentimiento, una fecha.  Señala nuestro despertar, nuestra metamorfosis, nuestro nacimiento. ¿Quienes somos? Ciudadanos preocupados por la descomposición de la sociedad de la que formamos parte, nada más y nada menos, y que hace seis meses, el 15 de Mayo de 2011, supimos que éramos muchos más de lo que creíamos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Sobre las izquierdas y las derechas

          Ayer en La noche en 24 horas entrevistaron a Rosa Díez, y la única pregunta que le hizo Xabier Fortes a la entrevistada que no era referente a ETA (supongo que ocurrirá lo mismo en las entrevistas del resto de candidatos a la presidencia) tuvo que ver con su adscripción ideológica: "¿Usted sigue siendo de izquierdas?" Como se encargó de recordar la propia Rosa Díez, RTVE parece tener una obsesión con su ideología, pues ya Ana Pastor en Los desayunos de la 2 había comenzado la entrevista del día 13 de Octubre con la siguiente pregunta (bien es cierto que transmitendo una duda formulada en twitter): "¿Rosa Díez es de izquierdas o de derechas?"
          Quisiera valorar más adelante, en la primera parte de esta entrada, la respuesta que a estas preguntas dio Rosa Díez y así aprovechar para aclarar la distinción, si existe, entre izquierda y derecha, pero de momento empezaré reivindicando su derecho a prescindir de etiquetas, algo que justificaré en la segunda parte. ¿Por qué tanto interés por parte de los periodistas o de simpatizantes políticos irredentos en la escarapela que lleve Rosa Díez? Sin duda clasificar es una importante herramienta cognitiva que nos permite controlar mejor nuestro entorno, pero un exceso de celo en la compartimentación puede hacer que nuestra visión del mundo sea reduccionista. Las propuestas de los partidos políticos son las que deberían definirlos ideológicamente, y no la propia autointerpretación que hagan sus miembros de dichas propuestas. Por esta costumbre malsana, en este país la política ha ido degenerando en un "esto es bueno porque lo dicen los míos, digan lo que digan" (ya desarrollé esta idea más detenidamente en sendas entradas La liga PPSOE I  y La liga PPSOE II). En parte la revuelta del 15M es contra este hooliganismo partidista de la política. No nos dejemos vencer por él, los políticos que hagan sus propuestas, ya les definiremos los votantes, no ellos mismos, ni sus simpatizantes, ni los medios de comunicación a su servicio.

¿Existe la izquierda y la derecha?
          Pues miren, creo que sí, y aunque comprenda los motivos de Rosa Díez no es necesario renunciar a esta distinción. En la citada entrevista de Ana Pastor, Rosa Díez habla de la distinción entre izquierda y derecha como un "modelo antiguo", pero ella misma emplea expresiones como "progresista" o "regresivo" que tampoco implican un gran salto hacia la modernidad, son más bien sinónimos de aquellos otros conceptos, y seguramente igual de antiguos o más. Lo que dice Rosa Díez, y es en lo que se fundamenta su error, es que hay medidas que toma la "izquierda" que no son de izquierdas porque son "regresivas" o no son igualitarias (pone el ejemplo del cheque-bebé) y otras de derechas que son progresistas (imposible encontrar un ejemplo en España, claro, Rosa Díez cita el anuncio de Durao Barroso, de derechas, de que los bancos recapitalizados no repartan bonos ni dividendos). Pero esto, lejos de significar que "izquierda" y "derecha" no tienen sentido, demuestra que hay quien los emplea incorrectamente, pues considera de izquierdas medidas que no lo son, pero solo es posible denunciar un uso incorrecto de un término si este tiene significado, pues su significado se lo da precisamente el uso adecuado, esto es: encajar con el contexto y designar a su auténtico referente. Dicho de forma más sencilla: el significado de una palabra es su uso, y mucha gente emplea "derecha" e "izquierda" para designar unas determinadas  ideas y propuestas, y podemos denunciar el uso incorrecto de dichas palabras precisamente porque se aleja del uso mayoritario. Si existe un mal uso del término es porque existe uno correcto. Que aquello en lo que consiste ser de izquierdas y lo que de hecho hacen quienes se definen como tales no coincida, no significa que no exista lo primero, de igual forma que aunque no exista ningún periódico imparcial no carece de sentido hablar de la imparcialidad de la prensa.
          Y entonces, ¿dónde queda Rosa Díez? Pues en la primera entrevista se define como "progresista" y en la segunda como "social-demócrata", y eso significa "de izquierdas". Pero sigo defendiendo su derecho a no definirse mediante la etiqueta, sino mediante sus propuestas, y sigo defendiendo el derecho de los ciudadanos a hacer lo mismo. ¿Por qué iban a acertar los políticos o los periodistas con sus etiquetas, si precisamente se han especializado en retorcer el significado de dichas etiquetas para hacerlas coincidir siempre con sus intereses?
          Y si algo significa, ¿qué es izquierda o derecha? No puedo extenderme mucho, así que optaré por definiciones muy inclusivas. Lo primero es que no hay izquierda y derecha, sino izquierdas y derechas. Por ejemplo, en la derecha son muy diferentes los fascistas, de los demócrata-cristianos, de la derecha liberal (y liberalismo también lo hay de izquierdas) y de la derecha neoliberal. Otro tanto con las izquierdas. ¿Y qué define a estas dos grandes amalgamas? Pues basándome una vez más en el uso corriente de las expresiones "de izquierdas" y "de derechas", por la primera se suele entender "progresista" y por la segunda "conservador". Esto es, el ciudadano de izquierdas considera que la situación presente es mejorable y habría que cambiarla, mientras que el ciudadano de derechas considera que lo mejor es conservar la situación actual o retornar a una situación anterior. A su vez, entre los grandes conceptos de la política suele asociarse a la izquierda con la igualdad o la justicia social, y a la derecha con la libertad, no obstante esta distinción obvia que la libertad negativa (la que defiende la derecha) solo puede ejercerse plenamente una vez satisfechos ciertos mínimos, con lo que en cierto sentido al defender una mayor justicia social la izquierda también defiende la extensión de la libertad (una libertad positiva) al mayor número de personas. La derecha acepta la desigualdad como una expresión del mérito fruto de la acción libre, la izquierda considera que la desigualdad ha de ser corregida porque no permite una auténtica libertad para prosperar por méritos propios a aquellos que menos tienen. Esta diferente percepción de la realidad conlleva dos atribuciones distintas de funciones al Estado, de un lado para la derecha el Estado debería ejercer tan solo de árbitro imparcial en la búsqueda de la felicidad de cada uno de los ciudadanos, y de otro lado para la izquierda el Estado debe intervenir en dicha búsqueda redistribuyendo los bienes para tratar de maximizar la felicidad.
          ¿Qué no es izquierda y derecha? Los buenos y los malos, los modernos y los rancios, los demócratas y los totalitaristas, los marxistas y los capitalistas. ¿No había en el Reino Unido whigs y tories, en EEUU demócratas y republicanos, en España monárquicos y liberales, y todo antes de Marx? Ser de izquierdas no es una vacuna contra la maldad política, y aunque es cierto que concretamente en España rara vez la derecha ha defendido nada que supusiera un progreso para el país (y desde luego no es liberal, aunque eso se autoproclame), en otros lugares la derecha históricamente ha tomado decisiones progresistas (Lincoln, por ejemplo, era del Partido Republicano) y ser estalinista o maoista a día de hoy es ser profundamente reaccionario.  Y por todo esto tiene sentido la siguiente pregunta.

¿Hay luchas políticas que son ajenas a la izquierda o la derecha?
          Pues miren, también creo que sí, esas cuestiones que en UPyD (y en la LOGSE) llaman "transversales". ¿Por qué no son de izquierdas o derechas? Porque son la condición misma de que exista un debate entre la izquierda y la derecha, esto es, tienen que ver con la existencia misma de la democracia. En este sentido el 15M también sería transversal, por lo menos en un principio. Pedir más democracia o una democracia real no es de izquierdas ni de derechas. En Francia o Alemania, ¿es más democrática la izquierda que la derecha? El laicismo en Francia, ¿es un elemento que define a la izquierda o la derecha? Asociar estas cosas con una ideología concreta (en general con la izquierda) es resultado de la polución de la vida política del país en la Guerra Civil y durante el franquismo (y en general por el secular retraso de España respecto del resto de Europa). El caso es que en la 2ª República los demócratas podían contarse con los dedos de las manos. Eran prácticamente inexistentes en las derechas (tal vez los radicales de Lerroux) y minoritarios en las izquierdas (los republicanos y un sector del PSOE). La 2ª República fue una democracia plena, pero por desgracia la mayoría de sus habitantes no eran demócratas. La defensa de la democracia no se convirtió en un rasgo de izquierdas en este país más que durante el tardo-franquismo (dato que esgrimen algunos autores revisionistas como el inefable Pío Moa para falsamente justificar el golpe de Estado de Franco, como si los golpistas dejasen de ser totalitaristas solo porque los hubiera también en el otro bando).
          La separación de poderes, la laicidad del Estado o la participación política no son reivindicaciones que pertenezcan a la izquierda, por lo menos en cualquier democracia avanzada, pero parece que la nuestra no lo es. Es necesaria ya, y el país está maduro para ella por fin, una segunda transición. Lo que tengo muy claro es que esta segunda transición no va a venir de la mano de los partidos que surgieron de la primera, y no debo de ser el único, porque no me parece casual que empiecen a obtener representación parlamentaria (a pesar de una ley electoral salvaje para con los partidos pequeños) partidos nuevos. Y si en esta segunda transición han de participar los partidos que viven confortablemente gracias a los defectos de la primera, será porque les obliguemos desde movimientos sociales como el 15M.
          Por eso algunos seremos de izquierdas y otros serán de derechas, pero conseguir una mejor democracia es de todos, salvo de los que no son demócratas.

lunes, 24 de octubre de 2011

Por qué soy antinacionalista

          El título de esta nueva entrada puede dar pie a multitud de equívocos, así que voy a dedicarle unas líneas a deshacer aquellos que puedo anticipar.
          La primera aclaración que he de hacer se refiere al sujeto elíptico de esa oración, "yo". ¿Por qué iban a interesarle a nadie mis motivos personales para criticar a los nacionalismos? Seguramente no hay razón alguna para ello, y de ahí que no vaya a rastrear en mi biografía para descubrir las causas que me llevaron a rechazar el nacionalismo (aunque las haya, como que mi abuelo fuera represaliado por el franquismo) sino que vaya a exponer, entre las muchas razones posibles para hacerlo, aquellas que me parecen más significativas. Y personalizo la cuestión porque es la única forma a mi alcance de abarcarla con la brevedad que requiere un artículo. No es el origen de mis ideas lo que importa, sino sus fundamentos, pues a diferencia de aquel estos pueden ser compartidos.
          Una segunda aclaración tiene que ver con el término "antinacionalista". ¿Qué quiere decir eso? ¿Acaso que rechazo la legitimidad de uno o algunos nacionalismos, pero no en cambio de otros? Pues no. Hablo de un genuino antinacionalismo igual que podría hablar del ateísmo. Ser ateo no significa que uno rechaze una determinada confesión pero en cambio apruebe otra, no, se trata de un auténtico estado escéptico respecto de todas las confesiones posibles (y eso no quiere decir que no se respete a quienes las profesan). Así, en lo tocante al nacionalismo, soy ateo.
          Por fin, la tercera y última aclaración. ¿Qué es nacionalismo? En España el debate del nacionalismo está tan intoxicado que un gran sector de la población considera que solo son nacionalistas los movimientos independentistas como el vasco o el catalán. Y no es así, el nacionalismo mayoritario en el país es el español. Mi crítica se extiende a todos por igual. ¿Qué los une? Diría que se basan en un sentimiento identitario según el cual la pertenencia a una nación depende de poseer ciertos rasgos sustanciales que según ellos constituyen la esencia de dicha nación. O por recurrir a una definición más científica: "el nacionalismo es un principio político que sostiene que debe haber congruencia entre la unidad nacional y la política". (E. Gellner, Naciones y nacionalismo) ¿Qué es "unidad nacional"? Esto es, ¿qué es "nación"? La respuesta a esta pregunta constituye mi primera razón para ser antinacionalista.

          1º - Porque no creo en las naciones, y no puedo por tanto defender la congruencia entre la unidad política y algo que no existe. El concepto de nación surgió en América, acuñado no por los indígenas, sino por los colonos ansiosos de dejar de pagar impuestos a la metrópoli de la que eran hijos. Y dicho concepto se convirtió en la herramienta que permitiría a los revolucionarios de EEUU y de Francia distinguir entre un pueblo soberano y uno de súbditos, la nación se empieza a definir históricamente por oposición al tirano o al monarca. Y el modelo de Estado-nación es el resultado de la sustanciación de esa soberanía popular, pero en un Estado una nación es equivalente a sus ciudadanos, no hay otro criterio que permita aunar eficazmente el contenido de "nación". Si recurrimos al criterio territorio, ¿qué hay de una autodenominada nación como la gitana, que es nómada, o es que hay que admitir que la orografía define a los seres humanos? Si recurrimos al criterio lengua, ¿es que entonces lo peruanos hispanohablantes son españoles, o un valenciano catalanoparlante no lo es, aunque se considere a sí mismo como tal? Si recurrimos al criterio de la unidad histórica, ¿es que la nación se basa en la extensión de los dominios de un determinado monarca, en sus éxitos en las batallas? Si se trata del sentimiento identitario, ¿es que yo soy elenista, porque yo a quien me siento pertenecer, mi patria, es a mi mujer? No existe ningún criterio objetivo que permita aislar a una nación, salvo los criterios jurídicos, pero en ese caso no tiene sentido el principio de la congruencia entre identidad nacional y política, pues serían equivalentes. Y en cuanto a los criterios subjetivos, como los sentimientos, por definición no son un criterio objetivable, y podría haber tantas naciones como sujetos.

          2º - Porque soy nietzscheano, y no puedo por tanto defender ningún tipo de transmundo. Las naciones como un más allá inalcanzable, o como un más acá intangible, son entidades generadoras de nihilismo, negación de la vida, en tanto subordinan el ahora, aunque imperfecto, a un futuro perfecto, esto es, subornidan el mundo real a un mundo ideal. El nacionalismo es un platonismo, y por tanto no es un sí a la vida sin condiciones, y eso es lo que hace que quepa matar o morir por ello, porque la nación está por encima de los vivientes, la "auténtica realidad" por encima de la realidad mundana, que sin embargo es la única que hay. "Y así también yo proyecté en otro tiempo mi ilusión más allá del hombre, lo mismo que todos los transmundanos. ¿Más allá del hombre en verdad? / ¡Ay, hermanos, ese dios que yo creé era obra humana y demencia humana, como todos los dioses! / Hombre era, y nada más que un pobre fragmento de hombre y de yo: de mi propia ceniza y de mi propia brasa surgió ese fantasma, y ¡en verdad! ¡no vino a mí desde el más allá! [...] / Sufrimiento sería ahora para mí, y tormento para el curado, creer en tales fantasmas: sufrimiento sería ahora para mí, y humillación. Así hablo yo a los transmundanos." (F. Nietzsche, Así habló Zaratustra)

          3º - Porque considero incoherente la idea de un derecho histórico, y no puedo por tanto defender una ideología que basa sus reivindicaciones en la existencia de dichos derechos. De ser históricos los derechos serían contingentes y locales, y no absolutos y universales, pero un derecho contingente es lo contrario mismo de un derecho. Es autocontradictorio defender que el derecho surge en un momento concreto, los derechos son innegociables e irrenunciables, una concesión histórica no lo es. Lo que surge en algún punto de la historia es el reconocimiento de un derecho preexistente, y por tanto ahistórico, atemporal, que si no es universalizable no es un derecho absoluto, sino relativo a ciertas circunstancias (concretamente a las circunstancias de ese momento histórico, y por tanto una vez desaparecidas dichas circunstancias, desaparece el presunto derecho). Si admitiésemos que la historia genera derechos habría que aceptar engendros tales como la hidalguía universal de los vizcaínos, los derechos dinásticos, los derechos de conquista o el derecho de pernada.

          Estas tres razones tienen dos corolarios: primero que los Estados (unidad política) se basan en contratos, en un pacto libre entre los ciudadanos y nada más; y segundo que ha de defenderse la diversidad cultural, pues no hay identidades privilegiadas, dado que son todas contingentes, y hay que favorecer la convivencia y no la asimilación, pues eso hace más rico a cualquier Estado (excluyendo aquellos rasgos culturales que entrañen violaciones de derechos humanos, y sean por tanto una amenaza para la posibilidad misma de la convivencia).

          Para terminar volveré al principio de la entrada, donde comparaba el ateísmo y el antinacionalismo. Vistos mis argumentos contra el segundo se verá que efectivamente entiendo el concepto de nación como el trasunto político de Dios (esta reflexión no es original, constituye la base de la obra Comunidades imaginadas de B. Anderson). No obstante hay una diferencia que hace que no pueda equipararlos completamente: las consecuencias perniciosas de ambos sistemas de creencias. Pienso, con Hume, que las religiones positivas, aún habiendo deparado en ocasiones cierto alivio a los más desafortunados, en general han hecho de este mundo un lugar peor. No pienso exactamente lo mismo del nacionalismo. Así ha sido en la inmensa mayoría de los casos: una gran parte de los totalitarismos del siglo XX es hija del nacionalismo (incluso totalitarismos a priori antinacionalistas como el soviético, acabaron impulsándolo). No obstante, el nacionalismo jugó un papel importante como idea fuerza en la descolonización (por desgracia eso revitalizó el nacionalismo en Europa, y creó la ilusión de que es posible un nacionalismo de izquierdas). Es el único resquicio que le concedo al nacionalismo, haber contribuido a liberar a aquellos pueblos que efectivamente habían sido conquistados por el imperialismo europeo (esto y no otra cosa llevó a recoger el derecho de libre determinación de los pueblos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, el amparar jurídicamente el fin de la era colonial). Pero esto no invalida mis argumentos anteriores, porque si hay un ejemplo de que las naciones no existen, sino que se trata de creaciones absolutamente contingentes, ese es el de los países descolonizados, cuyas fronteras son absolutamente arbitrarias, pues se asientan en cómo pasaron el cuchillo en su día las metrópolis europeas cuando se repartieron el pastel. Una vez superada la fase de descolonización (aunque en el engranaje de la mundialización existan formas más sofisticadas de imperialismo), el nacionalismo como ideología emancipadora es tan caduco como la monarquía absolutista una vez superada la fase de las guerras entre señoríos, y sus constructos históricos tan acordes a la realidad como el ciclo artúrico.

          P.S. Si alguien está de verdad interesado en comprender el nacionalismo, debería ir más allá de estas brevísimas consideraciones. Me permito recomendar tres obras absolutamente fundamentales que suelen tenerse por estudios de referencia acerca de la cuestión nacionalista: Comunidades imaginadas (1983) de Benedict Anderson, Naciones y nacionalismo (1983) de Ernest Gellner y Naciones y nacionalismo desde 1870 (1990) de Eric Hobsbawm.

martes, 14 de junio de 2011

La liga PPSOE I

            Existen más parecidos de los que todos querríamos entre la Liga BBVA (antes llamada Primera División) y nuestra vida política.
            La primera de estas semejanzas es que en ambos casos solo hay dos auténticos candidatos al título y el resto de participantes son meros comparsas que se disputan las sobras, y como mucho pueden aspirar a darle la victoria a los unos más bien que a los otros si en sus enfrentamientos directos hacen un buen partido.
            Otra similitud más entre liga de fútbol y política es que el equipo que pierde es incapaz de asumir su derrota, y culpa de ella al resto de equipos de la tabla por haberle vencido, como si no fuera la obligación del Athletic de Bilbao, del Sporting de Gijón, de UPyD o de IU tratar de ganar todos los partidos y lograr el mayor número posible de puntos, sino contribuir o no a la victoria de los dos equipos que aspiran al título.
            Por fin, en ambos casos también, los dos principales equipos cuentan con más posibles y mayor poder mediático que el resto, poseyendo un par de medios de prensa a su servicio, lo cual genera un círculo vicioso que perpetúa esa situación privilegiada.
            Pero la semejanza más preocupante es la que se refiere no a los propios equipos, sino a sus seguidores, a los motivos por los cuales se apoya a un equipo o a otro, y es especialmente preocupante porque en principio la política debería tener que ver con la razón y el fútbol con el sentimiento, pero no, la adhesión al PP o al PSOE de muchos de sus votantes a menudo parece más bien cuestión de entrañas que de meninges.
            No hace falta decirlo: hay de todo. Pero una inquietante masa de votantes de los dos principales partidos son, como los intransigentes del fútbol, ciegos a las faltas que comete su equipo, a los malos modos de sus integrantes, a los errores arbitrales a su favor y a los méritos del rival. Hay una clara confusión entre lo que es bueno para el fútbol, esto es, para España, y lo que es bueno para mi equipo, para mi partido.
            De este modo reina en la política un maniqueísmo de una ingenuidad culpable e indignante: los míos son los buenos y los otros son los malos, los míos quieren lo mejor para el país y los otros robar, aprovecharse o enriquecerse, los míos y sus medios afines son sinceros y los del otro ruines y deshonestos. Y a esta forma de leer la realidad sigue un corolario temible: los votantes (seguidores) de mi partido (equipo) son buenas personas, y buscan lo mejor para todos, y los del otro son malvados y persiguen fines espurios. Y esto aunque los votantes de mi partido, como yo, voten a un político corrupto, porque los casos de corrupción de los jugadores de mi equipo, perdón, las sucias entradas de los miembros de mi partido, no son reales, son calumnias debidas a la maledicencia del rival, que él sí que es corrupto.
            Parece pues que lo de apoyar al PSOE o al PP y creer en su honestidad es mera cuestión de fe y no de conocimiento, tan solo depende de a qué profetas esté uno dispuesto a seguir y cuál sea el libro sagrado que lea cada uno. Y por ello se está en la obligación de comprar el pack completo: si criticas algunos aspectos, le haces el juego al rival, fuera la disidencia. O eres amigo o enemigo, o estás conmigo o estás contra mí.
            Pues bien, si en fútbol resulta grotesca la pretensión de que un equipo encarna el bien frente al mal, que uno es el equipo del gobierno y el otro de la oposición, es más, que uno es el equipo del establishment mientras que el otro es el rebelde adalid de la libertad cuando... ¡ambos equipos son el poder y ninguno! Esto es, si la politización del fútbol es ridícula, la futbolización de la política es lamentable, porque el fútbol es un juego nada más, y la fidelidad a unos colores tienen que ver con un sentimiento nostálgico, con amor a los recuerdos, a lo vivido con tu equipo, en realidad con la fidelidad a uno mismo, al niño que en su día se hizo de ese equipo. Y a ese niño es al que traicionaríamos cambiando y por eso no se puede cambiar de equipo en fútbol, aunque se odie al presidente, al entrenador, a los jugadores y al patrocinador, porque es absurdo racionalizar el deporte y buscar causas ideológicas para ser de uno u otro equipo.
            ¡Pero con la política debería ser al contrario! Y sin embargo parece que el ser del equipo PSOE o PP es inamovible, una convicción irrenunciable. Da igual lo que hagan unos u otros el apoyo es incondicional, porque siempre existirá la excusa ad hoc de la "buena intención" de los míos y los "intereses particulares" de los otros.
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