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jueves, 14 de junio de 2018

No soy un aliado, no estoy haciendo mansplaining y esto no son male tears

AVISO: absténgase machirulos, son el enemigo, esta entrada no les da la razón

Soy feminista. Mis creencias, deseos y acciones lo demuestran. Nadie puede decirme que no lo soy salvo que constate que mis creencias, mis deseos y mis acciones demuestren que no lo soy. Soy un varón en un sistema patriarcal, nadie puede dudarlo, así que posiblemente tendré creencias y deseos sexistas, y puede que cometa actos sexistas también, contra mi voluntad, contras mis creencias y deseos fundamentales, como excepción al patrón normal de mis acciones. Sí, lo sé, no es imposible que de cuando en cuando tenga comportamientos machistas. Son la excepción luego no me definen. Lo que hago ahora no es mansplaining (salvo que se pretenda que lo hago necesariamente solo por ser un varón explicando algo, lo cual es un ad hominem inaceptable), pero tiendo (o he tendido, pues me esfuerzo por cambiar) a hacerlo. Creo que es un comportamiento machista y que no debo tenerlo, me resisto a hacer mansplaining (me cuesta, pues tengo tendencia al “explaining” en general, soy profesor, es deformación profesional). Pero no, cada vez que un varón habla de feminismo con una mujer no es forzosamente un caso de mansplaining, es una discusión entre feministas de distinto sexo, nada más.
 Soy feminista porque defiendo la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, ejerzo dicha igualdad en mi vida diaria, denuncio los prejuicios sexistas, conozco el pensamiento feminista y coincido con sus supuestos fundamentales (muy breve y concisamente: la existencia de un sistema patriarcal que atribuye unos determinados roles de género a cada sexo otorgando al género femenino, y así a las mujeres, un papel de subordinación al varón). También, trato de divulgar el feminismo desde este blog: https://elninoquejuegaalosdados.blogspot.com.es/search/label/Feminismo
¿Qué no soy? No soy una mujer, así que no puedo decir #MeToo, no soy víctima, pertenezco al bando de los opresores (pero eso no me convierte en opresor), no lucho por mis derechos (aunque el sistema patriarcal imponga un rol de género a los varones que no me guste, no deja de ser el rol que conlleva privilegios) sino por derechos ajenos, no puedo ni debo liderar esa lucha, no puedo tener voz como mujer, pues no lo soy. Convengo en que soy un aliado en la lucha por la igualdad, en el movimiento de las mujeres por la igualdad, pero no soy un aliado feminista. Soy feminista a secas, y varón.
No, cuando critico la teoría (o el artículo, o la ponencia) de una mujer dentro del feminismo no hago mansplaining. No cuando hablo de feminismo no hago mansplaining. Soy el profesor de la asignatura de Valores Éticos de mi instituto, es mi obligación hablar de feminismo a los alumnos. Tengo cromosomas y caracteres sexuales masculinos, pero he estudiado pensamiento feminista en la carrera, participé en la fundación de un grupo de estudios feministas en la facultad, acudo a manifestaciones del 8 de Marzo desde hace ya hace veinte años (os aseguro que entonces éramos bastante menos que ahora), y he leído y estudiado con devoción a Mary Wollstonecraft, Simone de Beauvoir, Betty Friedan y tantas otras pensadoras fundamentales (eso tampoco me convierte en autoridad, no es mi especialidad en el campo de la filosofía). También he leído (y escuchado) a grandes feministas españolas como Amelia Valcárcel y Celia Amorós. De esta última asumo la crítica a algunas posturas feministas desde otras posturas feministas, porque si critico el feminismo de la diferencia (o algunos aspectos del mismo) no es desde el machismo, es desde el feminismo de la igualdad. Si disiento del invento postmoderno del “falogocentrismo” es porque creo que precisamente el logocentrismo es nuestra única oportunidad para acabar con el falocentrismo. Critico ciertas ideas de la tercera ola porque beben de filósofos postmodernos a los que ataco fuera del feminismo por sus ideas en general. Parte de la teoría queer bebe de Derrida, difícilmente podré comulgar con dicha parte si critico en general la deconstrucción. A su vez, si critico aspectos del marxismo es lógico que critique el feminismo marxista, pero dicha crítica no viene desde el machismo, sino desde el feminismo liberal. Y no, no todo feminismo es necesariamente anticapitalista o tendríamos que expulsar del feminismo a una gran parte de sus teóricas fundamentales (aunque de hecho a algunas teóricas feministas se les acaba la sororidad cuando se trata de mujeres de derechas); y no, no todo liberalismo es neoliberalismo o liberalismo económico, Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft eran fundamentalmente liberales.
Tal vez soy un fósil de la segunda ola arrollado por la tercera, o algo peor, un partidario del feminismo de corte ilustrado. Pero creo que mi tarea es resistirme a que dentro del pensamiento feminista (otra cosa es dentro del activismo) pese otra cosa que los argumentos, pese quién los esgrime y sus cromosomas sexuales. Y no, esto no son male tears, sencillamente como feminista no me resigno a “callar y escuchar” como me recetó en su día la dueña del feminismo en Twitter, precisamente porque no soy capaz de permitir que el feminismo deje de ser un pensamiento vivo, una filosofía activa, una teoría crítica y se convierta en el dogma de algunas personas solo para unas pocas personas. Cuantos más seamos, más cerca estará la igualdad, y eso es lo que queremos, en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en nuestros gobiernos, en nuestras calles.


viernes, 27 de abril de 2018

Reflexiones en torno a la sentencia a "la manada"

         En primer lugar he de ser honesto, y reconocer que me falta el conocimiento técnico necesario para permitirme hablar con autoridad sobre cuestiones de derecho, no obstante la ley y su aplicación se basan entre otras cosas en principios racionales y razonables, accesibles pues a cualquier persona racional y razonable. Tanto es así, que el legislador puede ser cualquier persona, no así el juez. Por tanto, en ningún caso voy a tratar de ponerme en el lugar de este último, sino del primero.
          Con la sentencia a la "manada", muchos (si no todos los que somos legos en derecho procesal), hemos descubierto que existe una diferencia (insuficientemente justificada, trataré de mostrar) dentro de las violaciones: existen aquellas que se consideran abuso sexual y aquellas que se denominan agresión sexual.  El abuso sexual solo implica una práctica sexual sin consentimiento libre y sin violencia o intimidación (no necesarias en estos casos por estar la víctima en estado de embriaguez, ser menor, etc... por no tener pleno uso de sus facultades). Por otra parte la agresión sexual consistiría en una práctica sexual no consentida en que media violencia o intimidación, entendiendo por violencia el uso de fuerza y por intimidación la amenaza. Leído el relato de los hechos que aparece en la sentencia, parece difícil argumentar que no existió intimidación, pues las propias circunstancias en que tuvo lugar (un lugar cerrado y aislado, con una superioridad numérica y física palmaria, diferencia de edad, ninguna muestra de interés por el bienestar de la víctima) son intimidatorias. No puede pretenderse que solo si existe una amenaza explícita (verbal o por la presencia de un elemento intimidatorio como una navaja) tenga lugar intimidación, pero eso parece desprenderse del veredicto de "abuso sexual". Me gustaría a este respecto recordar aquí la "mansedumbre" con que según Hannah Arendt las víctimas del Holocausto se habían dejado conducir a la muerte y confío en que dicho ejemplo haga entender que la intimidación es algo más que amenazas explícitas o golpear a alguien en el hombro con la culata del fusil, el contexto mismo de unos acontecimientos y una serie de códigos implícitos intimidan. Cuando estamos intimidados reaccionamos con esa mansedumbre abandonándonos, el temor nos priva de nuestra voluntad.
          Dicho esto, considero razonable cambiar el código penal para eliminar esta diferencia, pues existen muchas formas y grados de violencia o de agresión, y la diferencia recogida por la ley actual es más escolástica que práctica, siendo lo fundamental el hecho de que un sujeto actúe coaccionado o no, bien porque dicho sujeto no está en el pleno uso de sus facultades, bien porque la situación le impide tomar decisiones pues es intimidatoria por su propio contexto o bien porque hay una amenaza expresa verbal o física. La violencia en ocasiones es implícita porque no es necesario hacerla explícita, los sobreentendidos y su efecto sobre las acciones de víctima son suficientes para coaccionarla, y por ello no creo que la agresión física haya de ser parte de los criterios que permitan distinguir entre una violación más grave y otra menos grave, y así no tiene sentido establecer distinción alguna entre abuso sexual y agresión sexual, la violación es un tipo de agresión específico. Otra cosa es que la agresión física o la intimidación mediante el uso de la fuerza, del daño físico y no solo moral, puedan ser tenidas como agravantes. De esta forma, sugiero que todo abuso sexual sea tenido por agresión sexual, y una cuestión distinta sea dilucidar si además esta se produjo o no con el agravante de violencia. Este es mi mensaje para el legislador.

          Naturalmente puedo equivocarme y he de decir que la sentencia misma no es lo que más me aterra de todo este asunto (me sorprende e indigna, no me aterra). Es probable que los culpables merecieran un castigo más severo, me cuesta dictaminar algo así sin saber cuáles son las penas por otros muchos delitos, solo eso me permitiría medir su proporcionalidad. En principio diría que me resulta insuficiente pena sabiendo que probablemente esta no será cumplida íntegramente, pero no obstante quiero insistir en que la versión de la víctima ha sido creída y que los culpables van a ser castigados, y esto es una buena noticia, la discusión está en el tipo penal (algo que, por cierto, me sorprende que políticos que llevan legislando durante años juzguen ahora un despropósito y no se tengan a sí mismos por los valedores de dicho despropósito).

          ¿Y si no es la sentencia misma qué es lo que más me aterra? El voto particular, el concepto de "veredicto social" y la propia manada.

          La verdad es que, tras leer parte de la sentencia me resulta incomprensible que uno de los jueces considere que los culpables han de ser absueltos. Solo se me ocurre que sea por un garantismo muy escrupuloso, pero dado lo que los jueces mismos han considerado hechos probados me resulta incomprensible. Y sí, que así sea me resulta aterrador, pues me obliga a buscar explicaciones alternativas, y todas entran en el rango del sesgo particular del juez, de sus prejuicios, y por tanto de la arbitrariedad que es uno de los máximos males de la justicia (es, de hecho, la injusticia misma).1

          Pero otro de esos grandes males es la justicia popular, de la opinión mayoritaria, del sentir del momento por parte del pueblo, en fin, de lo que he visto llamar desde ayer "veredicto social". Juzgar a base de "veredictos sociales" sería también lo contrario a la justicia. Me reconforta pensar que lo que la sociedad piensa mayoritariamente acerca de actuaciones como las de la manada ha cambiado, pero durante años la sociedad fue condescendiente con los agresores y tendió a culpabilizar a las víctimas ("guarras que iban provocando"), ese era el "veredicto social" antaño. Si hemos mejorado es precisamente porque hemos escapado al veredicto social, al estado de naturaleza hobbesiano, hemos delegado como pueblo la administración de la justicia a cambio de una imparcialidad de la que la sociedad como un presunto todo es obviamente incapaz. Entiendo a aquellas personas que protestan y persiguen un cambio legislativo (pero habrá de ser conforme a razones, no a intuiciones o sentimientos), lo mismo hago yo, pero aquellas otras que establecen un juicio paralelo y pretenden coaccionar a los jueces me aterran, pues siguen el mismo criterio de justicia que quienes fueron a aporrear la puerta de la comisaría para linchar a la asesina de un niño en Almería. El "veredicto social" es la ausencia de veredicto, es el que acabó condenando a Dolores Vázquez por el caso Wanninkhof  o defiende la pena de muerte cada vez que nos enfrentamos a un asesinato horrible. En resumen, "veredicto social" significa "aquello que la opinión pública tenga por intolerable" (o peor "lo que a mí y los míos nos parezca intolerable")... y no olvidemos que al final dicha opinión depende de lobbies de presión y de grandes medios de comunicación. Me aterra que haya quien piense que deberían ser ellos quienes juzguen.

          Pero al fin, lo que más me aterra de todo esto es la propia manada. Me resulta aterrador que existan personas así, capaces de considerar que realmente una mujer pueda querer voluntariamente ser penetrada en quince minutos por todos sus orificios en un portal de una casa por cinco completos desconocidos, que lo mismo eyaculen dentro que fuera de ella (como si eso no pudiera tener unas consecuencias dramáticas), y que la dejen tirada desnuda sin mediar palabra, y que al día siguiente al detenerles realmente no den crédito.2 Me inquieta que existan violadores, pero me aterra que los violadores no se tengan a sí mismos por tales, ni sus novias. ¿Qué película se han montado esas mujeres en sus cabezas? ¿Que ellos son muy machos y no pueden controlarse, y que si llega una chica provocando... pues hay que comprenderlo, ellos no son dueños de su voluntad? Pero aunque me resulte incomprensible no sería justo poner el acento en esas mujeres, sino en ellos. Son depredadores sexuales, seguían un plan, era su forma de divertirse, salían de fiesta a cazar en manada, literalmente. Me aterra que pueda existir una disonancia cognitiva tan grande como para que puedan no sentir arrepentimiento y reconocer su culpa, para que se tengan por inocentes injustamente detenidos.
          Quiero recordarlo: dejaron a una chica sola, desnuda, menor que ellos, recién penetrada por todas partes, desconocida, a la que habían grabado, a la que robaron el móvil, tirada en un portal de un edificio cualquiera, abandonada a su suerte y sin mediar palabra. ¿Y consideran que no hicieron nada malo? Redujeron a una persona a la categoría de objeto sexual, ¿y consideran que eso es una forma de diversión legítima? Que existan personas que piensen y sientan así es lo realmente aterrador de todo esto. Lo pienso también como padre y como educador. ¿Qué hacemos mal? ¿Cómo podemos criar a chicos que consideren que realmente una mujer es digna de ese trato? Repito, que existan personas así es lo que me aterra. Pero por eso y a pesar de todo en principio siento más alivio que indignación con la sentencia, porque al menos no han quedado impunes, y porque al menos por un tiempo hay cinco monstruos menos por nuestras calles.


1. Cuando escribí esta entrada solo había leído la parte de la sentencia "hechos probados". Más tarde leí los argumentos del voto particular y he de decir que mis sospechas de arbitrariedad están infundadas. Frases sacadas de contexto justifican las sospechas, pero aun cuando las interpretaciones de algunos hechos que aparecen interpretados de otra forma entre los "hechos probados" de la sentencia resulten chocantes, hay que reconocer que el juez se basa en interpretaciones de los peritos que peritaron los propios vídeos. También, el juez alega que el cambio de la acusación de agresión sexual a abuso sexual después de la instrucción del caso produce indefensión en los acusados por la imposibilidad de la defensa de reelaborar su estrategia, y esto también parece razonable, quienes aducen que esto sería un mero fomalismo no entiende que precisamente la justicia es un formalismo, esto es, un mecanismo que obedece a ciertos principios formales que existen tan solo para garantizar la imparcialidad y el respeto a los derechos básicos de los implicados. En fin, no puedo decir, y no creo, que el voto particular sea el punto de vista correcto (incluye una larga introducción en que hace un metajuicio sobre la influencia de los medios y la presión social que suena a excusatio non petita), pero es injusto decir que es arbitrario. No modifico el texto de la entrada porque considero que no sería honesto, esta entrada expone mi parecer en las circunstancias en que fue escrita.
          
2. No pretendo juzgar a ninguna mujer que voluntariamente quiera tener una experiencia sexual como la descrita, es perfectamente posible y legítimo, no pretendo hacer un juicio sobre hábitos sexuales, solo faltaría. Me aterra el hecho de que algunos varones presupongan por defecto que lo más plausible es que cualquier mujer esté predispuesta a ello, que no sea necesario tener la más mínima consideración, reevaluar las circunstancias, tomar el en cuenta el grado de intoxicación etílica de dicha persona o su vulnerabilidad relativa en una situación semejante. Cierto sector del feminismo lo ha llamado falta de empatía (y concluye que el sexo sin empatía es violación, algo con lo que no puedo estar más en desacuerdo), yo lo llamo sencillamente falta de respeto (esto es, de atención a la dignidad del otro).




jueves, 8 de diciembre de 2016

"Feminazi" is not one of my words

          Durante una conferencia a la que asistí hace tiempo, Robert Brandom relató una anécdota del juicio a Oscar Wilde por sodomía e indecencia. Defendiéndose de las preguntas del hostil interrogatorio de la fiscalía, que trataba de demostrar su exaltación de la obscenidad, Wilde habría respondido serenamente "'Obscenity' is not one of my words" ("'obscenidad' no es una de mis palabras'). Estas palabras de Wilde se emplean en ocasiones en discusiones filosóficas acerca del realismo moral pues implicarían que no existe un hecho o propiedad moral a los que refiera la palabra "obscenidad", y que por tanto la frase "x es obsceno" sería falsa. No creo que esa conclusión realista sea forzosamente correcta, pero no es mi intención discutir aquí acerca de metafísica de la moral, sino hacer mía la afortunada expresión de Wilde. Lo que el genial autor irlandés pretendía subrayar es que para poder pecar hay que ser creyente, no existe el pecado si no existe Dios. Seguirán existiendo las malas acciones, sí, pero hay muchas que desaparecerían de la lista, verbigracia, el sexo prematrimonial, la masturbación, no santificar las fiestas, la falta de recato...
          En los últimos tiempos se ha convertido en tendencia llamar al oprimido opresor, siempre que trate de resistir a la opresión. Todo oprimido que no sea manso es tachado de intolerante. Así, un renacido antisemitismo se disfraza de antisionismo, las víctimas del terrorismo son acusadas de intransigentes por no dorarle la píldora a quienes estuvieron en la cárcel precisamente por colaborar en conventirlas en víctimas y finalmente son las mujeres feministas quienes en realidad son la causa de la misoginia y el sexismo.
          Rosa Díez, por ejemplo, ha sido insultada y linchada, ha sido tratada de fascista e intolerante... precisamente por resistir a la opresión de un nacionalismo fascista e intolerante, del terrorismo etarra y el matonismo de sus socios políticos. Rosa Díez defendía la ilegalización de aquellas asociaciones que colaboraban en la sombra con el terrorismo, o que al menos se negaban a condenarlo (yo personalmente no estaba de acuerdo en esto), luego era intolerante... y lo que hacían aquellos que esos políticos tan tolerantes se negaban a condenar, el tiro en la nuca, en cambio era luchar contra la opresión. Quien emplea la palabra en el parlamento pidiendo que se haga justicia mediante la ley es intolerante, quien asesina o confraterniza con los asesinos es la víctima. Rosa Díez era violenta por no doblar la cerviz como corresponde al buen oprimido.
          Recientemente han proliferado vídeos de youtubers famosos, artículos en periódicos y entradas de blogs contra el feminismo (a veces con pequeñas apostillas como "moderno" o "radical") y finalmente va imponiéndose el término "feminazismo" entre machirulos y no tan machirulos. ¡Genial! No habíamos conseguido convencer aún de que lo de "ni machista ni feminista, yo persigo la igualdad" es como decir "ni racista ni antiracista yo persigo la igualdad", y ya directamente se vincula el feminismo con el nazismo.
          "No todo el feminismo" dirán algunos, solo el radical. Traduzco: solo el que toca los huevos de verdad. Una vez más la ecuación descrita más arriba: la protesta y lucha enérgica contra la opresión es tildada de agresión, se quiere oprimidos dóciles, que para eso están oprimidos.
          El feminismo es un movimiento muy rico, y hay feministas de todos los colores (también algunos que defienden una ortodoxia con tendencia a excluir algunos colores, sí), igual que ecologistas, liberales... El feminismo admite el disenso más allá de unas ideas básicas (que he tratado de sintetizar de forma muy sencilla en mis entradas de "Feminismo para dummies" I, II y III), lo que un autoinvestido apóstol del feminismo diga o haga no es lo que el feminismo es, lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te haga no te lo hace el feminismo, ni aún cuando diga hacerlo o decirlo en nombre del feminismo. Y en cualquier caso lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te hagan no es nada comparado con lo que las ex-mujeres, las madres, las hijas, las hermanas, las amigas y las novias vienen sufriendo por el simple hecho de tener dos cromosomas X. Contra el sexismo no cabe la equidistancia, y luchar contra el machismo no es intransigencia de la misma forma que no lo es luchar contra cualquier otra forma de intolerancia. Es, por el contrario, un imperativo moral. Una vez entendido esto podremos discutir sobre el alcance de la dicotomía sexo/género, sobre el uso o abuso de conceptos como "mansplaining" y el papel de los varones dentro del feminismo (tengo pendiente una entrada sobre esto), sobre el uso de lenguaje inclusivo (a la vista está que no soy partidario), sobre qué medidas y términos son más adecuados para combatir la violencia machista, sobre la discriminación positiva (en este caso sí soy partidario), sobre el alcance de las estructuras de la sociedad patriarcal, sobre si la ley del aborto ha de ser de supuestos, de plazos o ha de defenderse el aborto libre, el alcance de la distinción público/privado...
          El feminismo es un movimiento que persigue la igualdad y además es una teoría viva, en evolución, con un rico y fecundo debate de ideas (de hecho yo tiendo a preferir hablar de "feminismos"). Por ello el término "feminazi" no refiere a realidad alguna, es tan solo una forma en que el opresor pretende dar la vuelta a la tortilla y aparecer como víctima. Volviendo a Wilde, pensemos en lo que el uso del término "obscenidad" implica: hay algo que tú haces que me escandaliza y ofende mi pudor, esto es, soy víctima de tus acciones... y eso lo dice el que va a encarcelar a alguien por su orientación sexual. Es lógico que Wilde no aceptara el uso de un término que lo condenaba por su sola existencia, pues habría supuesto aceptar que él, auténtica víctima de la opresión, ejercía una forma de violencia sutil que justificaría la represión a la que se veía sometido.  Yo no soy, como Wilde, como las mujeres, un oprimido, y con más razón por ello mismo solo puedo decir una cosa: "feminazi" is not one of my words.
          

domingo, 22 de diciembre de 2013

El aborto en un par de argumentos y un experimento mental

          El PP ha decidido que volvamos a la ley del aborto de 1986, empeorada (salvo en lo que respecta al hecho de que en ningún caso la mujer tendría responsabilidad penal). Al igual que con la LOMCE, parece que el PP ha decido atender a sus sectores más conservadores y ahondar en la intrusión de los principios religiosos en la esfera pública, esto es, restringir las libertades y hacer retroceder el conocimiento científico frente a una concepción particular del bien. Cuando es en un país árabe a esto se le llama teocracia, aquí, "proteger a los más débiles" y "legislar siempre en interés de la mujer", claro, no vaya ser que la pobre se condene. Gracias a Dios [sic] papá Estado vela por ella.
          Un sector del Partido Popular y los antiabortistas tienen la extraña convicción de que se aborta a la ligera, que es una suerte de capricho, que poco menos se hace por maldad o casi por integrismo político, pero el hecho es que verse en la necesidad de abortar es una situación que nadie busca y que nadie desea, es por sí misma una tragedia. Y ante la tragedia cabe hacer dos cosas, tratar de paliarla o negarla y fiat iustitia, pereat mundus.
          Hay ciertamente embarazos no deseados que son fruto de la irresponsabilidad (negarlo sería cínico), pero también hay embarazos deseados que dejan de serlo (porque la pareja nos abandona, porque descubrimos que nos engaña o porque deseábamos un niño sano y no un bebé anencefálico, por ejemplo), hay tantas situaciones distintas como mujeres embarazadas. Una primera prevención para tratar el problema del aborto es huir de estereotipos.
          No conozco ningún argumento a favor de la interrupción voluntaria del embarazo que sea definitivo (y viceversa), no pretendo simplificar la cuestión. De hecho considero que de todos los problemas clásicos de la bioética, este dilema es el más complejo. Soy padre por partida doble, y no me falta empatía con embriones y fetos, porque he querido a mis hijos cuando no eran más que eso aún. El problema es pues endiablado y por eso requiere de un tratamiento muy preciso y matizado, sin simplificaciones groseras. Y así es como, sencillamente, actúa la ciencia, con un análisis pormenorizado de los hechos, sin embargo los discursos de carácter religioso son tajantes, se permiten opiniones del tipo: "desde el momento de la concepción hay persona porque hay alma". Ahora, desde Condorcet sabemos que las leyes deben basarse en los saberes y no en las opiniones, como ya traté de demostrar aquí. Permítanme una reducción al absurdo para refrendar la idea de que la religión no debe ser un agente legislador en ningún caso, pero menos aún en una cuestión como la del aborto: si el aborto debe estar prohibido porque mi religión asegura que en el cigoto hay un alma humana, supongamos que mi religión defendiera que existe la reencarnación y que hay un alma humana encerrada en todo animal, ¿habría que considerar legalmente homicidio el sacrificar a cualquier animal para alimentarse de él?
          La cuestión es que mis creencias religiosas no deberían contar lo más mínimo a la hora de legislar. ¿Y si me diera por defender que hay un alma humana no ya en el cigoto, sino en los gametos masculinos? ¿Debería la ley perseguir y penar la masturbación o la contracepción? ¿Cuándo y por qué razón habría que empezar a tener en cuenta una religión a la hora de legislar en una sociedad científica democrática? ¿Es cuestión de número, de tradición? Ambas posibilidades son falacias: la verdad de un enunciado no depende de que una mayoría lo suscriba (falacia ad populum) ni de que siempre haya sido tenido por verdad (falacia ad antiquitatem). Y por ello, mejor centrémonos en los hechos.
          En lo que sigue trataré de profundizar en la idea de que el conocimiento científico y la razón han de guiarnos en cuestiones de bioética, y no concepciones particulares del bien, aportando con ello un par de argumentos a favor del derecho a decidir de la mujer sobre su cuerpo interrumpiendo voluntariamente su embarazo. Finalmente reproduciré un conocido experimento mental de Judith Thomson que pretende guiar nuestras intuiciones a favor de dicho derecho.

          Según la embriología humana, el futuro niño, desde la unión de los dos gametos, pasa por las siguientes fases: cigoto (primer día), embrión (a partir de las 22 horas, al 4º día recibe el nombre de mórula y al 5º día el de blastocisto, y se parece ya a la idea que tenemos de un embrión, con proto-órganos, en torno a la 5ª semana) y feto (a partir de la 9ª semana). Esto sería un blastocisto:


          Y esto un feto:


          Sin blastocisto no hay feto y sin feto no hay niño, pero ¿es por ello lo mismo un blastocisto, que un feto y que un niño? ¿Es lo mismo una semilla que un árbol? La religión tiene las cosas claras: sí. Yo les insto a mirar las fotografías anteriores para hacerse una idea de mi propio punto de vista, que se resume en lo siguiente: un embrión no es una persona, aún, y tampoco es algo absolutamente ajeno a una persona, es una persona en potencia, la posibilidad de ser una persona. ¿Y en qué medida podemos legislar tratando de proteger personas en potencia?
          El problema de los seres en potencia es que casi cualquier cosa es un ser en potencia (el deseo de tener un hijo es también un hijo en potencia y mis espermatozoides y los óvulos expulsados en la menstruación) y que, de hecho, no son aún más que una posibilidad, podrían no llegar a actualizarse nunca (podría tener lugar un aborto espontáneo), pero da la impresión de que habría que legislar sobre seres humanos en sentido propio y no seres humanos posibles, o de lo contrario deberíamos por ley obligar a tener cuantos hijos fuera posible pues no actualizar cualquier ser humano en potencia sería negarle el derecho a vivir. Discutir acerca de seres humanos en potencia da lugar a problemas de lo más peregrino: imaginemos a una mujer joven, sin recursos y abandonada con un embarazo no deseado, una mujer en cuyo plan de vida encajaba tener tres hijos más adelante con una pareja estable, pero si se viera obligada a tener ese hijo que no desea decidiría no tener más. ¿Qué es mejor, uno en potencia o tres en potencia? ¿Qué deberíamos hacer, obligarla a dar a luz a su hijo condenando a los demás a no llegar a nacer? Las posibilidades de ser no permiten decidir... o tal vez sí, porque todos nos damos cuenta de que hay una diferencia entre un embrión y el deseo de tener un hijo, por muy niños en potencia que sean ambos. Ahora, si podemos distinguir entre el deseo de tener un hijo y un embrión, también podemos hacerlo entre un blastocisto, un embrión de ocho semanas, un feto de tres meses y otro de siete. Y somos capaces porque atendemos a la realidad de los hechos, no a seres en potencia. La ley se aplica a los seres en acto, y entre esos seres es fácil matizar y distinguir entre un feto el día antes de nacer y el blastocisto, y pretender que en ambos casos hablamos de una misma cosa, de un ser humano en potencia, es cometer una falacia de pendiente resbaladiza.

          Centrémonos entonces en los seres en acto, un blastocisto, un embrión, un feto, son algo. ¿Son lo mismo? ¿Qué nos permite distinguirlos? ¿Merecen todos la misma consideración? Normalmente nuestra moral nos lleva a relacionarnos con los demás según dos principios: la prohibición de hacerlos sufrir y el respeto a su autonomía . ¿En qué medida afectan a nuestra relación con el nasciturus? Estos principios nos obligan a responder a dos preguntas que solo la ciencia puede responder:
          1/ ¿A partir de qué momento el feto es capaz de sentir dolor o de sufrir?
          2/ ¿A partir de qué momento el feto es capaz de vivir autónomamente (sin parasitar el cuerpo de la gestante)?
          Respondiendo a la primera pregunta, el consenso científico más amplio es que esto tiene lugar alrededor de la semana 24 de gestación (aunque algunos quieren hablar de sufrimiento fetal a partir de la semana 20).
          Respondiendo a la segunda pregunta, ha habido algún caso excepcional en que gracias a los avances terapéuticos un bebé prematuro ha sobrevivido incluso naciendo en la semana 22, pero se tiende a considerar que en los países desarrollados un bebé prematuro puede sobrevivir sin graves secuelas a partir de la semana 24 de gestación.
          Podríamos por tanto decir que antes de la semana 24 el feto no posee autonomía (no es un individuo independiente de la gestante, sino más bien parte del cuerpo de esta, lo cual parece reforzar la idea del derecho de esta a decidir sobre su cuerpo) ni capacidad de sentir dolor (y por tanto no se le puede causar sufrimiento, pues vive en un estado semejante al de muerte cerebral). En cierto sentido pues, el feto antes de la semana 24 vive en estado vegetativo, sobrevive sostenido artificialmente por la madre. Parece por tanto que hasta ese momento debería prevalecer el derecho a decidir de la madre (tiempo suficiente para ejercerlo, por otra parte) y a partir de entonces no podría dejarse de tomar en consideración el derecho del feto a ser protegido y amparado por el Estado aún no siendo una persona todavía (estatuto que, religión aparte, otorga el haber nacido).
          La ley vigente permite el aborto libre hasta la semana 14 de embarazo y excepcionalmente "en casos de graves riesgos para la vida o la salud de la madre o el feto" se amplía hasta la semana 22 y más allá si se detectan "en el feto anomalías incompatibles con la vida" o "una enfermedad extremadamente grave e incurable". Esos plazos y estos supuestos parecerían tomar en consideración el bienestar del feto y protegerlo suficientemente atendiendo a criterios razonables (aunque podría discutirse sobre la forma de aplicarse dichos plazos y su cronología).


          Hasta aquí el punto de vista del nasciturus, pues hay otro protagonista en el dilema del aborto, y si de seres en acto y no en potencia se trata, yo diría que el principal protagonista: la madre. La madre es autónoma y está dotada de un sistema nervioso, piensa, siente y padece pues. Podemos defender su derecho a decidir desde muchas ópticas diferentes: aludiendo a que el aborto es un mal menor puesto que muchas madres, aún siendo ilegal, deciden llevarlo a cabo de forma clandestina con grave riesgo para sus vidas (de hecho el llamado aborto inseguro es una de las principales causas de mortalidad materna en el mundo), o que no se salvaguarda la vida del nasciturus prohibiendo el aborto dado que podría practicarse en países colindantes con legislaciones menos restrictivas. Pero lo interesante del experimento mental de Judith Thomson en su clásico articulo "A Defense of Abortion" de 1971 es que nos recuerda hasta qué punto el centro del debate es o debería ser el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, y hace esto dejando de lado la cuestión de si hay o no un ser humano en su cuerpo, si es o no una persona. Vamos a dar por hecho que sí:

          “Te despiertas una mañana y de espaldas a ti se encuentra en la cama un violinista inconsciente. Un famoso violinista inconsciente. Se ha comprobado que tiene una enfermedad renal grave, y la Sociedad de Amantes de la Música sondeó todos los registros médicos disponibles y encontró que sólo tú tienes el tipo de sangre requerido para ayudarlo. Por ello, te han secuestrado y esa noche han conectado el sistema circulatorio del violinista al tuyo, así tus riñones podrán ser usados para extraer el veneno de la sangre de él, así como el de los tuyos. El director del hospital te dice: 'Mire, nosotros sentimos que la Sociedad de Amantes de la Música haya hecho esto  –si lo hubiésemos sabido nunca lo hubiésemos permitido. Pero el hecho es que ha ocurrido y el violinista está ahora conectado a usted. Desenchufarlo sería matarlo. Pero no importa, es sólo por nueve meses. Para entonces, ya se habrá recuperado de su enfermedad y con seguridad podrá serle desconectado.' ¿Es moralmente vinculante para ti acceder a esta situación? No cabe duda de que sería muy amable de tu parte si lo hicieras, una gran bondad. ¿Pero tienes que acceder a ella? ¿Qué pasa si no fueran nueve meses, sino nueve años o todavía más?, ¿qué pasa si el director del hospital dice: 'Mala suerte, estoy de acuerdo, pero ahora tiene que permanecer en la cama, con el violinista conectado a usted para el resto de su vida. Porque recuerde, todas las personas tienen derecho a la vida y los violinistas son personas. Sin duda usted tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, pero el derecho de la persona a la vida pesa más que su derecho a decidir lo que ocurre en su cuerpo. Así, nunca podrá ser desconectado de él.' Me imagino que tú considerarías esto algo indignante (...)."

          Lo interesante de esta analogía es que deja claro cómo y por qué podríamos limitar el derecho a la vida (cosa que de hecho hacemos, pues consideramos legítimo, por ejemplo, matar en defensa propia) partiendo del supuesto más radical, que el feto es una persona viva como el violinista del ejemplo, pues sin embargo Thomson defiende que "tener derecho a la vida no garantiza que uno tenga derecho a usar el cuerpo de otra persona o a que se le permita continuar usándolo, aunque uno lo necesite para la vida misma". El derecho a la vida del feto no agota, pues, el debate. Por ello me inclino porque sea tenido en cuenta el desarrollo del feto, su autonomía y su capacidad de sufrir, pero sobre todo la libertad de la mujer, además de otras consideraciones no desarrolladas aquí como la mortalidad materna o el bien que se le hace a los bebés mismos que vayan a presentar graves malformaciones al nacer. La nueva ley del aborto es en este sentido un gran paso atrás, uno más de este gobierno, que debería haberse limitado a corregir las imperfecciones o los puntos más polémicos de la actual ley de plazos que corregía los graves defectos de la anterior ley, a la que esta nueva nos retrotrae. Ruiz Gallardón suma y sigue...

viernes, 3 de agosto de 2012

El problema de España

          "La decadencia española consiste pura y simplemente en falta de ciencia, en privación de teoría" sentenciaba Ortega hace poco menos de un siglo, y me temo que esto no es menos cierto ahora. Para Ortega, España en sí misma era un problema filosófico pues, a diferencia de Europa que representaría la actitud científica, nuestro país trataba de construir el conocimiento sobre los cimientos de un subjetivismo visceral. Frente al rigor, la precisión y el método del objetivismo europeo que garantiza una discusión racional como camino hacia la verdad, en España "alabamos o contradecimos con los nervios" sobre cuestiones no definidas previamente, confusas, tratadas sin método alguno y sin acuerdo sobre los criterios que permitirían a una de las partes en liza ceder ante los argumentos de la otra parte. El objetivismo europeo permite la construcción de teorías, de las que se compone la ciencia, mientras que el voluntarismo español no genera sino ideales (ni siquiera ideas), que nunca logran constituir un saber en tanto son puramente subjetivos, y por tanto inconmensurables.
          Es cierto que Ortega abandonó esta primera etapa objetivista dando paso al perspectivismo, y que la posmodernidad en que vivimos representa el fin de los grandes relatos, pero cabe entender ambos hechos no como el fin absoluto de la objetividad y de los metarelatos históricos, sino del dogmatismo objetivista y teleológico de la modernidad, esto es, la asunción de que nuestra fe en la razón y la historia debe cohabitar con una cierta distancia irónica (algo así como las reservas con que Sócrates trataba el conocimiento aun estando dispuesto a defenderlo con su vida). Creo que el diagnóstico de Ortega es acertado, "España es el problema y Europa es la solución". No, obviamente, por el inminente rescate, sino desde el punto de vista de la actitud respecto del conocimiento, del método, del rigor, del esfuerzo y el trabajo incluso. España (y el resto de países rescatados o en vías de rescate) está aún a medio europeizar, y quiero tentar aquí un pequeño relato indagando sobre las causas de este atraso que dura ya siglos y que ingenuamente creímos haber enterrado, pero que la realidad se ha ocupado de sacar de nuevo a la superficie de forma brutal.
          Mi metarelato no es muy original, es también bastante clásico: la culpa la tiene la Iglesia. Pero no la institución, sino los valores que esa institución representa y que han ido calando hasta el tuétano de los españoles, incluso de aquellos que ahora no reconocen autoridad alguna a la Iglesia sino todo lo contrario (porque aquí, la izquierda, es tan católica en su izquierdismo como la derecha en su derechismo, de ahí esas frases manidas, tontorronas y en el fondo ultraconservadoras de "Jesús era de izquierdas" que con cierta autocomplacencia recitan como una letanía algunos pseudoateos de la pseudoizquierda). Y creo que concretamente atenaza el progreso de España un valor, o una idea: esfuerzo equivale a sacrificio.
          A poco weberiano que se ponga uno, creo que es difícil no atribuir parte de nuestro desastre a la cultura del catolicismo frente a la del protestantismo, de ahí la gravedad de la crisis en Portugal, Irlanda, Italia, España y en la ortodoxa Grecia. La del catolicismo es una cultura del pelotazo espiritual que se aplica a la vida en general, un arrepentimiento de última hora permite obtener el máximo premio, que en el caso del protestantismo es incierto. Basta la extrema unción y por arte de birlibirloque una vida de latrocinio es purgada y el paraíso queda asegurado. La tan cacareada cultura del esfuerzo de la derecha española es irreal porque en la cultura católica el esfuerzo se entiende como sacrificio, no como trabajo. En España el sufrimiento es un fin en sí mismo, es nihilismo puro, es el dolor por sí solo lo que acerca a Dios y no la prosperidad que resulta del mérito. La desgracia es lo que garantiza el Cielo, la prosperidad no es un indicio, como en el protestantismo, del amor de Dios, pues se sobreentiende que dicha prosperidad no tiene que ver con el trabajo sino con la buena familia, el apellido, la nación, las creencias... o en general con estar en el bando de los buenos. Lo importante es pertenecer a la ecclesia, a la comunidad (adecuada, auténtica, pura). Así que de cultura del mérito y el esfuerzo, nada, vivimos en una especie de aristocracia salvífica.
          Un elemento que los países de la Europa mediterránea tienen en común (y diría que no es sino un corolario del catolicismo) es el machismo, que es lo que hace, entre otras cosas que la productividad no se mida en objetivos cumplidos, sino en tiempo. Esos machotes que parecen odiar a su familia y entienden el trabajo como pasar el día en la oficina sin llegar a casa más que cuando los hijos están dormidos, o como mucho listos para un besito de buenas noches, conducen a esa demencial jornada laboral del sector privado que empieza tarde y acaba más tarde aún, con una enorme pausa para comer. Una vez más el esfuerzo se entiende como sacrificio y no como trabajo: hay que sacrificar la familia, o las vacaciones, o los hobbies, o, ¿por qué no?, la felicidad. En España lo que mide el esfuerzo realizado es el tiempo dedicado a la labor que sea y no los resultados obtenidos, se paga la hora extra, no el contenido de dicha hora, se entiende que trabaja mucho quien pasa muchas horas en el trabajo. A parte de porque pone el acento no ya en el trabajador sino en el empleador, el cambio de nombre del Ministerio de Trabajo por el de Ministerio de Empleo es significativo, pues un empleo se define en el fondo por la pertenencia a una plantilla (una vez más no importa el hacer, sino el ser, el pertenecer) pero el trabajo consiste en la labor realizada, en la tarea, en la producción. Las agencias de empleo son agencias de colocación, precisamente lo que hacen al emplear es colocar a alguien en un lugar, ubicarle. Nótese la diferencia entre "he conseguido trabajo" y "he conseguido un empleo", ambas expresiones no son equivalentes, en la primera se sobreentiende que uno ha encontrado una labor que realizar (remunerada por supuesto), en la segunda una colocación, una fuente de ingresos (sea la labor que sea). La diferencia es sutil, pero por eso puede encontrarse "trabajo" pero no "empleo" sino "un empleo", esto es, una forma de ser empleado, una utilidad para alguien. De los escalones que distingue Hanna Arendt, no es que no alcancemos el nivel de la vita activa, es que ni siquiera alcanzamos el de homo faber, somos meros animal laborans. No se valora otro fruto del trabajo que el que sea medio de subsistencia, porque en eso consiste precisamente el sacrificio (esto es, según nuestra cultura, el esfuerzo) en renunciar a disfrutar la vida por sí misma, incluso en la acción productiva, el trabajo será mera ocupación, el premio está más allá de la vida. Y así es imposible generar un sistema productivo competitivo, dado que no creemos en esa competición, sino en la remuneración del tiempo de sufrimiento, que es lo que entendemos por trabajo, y por ello nuestro sector privado en gran parte no participa del liberalismo, sino de una cultura de la subvención (por poner un ejemplo, la mayor parte de colegios privados no busca clientes para su servicio, busca el concierto, esto es, que el Estado subvencione su servicio).
          En fin, deberíamos entender el trabajo como praxis, como acción transformadora, pero no, es mero "sudor de la frente" con que ganar el pan, aunque eso no debería preocuparnos porque, ya se sabe, frente a nuestra desidia y desdicha, Dios (el Estado, la nación, el partido, papá...) proveerá.

sábado, 4 de junio de 2011

Feminismo para dummies I

          Muchos de los comentarios que ha suscitado la decisión de la comisión de feminismo de dejar la acampada de Sol revelan una manifiesta hostilidad hacia el movimiento de liberación de las mujeres. Y aunque gran parte de esta hostilidad se debe a machismo puro y duro (y sí, dicho machismo puede venir de parte de mujeres, no es privativo de los varones), en algunos casos se debe tan solo al desconocimiento de lo que es el feminismo. Para esas personas que no son antifeministas pero no lo saben, he aquí una semblanza muy básica (y necesariamente reductora) del feminismo.
          Lo primero es señalar que no existe exactamente "el feminismo", sino más bien "los feminismos", fundamentalmente dos: el de la igualdad y el de la diferencia. La convivencia entre estas dos corrientes no ha sido siempre fácil, y creo que muchos de los mitos que circulan acerca del feminismo que conducen a tacharlo de hembrismo (el reverso femenino del machismo), se deben a algunas argumentaciones extremas a las que llegó la vertiente de la diferencia para hacerse más visible dentro del movimiento feminista. Cada vez es mayor la conciliación entre ambas facciones, pero de aquellos barros nos vienen algunos lodos.
          El feminismo de la igualdad considera que varones y mujeres son esencialmente iguales, y que dicha igualdad esencial implica que no hay diferencias significativas en sus capacidades, con lo cual miembros de ambos sexos deberían desempeñar en completo pie de igualdad las mismas actividades. Una frase histórica de la revolucionaria francesa Olympe de Gouges resume este sentir: "Si las mujeres tienen derecho a subir al patíbulo, también deben tenerlo a subir a la tribuna."
          El feminismo de la diferencia considera que existen partes esenciales de aquello en lo que consiste ser mujer que la lucha por la igualdad ha desdibujado, lo que ha llevado a las mujeres a negarse a sí mismas y a despreciar actividades asociadas tradicionalmente al género femenino cuya importancia había sido invisibilizada y que habría que destacar. Una de las divisas de esta facción es la de "lo privado también es público".
          Como he dicho más arriba, estas dos corrientes han defendido en ocasiones tesis contradictorias que las han llevado a enfrentamientos directos, pero creo que puede afirmarse que hay al menos tres ideas en las que coinciden la inmensa mayoria de feminismos:
               - No existe aún, ni ha existido nunca, una igualdad efectiva entre varones y mujeres (por ejemplo, es un hecho que la inmensa mayoría de los ingenieros en España son varones).
              - Los varones han dominado y aún dominan a las mujeres (por ejemplo, respecto al poder económico, las mujeres representan la mitad de la población mundial pero poseen una décima parte del dinero que circula por el mundo y una centésima parte de todas las propiedades, según datos de Naciones Unidas).
               - Las mujeres no son ni superiores ni inferiores a los varones, aunque ello no significa que sean equivalentes (por ejemplo, el cerebro de un varón y el de una mujer no son idénticos, el de aquel suele estar mejor preparado para resolver problemas de orientación espacial y el de ella para problemas de cálculo, pero dichas diferencias no conllevan superioridad ni inferioridad intelectual alguna).
          Estas tres ideas no hacen sino señalar un hecho: constatan una desigualdad injusta en favor del varón, que difícilmente nadie podrá negar. Y dado que esta desigualdad es injusta, el feminismo consiste en la lucha por deshacer esa injusticia. El objetivo es claro y compartido por la práctica totalidad de los feminismos, aunque existen numerosas divergencias en cuanto a los medios a emplear para lograr dicho objetivo: la igualdad efectiva entre varones y mujeres.
          En ningún caso el feminismo es el extremo contrario del machismo, porque el feminismo no defiende la superioridad de la mujer sobre el varón, solo siglos de dominación masculina nos hacen en ocasiones percibir legítimas demandas en favor de la igualdad como intentos de sustituir la tiranía del varón por la de la mujer. Por ello la primera medida del feminismo es quitarnos las anteojeras sexistas, que por desgracia llevamos muy firmemente asentadas.
         
          Para terminar, quisiera explicar por qué tiene sentido que en Sol haya un cartel que reza "la revolución será feminista, o no será". Tradicionalmente los movimientos emancipatorios se las han apañado para, o bien apartar a las mujeres de la lucha, o bien utilizarlas sin ser sensibles a su propia lucha. Así la revolución francesa culminó con una Declaración Universal de Derechos del Ciudadano que no incluía en la categoría de "ciudadano" a las mujeres, y la II República Española concedió el voto a las mujeres aunque las izquierdas empleaban como argumento para negárselo que "el voto de las mujeres era un voto de derechas" (y por apoyar el voto femenino, Clara Campoamor no fue admitida en Izquierda Republicana). La lucha de las mujeres es especialmente complicada porque el sexo es una categoría transversal: la mujer puede ser negra, pertenecer al tercer mundo, pertenecer a una clase social oprimida... y siempre se le pide que renuncie a su propia lucha en aras de una lucha de orden superior. Pues bien, no hay ninguna lucha por encima de aquella que persigue reparar una injusticia que comete la mitad de la humanidad sobre la otra mitad, y que además no es incompatible con cualquier otra lucha., y por ello el movimiento 15M ha de ser feminista, aunque solo sea en sus formas.

P.S. He tratado de ser tan conciliador como he podido con los muchos feminismos que existen (al fin, tantos como feministas) y sé que faltan cosas importantes (como la distinción entre sexo y género, qué es el patriarcado), pero no se trataba tanto de hacer aquí un artículo enciclopédico sobre el feminismo como de mostrar mi solidaridad con nuestras compañeras de Sol.
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