Mostrando entradas con la etiqueta Transición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transición. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de enero de 2016

Parlamentarismo

          El día llegó, por fin es obvio que España es un sistema parlamentarista y no presidencialista. Por fin será fácil distinguir entre poder ejecutivo y poder legislativo. Por fin cuando explique la diferencia entre sistemas presidencialistas y parlamentaristas y diga que España pertenece a lo segundos, mis alumnos en clase de Educación Ético-Cívica entenderán algo. ¿Qué es eso de que el Congreso de los Diputados puede rechazar una ley propuesta por el gobierno? ¿Qué, que gobierno y partido con mayoría en el Congreso no son sinónimos?
          Toca formar gobierno con un Congreso de los Diputados fragmentado, tras más de treinta y cinco años de existencia el parlamento español se somete a una prueba que demuestre que ya puede salir de su autoculpable minoría de edad, que no somos aquel país que necesitaba mayorías amplias en el Congreso porque veníamos de una dictadura precedida por una guerra civil y no sabíamos de qué iba esto de ceder y votar leyes que no había diseñado uno mismo. La duda es, ¿realmente han madurado nuestros políticos, somos capaces de superar la prueba? Por lo escuchado estos últimos días, lo dudo.
         El Presidente en funciones ha renunciado a buscar una mayoría para gobernar (no es tan grave, prácticamente ha gobernado renunciando a gobernar), el programa de gobierno de Pedro Sánchez parece agotarse en ser Presidente y a la izquierda del PSOE cada célula parece hacer la guerra por su cuenta y no pide, exige. Apenas hay países europeos en que no hayan existido gobiernos de coalición. España es una anomalía, y es fácil entender por qué, aquí los partidos entienden la política en sentido schmittiano: el otro es el enemigo y el pluralismo del parlamento es solo una ficción útil, no hay acuerdo posible entre izquierda y derecha. Nada. Nuestros políticos no saben lo que es un parlamento, así de simple. Pero vivimos un momento esperanzador porque los resultados de las últimas elecciones les obligan a aprender lo que es. A la fuerza ahorcan.
         Y aún así, diríase que se resisten a asumirlo, y unos y otros aún aspiran a imponer de forma hegemónica y unilateral medidas a la otra mitad del parlamento siguiendo con el argumento de "vosotros tuvisteis vuestra oportunidad, ahora nos toca". No habrá canovismo de partidos ya, pero sigue habiéndolo de ideologías: la democracia no es pluralismo político parecen pensar, solo alternancia entre monopolios ideológicos que son compartimentos estanco. ¿Discutir, ceder, acordar? ¡No diga tonterías por favor! ¡Esto es un parlamento, ni que fuese una junta de vecinos! Cada partido cree que solo su fórmula es útil, ¡que le den a los hechos!, lo que hace buena mi fórmula es precisamente que es mía, yo soy gente y los otros gentuza. Sí, Carl Schmitt estaría orgulloso de España.
         Somos muchos los que creemos que lo que se ha venido haciendo en este país con las distintas leyes de educación es un desastre, y que dicho desastre habría podido evitarse tal vez con un Congreso de los Diputados que hubiese obligado, contra su voluntad, a llegar a un consenso a partidos sin mayoría absoluta y sin posibilidad de formar gobierno estable con muleta nacionalista. Imaginémonos dicha situación y valoremos las virtudes del parlamentarismo de las que hasta ahora no hemos podido disfrutar y a las que aún nos resistimos. Recordemos que en la primero tan ensalzada y ahora tan denostada Transición le fue posible entenderse mediante un afán aristotélico por el bien común a personas no solo de ideologías opuestas, sino que se tenían mutuamente por asesinos. Que ahora muchos de nuestros representantes sean electoralistas y partidistas, o incluso niñatos que parecen no entender bien el momento crítico en que se encuentra el país (o lo entienden demasiado bien y lo que desean es llevarlo a su colapso final), no parece una barrera insuperable para el entendimiento.
          ¿Y qué decir de reformar la Constitución? La ausencia de mayorías absolutas podría hacerlo posible (y yo creo que es necesario), ahora, lo que hace falta es un acuerdo si no absoluto, casi. Ya hay algunos que andan calculando que bastaría con tener dos tercios de la cámara. ¿Bastaría para qué? ¿De verdad cambiaríamos una Constitución, con todos sus defectos, con la aprobación de la inmensa mayoría del Congreso en su día, y de la ciudadanía, por otra aprobada pírricamente por la mayoría suficiente del Congreso? Por poner un ejemplo: personalmente quiero vivir en una república, pero solo si va a ser una república de todos (o de la inmensa mayoría), si va a ser la república de las fuerzas de izquierda entonces no es mi república, no puede no contarse con la mitad de la población para definir la Constitución del país. Así, hay muchos que lamentan la imposibilidad de reformar la Constitución dada la mayoría del PP en el Senado, que pondría freno a cualquier reforma aprobada por el Congreso de los Diputados. Pero eso no es que haga imposible la reforma, es que la hace indeseable, ¿cómo puede plantearse la posibilidad siquiera de cambiar la Constitución sin la derecha, sin la participación del partido más votado? Insisto: parlamentarismo, se llama parlamentarismo, y exige llegar a acuerdos y por lo tanto ceder (también, o tal vez sobretodo, al partido más votado).
          ¿Qué tipo de acuerdos? No sé, ¿qué criterio podría haber que sirviera de base contra maximalismos ideológicos? A ver... ¿el bien común? Volvamos al ejemplo de las leyes educativas. La LOMCE nació sin consenso y por eso estaba condenada. Lo mismo las leyes anteriores (aunque quiero recordar que hubo un Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que buscó el consenso y estuvo dispuesto a ceder en aspectos importantes, y el electoralismo del PP, que ya se veía gobernando, hizo fracasar dicho consenso). Por otra parte, cada ley educativa se ha venido basando en una gran idea fuerza como prejuicio pedagógico-ideológico que hiciera de principio rector de toda la ley. Así, oímos eslóganes baratos como "educación comprensiva", "educación y no instrucción", "cultura del esfuerzo", "cultura del emprendimiento" y demás ocurrencias. Lo que hay que hacer, no obstante, es evidente, pero hay otra cosa que falta en el parlamento español: cultura científica. Basta estudiar los hechos: qué se ha hecho aquí, qué resultados ha dado, qué se ha hecho en otros países, qué resultados ha dado, cuál es nuestro punto de partida, cuál fue el de otros países. En fin, es el método experimental, y basta ya de experimentar en carne propia, observemos los experimentos llevados a cabo en otros lugares, indaguemos en las causas que los hicieron fracasar o triunfar, adaptémolos a nuestro medio (porque no olvidemos que no somos esos países). En fin, así funciona la ciencia, a base de hechos y razones, y así debería funcionar un parlamento que funcionara, a base de hechos y razones. Pero no, como pensaba Ortega aquí se discute con las entrañas. El problema de nuestro parlamentarismo podría ser el tradicional problema de España: falta de ciencia.
          Ha llegado el momento de que los muchos partidos que componen el parlamento español se entiendan entre sí, y pongan en primer lugar los intereses de los españoles y no los del partido, que entiendan que da igual lo seguros que estén de que solo lo que ellos llevan en el programa es justo y eficaz, deberán renunciar a parte de ello y asumir lo que otros proponen. Lo que los españoles han votado es tan diverso como la propia España. Los españoles somos capaces de convivir, convivan pues ustedes señorías, que son menos y tienen una responsabilidad mayor. Por fin, tras muchos años es posible que se aprueben leyes que perduren y que miren más allá de una o dos legislaturas porque sean fruto de muchos y no solo de algunos. Muchos lo celebramos, señores Diputados no hagan que nos traguemos nuestras palabras con la intransigencia en la que han demostrado estar instalados estos días.


domingo, 17 de junio de 2012

El franquismo sistémico de nuestra democracia

          "Lo llaman democracia y no lo es, es una dictadura eso es." Más de una vez he coreado esta consigna en una manifestación, pero solo en parte estoy de acuerdo con ella. Desde luego no creo que vivamos en una dictadura (y creo que defender lo contrario es un insulto para quienes sí lo hacen o lo han hecho), pero es innegable que nuestra democracia es muy imperfecta, y creo que esto se debe a que nuestro país conserva  casi intacta una parte de la herencia franquista. No me estoy refiriendo al Rey (soy republicano, pero la monarquía me parece el menor de nuestros problemas a día de hoy), a los límites a la libertad de expresión (existe una amplia libertad de expresión, casos vergonzantes como el del juicio a Javier Krahe son la excepción y no la regla), a la exigua separación de poderes o al limitado pluralismo político (amparado por una ley electoral injusta, entre otras cosas). No, creo que en lo que respecta a sus estructuras formales (y la democracia es sobre todo un formalismo) somos una democracia que, aunque mejorable, garantiza nuestros derechos civiles. Pero aunque la democracia sea ante todo una estructura, no hay forma sin contenido, y es en la materia que llena los entes democráticos de nuestro país donde perdura el franquismo, en la corrupción institucionalizada que aparece reflejada en La escopeta nacional (en ese Canivell que organiza una cacería para poder hablar con el Ministro y convencerle de que impulse su negocio a base de Decreto Ley).
          Gobierno, Ayuntamientos y Comunidades Autónomas son profesionales de la desviación de dinero público a empresas privadas, controladas por los mismos empresarios (o por sus herederos) que jugaban al golf y cazaban con Franco y vivían de su amistad. Aquello que perdura del franquismo es la cultura del codazo, el enchufe, la palmadita en la espalda y el maletín de billetes, como demuestran los casos Filesa, Naseiro, Gürtel, Palma Arena, Campeón, de los EREs falsos... (la lista es inacabable, consúltese mejor este mapa). Tal vez haya habido cierta renovación en la casta política respecto al franquismo, pero no desde luego en cierta casta empresarial. Aquellos acostumbrados a hacer tratos con Franco, pronto abandonaron sus remilgos a la hora de hacerlos con los socialistas aunque "no fueran de los nuestros". O tal vez sí lo eran, porque "los nuestros" en el caso de estos clientes privilegiados del poder político son precisamente quienquiera que tenga el poder (sin duda porque saben que el auténtico poder lo tienen ellos).
          ¿No hay excepciones, "todos" los órganos de gobierno se dejan seducir por el lado oscuro? Sin duda las habrá, pero no deja de ser llamativo que cuando ciudadanos independientes o de partidos no surgidos de la Transición llegan a las instituciones no puedan creer lo que ven (como en el caso del Ayuntamiento de Torrelodones o de concejales y diputados de UPyD y posiblemente de otros partidos que no conozco) y les sorprenda que se dé por hecho que cualquiera con cargo pueda recibir regalos de empresas sin otro motivo que tener dicho cargo. El hecho de que se considere normal recibir regalos y tener ciertos privilegios (coche oficial y chófer para cualquier desplazamiento, por ejemplo) revela una concepción oligárquica del poder y no democrática.
          Al desintegrarse la URSS las empresas estatales pasaron de estar en manos de la Nomenclatura (nunca del pueblo) a estarlo en manos del capo mafioso de turno, al caer el franquismo en España el empresario enchufado del Estado siguió siendo el mismo y se perpetuó su enchufe aunque el poder político cambió de manos. Resultado en ambos casos: dos tejidos empresariales absolutamente ajenos a lo que deberían ser las causas del éxito empresarial (innovación, competitividad, productividad) porque de lo que dependió el suyo fue de las relaciones.1 Esa lamentable cultura del "es de los nuestros", "es amigo", de la recomendación, del enchufe, ha sido abolida en la mayor parte de las instituciones salvo en lo que respecta a los asesores y consejeros (en cajas de ahorro, en gobiernos...) y en las licitaciones y adjudicaciones de servicios a empresas privadas.
          ¿Cuál es la solución? Es más, ¿tiene esto solución? Veamos algunas alternativas.
         
          Lo primero es dejar de negar la gravedad del problema. Nada de "la picaresca española", a ver si ahora va a resultar que parecernos a la sociedad corrupta de la España del siglo XVI es bueno. Se llama "corrupción institucionalizada" y es un tremendo lastre para nuestra democracia.
          Lo segundo es dejar de confiar en que los partidos que surgieron de la Transición van a enmendarse y renovarse. No lo han hecho hasta ahora, ¿cuántas veces más han de decepcionarnos para que perdamos la fe? ¿O acaso se trata de una fe ciega? Si es así obviamente es inútil cuanto llevo escrito, de lo contrario #NoLesVotes (y me refiero a cualquier partido2 con consejeros en medios de comunicación y cajas de ahorros o casos de corrupción e imputados en sus listas).
          Lo tercero es que los ciudadanos ajenos a la partitocracia de la Transición tomemos el poder, mediante los cauces institucionales adecuados, como en el inspirador caso del Ayuntamiento de Torrelodones (que está en superávit solo reduciendo gastos superfluos), concurriendo a las elecciones como agrupaciones independientes o en nuevos partidos (ningún partido podría ser "del 15M", pero sí podría haber un partido con "miembros del 15M" y que por tanto atendiera, cabe esperar, a gran parte de sus reivindicaciones).
          Por fin, en cuarto lugar, si uno no estuviera dispuesto, o no pudiera, o creyera que no debe, o sintiera que no sabe cómo participar activamente en política, siempre puede votar a partidos nuevos formados (de momento) por ciudadanos que están ahí más bien contra sus propios intereses que por interés, con vocación de servicio público más que para servirse de lo público. Alguno ya está en las instituciones como UPyD3 flipando en colores con lo que se encuentra, otros, como EQUO3, es indispensable que lleguen a estarlo. ¿No llegaran estos partidos a pudrirse también? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que militar en estos partidos deje de ser vocación y esfuerzo y pase a ser una salida profesional? No lo sé, y es probable que estos partidos se corrompan también, habrá entonces que crear otros nuevos, la estabilidad a costa de la corrupción no compensa y la Historia va demostrando que el poder corrompe, con que intentemos que el poder sea de plazos cortos, que parece que entonces corrompe algo menos.


1 Me refiero a grandes empresas, no a PYMES, y no me cabe duda de que hay excepciones, este problema se da sobre todo en empresas constructoras que en realidad funcionan como ETTs al servicio de las instituciones nutriéndolas de empleados en forma de subcontrata.

2 Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los militantes de los partidos políticos lo hacen por vocación y amor a su país, el problema es que la cultura del "aurea mediocritas" encumbra a los trepas a los puestos de mayor responsabilidad, pues son la ambición y el atrevimiento del mediocre, ignorante de su condición, el mejor acicate para trepar en el escalafón y hacer carrera política.

3 Es cierto que hay políticos "de toda la vida" en estos partidos, como Rosa Díez o Inés Sabanés y Reyes Montiel. Por desgracia (aunque estas dos últimas coincide que son de mis políticas favoritas) es la única forma de que estos partidos sean visibles, ya que por sí mismos no son noticia, pero sí sus líderes (hagamos una encuesta a ver cuántas personas conocen UPyD y cuántas "el partido de Rosa Díez"). Sin embargo, la abrumadora mayoría de los afiliados a estos partidos no son ex de otros partidos, sino ciudadanos concienciados.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Completar la Transición: primer paso el #18D

          Como siempre comenzaré con una pequeña aclaración del título de esta entrada. Obviamente me refiero a la llamada Transición española que supuso el paso del franquismo a una monarquía parlamentaria, esto es, de la dictadura a la democracia. Existe quien considera que dicho paso ha sido ya completado y quien, en el extremo opuesto, defiende que no existido tal paso. Para los primeros de lo que yo voy a hablar no es de "completar la Transición" sino de llevar a cabo una 2ª Transición, y para los segundos de lo que hablaré es de algo que no se puede completar porque nunca comenzó, luego de un auténtico principio. ¿Por qué yo escojo hablar de una Transición incompleta, y no alguna de las otras dos opciones? Primero, contra lo que dicen quienes rehusan admitir su existencia, porque es innegable que no seguimos viviendo bajo una dictadura, luego un cambio hubo. Y segundo, contra lo que dicen quienes niegan que dicho cambio haya sido imperfecto, porque es un hecho que la Transición tuvo lugar en unas condiciones en que muchos de sus protagonistas hubieron de hacer renuncias no solo en aras del consenso, sino también coartados por la amenaza de la vuelta al anterior estado de cosas y por la ignorancia acerca de los resultados de las reformas que estaban llevando a cabo (dada la prácticamente nula tradición democrática de este país). No quiero en ningún caso hacer juicios retrospectivos, creo que dadas las circunstancias poco mejor se pudo hacer lo que se hizo, pero ese respeto al pasado no puede condicionar nuestro presente: hay cosas que no se hicieron y quedan pendientes y hay cosas que sí se hicieron y no han dado el resultado esperado.
          España es ahora un país en que resulta impensable perder la normalidad democrática (y más si es cierto que estamos viviendo el final del terrorismo de ETA), o en el que en cualquier caso es impensable que haya algo así como un golpe de Estado, una dictadura o una guerra civil, y por ello podemos repensar el modelo de Estado sin vernos atenazados por el miedo a estas amenazas que sí atenazaban (y con razón) a quienes comenzaron la Transición que ahora debemos acabar. ¿Y con qué medios y hacia qué fines? El medio no puede ser otro que el mismo que guió la Transición desde el principio: el consenso. Los fines... precisamente escribo aquí para señalar hacia dónde creo que debería tender la Transición, pero básicamente deberían tender todas las reformas hacia una única realidad: hacer de nuestra democracia una democracia mejor. ¿Es esto posible? O hay democracia o no la hay dicen algunos, si esta democracia ha de ser corregida es que no es una democracia auténtica. No lo veo así. Hay una serie de condiciones necesarias y suficientes para la democracia (garantía de derechos civiles, soberanía popular y pluralismo político) que se dan en la nuestra, pero una vez cumplidas dichas condiciones hay numerosas variantes de modelo de Estado que hacen mejor o peor dicha democracia (por ejemplo, la soberanía popular puede ejercerse mejor o peor, el pluralismo político tener más o menos presencia...). Creo que nuestra democracia es mejorable porque arrastra unos lastres del pasado que hipotecan su presente, lastres que básicamente figuran en su Constitución, y por ello creo que la reforma básica que completaría la Transición sería la reforma de la Constitución.
          ¿Cuándo, cómo? Cuando haya una mayoría (que está formándose a día de hoy) de ciudadanos que entiendan que es necesario hacerlo, pueden pasar dos años, pueden pasar ocho, se hace camino al andar y no hay prisa porque vamos lejos. Ahora la prioridad se la llevan la crisis económica y sus consecuencias, pero las grandes crisis económicas han conducido a cambios políticos (generalmente limitando la democracia, en nuestra mano está lograr que aquí ocurra lo contrario). Insisto en que el impulso que debe guiar este proceso es el ánimo de consenso, porque solo el acuerdo entre todas las partes puede hacer que dure un contrato, y un contrato es lo que es una Constitución, y debe hacerse para durar. El consenso y un principio de utilidad, esto es, la idea de buscar el mayor bien para el mayor número, con el límite siempre de los derechos civiles de todos los ciudadanos. La mayoría de ciudadanos impulsará una mayoría parlamentaria partidaria de la reforma, y esta habrá lugar. En democracia no hay otro modo, no hay atajos, porque manifestarse no es un atajo, y la desobediencia civil tampoco, son las armas de que dispone el ciudadano previstas dentro de la misma democracia para hacerse oir y para crear conciencia, más allá del sufragio. Y por ello si queremos que nuestros representantes cumplan con el deber de ejercer la soberanía en nombre del pueblo, debemos manifestarnos, debemos hacer visibles nuestras demandas, debemos luchar pacíficamente por el cambio. El cambio social llevará al cambio político, porque si ocurrió en el franquismo con más razón debería poder ocurrir en la democracia. Por primera vez en mucho tiempo son muchos quienes han votado a partidos que abogan por reformar la Constitución (solo entre UPyD e IU, más de dos millones y medio, y con todas sus enormes diferencias deben aprender a estar juntos en esto, junto con los votantes de otros muchos partidos reformistas como Equo), algo está cambiando, y en este cambio una pieza clave será el PSOE, que tendrá que elegir entre sumarse al reformismo o encastillarse en el inmovilismo que a día de hoy comanda con el PP, que también llegado el momento tal vez se vea obligado a evolucionar hacia posiciones reformistas. ¿Por qué? Porque a esta Constitución empiezan a vérsele mucho las costuras, tanto que ya se las ve casi todo el mundo salvo aquellos que no ven porque no quieren ver, o porque se benefician precisamente de las imperfecciones del sistema y por ello les conviene conservarlas. Pero esta postura cínica era más fácil de mantener antes, ahora tienen voz partidos que señalan sin pudor los descosidos de esta democracia y el 15M ha despertado a la ciudadanía de su letargo autocomplaciente. Creo sinceramente que el 15 de Mayo de 2011 marcó el principio del fin de la Transición, o al menos estoy dispuesto a luchar porque así sea.
          He aquí mi propuesta de reforma de la Constitución, creo que cuáles son los aspectos a tratar es evidente, otra cosa es la solución que quepa adoptar. Aquí propongo la mía, pero la única buena será aquella que alcance un consenso amplio. Defiendo que mi propuesta no es ideológica porque los cambios y añadidos a la Constitución son de carácter formal (incluso el de la renta básica, pues la libertad negativa que conceden los derechos civiles y políticos es insuficiente y son necesarias medidas de libertad positiva, porque sin medios para ejercer la libertad no hay realmente libertad) y todos redundan en una ampliación de la soberanía popular y de la neutralidad del Estado.

          1/ Ley electoral justa. Personalmente optaría por una circunscripción única, con un Congreso de 400 diputados y donde los votos en blanco se contabilizaran para el reparto de escaños.
          2/ Separación de poderes. Básicamente habría que independizar el poder judicial del legislativo, los propios jueces deberían escoger a los miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial.
          3/ Principio de subsistencia. Presente en la Constitución alemana, es semejante pero no equivalente a una renta básica y garantiza (o debería garantizar) que no exista la exclusión social. Los ciudadanos en riesgo de exclusión social percibirían una ayuda que no es una renta fija, sino proporcional, estableciéndose un mínimo para gastos de vestimenta y alimentación además de vivienda y energía (dentro de unos límites).
          4/ Cauces de participación ciudadana. ¿No deberían leyes orgánicas como las de educación ser refrendadas mediante referendum? Tal vez así no habría una nueva ley de educación con cada nuevo gobierno, pues cualquier propuesta sometida a referendum que quisiera salir airosa debería contar con un amplio consenso. La propia Constitución debería contemplar que algunas leyes no puedan ser aprobadas sin consulta popular (por no hablar de los cambios en la propia Constitución), así como facilitar la presentación de iniciativas legislativas populares (a día de hoy una tarea hercúlea).
          5/ Estado laico. Bastaría con que el artículo 16.3 de la Constitución quedara redactado así: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal". En cuanto a las razones para este cambio me remito a la entrada anterior Laicismo para dummies.
          6/ República. Sencillamente es más democrático un Estado en que el Jefe de Estado es elegido por la soberanía popular y no por su pedigrí.
          7/ Nueva organización territorial. El estado de autonomías tal cual está no ha funcionado, para algunos la autonomía es demasiada y para otros poca, a nadie le parece la autonomía justa. Este tema es el más complicado de resolver, mi propuesta de consenso sería un modelo federal de estados (en principio Cataluña, País Vasco, Galicia y resto de España) siguiendo el modelo de los Estados Unidos. Me veo incapaz de abordar este problema en estas pocas lineas, pero apuntado queda.

          De estas reformas algunas me parecen absolutamente indispensables, irrenunciables para tener una democracia completa, otras menos (por ejemplo, la monarquía parlamentaria me parece un mal menor, si la figura del monarca sirve para cohesionar). En cualquier caso la reforma buena sería aquella acordada por una amplia mayoría del Congreso y refrendada mediante referéndum también con una amplia mayoría, yo aquí solo quería sugerir algunas líneas de reforma.
           ¿Es esta una hoja de ruta para el 15M? No. El 15M no debe renunciar (mientras no quiera hacerlo) a asambleas de barrios (gracias a ellas ha despertado una solidaridad vecinal dormida), parar desahucios (o incluso realojar en edificios vacíos) y combatir las redadas racistas. El 15M sigue, o debe seguir siendo, un movimiento plural, sin un programa único sino rico en propuestas e iniciativas que se ajusten a dos criterios: independencia de partidos y sindicatos (aunque se pueda coincidir y colaborar con ellos) y defensa de la democracia y la justicia social. No obstante creo que el 15M puede ser la punta de lanza de un frente reformista al que se sumen partidos, organizaciones y ciudadanos ajenos al 15M. El primer punto de reforma que destaco es el que más amplio respaldo ha tenido dentro del movimiento del 15M desde el principio (la demanda que más veces ha aparecido en las asambleas, en el buzón de la acampada de Sol, en esas asambleas virtuales que son twitter y facebook), y por ello el primer gran paso para completar la Transición es este domingo, #18D, en que saldremos a la calle para defender el principio "una persona, un voto", para protestar por una ley electoral injusta. Porque si el único cauce para la participación ciudadana en esta democracia es el voto cada cuatro años, y a efectos prácticos no todos los votos valen lo mismo, entonces se están desfigurando los tres aspectos básicos de la democracia: la libertad, la soberanía popular y el pluralismo político.
Licencia de Creative Commons
El niño que juega a los dados is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.