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sábado, 23 de enero de 2016

Parlamentarismo

          El día llegó, por fin es obvio que España es un sistema parlamentarista y no presidencialista. Por fin será fácil distinguir entre poder ejecutivo y poder legislativo. Por fin cuando explique la diferencia entre sistemas presidencialistas y parlamentaristas y diga que España pertenece a lo segundos, mis alumnos en clase de Educación Ético-Cívica entenderán algo. ¿Qué es eso de que el Congreso de los Diputados puede rechazar una ley propuesta por el gobierno? ¿Qué, que gobierno y partido con mayoría en el Congreso no son sinónimos?
          Toca formar gobierno con un Congreso de los Diputados fragmentado, tras más de treinta y cinco años de existencia el parlamento español se somete a una prueba que demuestre que ya puede salir de su autoculpable minoría de edad, que no somos aquel país que necesitaba mayorías amplias en el Congreso porque veníamos de una dictadura precedida por una guerra civil y no sabíamos de qué iba esto de ceder y votar leyes que no había diseñado uno mismo. La duda es, ¿realmente han madurado nuestros políticos, somos capaces de superar la prueba? Por lo escuchado estos últimos días, lo dudo.
         El Presidente en funciones ha renunciado a buscar una mayoría para gobernar (no es tan grave, prácticamente ha gobernado renunciando a gobernar), el programa de gobierno de Pedro Sánchez parece agotarse en ser Presidente y a la izquierda del PSOE cada célula parece hacer la guerra por su cuenta y no pide, exige. Apenas hay países europeos en que no hayan existido gobiernos de coalición. España es una anomalía, y es fácil entender por qué, aquí los partidos entienden la política en sentido schmittiano: el otro es el enemigo y el pluralismo del parlamento es solo una ficción útil, no hay acuerdo posible entre izquierda y derecha. Nada. Nuestros políticos no saben lo que es un parlamento, así de simple. Pero vivimos un momento esperanzador porque los resultados de las últimas elecciones les obligan a aprender lo que es. A la fuerza ahorcan.
         Y aún así, diríase que se resisten a asumirlo, y unos y otros aún aspiran a imponer de forma hegemónica y unilateral medidas a la otra mitad del parlamento siguiendo con el argumento de "vosotros tuvisteis vuestra oportunidad, ahora nos toca". No habrá canovismo de partidos ya, pero sigue habiéndolo de ideologías: la democracia no es pluralismo político parecen pensar, solo alternancia entre monopolios ideológicos que son compartimentos estanco. ¿Discutir, ceder, acordar? ¡No diga tonterías por favor! ¡Esto es un parlamento, ni que fuese una junta de vecinos! Cada partido cree que solo su fórmula es útil, ¡que le den a los hechos!, lo que hace buena mi fórmula es precisamente que es mía, yo soy gente y los otros gentuza. Sí, Carl Schmitt estaría orgulloso de España.
         Somos muchos los que creemos que lo que se ha venido haciendo en este país con las distintas leyes de educación es un desastre, y que dicho desastre habría podido evitarse tal vez con un Congreso de los Diputados que hubiese obligado, contra su voluntad, a llegar a un consenso a partidos sin mayoría absoluta y sin posibilidad de formar gobierno estable con muleta nacionalista. Imaginémonos dicha situación y valoremos las virtudes del parlamentarismo de las que hasta ahora no hemos podido disfrutar y a las que aún nos resistimos. Recordemos que en la primero tan ensalzada y ahora tan denostada Transición le fue posible entenderse mediante un afán aristotélico por el bien común a personas no solo de ideologías opuestas, sino que se tenían mutuamente por asesinos. Que ahora muchos de nuestros representantes sean electoralistas y partidistas, o incluso niñatos que parecen no entender bien el momento crítico en que se encuentra el país (o lo entienden demasiado bien y lo que desean es llevarlo a su colapso final), no parece una barrera insuperable para el entendimiento.
          ¿Y qué decir de reformar la Constitución? La ausencia de mayorías absolutas podría hacerlo posible (y yo creo que es necesario), ahora, lo que hace falta es un acuerdo si no absoluto, casi. Ya hay algunos que andan calculando que bastaría con tener dos tercios de la cámara. ¿Bastaría para qué? ¿De verdad cambiaríamos una Constitución, con todos sus defectos, con la aprobación de la inmensa mayoría del Congreso en su día, y de la ciudadanía, por otra aprobada pírricamente por la mayoría suficiente del Congreso? Por poner un ejemplo: personalmente quiero vivir en una república, pero solo si va a ser una república de todos (o de la inmensa mayoría), si va a ser la república de las fuerzas de izquierda entonces no es mi república, no puede no contarse con la mitad de la población para definir la Constitución del país. Así, hay muchos que lamentan la imposibilidad de reformar la Constitución dada la mayoría del PP en el Senado, que pondría freno a cualquier reforma aprobada por el Congreso de los Diputados. Pero eso no es que haga imposible la reforma, es que la hace indeseable, ¿cómo puede plantearse la posibilidad siquiera de cambiar la Constitución sin la derecha, sin la participación del partido más votado? Insisto: parlamentarismo, se llama parlamentarismo, y exige llegar a acuerdos y por lo tanto ceder (también, o tal vez sobretodo, al partido más votado).
          ¿Qué tipo de acuerdos? No sé, ¿qué criterio podría haber que sirviera de base contra maximalismos ideológicos? A ver... ¿el bien común? Volvamos al ejemplo de las leyes educativas. La LOMCE nació sin consenso y por eso estaba condenada. Lo mismo las leyes anteriores (aunque quiero recordar que hubo un Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que buscó el consenso y estuvo dispuesto a ceder en aspectos importantes, y el electoralismo del PP, que ya se veía gobernando, hizo fracasar dicho consenso). Por otra parte, cada ley educativa se ha venido basando en una gran idea fuerza como prejuicio pedagógico-ideológico que hiciera de principio rector de toda la ley. Así, oímos eslóganes baratos como "educación comprensiva", "educación y no instrucción", "cultura del esfuerzo", "cultura del emprendimiento" y demás ocurrencias. Lo que hay que hacer, no obstante, es evidente, pero hay otra cosa que falta en el parlamento español: cultura científica. Basta estudiar los hechos: qué se ha hecho aquí, qué resultados ha dado, qué se ha hecho en otros países, qué resultados ha dado, cuál es nuestro punto de partida, cuál fue el de otros países. En fin, es el método experimental, y basta ya de experimentar en carne propia, observemos los experimentos llevados a cabo en otros lugares, indaguemos en las causas que los hicieron fracasar o triunfar, adaptémolos a nuestro medio (porque no olvidemos que no somos esos países). En fin, así funciona la ciencia, a base de hechos y razones, y así debería funcionar un parlamento que funcionara, a base de hechos y razones. Pero no, como pensaba Ortega aquí se discute con las entrañas. El problema de nuestro parlamentarismo podría ser el tradicional problema de España: falta de ciencia.
          Ha llegado el momento de que los muchos partidos que componen el parlamento español se entiendan entre sí, y pongan en primer lugar los intereses de los españoles y no los del partido, que entiendan que da igual lo seguros que estén de que solo lo que ellos llevan en el programa es justo y eficaz, deberán renunciar a parte de ello y asumir lo que otros proponen. Lo que los españoles han votado es tan diverso como la propia España. Los españoles somos capaces de convivir, convivan pues ustedes señorías, que son menos y tienen una responsabilidad mayor. Por fin, tras muchos años es posible que se aprueben leyes que perduren y que miren más allá de una o dos legislaturas porque sean fruto de muchos y no solo de algunos. Muchos lo celebramos, señores Diputados no hagan que nos traguemos nuestras palabras con la intransigencia en la que han demostrado estar instalados estos días.


martes, 7 de mayo de 2013

Razones para derogar la LOMCE

          Demasiado a menudo eludimos tratar de convencer a quien piensa de forma distinta a nosotros, por un falso sentido del pudor o por algo peor, por complacencia. Hablamos para los ya convencidos, nos negamos a jugárnosla enfrentando nuestros argumentos a argumentos ajenos, pero mediante ello renunciamos de antemano a tener razón, pues la verdad requiere de dicho enfrentamiento. Nuestros argumentos no pueden ser de carácter ideológico, pues entonces requerirían para ser persuasivos de un compromiso previo con la ideología de quien habla.
          Convencer a los correligionarios es inútil si el éxito de nuestras propuestas depende del apoyo de la mayoría. Aquí por tanto, me gustaría dar alguna razón para derogar la LOMCE a aquellos que en principio no estarían a favor de hacerlo, que dan por hecho que oponerse a la LOMCE es dar su apoyo a leyes anteriores y que creen que es imposible ser partidario del Gobierno y no obstante oponerse a esta ley educativa.

          Así, si dijera que la LOMCE relega la Historia de la Filosofía a un lugar residual y elimina la asignatura de Ética, condenando con ello a los futuros alumnos a tener que renunciar a construir desde la razón su propio sistema de creencias y valores, una construcción que cristaliza en ciudadanos autónomos, dotados para el ejercicio pleno de la razón y de la argumentación, y con una visión global y crítica de la realidad de la que forman parte, si dijera esto, por ser yo filósofo se me acusaría tal vez de gremialismo.
          Si añadiera entonces que la LOMCE escamotea la enseñanza del arte, la cultura clásica, la música y la tecnología, haciendo imposible que muchos alumnos lleguen a tener algún contacto con asignaturas que abarquen estas disciplinas, si dijera esto, pensando que solo busco defender a los profesores de dichas asignaturas se me acusaría tal vez de corporativismo.
          Si argumentara entonces que la LOMCE prevé un sistema insuficientemente flexible, donde decisiones tomadas a la temprana edad de 14-15 años serían prácticamente irreversibles y cerrarían durante años las puertas a otras opciones, un sistema que no pretende dar lugar a ciudadanos formados de manera integral, sino a especialistas profesionales, herramientas del mercado, renunciando a la cultura y la instrucción como fin de la educación, si dijera esto, a pesar de sostener que esta deriva instrumentalista la iniciaron anteriores leyes educativas perpetradas por gobiernos de signo contrario al actual, se me acusaría tal vez de socialista encubierto.
          Si constatara que la LOMCE atribuye unas competencias excesivas a los directores de los centros, y que autonomía de los centros no es sinónimo de autarquía del director, porque el despotismo no siempre es ilustrado, y en cualquier caso no son democráticos ni el escaso peso del claustro en el proceso de selección del director ni la desposesión de competencias de los órganos colegiados de dirección, claustro y Consejo Escolar, y que por ahí se nos cuela la politización de los centros educativos al depender el nombramiento de sus gestores de cargos de confianza de las consejerías de Educación, si dijera esto, se me acusaría tal vez de demagogo y populista.
          Si recordara que la LOMCE no recoge gran parte de los compromisos anunciados en el programa con el que el PP concurrió a las elecciones de hace cuatro años, aludiendo por ejemplo al hecho de que en dicho programa se planteaba un bachillerato de tres años que no recoge la LOMCE, y que esto ocurrió para no perjudicar a la escuela concertada dado que los conciertos solo abarcan los años de enseñanza obligatoria, y que por tanto se trata de una decisión que no obedece al bien común sino a intereses particulares, si dijera esto, se me tacharía tal vez de defensor fanático de la Escuela Pública.
          Si insistiera que la LOMCE al convertir la religión en asignatura evaluable y plantear como alternativa una asignatura de valores éticos parecería implicar que aquellos dotados de principios religiosos no participarían de dichos valores sino de otros distintos, y coloca los valores propios de una confesión concreta al mismo nivel que aquellos que cohesionan a la ciudadanía en su conjunto en torno a la ley y a valores éticos universalmente compartidos como los que refleja la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, si dijera esto, a pesar de estar defendiendo un laicismo extraordinariamente escuálido se me tendría tal vez por un militante del ateísmo.

          Por todo ello no voy a recurrir a estas razones para criticar la LOMCE, sino a otra que cualquier profesional de la educación o ciudadano podría compartir: ciertamente es necesaria una reforma educativa, nuestro sistema de enseñanza no funciona bien, pero es necesario, indispensable, que haya consenso en torno a ella, y no es el caso.
          Es más que posible que las sucesivas leyes educativas que se han implementado sean una de las causas del estado insatisfactorio de la educación en España, pero es absolutamente seguro que los continuos vaivenes educativos la han perjudicado muy seriamente, y haber hecho esta nueva ley sin el consenso necesario ha sido ponerla en riesgo de nuevos vaivenes.
         Es necesario estabilidad, un largo plazo, lograr implementar por completo una ley de consenso mediante un gran pacto de estado, la LOMCE no es esa ley y por ello merece ser derogada.


P.S. Este texto ha sido editado ante la posibilidad de que el nuevo Congreso de los Diputados derogue la LOMCE. Antes fue empleado para llamar a la huelga general de educación del 24/10/2013, y fue escrito originalmente para la huelga general de educación del 9/5/2013.

jueves, 15 de marzo de 2012

Por un consenso en el #15M para el #12M12

          A falta de dos meses para que se cumpla un año del despertar de nuestra conciencia colectiva que supuso el 15 de Mayo de 2011, y aunque "vayamos despacio porque vamos muy lejos" no deberíamos dejar de celebrar los muchos logros del movimiento.
          "¿Logros? -dirán algunos- ¿Qué logros? El movimiento está dividido, las asambleas diezmadas, las calles y plazas vacías, las banderas partidistas han sustituido al bien común y algunos se replantean incluso la estrategia de la no-violencia." No siendo esto del todo falso, tampoco es toda la verdad. Sin duda el invierno y nuestras obligaciones laborales han hecho mella en nuestra presencia en las calles. También, las distintas elecciones nos han hecho descubrir nuestras simpatías partidistas y establecido diferencias entre nosotros, resulta que unos somos reformistas y otros revolucionarios, unos ponemos la libertad por encima de la igualdad, otros la justicia por encima de ambas cosas... en fin, hemos descubierto que es fácil coincidir en un eslógan pero no tanto en su interpretación. Vale, ¿y qué?
          Todo esto no era menos cierto antes del 15 de Mayo de 2011. Aunque nos uniéramos ese día y en los días posteriores, ya sospechábamos que cada uno era de su padre y de su madre, lo que hizo grande esta revuelta, lo que convirtió Sol en el ágora, fue que por fin uno podía ser de su padre y de su madre y estar de acuerdo con el otro por lo que decía y no por lo que era. Pero situarse en un punto en que lo importante sea el qué y el cómo, y no el quién, no significa que no exista ese quién sino que no es relevante porque a todos anima un bien común.
          "Democracia Real Ya: no somos mercancía en manos de políticos y banqueros." De esta divisa que nos unió me voy a quedar con un término: "mercancía". No somos objetos, sino sujetos, cada uno de nosotros es un fin en sí mismo y no un medio. Pero políticos y banqueros gobiernan nuestras vidas empleándonos para sus propios fines. ¿Qué exigimos pues? Ser los auténticos dueños de nuestro destino: exigimos libertad, autonomía. Exigimos nuestro derecho a autogobernarnos porque  somos personas portadoras de dignidad y no mercancías, y por ello no puede comerciarse con nosotros, no puede especularse con nuestros votos ni con el dinero de nuestros impuestos. Somos un instrumento en manos de unos políticos ávidos de poder y de unos empresarios ávidos de dinero. ¿Todos los políticos se venden a cambio de poder y todos los empresarios anteponen el dinero a cualquier otra cosa? No. ¿Y por qué negarse entonces a perseguir a quienes sí lo han hecho y nos han sumido en la ruina?
          Creo que una indignación semejante a la que expresa el párrafo anterior animó a muchos de los que salimos a la calle bajo la bandera del 15M, y unos objetivos que fácilmente pueden deducirse de dicho párrafo nos hicieron perseverar en la lucha. Los mismos objetivos que alcanzó la revuelta islandesa: justicia y libertad mediante la depuración de responsabilidades por la crisis y un proceso constituyente. ¿Por qué no centrarnos en esos objetivos?
          Volvamos a las propuestas del 15M y sus logros. Son bastantes quienes niegan que existan tanto una cosa como la otra. Se acusa al 15M de proponer demasiadas cosas, y algunas de difícil cumplimiento, o de hacer propuestas contradictorias, o de no ponerse de acuerdo en qué proponer. Pero proponer muchas cosas no es proponer demasiadas si muchas son las cosas que hay que resolver. Y en cuanto a los logros, si alguno esperaba que desembocara el 15M en la Utopía de Tomás Moro más vale que se vaya desengañando. ¿Pero acaso no hay familias que siguen en sus casas en lugar de haber sido desahuciadas gracias al apoyo del 15M a la PAH, no se ha hablado de la dación en pago en el Congreso, no se discuten cambios en la Constitución referentes a la separación de poderes y la ley electoral? ¿Acaso se nos ha olvidado que hace tan solo un año los medios empleaban "anticonstitucional" como sinónimo de "antidemocrático"? ¿Logros del 15M? Incontables, pero pueden resumirse en la visibilización de injusticias antes ninguneadas y el saneamiento del vocabulario político. Temas que eran tabú ya no lo son. ¿Y qué decir de la resignación, que a efectos prácticos equivalía a complacencia, con que recibíamos los escándalos de corrupción? Saldrán impunes los corruptos de los juzgados, pero ya nunca más con el honor intacto si su conducta fue deshonrosa.
          ¿De toda esta amalgama qué se deduce? Que no queremos ser tratados como menores de edad a los que cada cuatro años se les deja elegir entre partido de fresa, de limón o de manzana verde, queremos participar activamente en nuestra vida política. Y que no aceptamos por más tiempo la impunidad: un programa político es un compromiso, manejar dinero público es un compromiso, y cuando uno se compromete hay que apechugar con las consecuencias del compromiso contraído. Exigimos responsabilidad: poder ser responsables de nuestro propio gobierno y que se hagan responsables de su malgobierno quienes nos han llevado a la situación actual.

          El último paso, ¿cómo plantear esta exigencia de responsabilidad? Ese es el quid de esta entrada, dos propuestas que considero podrían ser consensuadas en los muchos foros del 15M (asambleas de barrio, twitter, facebook, virtualpol15M...), en sus organizaciones (DRY, Estado de Malestar, #NoLesVotes, Juventud sin Futuro...) y en general por todos sus integrantes. Y "consensuar" implica debatir, reformar, acordar... Se trata tan solo de un punto de partida para tratar de unir fuerzas en el movimiento con un fin común. ¿Debe por ello renunciar el 15M a otras iniciativas? En absoluto. ¿Pero no sería estratégicamente útil ir preparando una gran propuesta para el aniversario del 15M, para la gran manifestación del #12M12? ¿Nos piden concreción? Pues démosles concreción, sigamos quitándoles sus patéticas excusas.
          Para proponer estas exigencias tengo en mente la indignación no solo de quienes nos decimos parte del 15M, sino que trato de incluir a muchos que no pertenecen al movimiento pero que comparten esa indignación. Que ocupemos el espacio público no quiere decir que seamos el público. Tantos como nos juntamos en Sol en su momento lo hacen cada quince días en el Bernabeu. Aunque nos juntásemos 500.000 en una plaza seguiríamos siendo un porcentaje ridículo del censo, incluso del censo electoral, incluso (a efectos de cálculo de mayorías) del total de votantes. Nunca podremos presumir de un grado de participación en nuestras acciones semejante al del voto de algún partido mayoritario, pero sí hemos podido presumir de porcentajes de apoyo en torno al 73% a nuestras propuestas, fueran estas muchas, pocas, contradictorias o irrealizables. Así pues, a la auténtica mayoría de los ciudadanos debemos dirigirnos y por ello propongo lo siguiente:

          - Exigir responsabilidades a los causantes de la crisis mediante la creación de una comisión de investigación. Basta ya de que paguemos la crisis quienes la sufrimos y no quienes la crearon.

          - Exigir una ampliación de la participación ciudadana de tal forma que haya decisiones que no puedan tomar los gobiernos sin consultar a la ciudadanía. Basta ya de que nuestros votos sean cheques en blanco.

          Hay partidos de diverso signo que ya han hecho propuestas semejantes en el Congreso de los Diputados y fuera de él, y no son irrealizables. Se trata de propuestas de carácter formal, políticas pero no partidistas, no programáticas (no es necesario tener una ideología concreta para suscribirlas). Si decimos que somos el 99%, tratemos de hacer propuestas para el 99%, a ver si por querer afinar más de la cuenta nos vamos a ir dejando porcentajes de ciudadanos por el camino.
          Por supuesto esta propuesta es una más, y lo que la legitimaría sería que fuera de muchos, que fuera de todos y no mía, porque está hecha con el ánimo de que pueda ser de todos, de que pueda llevarnos a un consenso entre las muchas sensibilidades del 15M y más allá del 15M. Por ello si te gusta y te parece pertinente, lleva esta propuesta a la asamblea de tu barrio, a tus amigos, a tu partido, a tus representantes, a tu asociación de vecinos, a tus sindicatos, a las redes sociales. Hazla tuya, debátela, modifícala. Preparemos un 15M de 2012 que sea sonado, con una gran propuesta de consenso.

          Aquí un manifiesto en GoogleDocs que busca servir de documento de trabajo para lograr ese consenso.

          Puedes contribuir a la difusión de esta iniciativa votándola en menéame, en propongo15M o en VirtualPol15M.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Completar la Transición: primer paso el #18D

          Como siempre comenzaré con una pequeña aclaración del título de esta entrada. Obviamente me refiero a la llamada Transición española que supuso el paso del franquismo a una monarquía parlamentaria, esto es, de la dictadura a la democracia. Existe quien considera que dicho paso ha sido ya completado y quien, en el extremo opuesto, defiende que no existido tal paso. Para los primeros de lo que yo voy a hablar no es de "completar la Transición" sino de llevar a cabo una 2ª Transición, y para los segundos de lo que hablaré es de algo que no se puede completar porque nunca comenzó, luego de un auténtico principio. ¿Por qué yo escojo hablar de una Transición incompleta, y no alguna de las otras dos opciones? Primero, contra lo que dicen quienes rehusan admitir su existencia, porque es innegable que no seguimos viviendo bajo una dictadura, luego un cambio hubo. Y segundo, contra lo que dicen quienes niegan que dicho cambio haya sido imperfecto, porque es un hecho que la Transición tuvo lugar en unas condiciones en que muchos de sus protagonistas hubieron de hacer renuncias no solo en aras del consenso, sino también coartados por la amenaza de la vuelta al anterior estado de cosas y por la ignorancia acerca de los resultados de las reformas que estaban llevando a cabo (dada la prácticamente nula tradición democrática de este país). No quiero en ningún caso hacer juicios retrospectivos, creo que dadas las circunstancias poco mejor se pudo hacer lo que se hizo, pero ese respeto al pasado no puede condicionar nuestro presente: hay cosas que no se hicieron y quedan pendientes y hay cosas que sí se hicieron y no han dado el resultado esperado.
          España es ahora un país en que resulta impensable perder la normalidad democrática (y más si es cierto que estamos viviendo el final del terrorismo de ETA), o en el que en cualquier caso es impensable que haya algo así como un golpe de Estado, una dictadura o una guerra civil, y por ello podemos repensar el modelo de Estado sin vernos atenazados por el miedo a estas amenazas que sí atenazaban (y con razón) a quienes comenzaron la Transición que ahora debemos acabar. ¿Y con qué medios y hacia qué fines? El medio no puede ser otro que el mismo que guió la Transición desde el principio: el consenso. Los fines... precisamente escribo aquí para señalar hacia dónde creo que debería tender la Transición, pero básicamente deberían tender todas las reformas hacia una única realidad: hacer de nuestra democracia una democracia mejor. ¿Es esto posible? O hay democracia o no la hay dicen algunos, si esta democracia ha de ser corregida es que no es una democracia auténtica. No lo veo así. Hay una serie de condiciones necesarias y suficientes para la democracia (garantía de derechos civiles, soberanía popular y pluralismo político) que se dan en la nuestra, pero una vez cumplidas dichas condiciones hay numerosas variantes de modelo de Estado que hacen mejor o peor dicha democracia (por ejemplo, la soberanía popular puede ejercerse mejor o peor, el pluralismo político tener más o menos presencia...). Creo que nuestra democracia es mejorable porque arrastra unos lastres del pasado que hipotecan su presente, lastres que básicamente figuran en su Constitución, y por ello creo que la reforma básica que completaría la Transición sería la reforma de la Constitución.
          ¿Cuándo, cómo? Cuando haya una mayoría (que está formándose a día de hoy) de ciudadanos que entiendan que es necesario hacerlo, pueden pasar dos años, pueden pasar ocho, se hace camino al andar y no hay prisa porque vamos lejos. Ahora la prioridad se la llevan la crisis económica y sus consecuencias, pero las grandes crisis económicas han conducido a cambios políticos (generalmente limitando la democracia, en nuestra mano está lograr que aquí ocurra lo contrario). Insisto en que el impulso que debe guiar este proceso es el ánimo de consenso, porque solo el acuerdo entre todas las partes puede hacer que dure un contrato, y un contrato es lo que es una Constitución, y debe hacerse para durar. El consenso y un principio de utilidad, esto es, la idea de buscar el mayor bien para el mayor número, con el límite siempre de los derechos civiles de todos los ciudadanos. La mayoría de ciudadanos impulsará una mayoría parlamentaria partidaria de la reforma, y esta habrá lugar. En democracia no hay otro modo, no hay atajos, porque manifestarse no es un atajo, y la desobediencia civil tampoco, son las armas de que dispone el ciudadano previstas dentro de la misma democracia para hacerse oir y para crear conciencia, más allá del sufragio. Y por ello si queremos que nuestros representantes cumplan con el deber de ejercer la soberanía en nombre del pueblo, debemos manifestarnos, debemos hacer visibles nuestras demandas, debemos luchar pacíficamente por el cambio. El cambio social llevará al cambio político, porque si ocurrió en el franquismo con más razón debería poder ocurrir en la democracia. Por primera vez en mucho tiempo son muchos quienes han votado a partidos que abogan por reformar la Constitución (solo entre UPyD e IU, más de dos millones y medio, y con todas sus enormes diferencias deben aprender a estar juntos en esto, junto con los votantes de otros muchos partidos reformistas como Equo), algo está cambiando, y en este cambio una pieza clave será el PSOE, que tendrá que elegir entre sumarse al reformismo o encastillarse en el inmovilismo que a día de hoy comanda con el PP, que también llegado el momento tal vez se vea obligado a evolucionar hacia posiciones reformistas. ¿Por qué? Porque a esta Constitución empiezan a vérsele mucho las costuras, tanto que ya se las ve casi todo el mundo salvo aquellos que no ven porque no quieren ver, o porque se benefician precisamente de las imperfecciones del sistema y por ello les conviene conservarlas. Pero esta postura cínica era más fácil de mantener antes, ahora tienen voz partidos que señalan sin pudor los descosidos de esta democracia y el 15M ha despertado a la ciudadanía de su letargo autocomplaciente. Creo sinceramente que el 15 de Mayo de 2011 marcó el principio del fin de la Transición, o al menos estoy dispuesto a luchar porque así sea.
          He aquí mi propuesta de reforma de la Constitución, creo que cuáles son los aspectos a tratar es evidente, otra cosa es la solución que quepa adoptar. Aquí propongo la mía, pero la única buena será aquella que alcance un consenso amplio. Defiendo que mi propuesta no es ideológica porque los cambios y añadidos a la Constitución son de carácter formal (incluso el de la renta básica, pues la libertad negativa que conceden los derechos civiles y políticos es insuficiente y son necesarias medidas de libertad positiva, porque sin medios para ejercer la libertad no hay realmente libertad) y todos redundan en una ampliación de la soberanía popular y de la neutralidad del Estado.

          1/ Ley electoral justa. Personalmente optaría por una circunscripción única, con un Congreso de 400 diputados y donde los votos en blanco se contabilizaran para el reparto de escaños.
          2/ Separación de poderes. Básicamente habría que independizar el poder judicial del legislativo, los propios jueces deberían escoger a los miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial.
          3/ Principio de subsistencia. Presente en la Constitución alemana, es semejante pero no equivalente a una renta básica y garantiza (o debería garantizar) que no exista la exclusión social. Los ciudadanos en riesgo de exclusión social percibirían una ayuda que no es una renta fija, sino proporcional, estableciéndose un mínimo para gastos de vestimenta y alimentación además de vivienda y energía (dentro de unos límites).
          4/ Cauces de participación ciudadana. ¿No deberían leyes orgánicas como las de educación ser refrendadas mediante referendum? Tal vez así no habría una nueva ley de educación con cada nuevo gobierno, pues cualquier propuesta sometida a referendum que quisiera salir airosa debería contar con un amplio consenso. La propia Constitución debería contemplar que algunas leyes no puedan ser aprobadas sin consulta popular (por no hablar de los cambios en la propia Constitución), así como facilitar la presentación de iniciativas legislativas populares (a día de hoy una tarea hercúlea).
          5/ Estado laico. Bastaría con que el artículo 16.3 de la Constitución quedara redactado así: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal". En cuanto a las razones para este cambio me remito a la entrada anterior Laicismo para dummies.
          6/ República. Sencillamente es más democrático un Estado en que el Jefe de Estado es elegido por la soberanía popular y no por su pedigrí.
          7/ Nueva organización territorial. El estado de autonomías tal cual está no ha funcionado, para algunos la autonomía es demasiada y para otros poca, a nadie le parece la autonomía justa. Este tema es el más complicado de resolver, mi propuesta de consenso sería un modelo federal de estados (en principio Cataluña, País Vasco, Galicia y resto de España) siguiendo el modelo de los Estados Unidos. Me veo incapaz de abordar este problema en estas pocas lineas, pero apuntado queda.

          De estas reformas algunas me parecen absolutamente indispensables, irrenunciables para tener una democracia completa, otras menos (por ejemplo, la monarquía parlamentaria me parece un mal menor, si la figura del monarca sirve para cohesionar). En cualquier caso la reforma buena sería aquella acordada por una amplia mayoría del Congreso y refrendada mediante referéndum también con una amplia mayoría, yo aquí solo quería sugerir algunas líneas de reforma.
           ¿Es esta una hoja de ruta para el 15M? No. El 15M no debe renunciar (mientras no quiera hacerlo) a asambleas de barrios (gracias a ellas ha despertado una solidaridad vecinal dormida), parar desahucios (o incluso realojar en edificios vacíos) y combatir las redadas racistas. El 15M sigue, o debe seguir siendo, un movimiento plural, sin un programa único sino rico en propuestas e iniciativas que se ajusten a dos criterios: independencia de partidos y sindicatos (aunque se pueda coincidir y colaborar con ellos) y defensa de la democracia y la justicia social. No obstante creo que el 15M puede ser la punta de lanza de un frente reformista al que se sumen partidos, organizaciones y ciudadanos ajenos al 15M. El primer punto de reforma que destaco es el que más amplio respaldo ha tenido dentro del movimiento del 15M desde el principio (la demanda que más veces ha aparecido en las asambleas, en el buzón de la acampada de Sol, en esas asambleas virtuales que son twitter y facebook), y por ello el primer gran paso para completar la Transición es este domingo, #18D, en que saldremos a la calle para defender el principio "una persona, un voto", para protestar por una ley electoral injusta. Porque si el único cauce para la participación ciudadana en esta democracia es el voto cada cuatro años, y a efectos prácticos no todos los votos valen lo mismo, entonces se están desfigurando los tres aspectos básicos de la democracia: la libertad, la soberanía popular y el pluralismo político.

viernes, 1 de julio de 2011

La revolución será global o no será

          El 15M es un movimiento heterogéneo y plural. Sus miembros compartimos un estado de ánimo, la indignación, y un anhelo, el de un mundo en que los ciudadanos seamos los auténticos dueños de nuestro destino.
          En lo que respecta a nuestro estado de ánimo, el 15M podrá desembocar o no en una mejora de nuestra vida política, pero es ya un éxito como revolución ética, y es que la indignación, a diferencia de otros sentimientos como la ira, el resentimiento o la vergüenza, es específicamente moral. La indignación es transferible y justificable. Hay cosas que son en sí mismas indignantes, mientras que solo serán amables, vergonzosas o repulsivas para algunos y no para otros, y esto es así porque la indignación surge ante la injusticia, y la justicia es un bien objetivo. Por ello uno no solo se indigna por un daño sufrido en carne propia, sino que puede, y debe, hacerlo por un mal ajeno, la indignación busca, incluso exige, ser compartida.
          En cuanto a aquello que el 15M persigue, insisto en que es heterogéneo, lo cual no significa que no haya propuestas concretas, ni que una gran mayoría de miembros del 15M no compartamos unas cuantas de esas propuestas, sino que obviamente no hay unanimidad. Sí creo que la hay respecto al anhelo antes mencionado, que considero está resumido en el lema que presidió la manifestación del 15M: "Democracia real ya: no somos mercancía en manos de políticos y banqueros". Ciertamente este lema puede ser interpretado de diversas formas, pero subraya en cualquier caso la necesidad de que los ciudadanos sean autónomos, se den a sí mismos la ley, y no heterónomos y por tanto sean fuerzas externas quienes decidan por ellos.  Dicho lema no supone necesariamente, y en mi lectura personal no lo hace en absoluto, una enmienda a la democracia representativa en su totalidad, sino al estado actual de la democracia representativa, en que la participación ciudadana es tan limitada que en ocasiones los ciudadanos llegamos a sentirnos más bien súbditos pero con un mínimo derecho a la pataleta.

          Bien, ese lema que considero el pegamento del 15M es un gran eslógan porque aúna muchas sensibilidades diferentes, pero tiene una indefinición esencial que lo hace muy ambiguo: ¿A quién se refiere ese "somos"? ¿A los ciudadanos españoles, europeos o a los ciudadanos del mundo?
          En Islandia su revolución claramente se centró en el plano local, las medidas tomadas son de carácter más bien autárquico. En la revuelta del 15M, en cambio, se mezclan lo local y lo global, y mi hipótesis es que gran parte de las tensiones internas del movimiento se deben a esta ambigüedad de partida. Uno de los rifirrafes recurrentes del 15M es el que se da entre aquellos que defienden un consenso de mínimos y quienes consideran que dicho consenso lo es más bien de ínfimos. Estas diferencias resultaron, por ejemplo, en la creación en la acampada de Sol de dos comisiones de política: corto plazo y largo plazo. No obstante creo que en todas estas divisiones hay un error categorial: no se trata de mínimos frente a máximos, ni de corto frente a largo plazo, sino de medidas locales y de medidas globales.
          Echemos un vistazo a las propuestas recurrentes de mínimos: reforma de la ley electoral, reforma del Senado, separación de poderes, leyes de transparencia y regeneración democrática. Dichas medidas claramente se refieren a la democracia española.
          Por otra parte, algunas de las medidas mal llamadas (según vengo defendiendo aquí) "a largo plazo" se refieren a la democracia global: eliminación de los paraísos fiscales, implantación de una tasa Tobin a las transacciones financieras, independencia del poder político nacional respecto a organismos internacionales como el FMI... Es inútil exigirle estas reformas al gobierno de España, pues se trata de medidas que solo pueden ser adoptadas por organismos internacionales.

          No sé si influido por uno de los lemas de la generación X, que considero la mía, "piensa globalmente, actúa localmente", o porque parece más fácil que se implanten dichas medidas, considero que tal vez en un primer momento (y esto haría relevante la división categorial corto/largo plazo) habría que centrarse en las medidas locales. Pero tanto las medidas locales como las globales son igualmente mínimas porque se trata de medidas formales y no de contenido, se refieren a las condiciones de posibilidad de una auténtica democracia y no a concreciones particulares acerca de la mejor forma de gobernar dicha democracia. Se trata de medidas destinadas a separar los poderes, pero no los tres poderes tradicionales, sino a estos frente a un cuarto poder, el económico. Las cosas han cambiado desde Locke y Montesquieu, y no hay auténtica democracia sin independencia de los gobiernos respecto al poder económico, tanto a nivel local como global. Debido a la mundialización no existe la soberanía nacional plena, los Estados han perdido su autonomía. Los países del tercer mundo llevan sufriendo este fenómeno desde el principio, ahora le ha tocado a los países del primer mundo.
          De este modo, si de lo que se trata es de recuperar plenamente nuestra autonomía ciudadana, las medidas locales son condición necesaria para ello pero no suficiente, y otro tanto puede decirse de las medidas globales y por eso la revolución será global o no será.

viernes, 24 de junio de 2011

El referéndum del 15O y el movimiento 15M

          Esta tarde se reunen en el Patio Maravillas a las 19:00 horas Democracia Real Ya y los organizadores del controvertido Referendum del 15 de Octubre, muchos esperamos que dicha reunion arroje cierta luz sobre esa controversia, pero al margen de lo que allí ocurra pueden juzgarse ya algunos de sus elementos.
            Lo primero que hay que preguntarse es "¿es una buena idea ese referendum?", y personalmente tengo mis dudas. Primero por la fecha en que se ha convocado, pues ya hay convocada una manifestación global para ese día por parte de DRY. Segundo por el hecho mismo, ¿por qué iba a entregar mis datos personales a unos desconocidos? Tercero porque es improbable que sea un éxito, pues entiendo que no serán pocas las reticencias a la hora de confiar el DNI a quien no se conoce, y el 15M necesita acciones masivas (en cierto sentido, nuestro número sustituye como arma a la violencia). Y por último las formas, porque ciertamente no hay un poder ejecutivo en el 15M, pero hay organizaciones que representan a mucha gente como las asambleas, acampadas, DRY, Juventud Sin Futuro o #Nolesvotes, y no costaba nada informarles de la iniciativa del referendum antes que a la prensa (especialmente deberían haber informado a DRY que ya tiene convocado un acto para el 15 de Octubre), y además me consta que hay al menos una persona que se ha dirigido a los promotores del referendum pidiendo información y se ha sentido insultada y maltratada con la respuesta que obtuvo.
          Lo segundo que hay que preguntarse es "¿tienen derecho a convocar dicho referendum?", y creo que sin duda. No creo que haya nadie con autoridad para expedir carnets de "legítimo 15M". La fuerza del movimiento 15M es su pluralidad y su falta de mando único, cualquier iniciativa cuyas propuestas coincidan con parte de lo que viene reivindicando el 15M tiene perfecto derecho a ser impulsada. Me temo que he leído algún blog y visto algunas reacciones a la convocatoria del referendum un poco estalinistas: cuestionando la procedencia de alguno de los impulsores del referendum (pero deberíamos criticar las propuestas, no quien las hace) y extendiendo el bulo de que un partido político (concretamente UPyD) estaba detrás. El 15M se juntó gente de muy diversas ideologías, y entre otras cosas eso hizo grande al 15M, andar ahora juzgando las ideologías de cada cual sí que me parece muy contrario al movimiento 15M. Además, sencillamente es imposible ser antidemócrata y proponer algo en el espíritu del 15M, porque precisamente si hay algo que suscita el consenso unánime de los miembros del movimiento es la defensa de la democracia. ¿Cómo se repara el mal de una acusación infundada? El bulo de que se trata o bien de fascistas o bien de marionetas de UPyD (que están muy lejos de ser fascistas, por cierto) ya ha corrido y seguirá corriendo, el daño está hecho. Sencillamente prefiero que se me escape un culpable a acusar injustamente a un inocente, y no querría que el movimiento 15M empiece a generar purgas, rechazo a la disidencia y sospechas continuas de boicoteo.
          Lo tercero que hay que preguntarse es "¿beneficia al movimiento?", y de momento, tal y como se han llevado a cabo las cosas, no lo parece, aunque es cierto que ha tenido mucho éxito en la prensa. Ha generado reticencias y algunas personas se han sentido manipuladas, lo cual ha llevado a verlo como una iniciativa oportunista y secesionista. Y lo sea o no, generar esa paranoia, cuyo origen es un miedo con cierto fundamento debido a la fragilidad del movimiento fruto de su pluralidad, es una consecuencia muy negativa de la iniciativa. Probablemente se trata de un daño colateral... pero era previsible y por ello debería haberse tenido en cuenta y haberse prevenido.
          En fin, espero que estas reflexiones ayuden en parte a calmar los ánimos, pues no es otro su objetivo, pero he escrito esta entrada algo precipitadamente y espero no estar haciendo aquello que les reprocho a los organizadores del referendum a cuyo contenido, por cierto, tal vez me refiera en futuras entradas del blog, aunque casi podría remitir a la primera de todas #consensodeminimos.

martes, 24 de mayo de 2011

#consensodeminimos

          Sumo mi esfuerzo al de todos aquellos que están tratando de que el movimiento 15M no caiga en el sectarismo y pierda precisamente aquello que lo hizo triunfar: su independencia de partidos e ideologías.
          Considero que la única forma de lograr un consenso acerca de las reivindicaciones del movimiento, cosa esta indispensable si queremos cambiar algo, es no proponer contenidos particulares de debate político, sino propuestas que se refieran a las condiciones mismas de posibilidad del debate político.
          Así, en sintonía con manifiestos semejantes como el de Todos a una por fin o el de Ignacio Escolar, propongo humildemente cuatro principios básicos de la democracia, independientes de ideologías particulares, y al hilo de cada uno de estos principios las reformas legislativas que su cumplimiento entrañaría.

1/ UN CIUDADANO, UN VOTO. Para que se cumpla este principio sería necesario modificar la actual ley electoral adoptando una circunscripción única y poniendo el límite de la representación en el 3% (en muchas autonomías está en el 5%). A su vez, dicha reforma de la ley electoral conllevaría reformar el Senado para convertirlo en una auténtica cámara de representación territorial, evitando así que por la circunscripción única queden sin representantes las regiones más despobladas del país. [Conlleva reforma de la Constitución]

2/ SEPARACIÓN DE PODERES. Para que se cumpla este principio es necesario modificar el sistema de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, de tal forma que sean jueces, fiscales y abogados quienes los elijan y no el poder legislativo. [Conlleva reforma de la Constitución]

3/ LA ACTIVIDAD POLÍTICA PERSIGUE EL BIEN COMÚN. Para que se cumpla este principio es necesario que la actividad política no conlleve privilegios (suprimir la financiación pública de los partidos políticos, suprimir las pensiones vitalicias de diputados y senadores, control del gasto en actos oficiales), perseguir arduamente la corrupción con medidas de transparencia política  (hacer pública la evolución del patrimonio de los representantes políticos), así mismo la política no debería ser una salida profesional, para evitarlo propongo que el sueldo de un político, independientemente de su cargo, sea el sueldo que percibía por su anterior empleo, y de no haber tenido un empleo anteriormente (por ser muy joven, parado, amo de casa...) que el sueldo sea el sueldo medio de un funcionario de acuerdo con su nivel de titulación.

4/ LA DEMOCRACIA SE BASA EN LA SOBERANÍA POPULAR. Para que se cumpla este principio es necesario que la democracia sea participativa. Esto no quiere decir que deba dejar de ser representativa, sin voto no hay democracia, pero votar cada cuatro años es un ejercicio muy insuficiente de su soberanía por parte del pueblo. ¿Cuáles serían los límites de la participación? Por ejemplo debería fijarse un tope del gasto que puede acometerse en grandes proyectos públicos, que de superarse necesitaría el refrendo popular mediante referendum (a nivel nacional, autonómico, municipal o vecinal), y ninguna ley orgánica debería poder aprobarse sin refrendo popular mediante referendum.

          Estas propuestas no solo no son inamovibles, muy al contrario ansían ser mejoradas. Como nos dice Habermas una de las reglas del diálogo, y sin éste no hay consenso posible, es que cualquiera pueda problematizar la afirmación que le parezca problematizable, y Gadamer defiende que no hay diálogo si no estoy dispuesto a ser convencido por ideas mejores que aquellas que son mi punto de partida.
          En fin, espero que sea de ayuda. No es mi intención embarullar más la cuestión con una nueva propuesta, sino con la mía refrendar las que he mencionado más arriba, pues es muy semejante a aquellas pero consideré que tenía un par de ideas que iban más allá (pero que se mantienen en el espíritu que animó el 15M).
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