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viernes, 3 de julio de 2015

Este no es otro artículo para explicar qué está pasando en Grecia

          Vaya por delante que este no es otro artículo más para explicar qué está ocurriendo en Grecia. Carezco de elementos para elaborar una explicación profunda y dar una interpretación formada de los hechos. Por una parte mis conocimientos de economía se reducen a nociones muy rudimentarias y unos pocos fundamentos de teoría de juegos, tampoco soy experto en relaciones internacionales ni en la legislación de la Unión Europea y no me creo que por haber leído un buen número de artículos acerca de la situación en Grecia realmente pueda hacerme una idea exacta (y puede que ni tan siquiera aproximada) de dicha situación. Por otra parte no soy tifosi de Syriza ni de ningún otro partido político griego (aunque tengo a Nueva Democracia y al PASOK por culpables de la crisis griega, por lo que irían los últimos en mi lista de no ser porque ese lugar es para el infame partido neonazi Amanecer Dorado). Yo diría que el ser supermegafan de Syriza o todo lo contrario ha contribuido a sustentar la mayoría de las opiniones que estamos leyendo estos días acerca del caso griego, y juraría que, a diferencia de las opiniones vertidas por expertos en política internacional o en economía, aquellas son irrelevantes. Y por eso puede que, aunque mi artículo no pueda explicar nada sobre lo que ahora está pasando en Grecia desde el punto de vista técnico, sí pueda beneficiarse de una visión apartidista.
         Esa visión apartidista no es en absoluto neutral: siento un especial cariño por Grecia y sus gentes, siento esperanza (aunque sin mucha fe) con el proyecto de la Unión Europea a pesar de todos sus defectos y siento una profunda desconfianza hacia el FMI.
          Soy filósofo y siento Grecia como mi patria intelectual, he viajado a dicho país en dos ocasiones y son viajes que recuerdo con especial cariño (son, de hecho, los mejores viajes de mi vida), adoro la cultura griega y a los propios griegos (salvo conduciendo, en la carretera me acojonan) y me parece sencillamente terrible lo que están sufriendo.
          Respecto a la Unión Europea anhelo una política fiscal común y una Europa de las gentes, no soy ciego a los múltiples defectos de esta Unión Europea, pero quiero recordar siempre su origen, y que un pacto económico sirvió para hacer de tal manera codependientes a Francia y Alemania como para garantizar la paz, y este y no otro es el fin último de la Unión Europea. Así, frente a la ola generalizada de euroescepticismo (o antieuropeísmo) yo sigo creyendo en el proyecto de la Unión Europea, y quiero que paulatinamente desaparezcan las patrias bajo la Novena de Beethoven.
          Por fin, el FMI y el Banco Mundial tienen un mandato que es combatir la pobreza, pero en este caso veo un abismo mucho más grande que en el caso de la Unión Europea entre sus fines y sus actos. Es más, me parece increíble que a estas alturas nadie pueda confiar en un organismo que tuvo como presidente a alguien como Rodrigo Rato, estafador profesional.

          Más allá de mis simpatías y antipatías hay que abordar (en la medida de mis posibilidades) los hechos: el origen de la crisis de deuda griega es la corrupción generalizada de su sistema político y más concretamente de los dos principales partidos Nueva Democracia y el PASOK. La entrada en el en el euro en 2001 cumpliendo aparentemente con los criterios del tratado de Maastricht fue un espejismo, y Nueva Democracia, con ayuda de Goldman Sachs, presentó durante años cuentas falsas en años posteriores. Debido a esto la gran recesión de 2008 originada en los Estados Unidos golpeó con especial severidad a Grecia de tal forma que la agencias de calificación rebajaron la deuda del país heleno a la categoría de "bono basura". En 2010, ante la inminencia de la bancarrota del estado heleno el gobierno solicitó un primer rescate a la Comisión Europea, el BCE y el FMI por valor de 110.000 millones de euros y fue concedido a cambio de la implantación de medidas de austeridad, reformas estructurales y la privatización de empresas públicas. En 2012 hubo un segundo rescate por valor de 130.000 millones de euros. Desde el punto de vista social los años de crisis en Grecia han tenido como consecuencias una merma significativa de los niveles de salud y disminución de la esperanza de vida, emigración forzosa, deterioro de los servicios públicos y en general aumento de la pobreza y la desigualdad. Obviamente esta relatoría de hechos es demasiado sintética, pero es cuando puedo permitirme aquí.
          El presente, como todos sabemos, es que el pasado domingo 28 vencía el plazo para la concesión de un tercer rescate y que el próximo domingo 5 se celebrará un referéndum en Grecia para aprobar o no los términos de dicho rescate propuestos por la Comisión Europea, el BCE y el FMI. La papeleta de voto reza "¿Debe ser aceptado el acuerdo propuesto, que fue presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25/06/2015 y que consiste en dos partes, las cuales constituyen su propuesta unificada?" y a continuación se especifican los títulos de los documentos en cuestión y se ofrecen dos simples opciones: "sí" o "no". Los puntos centrales de la propuesta son una ampliación de la base del IVA y una reducción drástica del número de personas que pueden optar a un retiro anticipado, así como más acciones para reducir la evasión fiscal y acabar con la corrupción. Para el gobierno de Tsipras básicamente se trata de un nuevo memorándum de la troika que supone continuar con las políticas de austeridad sin visos de mejora.

          Son tres al menos los Premio Nobel de Economía que han escrito sobre el inminente referéndum convocado por el Primer Ministro heleno Alexis Tsipras: Joseph Stiglitz y Paul Krugman defienden (como el gobierno griego) el "no", y el griego Christopher Pissarides pide el "sí". Aspectos respecto a los que hay relativo consenso son: a) la deuda helena es impagable (al menos en un futuro próximo) por lo que es necesaria una nueva quita, b) los dos primeros rescates fueron íntegros para pagar a acreedores por lo que Grecia no pudo realmente disponer de ellos y c) las políticas de austeridad llevadas hasta ahora no permiten resolver la crisis griega. Ninguna de estas tres cosas implica que haya que abrazar necesariamente el neokeynesianismo de Stigliz o Krugman, pero sí señala que es necesario otro rumbo (o al menos otra cadencia) en las reformas que debe asumir Grecia y sugiere una reestructuración de la deuda.
          También hay que tener en cuenta que, si bien el FMI es una entidad conformada por presuntos expertos tecnócratas, y por tanto presuntamente independiente políticamente, un think tank elegido de espaldas a la ciudadanía, no así la Comisión Europea, en el que están presentes ministros de economía de los distintos países de la Unión Europea y que por lo tanto actúan como representantes de sus diversos estados (esto lo preciso porque una forma de simplificar el debate es "soberanía griega versus dictadura europea", cuando lo que hay, al menos en parte, es un conflicto internacional entre distintos estados soberanos lo cual, todo sea dicho, no es sino un síntoma más de que la Unión Europea no funciona mejor que nuestro triste estado de las autonomías en que en lugar de una política común hay una pugna por satisfacer intereses regionales).

          Y ahora por fin, con las cartas sobre la mesa (pido disculpas por mi manía de escribir entradas que consisten en un larguísimo preámbulo seguido de una conclusión) abordemos el asunto del referéndum que para unos es una grave irresponsabilidad y para otros la cima de la democracia occidental (y vaya por delante que no voy a defender ni el "sí" ni el "no", atreverse a pronunciarse sobre ello sin vivir en Grecia y sin conocer los pormenores del pacto propuesto por el Eurogrupo, las alternativas y las consecuencias del mismo me parece obsceno).
          El asunto del referéndum se está abordando de forma harto tramposa, pues hay quienes argumentan a favor de este referéndum defendiendo la necesidad de referendums en general, pero una cosa es la teoría política abstracta y otra el ejercicio práctico de la política. Que los referendums sean un instrumento necesario de participación directa en democracia no implica necesariamente que todo referéndum sea bueno para la democracia y ahonde en la misma (por poner un ejemplo, un referéndum acerca de si instaurar la pena de muerte o no a mí me parecería terrible para nuestra democracia). Por lo tanto es necesario medir la pertinencia de este referéndum (no su legitimidad, que no está en absoluto en entredicho), así como su forma y contenido.
         En política las medidas son pertinentes si son oportunas, y eso hace que haya que plantearse si el referéndum ha sido convocado adecuadamente en tiempo y forma. Desde mi punto de vista este referéndum es inoportuno y satisface intereses puramente partidistas. Por una parte es precipitado, se hace referencia en la papeleta de voto a un documento técnico de varias páginas cuya firma o no arrastra importantes consecuencias que son difíciles de imaginar para el (como yo) ciudadano medio (por lo que de hecho el referéndum se usa como plebiscito sobre el gobierno mismo de Grecia "¿A quién queréis más, a mamá Syriza o a la madrastra UE?", lo cual es una simplificación rastrera). Por otra es inútil, pues se vota la aprobación de un acuerdo cuyo plazo expiró el domingo pasado y que por tanto no es válido (podemos votar ahora acerca de si firmar o no el tratado de Tordesillas con Portugal, pero nada cambiará el hecho de que ya fue firmado, y nada cambiará el hecho de que el acuerdo que menciona la papeleta del referéndum ya no ha sido firmado).
          ¿Por qué digo que es partidista el referéndum? Porque Tsipras ya había aceptado el acuerdo o se mostraba dispuesto a aceptarlo, pero parte de su partido no iba a hacerlo, esto es, probablemente el Parlamento griego no iba a aceptarlo. ¿Qué hacer? ¿Quedar como el Primer Ministro que promete el fin de la austeridad y luego cede, y al que deben sacar los colores sus correligionarios convirtiéndolo en un traidor? Tsipras no ha querido ser Papandreu, ha querido salvarse y ha huido.
          La decisión a tomar es difícil, el acuerdo es complejo, entender las líneas principales del documento y sobretodo conocer sus consecuencias (así como el punto de partida: ¿cuánto dinero hay en la hucha, hasta cuándo se va a poder pagar las pensiones, el subsidio de desempleo, los salarios de los funcionarios públicos?) no están al alcance de cualquiera. Este tipo de decisiones son el fundamento de la democracia representativa y Tsipras ha rehuido su responsabilidad como representante delegando en el pueblo una responsabilidad que este no está en condiciones de asumir. ¿Cómo, estoy sugiriendo que el pueblo no es soberano, que no debe dejarse que decida? No, digo que si se considera que los acuerdos con la UE, la solicitud de un rescate, son algo que debe ser aprobado en referéndum, si realmente Tsipras considera que no tiene autoridad para firmar tal acuerdo, si ama los referendums como instrumento democrático, entonces debería haberlo convocado antes. Muchos ahora consideran que los votos de los griegos están "secuestrados": se votará con miedo o con el bolsillo dicen algunos, yo añado que se votará también borrachos de nacionalismo, ideología y revanchismo. El voto no está secuestrado, pero no es más que formalmente libre, porque ante la urgencia es difícil tomar la distancia necesaria para evaluar sensatamente las opciones, un referéndum a empujones no es precisamente el ideal de la democracia.
          ¿Por qué no se convocó el referéndum hace un mes? La réplica parece obvia: no había propuesta concreta a evaluar. La contraréplica me resulta igual de obvia: tampoco ahora la hay, dicha propuesta ya no está vigente, y además, según Tsipras y Varoufakis no se trata realmente de votar ese documento sino en contra o a favor de las políticas de austeridad, o a favor o en contra de reestructurar la deuda, o a favor o en contra de seguir negociando o romper con la UE, o a favor o en contra de seguir en el euro o recuperar la soberanía monetaria (la única soberanía que ha sido realmente cedida por los estados miembros de la UE, además de aceptar someterse a una legislación común). En fin, si realmente el referéndum esconde una debate mayor, sin duda podía haberse planteado hace meses. Es más, creo que, si realmente Tsipras considera que su respaldo electoral no es suficiente para firmar rescates y es necesario un referéndum, debería haber convocado dicho referéndum al principio de su mandato para tomarlo como hoja de ruta (aunque lo que hizo era lo sensato, tomar como hoja de ruta su programa electoral, pues ahí están los principios que votaron los ciudadanos griegos en las últimas elecciones generales).
          Por otra parte la política es (ha de ser) ventajista (respetando ciertas líneas rojas como los Derechos Humanos), basada en las consecuencias y el mayor bien para la mayoría (una vez más, respetando ciertas líneas rojas). Desde este punto de vista solo el futuro podrá decirnos realmente si este referéndum ha sido útil o no: si permite al pueblo Griego vivir mejor sí, de lo contrario no; si no debilita a la Unión europea sí, de lo contrario no (esto último muchos lo ven al revés, pero yo me declaro europeísta apátrida, y anhelo que la UE vaya a más y a mejor). A priori sabemos que si esta catarsis no consigue reencauzar la gestión de la crisis griega solo habrá servido para encarecer el rescate, pero tal vez haya servido para poner sobre la mesa las dimensiones del problema y permitir una nueva quita (sí, ya ha habido quitas de la deuda griega) y una reestructuración de la deuda. Desde mi punto de vista esto no cambiaría mi idea de que Tsipras ha obrado cobardemente, pero igual que las buenas intenciones en ocasiones conducen a grandes desastres, a veces intenciones espurias son motores del progreso. Sin ir más lejos el propio FMI acaba de reconocer que la deuda es impagable, luego este referéndum chapucero tal vez no sea sino un capítulo de la astucia de la razón hegeliana.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El 15M vota

          El 15M no es ningún partido, pero el 15M vota. Un sector del 15M no, es más, un sector del 15M no solo no querría votar, sino que tampoco querría que lo hiciera el resto. Así, desde el principio algunos torpedearon cualquier intento de acceso del 15M a las instituciones mediante los mecanismos de la democracia representativa. Hubo (hay) en el 15M quien no cree en ese modelo de democracia, quien reclama una que llaman "directa" o "participativa" cuando en realidad corresponde más bien a lo que Giovanni Sartori llama "una exasperación de la participación de tipo activista" que "nos propone a un ciudadano que vive para servir a la democracia (en vez de una democracia que existe para servir al ciudadano)". Pero el 15M es un movimiento con altas aspiraciones, con sueños, pero anti-utópico (recordemos, "sí se puede") o por lo menos renuente a utopías pasadas. A quienes se empecinan en aquellas utopías les costó (les cuesta aún) entender y aprobar esto, están tan convencidos de que la calle son ellos que cuando pasa algo en la calle creen que son ellos mismos lo que ha pasado (aunque ni pasaran por allí).

          Pero muchos del 15M querían votar y estaban huérfanos de partido. #NoLesVotes no supone defender la abstención (eso sería #NoVotes) sino no transigir con la corrupción votándola. Así que el 15M creó sus propios partidos. "Ningún partido es el 15M" se aprestan a gritar algunos. Claro, cualquiera que haya participado en el 15M desde la 1ª, la 2ª o la 3ª fila lo sabe, pero también cualquiera que haya participado en el 15M, en sus asambleas o en la red, reconocerá a algunos de sus compañeros de 1ª, 2ª o 3ª fila en estos partidos. No hace falta que presuman de haber participado en el 15M, los hemos visto, los conocemos aunque solo sea de forma virtual. En Podemos y en el Partido X (con el que colaboré muy tímidamente haciendo propuestas, votando y divulgando) los hemos reconocido.

          Sí, en Podemos hay una figura mediática, sí, estampó su retrato en la lista electoral. ¿Es personalista Podemos? Yo diría que sí pero participar en las elecciones es aspirar a llegar a las masas, ¿de verdad se pretende que si un partido tiene un icono mediático prescinda de él? Un partido si es pequeño, ¿acaso debe aspirar a obtener votantes en secreto? Me parece antiestético (como poco) ver el jeto del candidato en la lista, pero cuando la marca que se tiene es "ni su", habrá que emplear cuanto permita al partido salir del anonimato. ¡De eso va ganar elecciones! (Todo lo dicho no justifica en cambio cosas como lo ocurrido en Murcia, que habla no solo de personalismo sino de autoritarismo.)

          Y de nuevo: ¿Hay por tanto partidos del 15M? No, es un movimiento plural, nadie puede pretender ser su representante (aunque algún partido del establishment, pero que cree no serlo, lo haya intentado). Aún así hay partidos que recogen sus formas, propuestas y parte de su gente. Por supuesto que hay 15M en otros partidos, también los conocemos. De hecho, en pasadas elecciones parte de ese 15M que quería votar, votó, y eligió entre los partidos que ya había. Algunos votaron a IU por su apoyo a las protestas ciudadanas y su presencia en las mismas (pero muchos otros jamás votarían a un partido con consejeros en Bankia o sin primarias), otros a UPyD por sus primarias abiertas y su proyecto de regeneración democrática (pero muchos no quieren saber nada de su encastillamiento en el asunto territorial o su discurso meritocrático), EQUO no fue capaz de aglutinar suficientes votos pero recibió muchos, y puede que incluso hubiera quien votara al PSOE o al PP o a partidos nacionalistas, sí. Pero había una mayoría de votantes del 15M que no quería símbolos o caras del pasado, y los partidos existentes, sobretodo aquellos a la izquierda, no entendieron esa reticencia y les acusaron de adanismo político. Era todo lo contrario, la historia les había hecho desconfiar de ciertos símbolos, no era adanismo, era prudencia.

          Ahora parece que hay otras opciones, las maneras del 15M (para bien y para mal) han llegado a partidos nuevos porque suponen una contradicción de las maneras de los partidos antiguos (PSOE, PP, IU...), del aparato. El 15M no abjura de la democracia representativa (una parte sí, su lucha está fuera de las instituciones y ahí sigue), pero cree que esta puede ser realmente participativa mediante fórmulas de democracia interna en los partidos. El 15M ha germinado en múltiples iniciativas y ahora también en votos (no tanto en mi opción, el Partido X, se ve que las redes pueden organizar ideas y estructurar una candidatura electoral, pero de momento parece que solo los grandes medios pueden hacerla visible).

          Hay quien teme la irrupción de Podemos en las instituciones, pero yo lo veo como un tábano que haga despertar a un sistema de partidos y de votantes dormido (sí, UPyD y EQUO llegaron antes, pero no lograron un impacto así, lo cual no resta mérito a su temprana proeza). Confío en una suerte de selección natural que convertirá el programa de Podemos en algo cada vez más razonable cuanto más cerca esté de poder ser aplicado, pero al margen de lo que me guste o no Podemos (de eso me ocuparé en otra entrada más adelante), mi esperanza es que gracias al hype de Podemos en breve sea una realidad lo que le oí decir a Inés Sabanés en una tertulia, que "dentro de unos años cualquier partido sin primarias abiertas parecerá medieval", porque la mejor forma de participación en las democracias representativas es a través de los partidos políticos, y cuanto más abiertos sean estos mejor será para nuestra democracia en general.

viernes, 2 de agosto de 2013

Rajoy y la democracia espuria

          Si hay algo que ha demostrado el Presidente Rajoy en su comparecencia de ayer en el Senado ante los diputados del Congreso es una concepción de la democracia vergonzosamente pobre, y que todo un Presidente del Gobierno pueda tener una idea tan limitada, tan inexacta de la democracia, explica perfectamente la actual crisis política.
           La intervención de Rosa Díez señaló dos aspectos interesantes de ese sonrojante analfabetismo político de Rajoy: el primero concierne a la separación de poderes, en este caso entre el legislativo y el ejecutivo (cierto que en sistemas parlamentaristas como el nuestro cuando hay mayorías absolutas esta separación se desdibuja, pero existe) y el segundo atañe a la diferencia entre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio.
           Empezando por el segundo aspecto, nadie discute a quien haya sacado plaza en su oposición a maestro que esté legitimado para enseñar en un colegio público, salvo que falte sistemáticamente a clase, enseñe lo que no corresponde a ese ciclo educativo o maltrate a sus alumnos (nótese que en el tercer supuesto la actuación del maestro sería además constitutiva de delito, pero no por ello debería dejar de asumir su responsabilidad en calidad de docente, aunque Rajoy quiera hacernos creer que la responsabilidad penal que determinan los jueces, y no la profesional, política en el caso del Presidente, es la única que existe). Que en esos casos el maestro dijera en su defensa “es que yo saqué una oposición” equivale al “yo obtuve una mayoría de los votos” de Mariano Rajoy. La concepción de la democracia de Rajoy no va más allá de la existencia de elecciones y de pluralismo político, condiciones sine qua non de la democracia, sí (mal que le pese a los partidarios de “democracias orgánicas”), pero no suficientes. Ya puestos, cualquier dictador comunista podría aducir para legitimar su poder: “oiga, que yo hice una revolución y derroqué a un dictador”, y no parece que Rajoy fuera capaz de aceptar dicho argumento, pasmosamente semejante al suyo, pues ambos consideran que solo el origen del poder, y no su ejercicio, es fuente de legitimidad. ¿Y qué me dicen de: “Hitler llegó al poder mediante unas elecciones”? ¿Qué podría aducir Rajoy en contra de ese argumento? Su torpe concepción de la democracia le obliga a reconocer la legitimidad del dominio del Partido Nacional-Socialista en la Alemania de los años treinta del pasado siglo. Pero la realidad es que las leyes de Núremberg desposeyeron a Hitler de la legitimidad de las urnas, pues suponían una limitación de los derechos civiles y políticos, una disolución del Estado de Derecho, y por tanto una destrucción de la democracia que ningunas elecciones podrían justificar. La democracia necesita de otras cosas, es un formalismo complejo y las elecciones forman parte de ese formalismo, pero no son todo el formalismo. Uno de los aspectos esenciales de dicho formalismo es la separación de poderes, y esto nos permite pasar al siguiente aspecto.
           Rajoy olvida que a él personalmente no le han elegido los españoles. Los españoles hemos elegido a los diputados, y ellos son los que le han elegido a él, por ello debe responder ante los diputados, que son los representantes de la soberanía popular, y no el gobierno. Rajoy parece ignorar que el ejecutivo y el legislativo deberían ser contrapoderes, por eso se niega a contestar, porque para él, como para el portavoz del PP, el Congreso, sus comparecencias, las sesiones de control, son un mero circo, una pantomima, un formalismo esta vez en el mal sentido de la palabra, un adorno, un trámite burocrático de cara al público. Amasar enormes cantidades de dinero por parte del partido, invertirlo en unas elecciones, salir elegido y... ancha es Castilla. Lo normal es amasar más dinero aún para el partido en general y para sus miembros en particular colocados a dedo en puestos de confianza y en empresas públicas creadas como agencias de empleo para correligionarios que esquivan el sistema normal de acceso a la función pública. Oiga, y durante cuatro años, si hay mayoría absoluta, ¿rendir cuentas a quién, de qué? La democracia es ganar un concurso de votos cada cuatro años y hasta que acabe la legislatura no me moleste usted que estamos gobernando.
           Mi sospecha es que la ignorancia de Rajoy de lo que la democracia es se debe a que jamás se ha interesado por estudiarla, sino que tan solo ha aprendido de su práctica en esta degenerada democracia que tenemos en España. Rajoy realmente cree que independencia del poder judicial significa que este pueda ser politizado por distintos partidos, realmente cree que Gobierno y Estado son sinónimos, realmente cree que libertad de prensa es que haya medios al servicio de más de un partido, realmente cree que las promesas electorales no son en absoluto vinculantes, realmente cree que en la carrera por ganar elecciones todo vale y que no existen las responsabilidades políticas, solo las penales. Lo ha mamado toda su vida y se lo cree, no sabe lo que es una democracia avanzada porque nunca ha tenido contacto con ella y no se ha preocupado por saber en qué consiste.
           En todo este asunto de Bárcenas, Rajoy me recuerda al capitán Renault de Casablanca que cierra Rick's diciendo “qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega” mientras recibe el fajo de billetes de sus ganancias. Eso sí, tengo total convencimiento de que no encontrará una punzada de honestidad hacia el final que le permita resarcirse y que nos lleve a augurar el principio de una gran amistad, porque para rectificar hay que ser capaz de reconocer que uno está equivocado y Rajoy realmente cree que la única democracia posible, la única que existe, es esa en la que él está inmerso, una democracia espuria.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Vinieron de dentro de...

          Finalmente se consumó el desfalco, la gestión de seis hospitales públicos pasará a ser privada con el apoyo unánime de los diputados del PP de la Asamblea de Madrid. Están en su derecho dirán algunos, su mayoría parlamentaria les legitima para tomar esa decisión. ¿Seguro? Estudiemos un poco los hechos mediante sun diálogo ficticio pero basado en hechos reales.
 
          - ¿Cuál es la razón aducida para privatizar la gestión de dichos hospitales?
          - Que están mal gestionados.
          - ¿Quién los ha gestionado hasta ahora?
          - Aquellos que han votado a favor de su privatización.
          - Vaya... o sea que los gestores de la Comunidad de Madrid reconocen su incompetencia y por ello ceden su responsabilidad a terceros que juzgan más competentes, ¿pero si eso es así, no debería dimitir alguien, pedir perdón, ser juzgado incluso?
          - Noooo, porque en realidad esta mala gestión es fruto de una herencia envenenada, es el resultado de la mala gestión de gobiernos anteriores.
          - ¿El estado actual de las cuentas de la Comunidad de Madrid es responsabilidad de los que la gobernaron hace... 17 años?
          - No exactamente, pero sí del sistema que ellos establecieron, que es extremadamente rígido y no concede suficiente autonomía a los hospitales.
          - ¿Luego lo que convendría es reformar tal vez la función pública o el sistema de gestión de los hospitales?
          - No, porque hay algunos hospitales deficitarios.
          - ¿Los que se construyeron hace más de 17 años?
          - Buenoooo, más o menos.
          - ¿De esos se privatiza la gestión?
          - No exactamente. Se privatiza la gestión de seis hospitales construidos hace dos legislaturas.
          - ¿Por qué?
          - Porque una empresa privada además de dar un servicio necesita generar beneficios, y hay ciertos servicios que no pueden no ser deficitarios. Por ello la empresa privada se ocupará tan solo de los servicios que tengan un coste más asequible.
          - ¿Pero entonces habrá servicios que desaparecerán?
          - Noooo, ni mucho menos. El Servicio Madrileño de Salud en su conjunto seguirá prestando la misma atención pero parcelada: en la práctica los hospitales públicos asumirán los servicios más caros y los hospitales de gestión privada los más asequibles.
          - Pero entonces no es que la gestión privada sea más eficiente.
          - Sí, porque en los hospitales de gestión privada se podrá contratar a menos personal y con un salario menor, pero se les seguirá exigiendo el mismo grado de profesionalidad.
          - Ya, y eso en conjunto podría redundar en un menor gasto total para la Administración, pero, ¿no lleva ya bastantes años la Comunidad de Madrid haciendo contratos eventuales de seis meses de duración y no ha habido ya varias bajadas salariales?
          - Bueno, sí pero...
          - ¿Pero...? O sea que algo que es de todos los madrileños, que funcionaba correctamente y sin excesivo déficit, por culpa de unos gestores que deciden ganar unas elecciones a base de prometer que construirán ocho hospitales (que construyen empresas privadas a las que se les paga luego un canon de alquiler cada año), renuncian al cabo de unos años a la gestión de seis de esos hospitales asumiendo con ello su incompetencia a la hora de gestionarlos, defienden que con esa renuncia se ahorrará dinero cuando en realidad lo que ocurrirá es que ganarán dinero unas empresas privadas a costa de ser financiadas con dinero público y de que la administración asuma las partidas más complejas de la gestión... ¿y dice que esto, que tiene toda la pinta de desfalco en toda regla a los ciudadanos madrileños, es legítimo porque dichos ciudadanos votaron a favor de ello al votar a favor del programa electoral del PP en las últimas elecciones?
          - ¡Sí! Eso es. Bueno... No. No exactamente.
          - ¿No exactamente?
          - Bueno, es que nada de esto aparece en el programa electoral del PP de las pasadas elecciones.
          - ¿Cómo? ¿Ni una ligera mención a la "externalización" de servicios sanitarios, a la colaboración de iniciativa privada y pública en la gestión sanitaria?
          - Ejem. No.
          - ¿Está diciéndome entonces que el voto de los ciudadanos es un cheque en blanco, que el programa de los partidos no les compromete en absoluto en su gestión?
          - Bueno, un poco sí, pero es que la situación económica...
          - ¿Los partidos políticos elaboran sus programas electorales de espaldas a la realidad? ¿Y eso no es incompetencia e irresponsabilidad?
          - No, es que el despilfarro, el déficit generado por los gestores anteriores...
          - ¿Generado hace 17 años?
          - No, del Gobierno de la Nación.
          - ¿Pero la gestión de la Sanidad no lleva años transferida? ¿No la transfirió de hecho el Partido Popular cuando estuvo en el Gobierno?
          - Sí pero...
 
          ¿Sigo? Es más sencillo que todo esto. Hemos puesto a la zorra a cuidar de las gallinas, a gestionar la Sanidad pública a quienes no creen en la gestión pública de la Sanidad, y lo que han hecho es una profecía que se autocumple: gestionar pésimamente para convencernos de que es imposible que gestores públicos gestionen adecuadamente.
          Como ciudadano madrileño siento que estoy asistiendo a una gigantesca estafa. Insisten en que la Sanidad seguirá siendo gratuita y universal, pero ya ha dejado de ser ambas cosas por el copago farmacéutico y con la exclusión de los inmigrantes sin papeles de la atención sanitaria. Es cierto que el ciudadano medio no notará el cambio, en efecto, pero será sencillamente porque los hospitales de gestión pública darán la cobertura necesaria a aquellos pacientes excluidos de los hospitales de gestión privada, es lo bueno del área única sanitaria, los hospitales de gestión privada podrán especializarse en lo vistoso, barato y fácil, y los de gestión pública en lo oscuro, caro y laborioso. Es lo bueno... para Sanitas, Capio y demás empresas del ramo, que son las que sí se están beneficiando profundamente de la gestión de la Comunidad de Madrid. ¿Es o no es un robo? Su dinero ya no financia lo que es suyo, sino a ciertas empresas (pero a las que usted no elige).
          Ya lo sabe, si usted es ciudadano vale lo que vale su voto, le subirán los impuestos, si usted es un banco o una empresa amiga, el Estado o la Comunidad Autónoma financiarán sus deudas. Lo llaman liberalismo pero su nombre real es corporativismo o feudalismo capitalizado. En el rango de los peores sistemas económicos posibles creo que solo el modelo mercantilista del absolutismo lo supera.

martes, 8 de noviembre de 2011

El voto "útil" inútil

          Hoy un antiguo alumno mío me puso en el siguiente aprieto a través de facebook (lo reproduzco aquí con su permiso, por supuesto, y tal cual me llegó el texto):

          "profe profe!!! jaja perdona que te moleste Javier pero no sabía a quien preguntárselo pero es que no sé muy bien qué diferencia hay entre el voto en blanco y no votar, creo por lo que he leído que si votas en blanco beneficias a los partidos mayoritarios y si no votas va a todos por igual. Mi dilema (y esto me recuerda a aquellas clases de filosofía jeje) es que no votar no es la solución, pero tampoco se merece mi voto el PSOE o el PP y votar a un partido minoritario como UPyD que fue al que voté en las autonómicas es tirar también el voto porque nunca ganará o eso creo. ¿qué me recomiendas? Muchas gracias y perdón de nuevo por las molestias"

          Antes de reproducir mi respuesta (también tal cual la envié), quisiera aclarar que jamás hablo de partidos políticos en clase, pues mi misión es por un lado enseñar a pensar para que mis alumnos puedan juzgar y obrar por sí mismos basándose en razones, y por otro transmitir ciertos valores dado que enseño ética y filosofía política, pero en ningún caso adoctrinar. Y si contesté a esta duda es tan solo porque se trata ya de un ex-alumno (ningún alumno que no sea "ex" tendría acceso a mi facebook, a mi twitter o a mi blog), o sea un adulto que me pide consejo porque confía en mí (cosa que, como antiguo profesor suyo, me hace muy feliz). Esta es la respuesta que le envié, que he decidido reproducir aquí por si alguien estuviera en la misma tesitura que este antiguo alumno mío y pudiera serle de utilidad:

          "Buenas, yo no puedo recomendarte a quién votar, eso es algo muy íntimo que tiene que ver con los principios de cada uno y con la confianza que te merezcan los candidatos. Sí te puedo aclarar un par de cosas, pero con un poco de calma, así que iré por partes.

           Hay cuatro formas posibles de participar en las elecciones (aunque la segunda es una no-participación): votar en blanco, abstenerse, hacer un voto nulo y emitir un voto válido por una candidatura concreta.

           El voto en blanco es un voto legítimo de protesta, consiste en meter un sobre vacío en la urna y expresa tu descontento con los partidos políticos existentes pero no con el sistema democrático. Se dice que perjudica a los partidos minoritarios porque cuenta para el porcentaje total de votos útiles, y es a partir de este porcentaje que se calcula el número de votos necesarios para que un partido obtenga un escaño. Así, si en total hay más votos, cada partido necesita también más votos para obtener representación. Esto no es un problema para los grandes partidos, que siempre tienen votos suficientes y sí lo es para los partidos pequeños. Por eso votar en blanco al final perjudica a los pequeños partidos, que necesitan sumar más votos para obtener representación si hay muchos votos (y a esa suma contribuyen los votos en blanco).

           Respecto a la abstención, las motivaciones que parece haber detrás de ella son o bien pasotismo y pereza, o bien una oposición frontal al sistema (el anarquismo tradicionalmente ha reivindicado la abstención). Si no es tu caso, la abstención no sería una opción.

          Voto nulo es un voto que no tiene validez por no atenerse a las normas, y como no es un voto válido (a diferencia del voto en blanco) entonces no cuenta para el porcentaje total de votos y por ello esta opción no perjudica a los partidos minoritarios. Voto nulo es aquel en que el contenido del sobre no es una de las listas electorales admitidas, o si lo es, entonces ésta ha sido alterada (se ha tachado un nombre o se ha escrito algo), o se ha metido en el sobre más de una lista. El problema del voto nulo es que es difícil distinguir quién lo ha empleado como un voto de protesta con respecto a las opciones políticas existentes y quién sencillamente se ha equivocado al votar. Por ello quien ejerce el voto nulo "activo", como protesta, suele meter en el sobre una papeleta propia que expresa su protesta. Lo malo es que dicha protesta no trascenderá más allá de la mesa electoral que abra el sobre. Si ningún partido te representa y además no quieres que aumente el porcentaje de voto válido por si eso beneficiaría a los partidos mayoritarios, entonces probablemente un voto nulo a propósito sería tu opción.

           Y pasamos a la última opción: emitir un voto válido sobre una de las candidaturas. Lo primero es aclarar tus ideas. Pregúntate si hay un candidato o un partido o un programa electoral que te represente (no tiene por qué ser totalmente). Si, como parece, no quieres perjudicar a los partidos pequeños, tal vez es porque querrías que alguno de ellos tuviera más representación y en ese caso como les perjudicas es no votándoles, porque lo que de verdad les ayudaría sería tu voto.

           Respecto a las elecciones hay un chip mental que debes cambiar, eso de que votar a alguien que "nunca ganará" es tirar el voto. Tirar el voto sería votar a alguien que no te representa solo porque va a ganar, ¿no? Tú eres del Atleti, ¿deberías ser del Barça o del Madrid porque van a ganar? Los políticos no nos representan solo en el gobierno, sino también en la oposición. Pregúntate: ¿quién defenderá mejor mis intereses o mis ideales, gobierne o no? Si la respuesta es "ninguno", abstente, vota nulo o vota en blanco. Si la respuesta es "X" mi consejo sería que votes por "X". La expresión "voto útil" es la que usan los partidos mayoritarios para convencernos de que las elecciones no tienen que ver con elegir a tus representantes, sino con acertar, como en un sorteo, quién será el partido vencedor. Pero para mí, votar por un partido que no te representa y en el que no confías, solo porque tiene más posibilidades de ganar, eso sí que es tirar el voto. Ahora, lo importante es votar en conciencia por motivos propios, si que tu voto sea "útil" en el sentido tradicional es tu motivo y te satisface, nadie somos quien para cambiar el sentido de tu voto.

          Respecto a UPyD te puedo informar porque coincide que mi hermano es el nº 1 por Murcia y aspirante a diputado. En las autonómicas no tiraste tu voto, fue un voto que contribuyó a un gran éxito: un partido que no tenía representantes en la Asamblea y en el Ayuntamiento, ahora los tiene, y defiende su programa haciendo oposición a los gobiernos de Esperanza Aguirre y Gallardón, desde unas ideas diferentes a las del PSOE e IU. Por ejemplo, renunciaron a la mayor parte de sus asesores y coches oficiales, y al renunciar a estos privilegios obligaron a que lo hicieran los demás. ¿No hace eso útil el voto que emitiste, no ha mejorado las cosas un poquito? Los partidos en la oposición también pueden proponer cosas, y en ocasiones son votadas a favor por el resto de grupos y prosperan dichas propuestas. Tener un representante en el Congreso, el Senado, la Asamblea o el Ayuntamiento es participar del gobierno del país, la región o la ciudad, aunque sea desde la oposición. Y con esto no quiero decirte que votes a UPyD, sino que si no les votas, acudas a otras razones, no a la del voto "útil". No les votes porque no te guste Rosa Díez como representante, porque te guste más otro partido, porque no estés de acuerdo con la mayor parte de su programa. Pero no porque no vayan a ganar, como se pierde seguro es votando a quien no quieres, solo porque puede ganar.


P.S. Soy consciente de que esta entrada no está muy bien redactada, pero he preferido salvoguardar la "frescura" del auténtico intercambio de mensajes que tuvimos mi antiguo alumno y yo a través de facebook.

martes, 14 de junio de 2011

La liga PPSOE I

            Existen más parecidos de los que todos querríamos entre la Liga BBVA (antes llamada Primera División) y nuestra vida política.
            La primera de estas semejanzas es que en ambos casos solo hay dos auténticos candidatos al título y el resto de participantes son meros comparsas que se disputan las sobras, y como mucho pueden aspirar a darle la victoria a los unos más bien que a los otros si en sus enfrentamientos directos hacen un buen partido.
            Otra similitud más entre liga de fútbol y política es que el equipo que pierde es incapaz de asumir su derrota, y culpa de ella al resto de equipos de la tabla por haberle vencido, como si no fuera la obligación del Athletic de Bilbao, del Sporting de Gijón, de UPyD o de IU tratar de ganar todos los partidos y lograr el mayor número posible de puntos, sino contribuir o no a la victoria de los dos equipos que aspiran al título.
            Por fin, en ambos casos también, los dos principales equipos cuentan con más posibles y mayor poder mediático que el resto, poseyendo un par de medios de prensa a su servicio, lo cual genera un círculo vicioso que perpetúa esa situación privilegiada.
            Pero la semejanza más preocupante es la que se refiere no a los propios equipos, sino a sus seguidores, a los motivos por los cuales se apoya a un equipo o a otro, y es especialmente preocupante porque en principio la política debería tener que ver con la razón y el fútbol con el sentimiento, pero no, la adhesión al PP o al PSOE de muchos de sus votantes a menudo parece más bien cuestión de entrañas que de meninges.
            No hace falta decirlo: hay de todo. Pero una inquietante masa de votantes de los dos principales partidos son, como los intransigentes del fútbol, ciegos a las faltas que comete su equipo, a los malos modos de sus integrantes, a los errores arbitrales a su favor y a los méritos del rival. Hay una clara confusión entre lo que es bueno para el fútbol, esto es, para España, y lo que es bueno para mi equipo, para mi partido.
            De este modo reina en la política un maniqueísmo de una ingenuidad culpable e indignante: los míos son los buenos y los otros son los malos, los míos quieren lo mejor para el país y los otros robar, aprovecharse o enriquecerse, los míos y sus medios afines son sinceros y los del otro ruines y deshonestos. Y a esta forma de leer la realidad sigue un corolario temible: los votantes (seguidores) de mi partido (equipo) son buenas personas, y buscan lo mejor para todos, y los del otro son malvados y persiguen fines espurios. Y esto aunque los votantes de mi partido, como yo, voten a un político corrupto, porque los casos de corrupción de los jugadores de mi equipo, perdón, las sucias entradas de los miembros de mi partido, no son reales, son calumnias debidas a la maledicencia del rival, que él sí que es corrupto.
            Parece pues que lo de apoyar al PSOE o al PP y creer en su honestidad es mera cuestión de fe y no de conocimiento, tan solo depende de a qué profetas esté uno dispuesto a seguir y cuál sea el libro sagrado que lea cada uno. Y por ello se está en la obligación de comprar el pack completo: si criticas algunos aspectos, le haces el juego al rival, fuera la disidencia. O eres amigo o enemigo, o estás conmigo o estás contra mí.
            Pues bien, si en fútbol resulta grotesca la pretensión de que un equipo encarna el bien frente al mal, que uno es el equipo del gobierno y el otro de la oposición, es más, que uno es el equipo del establishment mientras que el otro es el rebelde adalid de la libertad cuando... ¡ambos equipos son el poder y ninguno! Esto es, si la politización del fútbol es ridícula, la futbolización de la política es lamentable, porque el fútbol es un juego nada más, y la fidelidad a unos colores tienen que ver con un sentimiento nostálgico, con amor a los recuerdos, a lo vivido con tu equipo, en realidad con la fidelidad a uno mismo, al niño que en su día se hizo de ese equipo. Y a ese niño es al que traicionaríamos cambiando y por eso no se puede cambiar de equipo en fútbol, aunque se odie al presidente, al entrenador, a los jugadores y al patrocinador, porque es absurdo racionalizar el deporte y buscar causas ideológicas para ser de uno u otro equipo.
            ¡Pero con la política debería ser al contrario! Y sin embargo parece que el ser del equipo PSOE o PP es inamovible, una convicción irrenunciable. Da igual lo que hagan unos u otros el apoyo es incondicional, porque siempre existirá la excusa ad hoc de la "buena intención" de los míos y los "intereses particulares" de los otros.
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