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jueves, 8 de diciembre de 2016

"Feminazi" is not one of my words

          Durante una conferencia a la que asistí hace tiempo, Robert Brandom relató una anécdota del juicio a Oscar Wilde por sodomía e indecencia. Defendiéndose de las preguntas del hostil interrogatorio de la fiscalía, que trataba de demostrar su exaltación de la obscenidad, Wilde habría respondido serenamente "'Obscenity' is not one of my words" ("'obscenidad' no es una de mis palabras'). Estas palabras de Wilde se emplean en ocasiones en discusiones filosóficas acerca del realismo moral pues implicarían que no existe un hecho o propiedad moral a los que refiera la palabra "obscenidad", y que por tanto la frase "x es obsceno" sería falsa. No creo que esa conclusión realista sea forzosamente correcta, pero no es mi intención discutir aquí acerca de metafísica de la moral, sino hacer mía la afortunada expresión de Wilde. Lo que el genial autor irlandés pretendía subrayar es que para poder pecar hay que ser creyente, no existe el pecado si no existe Dios. Seguirán existiendo las malas acciones, sí, pero hay muchas que desaparecerían de la lista, verbigracia, el sexo prematrimonial, la masturbación, no santificar las fiestas, la falta de recato...
          En los últimos tiempos se ha convertido en tendencia llamar al oprimido opresor, siempre que trate de resistir a la opresión. Todo oprimido que no sea manso es tachado de intolerante. Así, un renacido antisemitismo se disfraza de antisionismo, las víctimas del terrorismo son acusadas de intransigentes por no dorarle la píldora a quienes estuvieron en la cárcel precisamente por colaborar en conventirlas en víctimas y finalmente son las mujeres feministas quienes en realidad son la causa de la misoginia y el sexismo.
          Rosa Díez, por ejemplo, ha sido insultada y linchada, ha sido tratada de fascista e intolerante... precisamente por resistir a la opresión de un nacionalismo fascista e intolerante, del terrorismo etarra y el matonismo de sus socios políticos. Rosa Díez defendía la ilegalización de aquellas asociaciones que colaboraban en la sombra con el terrorismo, o que al menos se negaban a condenarlo (yo personalmente no estaba de acuerdo en esto), luego era intolerante... y lo que hacían aquellos que esos políticos tan tolerantes se negaban a condenar, el tiro en la nuca, en cambio era luchar contra la opresión. Quien emplea la palabra en el parlamento pidiendo que se haga justicia mediante la ley es intolerante, quien asesina o confraterniza con los asesinos es la víctima. Rosa Díez era violenta por no doblar la cerviz como corresponde al buen oprimido.
          Recientemente han proliferado vídeos de youtubers famosos, artículos en periódicos y entradas de blogs contra el feminismo (a veces con pequeñas apostillas como "moderno" o "radical") y finalmente va imponiéndose el término "feminazismo" entre machirulos y no tan machirulos. ¡Genial! No habíamos conseguido convencer aún de que lo de "ni machista ni feminista, yo persigo la igualdad" es como decir "ni racista ni antiracista yo persigo la igualdad", y ya directamente se vincula el feminismo con el nazismo.
          "No todo el feminismo" dirán algunos, solo el radical. Traduzco: solo el que toca los huevos de verdad. Una vez más la ecuación descrita más arriba: la protesta y lucha enérgica contra la opresión es tildada de agresión, se quiere oprimidos dóciles, que para eso están oprimidos.
          El feminismo es un movimiento muy rico, y hay feministas de todos los colores (también algunos que defienden una ortodoxia con tendencia a excluir algunos colores, sí), igual que ecologistas, liberales... El feminismo admite el disenso más allá de unas ideas básicas (que he tratado de sintetizar de forma muy sencilla en mis entradas de "Feminismo para dummies" I, II y III), lo que un autoinvestido apóstol del feminismo diga o haga no es lo que el feminismo es, lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te haga no te lo hace el feminismo, ni aún cuando diga hacerlo o decirlo en nombre del feminismo. Y en cualquier caso lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te hagan no es nada comparado con lo que las ex-mujeres, las madres, las hijas, las hermanas, las amigas y las novias vienen sufriendo por el simple hecho de tener dos cromosomas X. Contra el sexismo no cabe la equidistancia, y luchar contra el machismo no es intransigencia de la misma forma que no lo es luchar contra cualquier otra forma de intolerancia. Es, por el contrario, un imperativo moral. Una vez entendido esto podremos discutir sobre el alcance de la dicotomía sexo/género, sobre el uso o abuso de conceptos como "mansplaining" y el papel de los varones dentro del feminismo (tengo pendiente una entrada sobre esto), sobre el uso de lenguaje inclusivo (a la vista está que no soy partidario), sobre qué medidas y términos son más adecuados para combatir la violencia machista, sobre la discriminación positiva (en este caso sí soy partidario), sobre el alcance de las estructuras de la sociedad patriarcal, sobre si la ley del aborto ha de ser de supuestos, de plazos o ha de defenderse el aborto libre, el alcance de la distinción público/privado...
          El feminismo es un movimiento que persigue la igualdad y además es una teoría viva, en evolución, con un rico y fecundo debate de ideas (de hecho yo tiendo a preferir hablar de "feminismos"). Por ello el término "feminazi" no refiere a realidad alguna, es tan solo una forma en que el opresor pretende dar la vuelta a la tortilla y aparecer como víctima. Volviendo a Wilde, pensemos en lo que el uso del término "obscenidad" implica: hay algo que tú haces que me escandaliza y ofende mi pudor, esto es, soy víctima de tus acciones... y eso lo dice el que va a encarcelar a alguien por su orientación sexual. Es lógico que Wilde no aceptara el uso de un término que lo condenaba por su sola existencia, pues habría supuesto aceptar que él, auténtica víctima de la opresión, ejercía una forma de violencia sutil que justificaría la represión a la que se veía sometido.  Yo no soy, como Wilde, como las mujeres, un oprimido, y con más razón por ello mismo solo puedo decir una cosa: "feminazi" is not one of my words.
          

domingo, 22 de noviembre de 2015

París, ¿y ahora qué?

En clase de Ética

          Era inevitable, mis alumnos en clase de Educación ético-cívica me preguntaron qué pensaba de los atentados de París. Se trataba de una pregunta de fácil respuesta: los atentados de París son una cruel y despiadada matanza de inocentes que me produce la más absoluta repulsa. Pero esa pregunta llevaba aparejada otra más complicada: "¿Qué hay que hacer?"
          Esa es la pregunta de la ética, "¿qué debo hacer?", y mi tarea como profesor es enseñar a los alumnos a responderla pero (al menos así enfoco yo la asignatura) sin darles la respuesta (al igual que el profesor de matemáticas enseña a resolver ecuaciones con la esperanza de que a los alumnos, conforme avance el curso, cada vez se les dé mejor resolver ecuaciones por sí mismos). Mi respuesta ante preguntas así no puede ser la del sacerdote, el moralista o el comisario político "debes hacer esto", porque si hay una cosa que deberían aprender los alumnos en clase de ética es algo tan complicado como a no ser ni dogmáticos ni relativistas, luego yo no puedo ser ni lo uno ni lo otro. No puedo ser dogmático porque entonces la única fuerza de mis enseñanzas sería la de la autoridad (y se trata de desarrollar la autonomía individual de los alumnos), pero tampoco puedo ser relativista porque los alumnos deben aprender a reexaminar sus preconceptos y desterrar prejuicios sin que ello conlleve un nihilista rechazo a cualquier tipo de principio o valor moral. Enseño pues cosas como que la violencia engendra violencia, que la venganza es estéril, que sin libertad, justicia y tolerancia no hay democracia y que ideologías del odio como la xenofobia o el racismo son incompatibles con el debate libre que llevamos a cabo en clase de ética y por eso su apología constituye un delito y no cabe en nuestras aulas, porque no se debe ser tolerante con el intolerante, por el bien de todos. Enseño, por tanto, cosas que harán de mis alumnos ciudadanos aptos para la convivencia pacífica con otros ciudadanos, pero no les evalúo por sus ideas ni por sus valores, sino por su capacidad de explicarlos, justificarlos y defenderlos sin otra fuerza que la de la razón y el mejor argumento, pues eso es lo que han de aprender a hacer.
          ¿Cuál fue entonces mi respuesta al "¿qué hay que hacer tras los atentados?" de mis alumnos? Un frustrante "¿qué crees tú que habría que hacer?". Así todos pudieron hablar, muchos para pedirme que "me mojara"... pero no soy su líder, ni su cura, ni su padre, soy su profesor de ética e hice lo que como tal me toca hacer: no responder por ellos, sino darles herramientas para que pudieran construir ellos mismos su propia respuesta sin más fuerza que la de las mejores razones y los mejores argumentos. Así, tocaba dilucidar qué era lo que realmente estábamos discutiendo, excluir razones que no eran sino reacciones viscerales, aclarar cuáles eran las opciones reales y cuáles un brindis al sol, señalar que casi siempre no hacer nada es también elegir y que en democracia la violencia no es la respuesta. Pero también tocaba considerar cosas menos obvias como que justificamos la violencia en casos excepcionales (defensa propia, tiranicido) y ya que estábamos hablando de Francia poníamos como ejemplos la Revolución Francesa y la resistencia armada contra la ocupación nazi, y también supimos de otras ocasiones en que (como en tantos procesos de transición a la democracia) se restaura la paz tras episodios terribles de violencia unilateral gracias a que los verdugos reconocen públicamente su culpa y las víctimas renuncian a hacer justicia (o a hacerlo con todo el peso de la ley) por el bien común. Y tras esto les tocaba a ellos, mis alumnos, evaluar si este era un caso de excepción o no, decidir cómo debían aplicarse algunos de los principios generales mencionados a este caso particular. Yo les presté la ayuda que pude desmintiendo falsas creencias y separando lo relevante para el debate de lo accesorio, la razón del prejuicio.
          No sé si un profesor de ética que no da la respuesta sin más es un buen profesor de ética, solo sé que yo no podría serlo de otro modo (aquí tenéis a otro profesor de ética, que sé es un gran profesor, enfrentándose al mismo problema). Pero al igual que el profesor de matemáticas tiene las respuestas a sus problemas aunque no las dé sin más, así también el profesor de ética ha de tener una respuesta (aunque resulta obvio que un problema complejo no puede tener una respuesta sencilla, por mucho que tantos se hayan aprestado a llamar imbéciles, mojigatos, cobardes, sanguinarios y demás improperios a aquellos que disentían de la opinión propia). Aquí trato de construir mi respuesta.

De aquellos polvos...

          En los últimos días ha habido bastantes personas que han buscado atenuar de alguna forma la responsabilidad de los terroristas de París, o por lo menos establecer responsabilidades colaterales que alcanzarían a los gobiernos de estados (¿y a los estados mismos?) que condenan dicha violencia y que tienen a los terroristas por enemigos. De hecho, muchos han hecho el siguiente razonamiento para llegar a acusar al gobierno de las propias víctimas como responsable de su asesinato: Francia decidió ayudar a los rebeldes contra el régimen de Al-Asad en Siria con armas y financiación, algunos de esos rebeldes se desgajaron de los demás y comenzaron una guerra por su cuenta para instaurar un gran califato semejante al Califato Omeya de los siglos VII y VIII, estos últimos prepararon a los terroristas (franceses en su mayoría) que perpetraron los atentados de París la noche del 13 de noviembre de 2015, luego el gobierno de Francia, de hecho, es responsable del atentado. A este argumento añaden otro: Francia (al igual que Rusia) en septiembre empezó a bombardear posiciones del DAESH (Estado Islámico de Irak y el Levante) en Siria, los atentados son una represalia, luego el gobierno de Francia es responsable del atentado.
          Normalmente nadie llega a la conclusión "el gobierno de Francia es responsable del atentado" (aunque muchos memes y eslóganes apuntan en esa dirección), pero son muchos los que hablan de tener en cuenta otras consideraciones además de la voluntad de causar el mayor daño posible de los terroristas como única responsable de sus actos. Bueno, sin duda el comportamiento de los terroristas se explica en parte por la desigualdad social y la discriminación, sin duda el gobierno francés (como otros muchos gobiernos de Occidente) ha tomado decisiones de geopolítica lamentables e incluso criminales, es cierto que parte de la financiación y las armas que maneja el Estado Islámico proviene de países que se tienen por sus enemigos... pero todo apunta a que cometieron los atentados unos terroristas en nombre de un estado teocrático, y todo apunta a que los responsables de las muertes de (hasta la fecha) 130 personas en dichos atentados fueron los terroristas que, con metralletas, bombas y una enorme dosis de fanatismo religioso, los asesinaron. Esto último no quiere decir que no haya que investigar más allá, pero la duda es si poner el acento en todo lo que no sea la responsabilidad de los terroristas por sus atroces actos en este momento es pertinente.
          Ciertamente Francia venía participando en la Guerra Civil Siria, pero me gustaría recordar que dicha guerra civil surgió al calor de la Primavera Árabe en 2011, que algunos ciudadanos sirios se levantaron pacíficamente contra la tiranía de Bashar Al-Asad y fueron duramente reprimidos (disparos a manifestantes, arrestos y tortura de prisioneros) y que con una esperanza ingenua (y tal vez irresponsable) muchos creímos que todos los rebeldes sirios eran iguales a aquellos manifestantes pacíficos y que defender su causa era la de defender la democracia frente a la tiranía. Reconozco que colaborar con esos rebeldes con financiación y armas me pareció terrible pero acertado, pues pensé que la participación directa (como se llevó a cabo en Libia) sería peor, y que la comunidad internacional no podía permanecer impasible ante los crímenes de Al-Asad sobre su propio pueblo (pues eso en el fondo es lo que reclamaban los partidarios de la no-intervención). El tiempo ha demostrado que las decisiones adoptadas fueron un terrible error (aunque no era fácil prever sus consecuencias exactas), pero quiero dejar bien claras las tres opciones: intervenir militarmente, colaborar con los insurgentes o contemporizar con las violaciones de Derechos Humanos de Al-Asad (la mejor para Europa, Rusia y EEUU, por cierto, la pregunta es si era la mejor para los sirios, que es de lo que va todo esto). El problema de la opción por la que se optó es que ha hecho posible el crecimiento de algo terrible, del grupo terrorista fundamentalista DAESH. Para quien no recuerde bien la cronología de los hechos, aquí hay un excelente resumen de la Guerra Civil Siria en cinco minutos. Lo que no hay que olvidar es que la ayuda de Francia al DAESH fue en su momento involuntaria (el DAESH no era aún el DAESH), que Al-Assad es un tirano sanguinario y que hace unos años fuimos muchos los ingenuos que, esperanzados, vimos en la Primavera Árabe el principio del fin de las teocracias islamistas y de tics medievales en el  Magreb y el Mashreq árabes.
          Pero Francia no ha sido el único estado occidental acusado subrepticiamente de ser responsable de los atentados de París, también EEUU. Y no he llegado a ver acusaciones hacia España, pero sí hacia su gobierno de hace una década. En fin, muchos establecen una relación causal entre la última Guerra de Irak y el nacimiento del DAESH. No obstante creo que Aznar, Bush y Blair no necesitan ser responsables de lo ocurrido en París para ser juzgados con toda severidad por aquello de lo que son responsables directos y que es ya suficientemente terrible por sí mismo: la última Guerra del Golfo, llevada a cabo por motivos espurios y en contra de una resolución directa de la ONU. Parece como si su culpa no fuera suficiente y hubiera que añadirles cada nuevo mal que tenga lugar en Oriente Medio. Pero si se trata de remontarse en la cadena causal entonces hay que retroceder algo más, pues yo diría que lo que empezó a desestabilizar la zona fue la Guerra Fría. Debemos recordar que los Estados Unidos reaccionaron a la invasión de Afganistán por parte de la URSS financiando y suministrando equipo militar a los rebeldes, lo cual también se ha revelado un error que traería consecuencias funestas a largo plazo (en ese caso y siempre que se ha hecho en la zona, como nos recuerda este artículo). Así que si la culpa de los asesinatos de París la tiene el imperialismo occidental, aquí tienen a los dos líderes de los principales imperialismos de la segunda mitad del siglo XX en el momento de los hechos:


          Estos son Leonid Brézhnev (Presidente de la URSS de 1964 a 1982) y Jimmy Carter (Presidente de los EEUU de 1977 a 1981), los principales actores en el inicio de la primera Guerra de Afganistán. Bien, tenemos a los culpables, ¿ahora qué?
          ¿Y por qué parar aquí? Si nos ponemos muy quisquillosos con los orígenes de los males de Oriente Medio, podemos ir más atrás, estos serían los responsables:


          Se trata de François Georges-Picot (en representación de Francia) y Sir Mark Sykes (en representación de Gran Bretaña) que firmaron el pacto durante la Gran Guerra por el cual Francia y Gran Bretaña se repartían Oriente Medio. O si no ellos, los responsables serían los gobiernos de sus países y más en general la política de colonización occidental.
          Podríamos ir más atrás aún, a la propia colonización, o al Imperio Otomano, o a las Cruzadas, o a la expansión del Islam, o al Imperio Romano o las conquistas de Alejandro Magno. Diseminen ustedes las responsabilidades cuanto quieran en la cadena causal de la Historia, el problema seguirá siendo el mismo, no nos habremos acercado ni una centésima más a la respuesta a nuestra pregunta: "¿Qué se debe hacer?" Podemos alcanzar a entender mejor las causas del conflicto para tratar de no repetir errores en el futuro, podremos forzar a dimitir a Obama u Hollande cuando todo haya acabado, o juzgarles, pero en este mismo instante (o mejor, hace una semana) la pregunta, obstinada y persistente, sigue en pie tras todas nuestras disquisiciones sobre el origen del mal que golpeó París: "¿Qué se debe hacer?" Ese es el dilema moral que hay que resolver y sobre el cual trataré de arrojar algo de luz empleando un pequeño experimento mental. Quien quiera conocer un poco la historia de la zona puede encontrarla en este vídeo en que se cuenta la historia de Siria en 10 minutos con 15 mapas o este artículo que explica los orígenes de la Guerra Civil Siria con 9 mapas. Pero ahora centrémonos en el atentado de París empleando para ello el ejemplo de otra guerra civil.

El atentado

          Imaginemos que durante la Guerra Civil Española los sublevados del bando franquista deciden que, puesto que la URSS está ayudando a la República con armas y otros medios, han de atacar a la URSS. Dado que el territorio de la URSS les resulta inalcanzable, deciden emplear a simpatizantes fascistas nacidos en la URSS que, en nombre de la Junta de Defensa Nacional, cometerán una serie de atentados en suelo soviético que Franco y demás líderes de la sublevación reivindicarán como propios. Dichos fascistas matan de hecho a 130 civiles inocentes en Leningrado. ¿No sería una invitación a que la URSS bombardeara las posiciones del autodenominado bando nacional en España? Y nótese que la España oficial es toda España, pero que de hecho el estado como tal, representado por su gobierno legítimo, no ha atacado a la URSS. Ciertamente la situación no es idéntica a la que nos enfrentamos, pero la duda es si las diferencias entre ambos casos son moralmente relevantes. En nuestro experimento mental todo sugiere que sería razonable que la URSS bombardeara el cuartel general del ejército sublevado.
          A las intuiciones que genera esta ficción, hay que añadirle algunas consideraciones, como la constatación de que Francia (y Estados Unidos, y Rusia, que por cierto también ha sido golpeada por el mismo terrorismo) desde septiembre de este año ya estaba tomando parte activa en la Guerra Civil Siria (como la URSS, Alemania e Italia en la Guerra Civil Española, lo cual refuerza el paralelismo) bombardeando posiciones del DAESH (y los rusos no solo del DAESH) en Siria. ¿La respuesta al atentado debería ser entonces dejar de intervenir? ¿No sería eso a todas luces admitir la derrota frente al DAESH? ¿Es esa una opción? Si un dilema es una elección forzosa entre dos posiciones contradictorias, ambas indeseables, que nos obliga a escoger el menor de dos males, entonces estamos ante uno muy serio.
          

El dilema moral

          El dilema moral no es si Francia tiene o no derecho a bombardear posiciones del DAESH en Siria (he tratado de resolver esta cuestión con el experimento mental de más arriba), ni siquiera si es mejor o no que lo haga para sus propios intereses porque el totalitarista en su versión nazi, etarra o fascislamista (gloriosa y afortunada expresión de Bernard-Henry Lévi en su indispensable artículo "La guerra, manual de instrucciones") solo ansía la aniquilación de quienes no son como él, luego lo único que le conduce a no destruirlos es que se le impida hacerlo, que de hecho los que no son como él lo hagan imposible.
          Volvamos a la primera mitad del siglo XX y escuchemos cómo suenan las palabras de aquel que dijera en 1940: "Bombardear Alemania solo servirá para generar más violencia, debemos lograr que se desarmen las partes y que entreguen las armas." No me puedo creer que nadie se tome en serio en estas circunstancias el argumento de la infinita espiral de violencia, pues no se puede ser tolerante con los actos intolerantes y la defensa de la intolerancia. O recordemos a los profetas que predijeron que la Ley de Partidos daría alas al terrorismo de ETA y que este no podría ser vencido únicamente con acción policial y judicial (aunque hay que reconocer que en esto había algo de verdad, fue necesario algo más, la repulsa, el rechazo público de la sociedad civil vasca que durante mucho tiempo consintió con su silencio pero finalmente fue capaz de vencer su más que comprensible miedo a sufrir represalias, y hay que puntualizar que en el caso que nos ocupa también son más que bienvenidas la repulsa y condena públicas e inequívocas del DAESH por parte de la comunidad musulmana).
          No, el auténtico dilema no es "¿qué le conviene hacer a Francia?", el auténtico dilema moral es este: ¿Justifica matar a inocentes el objetivo perseguido de acabar con los terroristas?
          Para responder a esta brutal cuestión hay que detenerse a analizar bien el problema. Si se tratara la cuestión dentro de una democracia la respuesta sería sencilla: no, en ningún caso está justificado. Si consideramos en cambio que la cuestión se dirime dentro de una guerra... la guerra (o al menos esta "guerra") es un juego de suma cero en que quien no vence, pierde. Si, como parece sugerir el experimento mental llevado a cabo con la Guerra Civil Española, los atentados de París son un acto de guerra, entonces el que hubiera víctimas civiles al atacar al DAESH sería un precio asumible (lo cual es decididamente terrible, y por ello nos hayamos ante un dilema brutal). El dilema en este caso es entonces decidir entre el menor de estos dos males: perder contra los fascislamistas o vencer pero sin poder evitar matar a una minoría (pero toda vida humana es preciosa) inocente (porque el mundo ideal en que los bombardeos solo matan a los malos no existe).
          Mi idea es que, de estas dos malditas opciones, la de perder contra los fascislamistas es inasumible. Tal vez empezar esta guerra podrá traer consecuencias funestas en territorio europeo (ya lo está haciendo) pero perderla las traería peores. Yo diría que si la historia nos ha enseñado algo es que la mayor parte de las intervenciones extranjeras en guerras civiles son un fracaso y casi siempre empeoran las cosas ("el infierno está lleno de buenas intenciones" decían las abuelas), pero el daño ya está hecho y no cabe volver atrás. Hay que elegir en el marco actual, con DAESH como factor determinante de cualquier movimiento. Y quien pretenda que mi dilema "ganar o perder" es un falso dilema porque habría terceras opciones tendría que entender que el DAESH no es cualquier cosa, son los nazis, son fascislamistas, porque el enemigo del DAESH es toda la civilización, su único objetivo es la aniquilación del que no sea de los suyos... y muchos no lo somos. Para el DAESH el dilema es obvio: matar o morir, y al juego de la paz dos no juegan si uno no quiere. Luego un DAESH consentido provocaría muchas más muertes inocentes que tratar de aniquilar al DAESH. De hecho ya lo está haciendo y no olvidemos que la mayor parte de las víctimas del DAESH son musulmanas y sirias, y de lo que se trata también es de defender a los sirios.
          Así que el resultado de nuestro dilema es atroz, como no podía ser de otra forma, Francia debe tratar de aniquilar a los terroristas del DAESH aunque eso sin duda implicará la muerte de inocentes, pero dejar de hacerlo sería con toda probabilidad consentir un número de víctimas inocentes mucho mayor a largo plazo (también hay que pensar que una operación con efectivos sobre suelo sirio sería probablemente más rápida... ¿pero estaría Francia dispuesta a enviar soldados a morir a Siria?, ¿sería aconsejable vista la experiencia de las guerras del Golfo?).
          Por supuesto, puedo estar equivocado, y por eso no respondo en clase de ética y solo ayudo a que los alumnos elaboren su propia respuesta, pero se responda o no a los alumnos, no se puede no tener una respuesta, porque no tenerla es también tener una repuesta, y añadir datos que nos distraen de los hechos y de la necesidad de responder, gritar cuánto se ama toda vida humana como si los demás no lo hicieran tanto como nosotros, discutir sobre intenciones y principios posponiendo sine die la acción, es lo que Jean Paul Sartre llamó mala fe.

Apéndice

          Me gustaría apuntar una cosa al hilo de las reflexiones anteriores. Francia ha podido hacer mal muchas cosas, pero hubo algo que sin duda hizo correctamente: educó a los futuros terroristas como ciudadanos y no los dejó a merced de quienes sembraron el odio en ellos. Fracasó pero lo intentó. Se trata de educar en lo que une y sustenta la democracia y el pluralismo, no en lo que separa, porque los valores cívicos nos unen a todos por igual mientras que las religiones nos separan por confesiones (a menos que sean hegemónicas como en una teocracia, pero eso es justo lo que persigue el DAESH). ¿Qué podemos pues hacer a largo plazo? Educar en los valores cívicos universales, en el laicismo. En eso hay que persistir, porque los hechos demuestran que por desgracia no es condición suficiente para la tolerancia, pero sí necesaria. Nadie invoca el nombre de Aristóteles, Kant o Stuart Mill para matar.

P.S. Hollande ha sido un zorro astuto y no nos ha dejado pensar, ha actuado antes de que el debate prosperara realmente y de repente el debate, como esta entrada, parece irrelevante, pretérito, vetusto. El problema es que la razón (incluso una tan calculadora y utilitarista como la de esta entrada) en ocasiones no es tan rápida como la voluntad quisiera... "La lechuza de Minerva levanta el vuelo al atardecer" Hegel dixit.





domingo, 12 de mayo de 2013

¿El 15M eran los padres?

          Antes de comenzar quiero dejar clara una cosa: para mí el 15M no ha sido estéril sino muy productivo, ha sido una rebelión necesaria de evolución (citando a una tradición filosófica que odio) rizomática, por lo que ha dado sensación de dispersión cuando en realidad se ha tratado de una expansión subterránea, algo que ha llegado a impregnar nuestra sociedad en su sustrato. Lo que ha quedado en ese sustrato no siempre ha llegado a aflorar, pero lo hará, espero que para bien, y en ocasiones, con más o menos vigor, ya lo ha hecho (el 15MpaRato es un ejemplo y una flor que me parece especialmente prometedora es el Partido X). En este artículo quiero mostrar mis anhelos frustrados pero eso no significa que abjure del 15M, ni de lo que representó, ni que no me tenga ya por 15M. Siguiendo con la metáfora, me habría gustado que el 15M hubiese germinado en un gran y único árbol del cual hubiesen podido surgir las ramas más variopintas, pues creo que si intentara nacer y crecer ese árbol ahora, dos años después, carecería de la fuerza necesaria, y todas las ramas serían prácticamente idénticas porque las ideologías de las que se nutre el movimiento han tendido a homogeneizarse. Así pues no quiero criticar el espíritu del 15M, siempre lo defenderé y lo llevaré dentro, sino hablar de su materialización, porque ese espíritu era solo ser en potencia, y no ha llegado a ser en acto de tanto pensar cómo debía actualizarse. Defiendo aquí que el 15M ha sido una oportunidad perdida, y por ello hablo de ello en pasado a pesar de que siga existiendo, porque creo que fue una ilusión, en tanto que esperanza pero también en tanto que espejismo. No, España no había madurado tanto como parecía hace dos años. Eso sí, el 15M fue un enorme revulsivo, creo que fue por fin el pistoletazo de salida de la definitiva democratización de nuestro país, el principio del fin de la transición en que llevamos inmersos más de 30 años. El 15M ha dejado muy buenos posos, ya es algo, pudo ser más.
 
 
          ¿Por qué algunos no estamos hoy en Sol y otros sí? ¿Qué ha fallado? Que el 15M nació con un error congénito. Tanto unos como otros, los que siguen y los que ya no estamos, nos equivocamos creyendo que éramos más de los que realmente éramos, porque en realidad muchos no estábamos en lo mismo, estábamos contiguos pero no unidos. Unos se (lo) han quedado, otros nos hemos ido quedando. Unos han tomado el centro y otros hemos aparecido en los suburbios del 15M.
 
 
          Aquellos que queríamos más democracia y aquellos que querían un tipo concreto de democracia, para entendernos: los republicanos y los socialistas (en toda su rica variedad). A pequeña escala el teatro de operaciones de la 2ª República Española: la división entre aquellos que querían república y los que lo que querían era una república popular, esos que siguen pensado que la república es en esencia de izquierdas, cuando en realidad las únicas republicas explícitamente de izquierdas han sido las dictaduras comunistas, o sea, falsas repúblicas.
          Permítanme por favor ahondar en este asunto de la 2ª República que veo, salvadas las enormes distancias, extrapolable a la evolución histórica del 15M porque, por así decirlo, en el 15M inicial cabían los Azaña, Alcalá-Zamora e incluso los Lerroux, pero poco a poco hasta los Prieto fueron puestos bajo sospecha y ya solo se pudo estar a la izquierda de Largo Caballero. Cada vez veo en las manifestaciones más banderas republicanas con una estrella roja en el centro que jamás tuvo la tricolor, es el símbolo que enarbolan aquellos que tienen una imagen de la 2ª República como una república de izquierdas, pero si eso fue así habría que preguntarse por qué hubo una suerte de revolución en 1934, ¿habría tenido sentido en una república de izquierdas? Obviamente no. Alguien dirá, "es que la revolución no era contra la República, sino contra el gobierno de la derecha". O sea, que efectivamente era contra la República, porque las repúblicas, las democracias, tienen esas cosas, que igual puede gobernar la izquierda que la derecha porque existe pluralismo político, y no una ideología de Estado impuesta a todos sus ciudadanos. Al final fracasó aquel intento de acabar con la República y por desgracia triunfó el segundo intento, el golpe de estado franquista. Siempre digo lo mismo, pero el problema de la 2ª República Española es que apenas había republicanos. Algunas actitudes me hacen preguntarme si en esta democracia actual, en forma de monarquía parlamentaria, no ocurrirá también que los demócratas escasean, puesto que muchos anhelan los 40 años de franquismo, y otros tantos sueñan con una república popular.
 
 
          Pues bien, estos acabaron triunfando, son mayoría en el 15M activo presente, muchos intentábamos democratizar este país, perseguíamos estructuras de participación en que cupieran todas las ideologías, no porque no tuviéramos la nuestra, sino porque lo que queríamos era cambiar las reglas del juego para que fuesen más justas. Otros claramente no querían cambiar las reglas del juego, querían ganarlo haciendo las reglas a su medida, porque dan por hecho que la justicia reside en ellos, y no en la forma en que se llega a ganar. Imaginemos un juego para seis jugadores con fichas de seis colores distintos, imaginemos que las reglas del juego impidieran de facto que los verdes ganaran nunca, o que el punto de partida de los rojos y azules fuese claramente ventajoso, o que el jugador amarillo fuese al mismo tiempo jugador y árbitro. En fin, imaginemos que fuera lo que en el argot de los jugadores se llama un "juego roto" (mal diseñado), el 15M nace de la constatación de que nuestra democracia actual es un juego roto en este sentido. El 15M en el que yo creía, en el que yo estaba, a pesar de que la mayor parte de nosotros fuéramos, por ejemplo, verdes y negros, buscaba que las reglas fueran más justas para todos, aún cuando esas nuevas reglas no fueran a garantizar ni mucho menos la victoria de verdes y negros. No se trataba de defender los intereses/ideas de unos u otros, sino unas reglas de juego justas, en que cualquiera pudiera luchar por sus intereses en igualdad de condiciones. En eso, en cambiar las reglas del juego podíamos ponernos de acuerdo todos.
 
 
          Muchos pensamos en un principio que había que alcanzar un consenso de mínimos, para algunos dichos mínimos eran ínfimos porque ellos defendían una postura maximalista, unas políticas concretas, el triunfo de las fichas de su color, y no unas nuevas reglas de juego. Algunos plantearon la conveniencia de crear un partido político, y aquel habría sido el momento de haberlo creado, en que el 15M rezumaba un pluralismo casi ingenuo, casi imposible. Las primeras semanas de la acampada de Sol fueron algo único: todo el mundo acudía, la realidad de las asambleas era absolutamente variopinta, un ágora auténtica. Creo que entonces la oportunidad de algo grande, algo nuevo, se perdió. Algunos están ahora en lo que estábamos muchos hace dos años, y es así porque sencillamente ya todos están de acuerdo no porque las razones les hayan permitido llegar a algún consenso, sino porque ha desaparecido el disidente y ya solo están los que comparten los mismos principios ideológicos, ya son todos de la misma familia, no hace falta casarse con nadie. En fin, ahora ya vale crear un partido 15M porque sería de izquierdas, y no aquello del principio en que cabíamos todos. ¿Para qué ir despacio si se iba a llegar tan lejos como ya querían muchos llegar desde el principio, a un partido? Pues para ir haciendo una limpieza ideológica pasiva (sin purgas efectivas, boicoteando algunas acciones, colmando la paciencia de las minorías). La realidad es que se ha perdido un tiempo valioso, muchos quincemayistas han (hemos) encontrado acomodo en algún otro lugar o se han sumido de nuevo en la desesperanza. O tal vez no se ha perdido el tiempo en absoluto: ya no estamos los que nunca debimos estar, los que estorbábamos, los que no sabíamos que aquello no era algo nuevo sino lo de siempre, los ilusos, los que creíamos que habían venido los Reyes Magos. Mierda, eran los padres.
 
 
          Intuyo que este año habrá menos gente que el anterior y mucha menos que hace dos, y sin embargo hay más motivos que entonces para la indignación. ¿Qué ha fallado? Que muchos creímos que el 15M era una cosa y resultó no serlo, o tal vez si lo era, pero algunos decidieron que no debía serlo. Quienes han capitalizado el movimiento, quienes han suprimido el "no somos de derechas ni de izquierdas" porque efectivamente no son de izquierdas, sino muy de izquerdas, tal vez tenían razón, tal vez siempre la tuvieron y algunos ingenuos participamos de algo que no era lo que creíamos, no era un hito en nuestra historia, no era la ocasión por fin del todos a una. Pero yo creo que sí lo era, y que algunos intolerantes quisieron que no fuera de todos sino solo suyo. Algunos se dedicaron a boicotear acciones y propuestas ajenas, ¿ocurrió eso al revés, boicoteamos los "inclusivistas" acción alguna? ¿Qué actitud demuestra más voluntad democrática, la de aquelllos que admiten propuestas aunque no las compartan, o la de aquellos que dedicidamente boicotean las propuestas que no comparten? Unos han quedado, otros ya no estamos, no sé si el 15M fue una ilusión de la cual soy culpable o no, tal vez nunca fue lo que yo creía, tal vez sí pero no supe luchar porque siguiera siéndolo. El 15M para mí suponía un movimiento que trataba de generar unas nuevas condiciones de posibilidad para la política, y no un movimiento de una política concreta, el 15M era una revolución de la forma, no del contenido. Eso creí yo, veamos este segundo aniversario si había muchos como yo o fuimos unos pocos ingenuos, porque hace dos años fuimos muchos, hace uno algunos menos. Y sin embargo, no por eso el 15M se perderá como lágrimas en la lluvia, ha calado dentro, en los huesos, ya está en el tuétano de muchos de nosotros y ya no consentiremos nunca más la impunidad, el fatalismo con que tratan de silenciar nuestra voluntad, nuestra responsabilidad como ciudadanos.
 
 
          Algunos ya no militamos en el 15M, pero ya nunca podremos volver a la autoculpable minoría de edad de la que nos hizo salir, sabemos que no estamos solos, sabemos que sí se puede, ya no volveremos a nuestro letargo, algo ha cambiado, nosotros, ya nada es invisible, ya nada es imposible, ya no renunciamos a ir lejos, aunque lleguemos todos por caminos muy distintos.

viernes, 4 de mayo de 2012

Siete puntos para reconocer a un ultra

          21/12/2013 - A modo de prólogo
          Ha pasado año y medio desde que publicara esta entrada. Me ha dado muchos disgustos (las críticas internas, como esta, no suelen ser bien recibidas) y creo que el arquetipo de ultra que dibuja sigue siendo válido (aunque ahora tiendo a pensar que las UIP no son como el resto del cuerpo policial, y desde luego han cometido barbaridades en los últimos años). Sí me genera dudas mi compromiso en el enfrentamiento que me llevó a escribirla. Yo no pertenecía a DRY, y creo que fue un error significarme en una lucha que de hecho hizo un daño enorme al 15M en su conjunto y envenenó buenísimas relaciones, alejando espíritus y voluntades de cuya cooperación salían cosas grandes. Por ello, a día de hoy, pienso que probablemente unos fueran ultras y los otros no, pero cualquiera que azuzara dicha lucha estuvo en un error. Por honestidad no voy a cambiar un ápice del texto original pero si lo volviera a escribir prescindiría del primer párrafo, aún así, creo que dicho texto es útil desde el punto de vista histórico, estas líneas tienen ahora algo menos de activismo y más de arqueología. En lo que respecta a los siete puntos, creo que definen por igual al fascista que entra en Blanquerna el día de la Diada y al que amedrenta a los estudiantes de Derecho de la Complutense, en este artículo aparece lo que les une.

          La desagradable guerra intestina de DRY me lleva a escribir esta entrada. Quien no tenga claro qué ha ocurrido puede informarse aquí (donde se defiende a los detractores de que DRY se institucionalice y que controlan la cuenta de Twitter de Democracia Real Ya! y su página web) o aquí (donde se defiende a quienes han registrado DRY como asociación y controlan la fanpage de facebook, recomiendo encarecidamente escuchar el audio adjunto al documento). Si he de tomar partido, estoy del lado de los que han creado la asociación, sencillamente porque las personas que conozco que están en DRY, y que son inequívocamente demócratas, están en ese bando y tiendo a confiar en ellas (además sus argumentos me resultan en general bastante más convincentes  y el tono del bando contrario me suena en exceso a discursos que llevaron a la 2ª República a perder la Guerra Civil, por decirlo suavemente).
          Esta tragedia se mascaba hace tiempo, y no es sino el epítome de una lucha que ha dividido al 15M desde el principio de forma cada vez menos inocua a medida que la ilusión inicial de la revuelta se ha ido aguando. Todos sabemos, pero hemos tratado de hacer explícita esa división lo menos posible para mantener un frente común de lucha, que hay dos grandes sensibilidades (con todos sus matices) dentro del 15M: una que podríamos llamar reformista y otra revolucionaria. Pertenezco más bien a la primera, entre otras cosas porque si hay algo que soy es antitotalitarista, y dentro del grupo revolucionario ese antitotalitarismo no es unánimemente compartido (y no quiero decir con esto que sea minoritario), así como tampoco lo es un principio del 15M que para mí es absolutamente irrenunciable como la no-violencia. Otra forma de definir estos dos frentes sería distinguir entre quienes creímos y quisimos que el 15M fuera algo completamente nuevo, y quienes vencieron rápidamente sus reparos iniciales (al no haber un discurso de clase explícito, al definirse como inclusivo "ni de izquierdas ni de derechas", al ser "sin banderas") y lograron convencerse de que eso era lo que ellos venían diciendo ya toda la vida. Si estos segundos tenían razón en esto, ¿por qué su causa nunca había recibido el apoyo que sí recibió la del 15M? Si realmente la del 15M desde el principio (antes de que hicieran suyo el movimiento) había sido su causa de toda la vida, ¿por qué esa insistencia en los primeros días en que les faltaba "formación" ideológica o política a los quincemayistas? Ambas preguntas tienen una misma respuesta: porque el 15M estaba libre de prejuicios ideológicos o políticos (ésa era su ideología y su política, ceder ante las razones y no a la doctrina), y eso mismo le granjeó el éxito que tuvo.
          Los prejuicios ideológicos o políticos conllevan una serie de tics de lo más irritantes para cualquiera que no comparta dichos prejuicios, y por ello el 15M ha ido perdiendo apoyos a medida que han ido aflorando esos tics. En efecto el 15M ha ido escorándose a la izquierda, pero esto no es malo en sí, ni extraño dado que gobierna la derecha, lo que de facto le ha hecho perder legitimidad es que ha dejado de ser inclusivo hasta dentro del izquierdismo, ha asumido como propios los prejuicios ideológicos del sector de la izquierda que más activa, consistente y regularmente ha participado en el movimiento tras los primeros meses, pero es un sector que no representa a la mayoría de los quincemayistas y mucho menos de la sociedad (ni aspira a hacerlo). He aquí sus tics, los siete puntos para reconocer a un ultra (en este caso de izquierdas porque solo hablo de lo que conozco):
         
          1º Tendencia a llamar fascista a quien es de derechas, o sencillamente es considerado insuficientemente de izquierdas.
          2º Fe ciega (o ingenua) en los medios de comunicación alternativos. El ultra olvida que son alternativos a los oficiales porque a menudo operan con criterios muy lejos de ser objetivos. Cierto es que muestran una realidad ajena a los medios generalistas, pero no siempre con garantías, y desde luego no libre de prejuicios porque el capital será manipulador, pero hay que ser iluso para creer que lo es más que la ideología (y ahórrense el rollo de que la infraestructura determina la superestructura ideológica, que a Marx y la Escuela de Frankfurt los tengo muy leídos). Por otra parte estos medios a menudo sufren los mismos vicios que los medios oficiales: generalización, autojustificación, ausencia de rectificación, no contraste de la información. Recordemos el ejemplo de este infiltrado valenciano de la policía que resultó que no lo era (por cierto que honra a I. Escolar haber rectificado... creo que fue el único).
          3º Si el otro no piensa como yo es que está manipulado, es tonto o es mala persona. Esto suele decirse de forma más educada, se subraya la falta de formación del otro o su dependencia de medios de información que uno juzga absolutamente tendenciosos (a diferencia de los propios que son garantes de la prístina verdad) lo que le convierte en un votante zombi, o si se trata de alguien que se considera razonable e inteligente, entonces es que es insolidario y quiere lo mejor para sí mismo a costa de los demás (véase el tic nº 1). Esto es lo que permite al ultra hablar en nombre del pueblo, que pensaría como él de no estar manipulado o ser tan zopenco, y lo legitima como garante de la voluntad general aún a costa de la voluntad de la mayoría. El caso es que la sociedad entera está en Matrix, y justo el ultra es Neo, mira tú por dónde. Hay un enorme mecanismo que manipula a los ciudadanos que actúan como engranajes inconscientes del poder, salvo al ultra, a quien nadie manipula, espíritu libre y salvador, mucho más inteligente que todos nosotros pobres ilusos que nos creemos todo cuanto nos dicen sin que nos pase por el córtex. Hay que tenérselo muy creído para ser ultra.
          4º Pulsión épica. Con este concepto quiero referirme a ese anhelo que tiene el ultra de entrar a formar parte de la Historia, pero no de cualquier manera, sino como guerrero. El ultra odia la paz aunque la predique (por ello siempre defenderá que bajo la calma aparente se libra una guerra secreta que los medios silencian) y desprecia los mecanismos democráticos de protesta (que por otra parte en España son insuficientes). Una revuelta no es una auténtica revuelta si no hay barricadas y porrazos, la lucha dialéctica es un sucedáneo, al final hay que estar listos para la acción de verdad, que no está en las instituciones sino fuera de ellas. Pero no es el que tira el adoquín el héroe, sino quien levanta los brazos y recibe, el héroe de la resistencia, en el Madrid cercado del 36 el héroe no es Santiago Carrillo sino el anarquista Mechor Rodríguez. Aquí lo cuenta Robert de Niro en Una historia del Bronx mucho mejor que yo: el obrero es el auténtico tipo duro (aguantad los tres minutitos de vídeo, merece la pena).
          5º Apoyo a nacionalismos sin Estado sean estos del 1er o del 3er mundo como si las situaciones fuesen idénticas. Pero no lo son, solo en el caso de nacionalismos del 3er mundo se emplea el concepto de nación en el sentido de "pueblo" y puede por ello hablarse de "nación oprimida", porque la opresión se ejerce sobre sus miembros y no sobre la entelequia "nación" de los nacionalismos de 3ª generación del 1er mundo. El nacionalismo no puede ser de izquierdas por definición (para justificar esta última afirmación he de remitirme a la entrada Por qué soy antinacionalista), lo cual nos lleva a concluir que el ultra de izquierdas es más lo primero que lo segundo.
          6º Manía persecutoria con respecto a la policía. "Maderos a la hoguera" es un letmotiv que parece ser más revolucionario que "proletarios del mundo uníos". No obstante el policía es un obrero más (aunque me gustaría saber si los antidisturbios escogen voluntariamente su destino, la verdad), no ostenta el poder, ni siquiera lo defiende, garantiza (o debería) el cumplimiento de la ley, él mismo detendrá al poderoso que la incumpla (o se quedará con las ganas, igual que los que no somos ni policías ni poderosos). Los hijos del rico fascista no se hacen policías y para serlo hay que tener vocación de servicio público. ¿No hay entonces policías fascistas? Los habrá, y médicos, abogados, profesores... Igual que los hay incompetentes, también como en todos lados. No arrojemos la mierda de gente como Felip Puig y otros delegados del gobierno sobre la policía, a menos claro que lo que nos vaya sea el rollo del punto nº 4. Recordemos que los primeros días del 15M la poli estuvo más bien de parte de los rebeldes y estos de la de la poli (recuerdo cómo los manifestantes insistíamos en que a ellos también les habían bajado el sueldo), luego, a raíz del desalojo bestial de la acampada de Plaza de Catalunya, esta entente se pudrió (y con ello sí que cumplió su objetivo el inefable Felip Puig).
          7º Anhelo de pureza. Con esto me refiero a que el ultra prefiere el fracaso (si este conlleva lo que él entiende por "no venderse") al éxito (si para alcanzar este último ha de ceder mínimamente en su postura). O al menos esa es la composición de lugar que se hace el ultra en su cabecita, porque el orden de los factores es otro: primero se fracasa porque de hecho el éxito nunca fue una auténtica opción, ni siquiera remota, y luego se explica el fracaso mediante la hipótesis ad hoc de que los demás son unos vendidos o, por emplear la terminología técnica, unos "disidentes". Este rasgo es el que explica el guerracivilismo y las purgas tipo de la izquierda: dado que ser de izquierdas garantizaría una cierta superioridad moral, competir por ser el más auténtico en su izquierdismo sería luchar por la santidad laica (o no tan laica, me temo, porque en este aspecto no veo más que una secularización del nihilismo cristiano). ¿A que a todos nos viene a la mente el mismo ejemplo de La vida de Brian?

          Bien, supongo que este post se tomará como prueba inequívoca de que soy un facha, y no puedo más que remitir entonces al lector al punto nº 1, pero estoy convencido (pero no lo sé porque afortunadamente he tenido poco contacto con ellos) que estos puntos definen también a los ultras de derechas con las siguientes diferencias: en el punto 1º donde pone "fascista" hay que poner "estalinista" y dónde pone "izquierdas" hay que poner "derechas" y viceversa, en el punto 5º el nacionalismo al que apoya el ultra de derechas siempre es el estatal y no estoy muy seguro de si el 6º punto se da tal cual en el caso del ultra de derechas, para comprobarlo debería acudir a una manifestación ultraderechista y no pienso hacerlo. En general cámbiese "izquierda" por "derecha" y tenemos al ultra del equipo contrario.

viernes, 10 de febrero de 2012

Qué es y qué no es la memoria histórica

          En 1994, tras la victoria electoral en Sudáfrica del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela, se crea la Comisión para la Verdad y la Reconciliación cuyo lema es "Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón". La idea general de dicha comisión, como la de aquellas que tendrán lugar más tarde en América Latina, es que es necesario purgar la violencia pasada mediante el reconocimiento público del daño sufrido por las víctimas, otorgándole así a estas una reparación moral al hacer oficial su estatuto de víctimas de violaciones de derechos humanos, sin por ello hacer valer el principio fiat iustitia pereat mundus que impediría la reconciliación nacional. Se trata de condenar desde la democracia los ataques a la democracia misma personalizados en las agresiones concretas a las víctimas, y así restaurar la confianza en unas instituciones que de lo contrario estarían siempre bajo sospecha de amparar o justificar las violaciones de derechos humanos.
          Con este mismo fin, la construcción de una cultura democrática que ponga término al rencor y el revanchismo, además de medidas como las citadas comisiones de verdad, dentro del ejercicio de la memoria histórica, esto es, de la visibilización de un daño opaco o no reconocido oficialmente hasta ese momento, caerían también la eliminación de elementos que hagan apología de principios o personajes responsables de la violencia y el rescate de rastros materiales del daño perpetrado en el pasado mediante, por ejemplo, la restauración y exhibición desde un punto de vista crítico de campos de concentración u otros escenarios de crímenes contra la Humanidad. He aquí un ejemplo, el campo de concentración de Sachsenhausen, especialmente interesante en tanto rememora el terror de Hitler y de Stalin.
          Estas son pues las dos patas principales de la memoria histórica: el reconocimiento público del daño de las víctimas y su reparación, y la condena oficial de las instituciones o los principios que generaron ese daño. Y de hecho en eso consiste la mal llamada "ley para la memoria histórica" española, cuyo nombre real reza así: Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura. Pero si de eso se trata, ¿qué no es entonces la memoria histórica?

          El reconocimiento de las víctimas del franquismo no es una revancha, porque las víctimas no piden el enjuiciamiento y penas para sus verdugos más allá de la confesión pública de sus crímenes y el reconocimiento del daño causado. Los familiares de víctimas de la Guerra Civil y de la represión franquista no piden enterrar a los asesinos en las fosas comunes en que yacen los cuerpos de sus víctimas, sino el reconocimiento oficial de dichas víctimas como tales (y no como "desaparecidos" o "delincuentes"), la condena del daño que sufrieron y la recuperación, si posible, de los cuerpos. Se trata de que haya un relato público de los hechos y del daño sufrido reconocido como tal daño, esto es, injustificado, indignante, contrario a los principios que animan la democracia. Recuerdo y condena, hacer visible lo invisible.
          "¡Pero hubo víctimas en los dos bandos que se enfrentaron en la Guerra Civil!", se afanan en destacar algunos. Cierto, y todas ellas merecen reconocimiento y reparación, pero hasta ahora solo a las víctimas del bando republicano les han sido negados pues en los años posteriores a la guerra el régimen franquista ya llevó a cabo esa tarea de reconocimiento y reparación de sus propias víctimas en la Causa General instruida por el Ministerio Fiscal sobre la dominación roja en España. Por cierto que el resultado de la Causa General sí fue la persecución, encarcelamiento y fusilamiento de quienes fueron hallados culpables, y por ello no puede considerarse un proceso cuyo fin fuera la reconciliación. Aquello sí fue la institucionalización de la revancha, y por ello sufrieron penas de cárcel personas como Melchor Rodríguez, culpable de ser anarquista y defender la República pero sin crimen alguno en su haber (muy al contrario, se enfrentó durante la guerra a quienes estaban llevando a cabo las "sacas" de prisioneros de la cárceles de Madrid  para su fusilamiento, llegando a amenazar con armar a los reclusos para que se defendieran, un acto de valentía y humanidad que llevó a los franquistas a apodarle "el ángel rojo"). No fue pues la Causa General una comisión de verdad al uso, sino que fue más allá, y por eso no tiene sentido insistir en la reparación de las víctimas de los crímenes que cometió el bando republicano, pues esta ya tuvo lugar con creces, salvo en el caso de aquellas víctimas cuyo daño no fuera reconocido en el proceso de la Causa General (y seguro que las hubo y merecen su reconocimiento hoy tanto como las víctimas del franquismo).

          La eliminación o alteración de símbolos y monumentos franquistas no es borrar la historia, porque esta existe en los libros, manuales y artículos de historia de los cuales nada se va a borrar, los monumentos no son en sí mismos hechos históricos susceptibles de ser borrados, sino celebraciones de acontecimientos históricos. Una estatua, una placa conmemorativa, el nombre de una calle, un arco de triunfo no son historia, sino el soporte físico de una opinión, la materialización de un juicio de valor (laudatorio) acerca de un hecho histórico. Por muchas estatuas ecuestres de Franco que se eliminen de las plazas de las ciudades españolas Franco no desaparecerá de los libros de historia. Los monumentos ensalzan, no así la historia, que debe usar el método científico dentro de sus limitaciones como ciencia del espíritu, y cuyos profesionales son los historiadores y no políticos, periodistas, ideólogos o apologetas (lo siento por revisionistas panfletarios como Pío Moa o César Vidal, dejen la historia a los historiadores). La erección de un monumento es un acto artístico y político, no así la investigación historiográfica. ¿Deben pues eliminarse todos los monumentos en pos de la asepsis científica? No, solo aquellos que por ensalzar valores antidemocráticos supongan denigrar a las víctimas cuyo daño la democracia trata de reparar, y esto excluye los monumentos a las propias víctimas como, por ejemplo, el de Calvo Sotelo, cuya figura conviene recordar como acto simbólico de condena a su asesinato y por ende al resto de asesinatos por motivos políticos. Muy diferente es el caso de arcos del triunfo como el llamado Arco de la Victoria o el nombre de calles de genocidas como Queipo de Llano o Juan Yagüe. Si se trata de construir democracia, ¿qué sentido tiene celebrar figuras y valores antidemocráticos? Para no repetir la historia, para aprender de sus atrocidades, basta con la propia historia y es contraproducente mantener símbolos que justifiquen o incluso celebren dichas atrocidades, en todo caso sí convendría elaborar centros de la memoria a imagen y semejanza de los que existen en Alemania, o añadir a las listas de caídos de muchos cementerios e iglesias a aquellos que no figuran en ellas por haber pertenecido al bando de los vencidos.

          Todo cuanto he dicho hasta ahora no conlleva una defensa de los excesos de ninguno de los dos bandos de la Guerra Civil, tan condenables son las checas y la matanza de Paracuellos como los paseos y la masacre de Badajoz. Pero esto no supone una equidistancia entre la 2ª República y el franquismo, no hay simetría entre ambos regímenes como la que pudiera haber entre el totalitarismo nazi y el de los jemeres rojos de Pol Pot, y con esto voy ya más allá de la mera memoria histórica y paso a tratar de hacer un poco de justicia histórica por higiene democrática.
          Consideremos por un momento lo que supondría nombrar a una plaza "14 de Abril", "18 de Julio" o "1º de Abril". En el primer caso, ¿qué conmemora la fecha? Las consecuencias de un triunfo electoral. Precisamente uno de los rasgos que definen una democracia, las elecciones. Ciertamente la 2ª República funcionó como una democracia muy imperfecta, pero no porque sus valores no fueran auténticamente democráticos, sino porque la gran mayoría de sus actores no lo eran, ni en la izquierda ni en la derecha. Pero que los anhelos totalitaristas amenazasen la 2ª República a diestra y siniestra no la convierte en un regimen antidemocrático, convierte en antidemócratas a sus habitantes. Pensemos ahora en las otras dos fechas, una conmemora un golpe de Estado y la otra la victoria de una parte de los españoles sobre la otra parte. ¿Son estos hechos que puedan ayudar a construir una democracia, presumen las democracias de basarse en guerras civiles y golpes de Estado, es acaso democrática la imposición violenta, son esos los cimientos de una sociedad democrática? No. No es posible establecer simetría alguna entre la 2ª Republica y el franquismo, aquella no es el reverso rojo del segundo, nuestra Constitución podría beber (y de hecho bebe) de los valores de la Constitución de la 2ª República, pero no podría hacerlo de los valores del franquismo, o al hacerlo debería renunciar a los valores democráticos, esto es, a ser una auténtica constitución.
          Y ahora iré un paso más allá, no se trata solo de que el orden republicano fuese legítimo y no así el del regimen franquista, o que la 2ª República fuese una democracia (trufada por desgracia de actos antidemocráticos) y el franquismo una dictadura, sino que las atrocidades cometidas durante la Guerra Civil por uno y otro bando tienen, en gran parte que no en su totalidad, un carácter distinto: las que tenían lugar en suelo republicano se hacían contra la ley, contra el orden republicano, las que tenían lugar en suelo franquista conforme a la ley. Las sacas de la Modelo y otras cárceles madrileñas que acabaron con la vida de miles de presos políticos seguramente fueron orquestadas por parte de la Junta de Defensa de Madrid, con lo que tenían como mínimo un carácter semi-oficial, pero fue la propia República quien les puso fin y no el absoluto exterminio del contrario. En el bando franquista en cambio la consigna oficial era la aniquilación del adversario. No hubo voces del lado franquista que condenaran como sí lo hace Julián Zugazagoitia, diputado socialista en la 2ª República, los crímenes del bando propio. No es posible encontrar un testimonio tan crítico con los desmanes propios como Guerra y vicisitudes de los españoles entre los partidarios de Franco.
          Conocemos estos hechos y podemos sacar estas conclusiones porque no es cierto que haya habido, como suele afirmarse muy a la ligera, un "pacto de silencio". Desde el inicio de la democracia la investigación historiográfica en torno a la Guerra Civil y el franquismo no ha sido refrenada en absoluto sino todo lo contrario, el acuerdo que tiene lugar en la Transición no es el de sumir en el olvido la Guerra Civil sino, como le oí decir en una conferencia a Javier Rodrigo, autor de Los campos de concentración franquistas: entre la historia y la memoria, el de no instrumentalizar políticamente ni el franquismo ni la Guerra Civil, pacto que se ha roto ya al llegar al poder una generación de políticos que no participó en la Transición. Entiendo que se les acuse de romper unilateralmente aquel pacto tácito, pero aquellos que más fieramente acusan a estos políticos de abrir viejas heridas son quienes les echan sal para que no cicatricen por no condenar firmemente el golpe de Estado del 36 y la dictadura franquista. ¿Si de verdad se quiere olvidar aquello, entonces por qué resistirse a eliminar del callejero aquello que lo recuerda constantemente? El argumento del olvido restañador de heridas es hipócrita mientras siga habiendo monumentos y calles que no hagan otra cosa que recordar continuamente a aquellos que causaron ese daño que ahora es necesario reparar. Todos aspiramos al cierre definitivo de las heridas de la Guerra Civil, pero cada vez que veo una "Avenida del 18 de Julio" en alguna ciudad de España me resulta imposible no pensar en mi abuelo encarcelado durante la guerra por el simple hecho de ser maestro y de ser republicano, pero no por haber hecho jamás ningún mal a nadie. Cuando ya no haya en todo el país nombres de calles que recuerden injusticias como esa se habrá consumado, por fin, la ansiada reconciliación.

          "Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordaran, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: [...] Paz, Piedad y Perdón." Manuel Azaña, Discurso en el Ayuntamiento de Barcelona (18 de julio de 1938).


miércoles, 27 de julio de 2011

Sobre la tolerancia II

          ¿Debe ser tolerado el intolerante? La respuesta de John Locke a este interrogante en su Carta sobre la tolerancia es "no". El Estado según Locke deberá respetar todas las creencias religiosas, pero deberá actuar contra aquel que trate de imponer las suyas violentamente, así como contra aquel que carezca de creencias. En efecto Locke, hijo de su época, considera que el ateo, como el intolerante, no debe ser tolerado. El razonamiento en que se basa esta idea es el siguiente: el Estado democrático existe por un pacto que nos compromete a todos, el ateo es incapaz de asumir compromiso alguno porque no puede jurar, por lo tanto el ateo es incapaz de suscribir el pacto en que descansa el Estado democrático. En este caso la conclusión es falsa porque lo es la segunda premisa, desmentida por la experiencia: son muchos los creyentes que no respetan la palabra dada, y muchos los ateos que sí lo hacen, aunque prometan y no juren. El juicio de Locke, obviamente, descansa en una concepción todavía arcaica del Estado según la cual los derechos son naturales por estar regidos por la ley divina, y quien rechaza dicha ley difícilmente podrá aceptar dichos derechos.
            Una vez salvado este escollo preguntémonos si Locke tiene razón al negar que deba ser tolerado el intolerante. ¿Qué quiere decir esto? No se refiere al hecho obvio de que deba perseguirse a aquel que ejerce físicamente la violencia. Y tampoco se trata tan solo de perseguir actos concretos de intolerancia, sino al propio intolerante. ¿Cómo es eso posible? ¿No convertiría eso a ciertas personas en ilegales dentro de la democracia, negando así un pluralismo que debería ser su esencia misma? En realidad no, porque lo que la democracia no puede ni debe tolerar son atentados contra ese mismo pluralismo, y dichos atentados no son solo acciones terribles como los crímenes de ETA o del asesino de Oslo, sino también esos atentados indirectos como son la apología del terrorismo, el racismo, la xenofobia o el fascismo. Ahora, defender esto último no implica que no se deba tolerar al intolerante, sino que debe ampliarse el concepto de "acción violenta" y comprender que expresarse en términos racistas, por ejemplo, es en sí mismo un acto racista. Expresar una opinión también es llevar a cabo una acción.

            Por ello considero más acertada la forma de entender la tolerancia en un Estado democrático que tiene John Rawls que la de John Locke. El Estado democrático debe tolerar incluso al intolerante, pero debe ser inflexible con los actos intolerantes, aunque dichos actos sean palabras. Ante la duda, ¿cómo debería actuar el Estado? Debería abstenerse de actuar salvo cuando haya constancia de una acción inminente resultado de ciertas posturas. Para la salud de la propia democracia es mejor dejar escapar a un culpable que castigar a un inocente. Hay medios de la derecha que a raíz de las reacciones al atentado de Oslo advierten del peligro de criminalizar las ideas, pero es que hay ideas que son criminales, cuya expresión misma daña. Esos mismos medios así lo reconocen cuando se trata de ideas que amparan el terrorismo de ETA. Consideran que quienes manifiestan su apoyo, explícitamente o por omisión, a los crímenes de ETA son en parte responsables de dichos crímenes, y estoy de acuerdo. ¿Pero por qué no extender dicho juicio a quienes apoyan los crímenes racistas, xenófobos y fascistas? ¿Qué hace mejor a un líder de la ultraderecha noruega que a un líder de Batasuna? ¿No anima a ambos la misma xenofobia? No es coherente quien condena la apología del terrorismo y no del racismo y viceversa. Si unos partidos deben ser ilegalizados porque algunas de sus ideas y principios son esencialmente antidemocráticos, así debería ocurrir con todos.

            No es criminal decir, por ejemplo, que hay que controlar la inmigración (aunque el Artículo 13.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice que "Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado"), es criminal defender que tienen más derechos los "autóctonos" (españoles, vascos o noruegos) que los extranjeros, porque los derechos son absolutos, independientes de cualquier "origen nacional" (Art. 2.1), y por tanto priorizar los derechos de unos frente a los de otros es negar los de aquellos que se dejan en segundo lugar. Y negar derechos es un crimen, es un ejercicio activo de violencia, luego sí, la expresión pública de ciertas ideas es en sí misma un crimen. Hay ideas que son en sí mismas agresiones porque apuntan a la línea de flotación de la libertad, porque son la negación de la libertad de algunos y por tanto la negación de las condiciones mismas de posibilidad de la vida en común. Quien defiende que no hay ideas ilegales no entiende esto, y se basa una vez más en el error muy extendido (que ya critiqué en una entrada anterior "Sobre la tolerancia") de que todas las opiniones valen lo mismo, que toda opinión merece respeto, cuando son las personas y no las opiniones quienes merecen universalmente respeto. Y por ello mismo considero, contra Locke, que debe tolerarse al intolerante, pero no debe dejar de perseguirse ninguna expresión de la intolerancia. La democracia debe respetar la libertad de conciencia, siempre, y debe respetar la libertad de expresión, salvo cuando el ejercicio de esta vulnere los derechos de otros ciudadanos, del mismo modo que se respeta la libertad de acción salvo cuando vulnera dichos derechos.

            ¿Quiere esto decir que sea legítimo emplear la violencia en respuesta a actos intolerantes? No, salvo aquella que entra dentro del uso legítimo que de ella puede hacer el Estado, esto es, aquella que es conforme a la ley. Porque lo que ha de hacerse con el intolerante es aquello que él no hace: incluir dentro de la legalidad a aquel cuyas ideas resultan repulsivas. Se aplica la ley a quien considera que está fuera de la ley o que hay otros que no merecen ser amparados por la ley. El Estado democrático ha de decirle al intolerante: "lo que tú no le reconoces a tus víctimas, el Estado no obstante te lo reconoce a ti". Por ello los criminales de guerra nazis tuvieron derecho a un juicio en Nuremberg, aunque ellos no habían concedido dicho derecho a sus víctimas, porque la democracia reconoce derechos incluso a quienes los niegan y pisotean. Pero eso no quiere decir que la democracia renuncie a perseguirlos, juzgarlos y condenarlos, porque precisamente lo que está en juego es la existencia misma de la democracia.

domingo, 26 de junio de 2011

Sobre la tolerancia

          No estoy de acuerdo con lo que me dices, pero lucharé hasta el final para que puedas decirlo. Voltaire

          La tolerancia es un concepto relativamente reciente, al menos en su forma actual. Se trata de un concepto hijo del liberalismo y de la Ilustración, que encuentra sus mejores versiones en la Carta sobre la tolerancia de John Locke y el Tratado sobre la tolerancia de Voltaire.
          El origen de la tolerancia está, paradójicamente, en la intolerancia, concretamente en la que provocó el fanatismo religioso que desembocó en la Guerra de los Treinta Años. Fueron los miles de asesinatos perpetrados en Europa en nombre de la religión lo que inspiró a Locke la necesidad de defender la libertad religiosa, y con ella la libertad de conciencia en general.
          ¿Qué es la tolerancia? No es, como muchos creen, respetar las opiniones ajenas, por mucho que tertulianos y opinadores en general empleen con profusión la muletilla "es mi opinión, y la tienes que respetar". La tolerancia no se aplica a palabras u objetos, porque palabras u objetos no son merecedores de respeto porque no detentan por sí mismos dignidad alguna. No merecen pues respeto las opiniones porque al ser criticadas no ven menoscaba una dignidad que no tienen, pueden estar fundadas o infundadas, ser verdaderas o falsas, argumentadas o arbitrarias, pero no son dignas ni indignas. La dignidad es una cualidad de los seres humanos, o mejor dicho, es aquello que nos hace ser humanos.
          Así, si el respeto se basa en la dignidad, y ésta es privativa de los seres humanos, esto quiere decir que la tolerancia solo se aplica a ellos. La tolerancia tiene pues que ver con respetar a otros seres humanos, ¿a cuáles? Pues no a todos como se suele creer. Todos los seres humanos poseen dignidad, y por tanto todos son merecedores de respeto, pero eso no quiere decir que toleremos a todos los seres humanos. ¿Quiénes requieren ser tolerados por mí? Aquellos que tienen unos valores contrarios a los míos. Solo se puede ser tolerante frente a lo que es molesto o se juzga negativo, ¿o es que acaso yo tolero a mis amigos o a mis compañeros de partido o de confesión? A quien tolero es a quien no soporto, a aquel cuyas ideas me parecen equivocadas o cuyos valores juzgo repulsivos. ¿Qué habría de tolerarle a aquel con quien todo lo comparto, con quien estoy perfectamente de acuerdo? No, la tolerancia se ejerce sobre aquel que no me gusta, tolerar es esforzarse por respetar.
          Por esta razón no solo no tiene sentido defender que toda opinión ha de ser tolerada, sino que dicha idea es de hecho contraria a la tolerancia, porque quiere decir que las ideas intolerantes son tan válidas como las tolerantes, que las afirmaciones falsas lo son tanto como las verdaderas. En fin, si llegásemos a asumir efectivamente que las opiniones son merecedores de respeto y objeto de tolerancia, tendríamos que poner fin a todo debate, porque ello implicaría la renuncia a justificar las opiniones, dado que opine yo lo que opine todas las opiniones valen lo mismo. El nivel de las tertulias de nuestro país es buena prueba de las consecuencias de asumir dicho principio.
          Pero no, la tolerancia se ejerce sobre las personas, y reconoce el derecho de dichas personas a estar equivocadas o ser inmorales (desde mi punto de vista) y no ser discriminadas o violentadas por ello. Sus ideas y valores podrán ser criticados hasta la saciedad, pero no se les podrá hacer renegar de ellos mediante violencia porque, entre otras cosas, como dice Locke "la fuerza no persuade". Y aquí es donde cobra algo de sentido la idea de respetar las opiniones, cuando lo que significa es no descalificar a quien las sostiene por el mero hecho de hacerlo. La tolerancia conlleva que aquel que no piensa como yo podrá defender sus ideas y yo no recurriré a la descalificación personal a la hora de juzgar dichas ideas. Juzgar las ideas y no a las personas, eso es tolerancia. Persuadir mediante la argumentación no es imponer mis ideas, sino hacerlo mediante la coacción o la violencia. Yo tengo no solo el derecho, sino probablemente el deber de persuadir al racista de que su idea de que hay razas superiores e inferiores es inmoral y además científicamente falsa, y no por ello estaré siendo intolerante, lo seré si en lugar de persuadirle con la fuerza de la razón le convenzo con la fuerza de mis músculos o mis armas.

          El 15M se afirma pacífico, y lo es, y la mayoría de sus miembros lo son. ¿Es tolerante? No se puede ser pacífico sin ser tolerante, luego lo es. ¿Lo son la mayoría de sus miembros? Lo son, pero me temo que no todos. Algunos miembros del 15M han demostrado no ser siempre tolerantes con sus correligionarios. Se trata de casos aislados y minoritarios, pero debemos tratar de evita resta intolerancia porque recordemos que la revolución será plural o no será. No podemos entrar en descalificaciones personales debido a nuestras diferencias como las que han proliferado los dos últimos días en twitter. Ni debe permitirse abucheos como los que escuché en alguna de la últimas asambleas de Sol cuando alguno de los asamblearios declaró haber votado al PP. Oigamos lo que cada uno tiene que decir y no pensemos en el origen de aquello que se dice.
          La tolerancia no implica la renuncia a mis propias ideas, sino el respeto hacia aquel que no las comparte. Sin tolerancia no hay convivencia posible más que mediante la purga sistemática del disidente, pues solo así podré convivir con aquellos que piensan como yo y que por tanto no requieren de mi tolerancia. Si hay un valor que hace posible la democracia ése es la tolerancia, porque sin ella no hay pluralismo, y sin pluralismo no hay libertad.
          Por otra parte internet, cuna del 15M, es una fantástica escuela de tolerancia. En la realidad nuestras pintas nos delatan, pequeños códigos de etiqueta nos permiten adivinar más o menos los colores ideológicos del auditorio y sucumbir al fenómeno de la conformidad. En internet no hay apariencias (aunque es cierto que hay nicks muy explícitos), no sabemos de qué pie cojea cada uno, y ello nos enseña a hablar para todos, con respeto, y eso es practicar la tolerancia. Nada peor para la tolerancia que hablar solo con aquellos que piensan igual que yo, y nada peor también para el progreso y la razón. En internet hablamos con cualquiera, pero esto no debería llevarnos a tratar a los demás "como a un cualquiera", sino lograr encauzar nuestras ideas y sentimientos de forma no ofensiva, lo cual no supone renuncia alguna a expresar y defender dichas ideas y sentimientos.
          Me ha costado aprender esta lección, pero es aquello por lo que más agradecido le estoy a la red, por enseñarme a hablar para todos y a escuchar a todos. Recordaré aquí unas palabras de Alex de la Iglesia: "He aprendido que dialogar con personas que te llevan la contraria es mucho más interesante. Puede resultar incómodo al principio, (...)." Pero es que el verdadero diálogo solo puede llevarse a cabo con quien no piensa como yo, lo contrario es un monólogo con distintas voces. Dialogar supone estar dispuesto a cambiar mi punto de vista si me dan una buena razón para hacerlo, y renunciar a todo aquello que no sea la razón para defender dicho punto de vista. Internet es una escuela de diálogo, es el único medio ya en el que existe, no lo perdamos. Me parece una lástima llevar los malos modos de la discusión televisiva o radiofónica a la red, intentemos evitarlo.

viernes, 24 de junio de 2011

El referéndum del 15O y el movimiento 15M

          Esta tarde se reunen en el Patio Maravillas a las 19:00 horas Democracia Real Ya y los organizadores del controvertido Referendum del 15 de Octubre, muchos esperamos que dicha reunion arroje cierta luz sobre esa controversia, pero al margen de lo que allí ocurra pueden juzgarse ya algunos de sus elementos.
            Lo primero que hay que preguntarse es "¿es una buena idea ese referendum?", y personalmente tengo mis dudas. Primero por la fecha en que se ha convocado, pues ya hay convocada una manifestación global para ese día por parte de DRY. Segundo por el hecho mismo, ¿por qué iba a entregar mis datos personales a unos desconocidos? Tercero porque es improbable que sea un éxito, pues entiendo que no serán pocas las reticencias a la hora de confiar el DNI a quien no se conoce, y el 15M necesita acciones masivas (en cierto sentido, nuestro número sustituye como arma a la violencia). Y por último las formas, porque ciertamente no hay un poder ejecutivo en el 15M, pero hay organizaciones que representan a mucha gente como las asambleas, acampadas, DRY, Juventud Sin Futuro o #Nolesvotes, y no costaba nada informarles de la iniciativa del referendum antes que a la prensa (especialmente deberían haber informado a DRY que ya tiene convocado un acto para el 15 de Octubre), y además me consta que hay al menos una persona que se ha dirigido a los promotores del referendum pidiendo información y se ha sentido insultada y maltratada con la respuesta que obtuvo.
          Lo segundo que hay que preguntarse es "¿tienen derecho a convocar dicho referendum?", y creo que sin duda. No creo que haya nadie con autoridad para expedir carnets de "legítimo 15M". La fuerza del movimiento 15M es su pluralidad y su falta de mando único, cualquier iniciativa cuyas propuestas coincidan con parte de lo que viene reivindicando el 15M tiene perfecto derecho a ser impulsada. Me temo que he leído algún blog y visto algunas reacciones a la convocatoria del referendum un poco estalinistas: cuestionando la procedencia de alguno de los impulsores del referendum (pero deberíamos criticar las propuestas, no quien las hace) y extendiendo el bulo de que un partido político (concretamente UPyD) estaba detrás. El 15M se juntó gente de muy diversas ideologías, y entre otras cosas eso hizo grande al 15M, andar ahora juzgando las ideologías de cada cual sí que me parece muy contrario al movimiento 15M. Además, sencillamente es imposible ser antidemócrata y proponer algo en el espíritu del 15M, porque precisamente si hay algo que suscita el consenso unánime de los miembros del movimiento es la defensa de la democracia. ¿Cómo se repara el mal de una acusación infundada? El bulo de que se trata o bien de fascistas o bien de marionetas de UPyD (que están muy lejos de ser fascistas, por cierto) ya ha corrido y seguirá corriendo, el daño está hecho. Sencillamente prefiero que se me escape un culpable a acusar injustamente a un inocente, y no querría que el movimiento 15M empiece a generar purgas, rechazo a la disidencia y sospechas continuas de boicoteo.
          Lo tercero que hay que preguntarse es "¿beneficia al movimiento?", y de momento, tal y como se han llevado a cabo las cosas, no lo parece, aunque es cierto que ha tenido mucho éxito en la prensa. Ha generado reticencias y algunas personas se han sentido manipuladas, lo cual ha llevado a verlo como una iniciativa oportunista y secesionista. Y lo sea o no, generar esa paranoia, cuyo origen es un miedo con cierto fundamento debido a la fragilidad del movimiento fruto de su pluralidad, es una consecuencia muy negativa de la iniciativa. Probablemente se trata de un daño colateral... pero era previsible y por ello debería haberse tenido en cuenta y haberse prevenido.
          En fin, espero que estas reflexiones ayuden en parte a calmar los ánimos, pues no es otro su objetivo, pero he escrito esta entrada algo precipitadamente y espero no estar haciendo aquello que les reprocho a los organizadores del referendum a cuyo contenido, por cierto, tal vez me refiera en futuras entradas del blog, aunque casi podría remitir a la primera de todas #consensodeminimos.

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