El regreso de la filosofía
Hace unos años no dejó de maravillarme el alborozo con que se acogió el pacto del Congreso de que la asignatura de Historia de la Filosofía volviera a ser obligatoria en 2º de Bachillerato para todas las modalidades. En este blog he defendido la enseñanza de la ética y de la filosofía, pero siempre me he cuidado mucho de caer en el gremialismo puro y duro, y en la complacencia de ese discurso (ahora) dominante según el cual la enseñanza de la filosofía crea "pensamiento crítico". Para mí, como defendí ya aquí, la filosofía bien enseñada es fundamental, pues, entre otras cosas, hace de los estudiantes científicos y humanistas y no meros estudiantes de asignaturas científicas o meros estudiantes de asignaturas de humanidades, y despierta su espíritu inquieto hacia problemas que solo la curiosidad justifica sacándolos de su adormilado ensimismamiento en pequeños problemas prácticos. Pero me temo que he de recalcar lo de "bien enseñada".
El beneplácito monolítico con que se recibió la vuelta de la obligatoriedad de algunas asignaturas de filosofía al currículo me hizo sospechar, y de hecho sólo se vieron algunas voces críticas entre los propios filósofos, supongo que porque ellos sí saben de la enorme diferencia entre enseñar filosofía de verdad y un sucedáneo, y temen que se enseñe el sucedáneo (también hay alguna voz crítica que acusa a la filosofía de anticientífica, pero dicha falsedad no merece ninguna atención, lo que va en contra de los hechos no se discute, esa majadería es el mal que hacen las librerías que colocan la estantería de religión y ciencias ocultas al lado de la de filosofía, supongo que así se sentirán los psicólogos cuando ven sus libros lomo con lomo con los de autoayuda). Todos los partidos (y sus coros de periodistas y tuiteros) de acuerdo en la medida, celebrando la vuelta del "pensamiento crítico" a las aulas. Si todos lo celebran, ¿con quién va a ser crítico ese pensamiento? Más bien todos esperan que vuelva a las aulas un dogmatismo "crítico", el suyo. Si el pensamiento ha de ser crítico, ha de serlo sobre todo con las ideas propias, pues esas creencias son las que son resistentes a los buenos argumentos, las ideas ajenas en nuestras mentes son tan débiles como el más enclenque de sus partidarios. Porque me temo que "crítico" en la mente de muchos es lo mismo que en la de mis alumnos antes de enseñarles filosofía: dar una opinión contraria. Si eso se espera de la filosofía, mal vamos.
Ante la borrosidad del "pensamiento", hablemos mejor de análisis crítico de ideas, pero también sintético, destructivo y constructivo, porque el rigor en la argumentación, el pensamiento bien claro y bien ordenado (que de eso va realmente, o debería ir, la filosofía) lo mismo sirve para dar argumentos (que no opiniones) a la contra que a favor, para construir una antítesis que una tesis. Que tan uniformemente la gente mal entienda qué es el "pensamiento crítico" es la mayor prueba de la necesidad el estudio de la filosofía. Es más, que a tanta gente haga feliz la vuelta de la filosofía demuestra lo necesaria que es, bien enseñada, para sacarlos de su error.
Cómo enseñar bien filosofía
¿Qué deben enseñar las asignaturas de filosofía? Podemos ponernos todo lo exquisitos que queramos, pero todas las asignaturas enseñan lo mismo: a leer y escribir. Vaya, valiente estupidez, todo alumno de secundaria sabe ya leer y escribir. En efecto, pero todos sabemos correr y no obstante podemos aprender a hacerlo bien, entrenando, si aspiramos a ser competentes en pruebas de fondo de atletismo. Ciertas ecuaciones matemáticas serán ilegibles para la mente no entrenada, igual que ciertos documentos históricos o algunas obras de arte. Así que debemos aprender a leer y a escribir matemáticas, a leer y escribir historia, a leer y a escribir arte. Necesitamos aprender el código propio de cada una de esas parcelas. Así que la filosofía tiene que enseñar a leer y a escribir filosofía.
Por otra parte, sí, la filosofía tiene que enseñar a pensar (quitémosle la coletilla "crítico") bien (a quien diga "yo ya sé pensar", recordémosle el ejemplo de la diferencia entre correr y saber competir), esto es, con rigor, coherencia, claridad, honestidad, fluidez. Y esto solo es posible practicando (como el correr): leyendo filosofía y escribiendo filosofía. El problema es que ahora se lee poca filosofía (se leen manuales de filosofía, esto es, lo que unos dicen que dijeron otros filósofos, en cuanto se lee a estos directamente es obvio el abismo que media entre una cosa y la otra) y no se escribe filosofía, se recita lo que dijeron otros filósofos. Y esto, en parte, viene provocado por el tipo de examen (y así, el tipo de competencias que se miden y que se espera adquiera el alumno) al que se enfrentan los alumnos en la PAU. O al menos así es en la Comunidad de Madrid (porque no existe un modelo único de examen para todo el territorio nacional, lo cual es un desastre), así que pido perdón, porque de aquí en adelante es a esa comunidad autónoma a la que me voy a referir, dado que es en la que enseño.
Un nuevo modelo de examen, por fin, y sus defectos
Por fin, tras varios años de retraso, el examen de Historia de la Filosofía de la PAU de Madrid se adapta a la LOMLOE y adopta un modelo "competencial" con preguntas "competenciales" (esta denominación es una soberana majadería, porque no existe el examen que no mida competencia alguna, lo que en todo caso ocurre es que ahora se quiere evaluar algunas competencias en lugar de otras). Sería más correcto decir que el nuevo examen va a ser menos dependiente de la competencia memorística (competencia que no debe despreciarse, porque una parte de saber es, indiscutiblemente, saber qué, conocimiento declarativo y no meramente procedimental) y va a propiciar que el alumno demuestre haber comprendido aquello que ha memorizado, y que por tanto es capaz de aplicarlo. Esto es, el nuevo examen debería propiciar que el alumno rescate lo estudiado y memorizado y lo aplique adecuadamente a la hora de explicar un texto o reflexionar sobre algún problema filosófico construyendo un discurso propio, no por su contenido (o no fundamentalmente por ello), sino por su estructura argumentativa. En fin, un examen en el que el alumno demuestre que sabe leer y escribir filosofía, como decía más arriba.
¿Logra este último objetivo el modelo propuesto de examen? La respuesta corta es "no", pero es cierto que va en la dirección correcta. Veamos ahora el modelo propuesto (no el de transición para este curso, sino el defenitivo, para el que viene). El examen durará hora y media y constará de tres apartados: un "comentario" de texto (en realidad no lo es), una "disertación" (en realidad... tampoco termina de serlo) y unas preguntas sobre conceptos (unas de respuesta breve y otra que requeriría un mayor desarrollo).
- En la 1ª pregunta habrá dos textos (un fragmento de las obras escogidas para ser estudiadas durante el curso), a elegir uno, y sobre ese texto habría que identificar y explicar la tesis principal, y poner en diálogo sus ideas mediante un pequeño texto justificativo con las de otro autor, autora o corriente filosófica. (3 puntos) Se espera que la respuesta a esta pregunta ocupe aproximadamente una página.
- En la 2º pregunta habría que hacer una breve disertación (en torno a una página) que relacione los contenidos del curso con alguna cuestión de actualidad. Los ejemplos puesto por quienes han diseñado el examen son: "¿Vivimos en una sociedad nihilista?" y "¿Qué papel puede desempeñar la filosofía en el mundo de hoy?" (3 puntos) Se espera que la respuesta a esta pregunta ocupe poco más de una página.
- En la 3ª pregunta hay preguntas concretas de conceptos filosóficos y otra de desarrollo de relación de ideas. (4 puntos) Se espera que la respuesta a esta pregunta ocupe aproximadamente una página.
¿Por qué digo que este examen no es satisfactorio aunque esté bien orientado? Porque en hora y media sólo se puede hacer aquello que realmente mide un comentario de texto o una disertación de una forma absolutamente superficial. Este examen no conlleva leer y escribir filosofía, sino un sucedáneo de lectura y escritura filosófica. No da lugar a la reflexión, porque no da tiempo a la reflexión, luego necesariamente esta vendrá ya prefabricada.
No tengo nada que objetar a la pregunta 3, salvo que implica mucho estudio memorístico, porque una cosa es que el alumno entienda los conceptos del curso, y otra que cuando acabe los tenga todos perfectamente presentes para definirlos o contrastarlos, esto implica estudio y memoria. Insisto, es to no es nada malo per se, en absoluto, pero se supone que va en contra del espíritu del nuevo modelo de examen. Mis objeciones van más bien dirigidas al modelo de comentario y modelo de disertación.
"Identificar y explicar la tesis principal del texto" es sólo una parte de un comentario de texto. Estrictamente hablando no habría que abordar la estructura argumentativa del texto ni el resto de ideas del mismo más allá de dicha tesis principal. Leer un texto con atención y construir un análisis filosófico del mismo lleva tiempo. Pero en el modelo actual el alumno debe correr mucho, explicar de forma superficial el texto y centrarse en la comparación de ideas con otro autor, en ocasiones de una forma demasiado "algorítmica".
Respecto a la futura disertación, entiendo que se quiera ir al modelo francés relacionando los conocimientos del curso con la actualidad, pero eso es imposible por unas diferencias sustanciales
- En Francia el alumno dispone de 4 horas para hacer la disertación. Está previsto que le dé tiempo a hacer un borrador de la introducción y la conclusión, así como un esquema de la argumentación.
- En Francia no estudian Historia de la filosofía, sino Filosofía (abordan múltiples problemas, de tal forma que la visión actual está siempre presente)
- En Francia la disertación es un tipo de prueba perfectamente reglado que los alumnos practican no sólo en Filosofía, sino también en Francés y en Historia, y eso desde 1º de Bachillerato.
Mi propuesta
Un alumno que ha estudiado y entiende la filosofía debería ser capaz de entender y explicar, mejor o peor, cualquier texto de filosofía acorde a su nivel, por lo que yo suprimiría la lista de lecturas. En el examen debería poder aparecer cualquier texto de un autor del curso (dos textos, a elegir uno), que debería escogerse de entre sus textos más significativos y comprensibles, sin más. Así, el profesor de la asignatura emplearía los textos que considerase más adecuados para explicar en clase aspectos del pensamiento de los autores del curso, y prepararía a los alumnos para hacer un comentario de texto para cualquier texto posible (insisto, adecuado a su nivel). También, establecería una metodología del comentario de texto sólida, con su plantilla de corrección y las competencias evaluadas bien especificadas. La pregunta debería ser tan sencilla como: "Analice el texto siguiente." Tan solo es necesario unificar una metodología del comentario de texto filosófico (y a eso contribuiría la plantilla de corrección y la especificación de competencias).
Respecto a la disertación, no se puede preguntar, en tan poco tiempo y espacio, por cuestiones de actualidad que no se han abordado en clase al tratarse la asignatura de Historia de la Filosofía, se puede, en cambio, recurrir a cuestiones abordadas por los autores del curso, y así al alumno, aún construyendo una reflexión propia, podría partir de los argumentos (no opiniones) aprendidos a lo largo del curso y emplear los conceptos estudiados. ¿Puede Dios ser bueno?, ¿Es el alma inmortal?, ¿Existe un estado perfecto?, ¿Es el hombre social por naturaleza?, ¿Debe hacerse el bien aún si conlleva sufrimiento? Se trata de temas imperecederos, cuya lista es muy extensa y sujeta a múltiples variaciones (el examen propondría dos o tres, a escoger uno), y obliga al alumno a hacer lo que realmente esperamos de él, que demuestre comprensión del problema y que sea capaz de hilar una discusión coherente, bien argumentada y que enriquezca una primera visión superficial de la cuestión, y para ello deberá recurrir a lo que otros han pensado previamente para que la discusión sea realmente profunda y filosófica y no una serie de ocurrencias banales. Por supuesto aquí también sería fundamental una plantilla de corrección y una metodología de la disertación estandarizada.
Pedirle estas dos cosas al alumno en hora y media es ya mucho, más que suficiente. Y demuestra que el alumno sabe leer y escribir filosofía, que es de lo que se trata. Y tiene todo el sentido del mundo ir entrenando y evaluando a los alumnos desde su asignatura de Filosofía de 1º de Bachillerato con comentarios de texto y disertaciones.
Y si se considera que este tipo de examen es demasiado exigente... entonces podríamos directamente ir a una versión simplificada del examen francés: dos opciones a elegir, o un comentario de texto, o una disertación. No tendremos sus cuatro horas, sino sólo hora y media, pero tampoco esperaríamos que los alumnos escribieran más de un par de páginas y eso les dejaría tiempo para pensar, que juraría que es de lo que se trata en esto de la filosofía.

