jueves, 15 de marzo de 2012

Por un consenso en el #15M para el #12M12

          A falta de dos meses para que se cumpla un año del despertar de nuestra conciencia colectiva que supuso el 15 de Mayo de 2011, y aunque "vayamos despacio porque vamos muy lejos" no deberíamos dejar de celebrar los muchos logros del movimiento.
          "¿Logros? -dirán algunos- ¿Qué logros? El movimiento está dividido, las asambleas diezmadas, las calles y plazas vacías, las banderas partidistas han sustituido al bien común y algunos se replantean incluso la estrategia de la no-violencia." No siendo esto del todo falso, tampoco es toda la verdad. Sin duda el invierno y nuestras obligaciones laborales han hecho mella en nuestra presencia en las calles. También, las distintas elecciones nos han hecho descubrir nuestras simpatías partidistas y establecido diferencias entre nosotros, resulta que unos somos reformistas y otros revolucionarios, unos ponemos la libertad por encima de la igualdad, otros la justicia por encima de ambas cosas... en fin, hemos descubierto que es fácil coincidir en un eslógan pero no tanto en su interpretación. Vale, ¿y qué?
          Todo esto no era menos cierto antes del 15 de Mayo de 2011. Aunque nos uniéramos ese día y en los días posteriores, ya sospechábamos que cada uno era de su padre y de su madre, lo que hizo grande esta revuelta, lo que convirtió Sol en el ágora, fue que por fin uno podía ser de su padre y de su madre y estar de acuerdo con el otro por lo que decía y no por lo que era. Pero situarse en un punto en que lo importante sea el qué y el cómo, y no el quién, no significa que no exista ese quién sino que no es relevante porque a todos anima un bien común.
          "Democracia Real Ya: no somos mercancía en manos de políticos y banqueros." De esta divisa que nos unió me voy a quedar con un término: "mercancía". No somos objetos, sino sujetos, cada uno de nosotros es un fin en sí mismo y no un medio. Pero políticos y banqueros gobiernan nuestras vidas empleándonos para sus propios fines. ¿Qué exigimos pues? Ser los auténticos dueños de nuestro destino: exigimos libertad, autonomía. Exigimos nuestro derecho a autogobernarnos porque  somos personas portadoras de dignidad y no mercancías, y por ello no puede comerciarse con nosotros, no puede especularse con nuestros votos ni con el dinero de nuestros impuestos. Somos un instrumento en manos de unos políticos ávidos de poder y de unos empresarios ávidos de dinero. ¿Todos los políticos se venden a cambio de poder y todos los empresarios anteponen el dinero a cualquier otra cosa? No. ¿Y por qué negarse entonces a perseguir a quienes sí lo han hecho y nos han sumido en la ruina?
          Creo que una indignación semejante a la que expresa el párrafo anterior animó a muchos de los que salimos a la calle bajo la bandera del 15M, y unos objetivos que fácilmente pueden deducirse de dicho párrafo nos hicieron perseverar en la lucha. Los mismos objetivos que alcanzó la revuelta islandesa: justicia y libertad mediante la depuración de responsabilidades por la crisis y un proceso constituyente. ¿Por qué no centrarnos en esos objetivos?
          Volvamos a las propuestas del 15M y sus logros. Son bastantes quienes niegan que existan tanto una cosa como la otra. Se acusa al 15M de proponer demasiadas cosas, y algunas de difícil cumplimiento, o de hacer propuestas contradictorias, o de no ponerse de acuerdo en qué proponer. Pero proponer muchas cosas no es proponer demasiadas si muchas son las cosas que hay que resolver. Y en cuanto a los logros, si alguno esperaba que desembocara el 15M en la Utopía de Tomás Moro más vale que se vaya desengañando. ¿Pero acaso no hay familias que siguen en sus casas en lugar de haber sido desahuciadas gracias al apoyo del 15M a la PAH, no se ha hablado de la dación en pago en el Congreso, no se discuten cambios en la Constitución referentes a la separación de poderes y la ley electoral? ¿Acaso se nos ha olvidado que hace tan solo un año los medios empleaban "anticonstitucional" como sinónimo de "antidemocrático"? ¿Logros del 15M? Incontables, pero pueden resumirse en la visibilización de injusticias antes ninguneadas y el saneamiento del vocabulario político. Temas que eran tabú ya no lo son. ¿Y qué decir de la resignación, que a efectos prácticos equivalía a complacencia, con que recibíamos los escándalos de corrupción? Saldrán impunes los corruptos de los juzgados, pero ya nunca más con el honor intacto si su conducta fue deshonrosa.
          ¿De toda esta amalgama qué se deduce? Que no queremos ser tratados como menores de edad a los que cada cuatro años se les deja elegir entre partido de fresa, de limón o de manzana verde, queremos participar activamente en nuestra vida política. Y que no aceptamos por más tiempo la impunidad: un programa político es un compromiso, manejar dinero público es un compromiso, y cuando uno se compromete hay que apechugar con las consecuencias del compromiso contraído. Exigimos responsabilidad: poder ser responsables de nuestro propio gobierno y que se hagan responsables de su malgobierno quienes nos han llevado a la situación actual.

          El último paso, ¿cómo plantear esta exigencia de responsabilidad? Ese es el quid de esta entrada, dos propuestas que considero podrían ser consensuadas en los muchos foros del 15M (asambleas de barrio, twitter, facebook, virtualpol15M...), en sus organizaciones (DRY, Estado de Malestar, #NoLesVotes, Juventud sin Futuro...) y en general por todos sus integrantes. Y "consensuar" implica debatir, reformar, acordar... Se trata tan solo de un punto de partida para tratar de unir fuerzas en el movimiento con un fin común. ¿Debe por ello renunciar el 15M a otras iniciativas? En absoluto. ¿Pero no sería estratégicamente útil ir preparando una gran propuesta para el aniversario del 15M, para la gran manifestación del #12M12? ¿Nos piden concreción? Pues démosles concreción, sigamos quitándoles sus patéticas excusas.
          Para proponer estas exigencias tengo en mente la indignación no solo de quienes nos decimos parte del 15M, sino que trato de incluir a muchos que no pertenecen al movimiento pero que comparten esa indignación. Que ocupemos el espacio público no quiere decir que seamos el público. Tantos como nos juntamos en Sol en su momento lo hacen cada quince días en el Bernabeu. Aunque nos juntásemos 500.000 en una plaza seguiríamos siendo un porcentaje ridículo del censo, incluso del censo electoral, incluso (a efectos de cálculo de mayorías) del total de votantes. Nunca podremos presumir de un grado de participación en nuestras acciones semejante al del voto de algún partido mayoritario, pero sí hemos podido presumir de porcentajes de apoyo en torno al 73% a nuestras propuestas, fueran estas muchas, pocas, contradictorias o irrealizables. Así pues, a la auténtica mayoría de los ciudadanos debemos dirigirnos y por ello propongo lo siguiente:

          - Exigir responsabilidades a los causantes de la crisis mediante la creación de una comisión de investigación. Basta ya de que paguemos la crisis quienes la sufrimos y no quienes la crearon.

          - Exigir una ampliación de la participación ciudadana de tal forma que haya decisiones que no puedan tomar los gobiernos sin consultar a la ciudadanía. Basta ya de que nuestros votos sean cheques en blanco.

          Hay partidos de diverso signo que ya han hecho propuestas semejantes en el Congreso de los Diputados y fuera de él, y no son irrealizables. Se trata de propuestas de carácter formal, políticas pero no partidistas, no programáticas (no es necesario tener una ideología concreta para suscribirlas). Si decimos que somos el 99%, tratemos de hacer propuestas para el 99%, a ver si por querer afinar más de la cuenta nos vamos a ir dejando porcentajes de ciudadanos por el camino.
          Por supuesto esta propuesta es una más, y lo que la legitimaría sería que fuera de muchos, que fuera de todos y no mía, porque está hecha con el ánimo de que pueda ser de todos, de que pueda llevarnos a un consenso entre las muchas sensibilidades del 15M y más allá del 15M. Por ello si te gusta y te parece pertinente, lleva esta propuesta a la asamblea de tu barrio, a tus amigos, a tu partido, a tus representantes, a tu asociación de vecinos, a tus sindicatos, a las redes sociales. Hazla tuya, debátela, modifícala. Preparemos un 15M de 2012 que sea sonado, con una gran propuesta de consenso.

          Aquí un manifiesto en GoogleDocs que busca servir de documento de trabajo para lograr ese consenso.

          Puedes contribuir a la difusión de esta iniciativa votándola en menéame, en propongo15M o en VirtualPol15M.

jueves, 8 de marzo de 2012

Feminismo para dummies III: sexo y género

          Hoy que es 8 de Marzo no estará de más recordar una de las distinciones conceptuales básicas del pensamiento feminista. Si en anteriores entregas, Feminismo para dummies I y II, me centré respectivamente en las características generales del feminismo y en desmontar acusaciones tópicas vertidas contra él, aquí querría tratar la distinción entre sexo y género.
          No voy a hablar de esta distinción desde el punto de vista lingüístico, considero que Ignacio Bosque en este reciente y polémico artículo lo hace mejor de lo que podría llegar a hacerlo yo jamás, sino desde el punto de vista filosófico. En los últimos años la distinción sexo/género ha venido sufriendo ataques de parte de cierto sector de la derecha española empeñado en una cruzada homófoba a raíz de la aprobación de la Ley de Matrimonio Homosexual. En ese contexto ha surgido la expresión "ideología de género" que significaría que la distincion entre sexo y género no está fundamentada y que creer en ella es una opción ideológica entre otras posibles (por ejemplo, la opción de creer que sexo y género son lo mismo). Esta bala destinada a socavar la igualdad entre homosexuales y el resto de los ciudadanos, golpea también de lleno (ignoro si quienes emplean la expresión "ideología de género" son conscientes de ello) en los cimientos de la igualdad entre hombres y mujeres, porque no admitir la distinción entre sexo y género por considerarla un constructo ideológico al servicio de no se sabe qué intereses supone, como trataré de explicar a continuación, abrir las puertas a la defensa de que hombre y mujer no son solo física sino esencialmente diferentes y por tanto no tienen por qué ser tratados en pie de igualdad.
          ¿Qué es el sexo? Lo que marcan los cromosomas sexuales. La diferencia sexual entre hombres y mujeres es meramente biológica. Tenemos el sexo que nos ha dado la naturaleza.
          ¿Qué es el género? Lo que marca la sociedad. La diferencia entre el género masculino y femenino es cultural. Participamos del género que nos ha impuesto la comunidad de que formamos parte o que hemos sido capaces de reconstruir después nosotros mismos.
          El pensamiento feminista nos descubrió que hay rasgos que atribuimos al hombre y a la mujer que consideramos parte de su naturaleza y que no osbtante no forman parte de su sexo, sino del constructo cultural que asociamos a dicho sexo. Y de este descubrimiento se sigue otro más importante, que esos rasgos que tradicionalmente se habían considerado esencialmente masculinos o femeninos en tanto derivados de la la naturaleza de hombres y mujeres, son por el contrario contingentes, que de hecho no hay nada asi como "la naturaleza" o "la esencia" de la mujer o el hombre, que el sexo no determina el género y por tanto es posible modificar el rol de género asociado tradicionalmente a uno u otro sexo.
          Veamos un ejemplo: tradicionalmente se ha considerado en nuestra sociedad que la falda era un elemento femenino, y de hecho lo es, pero no porque la naturaleza de la mujer haga que dicha prenda le corresponda de manera esencial pues se trata tan solo de una costumbre, un rasgo de nuestra cultura que, como todo rasgo cultural, podría ser otro que el que es (pensemos sin más en otra cultura, la escocesa, ¿es femenina la falda?).
          No obstante, las prendas de vestir asociadas a uno u otro sexo no son la parte más importante de la identidad de género, más interesante resulta hablar de la división del trabajo: del hecho de que las mujeres puedan amamantar a sus hijos (sexo), se deduce que el trabajo que les corresponde por naturaleza es el cuidado del hogar y de los hijos (género), lo que hace que el trabajo remunerado corresponda al varón (género), que la vida privada y el ámbito de los sentimientos sea el propio de la mujer (género), que la vida pública y el ámbito de la razón lo sean del varón (género), etc... la lista de corolarios es larga. La confusión de sexo y género es pues una falacia naturalista: del hecho de que la mujer sea (sexo) de determinada forma se pretende deducir que la mujer debe (género) obrar de determinada forma. De un juicio de hecho se deduce un juicio de valor, pero no hay un nexo lógico entre ambos juicios, no hay conexión necesaria alguna. Pero no ocurre solo que se deduzcan arbitrariamente valores a partir de hechos, es que se hace partiendo de hechos ya contaminados por esos mismo valores, lo cual da como resultado ideas como estas de Rousseau (sí, el ilustrado, por eso la divisa del feminismo ilustrado fue la de "arrojar más luz sobre las Luces") en su Emilio: "¿Cabe deducir de todo lo antedicho que [la mujer] debe ser educada en la ignorancia (...)? [...] Sin duda que no; la naturaleza no lo ha dicho así, y si las ha dotado de una tran agradable y delicada inteligencia, quiere que piensen, juzguen, amen, conozcan y cultiven su entendimiento como su figura, que son las armas que les da para suplir la fuerza que les falta y dirigir la nuestra. Deben aprender muchas cosas, pero solo las que conviene que sepan." En fin, por su propia naturaleza las niñas han de ser domesticadas, cuando "la mujer se queja de la injusta desigualdad en que la ha puesto el hombre, comete un error; esta desigualdad no es una institución humana, o al menos no es la obra del prejuicio, sino de la razón". Esta es la falacia naturalista que entraña que el rol del género femenino incluya la subordinación de la mujer al varón.
          Pero si es falaz esta deducción a partir de la desigualdad física entre machos y hembras, también lo es la relación entre sexo y género: el género no se basa en el sexo, se ha construido socialmente y sus rasgos son plenamente contingentes. Ante la situación de la mujer en la actualidad no cabe la explicación biológica, hay que indagar en su devenir histórico-social. Adujeron los ilustrados (con notables excepciones como Condorcet), para negarles sus derechos políticos a las mujeres, que no estaban dotadas, que sus conocimientos e inteligencia eran limitados, pero esto fue tratar de justificar la causa mediante su efecto. "Si es verdad que las mujeres no son un enjambre de seres frívolos y efímeros, ¿por qué habría de mantenérselas en una ignorancia que engañosamente se llama inocencia? Los hombres se quejan, y con razón, de las extravagancias y caprichos de nuestro sexo, cuando no ridiculizan con virulencia nuestras impetuosas pasiones y nuestros abyectos vicios. He aquí lo que yo les respondería: ¡Esa es la consecuencia natural de la ignorancia!" Estas palabras de Mary Wollestonecraft en su Vindicación de los derechos de la mujer dejan bastante claro el orden de los factores: si se trata a cualquier ser humano a lo largo de toda su vida como a un menor de edad, lo que se obtiene es un menor de edad, porque los seres humanos no nacemos sabios y autónomos. Si al género femenino se asocian la ingenuidad, la dulzura, el sometimiento, el cuidado del hogar y de los hijos, la sumisión al varón... y se educa en esas asociaciones a las mujeres, pues se obtiene como resultado final una coincidencia entre miembros del sexo femenino y características del género femenino, pero no porque su unidad sea indisoluble, sino porque el mármol biológico ha sido tallado con un cincel sexista que lo ha hecho coindidir perfectamente con su molde de género.
          ¿Suena esto a otra época? Tal vez poca gente pone en duda ya que la mujer ha de ser educada en pie de igualdad con el varón y que tiene el mismo derecho que él a participar de la vida pública, no obstante las asociaciones de género que pretenden adjudicarle un rol específico en la vida independientemente del que ella quiera asignarse persisten, como prueban estas palabras ni más ni menos que del Ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón: "En definitiva, vamos a defender el derecho y la dignidad de la mujer como uno de los derechos fundamentales que es del derecho a la maternidad." Esta afirmación es indignante.
          La dignidad de la mujer no pasa por la maternidad, reside en el mismo lugar que la dignidad del varón, en que somos seres racionales, autónomos, y por tanto fines en sí mismos. El mismo derecho a la maternidad que tiene la mujer lo tendré yo, varón, a la paternidad, y defender lo contrario viene a ser insistir en la confusión entre sexo y género que ha justificado durante siglos la subordinación de la mujer al varón, insistir en que esencialmente la mujer es madre, y que solo las tareas asociadas a la maternidad permiten que se realice plenamente, y esto sí que es auténtica ideología de género, machismo, y no el pensamiento feminista.

jueves, 1 de marzo de 2012

La democracia y la manipulación mediática

          Una de las condiciones sine qua non de la democracia es la existencia del pluralismo político, y dicha condición puede ser incumplida de diversas formas. Una de ellas, las más obvia, es mediante la existencia de un partido único como en las dictaduras franquista o soviética. Otra es mediante la supresión de la libertad de conciencia y de expresión, rasgo compartido también por todas las dictaduras. Y otra más, algo menos obvia, es mediante la perversión de los canales que alimentan la libertad de conciencia y de expresión, esto es, mediante la instrumentalización ideológica o partidista de los medios de comunicación. Pues bien, desde ese punto de vista nuestra democracia es a todas luces imperfecta, como vuelven a demostrar un día más las portadas, en este caso, de ABC y LaRazón.
          Se ha deslizado en nuestra sociedad la idea de que lo propio de la democracia no es que existan medios de comunicación desideologizados, sino que su instrumentalización ideológica, en lugar de llevarla a cabo un solo partido, el del gobierno, la compartan varios partidos o sectores de opinión. Se entiende por "pluralismo informativo" que existan medios de distintas ideologías, pero lo que garantiza el pluralismo es que la información sea veraz, porque es la realidad la que es plural. Los medios deben tratar de ser espejos de esa realidad multicolor, y no filtros que coloreen espacios de la realidad, porque la suma de estos filtros nunca será suficiente. No es lo mismo pluralismo que pluralidad. Lo que necesitan las democracias son medios independientes, y no medios con dependencias diversas, la democracia, el pluralismo político, se nutren de información honesta y no de propaganda plural. De lo contrario la prensa pasa de ser el cuarto poder a convertirse en un brazo hidráulico del poder político, en un instrumento de los partidos.
          Para entender la realidad que nos rodea nos vemos obligados a consultar cada vez más medios de comunicación, y eso solo significa que ninguno de ellos es capaz de cumplir con su cometido, porque la realidad es la que es, y no el resultado de hacer la media entre todos los puntos de vista. Que el heliocentrismo en su día fuera minoritario no lo hacía menos cierto.

          Tal vez este discurso resulte ingenuo, la auténtica realidad en toda su pureza objetiva es inaprehensible, pero lo que defiendo aquí es el rigor, no deberíamos rebajar nuestras exigencias de calidad con la excusa de que la perfección es imposible, se hace camino al andar. De lo que acuso a la prensa no es de no ser capaz de describir con asepsia científica la realidad, sino de haber renunciado a intentarlo, de haber dejado de considerar que informar verazmente, al servicio de los hechos y no de un presunto bien moral o político, sea su objetivo.
          Este hecho que señalo se ve claramente plasmado en las palabras que en una Junta General de Accionistas del grupo PRISA pronunciara el difunto Jesús de Polanco  y en la bizantina explicación que dio Pedro J. Ramírez recientemente para justificar un caso de manipulación informativa de su periódico.
         Lo que Jesús de Polanco afirmó fue: "Nosotros tratamos de ser neutrales. Lo que ocurre es que es muy difícil, muy difícil, estar de acuerdo con la acción política de algunos partidos." Estas palabras me llevan a preguntarme desde cuándo ha sido necesario estar de acuerdo con los protagonistas de la realidad de la que hay que informar, por esa regla de tres no deberíamos informar de los atentados terroristas porque es "muy difícil estar de acuerdo" con las acciones terroristas. Si lo que se requiere de los medios de comunicación son juicios de hecho, ¿qué necesidad de subrayar lo difícil que es hacer un juicio de valor positivo acerca de determinados hechos?
          En cuanto a Pedro J. Ramírez, justificó el uso de un encuadre fotográfico que claramente tergiversaba la realidad recurriendo en una entrevista a un relativismo bastante ramplón: "Preguntas si la foto ‘refleja la visión de EL MUNDO de la realidad’ y no la realidad misma. Claro que sí porque ‘la realidad’ no existe sino a través de la mirada de los demás. (...) Las ‘imágenes tal como son’ no existen. (...) El ejercicio responsable de la libertad de prensa no consiste en ceñirse a un sentido canónico de la objetividad que siempre terminará dictaminado por quien ostente el poder. No, la esencia del pluralismo es la concurrencia de subjetividades honestas." Querría aprovechar este espacio para formular una petición: periodistas e intelectuales de medio pelo, por favor, dejen la Hipótesis Duhem-Quine para los filósofos y el Principio de Incertidumbre para los físicos, sus versiones vulgarizadas son subjetivismo barato y no sofisticado antiabsolutismo epistemológico. Incluso Pedro J., aunque pretenda que no, es capaz de distinguir entre los siguientes sintagmas nominales: "un verde campo" y "un bello campo". Que no me venga con que no hay diferencia entre juicios de hecho y juicios de valor, entre descripción e interpretación, y menos aún con que lo que es propaganda es la exposición de datos acordes con la realidad, ¿ahora resulta que describir científicamente la fotosíntesis es hacer propaganda de la clorofila? Como expliqué más arriba, no hay que confundir la pluralidad con el pluralismo.

          ¿Y qué es manipulación? Considero que cabe distinguir cuatro grandes categorías de manipulación mediática, con en ocasiones límites borrosos, basándonos en el criterio del grado de elaboración de la realidad de la que el medio pretende informar, de la cantidad de trazas o de huellas de la realidad que quedan en la información final. Atendiendo a ese criterio diría que es posible manipular la información interpretando, alterando, sustituyendo o inventando los hechos.
          Manipulación por interpretación sesgada de la realidad: la información puede partir de la realidad pero ser sesgada como en el caso de este titular de Público, donde deliberadamente se obvia parte de la información, como que esa presunta obligatoriedad de la religión a la que hace alusión se daría tan solo en la escuela y que no consistiría en la obligatoriedad de profesar ninguna, sino de estudiar el fenómeno religioso. Ciertamente el titular no niega estos puntos, pero tal y como está redactado, al omitirlos los enmascara. Además de describir la realidad la interpreta mediante un juego de sobreentendidos basado en lo que Grice llamó "implicatura conversacional" (los mecanismos de interpretación que van más allá de lo manifestado en los enunciados), por lo que en estos casos no sería válido que el medio recurriese a la excusa de que lo que afirma el titular es "literalmente" cierto, porque la manipulación se da en el nivel del significado implícito. La expresión "vuelta de la religión obligatoria" a lo que remite tácitamente es a una época en que no existía la libertad religiosa, no a una ley educativa previa que contemplaba una asignatura no confesional de religión.
          Manipulación por alteración de la realidad: la información consiste en la realidad misma, en el hecho, pero este ha sido alterado de tal forma que ya no es el hecho original, sino un subproducto manufacturado, que no obstante se hace pasar como la realidad inalterada. Lo vemos en los retoques con el Photoshop en las fotos de modelos y actores, o en esta portada de La Razón acerca de la manifestación del movimiento 15M del 19 de Junio de 2011.
          Manipulación por sustitución de una realidad por otra: la información transmitida refleja una realidad, pero no aquella de la que se está informando, un hecho se hace pasar por otro. Esto puede hacerse de forma más o menos sutil, sugiriendo una correlación donde no la hay o no está suficientemente justificada (caso de las portadas de ABC y La Razón mencionadas al principio de la entrada); o directamente haciendo pasar por una fuente que ilustra un suceso, una perteneciente a un suceso distinto, como en el caso de estos informativos de Telemadrid en que se ilustra una noticia del 15M en España con imágenes de manifestantes en Grecia.
          Manipulación por invención de la realidad: esto es algo inaudito, solo visto en regímenes totalitarios y que en España hasta hace poco no se daba. Hasta donde sé, de momento un medio tiene el monopolio absoluto de esta la forma más sangrante de manipulación: Intereconomía. He aquí una prueba, este conocido vídeo en el que presuntamente se entrevistaba a un acampado de la Plaza de Catalunya en Barcelona, tratándose sin embargo de una entrevista dramatizada con un actor con guión haciendo de indignado (en torno al minuto y medio, mientras el entrevistado dice "no votar al PP y al PSOE" la entrevistadora musita esas mismas palabras). En este caso el medio no solo no refleja fielmente la realidad, sino que crea una realidad inexistente, inventa su propia noticia, informa acerca de una ficción.

          Todos estábamos acostumbrados al primer nivel de manipulación, pero de un tiempo a esta parte la ética periodística parece haberse hecho a un lado y distintos medios se han lanzado a una carrera armamentística desaforada escalando a los siguientes niveles de manipulación. El riesgo que entraña ese creciente juego sucio es muy alto, porque como explicaba al principio consiste en la supresión de las vías de alimentación de la libertad de conciencia y la libertad de expresión y por tanto del pluralismo, condición sine qua non de la democracia. En los tiempos que corren pues, luchar por la verdad en España es más que nunca luchar por la democracia, y si como decía Epícteto "la verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad", resistámonos a ser cómplices de la podredumbre de la democracia no siendo cómplices de la mentira.

viernes, 10 de febrero de 2012

Qué es y qué no es la memoria histórica

          En 1994, tras la victoria electoral en Sudáfrica del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela, se crea la Comisión para la Verdad y la Reconciliación cuyo lema es "Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón". La idea general de dicha comisión, como la de aquellas que tendrán lugar más tarde en América Latina, es que es necesario purgar la violencia pasada mediante el reconocimiento público del daño sufrido por las víctimas, otorgándole así a estas una reparación moral al hacer oficial su estatuto de víctimas de violaciones de derechos humanos, sin por ello hacer valer el principio fiat iustitia pereat mundus que impediría la reconciliación nacional. Se trata de condenar desde la democracia los ataques a la democracia misma personalizados en las agresiones concretas a las víctimas, y así restaurar la confianza en unas instituciones que de lo contrario estarían siempre bajo sospecha de amparar o justificar las violaciones de derechos humanos.
          Con este mismo fin, la construcción de una cultura democrática que ponga término al rencor y el revanchismo, además de medidas como las citadas comisiones de verdad, dentro del ejercicio de la memoria histórica, esto es, de la visibilización de un daño opaco o no reconocido oficialmente hasta ese momento, caerían también la eliminación de elementos que hagan apología de principios o personajes responsables de la violencia y el rescate de rastros materiales del daño perpetrado en el pasado mediante, por ejemplo, la restauración y exhibición desde un punto de vista crítico de campos de concentración u otros escenarios de crímenes contra la Humanidad. He aquí un ejemplo, el campo de concentración de Sachsenhausen, especialmente interesante en tanto rememora el terror de Hitler y de Stalin.
          Estas son pues las dos patas principales de la memoria histórica: el reconocimiento público del daño de las víctimas y su reparación, y la condena oficial de las instituciones o los principios que generaron ese daño. Y de hecho en eso consiste la mal llamada "ley para la memoria histórica" española, cuyo nombre real reza así: Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura. Pero si de eso se trata, ¿qué no es entonces la memoria histórica?

          El reconocimiento de las víctimas del franquismo no es una revancha, porque las víctimas no piden el enjuiciamiento y penas para sus verdugos más allá de la confesión pública de sus crímenes y el reconocimiento del daño causado. Los familiares de víctimas de la Guerra Civil y de la represión franquista no piden enterrar a los asesinos en las fosas comunes en que yacen los cuerpos de sus víctimas, sino el reconocimiento oficial de dichas víctimas como tales (y no como "desaparecidos" o "delincuentes"), la condena del daño que sufrieron y la recuperación, si posible, de los cuerpos. Se trata de que haya un relato público de los hechos y del daño sufrido reconocido como tal daño, esto es, injustificado, indignante, contrario a los principios que animan la democracia. Recuerdo y condena, hacer visible lo invisible.
          "¡Pero hubo víctimas en los dos bandos que se enfrentaron en la Guerra Civil!", se afanan en destacar algunos. Cierto, y todas ellas merecen reconocimiento y reparación, pero hasta ahora solo a las víctimas del bando republicano les han sido negados pues en los años posteriores a la guerra el régimen franquista ya llevó a cabo esa tarea de reconocimiento y reparación de sus propias víctimas en la Causa General instruida por el Ministerio Fiscal sobre la dominación roja en España. Por cierto que el resultado de la Causa General sí fue la persecución, encarcelamiento y fusilamiento de quienes fueron hallados culpables, y por ello no puede considerarse un proceso cuyo fin fuera la reconciliación. Aquello sí fue la institucionalización de la revancha, y por ello sufrieron penas de cárcel personas como Melchor Rodríguez, culpable de ser anarquista y defender la República pero sin crimen alguno en su haber (muy al contrario, se enfrentó durante la guerra a quienes estaban llevando a cabo las "sacas" de prisioneros de la cárceles de Madrid  para su fusilamiento, llegando a amenazar con armar a los reclusos para que se defendieran, un acto de valentía y humanidad que llevó a los franquistas a apodarle "el ángel rojo"). No fue pues la Causa General una comisión de verdad al uso, sino que fue más allá, y por eso no tiene sentido insistir en la reparación de las víctimas de los crímenes que cometió el bando republicano, pues esta ya tuvo lugar con creces, salvo en el caso de aquellas víctimas cuyo daño no fuera reconocido en el proceso de la Causa General (y seguro que las hubo y merecen su reconocimiento hoy tanto como las víctimas del franquismo).

          La eliminación o alteración de símbolos y monumentos franquistas no es borrar la historia, porque esta existe en los libros, manuales y artículos de historia de los cuales nada se va a borrar, los monumentos no son en sí mismos hechos históricos susceptibles de ser borrados, sino celebraciones de acontecimientos históricos. Una estatua, una placa conmemorativa, el nombre de una calle, un arco de triunfo no son historia, sino el soporte físico de una opinión, la materialización de un juicio de valor (laudatorio) acerca de un hecho histórico. Por muchas estatuas ecuestres de Franco que se eliminen de las plazas de las ciudades españolas Franco no desaparecerá de los libros de historia. Los monumentos ensalzan, no así la historia, que debe usar el método científico dentro de sus limitaciones como ciencia del espíritu, y cuyos profesionales son los historiadores y no políticos, periodistas, ideólogos o apologetas (lo siento por revisionistas panfletarios como Pío Moa o César Vidal, dejen la historia a los historiadores). La erección de un monumento es un acto artístico y político, no así la investigación historiográfica. ¿Deben pues eliminarse todos los monumentos en pos de la asepsis científica? No, solo aquellos que por ensalzar valores antidemocráticos supongan denigrar a las víctimas cuyo daño la democracia trata de reparar, y esto excluye los monumentos a las propias víctimas como, por ejemplo, el de Calvo Sotelo, cuya figura conviene recordar como acto simbólico de condena a su asesinato y por ende al resto de asesinatos por motivos políticos. Muy diferente es el caso de arcos del triunfo como el llamado Arco de la Victoria o el nombre de calles de genocidas como Queipo de Llano o Juan Yagüe. Si se trata de construir democracia, ¿qué sentido tiene celebrar figuras y valores antidemocráticos? Para no repetir la historia, para aprender de sus atrocidades, basta con la propia historia y es contraproducente mantener símbolos que justifiquen o incluso celebren dichas atrocidades, en todo caso sí convendría elaborar centros de la memoria a imagen y semejanza de los que existen en Alemania, o añadir a las listas de caídos de muchos cementerios e iglesias a aquellos que no figuran en ellas por haber pertenecido al bando de los vencidos.

          Todo cuanto he dicho hasta ahora no conlleva una defensa de los excesos de ninguno de los dos bandos de la Guerra Civil, tan condenables son las checas y la matanza de Paracuellos como los paseos y la masacre de Badajoz. Pero esto no supone una equidistancia entre la 2ª República y el franquismo, no hay simetría entre ambos regímenes como la que pudiera haber entre el totalitarismo nazi y el de los jemeres rojos de Pol Pot, y con esto voy ya más allá de la mera memoria histórica y paso a tratar de hacer un poco de justicia histórica por higiene democrática.
          Consideremos por un momento lo que supondría nombrar a una plaza "14 de Abril", "18 de Julio" o "1º de Abril". En el primer caso, ¿qué conmemora la fecha? Las consecuencias de un triunfo electoral. Precisamente uno de los rasgos que definen una democracia, las elecciones. Ciertamente la 2ª República funcionó como una democracia muy imperfecta, pero no porque sus valores no fueran auténticamente democráticos, sino porque la gran mayoría de sus actores no lo eran, ni en la izquierda ni en la derecha. Pero que los anhelos totalitaristas amenazasen la 2ª República a diestra y siniestra no la convierte en un regimen antidemocrático, convierte en antidemócratas a sus habitantes. Pensemos ahora en las otras dos fechas, una conmemora un golpe de Estado y la otra la victoria de una parte de los españoles sobre la otra parte. ¿Son estos hechos que puedan ayudar a construir una democracia, presumen las democracias de basarse en guerras civiles y golpes de Estado, es acaso democrática la imposición violenta, son esos los cimientos de una sociedad democrática? No. No es posible establecer simetría alguna entre la 2ª Republica y el franquismo, aquella no es el reverso rojo del segundo, nuestra Constitución podría beber (y de hecho bebe) de los valores de la Constitución de la 2ª República, pero no podría hacerlo de los valores del franquismo, o al hacerlo debería renunciar a los valores democráticos, esto es, a ser una auténtica constitución.
          Y ahora iré un paso más allá, no se trata solo de que el orden republicano fuese legítimo y no así el del regimen franquista, o que la 2ª República fuese una democracia (trufada por desgracia de actos antidemocráticos) y el franquismo una dictadura, sino que las atrocidades cometidas durante la Guerra Civil por uno y otro bando tienen, en gran parte que no en su totalidad, un carácter distinto: las que tenían lugar en suelo republicano se hacían contra la ley, contra el orden republicano, las que tenían lugar en suelo franquista conforme a la ley. Las sacas de la Modelo y otras cárceles madrileñas que acabaron con la vida de miles de presos políticos seguramente fueron orquestadas por parte de la Junta de Defensa de Madrid, con lo que tenían como mínimo un carácter semi-oficial, pero fue la propia República quien les puso fin y no el absoluto exterminio del contrario. En el bando franquista en cambio la consigna oficial era la aniquilación del adversario. No hubo voces del lado franquista que condenaran como sí lo hace Julián Zugazagoitia, diputado socialista en la 2ª República, los crímenes del bando propio. No es posible encontrar un testimonio tan crítico con los desmanes propios como Guerra y vicisitudes de los españoles entre los partidarios de Franco.
          Conocemos estos hechos y podemos sacar estas conclusiones porque no es cierto que haya habido, como suele afirmarse muy a la ligera, un "pacto de silencio". Desde el inicio de la democracia la investigación historiográfica en torno a la Guerra Civil y el franquismo no ha sido refrenada en absoluto sino todo lo contrario, el acuerdo que tiene lugar en la Transición no es el de sumir en el olvido la Guerra Civil sino, como le oí decir en una conferencia a Javier Rodrigo, autor de Los campos de concentración franquistas: entre la historia y la memoria, el de no instrumentalizar políticamente ni el franquismo ni la Guerra Civil, pacto que se ha roto ya al llegar al poder una generación de políticos que no participó en la Transición. Entiendo que se les acuse de romper unilateralmente aquel pacto tácito, pero aquellos que más fieramente acusan a estos políticos de abrir viejas heridas son quienes les echan sal para que no cicatricen por no condenar firmemente el golpe de Estado del 36 y la dictadura franquista. ¿Si de verdad se quiere olvidar aquello, entonces por qué resistirse a eliminar del callejero aquello que lo recuerda constantemente? El argumento del olvido restañador de heridas es hipócrita mientras siga habiendo monumentos y calles que no hagan otra cosa que recordar continuamente a aquellos que causaron ese daño que ahora es necesario reparar. Todos aspiramos al cierre definitivo de las heridas de la Guerra Civil, pero cada vez que veo una "Avenida del 18 de Julio" en alguna ciudad de España me resulta imposible no pensar en mi abuelo encarcelado durante la guerra por el simple hecho de ser maestro y de ser republicano, pero no por haber hecho jamás ningún mal a nadie. Cuando ya no haya en todo el país nombres de calles que recuerden injusticias como esa se habrá consumado, por fin, la ansiada reconciliación.

          "Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordaran, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: [...] Paz, Piedad y Perdón." Manuel Azaña, Discurso en el Ayuntamiento de Barcelona (18 de julio de 1938).


sábado, 14 de enero de 2012

Cinco mitos acerca de la educación

          Si es cierto que cada español tiene dentro un seleccionador nacional de fútbol, seguramente cada profesor (al menos en la educación secundaria, aquella que conozco y en la que se centra este texto) tiene dentro un Ministro de Educación. No obstante los sucesivos ministros de Educación de España no han explotado esa naturaleza en absoluto, pues siempre que se han lanzado a elaborar una nueva ley educativa (algo que ocurre al mismo ritmo que cambian los gobiernos, por no decir los ministros) lo han hecho contando con el asesoramiento de lo que oscuramente se llama "expertos" y que, contra todo pronóstico, en el caso de la educación parece que no son los profesores. No, en este país ser experto en algo no consiste en dedicarle nuestra vida, en ejercer profesionalmente ese algo a diario, sino en teorizar acerca de ello. Los expertos en economía no son empresarios y trabajadores, sino economistas teóricos y sociólogos, y los expertos en educación no son los educadores (padres y profesores), sino los psicólogos y los pedagogos que estudian la educación desde el punto de vista teórico.
          Dado que soy profesor no puedo presumir de experto en educación, y por tanto querría proponer dislates de tal calibre como que para hacer la próxima ley educativa (que llegará, entre otras cosas porque es necesaria, siempre que se haga bien y no como hasta ahora) se cuente con la opinión de la comunidad educativa y especialmente del profesorado. Sé que es osado plantear la elaboración de una ley sin la concurrencia de los expertos en la materia, pero la forma en que se ha legislado en el terreno educativo en este país me lleva al atrevimiento de considerar que se legislaría mejor atendiendo a la realidad educativa que señalan los docentes, esos inexpertos en educación. ¿Qué docentes? Todos (y tal vez una gran mayoría de ellos no coincida con las conclusiones de este artículo). Cuantos más mejor, porque otra tendencia de los ministros de educación es la de consultar solo a aquellos docentes o asociaciones de docentes que son de su cuerda, garantizándose así el PSOE una ley educativa perfectamente socialista y el PP otra perfectamente liberal. Lo que se garantiza en ambos casos son leyes perfectamente doctrinarias, y la educación debería ser precisamente lo contrario del adoctrinamiento. Pero no, los principales partidos de este país tienden a considerar que la educación no debe tener por objetivo formar ciudadanos autónomos y responsables, sino futuros votantes (propios, claro).
          Como considero que uno de los principales males de este país es esa confusión del PPSOE entre lo bueno para ellos y lo bueno para el país, voy a tratar de desideologizar aquí ciertas cuestiones referentes a la educación, a ver si los legisladores se animan por fin a tratar de hacer una buena ley educativa sin más, para todos, y no una ley "progresista y de izquierdas" o "liberal y de calidad", entre otras cosas porque lo que unos llaman "progresista" a menudo esconde ideas absolutamente regresivas y antisociales y lo que otros tildan de "liberal" está sistemáticamente sometido a la moral religiosa. Ciertas ideas se han convertido en lugares comunes en el debate educativo e infectan de tal forma dicho debate que ya no se discute acerca de las propias medidas a adoptar ni de su pertinencia para el buen funcionamiento del sistema educativo, sino que se emplean para etiquetar al interlocutor como "progre" o como "reaccionario" y con ese ad hominem dar por zanjada la cuestión. Si defiendes X entonces eres de derechas... pues resulta que soy de izquierdas, así que tendré que defender Y. Da igual si es mejor X o Y, lo importante es lo que yo me siento para aplicar el recetario adecuado, no vayan a confundirme y pensar que no soy de los buenos.
          La violentación del lenguaje en el contexto educativo dio comienzo con la LOGSE (que entre otras cosas pervirtió el lenguaje para garantizar que cualquiera que se opusiera a dicha ley tuviera que ser considerado no ya un reaccionario, sino un cura de El florido pensil) pero sucesivos gobiernos han adoptado esa jerga gustosamente para poder autodefinirse mejor (que de hecho es de lo que se trata, no de legislar para el bien común, sino de demostrar lo auténtico que se es). Aquí voy a tratar de deshacer cinco de esos tópicos, algunos vienen de muy antiguo, otros son más recientes, para mí todos ellos son mitos que convierten el debate educativo no en un debate de ideas y hechos, sino en un duelo de prejuicios del tipo "a ver quién la tiene más larga". Pues quien la tiene más larga soy yo y por eso siendo profesor, y no un experto en educación, me permito decir que no es cierto que:

          1/ La letra con sangre entra. Recomiendo vivamente la lectura del Panfleto Antipedagógico de Ricardo Moreno Castillo, con cuyo contenido coincido en gran parte salvo en esa gratuita y tópica afirmación de la página 30 "una bofetada dada a tiempo no traumatiza a nadie y puede salvar una vida". Lo primero es que obviamente una bofetada no traumatiza a nadie, pero es que hay muy pocas cosas que traumaticen a las personas, y no por ello todas las demás son buenas. Lo segundo es que lo de "puede salvar una vida" es, como poco, melodramático. El autor del libelo emplea como ejemplo para ilustrar esta idea la película El milagro de Ana Sullivan, útil para entender que ser exigente con los alumnos no es hacerles mal alguno sino un bien, porque es la exigencia lo que les permite progresar mientras que una excesiva permisividad los lleva a refugiarse en una indolencia autocomplaciente. Pero no todos los alumnos son como Helen Keller (protagonista de la película) y no les va la vida en que les den un bofetón o no, y además, incluso en el caso de Helen Keller no es el bofetón lo que "salva" su vida, sino una educadora exigente que en un momento dado recurre al bofetón, pero que habría obtenido el mismo resultado sin ese bofetón. Lo tercero y último es que, al emplear esa escena de esa película como ejemplo, Ricardo Moreno crea la ficción de que es posible entender qué significa "a tiempo", pero no es tan fácil determinar cuándo tiene lugar (entre todas las rabietas, caprichos y desafíos de una vida) ese momento que es el instante en que o damos la bofetada o el chaval estará perdido irremisiblemente. ¿Qué es ese "a tiempo", el kairós griego? ¿Cómo se reconoce? A ver si para estar seguros de acertar vamos a dar más bofetadas de la cuenta, porque eso sí que traumatiza y no solo no salva vidas sino que las arruina. No, entre la afirmación "es necesario exigir al alumno que se esfuerce para que tenga oportunidad de mejorar" y "la letra con sangre entra" lo que hay es una falacia de pendiente resbaladiza.

          2/ La enseñanza es educación y no instrucción. He aquí una claro caso de perversión del lenguaje mediante el vocabulario LOGSE. Según dicha ley (o sus ideológos), lo que habían estado haciendo los profesores hasta ese preciso instante era instrucción, como los militares, y claro, ¿qué profesor querría tenerse a sí mismo por un cabo chusquero? Pero jugar con el significado connotativo de las palabras es sencillo, las asociaciones vienen y van. Preguntémosle a un padre si prefiere que su hija en el instituto sea educada o instruida. Dirá que si su hija necesita de 15 años de enseñanza reglada para ser educada, que nos metamos esa enseñanza por el culo, que educar es algo que ya puede hacer él. Ser una persona instruida no significa ser un autómata que se pone firme cuando se lo ordenan, sino que posee cierta riqueza de conocimientos, cosa que va más allá de tener buenas maneras, que es en lo que consiste en cambio ser educado. Es cierto que educación e instrucción no son lo mismo, pero es falso que la enseñanza reglada (al menos en secundaria) deba consistir solo en educar a los alumnos. Sin duda incluso en Bachillerato se educa como parte del proceso normal de enseñanza (porque es imposible no educar al enseñar y por ello siempre se ha hecho), pero educar no puede ser el objetivo final de la enseñanza reglada sino más bien el punto de partida, los alumnos deben venir ya bastante educados de casa, porque la buena educación es indispensable pero no existe ninguna profesión para la que sea condición suficiente. ¿De verdad a alguien le parece razonable un sistema educativo cuyo único logro fuera producir personas educadas? Como dije más arriba, de los institutos deben salir ciudadanos autónomos y responsables, pero también futuros profesionales porque, ¿qué autonomía y responsablidad podría tener quien no sabe hacer nada? Creo que contra lo que se viene defendiendo (no vaya a ser que acabemos instruyendo), de los institutos debería salir gente con conocimientos. ¿Pero cómo, qué estoy diciendo? ¡Seré reaccionario! Reconozco que sí, porque guardo en mi memoria (se ve que, pobre de mí, soy alguien instruido) que el Ministerio de Educación en la 2ª República se llamaba de Instrucción Pública.

          3/ La enseñanza de procedimientos es superior a la de contenidos. Con esto se quiere decir, o bien una obviedad admitida hace largo tiempo (que conocer algo no es lo mismo que ser capaz de repetirlo como un papagayo) o bien una falsedad (que es posible adquirir conocimientos desde el punto de vista puramente formal, desprovistos de datos, y que esto encima sería bueno). Que quepa distinguir, por mor del análisis, entre conocimientos declarativos (el saber qué) y procedimentales (el saber cómo), no implica que haya que elegir entre uno de los dos, ni que uno de los dos sea mejor que el otro. Ambos son indispensables, ambos son inseparables, se trata de una falsa disyuntiva. Como diría Kant, "las intuiciones sin conceptos son ciegas y los conceptos sin intuición están vacíos", la forma sin contenido y el contenido informe no pueden constituir conocimiento alguno. "No le des el pez, enséñale a pescar", bien, buen consejo, enseñaré a aprender a mis alumnos, pero lo haré enseñándoles contenidos, obligándoles a aprenderlos, o se imaginan ustedes que pueda enseñar a alguien a pescar gesticulando sin caña en medio del desierto. Para aprender a pescar hacen falta peces, ¿o ahora va a resultar que tan solo deberíamos enseñar en los institutos matemáticas teóricas, sintaxis y lógica simbólica? Defender el aprendizaje significativo es algo que lleva haciéndose desde mucho antes de que Ausubel (toda mi admiración para él, por cierto) explicara en qué consiste dicho aprendizaje, pero se empleaba una expresión tan prosaica como "entender y asimilar lo que se aprende" por oposición a "sabérselo solo de memorieta".

          4/ La experiencia y la formación pedagógicas son más útiles para ejercer la docencia que los títulos, las publicaciones y la formación teórica. Con esta idea los principales sindicatos de educación llevan tiempo logrando que quien realiza el mejor examen de oposición y está mejor formado científicamente no se lleve la plaza, sino quien haya realizado más cursos de formación de los que ellos mismos imparten y lleve más años optando a sacar una plaza sin éxito (probablemente porque hizo una primera oposición brillante, sin lograr plaza, pero sí una interinidad revalidada en sucesivas oposiciones). Para el buen ejercicio de la docencia de mi asignatura parece ser irrelevante que haya publicado en revistas científicas de carácter internacional, no así haber realizado un curso a distancia superado mediante un sencillo test. Es cierto que la experiencia, las tablas, permiten aprender trucos para saber manejar mejor una clase, pero no lo mejoran a uno como docente. Conducir más no hace mejor conductor al macarra, sólo más hábil. En cambio el estar actualizado respecto a los últimos avances en su materia sí permite a un profesor renovarse, dar nuevos enfoques a las clases, crear nuevos materiales, mejorar los contenidos de los manuales. El tiempo, el ejercicio continuado de la profesión es posible que lo que me haga es perseverar en el error, enquistarme en mis manías, crear automatismos. El ámbito de mejora del docente es sobre todo el de sus conocimientos, porque la curiosidad intelectual es un gran elemento motivador que no puede no repercutir para bien en las clases. "Me da igual que sepa mucho si no sabe explicar" suele decirse de algunos profesores, claro, pero puestos a jugar a este juego de banalidades también da igual que sepa poco o nada, y parece que sería aún peor alguien que supiera explicar pero no supiera nada. El primero explicará mal, pero al menos tendrá algo que explicar. Aquel que se infle a cursos de pedagogía (que tampoco sobran) pero considere que su disciplina es un cuerpo de saber finito, al menos en lo que concierne al nivel en que enseña, será tan buen docente como buen médico aquel que estudie manuales de buenas maneras (o de "counseling") para dirigirse al paciente pero no los últimos avances teórico-prácticos de su especialidad.

          5/ La educación, o es comprensiva, o es segregacionista. La educación debe ser para todos, es el único medio que realmente garantiza la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos y que puede permitir que aquellos que menos tienen progresen en la escala social. Un mal sistema educativo público arruina las opciones de los más desfavorecidos, pues aquellos que puedan permitírselo dejarán la escuela pública en pos de la enseñanza privada (suponiendo que esta sea mejor, que no es así, sino que depende de los centros). La educación debe pues ser comprensiva, a priori todos caben o deben caber en ella, salvo aquel que no quiere estar, porque obligarle a permanecer en ella no es propio de una educación comprensiva, sino autodestructiva, y hemos quedado en que destruir la educación pública es arruinar las opciones de los más desfavorecidos, y esto sí que es segregar, y no el buscar otras vías para integrar en el sistema profesional a aquelllos que odian tanto estar en los centros que no hacen sino boicotear las clases y eliminar las posibilidades de aprender de los demás. Mientras exista el Bachillerato en horario nocturno (que me temo que peligra) siempre habrá una segunda oportunidad para aquelllos que se rindieron demasiado pronto y se arrepintieron más tarde. Se trata una vez más de una falsa disyuntiva entre lo comprensivo y lo segregacionista, lo que debe ser el sistema educativo es flexible.

          Dado que no soy un experto, solo un profesor de secundaria, probablemente lo que yo considero mitos sobre la educación sean verdades como puños, en cualquier caso no reivindico que se legisle conforme a mis ideas, sino que se haga contando con el profesorado, confiando en su experiencia más que en los constructos teóricos, y que se consensúe la ley en el Congreso para poner fin a esta carrera armamentística de la educación entre izquierda y derecha, y así podamos contar con cierta estabilidad. La educación (como tantas cosas) no debería formar parte del enfrentamiento partidista, hay demasiado en juego, y si no sabemos por dónde tirar sencillamente escojamos un buen modelo, dicen que el finlandés es el mejor sistema educativo, ¿seremos tan imbéciles de preguntarnos si es progresista o liberal?

viernes, 16 de diciembre de 2011

Completar la Transición: primer paso el #18D

          Como siempre comenzaré con una pequeña aclaración del título de esta entrada. Obviamente me refiero a la llamada Transición española que supuso el paso del franquismo a una monarquía parlamentaria, esto es, de la dictadura a la democracia. Existe quien considera que dicho paso ha sido ya completado y quien, en el extremo opuesto, defiende que no existido tal paso. Para los primeros de lo que yo voy a hablar no es de "completar la Transición" sino de llevar a cabo una 2ª Transición, y para los segundos de lo que hablaré es de algo que no se puede completar porque nunca comenzó, luego de un auténtico principio. ¿Por qué yo escojo hablar de una Transición incompleta, y no alguna de las otras dos opciones? Primero, contra lo que dicen quienes rehusan admitir su existencia, porque es innegable que no seguimos viviendo bajo una dictadura, luego un cambio hubo. Y segundo, contra lo que dicen quienes niegan que dicho cambio haya sido imperfecto, porque es un hecho que la Transición tuvo lugar en unas condiciones en que muchos de sus protagonistas hubieron de hacer renuncias no solo en aras del consenso, sino también coartados por la amenaza de la vuelta al anterior estado de cosas y por la ignorancia acerca de los resultados de las reformas que estaban llevando a cabo (dada la prácticamente nula tradición democrática de este país). No quiero en ningún caso hacer juicios retrospectivos, creo que dadas las circunstancias poco mejor se pudo hacer lo que se hizo, pero ese respeto al pasado no puede condicionar nuestro presente: hay cosas que no se hicieron y quedan pendientes y hay cosas que sí se hicieron y no han dado el resultado esperado.
          España es ahora un país en que resulta impensable perder la normalidad democrática (y más si es cierto que estamos viviendo el final del terrorismo de ETA), o en el que en cualquier caso es impensable que haya algo así como un golpe de Estado, una dictadura o una guerra civil, y por ello podemos repensar el modelo de Estado sin vernos atenazados por el miedo a estas amenazas que sí atenazaban (y con razón) a quienes comenzaron la Transición que ahora debemos acabar. ¿Y con qué medios y hacia qué fines? El medio no puede ser otro que el mismo que guió la Transición desde el principio: el consenso. Los fines... precisamente escribo aquí para señalar hacia dónde creo que debería tender la Transición, pero básicamente deberían tender todas las reformas hacia una única realidad: hacer de nuestra democracia una democracia mejor. ¿Es esto posible? O hay democracia o no la hay dicen algunos, si esta democracia ha de ser corregida es que no es una democracia auténtica. No lo veo así. Hay una serie de condiciones necesarias y suficientes para la democracia (garantía de derechos civiles, soberanía popular y pluralismo político) que se dan en la nuestra, pero una vez cumplidas dichas condiciones hay numerosas variantes de modelo de Estado que hacen mejor o peor dicha democracia (por ejemplo, la soberanía popular puede ejercerse mejor o peor, el pluralismo político tener más o menos presencia...). Creo que nuestra democracia es mejorable porque arrastra unos lastres del pasado que hipotecan su presente, lastres que básicamente figuran en su Constitución, y por ello creo que la reforma básica que completaría la Transición sería la reforma de la Constitución.
          ¿Cuándo, cómo? Cuando haya una mayoría (que está formándose a día de hoy) de ciudadanos que entiendan que es necesario hacerlo, pueden pasar dos años, pueden pasar ocho, se hace camino al andar y no hay prisa porque vamos lejos. Ahora la prioridad se la llevan la crisis económica y sus consecuencias, pero las grandes crisis económicas han conducido a cambios políticos (generalmente limitando la democracia, en nuestra mano está lograr que aquí ocurra lo contrario). Insisto en que el impulso que debe guiar este proceso es el ánimo de consenso, porque solo el acuerdo entre todas las partes puede hacer que dure un contrato, y un contrato es lo que es una Constitución, y debe hacerse para durar. El consenso y un principio de utilidad, esto es, la idea de buscar el mayor bien para el mayor número, con el límite siempre de los derechos civiles de todos los ciudadanos. La mayoría de ciudadanos impulsará una mayoría parlamentaria partidaria de la reforma, y esta habrá lugar. En democracia no hay otro modo, no hay atajos, porque manifestarse no es un atajo, y la desobediencia civil tampoco, son las armas de que dispone el ciudadano previstas dentro de la misma democracia para hacerse oir y para crear conciencia, más allá del sufragio. Y por ello si queremos que nuestros representantes cumplan con el deber de ejercer la soberanía en nombre del pueblo, debemos manifestarnos, debemos hacer visibles nuestras demandas, debemos luchar pacíficamente por el cambio. El cambio social llevará al cambio político, porque si ocurrió en el franquismo con más razón debería poder ocurrir en la democracia. Por primera vez en mucho tiempo son muchos quienes han votado a partidos que abogan por reformar la Constitución (solo entre UPyD e IU, más de dos millones y medio, y con todas sus enormes diferencias deben aprender a estar juntos en esto, junto con los votantes de otros muchos partidos reformistas como Equo), algo está cambiando, y en este cambio una pieza clave será el PSOE, que tendrá que elegir entre sumarse al reformismo o encastillarse en el inmovilismo que a día de hoy comanda con el PP, que también llegado el momento tal vez se vea obligado a evolucionar hacia posiciones reformistas. ¿Por qué? Porque a esta Constitución empiezan a vérsele mucho las costuras, tanto que ya se las ve casi todo el mundo salvo aquellos que no ven porque no quieren ver, o porque se benefician precisamente de las imperfecciones del sistema y por ello les conviene conservarlas. Pero esta postura cínica era más fácil de mantener antes, ahora tienen voz partidos que señalan sin pudor los descosidos de esta democracia y el 15M ha despertado a la ciudadanía de su letargo autocomplaciente. Creo sinceramente que el 15 de Mayo de 2011 marcó el principio del fin de la Transición, o al menos estoy dispuesto a luchar porque así sea.
          He aquí mi propuesta de reforma de la Constitución, creo que cuáles son los aspectos a tratar es evidente, otra cosa es la solución que quepa adoptar. Aquí propongo la mía, pero la única buena será aquella que alcance un consenso amplio. Defiendo que mi propuesta no es ideológica porque los cambios y añadidos a la Constitución son de carácter formal (incluso el de la renta básica, pues la libertad negativa que conceden los derechos civiles y políticos es insuficiente y son necesarias medidas de libertad positiva, porque sin medios para ejercer la libertad no hay realmente libertad) y todos redundan en una ampliación de la soberanía popular y de la neutralidad del Estado.

          1/ Ley electoral justa. Personalmente optaría por una circunscripción única, con un Congreso de 400 diputados y donde los votos en blanco se contabilizaran para el reparto de escaños.
          2/ Separación de poderes. Básicamente habría que independizar el poder judicial del legislativo, los propios jueces deberían escoger a los miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial.
          3/ Principio de subsistencia. Presente en la Constitución alemana, es semejante pero no equivalente a una renta básica y garantiza (o debería garantizar) que no exista la exclusión social. Los ciudadanos en riesgo de exclusión social percibirían una ayuda que no es una renta fija, sino proporcional, estableciéndose un mínimo para gastos de vestimenta y alimentación además de vivienda y energía (dentro de unos límites).
          4/ Cauces de participación ciudadana. ¿No deberían leyes orgánicas como las de educación ser refrendadas mediante referendum? Tal vez así no habría una nueva ley de educación con cada nuevo gobierno, pues cualquier propuesta sometida a referendum que quisiera salir airosa debería contar con un amplio consenso. La propia Constitución debería contemplar que algunas leyes no puedan ser aprobadas sin consulta popular (por no hablar de los cambios en la propia Constitución), así como facilitar la presentación de iniciativas legislativas populares (a día de hoy una tarea hercúlea).
          5/ Estado laico. Bastaría con que el artículo 16.3 de la Constitución quedara redactado así: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal". En cuanto a las razones para este cambio me remito a la entrada anterior Laicismo para dummies.
          6/ República. Sencillamente es más democrático un Estado en que el Jefe de Estado es elegido por la soberanía popular y no por su pedigrí.
          7/ Nueva organización territorial. El estado de autonomías tal cual está no ha funcionado, para algunos la autonomía es demasiada y para otros poca, a nadie le parece la autonomía justa. Este tema es el más complicado de resolver, mi propuesta de consenso sería un modelo federal de estados (en principio Cataluña, País Vasco, Galicia y resto de España) siguiendo el modelo de los Estados Unidos. Me veo incapaz de abordar este problema en estas pocas lineas, pero apuntado queda.

          De estas reformas algunas me parecen absolutamente indispensables, irrenunciables para tener una democracia completa, otras menos (por ejemplo, la monarquía parlamentaria me parece un mal menor, si la figura del monarca sirve para cohesionar). En cualquier caso la reforma buena sería aquella acordada por una amplia mayoría del Congreso y refrendada mediante referéndum también con una amplia mayoría, yo aquí solo quería sugerir algunas líneas de reforma.
           ¿Es esta una hoja de ruta para el 15M? No. El 15M no debe renunciar (mientras no quiera hacerlo) a asambleas de barrios (gracias a ellas ha despertado una solidaridad vecinal dormida), parar desahucios (o incluso realojar en edificios vacíos) y combatir las redadas racistas. El 15M sigue, o debe seguir siendo, un movimiento plural, sin un programa único sino rico en propuestas e iniciativas que se ajusten a dos criterios: independencia de partidos y sindicatos (aunque se pueda coincidir y colaborar con ellos) y defensa de la democracia y la justicia social. No obstante creo que el 15M puede ser la punta de lanza de un frente reformista al que se sumen partidos, organizaciones y ciudadanos ajenos al 15M. El primer punto de reforma que destaco es el que más amplio respaldo ha tenido dentro del movimiento del 15M desde el principio (la demanda que más veces ha aparecido en las asambleas, en el buzón de la acampada de Sol, en esas asambleas virtuales que son twitter y facebook), y por ello el primer gran paso para completar la Transición es este domingo, #18D, en que saldremos a la calle para defender el principio "una persona, un voto", para protestar por una ley electoral injusta. Porque si el único cauce para la participación ciudadana en esta democracia es el voto cada cuatro años, y a efectos prácticos no todos los votos valen lo mismo, entonces se están desfigurando los tres aspectos básicos de la democracia: la libertad, la soberanía popular y el pluralismo político.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Laicismo para dummies

          Hace unos días (concretamente el 27 de noviembre) me desayunaba con una noticia de titular algo sensacionalista en el diario Público http://www.publico.es/espana/409151/rouco-exige-al-pp-un-retroceso-hacia-la-religion-obligatoria que auguraba la vuelta del peor aspecto de la LOCE. Cito el artículo: "Durante su intervención en el Congreso de Escuelas Católicas, que ayer clausuró el Ministro de Educación en funciones, Ángel Gabilondo, Rouco Varela insistió en la 'urgencia' de que se recupere el sistema educativo anterior, especialmente en lo tocante a un 'área educativa de valores', en alusión a la de Sociedad, Cultura y Religión presente en la LOCE, que entre otras cuestiones obligaba a los alumnos a elegir entre recibir formación religiosa confesional u otra no confesional. Pero que consagraba la presencia del hecho religioso en la escuela." En sintonía con esta demanda del Presidente de la Conferencia Episcopal están las manifestaciones de Benedicto XVI que habla de unos años de "laicismo radical" en España, coincidiendo con el gobierno del PSOE.
          Dado que estos últimos años, al igual que todos los que les precedieron, han sido más bien de "laicismo inexistente" en este país, me siento en la obligación de escribir un breve artículo explicando en qué consiste realmente el laicismo, y por qué la democracia española, si realmente quiere serlo, debe convertirse en un Estado laico. Pero antes de eso, y para no condicionar su validez a la del resto del artículo, me gustaría comenzar con un argumento en contra de esa petición de Don Antonio María Rouco Varela.

          El argumento que dan quienes defienden la presencia de la religión en los centros de educación públicos es más o menos el siguiente:

                    La educación aspira a la formación integral de la persona y
                    la religión forma y ha formado parte de la cultura humana desde la noche de los tiempos,
                    luego una educación que escamoteara el hecho religioso no sería integral,
                    y por tanto una educación que escamoteara el hecho religioso no sería educación.

          Y esto último es una contradicción, luego se deduce que la educación ha de incluir el hecho religioso. Pero sintiéndolo mucho la conclusión de este argumento no es válida por varias razones, una reducción al absurdo me permitirá mostrar la primera de ellas:

                    La educación aspira a la formación integral de la persona y
                    la violencia forma y ha formado parte de la cultura humana desde la noche de los tiempos,
                    luego una educación que escamoteara el hecho violento no sería integral,
                    y por tanto una educación que escamoteara el hecho violento no sería educación.

          ¿Qué cabe deducir de esto, que debería haber una asignatura específica sobre la violencia? O mejor, ¿debería haber dos, una en que se estudie la violencia como hecho y otra en que se incite a la violencia? No, lo que se deduce del anterior argumento, por lo absurdo de la conclusión a la que nos lleva, es que el primer argumento no es válido, y concretamente no lo es porque se trata de una falacia naturalista, esto es, mezcla lo descriptivo (los hechos, el "es") con lo prescriptivo (los valores, el "debe"), pero no se sigue lógicamente de que algo sea, o de que sea de determinada manera, que deba ser así. Del hecho de que las mujeres lleven en nuestra cultura el pelo largo más a menudo que los hombres no se sigue lógicamente que deba ser así, no es contradictorio defender lo contrario ni imposible concebirlo. Si valiera el argumento con que se justifica la presencia de la religión en la aulas por su presencia social (cada vez menor en España, por cierto), habría que estudiar astrología en los colegios, pues son más aquellos que a diario leen los horóscopos que quienes van a misa. La primera premisa es un juicio de valor que luego se adereza con un juicio de hecho, pero como tal juicio de valor no es algo indiscutible: la educación será como decidamos que sea, y en vista de la reducción al absurdo de más arriba, uno diría que mejor que no sea demasiado integral, no vaya a ser que en lo que se convierta sea en integrista.
          Alguien podría objetar que el segundo argumento es torticero, que equivale formalmente al primero, pero que en realidad su segunda premisa no es válida (en esencia no seríamos violentos, sino por accidente) mientras que la segunda premisa es incontestable en el caso de la religión. Pero tampoco, desde la noche de los tiempos tal vez haya acompañado al ser humano cierto trascendentalismo, pero este normalmente ha cuajado como animismo y no como religión, es más, en general ha cuajado como protociencia, como una torpe o mítica descripción de la naturaleza sustituida más tarde por una explicación inmanente. ¿Debería haber una asignatura sobre el animismo en el currículo, o de mitología, una versión confesional y otra no confesional? ¿Bastaría con que el trascendentalismo, con que esa experiencia o anhelo de lo metafísico o incluso lo espiritual estuviera presente en la educación? Porque de hecho lo está en las asignaturas de Historia, Filosofía o Historia del Arte.
          Claro, pero esa presencia de lo trascendental seguramente les parecerá muy insuficiente a Don Antonio María Rouco Varela o a Benedicto XVI, y entonces cabe preguntarse si realmente lo que tanto les inquieta es nuestra formación integral, o por el contrario que nuestra educación se aleje más de la cuenta de una formación muy particular. Pero el caso es que si la religión es un hecho, entonces se estudia de sobra en Historia como tal hecho, y si se trata del concepto de religión, o de Dios y lo divino, entonces se estudia de sobra en Filosofía (¿cuántos creyentes vuelven a leer fuera de esta asignatura a Tomás de Aquino o Agustín de Hipona?), y si no se trata de ni de lo uno ni de lo otro, si lo que debería formar parte de nuestra educación no es ni hecho ni concepto, entonces es doctrina y no ciencia, y no merece estar presente en la escuela pública sino en parroquias, sinagogas y mezquitas. Y aclarado esto, pasemos a aclarar en qué consiste el laicismo.

          En primer lugar querría explicar qué no es el laicismo, para desterrar de una vez por todas ciertas confusiones que están muy presentes en la sociedad española: el laicismo no es anticlericalismo (aunque algunos anticlericales lleven el laicismo por bandera, igual que algunos se dicen antinacionalistas cuando en realidad son nacionalistas de lo suyo, o antifascistas cuando son fascistas pero en su estilo) y el laicismo no es defender la obligatoriedad del ateísmo (un creyente puede ser laicista, y de hecho los creyentes lo son en su mayoría en países como Francia o Alemania, y Estados como la URSS no eran laicos sino oficialmente ateos).

          ¿Y qué es entonces el laicismo? Paradójicamente laico viene del griego laos que designaba al pueblo reunido para actos religiosos (o al público). Más adelante se distinguió dentro del cristianismo entre laicos y clérigos, esto es, entre los cristianos del pueblo y aquellos que habían sido elegidos ("clero" viene de kleros, literalmente aquellos seleccionados por sorteo, los "apartados"). Por fin en el siglo XIX "laico" pasa a designar al pueblo y "espíritu laico" al espíritu democrático y popular. Podemos considerar a Condorcet la semilla de este concepto que parte de su distinción entre unos principios de la moral "que pertenecen por igual a todos los hombres" (saberes) y los dogmas particulares de tal o cual religión (opiniones). El laicismo consiste entonces en la idea de que al Estado competen tan solo los saberes pero que debe permanecer perfectamente neutral en lo que respecta a las opiniones. Todas las creencias (o su ausencia) deben coexistir sin que el Estado impida ni aliente ninguna de ellas. El laicismo es pues la separación efectiva entre Estado e Iglesia, la aplicación a la cuestión religiosa de la distinción básica del Estado liberal entre ámbito público y ámbito privado, en que se fundamentan los derechos civiles. Por ello en un Estado laico cada confesión se encarga de la educación religiosa de sus fieles fuera de la escuela pública, pues no es competencia del Estado la educación de las opiniones de los ciudadanos, sino de esos saberes universalmente compartidos. Y son los fieles de cada Iglesia y solo ellos quienes la financian, y no el Estado a través de subvenciones o de los impuestos de todos los ciudadanos.  Lo característico de las instituciones en un Estado laico no es su militancia a favor de tal o cual religión, ni tampoco en contra de la religión, sino su asepsia en cuestiones de conciencia.
         
          Dicho esto, no existe un modelo único de laicismo. ¿Es indispensable, por ejemplo, prohibir el uso del velo islámico, escapularios o cualquier otro símbolo religioso por parte de los alumnos de la enseñanza pública? No, se trata de una opción, la elegida en Francia por ejemplo. Sin lugar a dudas las propias instituciones públicas no podrán ostentar símbolos religiosos (más allá de los que formen parte de la arquitectura de los edificios o de obras de arte), pero respecto a los ciudadanos que participen de ellas lo importante es que el mismo criterio se aplique para todos ellos y para todas las religiones (aunque es cierto que puede hacerse una salvedad prohibiendo símbolos como el velo islámico, porque el problema no es tanto lo que tiene de manifestación religiosa como de discriminación sexual). Y los actos religiosos en espacios públicos como las procesiones, ¿deberían prohibirse? En absoluto, lo que no podrán es ser sufragados dichos actos con dinero público, ni recibir un trato privilegiado respecto de otras manifestaciones festivas de carácter no confesional. A día de hoy, por cierto, ocurre más bien lo contrario, se van prohibiendo celebraciones festivas en las calles de las ciudades salvo en caso de actos religiosos.

          Y ahora por fin, ¿es España un Estado laico como pretende Benedicto XVI? Pues según su Constitución, no. Se trata de un Estado aconfesional anómalo, tal y como se explica en el Artículo 16.3 de la Constitución: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones." Así, el Estado no es laico pero tampoco teocrático. En un Estado teocrático una confesión y las prácticas que conlleva son de facto obligatorias, y no es ese el caso de España, nuestro modelo de Estado no laico lo que persigue es que una institución que gestiona una determinada confesión conserve el poder que lleva siglos detentando. No se trata de que todos los ciudadanos sean católicos (el Artículo 16.1 garantiza la libertad de conciencia) sino de que el catolicismo cuente especialmente en las decisiones del Estado. Es el catolicismo entendido como rasgo identitario, como un poder público más, y esto sencillamente convierte al Estado en este aspecto en nacionalista.
          Así, mientras no se cambie la Constitución y España no se convierta en un Estado laico, el país estará en la misma situación en que estaba la institución matrimonial antes de incluir a parejas del mismo sexo, en la de un constructo ideológico desigualitario. Si España aspira realmente a ser para todos, deberá ser neutral ideológicamente, deberá renunciar a ese especial trato a la Iglesia Católica, deberá liberarse de esa definición de "español" que incluye algo más que la condición de ciudadano, también su religión.
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