jueves, 15 de noviembre de 2012

Así no, así tampoco

          Ayer, como tantos otros ciudadanos hice huelga. Dejé de ganar el sueldo de un día (pérdida que se añadirá a los recortes que viene sufriendo mi nómina) para protestar por las políticas económicas del gobierno. ¿Por qué? Reconozco que lo hice con una fe insuficiente en los objetivos que animaban la huelga y en quien la convocaba. Creo que las huelgas son útiles como medida de presión contra un patrón que cederá ante las pérdidas de su empresa, o incluso contra la Administración cuando un paro continuado en sus servicios daña la imagen de quien detenta el poder hasta el punto de hacerle cejar en alguna de sus políticas. Ninguno de esos casos era el de ayer. Tampoco me inspiran simpatía los principales sindicatos que convocaban el paro, que no tienen las manos limpias respecto al mal que estamos sufriendo pues, por ejemplo, no dudaron en colocar a sus consejeros en cajas de ahorro que desahucian a ciudadanos arruinados, entre otras cosas por la mala gestión de dichas cajas de ahorros.
          ¿Por qué hacer huelga entonces? Por solidaridad y por desesperación. Por solidaridad con compañeros de la lucha que lleva teniendo lugar desde el 15 de Mayo de 2011 por hacer de este país una democracia mejor, muchos de ellos sí creen en la huelga como motor del cambio, y yo creo que cualquier acción revindicativa, si no es masiva, no surtirá ningún efecto, así que decidí sumarme a esa masa. Por desesperación porque aunque mi sabiduría práctica me dice que este no es el mejor medio para alcanzar los fines que se persiguen pero... ¡es prácticamente el único medio que tienen los ciudadanos en esta democracia tan limitada para intentar hacer valer su opinión más allá del voto! El daño que nos están haciendo es muy grande, así que no pienso dejar de disparar ni un solo cartucho, por muy estropeado que esté el que me quede.
          Además de todo esto, sí tengo muy claro del lado de quién no quiero estar: de este Gobierno que miente para llegar al poder e incumple sistemáticamente su programa, que defiende que la ley es igual para todos a la hora de desahuciar familias pero parece olvidarlo cuando se trata de perseguir el fraude fiscal de las grandes fortunas, que olvida que el fracaso de gestión que nos ha llevado a esta situación también es el suyo porque ha arruinado varias comunidades autónomas y que cuando se recrudecen las protestas no duda en ordenar a una policía que es de los ciudadanos en reprimir la voz de estos a ver si nos callamos de una vez.
          Pero no ponerme del lado del Gobierno, solidarizarme con los trabajadores haciendo huelga no significa que la parafernalia y metodología huelguista me guste, porque de hecho no me gusta nada. Todo esto traté de expresarlo muy condensadito con la siguiente foto que compartí en facebook:
          Empleé esta foto como muestra de rechazo a cualquier forma de violencia, pero las críticas de una amiga (gracias Inés) me han hecho ver que además la foto podría sugerir que la violencia física sufrida por un chico de 13 años de manos de la policía es igual a la psicológica sufrida por trabajadores adultos de manos de los piquetes, y en absoluto es así. De hecho me parece que es tan obvio que en absoluto es así que por eso no se me llegó a ocurrir que la imagen pudiera sugerirlo (salvo en mentes como la de Francisco Marhuenda o Hermann Tertsch y demás infaustos palmeros del régimen, manipuladores y mentirosos).
          Por ello ya no compartiría esta foto, porque me parece que deforma la realidad estableciendo un paralelismo entre dos formas de violencia que merecen mi rechazo por el simple hecho de serlo, pero que no son equivalentes. Lo que no me vale son las otras razones que me dio mi amiga para no publicar esta foto: que las imágenes de la derecha son pura propaganda y no reflejan la realidad, que la violencia que aparece en ellas es contra objetos y no contra personas y que esa violencia se ejerce en aras del bien común lo cual debería ser como mínimo un atenuante. Y ahora explicaré por qué, pero lo primero es lo primero:
          Realmente hay que estar muy cegado por la ideología para no sentir náuseas al ver estas imágenes. Nada justifica la actuación del policía porque de hecho nada podría justificarla y es repugnante volcar la responsabilidad moral de la agresión en los padres de la víctima: el responsable es quien agrede (y no "de los padres, que las visten como putas").
          Ahora, ¿decir lo anterior debería inhabilitarme para criticar cualquier otro tipo de violencia que sea de signo contrario o de menor intensidad? ¿Por qué?
          Las imágenes del taxi grafiteado o del supermecado asaltado no son propaganda, son imágenes que reflejan la realidad, cuyo uso, eso sí, puede ser propagandístico. Si son dos accidentes absolutamente aislados y se hacen pasar como la norma se estará haciendo un uso fraudulento de las imágenes, pero no es eso lo que yo pretendía, sino dar una prueba contrastable de una realidad que todos sabemos que existe: la intimidación de los piquetes. Y desde este punto de vista sí tiene sentido adjuntar estas imágenes a la del menor agredido, si el uso de una es propagandístico por centrarse en un caso aislado que no refleja el conjunto, también lo será el uso de la otra, ya que están empleadas conjuntamente. Conque no, señalan hechos: existe la violencia policial injustificada y existe la violencia por parte de los piquetes (y no me vale el "pues yo he estado en muchos piquetes y nunca he visto eso", porque ver, lo que se dice ver, la agresión al menor si no fuera por los medios tampoco la habría visto nadie más que los presentes).
          Viene entonces el siguiente argumento: vale, algunos piquetes harán uso de la violencia, pero es violencia contra objetos y no contra personas. Falso, en el taxi habría un taxista y en el supermercado empleados. Hay diferentes formas de ejercer violencia sobre las personas, una de ellas es la agresión física, otra es la intimidación, que es el tipo de violencia que ejercen los piquetes mediante insultos o en ocasiones recurriendo a destrozar materiales. El fundamento mismo del piquete es la coacción, y esta se lleva a cabo mediante la intimidación: "yo de ti aparcaría el taxi o...". Vamos, que a mí ese lado mafioso de las huelgas en que se insta a "pagar por la protección" me parece lamentable y una vez más el hecho de que algunos empresarios coarten el derecho a la huelga no justifica que los piquetes coarten el derecho a no hacerla. La huelga debería ser un indicador del descontento de aquellos que la hacen, ¿y si no hay tantos ciudadanos descontentos como quieren los convocantes de la huelga, o los hay pero no quieren expresar su descontento mediante una huelga, quién es nadie para obligarles, por qué nadie debería tener la potestad de decidir que la decisión de otra persona no es legítima? ¿Cuál es la función de los piquetes, tratar de garantizar que la huelga sea un éxito aunque no lo sea? Pero entonces, ¿cómo podríamos fiarnos nunca de que el resultado de una huelga refleje realmente el sentir de la ciudadanía si se adultera ese resultado? Que la huelga sea obligatoria anula el sentido de la huelga. "Es para compensar por aquellos trabajadores que quieren hacer huelga y no pueden" se dirá, claro, se ha hecho una estimación de trabajadores cuya empresa no respeta sus derechos laborales y se trata de compensar, ¿no? Aporrear cierres, pegar pegatinas en escaparates, hacer pintadas, insultar es agredir a personas mediante la intimidación. ¿Es mucho peor que un policía le abra la cabeza a un chico de 13 años? Por supuesto, ¿y cuál es el nexo lógico entre esta afirmación y concluir que la violencia de los piquetes, por no ser física, es admisible o que no es violencia?
          Lo que ocurre, me temo, es que los piquetes y quienes los apoyan no perciben el daño que hacen, son insensibles a su propia violencia que no consideran tal, y no porque se realice contra objetos, sino porque el motor de su acción les impide ver la violencia concreta dado que tiene un carácter instrumental. "Estamos trabajando por un bien común", y eso parece ser excusa para pisotear el bien concreto de personas concretas. Pero el caso es que el gobierno también dice tomar las medidas que toma, aquellas contra las que se protesta en forma de huelga, en aras del bien común, y lo mismo hizo el gobierno anterior. Y yo el caso es que me voy cansando de la facilidad con que se putea a la gente en aras al bien común, y piensan y deciden por nosotros por nuestro propio bien. Porque el caso es que son muchos los que se oponen a la huelga considerando que no solo no hace bien ninguno al país, sino que dado que se deja de producir y cuesta dinero, y aparentemente daría mala imagen en el exterior, más bien le hace daño. Quienes defienden la huelga dirán entonces que es un mal necesario para lograr un bien ulterior, a saber: que el gobierno cambie su política. Pero considerar que este objetivo se va a lograr, y que va a lograrse mediante la huelga, me parece que es vivir en una realidad paralela (esto lo digo hoy, pero había que intentarlo), y que precisamente perseguir dicho objetivo haciendo uso de la intimidación no sobre el gobierno, sino sobre otros trabajadores o pequeños empresarios, no solo no acerca dicho objetivo sino que lo aleja. Y por eso me cabrean especialmente ciertas prácticas huelguísticas, porque yo me comprometo con ese mismo objetivo, y quienes emplean medios que la opinión pública rechaza y que atentan contra libertades individuales lo que están es entorpeciendo el camino hacia el bien común.
          Ya para acabar, la foto, el "así no, así tampoco" parece reflejar equidistancia, y por eso ya no lo compartiria, porque no es esa mi postura: yo hice huelga, yo me pongo de parte de unos y en contra de otros, no soy equidistante, pero no por eso voy a suscribir cuanto hagan mis compañeros de viaje.
         

sábado, 29 de septiembre de 2012

No hay ética

          No la hay en el Congreso, donde hasta sesenta y tres diputados cobran dietas por alojamiento pese a tener casa en Madrid. No la hay en los principales partidos políticos, cuyos miembros no dudan en mentir en sus campañas y programas electorales aludiendo herencias recibidas y realidades insospechadas (sin duda esa herencia explica que el PP no cumpla su promesa de hacer un Bachillerato de tres años). No la hay en los ayuntamientos, cuyos alcaldes y concejales deciden sobre su propio sueldo sin otro criterio que su voluntad. No la hay en las comunidades autónomas, que aprovechándose de su control sobre los consejos de las cajas de ahorros se autoconcedieron créditos para infraestructuras inviables que terminaron arruinando tanto a cajas como a autonomías.
          No hay ética entre nuestros gobernantes, ¿por qué iba a haberla en la Escuela? Suprimamos la asignatura de Ética tal y como hace la última propuesta de reforma educativa, así por fin la catadura moral de los ciudadanos de a pie terminará equiparándose a la de políticos como el Ministro de Educación. La ética es seriamente perjudicial para el enriquecimiento personal de algunos políticos, condena la impunidad que ampara la corrupción, y se opone al nepotismo, el cinismo y la hipocresía. La reflexión ética crea ciudadanos autónomos y al poder le interesan súbditos autómatas.
 
          El actual gobierno se había comprometido a suprimir la asignatura de Educación para la Ciudadanía, en lugar de eso ha preferido purgarla de contenidos polémicos y rebautizarla como Educación Cívica y Contitucional. El problema es que si a dicha asignatura se le sustraen los temas controvertidos pierde gran parte de su razón de ser, porque la función de dicha asignatura no es adoctrinar, como se pretende, sino enseñar a polemizar. Es una asignatura concebida no para eludir los problemas, sino para meterse en ellos. El alumno debería aprender a responder por sí mismo a sus propios dilemas éticos, pero si se eliminan las preguntas, los debates abiertos, ¿cómo aprenderá a responder? De ningún modo, sencillamente aprenderá de memoria las respuestas que hay que dar, pero no a justificar sus propias respuestas, que es lo que debería saber hacer un ciudadano autónomo, ese tipo de ciudadano que tanto parece incomodarle al poder político de nuestro país.
          Afortunadamente en la enseñanza obligatoria iba a quedar un islote filosófico en la asignatura de Ética pero parece que los filósofos actuales, por seguir aguijoneando con preguntas como "¿qué es la justicia?" o "¿qué es la democracia?", no vamos a correr mejor suerte de la que corriera Sócrates hace veinticinco siglos. Acusado de corromper a la juventud por exigirle a los ciudadanos atenienses que pusieran en duda sus ideas preconcebidas sobre el bien y la verdad, fue condenado a muerte, como muerta queda la asignatura de Ética en la última reforma educativa. ¿Cumple con ello el Partido Popular un punto de su programa electoral? No, pero seguramente cumple con sus más bajas pasiones: eliminar al ciudadano molesto, ése que es crítico, libre.
          Porque ése y no otro es el objetivo de la asignatura de Ética: hacer ciudadanos libres. Ciudadanos capaces de someter su sistema de valores al juicio de la razón, dispuestos a justificar sus principios y demandar de los demás que justifiquen los suyos lejos de prejuicios y supersticiones. Enseñar a pensar, jamás amaestrar, formar personas dueñas de sí mismas para que precisamente no puedan ser títeres de otras, para que sean menos sugestionables, menos proclives al adoctrinamiento. La autonomía del ser humano es algo incontenible haya o no asignatura de Ética, pero existen sociedades abiertas donde el objetivo es fomentar esa autonomía y sociedades cerradas en que se reprime, y aquí está en juego qué tipo de sociedad queremos ser. De momento, sin que la Ética pueda servir de contrapeso a las falacias y banalidades presentes en los únicos ejercicios de "diálogo" público a que tienen acceso, las tertulias de los medios, nuestros alumnos estarán condenados al relativismo subjetivista y ramplón que preside dichas tertulias en que cualquier opinión vale porque según parece todas, estén justificadas o no, basadas en hechos o no, sean coherentes o no, todas deben ser respetadas. En clase de Ética los alumnos aprenderían (y de momento aprenden todavía) a defender sus opiniones y a discutir las ajenas, pero también a modificar las propias y asumir puntos de vista distintos al que tenían previamente, porque en clase de Ética se les forma en el arte de dar y pedir razones, y se les enseña que es precisamente esa posibilidad de dar y pedir razones la fuente de nuestra autonomía, de nuestra dignidad, y que esto, y no nuestras opiniones, es lo que nos hace a las personas merecedoras de respeto.
 
          Por todo esto no hay ética, no la hay en quien pretende sacar la Ética de la Escuela.
 
 

viernes, 14 de septiembre de 2012

Borrador de crítica al borrador de reforma educativa (sí, otra más)

          Basándome en lo que anuncia este artículo de El País, querría analizar brevemente algunos aspectos de la reforma educativa que se nos avecina. Por supuesto mi análisis no puede tenerse por definitivo, no mientras no se presente de forma oficial la reforma, sino que quiere más bien ser una excusa para la discusión (sin prejuicios, ni eslóganes manidos, ni teorías prefabricadas, a poder ser) sobre el rumbo que debería tomar cualquier nueva reforma educativa. Me gustaría señalar previamente una serie de requisitos y hechos al margen de las propuestas concretas de este gobierno, y solo a continuación me ocuparé de ellas.
 
          En primer lugar, lo suyo sería que no hubiera una nueva ley educativa con cada cambio de gobierno, así que para mí cualquier ley que no satisfaga a una amplia mayoría de los diputados del Congreso (al menos al conjunto de los diputados de los dos principales partidos) me parece una mala ley (y esta parece que lo va a ser, a falta de ver cómo reacciona el PSOE).
          En segundo lugar, es un hecho que una nueva ley es necesaria (o una serie de correcciones a la actual ley) por dos motivos: los resultados de nuestra Educación son malos (y no vale la excusa cocinada en los laboratorios pedagógicos de que las evaluaciones tipo PISA no reflejan adecuadamente el nivel del sistema educativo de un país porque existen imponderables, bienes educativos inmateriales, que por supuesto cagarla en las evaluaciones de PISA constituye una prueba fehaciente de que se poseen) y hay que completar la adaptación de la legislación educativa al marco europeo establecido por la noción de "competencias básicas" (cosa que me parece muy positiva, por cierto).
          En tercer lugar, es un hecho también que los resultados de nuestra Educación empezaron a empeorar al implantarse la LOGSE. Los logseros (que son los que me han adoctrinado pedagógicamente a mí, pero se ve que mal) le echarán la culpa a la falta de recursos, los antilogseros al exceso de comprensividad del sistema (nadie defiende que la comprensividad deba ser nula). El caso es que recientemente el sistema ha ido mejorando pero los recursos no han aumentado sino más bien lo contrario, y en cambio el entramado de la LOGSE se las ha ido apañando para descomprensivizar su comprensividad fudamental(ista) mediante PCPI, Diversificación y Educación Compensatoria, desdiciéndose de este modo a sí misma (o no, porque algunos teóricos de la LOGSE ya claman contra la diversificación y la educación compensatoria por apartar a unos compañeros de otros, en otro artículo les prometo que les cuento esto con más detalles, se van a reir). De todas formas existe otro hecho que corre paralelo al desarrollo de la LOGSE y que no creo sea irrelevante para analizar la degradación de nuestro sistema educativo, y es la progresiva hiperinflación de conciertos educativos, que juzgo muy negativa. Tal vez haya que buscar responsables en ambos hechos.
          En cuarto y último lugar, estaría bien que cada vez que los gobiernos (del PP y del PSOE) hicieran una reforma educativa no nos colaran de rondón reformitas para contentar a sus respectivas cavernas (en este caso, como explicaré a continuación, el asunto de las competencias autonómicas, la reforma de Educación para la Ciudadanía y sobre todo la legalización de la ilegalidad de la segregación por sexos en centros concertados).
 
          Hechas estas consideraciones previas, pasemos a los presuntos contenidos de la futura reforma:
 
          A/ De lo que más se va a hablar (lo cual dice mucho del pais en que vivimos) es de que las competencias autonómicas sean menores que las actuales a la hora de fijar los contenidos mínimos del currículo. ¿Relevancia de esto para la calidad de la Educación? Cero y bajando. No estoy ni a favor ni en contra (o más bien a favor, porque si el currículo está bien hecho, nada explicaría una variación entre lo propuesto por el Estado o por las Autonomías salvo prejuicios ideológicos o partidistas), se trata de un debate paralelo, carnaza para alimentar una lucha política estéril entre diversos nacionalismos y pseudoizquierdismos (mi hipótesis es que se trata de un globo sonda del gobierno lanzado con intención de dar marcha atrás tras pactar con CIU y así aparentar que ha consensuado la ley con alguna fuerza política, y CIU aparecerá una vez más como partido paladín de la libertad de Cataluña).
 
          B/ Ya había sido anunciada previamente la castración de la asignatura de Educación para la Ciudadanía (reconvertida en Educación Cívica y Constitucional, algo así como "buenas maneras y ley"). Dicha castración es la mejor prueba de lo necesaria que es dicha asignatura, aunque en general la sociedad ha demostrado estar muy por delante de la mayor parte de sus políticos en las cuestiones que la derecha ha considerado de "doctrina" como eso que llaman torticeramente "ideología de género" (que es precisamente la desideologización del género, como ya he explicado aquí). En fin, buenos argumentos a favor de que esta asignatura se quede como está los da Fernando Savater aquí y aquí, el PP desde luego ha sido incapaz de dar ninguno en contra, y solo ha arrojado contra la asignatura prejuicios y mentiras (como citas de un presunto libro de texto de la asignatura que no lo es).
 
          C/ Hay una serie de medidas que sí son las que corresponden a las cuestiones que deben tratarse a la hora de elaborar una nueva ley educativa. Estas medidas tienen tal calado que es difícil juzgarlas sin saber exactamente cómo se concretarán, pero en principio me parece que no van del todo mal orientadas (lo cual, me temo, me convierte en un furibundo fascista a ojos de la pedagogía progresista, pero ya me voy acostumbrando) aunque están mal implementadas:
  1. Se crea un nuevo ciclo de FP, Formación Profesional Básica, sustituyendo a los actuales PCPI, al que se accederá a los 15 años si los profesores consideran que el alumno no va bien y las familias lo aceptan. La FP básica dará acceso a un nuevo título, pero tanto para obtener el graduado en ESO como para acceder a la FP de grado medio será necesario hacer un examen. Numerosas dudas me invaden acerca de esta medida, centradas sobre todo en los contenidos de ese examen, es indispensable la posibilidad de rectificación del camino tomado para salvoguardar la igualdad de oportunidades.
  2. Los itinerarios hacia el Bachillerato o la FP se adelantan a 3º de la ESO, con solo una asignatura de modalidad y con Matemáticas enfocadas a una u otra vía. En 4º habrá cuatro asignaturas comunes: Educación Física, Lengua, Lengua Extranjera y Matemáticas (los dos tipos), dos de modalidad y una optativa. La ley dice que los alumnos podrán cambiar de opinión, que una vía no cierra la otra y con esto me conformo por la razón aducida en el párrafo anterior, lo importante es que las decisiones tomadas no sean irreversibles siempre que el desarrollo de las competencias del alumno permita el cambio. Por los resultados de otros países en que están así organizados los itinerarios y en que hay menos asignaturas optativas y refuerzan las instrumentales, parecería (con todas las prevenciones) una medida adecuada, pero no tal y como parece que se va a llevar a cabo. Habría que reforzar instrumentales reduciendo horarios de optativas, no eliminando asignaturas. Todavía no está claro si lo que dice el borrador es todo cuanto hay que decir, pero tal cual está desaparecen asignaturas como Ética, Tecnología o Cultura Clásica. ¿Por qué? Es más, ¿por qué estas medias tintas si el gobierno prometió un Bachillerato de tres años y no este híbrido? Sencillo, muchos centros privados (sobretodo concertados) no tienen Bachillerato, y perdiendo 4º de la ESO perderían muchos alumnos. Ya sabemos pues quién ha hecho la ley, la patronal de los colegios concertados es el hombre que susurraba a los ministros de Educación.
          D/ La implantación de exámenes de reválida al final de la ESO y de Bachillerato me parece innecesaria, pero depende de la calidad con que se hagan dichas reválidas podrían ser tenuemente beneficiosas o perjudiciales. Me temo que es una medida de cara a la galería (la galería de los que están empeñados en que ahora se regalan los títulos y no hay esfuerzo), si se quisiera hacer algo en serio en este sentido se hablaría de eliminar la promoción automática entre ciertos cursos, por ejemplo. Por tanto estas reválidas no creo que aporten nada especialmente positivo al sistema pero tampoco creo que lo perjudiquen seriamente (insisto, depende de cómo se hagan), en ningún caso es un argumento medio decente que la Selectividad no funciona porque la aprueba el 94%, tontería supina dado que la función de la Selectividad es seleccionar entre aquellos previamente seleccionados por tener aprobado el Bachillerato. Hablaría muy mal del Bachillerato que quienes se presentaran a la Selectividad la suspendieran masivamente, dado que solo se aprueba a quienes deberían ser capaces de superarla. La Selectividad distribuye mediante la nota obtenida, que es la que permite estudiar una carrera u otra, es el Bachillerato realmente el que selecciona quién ha de acceder a la Universidad y quién no (aparte de la voluntad del alumno de acceder a ella, porque puede optar por la FP de Grado Superior). Y por cierto, las familias con dinero siempre tienen una forma de eludir la selección de la Selectividad pagando una universidad privada a aquellos que aprobándola no han alcanzado la nota de corte de la carrera que deseaban estudiar, tal vez en esto sí que no funciona la Selectividad como sería conveniente.
 
          E/ Se garantizan las subvenciones a centros que segregan a los alumnos en razón de su sexo mediante el siguiente párrafo: "En ningún caso habrá discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Lo dispuesto en el párrafo anterior no será obstáculo para que los centros de educación diferenciada por sexos puedan suscribir los conciertos [...], siempre que la enseñanza que impartan se desarrolle conforme a lo dispuesto en el artículo 2 de la Convención [de la Unesco] relativa a la lucha contra las discriminaciones en la esfera de la enseñanza de 14 de 1960". Respecto a esto, y partiendo del hecho ya de que los centros privados no deberían ser subvencionados (sí creo que esto influye, para mal, en la calidad de nuestra enseñanza), la segregación por sexos es antipedagógica y está demostrado científicamente que no beneficia a los alumnos académicamente y, lo que es peor, no les ayuda en la comprensión y la vivencia normal de un mundo poblado por habitantes de ambos sexos, iguales en derechos y deberes. En fin, medida para la caverna, rancia, casposa, sexista, supersticiosa, patética, lamentable.
 
          Todavía todo es demasiado borroso como para sacar conclusiones taxativas pero, a falta de ver cómo se concreta esta reforma, en principio no me parecería lo peor que ha hecho este ministro (lo cual habla muy mal de él) salvo por el hecho de que si no se va a hacer una reforma educativa consensuada y perfectamente atinada, mejor no hacer pasar al sistema educativo UNA VEZ MÁS por una reforma, y dado que es el caso que no, dejémonos de reformar de cara a la galería o para contentar a los asesores de Educación del partido. ¿Por qué no preguntar de una vez a los profesores, en sus centros, qué harían o qué no harían?


P.D. Esta entrada ha sido modificada el 2 de Octubre tras conocerse el anteproyecto de Ley Educativa. Las modificaciones no son muy sustanciales, porque sigue tratándose de un borrador de propuestas acerca de un borrador de propuestas, ya veremos cómo queda finalmente la ley.

P.P.D. Gran parte de los contenidos de esta entrada han quedado obsoletos al haber presentado el Ministerio de Educación un segundo borrador que difiere sustancialmente del primero (con cambios, me temo, que a peor, a mucho peor). Queda pendiente una entrada refiréndose a ese segundo borrador.
 

domingo, 9 de septiembre de 2012

La Presidenta y sus chapuzas

          Existe un tópico malintencionado acerca de la Presidenta de la Comunidad de Madrid que sin embargo, en lugar de perjudicarla, la aúpa al pedestal que le permite ganar unas elecciones tras otras (aunque no olvidemos que perdió unas elecciones que pudieron haberla apartado para siempre de las instituciones madrileñas, pero dos peleles de ese infausto rival que es el PSM traicionaron a su empresa y salvaron a Esperanza Aguirre de la quema). Bien, ese tópico es el siguiente: Esperanza Aguirre es una facha (un insulto que en España se emplea con más ligereza que en ningún otro país del mundo) pero es eficaz. Y lo cierto es que no es tan facha y sin embargo sí es bastante pedestre no solo en sus maneras sino también en sus gestiones. Esperanza Aguirre será muy conservadora (o reaccionaria incluso), populista, nacionalista, clasista y en ocasiones chabacana, pero no es fascista salvo que estiremos de tal forma el significado de dicha palabra que quede absolutamente desdibujado (y tanta gente deba darse por aludida como votantes tiene Esperanza Aguirre y no, afortunadamente no hay tantos fachas en Madrid). Además, la lideresa madrileña no presume de progresista, de lo que presume es de ser eficiente en lo profesional y liberal en lo ideológico, y eso es lo que le conceden sus opositores, pero esas cualidades son las que no reúne en ningún caso. Es chapucera y dogmática hasta lo cutre.
          Esperanza Aguirre se ha creado esa imagen de gestora responsable, inflexible pero competente, beneficiándose de su comparación con Ruiz Gallardón, empeñado éste en cambio en que ella apareciera como lo más rancio de España y él como el paladín de la progresía del PP, pero admitiendo de buen grado ser tenido por un auténtico manirroto. De este modo, comparándola con un gestor que ha llevado al Ayuntamiento más rico de España a la quiebra, Esperanza Aguirre parece un banquero alemán, pero es que con ese listón Rodríguez Zapatero parece un socialdemócrata sueco, y no. La Comunidad de Madrid tiene déficit, no tan importante como el de otras comundades autónomas como Murcia o Castilla la Mancha, pero más del que la propia Esperanza Aguirre dijo que tenía, lo cual no es propio de gestores eficientes que, citando a cierto político español, llaman al pan, "pan", y al vino, "vino".
           La Presidenta se refugia en su supuesto liberalismo para justificar sus ajustes en el sector público, pero si hay algo que es absolutamente antiliberal es la financiación pública de empresas privadas, el liberalismo funciona de hecho más bien al contrario. En países como Estados Unidos uno podrá encontrarse con que cierta planta de un hospital lleva el apellido de cierto empresario, que contribuyó a su construcción (y que también la gestiona, o no), lo que ocurre aquí es exactamente lo contrario, el hospital se habrá construido con dinero público pero su gestión será privada: todo el riesgo, toda la inversión, corre a cargo de la Admninistración, de su dirección en cambio se encarga una empresa privada (Capio es la empresa, perteneciente en parte a Rodrigo Rato y a familiares de Mª Dolores del Cospedal, que se va quedando poco a poco con la sanidad madrileña). Ningún país de Europa aparte de Bélgica tiene el porcentaje de enseñanza privada concertada que tiene España, y concretamente la Comunidad de Madrid, modelo por el que apuesta abiertamente Esperanza Aguirre, y que será de todo menos liberal, porque el liberalismo se basa en la competencia privada que conduce a mejores productos o servicios en aras de ganarse al cliente, no en la subvención de empresas privadas independientemente de los productos o servicios que ofrezcan para garantizar su supervivencia sea cual sea la competencia.
          Así que Esperanza Aguirre no es liberal, y tampoco es una gran gestora, porque lo que genera el déficit de la Comunidad de Madrid no es el gasto en servicios públicos, sino la sistemática desviación de los caudales públicos a empresas privadas: se construyeron ocho hospitales en la época del desarrollismo ladrillista pero no se los dotó de personal y por ello varios de ellos (concretamente el Infanta Leonor) corren el riesgo de ser completamente privatizados (le habremos pagado los madrileños algo más que la cama a Capio); se recortó la plantilla de profesores en la Escuela Pública dejando en la calle a muchos interinos, pero se aumentó la inversión en enseñanza privada concertada y las becas para alumnos de colegios privados (un gasto que superaba en 10 millones de euros  lo que pretendía ahorrarse despidiendo a los interinos), por no hablar del intento de colar a empresas privadas dentro de los centros públicos mediante el Programa Refuerza. Así que ya vale también de ese otro argumento del aguirrista irredento que dice "bueno, aquí se ha gastado dinero pero por lo menos en hospitales y en colegios", no, se ha gastado dinero en hacérselo ganar a constructoras y empresas privadas de salud y educación (que está muy bien que ganen dinero, pero en el libre mercado, que para eso son privadas... ¿o no lo son tanto?).
          Pero si hay algo que convierte a alguien en un mal gestor y no ya solo en un gestor ineficiente o dogmático, es el derroche de dinero y la chapuza en la gestión, y esa es también una norma de la administración Aguirre. La especialidad de la casa es el despilfarro en publicidad institucional (despilfarro desde el punto de vista del ciudadano, no de la Presidenta de la Comunidad, para ella es propaganda electoral que le sale gratis al partido): en campañas como "Respetemos y apoyemos a nuestros profesores" (1.800.000 euros) meses antes de sostener públicamente la mentira de que su jornada laboral era de 18 horas semanales y de no renovar a miles de profesores interinos, como la torticera campaña del "Más por menos" justificando una subida del 50% del billete sencillo de Metro o como esta más sutil para aquellos agraciados con una plaza en una Escuela Infantil de la Comunidad:
 
 
          ¿Exactamente cuál es el beneficio de este gasto, qué justifica la inversión? ¿Se supone que los usuarios harán mejor uso de sus plazas en las Escuelas Infantiles públicas gracias a esta carta? Lo dudo, sus horarios y funcionamiento son muy estrictos, es difícil (si no imposible) abusar de este servicio. ¿Se sentirán más afortunados? Créanme, antes de recibir la carta ya se sentían muy afortunados (a pesar de la subida de precios que ha llevado a muchas familias a renunciar a su plaza). No, es propaganda electoral pura y dura o algo peor, un "usted es un mierdecilla que vive por encima de sus posibilidades" encubierto. En cualquier caso es un gasto absolutamente prescindible, superfluo, y por tanto un despilfarro. Habrá quien diga que una comunidad autónoma no se arruina por enviar una carta, cierto, pero en este caso se trata de 45.000 cartas. Y a estas hay que sumarle aquellas otras pidiéndole un esfuerzo a los profesores al principio del curso pasado, o convenciendo al personal sanitario de las bondades del área única, más las campañas institucionales citadas anteriormente y otras muchas que indignan, y con razón, a quienes sienten en sus propias carnes ajustes para ahorrar dinero que se emplea no en combatir el déficit y proteger los servicios más valiosos de la Administración, sino en lo superfluo, en colocar como asesores a los miembros del partido que no logran escaño en la Asamblea de Madrid (esto no es privativo de la Comunidad de Madrid ni del PP, sino generalizado) y mantener esa situación a base de esa propaganda electoral encubierta pagada con el dinero del bolsillo de todos los madrileños.
          Así que Esperanza Aguirre ni es veraz, ni es liberal, ni es eficiente, ni es austera y por si esto fuera poco, encima es chapucera, como trataré de mostrar con un ejemplo concreto, el de la gestión del personal de Enseñanza Secundaria de la Comunidad. Por una parte la Presidenta de la Comunidad de Madrid, por medio de su acólita Lucía Figar, es capaz de desobedecer la ley (¡Cristina Cifuentes, ojo, aquí hay desobediencia civil activa!) para encontrar rápidamente vacantes libres para profesores extranjeros sin titulación ni conocimientos de español, pero nativos de habla inglesa (por si hay mentes muy bienpensantes leyendo esto... no, no se les contrata como auxiliares de conversación  o para enseñar lengua inglesa, sino otras asignaturas del currículo, en inglés). A día de hoy ser español es realmente un hándicap para trabajar en un instituto de secundaria madrileño, porque es obligatorio pasar una oposición, requisito innecesario si uno tiene la suerte de ser irlandés. Por esa obsesión con el bilingüismo (según lo entiende Esperanza Aguirre, que dista mucho de lo que se considera bilingüismo en los países civilizados) la Presidenta de la Comunidad de Madrid via su Consejera de Educación y Empleo anunció que convocaría oposiciones a Secundaria (por eso y por desafiar al gobierno central, entonces en manos del PSOE) y lo hizo ofertando finalmente 190 plazas de las cuales 100 eran de inglés y, por ejemplo, ninguna de matemáticas, asignatura instrumental en la que peores resultados cosechan los alumnos españoles en las pruebas de PISA. Una de la especialidades convocadas fue la de filosofía, con cinco plazas, pero el caso es que no hay vacante a día de hoy (a tres días de comenzar el curso) para quienes obtuvieron esas plazas (dejadme presumir, yo saqué el nº1) ni para 31 profesores en expectativa de destino que a día de hoy esperan también su vacante. No es que se haya recortado plantilla en interinos, es que los recortes han sido realizados con tal precipitación y desconocimiento de la realidad del sistema que durante unos meses la Comunidad de Madrid tendrá que pagar su sueldo a esos profesores (y otros tantos en otras tantas especialidades) que no trabajarán hasta que haya hueco, algo inédito en la Comunidad de Madrid. Chapuzas.
          Chapuza cómo se ha precipitado en general, por motivos electoralistas una vez más, una gran iniciativa como es el Programa de Enseñanza Bilingüe, en el que han acabado habilitándonos simplemente por poseer un certificado de idiomas de nivel C1. Chapuza cómo se gestiona, de forma precipitada también, la asignación de destinos a principio de curso, que deja a muchos profesores con sueldo y sin trabajo. ¿Y es que es ahorro tener a funcionarios cobrando sin trabajar? ¿Es eso eficiencia? ¿Saben las familias que los profesores de sus hijos se enteran de qué darán y dónde un par de días antes de iniciarse el curso, o con el curso empezado? ¿Saben las familias que licenciados en filosofía acaban enseñando lengua, licenciados en matemáticas biología, algo habitual en la enseñanza privada (concertada o no) pero excepcional en la Escuela Pública hasta hace dos años?
          La Presidenta de la Comunidad de Madrid no es una tecnócrata ni siquiera en el mal sentido, es Pepe Gotera y Otilio, es solo experta y eficiente a la hora de gestionar su propia empresa, el Partido Popular de Madrid, el problema es que lo hace con el dinero de todos los madrileños, y así es como una empresa privada siempre gana a pesar de las chapuzas de sus directores.
         

viernes, 3 de agosto de 2012

El problema de España

          "La decadencia española consiste pura y simplemente en falta de ciencia, en privación de teoría" sentenciaba Ortega hace poco menos de un siglo, y me temo que esto no es menos cierto ahora. Para Ortega, España en sí misma era un problema filosófico pues, a diferencia de Europa que representaría la actitud científica, nuestro país trataba de construir el conocimiento sobre los cimientos de un subjetivismo visceral. Frente al rigor, la precisión y el método del objetivismo europeo que garantiza una discusión racional como camino hacia la verdad, en España "alabamos o contradecimos con los nervios" sobre cuestiones no definidas previamente, confusas, tratadas sin método alguno y sin acuerdo sobre los criterios que permitirían a una de las partes en liza ceder ante los argumentos de la otra parte. El objetivismo europeo permite la construcción de teorías, de las que se compone la ciencia, mientras que el voluntarismo español no genera sino ideales (ni siquiera ideas), que nunca logran constituir un saber en tanto son puramente subjetivos, y por tanto inconmensurables.
          Es cierto que Ortega abandonó esta primera etapa objetivista dando paso al perspectivismo, y que la posmodernidad en que vivimos representa el fin de los grandes relatos, pero cabe entender ambos hechos no como el fin absoluto de la objetividad y de los metarelatos históricos, sino del dogmatismo objetivista y teleológico de la modernidad, esto es, la asunción de que nuestra fe en la razón y la historia debe cohabitar con una cierta distancia irónica (algo así como las reservas con que Sócrates trataba el conocimiento aun estando dispuesto a defenderlo con su vida). Creo que el diagnóstico de Ortega es acertado, "España es el problema y Europa es la solución". No, obviamente, por el inminente rescate, sino desde el punto de vista de la actitud respecto del conocimiento, del método, del rigor, del esfuerzo y el trabajo incluso. España (y el resto de países rescatados o en vías de rescate) está aún a medio europeizar, y quiero tentar aquí un pequeño relato indagando sobre las causas de este atraso que dura ya siglos y que ingenuamente creímos haber enterrado, pero que la realidad se ha ocupado de sacar de nuevo a la superficie de forma brutal.
          Mi metarelato no es muy original, es también bastante clásico: la culpa la tiene la Iglesia. Pero no la institución, sino los valores que esa institución representa y que han ido calando hasta el tuétano de los españoles, incluso de aquellos que ahora no reconocen autoridad alguna a la Iglesia sino todo lo contrario (porque aquí, la izquierda, es tan católica en su izquierdismo como la derecha en su derechismo, de ahí esas frases manidas, tontorronas y en el fondo ultraconservadoras de "Jesús era de izquierdas" que con cierta autocomplacencia recitan como una letanía algunos pseudoateos de la pseudoizquierda). Y creo que concretamente atenaza el progreso de España un valor, o una idea: esfuerzo equivale a sacrificio.
          A poco weberiano que se ponga uno, creo que es difícil no atribuir parte de nuestro desastre a la cultura del catolicismo frente a la del protestantismo, de ahí la gravedad de la crisis en Portugal, Irlanda, Italia, España y en la ortodoxa Grecia. La del catolicismo es una cultura del pelotazo espiritual que se aplica a la vida en general, un arrepentimiento de última hora permite obtener el máximo premio, que en el caso del protestantismo es incierto. Basta la extrema unción y por arte de birlibirloque una vida de latrocinio es purgada y el paraíso queda asegurado. La tan cacareada cultura del esfuerzo de la derecha española es irreal porque en la cultura católica el esfuerzo se entiende como sacrificio, no como trabajo. En España el sufrimiento es un fin en sí mismo, es nihilismo puro, es el dolor por sí solo lo que acerca a Dios y no la prosperidad que resulta del mérito. La desgracia es lo que garantiza el Cielo, la prosperidad no es un indicio, como en el protestantismo, del amor de Dios, pues se sobreentiende que dicha prosperidad no tiene que ver con el trabajo sino con la buena familia, el apellido, la nación, las creencias... o en general con estar en el bando de los buenos. Lo importante es pertenecer a la ecclesia, a la comunidad (adecuada, auténtica, pura). Así que de cultura del mérito y el esfuerzo, nada, vivimos en una especie de aristocracia salvífica.
          Un elemento que los países de la Europa mediterránea tienen en común (y diría que no es sino un corolario del catolicismo) es el machismo, que es lo que hace, entre otras cosas que la productividad no se mida en objetivos cumplidos, sino en tiempo. Esos machotes que parecen odiar a su familia y entienden el trabajo como pasar el día en la oficina sin llegar a casa más que cuando los hijos están dormidos, o como mucho listos para un besito de buenas noches, conducen a esa demencial jornada laboral del sector privado que empieza tarde y acaba más tarde aún, con una enorme pausa para comer. Una vez más el esfuerzo se entiende como sacrificio y no como trabajo: hay que sacrificar la familia, o las vacaciones, o los hobbies, o, ¿por qué no?, la felicidad. En España lo que mide el esfuerzo realizado es el tiempo dedicado a la labor que sea y no los resultados obtenidos, se paga la hora extra, no el contenido de dicha hora, se entiende que trabaja mucho quien pasa muchas horas en el trabajo. A parte de porque pone el acento no ya en el trabajador sino en el empleador, el cambio de nombre del Ministerio de Trabajo por el de Ministerio de Empleo es significativo, pues un empleo se define en el fondo por la pertenencia a una plantilla (una vez más no importa el hacer, sino el ser, el pertenecer) pero el trabajo consiste en la labor realizada, en la tarea, en la producción. Las agencias de empleo son agencias de colocación, precisamente lo que hacen al emplear es colocar a alguien en un lugar, ubicarle. Nótese la diferencia entre "he conseguido trabajo" y "he conseguido un empleo", ambas expresiones no son equivalentes, en la primera se sobreentiende que uno ha encontrado una labor que realizar (remunerada por supuesto), en la segunda una colocación, una fuente de ingresos (sea la labor que sea). La diferencia es sutil, pero por eso puede encontrarse "trabajo" pero no "empleo" sino "un empleo", esto es, una forma de ser empleado, una utilidad para alguien. De los escalones que distingue Hanna Arendt, no es que no alcancemos el nivel de la vita activa, es que ni siquiera alcanzamos el de homo faber, somos meros animal laborans. No se valora otro fruto del trabajo que el que sea medio de subsistencia, porque en eso consiste precisamente el sacrificio (esto es, según nuestra cultura, el esfuerzo) en renunciar a disfrutar la vida por sí misma, incluso en la acción productiva, el trabajo será mera ocupación, el premio está más allá de la vida. Y así es imposible generar un sistema productivo competitivo, dado que no creemos en esa competición, sino en la remuneración del tiempo de sufrimiento, que es lo que entendemos por trabajo, y por ello nuestro sector privado en gran parte no participa del liberalismo, sino de una cultura de la subvención (por poner un ejemplo, la mayor parte de colegios privados no busca clientes para su servicio, busca el concierto, esto es, que el Estado subvencione su servicio).
          En fin, deberíamos entender el trabajo como praxis, como acción transformadora, pero no, es mero "sudor de la frente" con que ganar el pan, aunque eso no debería preocuparnos porque, ya se sabe, frente a nuestra desidia y desdicha, Dios (el Estado, la nación, el partido, papá...) proveerá.

domingo, 15 de julio de 2012

Los funcionarios, el fármaco universal


          En la Grecia arcaica el phármakos era una medicina empleada para sanar enfermedades sagradas, males que tenían origen divino, como la peste, causados por un pecado de desmesura (hybris). Esa medicina no consistía en un qué, sino en un quién, un chivo expiatorio que era sacrificado para purgar la impureza de la comunidad. Esa víctima propiciatoria no era responsable de nada, o no más que sus conciudadanos, pero se la expulsaba de la ciudad esperando que con ella, que cargaba con los pecados de todos, se alejara el mal. El sacrificado era inocente, pero se le trataba como si fuera culpable. ¿Les suena?

          El anterior gobierno, y este, han logrado que gran parte de la población, en lugar de solidarizarse con las víctimas de sus recortes, empatice en cambio con ese dolor que dicen sentir los verdugos por tomar esas medidas contra su voluntad. Todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, los pensionistas por cobrar una pensión, los cotizantes de la seguridad social por consumir medicamentos y los usuarios de las escuelas infantiles por tener hijos y trabajar. Pero por encima de todo los funcionarios, que como todos sabemos son quienes han creado el agujero de déficit de los últimos años ganando prácticamente lo mismo que hace diez o quince. Nada han tenido que ver obras públicas como los aeropuertos de Castellón y Ciudad Real o las radiales de Madrid, su nuevo Ayuntamiento y la remodelación de la calle Serrano, el Plan E, el cheque bebé, la deducción de 400 euros, los gastos en campañas institucionales del gobierno de España o de cualquier otra administración, los sueldos de asesores y consejeros nombrados a dedo, el desvío de fondos públicos por corrupción o el fraude fiscal. Es que los ciudadanos de a pie somos unos manirrotos y los funcionarios unos parásitos. Habrá quien se indigne por la primera afirmación, muchos menos por la segunda, ¿por qué? ¿Por qué especialmente en el caso de los funcionarios si se les castiga (y ya van tres veces) gran parte de la población percibe a las víctimas como verdugos y a los verdugos como víctimas?
          Por un lado está el hecho de que las condiciones laborales de los empleados públicos, salvo en cuestión de salarios e incentivos, son mejores que las de muchos empleados de la empresa privada, y por otro lado está el hecho de que su contrato es inextinguible, lo cual parece ser fomenta la incompetencia. Concedamos que esto es así, que el funcionario tiene unas ventajas de las que no gozan el resto de trabajadores. Eso por sí mismo no debería llevar a nadie a tener esa inquina que se le tiene a los funcionarios, hay sin duda numerosos trabajadores que tienen contratos mucho mejores que otros, pero al no tratarse de empleados públicos se considera justo, se da por hecho que mejores condiciones contractuales van de la mano de un mayor mérito. En el caso de los funcionarios, por el contrario, se considera que sus condiciones laborales son privilegios. ¿Pero qué es un privilegio?
          Un privilegio es una gracia de la que se goza inmerecidamente por ser quien se es (por pertenecer a cierta familia, a cierto estamento…) y que por tanto estaría vedada a cualquier otro. Un privilegio es un bien injusto porque otros no podrían acceder a ese bien independientemente de su valía. ¿Es ese el caso del contrato de los funcionarios? Rotundamente no. Al funcionariado (en la mayoría de los casos) se accede por oposición, una prueba dura y muy competitiva, pues no basta con superar unos requisitos básicos, con aprobar, no, hay que ser mejor que el resto de los opositores (en la última oposición que he hecho obtendrán plaza solo los cuatro mejores de un total de casi cuatrocientos). Básicamente hay dos formas de encontrar empleo por cuenta ajena: mediante entrevistas de trabajo o mediante oposición. Yo he pasado ambos tipos de prueba y, créanme, es infinitamente más dura la segunda.
          Parece entonces que ser funcionario no es un privilegio, sino un estado ganado a pulso superando una dura prueba a la que cualquiera puede presentarse, y si puede presentarse cualquiera… ¿dónde está el privilegio? O un momento, bien pensado no puede presentarse cualquiera, cierto. En muchos casos hay que tener cierto nivel de estudios. Para optar, por ejemplo, a ser médico de la sanidad pública será necesario haber hecho la carrera de medicina y la especialidad, unos diez años de estudio. ¿Dedicar diez años al aprendizaje de la profesión, al perfeccionamiento de su ejercicio y tras ellos aprobar una oposición no es mérito? Tal vez no encaje con el concepto de moda, “emprendedor” (que es como se llama ahora al empresario que crea su propia empresa, lo cual parece ser que condena a cualquier otro trabajador, del sector público o privado, a ser una persona no emprendedora), pero como sinónimo de “conformista” tampoco parece encajar (normalmente mis alumnos más conformistas lo que suelen hacer es abandonar los estudios, y lo tienen difícil para llegar a ser funcionarios).
          De acuerdo, podrá decirse, se llega a ser funcionario por méritos propios, pero no se mantiene uno en el puesto por méritos propios, pues el funcionario lo es de por vida independientemente de su productividad. Concedamos también esto, pero entonces habría que plantearse otro tipo de reformas, como que el contrato de los funcionarios deje de ser inextinguible, que sus exiguas subidas salariales no sean en función de la antigüedad sino de la productividad o impulsar la competitividad abriendo posibilidades de promoción para los mejores. ¿Dónde encajan en este esquema las repetidas bajadas de sueldo de los funcionarios? ¿En qué medida impulsan la productividad?
          No, basta ya de que paguen justos por pecadores. Si a los funcionarios se les baja el sueldo y se empeoran sus condiciones laborales, lo mínimo es no calumniarlos ni desprestigiar su labor, porque no son unos privilegiados, sino personas que hicieron lo que debían hacer, como debían hacerlo y cuándo debían hacerlo. Que otros trabajadores critiquen a los funcionarios tiene tanto sentido como que yo, que estudié filosofía, critique a los profesores de inglés porque hay más plazas de lo suyo que de lo mío. Nadie me prohibió emprender un camino distinto del que yo elegí, sería muy ruin por mi parte llamar privilegio al resultado de algo que otros hicieron y yo no, pero que pude haber hecho, y si no pude fue por no estar capacitado para ello.
          No habrá otra forma de reducir el gasto público (falso, sí la hay, pero concedamos incluso esto), pero eso no convierte a los sucesivos hachazos de un gobierno tras otro en algo justo. Será inevitable (insisto, no lo es) pero es una inevitable injusticia, porque el derroche del Estado no ha sido pagar sueldos de médicos, enfermeros, bomberos, profesores, maestros, policías, fiscales o ingenieros, sino de miembros de partidos políticos nombrados a dedo como asesores, o en sufragar obras públicas megalomaníacas inviables y otra serie de intervenciones que son puro gasto porque no producen nada. Pero los salarios de médicos y profesores, por ejemplo, no son gasto, sino inversión, porque no son a fondo perdido, generan algo, trabajo, un servicio, salud y educación respectivamente. Y en esas inversiones recortan, no en el gasto, porque el gasto lo generan los mismos que recortan y no tienen altura moral suficiente para apuntar el filo del hacha hacia los verdaderos responsables de nuestra situación: ellos mismos. Y entonces recurren al tradicional chivo expiatorio, a esa víctima propiciatoria que el resto de la población en lugar de compadecer está encantada de apedrear, al funcionariado, el fármaco universal.

domingo, 17 de junio de 2012

El franquismo sistémico de nuestra democracia

          "Lo llaman democracia y no lo es, es una dictadura eso es." Más de una vez he coreado esta consigna en una manifestación, pero solo en parte estoy de acuerdo con ella. Desde luego no creo que vivamos en una dictadura (y creo que defender lo contrario es un insulto para quienes sí lo hacen o lo han hecho), pero es innegable que nuestra democracia es muy imperfecta, y creo que esto se debe a que nuestro país conserva  casi intacta una parte de la herencia franquista. No me estoy refiriendo al Rey (soy republicano, pero la monarquía me parece el menor de nuestros problemas a día de hoy), a los límites a la libertad de expresión (existe una amplia libertad de expresión, casos vergonzantes como el del juicio a Javier Krahe son la excepción y no la regla), a la exigua separación de poderes o al limitado pluralismo político (amparado por una ley electoral injusta, entre otras cosas). No, creo que en lo que respecta a sus estructuras formales (y la democracia es sobre todo un formalismo) somos una democracia que, aunque mejorable, garantiza nuestros derechos civiles. Pero aunque la democracia sea ante todo una estructura, no hay forma sin contenido, y es en la materia que llena los entes democráticos de nuestro país donde perdura el franquismo, en la corrupción institucionalizada que aparece reflejada en La escopeta nacional (en ese Canivell que organiza una cacería para poder hablar con el Ministro y convencerle de que impulse su negocio a base de Decreto Ley).
          Gobierno, Ayuntamientos y Comunidades Autónomas son profesionales de la desviación de dinero público a empresas privadas, controladas por los mismos empresarios (o por sus herederos) que jugaban al golf y cazaban con Franco y vivían de su amistad. Aquello que perdura del franquismo es la cultura del codazo, el enchufe, la palmadita en la espalda y el maletín de billetes, como demuestran los casos Filesa, Naseiro, Gürtel, Palma Arena, Campeón, de los EREs falsos... (la lista es inacabable, consúltese mejor este mapa). Tal vez haya habido cierta renovación en la casta política respecto al franquismo, pero no desde luego en cierta casta empresarial. Aquellos acostumbrados a hacer tratos con Franco, pronto abandonaron sus remilgos a la hora de hacerlos con los socialistas aunque "no fueran de los nuestros". O tal vez sí lo eran, porque "los nuestros" en el caso de estos clientes privilegiados del poder político son precisamente quienquiera que tenga el poder (sin duda porque saben que el auténtico poder lo tienen ellos).
          ¿No hay excepciones, "todos" los órganos de gobierno se dejan seducir por el lado oscuro? Sin duda las habrá, pero no deja de ser llamativo que cuando ciudadanos independientes o de partidos no surgidos de la Transición llegan a las instituciones no puedan creer lo que ven (como en el caso del Ayuntamiento de Torrelodones o de concejales y diputados de UPyD y posiblemente de otros partidos que no conozco) y les sorprenda que se dé por hecho que cualquiera con cargo pueda recibir regalos de empresas sin otro motivo que tener dicho cargo. El hecho de que se considere normal recibir regalos y tener ciertos privilegios (coche oficial y chófer para cualquier desplazamiento, por ejemplo) revela una concepción oligárquica del poder y no democrática.
          Al desintegrarse la URSS las empresas estatales pasaron de estar en manos de la Nomenclatura (nunca del pueblo) a estarlo en manos del capo mafioso de turno, al caer el franquismo en España el empresario enchufado del Estado siguió siendo el mismo y se perpetuó su enchufe aunque el poder político cambió de manos. Resultado en ambos casos: dos tejidos empresariales absolutamente ajenos a lo que deberían ser las causas del éxito empresarial (innovación, competitividad, productividad) porque de lo que dependió el suyo fue de las relaciones.1 Esa lamentable cultura del "es de los nuestros", "es amigo", de la recomendación, del enchufe, ha sido abolida en la mayor parte de las instituciones salvo en lo que respecta a los asesores y consejeros (en cajas de ahorro, en gobiernos...) y en las licitaciones y adjudicaciones de servicios a empresas privadas.
          ¿Cuál es la solución? Es más, ¿tiene esto solución? Veamos algunas alternativas.
         
          Lo primero es dejar de negar la gravedad del problema. Nada de "la picaresca española", a ver si ahora va a resultar que parecernos a la sociedad corrupta de la España del siglo XVI es bueno. Se llama "corrupción institucionalizada" y es un tremendo lastre para nuestra democracia.
          Lo segundo es dejar de confiar en que los partidos que surgieron de la Transición van a enmendarse y renovarse. No lo han hecho hasta ahora, ¿cuántas veces más han de decepcionarnos para que perdamos la fe? ¿O acaso se trata de una fe ciega? Si es así obviamente es inútil cuanto llevo escrito, de lo contrario #NoLesVotes (y me refiero a cualquier partido2 con consejeros en medios de comunicación y cajas de ahorros o casos de corrupción e imputados en sus listas).
          Lo tercero es que los ciudadanos ajenos a la partitocracia de la Transición tomemos el poder, mediante los cauces institucionales adecuados, como en el inspirador caso del Ayuntamiento de Torrelodones (que está en superávit solo reduciendo gastos superfluos), concurriendo a las elecciones como agrupaciones independientes o en nuevos partidos (ningún partido podría ser "del 15M", pero sí podría haber un partido con "miembros del 15M" y que por tanto atendiera, cabe esperar, a gran parte de sus reivindicaciones).
          Por fin, en cuarto lugar, si uno no estuviera dispuesto, o no pudiera, o creyera que no debe, o sintiera que no sabe cómo participar activamente en política, siempre puede votar a partidos nuevos formados (de momento) por ciudadanos que están ahí más bien contra sus propios intereses que por interés, con vocación de servicio público más que para servirse de lo público. Alguno ya está en las instituciones como UPyD3 flipando en colores con lo que se encuentra, otros, como EQUO3, es indispensable que lleguen a estarlo. ¿No llegaran estos partidos a pudrirse también? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que militar en estos partidos deje de ser vocación y esfuerzo y pase a ser una salida profesional? No lo sé, y es probable que estos partidos se corrompan también, habrá entonces que crear otros nuevos, la estabilidad a costa de la corrupción no compensa y la Historia va demostrando que el poder corrompe, con que intentemos que el poder sea de plazos cortos, que parece que entonces corrompe algo menos.


1 Me refiero a grandes empresas, no a PYMES, y no me cabe duda de que hay excepciones, este problema se da sobre todo en empresas constructoras que en realidad funcionan como ETTs al servicio de las instituciones nutriéndolas de empleados en forma de subcontrata.

2 Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los militantes de los partidos políticos lo hacen por vocación y amor a su país, el problema es que la cultura del "aurea mediocritas" encumbra a los trepas a los puestos de mayor responsabilidad, pues son la ambición y el atrevimiento del mediocre, ignorante de su condición, el mejor acicate para trepar en el escalafón y hacer carrera política.

3 Es cierto que hay políticos "de toda la vida" en estos partidos, como Rosa Díez o Inés Sabanés y Reyes Montiel. Por desgracia (aunque estas dos últimas coincide que son de mis políticas favoritas) es la única forma de que estos partidos sean visibles, ya que por sí mismos no son noticia, pero sí sus líderes (hagamos una encuesta a ver cuántas personas conocen UPyD y cuántas "el partido de Rosa Díez"). Sin embargo, la abrumadora mayoría de los afiliados a estos partidos no son ex de otros partidos, sino ciudadanos concienciados.

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