domingo, 22 de noviembre de 2015

París, ¿y ahora qué?

En clase de Ética

          Era inevitable, mis alumnos en clase de Educación ético-cívica me preguntaron qué pensaba de los atentados de París. Se trataba de una pregunta de fácil respuesta: los atentados de París son una cruel y despiadada matanza de inocentes que me produce la más absoluta repulsa. Pero esa pregunta llevaba aparejada otra más complicada: "¿Qué hay que hacer?"
          Esa es la pregunta de la ética, "¿qué debo hacer?", y mi tarea como profesor es enseñar a los alumnos a responderla pero (al menos así enfoco yo la asignatura) sin darles la respuesta (al igual que el profesor de matemáticas enseña a resolver ecuaciones con la esperanza de que a los alumnos, conforme avance el curso, cada vez se les dé mejor resolver ecuaciones por sí mismos). Mi respuesta ante preguntas así no puede ser la del sacerdote, el moralista o el comisario político "debes hacer esto", porque si hay una cosa que deberían aprender los alumnos en clase de ética es algo tan complicado como a no ser ni dogmáticos ni relativistas, luego yo no puedo ser ni lo uno ni lo otro. No puedo ser dogmático porque entonces la única fuerza de mis enseñanzas sería la de la autoridad (y se trata de desarrollar la autonomía individual de los alumnos), pero tampoco puedo ser relativista porque los alumnos deben aprender a reexaminar sus preconceptos y desterrar prejuicios sin que ello conlleve un nihilista rechazo a cualquier tipo de principio o valor moral. Enseño pues cosas como que la violencia engendra violencia, que la venganza es estéril, que sin libertad, justicia y tolerancia no hay democracia y que ideologías del odio como la xenofobia o el racismo son incompatibles con el debate libre que llevamos a cabo en clase de ética y por eso su apología constituye un delito y no cabe en nuestras aulas, porque no se debe ser tolerante con el intolerante, por el bien de todos. Enseño, por tanto, cosas que harán de mis alumnos ciudadanos aptos para la convivencia pacífica con otros ciudadanos, pero no les evalúo por sus ideas ni por sus valores, sino por su capacidad de explicarlos, justificarlos y defenderlos sin otra fuerza que la de la razón y el mejor argumento, pues eso es lo que han de aprender a hacer.
          ¿Cuál fue entonces mi respuesta al "¿qué hay que hacer tras los atentados?" de mis alumnos? Un frustrante "¿qué crees tú que habría que hacer?". Así todos pudieron hablar, muchos para pedirme que "me mojara"... pero no soy su líder, ni su cura, ni su padre, soy su profesor de ética e hice lo que como tal me toca hacer: no responder por ellos, sino darles herramientas para que pudieran construir ellos mismos su propia respuesta sin más fuerza que la de las mejores razones y los mejores argumentos. Así, tocaba dilucidar qué era lo que realmente estábamos discutiendo, excluir razones que no eran sino reacciones viscerales, aclarar cuáles eran las opciones reales y cuáles un brindis al sol, señalar que casi siempre no hacer nada es también elegir y que en democracia la violencia no es la respuesta. Pero también tocaba considerar cosas menos obvias como que justificamos la violencia en casos excepcionales (defensa propia, tiranicido) y ya que estábamos hablando de Francia poníamos como ejemplos la Revolución Francesa y la resistencia armada contra la ocupación nazi, y también supimos de otras ocasiones en que (como en tantos procesos de transición a la democracia) se restaura la paz tras episodios terribles de violencia unilateral gracias a que los verdugos reconocen públicamente su culpa y las víctimas renuncian a hacer justicia (o a hacerlo con todo el peso de la ley) por el bien común. Y tras esto les tocaba a ellos, mis alumnos, evaluar si este era un caso de excepción o no, decidir cómo debían aplicarse algunos de los principios generales mencionados a este caso particular. Yo les presté la ayuda que pude desmintiendo falsas creencias y separando lo relevante para el debate de lo accesorio, la razón del prejuicio.
          No sé si un profesor de ética que no da la respuesta sin más es un buen profesor de ética, solo sé que yo no podría serlo de otro modo (aquí tenéis a otro profesor de ética, que sé es un gran profesor, enfrentándose al mismo problema). Pero al igual que el profesor de matemáticas tiene las respuestas a sus problemas aunque no las dé sin más, así también el profesor de ética ha de tener una respuesta (aunque resulta obvio que un problema complejo no puede tener una respuesta sencilla, por mucho que tantos se hayan aprestado a llamar imbéciles, mojigatos, cobardes, sanguinarios y demás improperios a aquellos que disentían de la opinión propia). Aquí trato de construir mi respuesta.

De aquellos polvos...

          En los últimos días ha habido bastantes personas que han buscado atenuar de alguna forma la responsabilidad de los terroristas de París, o por lo menos establecer responsabilidades colaterales que alcanzarían a los gobiernos de estados (¿y a los estados mismos?) que condenan dicha violencia y que tienen a los terroristas por enemigos. De hecho, muchos han hecho el siguiente razonamiento para llegar a acusar al gobierno de las propias víctimas como responsable de su asesinato: Francia decidió ayudar a los rebeldes contra el régimen de Al-Asad en Siria con armas y financiación, algunos de esos rebeldes se desgajaron de los demás y comenzaron una guerra por su cuenta para instaurar un gran califato semejante al Califato Omeya de los siglos VII y VIII, estos últimos prepararon a los terroristas (franceses en su mayoría) que perpetraron los atentados de París la noche del 13 de noviembre de 2015, luego el gobierno de Francia, de hecho, es responsable del atentado. A este argumento añaden otro: Francia (al igual que Rusia) en septiembre empezó a bombardear posiciones del DAESH (Estado Islámico de Irak y el Levante) en Siria, los atentados son una represalia, luego el gobierno de Francia es responsable del atentado.
          Normalmente nadie llega a la conclusión "el gobierno de Francia es responsable del atentado" (aunque muchos memes y eslóganes apuntan en esa dirección), pero son muchos los que hablan de tener en cuenta otras consideraciones además de la voluntad de causar el mayor daño posible de los terroristas como única responsable de sus actos. Bueno, sin duda el comportamiento de los terroristas se explica en parte por la desigualdad social y la discriminación, sin duda el gobierno francés (como otros muchos gobiernos de Occidente) ha tomado decisiones de geopolítica lamentables e incluso criminales, es cierto que parte de la financiación y las armas que maneja el Estado Islámico proviene de países que se tienen por sus enemigos... pero todo apunta a que cometieron los atentados unos terroristas en nombre de un estado teocrático, y todo apunta a que los responsables de las muertes de (hasta la fecha) 130 personas en dichos atentados fueron los terroristas que, con metralletas, bombas y una enorme dosis de fanatismo religioso, los asesinaron. Esto último no quiere decir que no haya que investigar más allá, pero la duda es si poner el acento en todo lo que no sea la responsabilidad de los terroristas por sus atroces actos en este momento es pertinente.
          Ciertamente Francia venía participando en la Guerra Civil Siria, pero me gustaría recordar que dicha guerra civil surgió al calor de la Primavera Árabe en 2011, que algunos ciudadanos sirios se levantaron pacíficamente contra la tiranía de Bashar Al-Asad y fueron duramente reprimidos (disparos a manifestantes, arrestos y tortura de prisioneros) y que con una esperanza ingenua (y tal vez irresponsable) muchos creímos que todos los rebeldes sirios eran iguales a aquellos manifestantes pacíficos y que defender su causa era la de defender la democracia frente a la tiranía. Reconozco que colaborar con esos rebeldes con financiación y armas me pareció terrible pero acertado, pues pensé que la participación directa (como se llevó a cabo en Libia) sería peor, y que la comunidad internacional no podía permanecer impasible ante los crímenes de Al-Asad sobre su propio pueblo (pues eso en el fondo es lo que reclamaban los partidarios de la no-intervención). El tiempo ha demostrado que las decisiones adoptadas fueron un terrible error (aunque no era fácil prever sus consecuencias exactas), pero quiero dejar bien claras las tres opciones: intervenir militarmente, colaborar con los insurgentes o contemporizar con las violaciones de Derechos Humanos de Al-Asad (la mejor para Europa, Rusia y EEUU, por cierto, la pregunta es si era la mejor para los sirios, que es de lo que va todo esto). El problema de la opción por la que se optó es que ha hecho posible el crecimiento de algo terrible, del grupo terrorista fundamentalista DAESH. Para quien no recuerde bien la cronología de los hechos, aquí hay un excelente resumen de la Guerra Civil Siria en cinco minutos. Lo que no hay que olvidar es que la ayuda de Francia al DAESH fue en su momento involuntaria (el DAESH no era aún el DAESH), que Al-Assad es un tirano sanguinario y que hace unos años fuimos muchos los ingenuos que, esperanzados, vimos en la Primavera Árabe el principio del fin de las teocracias islamistas y de tics medievales en el  Magreb y el Mashreq árabes.
          Pero Francia no ha sido el único estado occidental acusado subrepticiamente de ser responsable de los atentados de París, también EEUU. Y no he llegado a ver acusaciones hacia España, pero sí hacia su gobierno de hace una década. En fin, muchos establecen una relación causal entre la última Guerra de Irak y el nacimiento del DAESH. No obstante creo que Aznar, Bush y Blair no necesitan ser responsables de lo ocurrido en París para ser juzgados con toda severidad por aquello de lo que son responsables directos y que es ya suficientemente terrible por sí mismo: la última Guerra del Golfo, llevada a cabo por motivos espurios y en contra de una resolución directa de la ONU. Parece como si su culpa no fuera suficiente y hubiera que añadirles cada nuevo mal que tenga lugar en Oriente Medio. Pero si se trata de remontarse en la cadena causal entonces hay que retroceder algo más, pues yo diría que lo que empezó a desestabilizar la zona fue la Guerra Fría. Debemos recordar que los Estados Unidos reaccionaron a la invasión de Afganistán por parte de la URSS financiando y suministrando equipo militar a los rebeldes, lo cual también se ha revelado un error que traería consecuencias funestas a largo plazo (en ese caso y siempre que se ha hecho en la zona, como nos recuerda este artículo). Así que si la culpa de los asesinatos de París la tiene el imperialismo occidental, aquí tienen a los dos líderes de los principales imperialismos de la segunda mitad del siglo XX en el momento de los hechos:


          Estos son Leonid Brézhnev (Presidente de la URSS de 1964 a 1982) y Jimmy Carter (Presidente de los EEUU de 1977 a 1981), los principales actores en el inicio de la primera Guerra de Afganistán. Bien, tenemos a los culpables, ¿ahora qué?
          ¿Y por qué parar aquí? Si nos ponemos muy quisquillosos con los orígenes de los males de Oriente Medio, podemos ir más atrás, estos serían los responsables:


          Se trata de François Georges-Picot (en representación de Francia) y Sir Mark Sykes (en representación de Gran Bretaña) que firmaron el pacto durante la Gran Guerra por el cual Francia y Gran Bretaña se repartían Oriente Medio. O si no ellos, los responsables serían los gobiernos de sus países y más en general la política de colonización occidental.
          Podríamos ir más atrás aún, a la propia colonización, o al Imperio Otomano, o a las Cruzadas, o a la expansión del Islam, o al Imperio Romano o las conquistas de Alejandro Magno. Diseminen ustedes las responsabilidades cuanto quieran en la cadena causal de la Historia, el problema seguirá siendo el mismo, no nos habremos acercado ni una centésima más a la respuesta a nuestra pregunta: "¿Qué se debe hacer?" Podemos alcanzar a entender mejor las causas del conflicto para tratar de no repetir errores en el futuro, podremos forzar a dimitir a Obama u Hollande cuando todo haya acabado, o juzgarles, pero en este mismo instante (o mejor, hace una semana) la pregunta, obstinada y persistente, sigue en pie tras todas nuestras disquisiciones sobre el origen del mal que golpeó París: "¿Qué se debe hacer?" Ese es el dilema moral que hay que resolver y sobre el cual trataré de arrojar algo de luz empleando un pequeño experimento mental. Quien quiera conocer un poco la historia de la zona puede encontrarla en este vídeo en que se cuenta la historia de Siria en 10 minutos con 15 mapas o este artículo que explica los orígenes de la Guerra Civil Siria con 9 mapas. Pero ahora centrémonos en el atentado de París empleando para ello el ejemplo de otra guerra civil.

El atentado

          Imaginemos que durante la Guerra Civil Española los sublevados del bando franquista deciden que, puesto que la URSS está ayudando a la República con armas y otros medios, han de atacar a la URSS. Dado que el territorio de la URSS les resulta inalcanzable, deciden emplear a simpatizantes fascistas nacidos en la URSS que, en nombre de la Junta de Defensa Nacional, cometerán una serie de atentados en suelo soviético que Franco y demás líderes de la sublevación reivindicarán como propios. Dichos fascistas matan de hecho a 130 civiles inocentes en Leningrado. ¿No sería una invitación a que la URSS bombardeara las posiciones del autodenominado bando nacional en España? Y nótese que la España oficial es toda España, pero que de hecho el estado como tal, representado por su gobierno legítimo, no ha atacado a la URSS. Ciertamente la situación no es idéntica a la que nos enfrentamos, pero la duda es si las diferencias entre ambos casos son moralmente relevantes. En nuestro experimento mental todo sugiere que sería razonable que la URSS bombardeara el cuartel general del ejército sublevado.
          A las intuiciones que genera esta ficción, hay que añadirle algunas consideraciones, como la constatación de que Francia (y Estados Unidos, y Rusia, que por cierto también ha sido golpeada por el mismo terrorismo) desde septiembre de este año ya estaba tomando parte activa en la Guerra Civil Siria (como la URSS, Alemania e Italia en la Guerra Civil Española, lo cual refuerza el paralelismo) bombardeando posiciones del DAESH (y los rusos no solo del DAESH) en Siria. ¿La respuesta al atentado debería ser entonces dejar de intervenir? ¿No sería eso a todas luces admitir la derrota frente al DAESH? ¿Es esa una opción? Si un dilema es una elección forzosa entre dos posiciones contradictorias, ambas indeseables, que nos obliga a escoger el menor de dos males, entonces estamos ante uno muy serio.
          

El dilema moral

          El dilema moral no es si Francia tiene o no derecho a bombardear posiciones del DAESH en Siria (he tratado de resolver esta cuestión con el experimento mental de más arriba), ni siquiera si es mejor o no que lo haga para sus propios intereses porque el totalitarista en su versión nazi, etarra o fascislamista (gloriosa y afortunada expresión de Bernard-Henry Lévi en su indispensable artículo "La guerra, manual de instrucciones") solo ansía la aniquilación de quienes no son como él, luego lo único que le conduce a no destruirlos es que se le impida hacerlo, que de hecho los que no son como él lo hagan imposible.
          Volvamos a la primera mitad del siglo XX y escuchemos cómo suenan las palabras de aquel que dijera en 1940: "Bombardear Alemania solo servirá para generar más violencia, debemos lograr que se desarmen las partes y que entreguen las armas." No me puedo creer que nadie se tome en serio en estas circunstancias el argumento de la infinita espiral de violencia, pues no se puede ser tolerante con los actos intolerantes y la defensa de la intolerancia. O recordemos a los profetas que predijeron que la Ley de Partidos daría alas al terrorismo de ETA y que este no podría ser vencido únicamente con acción policial y judicial (aunque hay que reconocer que en esto había algo de verdad, fue necesario algo más, la repulsa, el rechazo público de la sociedad civil vasca que durante mucho tiempo consintió con su silencio pero finalmente fue capaz de vencer su más que comprensible miedo a sufrir represalias, y hay que puntualizar que en el caso que nos ocupa también son más que bienvenidas la repulsa y condena públicas e inequívocas del DAESH por parte de la comunidad musulmana).
          No, el auténtico dilema no es "¿qué le conviene hacer a Francia?", el auténtico dilema moral es este: ¿Justifica matar a inocentes el objetivo perseguido de acabar con los terroristas?
          Para responder a esta brutal cuestión hay que detenerse a analizar bien el problema. Si se tratara la cuestión dentro de una democracia la respuesta sería sencilla: no, en ningún caso está justificado. Si consideramos en cambio que la cuestión se dirime dentro de una guerra... la guerra (o al menos esta "guerra") es un juego de suma cero en que quien no vence, pierde. Si, como parece sugerir el experimento mental llevado a cabo con la Guerra Civil Española, los atentados de París son un acto de guerra, entonces el que hubiera víctimas civiles al atacar al DAESH sería un precio asumible (lo cual es decididamente terrible, y por ello nos hayamos ante un dilema brutal). El dilema en este caso es entonces decidir entre el menor de estos dos males: perder contra los fascislamistas o vencer pero sin poder evitar matar a una minoría (pero toda vida humana es preciosa) inocente (porque el mundo ideal en que los bombardeos solo matan a los malos no existe).
          Mi idea es que, de estas dos malditas opciones, la de perder contra los fascislamistas es inasumible. Tal vez empezar esta guerra podrá traer consecuencias funestas en territorio europeo (ya lo está haciendo) pero perderla las traería peores. Yo diría que si la historia nos ha enseñado algo es que la mayor parte de las intervenciones extranjeras en guerras civiles son un fracaso y casi siempre empeoran las cosas ("el infierno está lleno de buenas intenciones" decían las abuelas), pero el daño ya está hecho y no cabe volver atrás. Hay que elegir en el marco actual, con DAESH como factor determinante de cualquier movimiento. Y quien pretenda que mi dilema "ganar o perder" es un falso dilema porque habría terceras opciones tendría que entender que el DAESH no es cualquier cosa, son los nazis, son fascislamistas, porque el enemigo del DAESH es toda la civilización, su único objetivo es la aniquilación del que no sea de los suyos... y muchos no lo somos. Para el DAESH el dilema es obvio: matar o morir, y al juego de la paz dos no juegan si uno no quiere. Luego un DAESH consentido provocaría muchas más muertes inocentes que tratar de aniquilar al DAESH. De hecho ya lo está haciendo y no olvidemos que la mayor parte de las víctimas del DAESH son musulmanas y sirias, y de lo que se trata también es de defender a los sirios.
          Así que el resultado de nuestro dilema es atroz, como no podía ser de otra forma, Francia debe tratar de aniquilar a los terroristas del DAESH aunque eso sin duda implicará la muerte de inocentes, pero dejar de hacerlo sería con toda probabilidad consentir un número de víctimas inocentes mucho mayor a largo plazo (también hay que pensar que una operación con efectivos sobre suelo sirio sería probablemente más rápida... ¿pero estaría Francia dispuesta a enviar soldados a morir a Siria?, ¿sería aconsejable vista la experiencia de las guerras del Golfo?).
          Por supuesto, puedo estar equivocado, y por eso no respondo en clase de ética y solo ayudo a que los alumnos elaboren su propia respuesta, pero se responda o no a los alumnos, no se puede no tener una respuesta, porque no tenerla es también tener una repuesta, y añadir datos que nos distraen de los hechos y de la necesidad de responder, gritar cuánto se ama toda vida humana como si los demás no lo hicieran tanto como nosotros, discutir sobre intenciones y principios posponiendo sine die la acción, es lo que Jean Paul Sartre llamó mala fe.

Apéndice

          Me gustaría apuntar una cosa al hilo de las reflexiones anteriores. Francia ha podido hacer mal muchas cosas, pero hubo algo que sin duda hizo correctamente: educó a los futuros terroristas como ciudadanos y no los dejó a merced de quienes sembraron el odio en ellos. Fracasó pero lo intentó. Se trata de educar en lo que une y sustenta la democracia y el pluralismo, no en lo que separa, porque los valores cívicos nos unen a todos por igual mientras que las religiones nos separan por confesiones (a menos que sean hegemónicas como en una teocracia, pero eso es justo lo que persigue el DAESH). ¿Qué podemos pues hacer a largo plazo? Educar en los valores cívicos universales, en el laicismo. En eso hay que persistir, porque los hechos demuestran que por desgracia no es condición suficiente para la tolerancia, pero sí necesaria. Nadie invoca el nombre de Aristóteles, Kant o Stuart Mill para matar.

P.S. Hollande ha sido un zorro astuto y no nos ha dejado pensar, ha actuado antes de que el debate prosperara realmente y de repente el debate, como esta entrada, parece irrelevante, pretérito, vetusto. El problema es que la razón (incluso una tan calculadora y utilitarista como la de esta entrada) en ocasiones no es tan rápida como la voluntad quisiera... "La lechuza de Minerva levanta el vuelo al atardecer" Hegel dixit.





domingo, 1 de noviembre de 2015

De la necesidad del estudio de la filosofía

          Aquellos que sean asiduos de este blog ya sabrán muy bien de tres de mis grandes vicios: las introducciones que dan largos rodeos, las entradas demasiado extensas y el quintacolumnismo. Es sin orgullo que declaro que esta entrada no va a ser una excepción, no obstante confío en que al final de sus muchos vericuetos y sus tribulaciones autocríticas logre su objetivo principal: defender la necesidad del estudio de la historia de la filosofía en el bachillerato (a quien solo le interese esa parte puede saltar directamente a la sección final del post).
          Creo que toda defensa de la filosofía, aunque en ocasiones pueda revestirse de épica (yo mismo lo he hecho en las entradas ¿Por qué la filosofía? y No hay ética) por motivos retóricos, debe sin embargo tratar de ceñirse a los hechos si no quiere convertirse en aquello que nos pasamos la vida criticando los profesores de filosofía en clase: la erística de los sofistas. Es así que vengo leyendo encendidas y dramáticas defensas de la necesidad de la filosofía que parten de afirmar una falsedad (la desaparición de la filosofía del bachillerato) y que emplean dos argumentos contrafácticos falaces: a) si no hubiera estudio de la filosofía, entonces no habría pensamiento crítico y b) si no hubiera estudio de la filosofía, entonces no habría democracia. Soy profesor de filosofía, así que obviamente adoro mi disciplina, pues filosofía no es precisamente algo que se estudie como medio para ganar fortuna y gloria. Ahora, de ahí a tener la osadía de pretender que todo aquel que no estudie filosofía será un borrego o un antidemócrata va un trecho tan largo que creo que solo ayudará a sumar a la causa de los filósofos el apoyo de borregos capaces de creer en tamaña falsedad (generalmente el tipo de borregos que confunde filosofía con ideología, y más concretamente con su ideología).

La filosofía no desaparece del bachillerato
          "¿Cómo? ¿Qué es eso de que no desaparece la filosofía del bachillerato? ¡Si he leído artículos, posts y cartas al director que afirman que el gobierno elimina la enseñanza de la filosofía!" Pues no, no es así, y lo siento por todos esos artículos, posts y cartas al director en cuyos titulares (no siempre el cuerpo) abundan las buenas intenciones pero no el amor a la verdad. A día de hoy es obligatoria la enseñanza de la asignatura Filosofía en 1º de Bachillerato, con una dotación de cuatro horas lectivas a la semana (una más que con la ley anterior), y sus contenidos formarán parte del futuro examen de reválida (respecto al despropósito que supone ese futuro examen tal cual está planteado a día de hoy ya haré una entrada específica en el blog). Lo que sí ocurre con la nueva ley es que la asignatura de 2º de Bachillerato Historia de la Filosofía pasará de ser obligatoria a ser optativa (salvo en el Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales en que será materia de modalidad). De esta forma, la aserción "desaparece la filosofía del bachillerato" es literalmente falsa.
          Es cierto que el profesorado español de filosofía en su mayoría tiene un sesgo historicista, y probablemente en las mentes de muchos de mis colegas Filosofía e Historia de la Filosofía son equivalentes (no hay más que echar un vistazo a muchos de los libros de la asignatura Filosofía, donde un tratamiento en apariencia sincrónico de los principales interrogantes filosóficos esconde muchas mini-historias de la filosofía). Hay que decir también, en honor a la verdad, que la existencia de asignaturas de filosofía (sin tener en cuenta asignaturas de ciudadanía o ética) es algo bastante poco habitual en los bachilleratos del mundo, yo apenas tengo noticia de tres casos aparte del nuestro: Francia, Italia y Finlandia.
          En Italia se enseña filosofía como le gustaría a muchos: Historia de la Filosofía a lo largo de los tres cursos de bachillerato (primer curso Filosofía Antigua y Medieval, segundo curso Renacentista y Moderna, y tercer curso Moderna y Contemporánea). En Finlandia y Francia el enfoque es sistemático y problematizador, no histórico (espero poder dedicar una entrada del blog a defender ese modelo frente al historicista). En Francia, el modelo que mejor conozco, no se estudia filosofía hasta el último curso de bachillerato, se dan tres horas semanales en el bachillerato científico, cuatro en el económico-social y la friolera de ocho horas en el literario. En todos estos itinerarios al menos dos horas de filosofía han de ser consecutivas para favorecer hacer exámenes de dos horas, exámenes que consisten en un comentario de texto (sin preguntas guía) o una disertación. Que yo sepa no se enseña filosofía en países que tan grandes filósofos han dado como Alemania o el Reino Unido. De hecho, en la mayoría de países europeos no se enseña filosofía como tal, con una asignatura específica en el bachillerato (este informe de la UNESCO que parece decir lo contrario contabiliza asignaturas de valores éticos). Así que si nos comparamos con todos esos países afirmaciones como "la filosofía queda de facto eliminada en los institutos" da vergüenza ajena (demuestra muy poco amor por la asignatura de filosofía que a mí me parece más valiosa, la de 1º). Como mucho podríamos decir que la asignatura de Historia de la Filosofía queda arrinconada, pero es obvio que como titular no resulta suficientemente sensacionalista (pero qué somos, ¿filósofos o sofistas?).

El pensamiento crítico y la democracia no dependen de la enseñanza de la filosofía
          La verdad de esta afirmación es tan obvia que parece mentira que nadie pueda decir lo contrario, y sin embargo son muchas las defensas de la presencia de la filosofía en bachillerato que afirman cosas tales como que sin la filosofía desaparecerán tanto el pensamiento crítico como la democracia (o al menos el espíritu democrático). Vale la pena preguntarse entonces lo siguiente: ¿Aventajamos acaso en pensamiento crítico, por ejemplo, a los ciudadanos alemanes gracias a nuestros (voy a contar solo los años de la democracia) 37 años de enseñanza de la filosofía en bachillerato? ¿Es nuestra democracia superior a la británica o a la de Estados Unidos? ¿Son las virtudes cívicas y actitudes democráticas de los españoles superiores a las de aquellos ciudadanos europeos que tienen la desgracia de no estudiar filosofía en el bachillerato?
          Martin Heidegger, uno de los más grandes filósofos del siglo XX fue un nazi redomado, ¿cómo iba servida su filosofía en cuanto a democracia? La enseñanza de la filosofía en bachillerato en España existe desde el año 1953, en plena dictadura franquista, ¿es de suponer que el régimen se hacía el hara-kiri enseñando el pensamiento crítico que haría de sus ciudadanos demócratas antifranquistas?
          Está bien que nos contemos a nosotros mismos y a nuestros alumnos los cuentos de lo que idealmente es, o debería ser, la filosofía, porque es la mejor forma de acercarnos (acercarles) a dicho ideal, pero no sé si es legítimo (o filosófico) recurrir al mito cuando se trata de legislar. Sería mejor atenerse a los hechos (¿dónde ha quedado eso de que la filosofía es el paso del mito al logos?), y los hechos demuestran que los argumentos a) "si no hubiera estudio de la filosofía, entonces no habría pensamiento crítico" y b) "si no hubiera estudio de la filosofía, entonces no habría democracia" son incorrectos.
          Algun filósofo bien pensante me acusará de falacia del hombre de paja, dirá que nadie defiende que la filosofía sea condición suficiente para el pensamiento crítico y la democracia, sino tan solo condición necesaria. La democracia nació con la filosofía y la relación no es accidental. Tal vez, pero temo que podamos cometer en esta ocasión una falacia post hoc ergo propter hoc. Diría que en todo caso la democracia fue causa de la filosofía y no al revés, la democracia ateniense (o la autonomía democratizante de las colonias de Jonia) hizo necesario y posible el pensamiento discursivo de la filosofía. Tampoco deberíamos olvidar que la democracia ateniense excluía a todas las mujeres, a gran parte de los varones y permitía la esclavitud, algo que difícilmente consideraríamos hoy democrático (pero que desde luego era legitimado por muchas filosofías). También, si hubo un momento de la Historia de Europa en que la enseñanza de la filosofía fue absolutamente obligatoria (para aquellos pocos que estudiaban), fue en la Edad Media, una filosofía que muchos no dudarían en tachar de no suficientemente crítica sino dogmática, y una época en que la democracia brillaba por su ausencia (aunque ya oigo a filósofos que sostienen una interpretación whig de la historia protestando panglossianamente por mi falta de visión de conjunto).
          Tratando se salvar los muebles tal vez el filósofo bien pensante acudiría a una nueva versión deflacionaria (más aún que la anterior) del argumento de que si no hay filosofía entonces no hay pensamiento crítico y democracia, vendría a decir algo así como que "la filosofía garantiza democracia y pensamiento crítico si es buena, o si se enseña como es debido". Pero si hemos arrinconado hasta ese punto a la filosofía entonces hemos perdido: habría que demostrar que la filosofía que efectivamente se enseña y el cómo se hace son "buenos" o "cómo es debido" (lo cual parece quedar desmentido por el hecho de que los españoles no seamos más críticos ni más demócratas que otros muchos europeos que no estudian filosofía en bachillerato) y además habría que demostrar que precisamente el hecho de que dejara de ser obligatoria no la enseñanza de la filosofía, sino la historia de la filosofía, desvirtuaría su carácter fundador de la democracia y del pensamiento crítico.
          No, los argumentos a) y b) son insostenibles. Es más, son vergonzantes y contraproducentes, porque demuestran la falta de pensamiento crítico de aquel que los esgrime. El pensamiento crítico es comprendido a menudo como capacidad de crítica a la verdad o el bien oficiales, como sinónimo de sospecha de lo establecido por la mayoría o las instituciones. Sin embargo el interés del por qué crítico de la filosofía es que alcanza cualquier recoveco, y eso incluye el pensamiento propio, también el de las autodenominadas minorías críticas que creen tontamente que precisamente por el hecho de ser minorías o alternativas a lo abundante u oficial ya son críticas. Nada más lejos de la realidad. Sin ir más lejos las llamadas terapias alternativas no son las representantes del pensamiento crítico en cuanto al conocimiento y la medicina, por el contrario son dogmáticas, es la ciencia oficial la que representa el pensamiento crítico (o algo que se le acerca). Más nos vale pues a los filósofos demostrar que no somos propensos a los discursos autocomplacientes con respecto al valor de nuestra disciplina, o la presunta conexión entre pensamiento crítico y filosofía resultará a todas luces vacía de contenido.

La enseñanza de la filosofía en bachillerato es necesaria
          Ya que he mencionado las terapias alternativas (sobre mi crítica a algunas pseudociencias véanse El fantasma en la máquina I: la homeopatía y El fantasma en la máquina II: el Reiki) voy a aprovechar para emplearlas en un ejemplo que muestra por qué la enseñanza de la filosofía es, si no necesaria, como mínimo muy útil: porque combate el pensamiento mágico. Cualquier persona sensata dirá que eso ya lo hace la ciencia, y así es, pero no en el bachillerato. Las materias de ciencias en bachillerato consisten en la enseñanza de contenidos puramente científicos (afortunadamente), y no en la discusión acerca de los límites de la ciencia ni de sus fundamentos (o no explícitamente). Muchos estudiantes de bachillerato científico tienen creencias profundamente anticientíficas sin ser conscientes de ello, para ellos la ciencia es como un algoritmo que permite resolver problemas prácticos pero no implica necesariamente una visión científica de la realidad. Por el contrario en filosofía se trabaja la necesaria coherencia entre praxis y teoría, acción y principios, se enfrenta a los alumnos a preguntas por la consistencia de sus creencias, por los fundamentos de su cosmovisión.
          Como es bien sabido la filosofía es un saber de segundo orden y nos permite abstraernos de lo concreto (que es lo que se enseña en todas las demás disciplinas del bachillerato) para tratar de dotarnos de una perspectiva global que cohesiona los saberes dispersos. Muchos alumnos llegarán a clase de filosofía con espíritu crítico y con espíritu democrático (luego estos no provienen de la enseñanza de la filosofía), pero muy pocos con la capacidad de abstracción radical de la filosofía que les lleve a tener una visión salvajemente holista de la realidad. La filosofía sirve, entre otras cosas, de pegamento de saberes que de otra forma serían compartimentos estanco, y para tratar cosas que, de otra forma, no se tratarían. En biología se estudia el funcionamiento del cerebro, en física la naturaleza de la materia, ¿pero dónde cabe preguntarse sobre si mente y cerebro son la misma sustancia o no, sobre si lo mental es material en el mismo sentido en que lo es el cerebro o no, sobre si lo mental es idéntico al cerebro o es una propiedad suya, o un epifenómeno, o una función?
          Cierto, aún estudiando filosofía seguimos siendo dogmáticos, prejuiciosos e incoherentes pero como dice Deleuze "que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran...". En fin, no voy a añadir aquí más argumentos a los ya aportados en ¿Por qué la filosofía? Voy en cambio, como prometí al principio de la entrada, a tratar de dar brevemente algunas razones por la cuales creo que no solo debe enseñarse en bachillerato filosofía, sino que sería conveniente mantener la obligatoriedad de la asignatura de Historia de la Filosofía.

La enseñanza de la historia de la filosofía en bachillerato es necesaria
          ¿Qué se enseña en Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato? Me temo que varía de unas comunidades a otras, en Madrid se enseña la historia del pensamiento desde la filosofía presocrática hasta la filosofía del siglo XX, desarrollando de forma pormenorizada el pensamiento de 13 autores: Platón y Aristóteles dentro de la Filosofía Antigua; Agustín de Hipona y Tomás de Aquino dentro de la Filosofía Medieval; Descartes, Locke, Hume, Rousseau y Kant dentro de la Filosofía Moderna; y Marx, Nietzsche, Wittgenstein y Ortega y Gasset dentro de la Filosofía Contemporánea. ¿Es necesario añadir la enseñanza del pensamiento de estos autores a lo visto en la asignatura de Filosofía de 1º de Bachillerato? Creo que es muy recomendable por las siguientes razones:
  • Al estudiar distintos sistemas filosóficos los alumnos tendrán ocasión de comprender el sentido de la filosofía no ya desde el punto de vista de las respuestas que da a interrogantes concretos, sino en cuanto sistema globalizador, en tanto que estructura de ideas jerárquica y coherente, en cuanto visión del mundo.
  • El estudio de "filosofías", del pensamiento de distintos autores con teorías a menudo enfrentadas permite desterrar el sesgo que pueda tener un profesor que imparta mal la Filosofía de 1º de Bachillerato. En Historia de la Filosofía se enseñan puntos de vista dispares y el profesor, aunque sienta un profundo disgusto con unos autores y admiración por otros se ve obligado a hacerlos todos tan convincentes y sólidos como le sea posible (y otro tanto le ocurre al alumno, que se ve obligado a poner entre paréntesis su propia filosofía). Así, en Historia de la Filosofía sale reforzado el pluralismo filosófico y de este modo también la tan cacareada disposición al pensamiento crítico.

          También es cierto que si ustedes me preguntaran "Si tuviera que elegir entre enseñar en bachillerato Filosofía o Historia de la Filosofía, ¿qué elegiría?", mi respuesta sería sin duda "Filosofía" pues bien planteada habría de ser tanto o más plural que Historia de la Filosofía, ¿pero por qué habría que elegir el menor de dos males si durante años ha sido posible enseñar ambas en bachillerato? Esta falacia también tiene nombre, se llama falso dilema.


          Aunque la petición hable grandilocuentemente de "salvar la filosofía", si consideras que la asignatura de Historia de la Filosofía merece seguir siendo obligatoria en 2º de  Bachillerato y que es necesaria la enseñanza de la ética filosófica y no de variantes baratas de autoayuda en la ESO, puedes firmar esta petición en change.org 

viernes, 3 de julio de 2015

Este no es otro artículo para explicar qué está pasando en Grecia

          Vaya por delante que este no es otro artículo más para explicar qué está ocurriendo en Grecia. Carezco de elementos para elaborar una explicación profunda y dar una interpretación formada de los hechos. Por una parte mis conocimientos de economía se reducen a nociones muy rudimentarias y unos pocos fundamentos de teoría de juegos, tampoco soy experto en relaciones internacionales ni en la legislación de la Unión Europea y no me creo que por haber leído un buen número de artículos acerca de la situación en Grecia realmente pueda hacerme una idea exacta (y puede que ni tan siquiera aproximada) de dicha situación. Por otra parte no soy tifosi de Syriza ni de ningún otro partido político griego (aunque tengo a Nueva Democracia y al PASOK por culpables de la crisis griega, por lo que irían los últimos en mi lista de no ser porque ese lugar es para el infame partido neonazi Amanecer Dorado). Yo diría que el ser supermegafan de Syriza o todo lo contrario ha contribuido a sustentar la mayoría de las opiniones que estamos leyendo estos días acerca del caso griego, y juraría que, a diferencia de las opiniones vertidas por expertos en política internacional o en economía, aquellas son irrelevantes. Y por eso puede que, aunque mi artículo no pueda explicar nada sobre lo que ahora está pasando en Grecia desde el punto de vista técnico, sí pueda beneficiarse de una visión apartidista.
         Esa visión apartidista no es en absoluto neutral: siento un especial cariño por Grecia y sus gentes, siento esperanza (aunque sin mucha fe) con el proyecto de la Unión Europea a pesar de todos sus defectos y siento una profunda desconfianza hacia el FMI.
          Soy filósofo y siento Grecia como mi patria intelectual, he viajado a dicho país en dos ocasiones y son viajes que recuerdo con especial cariño (son, de hecho, los mejores viajes de mi vida), adoro la cultura griega y a los propios griegos (salvo conduciendo, en la carretera me acojonan) y me parece sencillamente terrible lo que están sufriendo.
          Respecto a la Unión Europea anhelo una política fiscal común y una Europa de las gentes, no soy ciego a los múltiples defectos de esta Unión Europea, pero quiero recordar siempre su origen, y que un pacto económico sirvió para hacer de tal manera codependientes a Francia y Alemania como para garantizar la paz, y este y no otro es el fin último de la Unión Europea. Así, frente a la ola generalizada de euroescepticismo (o antieuropeísmo) yo sigo creyendo en el proyecto de la Unión Europea, y quiero que paulatinamente desaparezcan las patrias bajo la Novena de Beethoven.
          Por fin, el FMI y el Banco Mundial tienen un mandato que es combatir la pobreza, pero en este caso veo un abismo mucho más grande que en el caso de la Unión Europea entre sus fines y sus actos. Es más, me parece increíble que a estas alturas nadie pueda confiar en un organismo que tuvo como presidente a alguien como Rodrigo Rato, estafador profesional.

          Más allá de mis simpatías y antipatías hay que abordar (en la medida de mis posibilidades) los hechos: el origen de la crisis de deuda griega es la corrupción generalizada de su sistema político y más concretamente de los dos principales partidos Nueva Democracia y el PASOK. La entrada en el en el euro en 2001 cumpliendo aparentemente con los criterios del tratado de Maastricht fue un espejismo, y Nueva Democracia, con ayuda de Goldman Sachs, presentó durante años cuentas falsas en años posteriores. Debido a esto la gran recesión de 2008 originada en los Estados Unidos golpeó con especial severidad a Grecia de tal forma que la agencias de calificación rebajaron la deuda del país heleno a la categoría de "bono basura". En 2010, ante la inminencia de la bancarrota del estado heleno el gobierno solicitó un primer rescate a la Comisión Europea, el BCE y el FMI por valor de 110.000 millones de euros y fue concedido a cambio de la implantación de medidas de austeridad, reformas estructurales y la privatización de empresas públicas. En 2012 hubo un segundo rescate por valor de 130.000 millones de euros. Desde el punto de vista social los años de crisis en Grecia han tenido como consecuencias una merma significativa de los niveles de salud y disminución de la esperanza de vida, emigración forzosa, deterioro de los servicios públicos y en general aumento de la pobreza y la desigualdad. Obviamente esta relatoría de hechos es demasiado sintética, pero es cuando puedo permitirme aquí.
          El presente, como todos sabemos, es que el pasado domingo 28 vencía el plazo para la concesión de un tercer rescate y que el próximo domingo 5 se celebrará un referéndum en Grecia para aprobar o no los términos de dicho rescate propuestos por la Comisión Europea, el BCE y el FMI. La papeleta de voto reza "¿Debe ser aceptado el acuerdo propuesto, que fue presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25/06/2015 y que consiste en dos partes, las cuales constituyen su propuesta unificada?" y a continuación se especifican los títulos de los documentos en cuestión y se ofrecen dos simples opciones: "sí" o "no". Los puntos centrales de la propuesta son una ampliación de la base del IVA y una reducción drástica del número de personas que pueden optar a un retiro anticipado, así como más acciones para reducir la evasión fiscal y acabar con la corrupción. Para el gobierno de Tsipras básicamente se trata de un nuevo memorándum de la troika que supone continuar con las políticas de austeridad sin visos de mejora.

          Son tres al menos los Premio Nobel de Economía que han escrito sobre el inminente referéndum convocado por el Primer Ministro heleno Alexis Tsipras: Joseph Stiglitz y Paul Krugman defienden (como el gobierno griego) el "no", y el griego Christopher Pissarides pide el "sí". Aspectos respecto a los que hay relativo consenso son: a) la deuda helena es impagable (al menos en un futuro próximo) por lo que es necesaria una nueva quita, b) los dos primeros rescates fueron íntegros para pagar a acreedores por lo que Grecia no pudo realmente disponer de ellos y c) las políticas de austeridad llevadas hasta ahora no permiten resolver la crisis griega. Ninguna de estas tres cosas implica que haya que abrazar necesariamente el neokeynesianismo de Stigliz o Krugman, pero sí señala que es necesario otro rumbo (o al menos otra cadencia) en las reformas que debe asumir Grecia y sugiere una reestructuración de la deuda.
          También hay que tener en cuenta que, si bien el FMI es una entidad conformada por presuntos expertos tecnócratas, y por tanto presuntamente independiente políticamente, un think tank elegido de espaldas a la ciudadanía, no así la Comisión Europea, en el que están presentes ministros de economía de los distintos países de la Unión Europea y que por lo tanto actúan como representantes de sus diversos estados (esto lo preciso porque una forma de simplificar el debate es "soberanía griega versus dictadura europea", cuando lo que hay, al menos en parte, es un conflicto internacional entre distintos estados soberanos lo cual, todo sea dicho, no es sino un síntoma más de que la Unión Europea no funciona mejor que nuestro triste estado de las autonomías en que en lugar de una política común hay una pugna por satisfacer intereses regionales).

          Y ahora por fin, con las cartas sobre la mesa (pido disculpas por mi manía de escribir entradas que consisten en un larguísimo preámbulo seguido de una conclusión) abordemos el asunto del referéndum que para unos es una grave irresponsabilidad y para otros la cima de la democracia occidental (y vaya por delante que no voy a defender ni el "sí" ni el "no", atreverse a pronunciarse sobre ello sin vivir en Grecia y sin conocer los pormenores del pacto propuesto por el Eurogrupo, las alternativas y las consecuencias del mismo me parece obsceno).
          El asunto del referéndum se está abordando de forma harto tramposa, pues hay quienes argumentan a favor de este referéndum defendiendo la necesidad de referendums en general, pero una cosa es la teoría política abstracta y otra el ejercicio práctico de la política. Que los referendums sean un instrumento necesario de participación directa en democracia no implica necesariamente que todo referéndum sea bueno para la democracia y ahonde en la misma (por poner un ejemplo, un referéndum acerca de si instaurar la pena de muerte o no a mí me parecería terrible para nuestra democracia). Por lo tanto es necesario medir la pertinencia de este referéndum (no su legitimidad, que no está en absoluto en entredicho), así como su forma y contenido.
         En política las medidas son pertinentes si son oportunas, y eso hace que haya que plantearse si el referéndum ha sido convocado adecuadamente en tiempo y forma. Desde mi punto de vista este referéndum es inoportuno y satisface intereses puramente partidistas. Por una parte es precipitado, se hace referencia en la papeleta de voto a un documento técnico de varias páginas cuya firma o no arrastra importantes consecuencias que son difíciles de imaginar para el (como yo) ciudadano medio (por lo que de hecho el referéndum se usa como plebiscito sobre el gobierno mismo de Grecia "¿A quién queréis más, a mamá Syriza o a la madrastra UE?", lo cual es una simplificación rastrera). Por otra es inútil, pues se vota la aprobación de un acuerdo cuyo plazo expiró el domingo pasado y que por tanto no es válido (podemos votar ahora acerca de si firmar o no el tratado de Tordesillas con Portugal, pero nada cambiará el hecho de que ya fue firmado, y nada cambiará el hecho de que el acuerdo que menciona la papeleta del referéndum ya no ha sido firmado).
          ¿Por qué digo que es partidista el referéndum? Porque Tsipras ya había aceptado el acuerdo o se mostraba dispuesto a aceptarlo, pero parte de su partido no iba a hacerlo, esto es, probablemente el Parlamento griego no iba a aceptarlo. ¿Qué hacer? ¿Quedar como el Primer Ministro que promete el fin de la austeridad y luego cede, y al que deben sacar los colores sus correligionarios convirtiéndolo en un traidor? Tsipras no ha querido ser Papandreu, ha querido salvarse y ha huido.
          La decisión a tomar es difícil, el acuerdo es complejo, entender las líneas principales del documento y sobretodo conocer sus consecuencias (así como el punto de partida: ¿cuánto dinero hay en la hucha, hasta cuándo se va a poder pagar las pensiones, el subsidio de desempleo, los salarios de los funcionarios públicos?) no están al alcance de cualquiera. Este tipo de decisiones son el fundamento de la democracia representativa y Tsipras ha rehuido su responsabilidad como representante delegando en el pueblo una responsabilidad que este no está en condiciones de asumir. ¿Cómo, estoy sugiriendo que el pueblo no es soberano, que no debe dejarse que decida? No, digo que si se considera que los acuerdos con la UE, la solicitud de un rescate, son algo que debe ser aprobado en referéndum, si realmente Tsipras considera que no tiene autoridad para firmar tal acuerdo, si ama los referendums como instrumento democrático, entonces debería haberlo convocado antes. Muchos ahora consideran que los votos de los griegos están "secuestrados": se votará con miedo o con el bolsillo dicen algunos, yo añado que se votará también borrachos de nacionalismo, ideología y revanchismo. El voto no está secuestrado, pero no es más que formalmente libre, porque ante la urgencia es difícil tomar la distancia necesaria para evaluar sensatamente las opciones, un referéndum a empujones no es precisamente el ideal de la democracia.
          ¿Por qué no se convocó el referéndum hace un mes? La réplica parece obvia: no había propuesta concreta a evaluar. La contraréplica me resulta igual de obvia: tampoco ahora la hay, dicha propuesta ya no está vigente, y además, según Tsipras y Varoufakis no se trata realmente de votar ese documento sino en contra o a favor de las políticas de austeridad, o a favor o en contra de reestructurar la deuda, o a favor o en contra de seguir negociando o romper con la UE, o a favor o en contra de seguir en el euro o recuperar la soberanía monetaria (la única soberanía que ha sido realmente cedida por los estados miembros de la UE, además de aceptar someterse a una legislación común). En fin, si realmente el referéndum esconde una debate mayor, sin duda podía haberse planteado hace meses. Es más, creo que, si realmente Tsipras considera que su respaldo electoral no es suficiente para firmar rescates y es necesario un referéndum, debería haber convocado dicho referéndum al principio de su mandato para tomarlo como hoja de ruta (aunque lo que hizo era lo sensato, tomar como hoja de ruta su programa electoral, pues ahí están los principios que votaron los ciudadanos griegos en las últimas elecciones generales).
          Por otra parte la política es (ha de ser) ventajista (respetando ciertas líneas rojas como los Derechos Humanos), basada en las consecuencias y el mayor bien para la mayoría (una vez más, respetando ciertas líneas rojas). Desde este punto de vista solo el futuro podrá decirnos realmente si este referéndum ha sido útil o no: si permite al pueblo Griego vivir mejor sí, de lo contrario no; si no debilita a la Unión europea sí, de lo contrario no (esto último muchos lo ven al revés, pero yo me declaro europeísta apátrida, y anhelo que la UE vaya a más y a mejor). A priori sabemos que si esta catarsis no consigue reencauzar la gestión de la crisis griega solo habrá servido para encarecer el rescate, pero tal vez haya servido para poner sobre la mesa las dimensiones del problema y permitir una nueva quita (sí, ya ha habido quitas de la deuda griega) y una reestructuración de la deuda. Desde mi punto de vista esto no cambiaría mi idea de que Tsipras ha obrado cobardemente, pero igual que las buenas intenciones en ocasiones conducen a grandes desastres, a veces intenciones espurias son motores del progreso. Sin ir más lejos el propio FMI acaba de reconocer que la deuda es impagable, luego este referéndum chapucero tal vez no sea sino un capítulo de la astucia de la razón hegeliana.

lunes, 29 de junio de 2015

El profesor enrollado

          Jamás entenderé a esos alumnos que siguen a alguno de sus profesores como si se tratara de un gurú espiritual. Entiendo que la sabiduría o la excelencia a la hora de transmitirla causen admiración en los alumnos, pero de ahí a convertir a un profesor en referencia, a seguirle (literalmente) por doquier, más allá de las clases, en sus conferencias, en sus viajes, en su activismo... 
          Hay alumnos que están deseando ser borregos pero creen que porque su profesor sea abanderado de la rebeldía la irradia a aquellos que le siguen. Pero no, quien sigue es que es eso, un borrego, porque el rebelde se declara insumiso ante el poder y no solo ante el poder vetusto y lejano, sino precisamente ante el cercano, verbigracia, el de sus educadores (sus padres, sus profesores, la generación anterior).
          El profesor enrollado le usurpa a los alumnos uno de sus más preciados derechos: el de odiar al profesor como a un enemigo, como el poder establecido. Es más, el profesor enrollado usurpa a los alumnos su esencia misma, los desposee de su ser como sujetos dominados por él, pues de boquilla pretende que no ejerce dominación alguna, que es su igual. Pero la realidad es que ejerce su monopolio del uso legítimo de la violencia: tiene potestad para imponer sanciones y es quien evalúa el trabajo de los alumnos. ¡Y cuánto odia evaluar el profesor enrollado! Lógico, ¿quién es él para evaluar a sus iguales?
          Los alumnos que acompañan al profesor enrollado me recuerdan a esos niños que veo con sus padres en el barrio Salamanca de Madrid que son una copia en miniatura de su progenitor: los mismos zapatos náuticos, los mismos pantalones azul marino, el mismo Barbour... Un alumno, como un hijo, si se quiere rebelde puede permitirse sentir un respeto reverencial por generaciones pasadas, por sus abuelos, amarlos y admirarlos, pero no por sus padres, por la generación inmediatamente anterior (al menos mientras es alumno), a estos toca odiarlos porque el presente se construye sobre las ruinas de ese pasado. Pero el profesor enrollado lo que no admite es conjugar el pretérito, cree vivir un presente eterno. ¡Qué coño! ¡Él se siente tan joven como sus alumnos! No se los folla porque es un ser éticamente superior, su principio de placer freudiano se ve sublimado con la satisfacción de su narcisismo mediante la admiración, la reverencia, la idolatría. El profesor enrollado es aspirante a profeta y los que le siguen son, ¿cómo no?, borregos.
          En lo intelectual a mi generación le tocaba odiar a los que ahora tienen 50 o 55, abjurar de sus neuras de postmoderno con mala conciencia, de su postmarxismo quiero y no puedo, de su resentimiento de generación que se creía revolucionaria y estuvo siempre al margen del cambio político (eso sí, tan convencida de haber participado épicamente en él como un adolescente que tuitea algo sobre una revolución en un lugar remoto). Seguramente soy injusto con dicha generación. Obvio, es lo que me toca ser (salvo que quiera ser conservador, porque por mucho que la doctrina que herede sea la de Foucault o Negri, si es heredada entonces es, como toda herencia, conservadora).
          A la generación del 15-M le tocaba darnos por culo a nosotros (yo nací en el 78, como Pablo Iglesias Turrión), y pareció que así era, ellos despertaron y nosotros ni pasábamos por ahí. Eso sí, enseguida, con nuestro tic de profesor enrollado dijimos: "Oid, nosotros somos vosotros." Y lo que es peor, los muy gilipollas nos creyeron. Pablo Iglesias (y tal vez yo a pequeña escala, qué horror) es el epítome del profesor enrollado y simultáneamente del alumno sumiso, se ha tragado el rollo infumable del populismo laclauliano de la generación anterior (esto yo no) y se lo ha contagiado a la generación siguiente. A mí me habría dado vergüenza ir de la manita de mi profesor a cambiar mi país, a menos que mi profesor hubiera sido aquel catedrático mayor y venerable estilo Manuela Carmena, y me sorprende sobremanera que los que abjuraban de algunos quincemayistas que como Fabio Gándara no aspiraban al liderazgo (el tiempo lo ha demostrado) pero tenían carisma, se hayan echado en brazos de los todólogos de las facultades de Filosofía, Sociología y Ciencias Políticas de la Complutense (de lo más rancio de la rancia universidad española), donde la concentración de profesores enrollados por metro cuadrado es hegemónica (en sentido coloquial y en sentido gramsciano).
          Todo buen alumno debe odiar a su profesor. Más cuanto más cercano sea este porque entonces sus mecanismos de control serán aún más sibilinos: la ideología pasa por ciencia, la conformidad por crítica (porque la crítica hecha por la generación anterior deviene ortodoxia con el paso de los años, aun cuando sea una ortodoxia en "lo alternativo"), el interés generacional por universal, lo viejo por joven, la dominación por rebeldía (y eso le hace creer al borrego que en realidad no lo es, cuando lo es). En fin, por eso me choca tanto el seguidismo sumiso que he descubierto en los estudiantes de unas carreras a las que se les supone una rebeldía de serie, en Filosofía y Ciencias Políticas, porque todo alumno ha sabido siempre que al final, el profesor enrollado, te la mete doblada.


miércoles, 6 de mayo de 2015

El fantasma en la máquina II: el Reiki

     En la primera entrega de esta entrada, "El fantasma en la máquina I: la homeopatía", partía del concepto de "fantasma en la máquina" con el que el filósofo Gilbert Ryle definió el dualismo cartesiano y lo aplicaba a ciertas pseudociencias que pretenden que lo inmaterial (sea esto lo que sea), el fantasma, interactúe con lo físico, la máquina. Así, decía allí, "mucha gente está dispuesta a admitir el mágico efecto de lo que no existe físicamente (la molécula ausente en el medicamento homeopático, el campo de energía de los cuerpos en el Reiki) sobre lo físico (sobre la carne y los huesos humanos, sobre la materia, sobre nuestros cuerpos enfermos)". En la anterior entrada, me centré en el caso de la homeopatía, aquí abordaré el caso del Reiki.

Otra terapia fantasmal: el Reiki

     El Reiki, en japonés "energía universal", (no voy a distinguirlo de la terapia del biocampo o del toque terapéutico, pues comparten los mismos principios) consiste en presuntamente canalizar a través de las manos, que nunca llegan a tocar al paciente, una fuente de vibración (ojo, pero no el airecillo por mover las manos, es vibración "energética"), que está fuera, hacia uno mismo o hacia otras personas para curar enfermedades físicas o sanar emociones. El fantasma en este caso recibe el nombre científico de "energía" (o sea, trabajo, o masa acelerada al cuadrado), pero no describe ningún hecho físico real, sino el espacio entre las manos y el cuerpo del paciente, esto es, al aire, aunque esto sería solo un caso particular ya que el Reiki trabaja con la "energía vital universal" (en este caso cada alma no sería un fantasma, sino que existiría más bien un alma del universo, un fantasma omnipresente). Ciñéndose a los hechos, el Reiki es sanación por imposición de manos (a una distancia prudencial): una mano a 10 cm de mi riñón presuntamente podría curarme mi insuficiencia renal porque de hecho esta sería fruto de un desequilibrio energético producido por una falta de sintonía entre mi alma y mi cuerpo que esa mano, moviéndose a 10 centímetros de mi riñón o del resto de mi cuerpo, puede resolver (o si no curarme, como mínimo me aliviará el dolor). El Reiki resintoniza al fantasma y la máquina, que si ya es difícil explicar su interacción estando sintonizados, imagínense si además cada uno puede tener su propia frecuencia.
     Emily Rosa, con solo once años se convirtió en la más persona más joven que jamás hubiera publicado un artículo en una revista científica con un sencillo experimento que refutaba la validez de la terapia del toque terapéutico (basada en los mismos principios que el Reiki):
Emily ideó un experimento simple para comprobar si los practicantes del Toque Terapéutico sienten realmente un “campo humano de energía”, tal como dicen. La terapeuta y Emily estaban sentadas a una mesa, una frente a la otra, separadas por una pantalla opaca, en cuya base se habían recortado dos agujeros. La terapeuta colocaba en ellos las manos, cubiertas por una toalla. Antes de cada serie de pruebas, se le daba un tiempo para que “se concentrara” o hiciera las preparaciones mentales que juzgara necesarias. Emily lanzaba una moneda al aire y, de acuerdo con el resultado, situaba su mano derecha o izquierda a unos diez centímetros por encima de una mano de la terapeuta. Entonces le preguntaba qué mano estaba más cerca de la suya; la terapeuta disponía del tiempo que quisiera para decidir.
Alan Sokal, Más allá de las imposturas intelectuales

     En 280 pruebas con 21 terapeutas, el 44% de ellos escogieron la opción correcta, esto es, ligeramente por debajo de la posibilidad estadística de acertar por puro cálculo de probabilidades. Futuros terapeutas se han guardado muy mucho de someterse a pruebas semejantes, ojos que no ven... (se han hecho no obstante estudios más rigurosos tras el experimento de Emily Rosa, que no hacen sino confirmar sus resultados).

"Alteración del campo de energía": no es ciencia todo lo que reluce

     Como decía en la anterior entrada, parte de la fuerza persuasiva del Reiki y otras pseudociencias estriba en su jerga. Ciertamente la palabra "energía" describe algo (la capacidad para hacer), y existen los campos eléctricos y los campos magnéticos, pero ambos son campos físicos (y no místicos, ni espirituales), como físicas son también las vibraciones (propagación de ondas, perturbaciones tensionales en un medio continuo). Si mezclamos estos conceptos que describen realidades físicas para referirnos a otra cosa que no es su referente real parecerán tener significado careciendo no obstante de referencia (como el concepto de unicornio, que tiene significado por la fusión de los conceptos de caballo y cuerno, careciendo no obstante de referencia real). Y sin embargo se habrá conseguido el efecto deseado, por el uso de expresiones de carácter científico se habrá investido a esa entelequia inventada del prestigio del lenguaje científico, de su aura de certidumbre y fiabilidad. Las creencias pseudocientíficas pues, a diferencia de las creencias religiosas, pretenden estar basadas en la evidencia, en el conocimiento racional y científico y no en la fe, y no solo lo pretenden, pasan por estarlo, son tenidas por tales, el disfraz científico funciona. Pero aunque la magia se vista de ciencia, magia se queda.
     Un ejemplo del éxito del abuso del lenguaje científico relacionado con el Reiki sería que increíblemente existía un diagnóstico enfermero llamado "alteración del campo de energía" en la taxonomía de diagnósticos de NANDA (la asociación internacional encargada de estandarizar los diagnósticos de enfermería) hasta este año 2015 en que ha sido retirado porque "toda la literatura que defiende este diagnóstico trata de la intervención más bien que del diagnóstico enfermero propiamente dicho" (¿quién lo iba a sospechar?). Dado que la "alteración del campo de energía" no refiere a nada, es fácil que el Reiki sea la mejor terapia para curar eso que no existe, ninguna terapia real podría curar lo que no es nada. Que dicho diagnóstico figurara en la taxonomía NANDA se debe al mal que ha hecho a la enfermería científica el hippismo y postmodernismo de ciertas teóricas como Martha Rogers. Afortunadamente la taxonomía NANDA ha sido revisada implementando el nivel de los criterios de evidencia, lo que ha dejado fuera de la ecuación eso que puede que suene científico (aunque a mí me suena más a los midiclorianos de Star Wars o a los poderes de Susan Storm) pero que de hecho no lo es: que hay un campo de energía rodeando nuestros cuerpos, y que puede sufrir alteraciones (con lo que mover las manos a su alrededor podría corregir dichas alteraciones).
     El diagnóstico enfermero (insisto, desde 2015 no admitido ya como tal) de "alteración del campo de energía" ha funcionado como un cajón de sastre en que ha caído toda terapia alternativa que no haya probado su eficacia para hacer frente a cualquier otro diagnóstico real, y es lo que ha dado pie a la intrusión del Reiki en hospitales públicos tanto en aulas de formación, como en proyectos de investigación, como en atención terapéutica (por ejemplo en el Hospital de Guadarrama de Madrid). Revistas de referencia en enfermería en España como Metas de enfermería han publicado estudios de escasa validez científica sobre el Reiki. Teniendo en cuenta que falsar la efectividad del Reiki es algo que como hemos visto está al alcance de una niña de once años (muy lista y honesta, eso sí), desde mi punto de vista esto último habla muy mal de estas publicaciones y de cierta investigación que se hace en enfermería en este país (¿resolverán los estudios de grado este problema?). Prestemos ahora atención a dos de estos artículos.

Un par de estudios recientes

     La mayor parte de estudios que concluyen a favor del uso de terapias alternativas o complementarias no respetan el método científico y presentan un claro sesgo de información, mientras que la evidencia científica en contra es cuantiosa pero sistemáticamente ignorada por sus defensores. Permítanme comparar dos estudios publicados en Metas de enfermería: "Impacto del Reiki en el manejo del dolor por pancreatitis aguda" (estudio realizado en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid) y "Aplicación de la terapia Reiki en el cuidado de pacientes con perturbación del campo de energía" (estudio realizado en el Hospital de Guadarrama de Madrid).
     Aunque ambos me ponen los pelos de punta solo por el hecho de poner de manifiesto que el Reiki tiene hueco en hospitales públicos, el primero pretende medir algo cuantificable objetivamente, es honesto en su método (utiliza un doble ciego con grupo control para aislar la variable individual, y reconoce que el tamaño muestral es escaso) y en sus resultados, pero no completamente, pues presenta cierta resistencia a aceptar dichos resultados añadiendo varias conclusiones ad hoc. El estudio concluye que "no se produjeron diferencias estadísticamente significativas entre los tres grupos [el de pacientes tratados con Reiki, el de aquellos tratados con Reiki placebo y el de aquellos no tratados con Reiki] en lo que a las mediciones del dolor se refiere", pero añade que el Reiki "podría ser más eficaz en el dolor crónico, pero no en el agudo" y que si no hay diferencia en los resultados de Reiki auténtico (practicado por maestros) y Reiki placebo (practicado por voluntarios sin formación) esto "se podría relacionar con la capacidad que todos tenemos para transmitir energía". Con ambas afirmaciones se está cometiendo una falacia de petición de principio, pues se da por hecho al menos parcialmente justo aquello que debería probarse. En cualquier caso, respecto al impacto del Reiki en el manejo del dolor por pancreatitis aguda, "los resultados obtenidos en este estudio parecen estar en la misma línea de resultados que algunas publicaciones con estudios similares al nuestro que no han encontrado relación entre el manejo del dolor y la utilización de este tipo de terapias".
     Menos honesto es el segundo estudio, nada sorprendente por otra parte si se parte de un diagnóstico errado, la famosa "perturbación del campo de energía" que ya no es tenida por un diagnóstico válido por NANDA (aunque probablemente lo fuera aún en el momento de hacerse el estudio). Es cierto que es más una memoria de resultados que un experimento científico (aparece en el apartado "Gestion sanitaria" de Metas de enfermería, y no, no lo hace como ejemplo de mala gestión), pues no hace esfuerzo alguno por aislar la variable individual (la terapia Reiki): "los indicadores recogidos dependen de múltiples factores, no exclusivamente de la terapia Reiki, como medicación, evolución de la enfermedad, estado emocional, nivel sociocultural, creencias, etc." El "no exclusivamente" es aquí fundamental, ¿pues cómo se sabe que la terapia Reiki ha contribuido en algo al bienestar del paciente, si precisamente los resultados del estudio son fruto de la acción simultánea de varios factores (algunos de probada eficacia)? Nueva falacia de petición de principio, se da por hecho la efectividad del tratamiento por Reiki, cuando es precisamente aquello que habría que probar. El caso es que la terapia perece tener aceptación, así que se subraya "la necesidad de más personal cualificado para su realización". Obvio: no hay conclusiones válidas... luego invirtamos más en ello.

Fantasmas, placebos y Sanidad Pública

     Personalmente, pensar que parte de los valiosos y cada vez más escasos recursos del sistema público de salud (el tiempo siendo uno de los recursos fundamentales) se dedique a estas terapias, tanto a su ejercicio como a su investigación y estudio, me parece escandaloso. Y si se considera que es tiempo dedicado al cuidado integral del paciente, a tratar también sus necesidades afectivas y psicológicas y no solo las físicas, entonces que sea denominado como tal. Es fácil que un paciente al que se le dedica la atención personalizada que supone el Reiki se sienta mejor, pero no por el reequilibrio de su inexistente campo de energía alterado, sino por el contacto, que es algo que con toda seguridad sí necesitamos los seres humanos. El modelo naturalista de actuación enfermera de Florence Nigthingale o modelos de ayuda basados en la psicología humanista como los de Virginia Henderson o de Dorothea Orem dan perfecta cuenta de esto, los añadidos pseudocientíficos de campos de energía no aportan nada al modelo, lo desvirtúan, lo fantasmagorizan.
     Propongo como posible experimento que en lugar de Reiki se lleve a cabo, por ejemplo, una "terapia por lectura". Se informaría al paciente de que el dolor y el confort dependen en parte de su forma de afrontarlos, que su optimismo y el contacto humano pueden influir positivamente en su condición, porque pueden liberar neurotransmisores (endorfinas) que actúan como calmantes (hay evidencia de que distracción y compañía suben el umbral de dolor), y por ello se va a proceder a acompañarle media hora diaria, leyéndole un libro. Se le preguntaría al paciente qué libro o historia querría que se le leyera (tal vez un relato de la infancia, algo que recuerde momentos felices, que le haga sentirse querido...), y se le leería regularmente, dedicándole a la lectura el tiempo que se dedicaría a sesiones de Reiki. Esa sería la terapia: leerle a un paciente cogiéndole la mano, todos los días. Me juego el cuello a que los resultados también mostrarían "una mejora sustancial de la ansiedad, la angustia, el miedo y la confortabilidad, además de una disminución del insomnio y el dolor", así como "aumento de la empatía entre el paciente y los profesionales enfermeros", como aparece en el estudio del Hospital de Guadarrama citado más arriba. Yo preferiría esta "terapia por lectura" porque me parece un placebo mucho más honesto y que no contradice nuestras teorías científicas.
     Hay una verdad en lo que los maestros de Reiki dicen: "Autosanamos nosotros, es una capacidad natural que todos tenemos". Pero afirmar esto no es honestidad, es una forma de hacer infalsable la teoría propia: si yo no sano a mi paciente no es por incapacidad mía o de mi método, sino del paciente. Claro, es lo que tiene el efecto placebo, que si el enfermo no cree que realmente le ha sido dado un medicamento que es de utilidad, entonces no funciona. Y del efecto placebo sí que hay evidencia científica (véase el final del próximo vídeo) y lo que es más importante, una explicación de su mecanismo causal. Vamos, que el efecto placebo funciona, pero claro, alguien tiene que darnos el placebo, no podemos dárnoslo nosotros. La paradoja es que, o nos engañan, o no hay efecto placebo. ¿Pero de verdad queremos ser engañados, no deberíamos exigir terapias de cuya eficacia haya evidencia, que no establezcan solo correlaciones sino también relaciones causales? Hay a quien no le importa (y por eso estas terapias siguen vivas), como la paciente de este vídeo sobre el experimento de Emily Rosa y el toque terapéutico (segundo 54):

 

     "No necesito explicaciones, porque tengo fe en el proceso, eso es algo realmente maravilloso, cuando te sientes indefensa, aterrada, cuando te han dado un diagnóstico, como me ocurrió a mí." Marx diría que el Reiki es el opio postmoderno del pueblo, es pura analgesia por convicción. Y mucha gente dirá: "bueno, si el autoengaño funciona..."
     Yo preferiría que el engaño no existiera, porque sin respeto a la verdad no hay conocimiento científico (y por tanto no habría quimioterapia, vacunas o analgésicos), porque el engaño que vende prácticas inocuas no es él mismo inocuo, pues puede llevar a algunos pacientes a renunciar a un tratamiento real, basado en la evidencia científica, y por tanto poner en riesgo su salud y en casos extremos sus vidas (por mucho que los terapeutas insistan en que sus terapias son complementarias y no alternativas). No obstante, lo mínimo que pido es que no se engañe con mi dinero, y que por tanto se engañe en los sitios tradicionales: los templos, iglesias, santuarios y consultas de videntes. Esos son lugares en los que decir "tengo fe" cobra todo su sentido, no en los hospitales públicos. 

     Gracias a Elena Vacas Tapia por su asesoramiento en temas de enfermería.

jueves, 23 de abril de 2015

El fantasma en la máquina I: la homeopatía

En memoria de Rocío Orsi Portalo, la persona más sabia que he conocido

Descartes y el fantasma en la máquina

     Descartes es el padre de la filosofía moderna y de una concepción dualista del ser humano que distingue entre dos sustancias: alma y cuerpo. El alma es, según Descartes, "res cogitans" (cosa pensante) libre, inmaterial e inmortal. Por otra parte el cuerpo es "res extensa" (cosa extensa) y por tanto es materia sujeta a las leyes de la física. La primera es etérea, esto es, carece de existencia física, es imperceptible para los sentidos porque es, desde el punto de vista de la existencia material, inexistente. Por el contrario todo objeto material, como un cuerpo, ofrece resistencia, ocupa un lugar en el espacio e interactúa con otros cuerpos de forma puramente mecánica, por contacto.
     La concepción cartesiana de la mente ha impregnado nuestra cultura hasta el punto de que muchos son más o menos intuitivamente cartesianos (entre otras cosas porque el universo dualista encaja perfectamente con la mayor parte de creencias religiosas, es más, es fruto del intento de Descartes por hacer compatible la metafísica con el universo mecanicista de la modernidad). Dicha concepción de lo mental entraña un problema de difícil solución (por no decir irresoluble), que ha llevado a la mayor parte de filósofos de la mente a abandonar el dualismo de sustancias (a pesar de sus innegables ventajas, verbigracia, ser compatible con el libre arbitrio y con la inmortalidad). Dicho problema es el de la interacción del alma y el cuerpo, lo que el filósofo Gilbert Ryle bautizó como el problema del "fantasma en la máquina".


     El problema del fantasma en la máquina es el siguiente: si el alma es, por definición, no material y por tanto físicamente inexistente, ¿cómo puede mover el cuerpo si este es, por definición, pura extensión y solo se mueve por contacto con algo físico que le transmita dicho movimiento? ¿Qué parte del alma contacta con o empuja los átomos del cuerpo para moverlos? ¿Cómo el pensamiento, que carece de componentes materiales, se transforma en impulso nervioso? Si el fantasma es incorpóreo e inmaterial, ¿cómo puede ni tan siquiera asir los mandos de esa máquina que sería el cuerpo? Este problema, el de la causación mental, es uno de los más complejos de la filosofía de la mente, y lo es especialmente si uno acepta el universo dualista cartesiano.
     A día de hoy hay múltiples teorías en filosofía de la mente que tratan de solventar dicho problema, y en general lo que hacen es desistir de la hipótesis del fantasma (del alma incorpórea), pero la religión ha acostumbrado a mucha gente a concebir la mente de esa forma fantasmal, como alma, y a aceptar como natural su mágico control sobre el cuerpo. El cartesianismo ha triunfado en su versión para el vulgo y en la era contemporánea muchos están dispuestos a aceptar la acción de entidades físicamente inexistentes sobre los cuerpos. Eso es lo que lleva a que mucha gente esté dispuesta a admitir el mágico efecto de lo que no existe físicamente (la molécula ausente en el medicamento homeopático, el campo de energía de los cuerpos en el Reiki) sobre lo físico (sobre la carne y los huesos humanos, sobre la materia, sobre nuestros cuerpos enfermos). Dos perfectos ejemplos pues de acción del fantasma en la máquina serían la homeopatía y el Reiki. 

Una terapia fantasmal: la homeopatía

     La homeopatía consiste en curar con aquello que enferma pues presuntamente "lo semejante cura lo semejante", pero como resulta obvio que un segundo atropello no nos curaría de otro previo, la homeopatía defiende que eso "semejante" que podría curarnos debe someterse a diluciones sucesivas en agua que de facto hacen desaparecer el compuesto original pero permaneciendo en la "memoria" del agua (todo el mundo sabe que el agua, como los elefantes, nunca olvida). Hahnemann, el padre fundador, pensó que las causas subyacentes de las enfermedades eran fenómenos que llamó "miasmas" y que las fórmulas homeopáticas actuaban sobre ellos, y sin duda lo hacen, de la misma forma que las balas de plata son un remedio infalible contra los licántropos. Otra cosa es ya sobre las enfermedades reales. No hay "miasmas" que tratar, y tampoco hay tratamiento pues tras cada una de las diluciones va quedando una menor cantidad de moléculas de la sustancia original por litro de solución hasta estar la solución tan diluida que la probabilidad de encontrar una única molécula de la sustancia original en un litro del producto final tiende a cero. Por ello la homeopatía carece de efectos secundarios, es más, es imposible que los tenga se empeñan en asegurar sus defensores, y esto es así porque carece también de efectos primarios. La homeopatía es inocua (para bien y para mal), pues en el medicamento homeopático no hay dosis alguna de medicamento, luego no hay riesgo alguno de sobredosis, es imposible consumir en exceso aquello que no hay. Agua y azúcar, el principio activo ha sido eliminado mediante sucesivas diluciones, no hay molécula, y no obstante queremos que lo que no existe físicamente, esa molécula ausente, sane el cuerpo, que el fantasma arregle la máquina, pero esto es imposible.
     Estas conclusiones han sido probadas y defendidas científicamente repetidas veces. En 2010 el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico publicó los resultados de un estudio exhaustivo sobre homeopatía cuya conclusión fue: "Concluimos que no debería prescribirse placebos de forma rutinaria en el Sistema Nacional de Salud. No debería seguir subvencionándose a hospitales homeopáticos (hospitales especializados en la administración de placebos), y los médicos del Sistema Nacional de Salud no deberían remitir a los pacientes a homeópatas."
     Mucha gente confunde homeopatía con naturopatía y no son lo mismo. No es que yo sea un gran fan de la naturopatía, pero en un medicamento natural existe un principio activo, el de la planta, que sencillamente no ha sido aislado en el laboratorio sino que está en su estado natural: la cicuta en estado natural posee cicutina, el opio de la amapola posee morfina... Digo que no soy un gran fan de la naturopatía porque la ventaja del principio activo sintetizado en laboratorio me parece obvia: sabemos con precisión su concentración, en el caso del producto "natural" lo normal es que la concentración sea demasiado escasa pues esta es la única forma de prevenir una sobredosis por ignorar exactamente la cantidad de compuesto que hay en la planta. Además, la concentración del principio activo en la planta podría ser insuficiente para lograr efecto alguno (el aceite de oliva extra contiene una molécula en común con el ibuprofeno que tiene poder antiinflamatorio, pero invito a cualquiera a tratar de calmar el dolor de un flemón con 650 miligramos de aceite de oliva virgen extra, a ver qué tal). En cualquier caso, el genuino ejemplo de fantasma en la máquina es la homeopatía, o más bien uno de ellos, también lo es el Reiki (del que me ocuparé en detalle en la segunda entrega de esta entrada).

El peligro de la pseudociencia

     Descartes, en su Tratado del Mundo sostuvo que la interacción entre los espíritus animales (las partes más sutiles de la res extensa) y el alma tenía lugar en la glándula pineal del cerebro. Descartes fue un brillante científico, y eso separó sus explicaciones de las explicaciones directamente religiosas, pero ese mismo espíritu científico fue el que llevó a sus discípulos racionalistas a renegar del dualismo de sustancias (a Leibniz mediante su monadología y a Spinoza con su panteísmo): su cientificismo sencillamente chirriaba con esa concepción de la mente. Ignoro si hablar de la glándula pineal causaba estupor en sus contemporáneos de tal forma que tenían las afirmaciones más metafísicas de Descartes por científicas. En lo que respecta a la homeopatía y el Reiki, es el recurso a jerga científica lo que les ha dado cierto prestigio sumado a su efecto en la cura de síntomas (no de enfermedades) en algunos pacientes que se explica sencillamente como fruto del efecto placebo y del efecto cuidado.
     La gracia pues de estas terapias es el carácter pseudo-científico, y eso es lo que separa a estas terapias de la magia de toda la vida: la fe, la plegaria. Por un lado la homeopatía tiene nombre griego ("homoios" = igual, "pathos" = padecimiento), se produce en laboratorios farmacéuticos y el proceso de dilución suena razonable a quien no tenga rudimentos de química. Por su parte el Reiki se parece mucho a la labor de un hechicero, pero las palabras "energía", "vibración" o "campo magnético" tienen un uso científico (el problema es que de hecho la explicación científica de tales fenómenos dista de ser sencilla). 
     Su carácter pseudo-científico es lo que hace de homeopatía y Reiki  un grave peligro, porque no se dispensan en lugares donde la magia es norma como templos, iglesias, santuarios o consultas de videntes, donde se admite explícitamente la existencia de fantasmas (aunque "espíritu" es el término que goza de prestigio en estos lugares). No, la homeopatía se dispensa en farmacias (y no es barata) y el Reiki, para mi sorpresa e indignación, se practica en hospitales públicos (por ejemplo en el Hospital de Guadarrama de Madrid), su cursos se hacen en hospitales públicos y se escribe artículos sobre ello en revistas españolas de referencia en enfermería como Metas de enfermería (en la segunda entrega de esta entrada comentaré algunos de estos estudios). Pero yo lo último que querría es que mi hospital algún día se acabara pareciendo a este:




        Apéndice: sobre la dedicatoria de este post. El 28 de noviembre de 2014 falleció mi amiga Rocío Orsi Portalo con tan solo 38 años de edad. Me es muy difícil recopilar todas sus virtudes y me es imposible citar siquiera algún defecto. Resumo sus virtudes en su sabiduría porque esta es según Aristóteles la virtud que aúna todas las demás, y de nadie aprendí yo más de Aristóteles que de ella. Tenía una de las sonrisas más bellas que he visto y yo siempre admiré profundamente su inteligencia, una inteligencia que no era solo analítica sino también emocional, su sabiduría era sophía y era phrónesis. La última vez que estuve con ella su salud estaba ya muy deteriorada y pensé que tal vez era la última vez que la veía, así fue. Hablamos de muchas cosas, sobretodo de lo más importante, los niños. También hablamos de homeopatía y otras pseudociencias, porque Rocío en su enfermedad siguió conservando la lucidez con la que había vivido, su coherencia y su honestidad intelectual. Si algo amaba Rocío era la vida, sin excusas, así que no buscó remedios de última hora que obrasen milagros en los que no creía (aunque quienes sí creían en ellos lo intentaran), sino que quiso vivir todo lo intensamente que pudo, aprovechando cada instante hasta más allá de donde le permitían las fuerzas. Rocío fue sabia como lo son los sabios de verdad, también en la muerte. Parte de mi conversación con ella está en este post, porque el filósofo no se quita nunca la ropa de trabajo, la filosofía se vive como una segunda piel, y ella fue una gran filósofa no solo por lo que pensó y escribió, sino también por como vivió y cómo hizo frente a sus últimos meses de vida (y si la filosofía no nos ayuda con esto, es mala filosofía). Un ejemplo para todos. Sin ella, el mundo es un lugar claramente más triste y más tonto y yo no puedo sino celebrar que Rocío haya podido ser parte de mi vida.

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