miércoles, 11 de octubre de 2017

La declaración de independencia y un poco de filosofía del lenguaje (muy) básica

          Una declaración es un tipo de acto de habla cuya dirección de ajuste es del lenguaje al mundo, de tal forma que su emisión crea un nuevo estado de cosas. Por ejemplo en "os declaro marido y mujer" las palabras mismas al ser proferidas crean una realidad nueva.
          Dicho acto de habla puede ser fallido (y por tanto no hay realmente declaración, esto es, la realidad sigue tal cual era previamente) si quien realiza la declaración no tiene la potestad de hacerlo o si la ejecución es torpe. Por ejemplo si quien dice "os declaro marido y mujer" no es un juez, o un concejal, o un capitán de un barco, o un cura... y no está en el contexto jurídico apropiado (un cura no puede ir casando por la calle a transeúntes indiscriminadamente); o si dice algo así como "os declaro Perico y el de los palotes", en cuyo caso la declaración presenta un defecto de forma que la hace estéril.
          Así, lo primero es preguntarse quién tenía autoridad (dentro de la pseudo-legitimidad de la pseudo-ley de transitoriedad) para hacer dicha declaración, si el President de la Generalitat o el Parlament.
          Si era el segundo, fin de la cuestión, se trató de una declaración fallida pues el Parlament solo puede manifestarse de una forma, votando, y no lo hizo. Si la autoridad la tenía el President entonces pasamos al siguiente problema: ¿fue la declaración formalmente válida?
          Yo estoy con Miquel Iceta... preguntándome si ha habido una declaración o no, porque si la hubo desde luego no fue clara. En este sentido cabría decir que fue una declaración fallida por defecto de forma, y eso me parece que es lo más sensato, pero da igual porque las formas hace tiempo dejaron de importar pues la ley es ante todo un formalismo y la pseudo-ley de transitoriedad establece precisamente una suerte de estado de excepción de tal manera que en el fondo tiene fuerza de ley lo que sea que diga el President, o que quiera creer que ha dicho, como es el caso.
          En resumen, creo que hubo una declaración fallida, pero como el declarante cree que sí hubo una declaración exitosa, y no hay otra autoridad legitimadora de su declaración que él mismo, pues hay que creer que sí hubo declaración de independencia.
          En cualquier caso, o hubo declaración de independencia o no la hubo, o tuvo éxito el acto de habla o no lo tuvo. La decepción de la CUP hace pensar que no, pero lo que explicaré a continuación sugiere que sí. Así que lo primero, y estoy atónito porque he de darle la razón a Rajoy, es lo siguiente: "Señor Puigdemont, por favor, tenga usted a bien explicarnos qué dijo." Porque pinta que en realidad usted no dijo nada.

          Pero la presunta declaración fue seguida de una solicitud de suspensión al Parlament, y si se pide que se suspenda algo, es que ese algo ha sido declarado. Y aquí la cosa se complica.
          Lo primero es que, si realmente hubo declaración (y solo eso daría sentido a la demanda de suspensión), entonces a quien corresponde suspenderla es al Parlament, pues es a dicha institución a la que el President dirigió su petición. Pero el hecho es que, como he dicho más arriba, el Parlament no hizo nada. Algunos miembros del Parlament hablaron, pero el Parlament como tal debate y vota, y ayer tal vez se debatió, pero no se votó. Que el Parlament tome una decisión implica llegar a un acuerdo, y un acuerdo parlamentario es una mayoría de votos. En definitiva, si dependía del Parlament suspender la declaración de independencia, entonces no está suspendida.
          Pero el caso es que el propio President pareció sugerir que había una declaración que quedaba suspensa... y eso solo es posible si él mismo hizo la declaración y a su vez la suspendió, porque insisto en que el Parlament ayer fue solo público con derecho a voz pero sin voto. Por tanto, la suspensión misma sería un acto fallido, pues de hecho habría sido llevada a cabo por quien carecía de potestad para ello. En fin, esto es lo que ocurre cuando se confunden los poderes legislativo y ejecutivo y no están claras sus funciones, que al final el poder se reduce a lo que pretendía Carl Schmitt: poder decretar el estado de excepción. Vamos, que "l'état cést lui", Puigdemont.
          Y hay algo más, ¿cómo se suspende una declaración? O bien se desautoriza a su emisor (ese juez era un impostor, no podía casarme), o la emisión (el juez nos declaró amo y esclavo), o se formula una nueva declaración que anula la anterior (esto es, cambia de nuevo el estado de cosas). Las dos primeras opciones son imposibles pues equivalen a "yo Carles Puigdemont declaro la independencia pero de hecho no porque no tengo potestad para hacerlo" o a "yo Carles Puigdemont declaro la independencia pero de hecho no porque pensé que 'independencia' significaba 'soy de Girona'". Lo que nos deja con la tercera opción: se suspende la declaración mediante una declaración que la anula (o que al menos la suspende) y... ¿dónde está esa declaración y quién la ha hecho? Un juez casa, y o bien anula el matrimonio o bien declara el divorcio. ¿Dónde están el juez y mis papeles del divorcio?

          Recapitulando, mi conclusión es la siguiente: O bien A) no hubo declaración, pues esta fue un acto fallido, o bien B) si supusiéramos que hubo declaración, entonces está activa, porque lo que no hubo en ningún caso fue suspensión. Luego está la deprimente y muy probable posibilidad C): el significado de las palabras, los hechos, la ley y la verdad importan una mierda en la política contemporánea.

          Una última cuestión. Ese documento que firmaron fue algo así como "a mí me la suda la religión, pero quiero casarme por la Iglesia que es muy bonito", vamos, un paripé, no dejes que la realidad te estropee una buena fiesta. Ya tenemos pagado el convite, la orquesta y tres horas de barra libre, así que celebremos la boda porque la ausencia del novio es un detalle sin importancia. Así que firmamos un documento sin validez jurídica ninguna (solo simbólica, eso que muchos llamaron "política" porque efectivamente han llegado a creer que la política es pura gestualidad), y así nos damos el homenaje de cantar aquí todos juntos Els segadors con los ojos llorosos remedando lo que habría ocurrido de haber ocurrido algo realmente.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Discurso de una alumna en el Día de la Mujer Trabajadora

          Hoy, 8 de Marzo, quiero compartir con todos los lectores de este blog el emotivo discurso que ha escrito y leído una alumna del centro para celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La lectura ha seguido a un minuto de silencio en repulsa de la violencia de género y como homenaje a sus víctimas. Aquí os dejo las palabras de Marta Pascual, de 2º de Bachillerato del IES Doctor Marañón de Alcalá de Henares, nada que añadir:

Y con ellas la cifra se acerca a la veintena. Más otras 442 víctimas desde el 2010. 58 por año. 5 por mes. En algunos casos, 2 por semana.

“Las niñas bonitas no pagan dinero” Dijo el barquero. No te preocupes, niña bonita, porque el producto eres tú. Da igual si es saltando a la comba o entrando gratis en una discoteca, porque el producto eres siempre tú.
Aprendemos que “los que se pelean se desean”, que “un niño sólo te molesta porque le gustas”. Son sólo cosas de niños ¿Verdad?
Hasta que dejan de serlo. Hasta que el “mató a su mujer, la hizo picadillo y la puso a remover” deja de quedarse en una canción para las palmas y pasa a la vida real.
Hasta que esa mujer es Leidy Yuliana Díaz, Toñi García Abad o María Ángeles Prieto Ramos.
Hasta que lo que importa es cómo iba ella vestida, con quién estaba o por qué estaba allí. Porque “fue violada”, pero al fin y al cabo, la culpa es suya, si iba provocando ¿No?
Y aun así, no falta quien diga, que con su aspecto, lo sorprendente es que alguien la haya querido violar.
Porque no importa que el “no” sea “no”
Porque no importa cuánto denuncies, como hicieron tantas de las víctimas. No importa que salgas de la relación, no importan las órdenes de alejamiento, mientras los asesinatos por violencia de género sean comunes en nuestros telediarios. Mientras el machismo nos persiga en una sociedad que cierre los ojos y no quiera actuar.
Y aun así, hay quienes reivindican que la ley de Violencia de Género es innecesaria. Que son casos aislados. Que las supuestas denuncias falsas no se cobran la importancia que tienen.
“¿A dónde vas así vestida?” “¿Con quién?” “No me gustan tus amigas, son malas influencias” “¿Con quién estás hablando?” “¿Dónde estabas ayer?” “Esto te lo hago porque te quiero”
Y de nuevo, una noticia. Otro asesinato que pasa por delante de nuestros ojos. Un nuevo silencio. Después los deportes, y el tiempo.
Y así día a día, mes a mes. Y las víctimas se van acumulando, y aun así nos atrevemos a sorprendernos con la cifra, cuando se ha ido formando delante de nosotros, en una sociedad que nos hace, a las mujeres, de menos.
Y seguirá formándose a no ser que nos quitemos la idea de que “Quien más te quiere, te hará sufrir”, porque el amor no duele.
Las Naciones Unidas definen  la violencia de género como "todo acto que pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada"
¿Suena familiar? Desgraciadamente, debería.
Y desgraciadamente, lo hará aún más, porque esas mujeres no son noticias, son personas, como lo soy yo, o como todos los aquí presentes. Hasta que alguien decidió que no lo eran, mientras el resto las dejábamos morir en silencio.
Chicas, que no somos princesas en apuros, que no necesitamos príncipes con tres cuartos de rana. Que somos fuertes, valientes e independientes. Que lucharemos; Que el silencio no se quedará en silencio ni una vez más.
Con estas muertes lo que los conocidos de la víctima han perdido –Una madre. Una hermana. Una amiga.- no tiene comparación con lo que el mundo ha perdido. Otra mujer maravillosa.
Y desde luego, no se compara con lo que ella misma ha perdido, más valioso que cualquier otra pérdida: Su vida.
Y por ellas, y por nosotras, haremos ruido. No vamos a tolerar ni una muerte más, ni una noticia más, ni un asesino más.
Este 8 de marzo, ni una menos. 
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