viernes, 15 de diciembre de 2017

The last Jedi: Luke, Rey, Ben Solo.

          Lo primero es dar la medida del tipo de espectador de Star Wars que soy: tenía lágrimas en los ojos al leer "Luke Skywalker" y "Leia Organa" en los títulos iniciales.

          Resulta extraño, Los últimos Jedi es una película que me ha emocionado intensamente pero que no ha hecho que salga del cine entusiasmado, sin duda es una película irregular y juraría que su principal problema es su metraje, es una gran película de Star Wars pero por momentos se hace larga, luego algo falla.


          Vaya por delante que me ha gustado mucho, pero diría que en conjunto es una película inferior a El despertar de la fuerza (pero superior a las precuelas, o si acaso cerca de La venganza de los Sith), y eso a pesar de regalarnos escenas épicas. Hay que agradecerle de entrada que sea original y no un plagio como la anterior (al principio parece que lo va a ser, pues una vez más comenzamos con una evacuación de una base rebelde, pero no, y otro tanto ocurre al final, pues parece que se va a repetir la batalla de Hoth, pero no), sus defectos no son los de su predecesora, muy al contrario aquella era una película redonda pero en gran medida un déjà-vu, esta está llena de incertidumbres y giros (más o menos) inesperados, pero se le ven las costuras.
          Hay básicamente tres líneas argumentales: la que relata las vicisitudes de los Jedi (Luke, Rey y sus antagonistas Snoke y Kylo Ren), la que relata los esfuerzos de los últimos reductos de la resistencia por sobrevivir y la que relata las peripecias de Finn y la rebelde Rose Tico. Dado que la película resulta larga, habría que cortar en algunas de estas historias o tal vez en todas.

          Esta segunda posibilidad es inaceptable, nada puede cortarse de la primera línea argumental pues solo una cosa flojea en ella: los bochornosos efectos digitales que dan vida al líder supremo Snoke. Pero todo lo demás es fantástico, empezando por unas actuaciones sublimes (no a menudo puede decirse esto en Star Wars) de Daisy Ridley, Adam Driver y Mark Hamill. La evolución de sus personajes a lo largo de la película es apasionante, es el verdadero motor de la trama: The last Jedi son sobretodo Luke, Rey y Kylo Ren. Es especialmente interesante el devenir de Kylo Ren, más Ben Solo que nunca pues, para bien y para mal, aparece humano, demasiado humano (perdón por el préstamo Nietzscheano). Adam Driver es lo que Hayden Cristensen (por demérito suyo o del guión, o de ambos) nunca pudo ser. Kylo Ren no será el mejor villano de Star Wars, pero esta película lo convierte sin duda en el más interesante, alguien a quien esquizofrénicamente odiar y compadecer a partes iguales. Y eso precisamente le ocurre a Rey, con quien es imposible identificarse más, sus dudas son las nuestras, sus esperanzas, sus miedos, su ingenuidad. En cuanto a Luke, la película juega con nosotros, dejándonos sospechar que Luke pueda haber dejado de ser el que conocimos y admiramos... pero Yoda lo rescata de su pozo de desesperanza demostrándonos que hay sabiduría para la que todo lo que sea vivir menos de ochocientos años no es suficiente. Y Luke... acaba siendo el mito que es. Muchas decisiones equivocadas podían tomarse para el clímax final, especialmente la de convertirlo en un superhéroe de Marvel, afortunadamente no es así. Gran y digno final para Luke, como digo, a la altura del mito.

         ¿Qué decir de las andanzas de Poe y la resistencia? El inicio de la película es espectacular, Poe es un piloto apasionado y apasionante, y la desesperada huida de la resistencia es angustiosa, por lo menos hasta el momento en que la película decide abrir su tercer hilo argumental. En ese momento la aparición holográfica de Maz Kanata es inverosímil y anticlimática, y el plan que entonces se pergeña de repente dilata el tiempo (en principio no de la acción, aunque también, pero de la película sin duda) de forma que la cuenta atrás para el fin de la resistencia se prolonga perdiendo el suspense inicial.
           También es interesante en esta parte la evolución de Poe, si Luke es el mentor de Rey, Leia lo es de Poe, y gracias a ella aprende que hay ocasiones en que hay que retirarse, aprende qué es el liderazgo, la responsabilidad y que puede ser más difícil disponer de las vidas de otros que de la propia. Lo que la guerra supone, nihilismo, esfuerzo, idealismo, dolor, heroísmo, pasión, pérdida... nos es trasmitido por la película. Sin ir más lejos, acabamos de conocer a un personaje, la Vice Almirante Amylin Holdo, y sufrimos con su sacrificio como si fuera una vieja conocida. En Star Wars sigue habiendo maniqueísmo por la sencilla razón que el bien es el bien y el mal es el mal (fuck you postmodernity), pero no hay decisiones fáciles: los valores son claros, las acciones no. Ajustar medios a fines, sabemos por Aristóteles que en eso consiste la moral, y en The last Jedi nunca está claro dónde está la virtud, qué es lo valiente, qué lo inteligente, qué lo prudente. La línea que separa el bien del mal está clara, pero eso no convierte el arte de tomar decisiones y obrar en consecuencia en algo sencillo. Nada que reprochar tampoco, pues, a este otro tercio de la película.

          Queda una única opción, sí, Finn. Al igual que pasaba con La amenaza fantasma, que con un pequeño cambio habría mejorado mucho (que Qui Gon Jinn se hubiera quedado en la nave en Tatooine y Obi Wan hubiese llevado el peso de la acción en Mos Eisley, otro día hablamos de Jar Jar), he llegado a la conclusión de que esta película (y no es nada personal contra Finn) habría sido mejor si Finn hubiese seguido herido en una camilla toda la película o si sus peripecias hubieran sido mucho menos accidentadas. Las cosas que chirrían son de su parte de la trama, y solo una cosa me parece justificar la existencia de la misma, la frase de Rose Tico de que no luchamos para destruir lo que odiamos, sino para salvar lo que queremos. Salvo eso (que por cierto forma parte de una escena bastante ad hoc y poco verosímil, como muchas de esta subtrama), no creo que echara de menos nada de esta línea argumental en toda la película. Sí, lo sé, es muy interesante el personaje del desencriptador al que da vida Benicio del Toro, y se agradece que en ocasiones el que es cínico siga siéndolo hasta el final (los que rectifican como Han Solo abundan mucho menos de lo que las películas nos quieren hacer creer). También es genial ese "planeta Montecarlo" con aire decadente y frívolo, y su riqueza podrida sacada del tráfico de armas. Sí, pero todo esto no acaba de estar bien integrado en el resto de la película y las visicitudes de Finn y Rose Tico resultan a menudo forzadas y precipitadas... aunque sea fundamental ese anillo de la resistencia traído directamente de Casablanca.

          En conclusión, dos tercios de película magistrales, otro con muchos defectos, y de ahí, supongo, mi paradójica sensación: ver The last Jedi fue un auténtico placer... que se me hizo largo.


P.S. Un poco de "fridge logic": ¿Por qué el sable de luz que emplea Luke en su batalla holográfica no es verde, si su sable azul lo tiene Rey? Como mucho Luke, si se quedó con un sable de luz, fue con el que pudo haber rescatado de la segunda Estrella de la Muerte.

miércoles, 11 de octubre de 2017

La declaración de independencia y un poco de filosofía del lenguaje (muy) básica

          Una declaración es un tipo de acto de habla cuya dirección de ajuste es del lenguaje al mundo, de tal forma que su emisión crea un nuevo estado de cosas. Por ejemplo en "os declaro marido y mujer" las palabras mismas al ser proferidas crean una realidad nueva.
          Dicho acto de habla puede ser fallido (y por tanto no hay realmente declaración, esto es, la realidad sigue tal cual era previamente) si quien realiza la declaración no tiene la potestad de hacerlo o si la ejecución es torpe. Por ejemplo si quien dice "os declaro marido y mujer" no es un juez, o un concejal, o un capitán de un barco, o un cura... y no está en el contexto jurídico apropiado (un cura no puede ir casando por la calle a transeúntes indiscriminadamente); o si dice algo así como "os declaro Perico y el de los palotes", en cuyo caso la declaración presenta un defecto de forma que la hace estéril.
          Así, lo primero es preguntarse quién tenía autoridad (dentro de la pseudo-legitimidad de la pseudo-ley de transitoriedad) para hacer dicha declaración, si el President de la Generalitat o el Parlament.
          Si era el segundo, fin de la cuestión, se trató de una declaración fallida pues el Parlament solo puede manifestarse de una forma, votando, y no lo hizo. Si la autoridad la tenía el President entonces pasamos al siguiente problema: ¿fue la declaración formalmente válida?
          Yo estoy con Miquel Iceta... preguntándome si ha habido una declaración o no, porque si la hubo desde luego no fue clara. En este sentido cabría decir que fue una declaración fallida por defecto de forma, y eso me parece que es lo más sensato, pero da igual porque las formas hace tiempo dejaron de importar pues la ley es ante todo un formalismo y la pseudo-ley de transitoriedad establece precisamente una suerte de estado de excepción de tal manera que en el fondo tiene fuerza de ley lo que sea que diga el President, o que quiera creer que ha dicho, como es el caso.
          En resumen, creo que hubo una declaración fallida, pero como el declarante cree que sí hubo una declaración exitosa, y no hay otra autoridad legitimadora de su declaración que él mismo, pues hay que creer que sí hubo declaración de independencia.
          En cualquier caso, o hubo declaración de independencia o no la hubo, o tuvo éxito el acto de habla o no lo tuvo. La decepción de la CUP hace pensar que no, pero lo que explicaré a continuación sugiere que sí. Así que lo primero, y estoy atónito porque he de darle la razón a Rajoy, es lo siguiente: "Señor Puigdemont, por favor, tenga usted a bien explicarnos qué dijo." Porque pinta que en realidad usted no dijo nada.

          Pero la presunta declaración fue seguida de una solicitud de suspensión al Parlament, y si se pide que se suspenda algo, es que ese algo ha sido declarado. Y aquí la cosa se complica.
          Lo primero es que, si realmente hubo declaración (y solo eso daría sentido a la demanda de suspensión), entonces a quien corresponde suspenderla es al Parlament, pues es a dicha institución a la que el President dirigió su petición. Pero el hecho es que, como he dicho más arriba, el Parlament no hizo nada. Algunos miembros del Parlament hablaron, pero el Parlament como tal debate y vota, y ayer tal vez se debatió, pero no se votó. Que el Parlament tome una decisión implica llegar a un acuerdo, y un acuerdo parlamentario es una mayoría de votos. En definitiva, si dependía del Parlament suspender la declaración de independencia, entonces no está suspendida.
          Pero el caso es que el propio President pareció sugerir que había una declaración que quedaba suspensa... y eso solo es posible si él mismo hizo la declaración y a su vez la suspendió, porque insisto en que el Parlament ayer fue solo público con derecho a voz pero sin voto. Por tanto, la suspensión misma sería un acto fallido, pues de hecho habría sido llevada a cabo por quien carecía de potestad para ello. En fin, esto es lo que ocurre cuando se confunden los poderes legislativo y ejecutivo y no están claras sus funciones, que al final el poder se reduce a lo que pretendía Carl Schmitt: poder decretar el estado de excepción. Vamos, que "l'état cést lui", Puigdemont.
          Y hay algo más, ¿cómo se suspende una declaración? O bien se desautoriza a su emisor (ese juez era un impostor, no podía casarme), o la emisión (el juez nos declaró amo y esclavo), o se formula una nueva declaración que anula la anterior (esto es, cambia de nuevo el estado de cosas). Las dos primeras opciones son imposibles pues equivalen a "yo Carles Puigdemont declaro la independencia pero de hecho no porque no tengo potestad para hacerlo" o a "yo Carles Puigdemont declaro la independencia pero de hecho no porque pensé que 'independencia' significaba 'soy de Girona'". Lo que nos deja con la tercera opción: se suspende la declaración mediante una declaración que la anula (o que al menos la suspende) y... ¿dónde está esa declaración y quién la ha hecho? Un juez casa, y o bien anula el matrimonio o bien declara el divorcio. ¿Dónde están el juez y mis papeles del divorcio?

          Recapitulando, mi conclusión es la siguiente: O bien A) no hubo declaración, pues esta fue un acto fallido, o bien B) si supusiéramos que hubo declaración, entonces está activa, porque lo que no hubo en ningún caso fue suspensión. Luego está la deprimente y muy probable posibilidad C): el significado de las palabras, los hechos, la ley y la verdad importan una mierda en la política contemporánea.

          Una última cuestión. Ese documento que firmaron fue algo así como "a mí me la suda la religión, pero quiero casarme por la Iglesia que es muy bonito", vamos, un paripé, no dejes que la realidad te estropee una buena fiesta. Ya tenemos pagado el convite, la orquesta y tres horas de barra libre, así que celebremos la boda porque la ausencia del novio es un detalle sin importancia. Así que firmamos un documento sin validez jurídica ninguna (solo simbólica, eso que muchos llamaron "política" porque efectivamente han llegado a creer que la política es pura gestualidad), y así nos damos el homenaje de cantar aquí todos juntos Els segadors con los ojos llorosos remedando lo que habría ocurrido de haber ocurrido algo realmente.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Discurso de una alumna en el Día de la Mujer Trabajadora

          Hoy, 8 de Marzo, quiero compartir con todos los lectores de este blog el emotivo discurso que ha escrito y leído una alumna del centro para celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La lectura ha seguido a un minuto de silencio en repulsa de la violencia de género y como homenaje a sus víctimas. Aquí os dejo las palabras de Marta Pascual, de 2º de Bachillerato del IES Doctor Marañón de Alcalá de Henares, nada que añadir:

Y con ellas la cifra se acerca a la veintena. Más otras 442 víctimas desde el 2010. 58 por año. 5 por mes. En algunos casos, 2 por semana.

“Las niñas bonitas no pagan dinero” Dijo el barquero. No te preocupes, niña bonita, porque el producto eres tú. Da igual si es saltando a la comba o entrando gratis en una discoteca, porque el producto eres siempre tú.
Aprendemos que “los que se pelean se desean”, que “un niño sólo te molesta porque le gustas”. Son sólo cosas de niños ¿Verdad?
Hasta que dejan de serlo. Hasta que el “mató a su mujer, la hizo picadillo y la puso a remover” deja de quedarse en una canción para las palmas y pasa a la vida real.
Hasta que esa mujer es Leidy Yuliana Díaz, Toñi García Abad o María Ángeles Prieto Ramos.
Hasta que lo que importa es cómo iba ella vestida, con quién estaba o por qué estaba allí. Porque “fue violada”, pero al fin y al cabo, la culpa es suya, si iba provocando ¿No?
Y aun así, no falta quien diga, que con su aspecto, lo sorprendente es que alguien la haya querido violar.
Porque no importa que el “no” sea “no”
Porque no importa cuánto denuncies, como hicieron tantas de las víctimas. No importa que salgas de la relación, no importan las órdenes de alejamiento, mientras los asesinatos por violencia de género sean comunes en nuestros telediarios. Mientras el machismo nos persiga en una sociedad que cierre los ojos y no quiera actuar.
Y aun así, hay quienes reivindican que la ley de Violencia de Género es innecesaria. Que son casos aislados. Que las supuestas denuncias falsas no se cobran la importancia que tienen.
“¿A dónde vas así vestida?” “¿Con quién?” “No me gustan tus amigas, son malas influencias” “¿Con quién estás hablando?” “¿Dónde estabas ayer?” “Esto te lo hago porque te quiero”
Y de nuevo, una noticia. Otro asesinato que pasa por delante de nuestros ojos. Un nuevo silencio. Después los deportes, y el tiempo.
Y así día a día, mes a mes. Y las víctimas se van acumulando, y aun así nos atrevemos a sorprendernos con la cifra, cuando se ha ido formando delante de nosotros, en una sociedad que nos hace, a las mujeres, de menos.
Y seguirá formándose a no ser que nos quitemos la idea de que “Quien más te quiere, te hará sufrir”, porque el amor no duele.
Las Naciones Unidas definen  la violencia de género como "todo acto que pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada"
¿Suena familiar? Desgraciadamente, debería.
Y desgraciadamente, lo hará aún más, porque esas mujeres no son noticias, son personas, como lo soy yo, o como todos los aquí presentes. Hasta que alguien decidió que no lo eran, mientras el resto las dejábamos morir en silencio.
Chicas, que no somos princesas en apuros, que no necesitamos príncipes con tres cuartos de rana. Que somos fuertes, valientes e independientes. Que lucharemos; Que el silencio no se quedará en silencio ni una vez más.
Con estas muertes lo que los conocidos de la víctima han perdido –Una madre. Una hermana. Una amiga.- no tiene comparación con lo que el mundo ha perdido. Otra mujer maravillosa.
Y desde luego, no se compara con lo que ella misma ha perdido, más valioso que cualquier otra pérdida: Su vida.
Y por ellas, y por nosotras, haremos ruido. No vamos a tolerar ni una muerte más, ni una noticia más, ni un asesino más.
Este 8 de marzo, ni una menos. 

jueves, 8 de diciembre de 2016

"Feminazi" is not one of my words

          Durante una conferencia a la que asistí hace tiempo, Robert Brandom relató una anécdota del juicio a Oscar Wilde por sodomía e indecencia: defendiéndose de las preguntas del hostil interrogatorio de la fiscalía, que trataba de demostrar su exaltación de la obscenidad, Wilde habría respondido serenamente "'Obscenity' is not one of my words" ("'obscenidad' no es una de mis palabras'). Estas palabras de Wilde se emplean en ocasiones en discusiones filosóficas acerca del realismo moral pues implicarían que no existe un hecho o propiedad moral a los que refiera la palabra "obscenidad", y que por tanto la frase "x es obsceno" sería falsa. No creo que esa conclusión realista sea forzosamente correcta, pero no es mi intención discutir aquí acerca de metafísica de la moral, sino hacer mía la afortunada expresión de Wilde. Lo que el genial autor irlandés pretendía subrayar es que para poder pecar hay que ser creyente, no existe el pecado si no existe Dios. Seguirán existiendo las malas acciones, sí, pero hay muchas que desaparecerían de la lista, verbigracia, el sexo prematrimonial, la masturbación, no santificar las fiestas, la falta de recato...
          En los últimos tiempos se ha convertido en tendencia llamar al oprimido opresor, siempre que trate de resistir a la opresión. Todo oprimido que no sea manso es tachado de intolerante. Así, un renacido antisemitismo se disfraza de antisionismo, las víctimas del terrorismo son acusadas de intransigentes por no dorarle la píldora a quienes estuvieron en la cárcel precisamente por colaborar en conventirlas en víctimas y finalmente son las mujeres feministas quienes en realidad son la causa de la misoginia y el sexismo.
          Rosa Díez, por ejemplo, ha sido insultada y linchada, ha sido tratada de fascista e intolerante... precisamente por resistir a la opresión de un nacionalismo fascista e intolerante, del terrorismo etarra y el matonismo de sus socios políticos. Rosa Díez defendía la ilegalización de aquellas asociaciones que colaboraban en la sombra con el terrorismo, o que al menos se negaban a condenarlo (yo personalmente no estaba de acuerdo en esto), luego era intolerante... y lo que hacían aquellos que esos políticos tan tolerantes se negaban a condenar, el tiro en la nuca, en cambio era luchar contra la opresión. Quien emplea la palabra en el parlamento pidiendo que se haga justicia mediante la ley es intolerante, quien asesina o confraterniza con los asesinos es la víctima. Es para llorar, Rosa Díez era violenta por no doblar la cerviz como corresponde al buen oprimido.
          Recientemente han proliferado vídeos de youtubers famosos, artículos en periódicos y entradas de blogs contra el feminismo (a veces con pequeñas apostillas como "moderno" o "radical") y finalmente va imponiéndose el término "feminazismo" entre machirulos y no tan machirulos. ¡Genial! No habíamos conseguido convencer aún de que lo de "ni machista ni feminista, yo persigo la igualdad" es como decir "ni racista ni antiracista yo persigo la igualdad", y ya directamente se vincula el feminismo con el nazismo.
          "No todo el feminismo" dirán algunos, solo el radical. Traduzco: solo el que toca los huevos de verdad. Una vez más la ecuación descrita más arriba: la protesta y lucha enérgica contra la opresión es tildada de agresión, se quiere oprimidos dóciles, que para eso están oprimidos.
          El feminismo es un movimiento muy rico, y hay feministas de todos los colores (también algunos que defienden una ortodoxia con tendencia a excluir algunos colores, sí), igual que ecologistas, liberales... El feminismo admite el disenso más allá de unas ideas básicas (que he tratado de sintetizar de forma muy sencilla en mis entradas de "Feminismo para dummies" I, II y III), lo que un autoinvestido apóstol del feminismo diga o haga no es lo que el feminismo es, lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te haga no te lo hace el feminismo, ni aún cuando diga hacerlo o decirlo en nombre del feminismo. Y en cualquier caso lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te hagan no es nada comparado con lo que las ex-mujeres, las madres, las hijas, las hermanas, las amigas y las novias vienen sufriendo por el simple hecho de tener dos cromosomas X. Contra el sexismo no cabe la equidistancia, y luchar contra el machismo no es intransigencia de la misma forma que no lo es luchar contra cualquier otra forma de intolerancia. Es, por el contrario, un imperativo moral. Una vez entendido esto podremos discutir sobre el alcance de la dicotomía sexo/género (no sobre su probada existencia), sobre el uso o abuso de conceptos como "mansplaining" y el papel de los varones dentro del feminismo (tengo pendiente una entrada sobre esto), sobre el uso de lenguaje inclusivo (a la vista está que no soy partidario), sobre qué medidas y términos son más adecuados para combatir la violencia machista, sobre la discriminación positiva (en este caso sí soy partidario), sobre el alcance de las estructuras de la sociedad patriarcal (no sobre su probada existencia), sobre si la ley del aborto ha de ser de supuestos, de plazos o ha de defenderse el aborto libre, el alcance de la distinción público/privado...
          El feminismo es un movimiento que persigue la igualdad y además es una teoría viva, en evolución, con un rico y fecundo debate de ideas (de hecho yo tiendo a preferir hablar de "feminismos"). Por ello el término "feminazi" no refiere a realidad alguna, es tan solo una forma en que el opresor pretende dar la vuelta a la tortilla y aparecer como víctima. Volviendo a Wilde, pensemos en lo que el uso del término "obscenidad" implica: hay algo que tú haces que me escandaliza y ofende mi pudor, esto es, soy víctima de tus acciones... y eso lo dice el que va a encarcelar a alguien por su orientación sexual. Es lógico que Wilde no aceptara el uso de un término que lo condenaba por su sola existencia, pues habría supuesto aceptar que él, auténtica víctima de la opresión, ejercía una forma de violencia sutil que justificaría la represión a la que se veía sometido.  Yo no soy, como Wilde, como las mujeres, un oprimido, y con más razón por ello mismo solo puedo decir una cosa: "feminazi" is not one of my words.
          

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Trumposos

          Un fantasma recorre el mundo, el fantasma del populismo. En Estados Unidos ese fantasma se ha materializado convirtiéndose ni más ni menos que en Presidente.
          No soy amigo de ninguna forma de populismo, pero sí distingo entre populismos de izquierdas y de derechas (véase la entrada Populismos), y puestos a elegir me quedo con el de izquierdas por un rasgo diferencial de los populismos diestros que para mí es crucial: la xenofobia. Todos los populismos actuales, dentro de todo el espectro ideológico, contienen un neonacionalismo en forma de defensa de la autarquía nacional disfrazado de rechazo a la globalización (Trump quiere añadir tasas a la importación, multar a empresas que deslocalicen, limitar el mercado internacional), también comparten el rechazo a una élite política y económica a la que no obstante en muchas ocasiones pertenecen los propios líderes de los movimientos populistas (Trump es millonario), pero el rechazo al extranjero es patrimonio de los populismos de derechas.
          Nacionalismo (frente a la pérdida de soberanía ante el FMI o la Comisión Europea) y rechazo a la democracia representativa (que enmascararía la oligarquía dicen) son temibles, pero lo que hace que esta década empiece a recordar peligrosamente a los años treinta del pasado siglo es añadirle a estos factores el racismo y la xenofobia del Frente Nacional, el UKIP, el Freiheitliche Partei Österreichs.... y ahora Trump.
          Se le puede reprochar a los populismos en general su demagogia, pero los populismos xenófobos son especialmente tramposos. Porque hay mucho de cierto en el relato de que una élite económica ha salido indemne de la crisis mientras que los demás hemos pagado sus desmanes, en que los partidos viejos son responsables de dicha crisis y que solo parecen perseguir perpetuarse en el poder y no el bien común, pero es de todo punto falso que los culpables de la crisis (del desempleo, de los bajos salarios, de la pérdida de derechos laborales) sean los emigrantes.
          El populismo se nutre de la vanidad de los electores que están deseando que alguien les diga que nada de lo malo que les ocurre tiene que ver con ellos, el chivo expiatorio por antonomasia son los inmigrantes, los extranjeros, los judíos, los gitanos... sí, la trampa de estos trumposos es vieja, pero parece que muchos siguen dispuestos a caer en ella. Y yo empiezo a temer que caigamos en horrores del pasado, entre otros el de creer cosas como "se moderará", "cuando llegue al poder no hará exactamente todo lo que dice", "las instituciones no pueden caer"... confundiendo deseos con realidad. Recuerdo ahora lo que se dice a sí mismo el padre de Wladyslaw Szpilman en la película El pianista de Roman Polanski cuando oye relatos terribles de lo que están haciendo los alemanes a los judíos, insistiendose en que no es posible que tengan lugar esas atrocidades. Nos autoengañamos pensando que no puede ser, y sí puede.
         "Nunca más" dijimos hace cincuenta años, pero se ve que cada generación solo es capaz de escarmentar en carne propia. Hijos de puta, juegan con las cartas marcadas y aún así ganan elecciones.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La gran mentira del PP

          Llegó el momento de sorprenderse y rasgarse las vestiduras con el caso Espinar. A mí en concreto me sorprende poco, me cuesta creer que alguien se creyera realmente el cuento de "somos los hijos de los obreros que nunca pudisteis matar". Los cuadros de Podemos son casi todos "los hijos de los profesionales liberales que no supieron encajar la caída del Muro de Berlín" (aunque yo diría que precisamente el padre de Espinar fue un socialista que lo encajó divinamente). "Son unos hipócritas" dicen aquellos que se sorprenden o fingen sorpresa. Yo creo que no, yo creo que realmente se han creído su propio metarrelato porque aunque vayan de postmodernos, de hecho son modernos trasnochados (salvo Errejón diría, cuyo relato es coherente con el fin de los metarrelatos de la postmodernidad). No mienten, viven ellos mismos engañados. Como Don Quijote, ellos de tanto leer libros de revolucionarios...
          Pero no quiero hablar aquí de Podemos (ya lo he hecho en varias entradas, más bien críticas) solo quiero aprovechar la polémica creada por la hostia que le ha dado la realidad a quien es un pijo con mala conciencia (un gremio al que pertenezco) para hablar de otros que viven también en una realidad alucinada y no lo saben: los mandos del PP. Y no se trata de un "y tú más", porque de hecho no es corrupción o hipocresía lo que quiero reprocharle al PP (eso ya lo he hecho en bastantes entradas), sino autoengaño.

          A Podemos se le reprocha un rigor en sus exigencias a los demás que no son capaces de tener con ellos mismos algunos de sus miembros. El PP nos reprocha continuamente una falta de emprenduría que no abunda precisamente en sus filas.
          El metarrelato que se han construido los cuadros del PP es el de que todos ellos son personas hechas a sí mismas, que han llegado a estar donde están por talento y esfuerzo, y por eso nos venden eslóganes baratos como la "cultura del esfuerzo" o el "espíritu emprendedor". No sé si entre sus votantes habrá muchos emprendedores, lo que es seguro es que entre sus mandos no.
          Un reproche habitual al PP es que sus miembros más talluditos provienen del franquismo (y es incontestable que el PP es vástago de Alianza Popular, y esta a su vez de sectores muy reaccionarios del franquismo), pero las ideas se pueden cambiar, es verosímil que hayan descubierto las bondades de la democracia (aunque, como traté de explicar en esta entrada, algunos como Rajoy no la comprendan muy bien), lo que no cambia es la clase social de partida y no, los cuadros del PP no vinieron de abajo y se hicieron a sí mismos.
          Si los de Podemos han leído muchos libros de revolucionarios, los del PP han visto muchas películas sobre el mito americano, pero no lo han vivido ni de lejos. Así que los del PP le exigen un espíritu emprendedor a los ciudadanos españoles del que ellos mismos carecen.
          Las Nuevas Generaciones están gobernadas no por empresarios soñadores que tuvieron una idea y andan de banco en banco buscando financiación, sino por los mismos animales de partido, ideólogos baratos, hijos de cuadros superiores y activistas profesionales que el resto de juventudes del resto de partidos.
          El PP predica un liberalismo en el que no cree, una vez más sus miembros miran a Estados Unidos pero se tocan con la mantilla cuando la ocasión lo requiere. El liberalismo les parece bien en lo económico, pero en lo político y en lo social... mire, es que si separamos realmente los poderes perdemos nuestro poder sobre la Fiscalía del Estado, el Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional; si aceptamos el matrimonio homosexual entonces nuestro ideal de familia queda desfasado; si la asignatura de religión deja de ser evaluable la Iglesia pierde adeptos. Y ya puestos, ni siquiera en lo económico son liberales, están encantados de planificar la economía, eso sí, no para el bien común sino el propio. Tampoco parece muy de emprendedores la forma en que se ha venido financiando el PP. Y ya puestos, como gestores no parece que hayan dado la talla, ¿o acaso dejar en bancarrota la ciudad más rica de España, Madrid, es gestionar bien los recursos públicos? Igual es que creen en esta ecuación: partidario de liberalizar empresas = liberal. Yo juraría que esa ecuación es muy incompleta.
          No, el PP es conservador y tradicionalista, aunque haya algún liberal genuino los que dicen serlo por norma general lo son de boquilla, y saben tanto de fundar una empresa desde la nada como los de Podemos de correr delante de los grises: porque han oído contar historias sobre eso muchas veces (mientras estudiaban Derecho y opositaban como querían sus padres). En el Congreso de los Diputados que salió de las elecciones de hace un año (y el actual no es muy distinto) lo que más abundaba eran los profesionales liberales (abogados y docentes representaban casi el 40% de los Diputados) y ojo, aquellos parlamentarios sin profesión constituían ya el 19%... y el grupo que más sumaba a estos profesionales de la política (permítaseme el oxímoron) no era precisamente Podemos, sino el PP con un ¡26% en sus filas! A tope con los emprendedores. Además los Diputados del PP son los que más tiempo de su vida llevan dedicado a la política: una media de 18 años.
          "¡Ah bueno, pero el espíritu emprendedor no es solo el del empresario! Es el de alguien inquieto, motivado, que se esfuerza por crecer profesionalmente..." ¡Acabáramos! Para ser emprendedor basta con desearlo muy fuerte, ahora entiendo por qué en el PP se creen ser algo que no son.
          Lo siento pero no, el PP no representa la España abierta, innovadora, moderna y creativa de los que los miembros del PP creen ser una minoría egregia, no. Pero sepa, querido lector, que a usted y a mí sí nos exigen serlo... o igual no podrían ellos perpetuarse en el poder.


sábado, 5 de noviembre de 2016

Dime qué Vengador querrías ser y te diré qué tipo de persona eres.

          Voy a juntar en esta entrada dos de mis pasiones: ética y frikismo (en este caso de superhéroes). Se trata de leeros la cartilla. Tras Capitán América: Civil War muchos han visto que tener un superhéroe preferido no es solo cuestión de decidir qué superpoder es más molón, sino también cuáles son tus principios. Por si eres un poco simple (casi seguro que sí) yo que soy profesor de ética te voy a enseñar qué clase de sujeto moral eres realmente 😝. Dime cuál de los siguientes Vengadores querrías ser y descúbrelo:


Iron Man:

          Eres humano, demasiado humano. No quieres ser un superhéroe, quieres ser Tony Stark. ¿Y quién no? "Si te quitas esa armadura, ¿qué eres?" inquiere el Capitán América, y Tony Stark responde "genio, millonario, playboy, filántropo". Eres un hedonista. No te jode la ecuación la filantropía porque de vez en cuando sientes una punzada de orgullo y ayudas a los demás... no vaya a ser que te sientas mal contigo mismo.



Thor:

          Eres un megalomaníaco. Aquellos que tienen un ego que es demasiado grande incluso para Tony Stark escogen a Thor. Tú quieres el poder, y haces el bien porque noblesse oblige. Lo tuyo no es solidaridad, es caridad.


Capitán América:

          Oooooh, qué noooble. ¿Quieres oír que estás chapado a la antigua, que crees en valores caballerescos imperecederos como el honor, el valor, la lealtad y el sacrificio? Eres un maldito cura, un absolutista moral pero partidario de una ética de la virtud más bien pedestre. No luchas contra los malos, luchas contra el Mal mismo por el Bien mismo con una fe ciega. No estás en DAESH porque no has nacido en Oriente Medio.


Hulk:

         Si de verdad escoges Hulk es un milagro que estés leyendo esto. Es más, es increíble que sepas leer. Eres una bestia y solo quieres destruir. Y no me vengas con el cuento de que Bruce Banner es un gran tipo y un brillante científico. Él sí, tú no, porque él lo último que querría ser es Hulk. Podría creer que eres un nihilista si pudiera creer que sabes lo que eso significa, todo apunta a que sencillamente eres un bruto, un macarra, el abusón de la clase que solo sabe disfrutar machacando.


Hombre Hormiga / Avispa:

          Lo reconozco, no acierto a imaginar por qué nadie querría escoger a estos personajes, pero igual es que no concibo una vida tan gris como la tuya... En fin, respecto a desear el poder de dominar el tamaño de tu cuerpo solo diré una palabra: Freud.



Viuda Negra / Ojo de Halcón:

          Vale, lo entiendo y lo respecto, eres un #LET. Te crees la fantasía de que los hombres se hacen a sí mismos. No tienes ningún poder especial, eres sencillamente un humano normal, con talento, que ha trabajado duro y con su esfuerzo ha conseguido ser el mejor en lo suyo. Entiendo que esos "enclenques humanos", como diría Hulk, que son Ojo de Halcón y la Viuda Negra te causen admiración aguantando el tipo entre fuerzas muy superiores a ellos. Pero el caso es que ambos no quieren sino redimirse de un pasado oscuro y, dado que dudo que seas un antiguo espía, me acojona un poco pensar qué hiciste en el pasado, pero casi seguro no quiero tratos contigo. Lo más probable es que estés leyendo esto desde la cárcel o un centro de desintoxicación.

Spiderman (1):

          Eres la única persona decente que está leyendo esto, me gustaría saber cuántos hay como tú pero me temo que pocos. Eres un humano genuino, un tío normal, no quieres poder, dinero, ni gloria, solo quieres ser feliz y hacer felices a los tuyos sin hacer daño a nadie. Y no solo eso, parte de tu felicidad es que el mundo sea algo mejor, que no exista la injusticia, que el poderoso o el violento no se aprovechen del débil o el pacífico. No eres un exaltado, pero no eres neutral, quieres ayudar a los demás, patear el culo a los malos, proteger al indefenso, crees que es tu responsabilidad, eres sencillamente un buen kantiano. Con más gente como tú todo nos iría mejor.


Un poco más en serio, los dilemas morales en Civil War (cómo salvar para la causa ética a Iron Man y al Capitán América):


          Aunque ambas historias comparten muchos aspectos, hay diferencias importantes entre el dilema moral que plantea el crossover Civil War en cómic y el de la película Capitán América: Civil War. Me gustaría hacer aquí un análisis (sin ánimo de exhaustividad) de los principios morales que mueven a los líderes de las dos facciones en liza.

          En Capitán América: Civil War (la peli) básicamente Iron Man encarna la ley frente a Capitán América que encarna la moralidad.
          Ciertamente hay una diferencia entre lo legal y lo legítimo, y existirían valores morales universales, una ley superior (dada por ejemplo por Dios, la naturaleza o un consenso universal), a los que debería ajustarse la ley positiva. Cuando las leyes contradicen esos valores morales universales entonces está justificada la desobediencia civil, se puede considerar que la ley es ilegítima. En el caso de la película Iron Man defiende que Los Vengadores han de someterse a jurisdicción internacional y actuar conforme a mandatos de instituciones internacionales, por el contrario Capitán América, desengañado del poder político, cree que es más fiable su instinto moral y que por tanto los Vengadores deberían ser una fuerza independiente. En cierto sentido el enfrentamiento entre Iron Man y Capitán América es un enfrentamiento entre iuspositivismo y iusnaturalismo.
          Yo diría que el iuspositivismo que defiende Iron Man es superior al iusnaturalismo de Capitán América. Esos famosos valores universales no son otros que los Derechos Humanos, y el organismo encargado de velar por ellos no es otro que la ONU. Entre otras cosas lo que convierte a los Derechos Humanos en la ley de leyes es el consenso del que emana su declaración. Capitán América no entiende esto, y de hecho se rebela frente al mandato de la ONU aludiendo a valores más allá de estos mismos valores. ¿Cuales? Los suyos propios. Volviendo a lo dicho más arriba sobre él, Capitán América es un absolutista moral, pero no un universalista/racionalista a la Kant sino un tradicionalista/intuicionista: los valores que él considera imperecederos son los de un valiente del ejército de los Estados Unidos de los años 40 del pasado siglo. Dicho de otra forma, Capitán América es un dogmático y lo que lleva a cabo no es desobediencia civil, sino desobediencia a secas. Y cuando el que desobedece (al escrutinio de la ONU, ni más ni menos) es un poderoso (y eso es por definición un superhéroe) entonces eso recibe el nombre de tiranía. Así pues, el verdadero defensor de valores universales es Iron Man defendiendo que Los Vengadores sean supervisados por la ONU (incluso aunque esta se equivocara en su juicio), pues sencillamente está defendiendo el principio básico de la democracia: la isonomía, la igualdad ante la ley. El Capitán América viene a alegar una superioridad moral que le haría estar por encima de la ley, pero lo que de hecho hace que Los Vengadores estén por encima de la ley es sencillamente su poder, luego el Capi están defendiendo una suerte de aristocracia. Aceptar someter su poder a la ley (y por tanto aceptar su igualdad ante la ley) es por tanto aceptar la democracia y la Declaración Universal de Derechos Humanos, algo que hace Iron Man y no Capitán América.
          Si estabas pensando en todo esto cuando elegiste Iron Man entonces estás salvado, eres otro que, como Spiderman, ha entendido que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, entiendes lo que es un imperativo categórico, la auténtica buena voluntad (y no las pestilentes buenas intenciones) y el reino de los fines. Te quiero también entre los míos (por cierto, que este ramalazo ético de Iron Man ya se dejó ver en su sacrificio, sin consecuencias al fin, en la batalla en Nueva York contra los chitauri en la película Los Vengadores).

          En los cómics de Civil War las cosas son muy diferentes. Este cómic tiene sentido en el contexto de los atentados del 11 de Septiembre de 2001 y la reacción de la Administración de los Estados Unidos presidida por el infausto George W. Bush con su "guerra contra el terrorismo" y el Patriot Act.
          El dilema moral que presentan los cómics es entre libertad y seguridad, y el Capitán América es en este caso el defensor de la libertad y los derechos civiles, resistiendo a una ley que los menoscaba (un registro de todos los mutantes y superhéroes, que deberían renunciar a sus identidades secretas), mientras que Iron Man es en el mejor de los casos partidario de la negociación y el mal menor, y en el peor un colaboracionista que defiende suspender algunas libertades o estrechar sus límites con la excusa de la seguridad (¿de quién? ¿también la de los familiares y amigos de los superhéroes que releven su auténtica identidad?). Aquí Capitán América no aparece defendiendo sus intuiciones morales, sino como el defensor de los valores en que se basa la democracia que una ley que pretende defenderla va a coartar. Si era este el Capi que tenías en mente cuando escogiste más arriba tu Vengador favorito, entonces también estás en el lado de los buenos, eres también un kantiano del tipo rawlsiano, defensor del principio de libertad, paladín de la democracia liberal.

          Si queréis más información y un análisis más elaborado de los cómics que el mío os recomiendo que os leáis los siguientes artículos:


(1) Lo sé, lo sé, en puridad Spiderman no es un vengador, pero aparece en la peli Capitán América: Civil War de la que parte esta entrada, no seáis unos frikis tiquismiquis aguafiestas.
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