viernes, 27 de abril de 2018

Reflexiones en torno a la sentencia a "la manada"

         En primer lugar he de ser honesto, y reconocer que me falta el conocimiento técnico necesario para permitirme hablar con autoridad sobre cuestiones de derecho, no obstante la ley y su aplicación se basan entre otras cosas en principios racionales y razonables, accesibles pues a cualquier persona racional y razonable. Tanto es así, que el legislador puede ser cualquier persona, no así el juez. Por tanto, en ningún caso voy a tratar de ponerme en el lugar de este último, sino del primero.
          Con la sentencia a la "manada", muchos (si no todos los que somos legos en derecho procesal), hemos descubierto que existe una diferencia (arbitraria, trataré de mostrar) dentro de las violaciones: existen aquellas que se consideran abuso sexual y aquellas que se denominan agresión sexual.  El abuso sexual solo implica una práctica sexual sin consentimiento libre y sin violencia o intimidación (no necesarias en estos casos por estar la víctima en estado de embriaguez, ser menor, etc... por no tener pleno uso de sus facultades). Por otra parte la agresión sexual consistiría en una práctica sexual no consentida en que media violencia o intimidación, entendiendo por violencia el uso de fuerza y por intimidación la amenaza. Leído el relato de los hechos que aparece en la sentencia, parece difícil argumentar que no existió intimidación, pues la propias circunstancias en que tuvo lugar (un lugar cerrado y aislado, con una superioridad numérica y física palmaria, diferencia de edad, ninguna muestra de interés por el bienestar de la víctima) son intimidatorias. No puede pretenderse que solo si existe una amenaza explícita (verbal o por la presencia de un elemento intimidatorio como una navaja) tenga lugar intimidación, pero eso parece desprenderse del veredicto de "abuso sexual". Me gustaría a este respecto recordar aquí la "mansedumbre" con que según Hanna Arendt las víctimas del Holocausto se habían dejado conducir a la muerte y confío en que dicho ejemplo haga entender que la intimidación es algo más que amenazas explícitas o golpear a alguien en el hombro con la culata del fusil, el contexto mismo de unos acontecimientos y una serie de códigos implícitos intimidan. Cuando estamos intimidados reaccionamos con esa mansedumbre, abandonándonos, el temor nos priva de nuestra voluntad.
          Dicho esto, considero razonable cambiar el código penal para eliminar esta diferencia, pues existen muchas formas y grados de violencia o de agresión, y la diferencia recogida por la ley actual es más escolástica que práctica, siendo lo fundamental el hecho de que un sujeto actúe coaccionado o no, bien porque dicho sujeto no está en el pleno uso de sus facultades, bien porque la situación le impide tomar decisiones pues es intimidatoria por su propio contexto o bien porque hay una amenaza expresa verbal o física. La violencia en ocasiones es implícita porque no es necesario hacerla explícita, los sobreentendidos y su efecto sobre las acciones de víctima son suficientes para coaccionarla, y por ello no creo que la agresión física haya de ser parte de los criterios que permitan distinguir entre una violación más grave y otra menos grave, y así no tiene sentido establecer distinción alguna entre abuso sexual y agresión sexual, la violación es un tipo de agresión específico. Otra cosa es que la agresión física o la intimidación mediante el uso de la fuerza, del daño físico y no solo moral, puedan ser tenidas como agravantes. De esta forma, sugiero que todo abuso sexual sea tenido por agresión sexual, y una cuestión distinta sea dilucidar si además esta se produjo o no con el agravante de violencia. Este es mi mensaje para el legislador.

          Naturalmente puedo equivocarme y he de decir que la sentencia misma no es lo que más me aterra de todo este asunto (me sorprende e indigna, no me aterra). Es probable que los culpables merecieran un castigo más severo, me cuesta dictaminar algo así sin saber cuáles son las penas por otros muchos delitos, solo eso me permitiría medir su proporcionalidad. En principio diría que me resulta insuficiente pena sabiendo que probablemente esta no será cumplida íntegramente, pero no obstante quiero insistir en que la versión de la víctima ha sido creída y que los culpables van a ser castigados, y esto es una buena noticia, la discusión está en el tipo penal (algo que, por cierto, me sorprende que políticos que llevan legislando durante años juzguen ahora un despropósito y no se tengan a sí mismos por los valedores de dicho despropósito).

          ¿Y si no es la sentencia misma qué es lo que más me aterra? El voto particular, el concepto de "veredicto social" y la propia manada.

          La verdad es que, tras leer parte de la sentencia me resulta incomprensible que uno de los jueces considere que los culpables han de ser absueltos. Solo se me ocurre que sea por un garantismo muy escrupuloso, pero dado lo que los jueces mismos han considerado hechos probados me resulta incomprensible. Y sí, que así sea me resulta aterrador, pues me obliga a buscar explicaciones alternativas, y todas entran en el rango del sesgo particular del juez, de sus prejuicios, y por tanto de la arbitrariedad que es uno de los máximos males de la justicia (es, de hecho, la injusticia misma).

          Pero otro de esos grandes males es la justicia popular, de la opinión mayoritaria, del sentir del momento por parte del pueblo, en fin, de lo que he visto llamar desde ayer "veredicto social". Juzgar a base de "veredictos sociales" sería también lo contrario a la justicia. Me reconforta pensar que lo que la sociedad piensa mayoritariamente acerca de actuaciones como las de la manada ha cambiado, pero durante años la sociedad fue condescendiente con los agresores y tendió a culpabilizar a las víctimas ("guarras que iban provocando"), ese era el "veredicto social" antaño. Si hemos mejorado es precisamente porque hemos escapado al veredicto social, al estado de naturaleza hobbesiano, hemos delegado como pueblo la administración de la justicia a cambio de una imparcialidad de la que la sociedad como un presunto todo es obviamente incapaz. Entiendo a aquellas personas que protestan y persiguen un cambio legislativo (pero habrá de ser conforme a razones, no a intuiciones o sentimientos), lo mismo hago yo, pero aquellas otras que establecen un juicio paralelo y pretenden coaccionar a los jueces me aterran, pues siguen el mismo criterio de justicia que quienes fueron a aporrear la puerta de la comisaría para linchar a la asesina de un niño en Almería. El "veredicto social" es la ausencia de veredicto, es el que acabó condenando a Dolores Vázquez por el caso Wanninkhof  o defiende la pena de muerte cada vez que nos enfrentamos a un asesinato horrible. En resumen, "veredicto social" significa "aquello que la opinión pública tenga por intolerable" (o peor "lo que a mí y los míos nos parezca intolerable")... y no olvidemos que al final dicha opinión depende de lobbies de presión y de grandes medios de comunicación. Me aterra que haya quien piense que deberían ser ellos quienes juzguen.

          Pero al fin, lo que más me aterra de todo esto es la propia manada. Me resulta aterrador que existan personas así, capaces de considerar que realmente una mujer pueda querer voluntariamente ser penetrada en quince minutos por todos sus orificios en un portal de una casa por cinco completos desconocidos, que lo mismo eyaculen dentro que fuera de ella (como si eso no pudiera tener unas consecuencias dramáticas), y que la dejen tirada desnuda sin mediar palabra, y que al día siguiente al detenerles realmente no den crédito. Me inquieta que existan violadores, pero me aterra que los violadores no se tengan a sí mismos por tales, ni sus novias. ¿Qué película se han montado esas mujeres en sus cabezas? ¿Que ellos son muy machos y no pueden controlarse, y que si llega una chica provocando... pues hay que comprenderlo, ellos no son dueños de su voluntad? Pero aunque me resulte incomprensible no sería justo poner el acento en esas mujeres, sino en ellos. Son depredadores sexuales, seguían un plan, era su forma de divertirse, salían de fiesta a cazar en manada, literalmente. Me aterra que pueda existir una disonancia cognitiva tan grande como para que puedan no sentir arrepentimiento y reconocer su culpa, para que se tengan por inocentes injustamente detenidos.
          Quiero recordarlo: dejaron a una chica sola, desnuda, menor que ellos, recién penetrada por todas partes, desconocida, a la que habían grabado, a la que robaron el móvil, tirada en un portal de un edificio cualquiera, abandonada a su suerte y sin mediar palabra. ¿Y consideran que no hicieron nada malo? Redujeron a una persona a la categoría de objeto sexual, ¿y consideran que eso es una forma de diversión legítima? Que existan personas que piensen y sientan así es lo realmente aterrador de todo esto. Lo pienso también como padre y como educador. ¿Qué hacemos mal? ¿Cómo podemos criar a chicos que consideren que realmente una mujer es digna de ese trato? Repito, que existan personas así es lo que me aterra. Pero por eso y a pesar de todo en principio siento más alivio que indignación con la sentencia, porque al menos no han quedado impunes, y porque al menos por un tiempo hay cinco monstruos menos por nuestras calles.
          





martes, 6 de marzo de 2018

8 de Marzo, de cómo me convencí de que una huelga feminista es una buena idea

8marzo-huelga-feminista

          Lo reconozco, tenía (y tengo) mis dudas sobre la huelga feminista del 8 de marzo. No sobre la necesidad de celebrar el 8 de marzo y convertirlo en una jornada de visibilización y reivindicación, sino sobre la huelga como instrumento a ese fin.
          En principio una huelga es un mecanismo de presión para forzar un cambio, dicha presión se ejerce perjudicando directa o indirectamente (se detiene la producción) a aquel que puede hacer posible ese cambio (el empresario) aún a costa de un sacrificio (se deja de percibir el salario de los días de huelga). En este caso no está claro quién podría cambiar la situación (es demasiado optimista pensar que pueda resolverse a golpe de legislación) y hasta qué punto la huelga le incitaría a hacerlo (¿el marido machista dejará de serlo porque haga huelga de cuidados su esposa un día, el empresario que discrimina dejará de hacerlo porque un día se ausenten las mujeres de su empresa?). ¿Realmente ayuda esta huelga a la causa feminista? ¿No es una manifestación lo propio de una jornada de visibilización y reivindicación?
          A estos reparos se le unía el miedo a que, como viene ocurriendo con el feminismo en algunas redes sociales como Twitter, el evento fuese capitalizado por una única corriente del feminismo que excluyera a las demás, y lo que es o debería ser un acto de reivindicación transversal (porque en una jornada así la sororidad debería ser prioritaria) se convirtiera en un acto en que se impusiera una perspectiva ideológica (porque el feminismo no es, como pretenden sus detractores, "ideología" de género). Un manifiesto confirmó mis peores temores, pero afortunadamente gracias a este necesario artículo supe que era eso, un manifiesto, no el manifiesto.
          Pero he vencido estas reticencias, y ahora animo a cualquier mujer que lo desee a hacer huelga el jueves. Dos cosas me han hecho cambiar, al menos en parte, de opinión.
          Por una parte pienso en el oscuro y lejano 8 de marzo, hace más de veinte años, en que yo estudiaba lo que ahora se llama 2º de Bachillerato y acudía a la manifestación del Día de la Mujer Trabajadora. Éramos tres alumnos de todo el centro, por supuesto yo el único varón. También fue exigua la afluencia de compañeros durante mi carrera, ¡y éramos estudiantes de filosofía!. Y pienso ahora en la cantidad de alumnas que van a hacer huelga el jueves de los grupos de 2º de Bachillerato de los que soy profesor: la mayoría. Si la huelga ha sido capaz de lograr esa movilización, bienvenida sea.
          La segunda son los haters de la huelga, los argumentos de los machirulos contra la misma me han acabado de convencer de sus bondades, si tanto escuece, igual no es solo un caso más de política simulacro como podría uno temer por tratarse de una huelga que no aspira sino a visibilizar. Pero me llama especialmente la atención el argumento para no hacerla no de un machirulo, sino de la Presidenta de mi comunidad Cristina Cifuentes. Dice que hará huelga a la japonesa. Tiene gracia, porque no lo hará. Si tengo remilgos hacia la huelga feminista porque no se ajusta con exactitud al concepto de paro laboral, no hablemos ya de lo que propone la Presidenta de la Comunidad. En una huelga a la japonesa trabajar más perjudica a la empresa que se quiere presionar porque implica sobreproducción, y por tanto pérdidas en tanto el mercado no es capaz de asumir el exceso de oferta. Trabajar más por trabajar más, un día, no es hacer huelga a la japonesa, es, a lo peor, ser un esquirol. Porque puestos a ser puntillosos con las definiciones, el esquirol no es aquel que legítimamente decide no secundar una huelga, sino el que la sabotea, y trabajar por los que no vayan a estar es precisamente eso.
          Mis razones tal vez no son muy sólidas, parecen más bien circunstanciales. Y sí he leído argumentos sólidos no en contra de la huelga, pero sí contra uno de sus principales motivos pues, dado que se trata del Día de la Mujer Trabajadora y que lo que hay convocado es un paro laboral y de cuidados, parece que el centro de la reivindicación es la brecha salarial entre hombres y mujeres. A este respecto hay estudios que desmienten que exista tal brecha salarial entendida como discriminación, esto es, como "igual trabajo, distinto sueldo". La brecha salarial correspondería a la media de los salarios de los varones y la media de los salarios de las mujeres, lo que no implica "igual trabajo". Así, más bien la brecha salarial se debería principalmente a dos factores:
          A su vez, hay quien defiende que, aunque obviamente no puede asimilarse el sexo al género, que este es un constructo social, y que por lo tanto el sexo no predetermina la forma de vida, no obstante sí hay predisposiciones biológicas que explican estos sesgos.
          Bien, aun cuando concediera todo esto a quienes pretenden restarle importancia a la brecha salarial esta seguiría sin estar justificada, pues aún deberíamos preguntarnos por qué vivimos en una sociedad en que precisamente las predisposiciones del varón serían lucrativas y no las de la mujer ¿Por qué vivimos en una sociedad en que están mejor pagados los empleos relacionados con la tecnociencia y las mercancías que aquellos relacionados con el cuidado y las personas? ¿Qué justifica que aquellas mujeres que decidan ocuparse del cuidado de los hijos y hacer un hiato en su carrera profesional no puedan reincorporarse después a sus empleos sin trabas, recibiendo el justo premio por su fundamental contribución a la sociedad? La respuesta es el patriarcado, los varones hemos creado el mundo a nuestra medida, nos hemos asegurado de que sean los talentos asociados a la masculinidad los que sean más rentables.

          Si deseamos un cambio, tal vez empezar por una huelga global de mujeres el 8 de Marzo no sea tan mala idea como me había parecido en un principio.

viernes, 15 de diciembre de 2017

The last Jedi: Luke, Rey, Ben Solo.

          Lo primero es dar la medida del tipo de espectador de Star Wars que soy: tenía lágrimas en los ojos al leer "Luke Skywalker" y "Leia Organa" en los títulos iniciales.

          Resulta extraño, Los últimos Jedi es una película que me ha emocionado intensamente pero que no ha hecho que salga del cine entusiasmado, sin duda es una película irregular y juraría que su principal problema es su metraje, es una gran película de Star Wars pero por momentos se hace larga, luego algo falla.


          Vaya por delante que me ha gustado mucho, pero diría que en conjunto es una película inferior a El despertar de la fuerza (pero superior a las precuelas, o si acaso cerca de La venganza de los Sith), y eso a pesar de regalarnos escenas épicas. Hay que agradecerle de entrada que sea original y no un plagio como la anterior (al principio parece que lo va a ser, pues una vez más comenzamos con una evacuación de una base rebelde, pero no, y otro tanto ocurre al final, pues parece que se va a repetir la batalla de Hoth, pero no), sus defectos no son los de su predecesora, muy al contrario aquella era una película redonda pero en gran medida un déjà-vu, esta está llena de incertidumbres y giros (más o menos) inesperados, pero se le ven las costuras.
          Hay básicamente tres líneas argumentales: la que relata las vicisitudes de los Jedi (Luke, Rey y sus antagonistas Snoke y Kylo Ren), la que relata los esfuerzos de los últimos reductos de la resistencia por sobrevivir y la que relata las peripecias de Finn y la rebelde Rose Tico. Dado que la película resulta larga, habría que cortar en algunas de estas historias o tal vez en todas.

          Esta segunda posibilidad es inaceptable, nada puede cortarse de la primera línea argumental pues solo una cosa flojea en ella: los bochornosos efectos digitales que dan vida al líder supremo Snoke. Pero todo lo demás es fantástico, empezando por unas actuaciones sublimes (no a menudo puede decirse esto en Star Wars) de Daisy Ridley, Adam Driver y Mark Hamill. La evolución de sus personajes a lo largo de la película es apasionante, es el verdadero motor de la trama: The last Jedi son sobretodo Luke, Rey y Kylo Ren. Es especialmente interesante el devenir de Kylo Ren, más Ben Solo que nunca pues, para bien y para mal, aparece humano, demasiado humano (perdón por el préstamo Nietzscheano). Adam Driver es lo que Hayden Cristensen (por demérito suyo o del guión, o de ambos) nunca pudo ser. Kylo Ren no será el mejor villano de Star Wars, pero esta película lo convierte sin duda en el más interesante, alguien a quien esquizofrénicamente odiar y compadecer a partes iguales. Y eso precisamente le ocurre a Rey, con quien es imposible identificarse más, sus dudas son las nuestras, sus esperanzas, sus miedos, su ingenuidad. En cuanto a Luke, la película juega con nosotros, dejándonos sospechar que Luke pueda haber dejado de ser el que conocimos y admiramos... pero Yoda lo rescata de su pozo de desesperanza demostrándonos que hay sabiduría para la que todo lo que sea vivir menos de ochocientos años no es suficiente. Y Luke... acaba siendo el mito que es. Muchas decisiones equivocadas podían tomarse para el clímax final, especialmente la de convertirlo en un superhéroe de Marvel, afortunadamente no es así. Gran y digno final para Luke, como digo, a la altura del mito.

         ¿Qué decir de las andanzas de Poe y la resistencia? El inicio de la película es espectacular, Poe es un piloto apasionado y apasionante, y la desesperada huida de la resistencia es angustiosa, por lo menos hasta el momento en que la película decide abrir su tercer hilo argumental. En ese momento la aparición holográfica de Maz Kanata es inverosímil y anticlimática, y el plan que entonces se pergeña de repente dilata el tiempo (en principio no de la acción, aunque también, pero de la película sin duda) de forma que la cuenta atrás para el fin de la resistencia se prolonga perdiendo el suspense inicial.
           También es interesante en esta parte la evolución de Poe, si Luke es el mentor de Rey, Leia lo es de Poe, y gracias a ella aprende que hay ocasiones en que hay que retirarse, aprende qué es el liderazgo, la responsabilidad y que puede ser más difícil disponer de las vidas de otros que de la propia. Lo que la guerra supone, nihilismo, esfuerzo, idealismo, dolor, heroísmo, pasión, pérdida... nos es trasmitido por la película. Sin ir más lejos, acabamos de conocer a un personaje, la Vice Almirante Amylin Holdo, y sufrimos con su sacrificio como si fuera una vieja conocida. En Star Wars sigue habiendo maniqueísmo por la sencilla razón que el bien es el bien y el mal es el mal (fuck you postmodernity), pero no hay decisiones fáciles: los valores son claros, las acciones no. Ajustar medios a fines, sabemos por Aristóteles que en eso consiste la moral, y en The last Jedi nunca está claro dónde está la virtud, qué es lo valiente, qué lo inteligente, qué lo prudente. La línea que separa el bien del mal está clara, pero eso no convierte el arte de tomar decisiones y obrar en consecuencia en algo sencillo. Nada que reprochar tampoco, pues, a este otro tercio de la película.

          Queda una única opción, sí, Finn. Al igual que pasaba con La amenaza fantasma, que con un pequeño cambio habría mejorado mucho (que Qui Gon Jinn se hubiera quedado en la nave en Tatooine y Obi Wan hubiese llevado el peso de la acción en Mos Eisley, otro día hablamos de Jar Jar), he llegado a la conclusión de que esta película (y no es nada personal contra Finn) habría sido mejor si Finn hubiese seguido herido en una camilla toda la película o si sus peripecias hubieran sido mucho menos accidentadas. Las cosas que chirrían son de su parte de la trama, y solo una cosa me parece justificar la existencia de la misma, la frase de Rose Tico de que no luchamos para destruir lo que odiamos, sino para salvar lo que queremos. Salvo eso (que por cierto forma parte de una escena bastante ad hoc y poco verosímil, como muchas de esta subtrama), no creo que echara de menos nada de esta línea argumental en toda la película. Sí, lo sé, es muy interesante el personaje del desencriptador al que da vida Benicio del Toro, y se agradece que en ocasiones el que es cínico siga siéndolo hasta el final (los que rectifican como Han Solo abundan mucho menos de lo que las películas nos quieren hacer creer). También es genial ese "planeta Montecarlo" con aire decadente y frívolo, y su riqueza podrida sacada del tráfico de armas. Sí, pero todo esto no acaba de estar bien integrado en el resto de la película y las visicitudes de Finn y Rose Tico resultan a menudo forzadas y precipitadas... aunque sea fundamental ese anillo de la resistencia traído directamente de Casablanca.

          En conclusión, dos tercios de película magistrales, otro con muchos defectos, y de ahí, supongo, mi paradójica sensación: ver The last Jedi fue un auténtico placer... que se me hizo largo.


P.S. Un poco de "fridge logic": ¿Por qué el sable de luz que emplea Luke en su batalla holográfica no es verde, si su sable azul lo tiene Rey? Como mucho Luke, si se quedó con un sable de luz, fue con el que pudo haber rescatado de la segunda Estrella de la Muerte.

miércoles, 11 de octubre de 2017

La declaración de independencia y un poco de filosofía del lenguaje (muy) básica

          Una declaración es un tipo de acto de habla cuya dirección de ajuste es del lenguaje al mundo, de tal forma que su emisión crea un nuevo estado de cosas. Por ejemplo en "os declaro marido y mujer" las palabras mismas al ser proferidas crean una realidad nueva.
          Dicho acto de habla puede ser fallido (y por tanto no hay realmente declaración, esto es, la realidad sigue tal cual era previamente) si quien realiza la declaración no tiene la potestad de hacerlo o si la ejecución es torpe. Por ejemplo si quien dice "os declaro marido y mujer" no es un juez, o un concejal, o un capitán de un barco, o un cura... y no está en el contexto jurídico apropiado (un cura no puede ir casando por la calle a transeúntes indiscriminadamente); o si dice algo así como "os declaro Perico y el de los palotes", en cuyo caso la declaración presenta un defecto de forma que la hace estéril.
          Así, lo primero es preguntarse quién tenía autoridad (dentro de la pseudo-legitimidad de la pseudo-ley de transitoriedad) para hacer dicha declaración, si el President de la Generalitat o el Parlament.
          Si era el segundo, fin de la cuestión, se trató de una declaración fallida pues el Parlament solo puede manifestarse de una forma, votando, y no lo hizo. Si la autoridad la tenía el President entonces pasamos al siguiente problema: ¿fue la declaración formalmente válida?
          Yo estoy con Miquel Iceta... preguntándome si ha habido una declaración o no, porque si la hubo desde luego no fue clara. En este sentido cabría decir que fue una declaración fallida por defecto de forma, y eso me parece que es lo más sensato, pero da igual porque las formas hace tiempo dejaron de importar pues la ley es ante todo un formalismo y la pseudo-ley de transitoriedad establece precisamente una suerte de estado de excepción de tal manera que en el fondo tiene fuerza de ley lo que sea que diga el President, o que quiera creer que ha dicho, como es el caso.
          En resumen, creo que hubo una declaración fallida, pero como el declarante cree que sí hubo una declaración exitosa, y no hay otra autoridad legitimadora de su declaración que él mismo, pues hay que creer que sí hubo declaración de independencia.
          En cualquier caso, o hubo declaración de independencia o no la hubo, o tuvo éxito el acto de habla o no lo tuvo. La decepción de la CUP hace pensar que no, pero lo que explicaré a continuación sugiere que sí. Así que lo primero, y estoy atónito porque he de darle la razón a Rajoy, es lo siguiente: "Señor Puigdemont, por favor, tenga usted a bien explicarnos qué dijo." Porque pinta que en realidad usted no dijo nada.

          Pero la presunta declaración fue seguida de una solicitud de suspensión al Parlament, y si se pide que se suspenda algo, es que ese algo ha sido declarado. Y aquí la cosa se complica.
          Lo primero es que, si realmente hubo declaración (y solo eso daría sentido a la demanda de suspensión), entonces a quien corresponde suspenderla es al Parlament, pues es a dicha institución a la que el President dirigió su petición. Pero el hecho es que, como he dicho más arriba, el Parlament no hizo nada. Algunos miembros del Parlament hablaron, pero el Parlament como tal debate y vota, y ayer tal vez se debatió, pero no se votó. Que el Parlament tome una decisión implica llegar a un acuerdo, y un acuerdo parlamentario es una mayoría de votos. En definitiva, si dependía del Parlament suspender la declaración de independencia, entonces no está suspendida.
          Pero el caso es que el propio President pareció sugerir que había una declaración que quedaba suspensa... y eso solo es posible si él mismo hizo la declaración y a su vez la suspendió, porque insisto en que el Parlament ayer fue solo público con derecho a voz pero sin voto. Por tanto, la suspensión misma sería un acto fallido, pues de hecho habría sido llevada a cabo por quien carecía de potestad para ello. En fin, esto es lo que ocurre cuando se confunden los poderes legislativo y ejecutivo y no están claras sus funciones, que al final el poder se reduce a lo que pretendía Carl Schmitt: poder decretar el estado de excepción. Vamos, que "l'état cést lui", Puigdemont.
          Y hay algo más, ¿cómo se suspende una declaración? O bien se desautoriza a su emisor (ese juez era un impostor, no podía casarme), o la emisión (el juez nos declaró amo y esclavo), o se formula una nueva declaración que anula la anterior (esto es, cambia de nuevo el estado de cosas). Las dos primeras opciones son imposibles pues equivalen a "yo Carles Puigdemont declaro la independencia pero de hecho no porque no tengo potestad para hacerlo" o a "yo Carles Puigdemont declaro la independencia pero de hecho no porque pensé que 'independencia' significaba 'soy de Girona'". Lo que nos deja con la tercera opción: se suspende la declaración mediante una declaración que la anula (o que al menos la suspende) y... ¿dónde está esa declaración y quién la ha hecho? Un juez casa, y o bien anula el matrimonio o bien declara el divorcio. ¿Dónde están el juez y mis papeles del divorcio?

          Recapitulando, mi conclusión es la siguiente: O bien A) no hubo declaración, pues esta fue un acto fallido, o bien B) si supusiéramos que hubo declaración, entonces está activa, porque lo que no hubo en ningún caso fue suspensión. Luego está la deprimente y muy probable posibilidad C): el significado de las palabras, los hechos, la ley y la verdad importan una mierda en la política contemporánea.

          Una última cuestión. Ese documento que firmaron fue algo así como "a mí me la suda la religión, pero quiero casarme por la Iglesia que es muy bonito", vamos, un paripé, no dejes que la realidad te estropee una buena fiesta. Ya tenemos pagado el convite, la orquesta y tres horas de barra libre, así que celebremos la boda porque la ausencia del novio es un detalle sin importancia. Así que firmamos un documento sin validez jurídica ninguna (solo simbólica, eso que muchos llamaron "política" porque efectivamente han llegado a creer que la política es pura gestualidad), y así nos damos el homenaje de cantar aquí todos juntos Els segadors con los ojos llorosos remedando lo que habría ocurrido de haber ocurrido algo realmente.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Discurso de una alumna en el Día de la Mujer Trabajadora

          Hoy, 8 de Marzo, quiero compartir con todos los lectores de este blog el emotivo discurso que ha escrito y leído una alumna del centro para celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La lectura ha seguido a un minuto de silencio en repulsa de la violencia de género y como homenaje a sus víctimas. Aquí os dejo las palabras de Marta Pascual, de 2º de Bachillerato del IES Doctor Marañón de Alcalá de Henares, nada que añadir:

Y con ellas la cifra se acerca a la veintena. Más otras 442 víctimas desde el 2010. 58 por año. 5 por mes. En algunos casos, 2 por semana.

“Las niñas bonitas no pagan dinero” Dijo el barquero. No te preocupes, niña bonita, porque el producto eres tú. Da igual si es saltando a la comba o entrando gratis en una discoteca, porque el producto eres siempre tú.

Aprendemos que “los que se pelean se desean”, que “un niño sólo te molesta porque le gustas”. Son sólo cosas de niños ¿Verdad?
Hasta que dejan de serlo. Hasta que el “mató a su mujer, la hizo picadillo y la puso a remover” deja de quedarse en una canción para las palmas y pasa a la vida real.
Hasta que esa mujer es Leidy Yuliana Díaz, Toñi García Abad o María Ángeles Prieto Ramos.
Hasta que lo que importa es cómo iba ella vestida, con quién estaba o por qué estaba allí. Porque “fue violada”, pero al fin y al cabo, la culpa es suya, si iba provocando ¿No?
Y aun así, no falta quien diga, que con su aspecto, lo sorprendente es que alguien la haya querido violar.
Porque no importa que el “no” sea “no”
Porque no importa cuánto denuncies, como hicieron tantas de las víctimas. No importa que salgas de la relación, no importan las órdenes de alejamiento, mientras los asesinatos por violencia de género sean comunes en nuestros telediarios. Mientras el machismo nos persiga en una sociedad que cierre los ojos y no quiera actuar.
Y aun así, hay quienes reivindican que la ley de Violencia de Género es innecesaria. Que son casos aislados. Que las supuestas denuncias falsas no se cobran la importancia que tienen.
“¿A dónde vas así vestida?” “¿Con quién?” “No me gustan tus amigas, son malas influencias” “¿Con quién estás hablando?” “¿Dónde estabas ayer?” “Esto te lo hago porque te quiero”
Y de nuevo, una noticia. Otro asesinato que pasa por delante de nuestros ojos. Un nuevo silencio. Después los deportes, y el tiempo.
Y así día a día, mes a mes. Y las víctimas se van acumulando, y aun así nos atrevemos a sorprendernos con la cifra, cuando se ha ido formando delante de nosotros, en una sociedad que nos hace, a las mujeres, de menos.
Y seguirá formándose a no ser que nos quitemos la idea de que “Quien más te quiere, te hará sufrir”, porque el amor no duele.
Las Naciones Unidas definen  la violencia de género como "todo acto que pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada"
¿Suena familiar? Desgraciadamente, debería.
Y desgraciadamente, lo hará aún más, porque esas mujeres no son noticias, son personas, como lo soy yo, o como todos los aquí presentes. Hasta que alguien decidió que no lo eran, mientras el resto las dejábamos morir en silencio.
Chicas, que no somos princesas en apuros, que no necesitamos príncipes con tres cuartos de rana. Que somos fuertes, valientes e independientes. Que lucharemos; Que el silencio no se quedará en silencio ni una vez más.
Con estas muertes lo que los conocidos de la víctima han perdido –Una madre. Una hermana. Una amiga.- no tiene comparación con lo que el mundo ha perdido. Otra mujer maravillosa.
Y desde luego, no se compara con lo que ella misma ha perdido, más valioso que cualquier otra pérdida: Su vida.
Y por ellas, y por nosotras, haremos ruido. No vamos a tolerar ni una muerte más, ni una noticia más, ni un asesino más.
Este 8 de marzo, ni una menos. 

jueves, 8 de diciembre de 2016

"Feminazi" is not one of my words

          Durante una conferencia a la que asistí hace tiempo, Robert Brandom relató una anécdota del juicio a Oscar Wilde por sodomía e indecencia. Defendiéndose de las preguntas del hostil interrogatorio de la fiscalía, que trataba de demostrar su exaltación de la obscenidad, Wilde habría respondido serenamente "'Obscenity' is not one of my words" ("'obscenidad' no es una de mis palabras'). Estas palabras de Wilde se emplean en ocasiones en discusiones filosóficas acerca del realismo moral pues implicarían que no existe un hecho o propiedad moral a los que refiera la palabra "obscenidad", y que por tanto la frase "x es obsceno" sería falsa. No creo que esa conclusión realista sea forzosamente correcta, pero no es mi intención discutir aquí acerca de metafísica de la moral, sino hacer mía la afortunada expresión de Wilde. Lo que el genial autor irlandés pretendía subrayar es que para poder pecar hay que ser creyente, no existe el pecado si no existe Dios. Seguirán existiendo las malas acciones, sí, pero hay muchas que desaparecerían de la lista, verbigracia, el sexo prematrimonial, la masturbación, no santificar las fiestas, la falta de recato...
          En los últimos tiempos se ha convertido en tendencia llamar al oprimido opresor, siempre que trate de resistir a la opresión. Todo oprimido que no sea manso es tachado de intolerante. Así, un renacido antisemitismo se disfraza de antisionismo, las víctimas del terrorismo son acusadas de intransigentes por no dorarle la píldora a quienes estuvieron en la cárcel precisamente por colaborar en conventirlas en víctimas y finalmente son las mujeres feministas quienes en realidad son la causa de la misoginia y el sexismo.
          Rosa Díez, por ejemplo, ha sido insultada y linchada, ha sido tratada de fascista e intolerante... precisamente por resistir a la opresión de un nacionalismo fascista e intolerante, del terrorismo etarra y el matonismo de sus socios políticos. Rosa Díez defendía la ilegalización de aquellas asociaciones que colaboraban en la sombra con el terrorismo, o que al menos se negaban a condenarlo (yo personalmente no estaba de acuerdo en esto), luego era intolerante... y lo que hacían aquellos que esos políticos tan tolerantes se negaban a condenar, el tiro en la nuca, en cambio era luchar contra la opresión. Quien emplea la palabra en el parlamento pidiendo que se haga justicia mediante la ley es intolerante, quien asesina o confraterniza con los asesinos es la víctima. Rosa Díez era violenta por no doblar la cerviz como corresponde al buen oprimido.
          Recientemente han proliferado vídeos de youtubers famosos, artículos en periódicos y entradas de blogs contra el feminismo (a veces con pequeñas apostillas como "moderno" o "radical") y finalmente va imponiéndose el término "feminazismo" entre machirulos y no tan machirulos. ¡Genial! No habíamos conseguido convencer aún de que lo de "ni machista ni feminista, yo persigo la igualdad" es como decir "ni racista ni antiracista yo persigo la igualdad", y ya directamente se vincula el feminismo con el nazismo.
          "No todo el feminismo" dirán algunos, solo el radical. Traduzco: solo el que toca los huevos de verdad. Una vez más la ecuación descrita más arriba: la protesta y lucha enérgica contra la opresión es tildada de agresión, se quiere oprimidos dóciles, que para eso están oprimidos.
          El feminismo es un movimiento muy rico, y hay feministas de todos los colores (también algunos que defienden una ortodoxia con tendencia a excluir algunos colores, sí), igual que ecologistas, liberales... El feminismo admite el disenso más allá de unas ideas básicas (que he tratado de sintetizar de forma muy sencilla en mis entradas de "Feminismo para dummies" I, II y III), lo que un autoinvestido apóstol del feminismo diga o haga no es lo que el feminismo es, lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te haga no te lo hace el feminismo, ni aún cuando diga hacerlo o decirlo en nombre del feminismo. Y en cualquier caso lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te hagan no es nada comparado con lo que las ex-mujeres, las madres, las hijas, las hermanas, las amigas y las novias vienen sufriendo por el simple hecho de tener dos cromosomas X. Contra el sexismo no cabe la equidistancia, y luchar contra el machismo no es intransigencia de la misma forma que no lo es luchar contra cualquier otra forma de intolerancia. Es, por el contrario, un imperativo moral. Una vez entendido esto podremos discutir sobre el alcance de la dicotomía sexo/género (no sobre su probada existencia), sobre el uso o abuso de conceptos como "mansplaining" y el papel de los varones dentro del feminismo (tengo pendiente una entrada sobre esto), sobre el uso de lenguaje inclusivo (a la vista está que no soy partidario), sobre qué medidas y términos son más adecuados para combatir la violencia machista, sobre la discriminación positiva (en este caso sí soy partidario), sobre el alcance de las estructuras de la sociedad patriarcal (no sobre su probada existencia), sobre si la ley del aborto ha de ser de supuestos, de plazos o ha de defenderse el aborto libre, el alcance de la distinción público/privado...
          El feminismo es un movimiento que persigue la igualdad y además es una teoría viva, en evolución, con un rico y fecundo debate de ideas (de hecho yo tiendo a preferir hablar de "feminismos"). Por ello el término "feminazi" no refiere a realidad alguna, es tan solo una forma en que el opresor pretende dar la vuelta a la tortilla y aparecer como víctima. Volviendo a Wilde, pensemos en lo que el uso del término "obscenidad" implica: hay algo que tú haces que me escandaliza y ofende mi pudor, esto es, soy víctima de tus acciones... y eso lo dice el que va a encarcelar a alguien por su orientación sexual. Es lógico que Wilde no aceptara el uso de un término que lo condenaba por su sola existencia, pues habría supuesto aceptar que él, auténtica víctima de la opresión, ejercía una forma de violencia sutil que justificaría la represión a la que se veía sometido.  Yo no soy, como Wilde, como las mujeres, un oprimido, y con más razón por ello mismo solo puedo decir una cosa: "feminazi" is not one of my words.
          

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Trumposos

          Un fantasma recorre el mundo, el fantasma del populismo. En Estados Unidos ese fantasma se ha materializado convirtiéndose ni más ni menos que en Presidente.
          No soy amigo de ninguna forma de populismo, pero sí distingo entre populismos de izquierdas y de derechas (véase la entrada Populismos), y puestos a elegir me quedo con el de izquierdas por un rasgo diferencial de los populismos diestros que para mí es crucial: la xenofobia. Todos los populismos actuales, dentro de todo el espectro ideológico, contienen un neonacionalismo en forma de defensa de la autarquía nacional disfrazado de rechazo a la globalización (Trump quiere añadir tasas a la importación, multar a empresas que deslocalicen, limitar el mercado internacional), también comparten el rechazo a una élite política y económica a la que no obstante en muchas ocasiones pertenecen los propios líderes de los movimientos populistas (Trump es millonario), pero el rechazo al extranjero es patrimonio de los populismos de derechas.
          Nacionalismo (frente a la pérdida de soberanía ante el FMI o la Comisión Europea) y rechazo a la democracia representativa (que enmascararía la oligarquía dicen) son temibles, pero lo que hace que esta década empiece a recordar peligrosamente a los años treinta del pasado siglo es añadirle a estos factores el racismo y la xenofobia del Frente Nacional, el UKIP, el Freiheitliche Partei Österreichs.... y ahora Trump.
          Se le puede reprochar a los populismos en general su demagogia, pero los populismos xenófobos son especialmente tramposos. Porque hay mucho de cierto en el relato de que una élite económica ha salido indemne de la crisis mientras que los demás hemos pagado sus desmanes, en que los partidos viejos son responsables de dicha crisis y que solo parecen perseguir perpetuarse en el poder y no el bien común, pero es de todo punto falso que los culpables de la crisis (del desempleo, de los bajos salarios, de la pérdida de derechos laborales) sean los emigrantes.
          El populismo se nutre de la vanidad de los electores que están deseando que alguien les diga que nada de lo malo que les ocurre tiene que ver con ellos, el chivo expiatorio por antonomasia son los inmigrantes, los extranjeros, los judíos, los gitanos... sí, la trampa de estos trumposos es vieja, pero parece que muchos siguen dispuestos a caer en ella. Y yo empiezo a temer que caigamos en horrores del pasado, entre otros el de creer cosas como "se moderará", "cuando llegue al poder no hará exactamente todo lo que dice", "las instituciones no pueden caer"... confundiendo deseos con realidad. Recuerdo ahora lo que se dice a sí mismo el padre de Wladyslaw Szpilman en la película El pianista de Roman Polanski cuando oye relatos terribles de lo que están haciendo los alemanes a los judíos, insistiendose en que no es posible que tengan lugar esas atrocidades. Nos autoengañamos pensando que no puede ser, y sí puede.
         "Nunca más" dijimos hace cincuenta años, pero se ve que cada generación solo es capaz de escarmentar en carne propia. Hijos de puta, juegan con las cartas marcadas y aún así ganan elecciones.
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