lunes, 25 de marzo de 2013

Por una ILP libre de escraches


La tragedia de los desahucios
          Empecemos por aquello que es de rigor decir, aquello que NO se discute en este artículo: 1) que la ley hipotecaria española es abusiva (y esto no es una opinión, lo certifica el Tribunal de Justicia de la UE, un ente, por cierto, al que cada uno recurre a conveniencia según le dé o no la razón y que pasa de ser Satán a Jesucristo en cuestión de horas), que las viviendas están sobretasadas por bancos que luego no asumen su responsabilidad en dicha sobretasación, lo cual acaba dejando a muchas familias en la calle y además con una deuda inasumible; y 2) que es necesario darle a las familias hipotecadas, que por causas más allá de su control no son capaces de hacer frente a los pagos de su préstamo, una segunda oportunidad y que para lograr esto son indispensables tanto una ley que permita la dación en pago retroactiva como, casi con toda seguridad, el resto de propuestas de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) presentada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Quien esto suscribe está pues a favor de la ILP de la PAH, de hecho mi firma es una de ese más de millón de firmas que se presentaron para que fuera tramitada en el Congreso de los Diputados.
          También estoy a favor de la detención de los lanzamientos hipotecarios mediante medidas de desobediencia civil pasiva, gracias a ello muchas familias han podido seguir en sus hogares, al menos por espacio de unos meses. Considero por tanto que la desobediencia a la ley es legítima cuando dicha ley es injusta o tiránica, esto es, cuando lo que está en juego es la defensa de un derecho fundamental (como en este caso el derecho a la vivienda). Eso sí, ni son iguales todos los actos de desobediencia civil, ni depende de la percepción subjetiva de la ley el que dicha ley no pueda considerarse legítima, ni solo la violencia física es violencia, y hechas estas precisiones reitero mi apoyo a las acciones de desobediencia civil inequívocamente pacíficas en que se desobedece a la ley porque no hacerlo supondría consentir la violación de un derecho fundamental.

¿Es el escrache desobediencia civil legítima?
          El origen de la palabra "escrache" es argentino, el "escrache" sería un método de participación social en un contexto de impunidad, donde no existe la posibilidad de una condena judicial de personas halladas culpables de crímenes contra la Humanidad. Se trataría de una denuncia pública, de un señalamiento en sus domicilios de torturadores y genocidas que han sido absueltos oficialmente. Considero que este tipo de acción no se ajusta a aquellas que se están llevando cabo en España en la actualidad y que por tanto se está pervirtiendo el significado de la palabra y con ello el sentido, objetivo y cualidad moral y política del acto originario, no obstante, me ceñiré al uso que de esa palabra se está haciendo como señalamiento de y presión sobre alguien, en su domicilio, tenido por culpable de que a día de hoy no haya sido aprobada una ley que permita poner fin a la tragedia de los desahucios.

            Son muchos los que defienden que el escrache tal vez sea ilegal, pero es legítimo, paradójicamente creo que es legal pero ilegítimo.
          Debe de ser legal porque no es diferente de lo que llevan años haciendo impunemente empresas como “El cobrador del Frac”, asociaciones como los Testigos de Jehová o compañías de telefonía, gas o electricidad (la diferencia radicaría en el número de gente que practica los escraches, y tal vez en la intensidad, pero no en la invasión de la intimidad que supone).
          Me parece ilegítimo porque no se ajusta a lo que más arriba he descrito como desobediencia civil: primero porque, insisto, probablemente sea legal (sería pues abuso de la ley, no desobediencia), segundo porque no ejercerlo no supone consentir la violación de un derecho fundamental (a diferencia de acciones como la de parar un desahucio), más bien al revés, practicarlo podría suponer una coacción a los representantes de la soberanía nacional (si se trata de informar, es una coacción legítima, si se trata de amedrentar, ilegítima, como trataré de justificar más adelante) y por tanto una violación de derechos fundamentales. Por otra parte, el escrache original no era tampoco un acto de desobediencia civil, pero sí era una acción violenta de baja intensidad (una violencia verbal/moral) pero legítima, porque pretendía ser un mínimo castigo por violaciones manifiestas de derechos fundamentales, era el oprobio, el escarnio público hacia tortudadores y asesinos (qué menos) cuando una ley de punto final los había absuelto desde el punto de vista penal.
          Supongamos que en cambio el escrache no es una acción violenta (de violencia física obviamente no, pero hay otras formas de violencia, ¿o no existen, por ejemplo, el acoso moral o sexual de carácter verbal?), en ese caso no sería una acción coercitiva (aunque eslóganes como “el miedo va a cambiar de bando” parece desmentir esta idea) sino algo así como un piquete informativo. En ese caso, sugeriría que se abordase a los diputados más cerca del ejercicio de sus funciones públicas, y no en sus domicilios privados. Si el escrache es informativo, lo importante es que el diputado llegue a conocer de primera mano la realidad de los desahucios para que empatice y se solidarice, y no que acabe percibiendo como un enemigo que le persigue a quienes sufren en sus carnes los desahucios o quienes dicen actuar en su nombre, ¿no?
          Ciertamente la capacidad de participar de la vida política en España es mínima, pero eso no implica que el escrache sea una forma de participación que ahonde en la democratización del país, más bien al contrario, y eso, una vez más, lo descarta como una forma de desobediencia civil.

¿Es el escrache útil a la causa anti-desahucios?
            Sean las anteriores consideraciones sobre el escrache acertadas o no, lo que es innegable es que el escrache es un medio al servicio de un fin (que se apruebe la mencionada ILP) y no un fin en sí mismo, y si esto es así, entonces sí que hay que estar radicalmente en contra del escrache, pues creo que tiene más posibilidades de cambiar el voto de los diputados para mal que para bien, y si no atengámonos a la realidad de los hechos: ¿Cuál es la reacción que está provocando en sus protagonistas? ¿Más empatía? Insisto, no solo no es útil para la causa, sino que es un grave error, se está poniendo en juego el éxito de la ILP a causa de la incontenible y comprensible indignación de algunos, la rabia de otros, y el matonismo endógeno de unos pocos que siempre gustan de hacer suya cualquier movilización social para hacer amagos de esa revolución suya particular que nunca llevan auténticamente a cabo. Yo pediría a aquellos diputados que consideren que la ILP es buena y debería salir adelante, que por favor voten a favor de ella A PESAR de los escraches, que no se dejen influir por ellos para mal y que juzguen la ley por su contenido, no por el quién ni el como, sino por lo que es. Confío, por el bien de la ILP, que los diputados sepan hacer abstracción de lo que ha rodeado su tramitación, porque la ley está por encima de eso, y voten en conciencia (esto es, sin disciplina de voto si es necesario) porque sencillamente es una buena ley.

¿La ILP no se toca?
         La verdad es que considero que la ILP debería aprobarse tal cual está, pero eso no me conduce a defender que haya que desposeer a los diputados de sus derechos y obligaciones, como  son debatir, modificar y aprobar leyes que luego sancionará el gobierno. Entre otras cosas porque los diputados son los representantes de la soberanía nacional (sean malos o buenos representantes, yo creo que en su mayoría malos), y la ILP es una demanda de gran parte de la ciudadanía, como mínimo de aquellos que la firmaron, pero corresponde a los diputados saber si es buena o no para el país en su conjunto, porque ellos representan al país y no ninguna mayoría social por muy amplia que sea. Millón y medio de firmas queda muy lejos de los millones de votantes del partido con más representación en el Congreso (con una ley electoral injusta, cierto), pero es que aunque hubiera que fiarse de encuestas de opinión (me parecería lamentable legislar a base de encuestas de opinión, y más sabiendo cómo se llevan a cabo) y el 90% de los españoles apoyaran la ILP, aún así interés de la mayoría y bien común seguirían sin ser sinónimos.
            Aristóteles defendía que la bondad de un sistema político no dependía de que gobernaran muchos o unos pocos (disiento en parte), sino de que gobernara quien gobernara lo hiciera en vistas al bien común. Fuera un gobierno de una minoría o de una mayoría, la clave estaría en que no se defendieran intereses particulares, o de lo contrario tendríamos tiranía, oligarquía o demagogia, pero no una sociedad política. Que gobierne una mayoría defendiendo sus intereses como mayoría no es que reine el bien común, sino el interés particular, de muchos, pero particular. Considérese el siguiente ejemplo: sin duda la confiscación de los bienes de los judíos era bueno para los intereses de la mayoría de los alemanes, dado que los judíos apenas representaban un porcentaje mínimo de la población alemana, pero desde luego no representaba dicha acción el bien común, pues el bien de una minoría se veía seriamente menoscabado (por no hablar del mal que supone quebrar el principio de isonomía). Determinar qué es el bien común corresponde a los representantes de la soberanía nacional, y su tarea no puede ser escamoteada por ninguna mayoría (o no tan mayoría) social (a no ser mediante una revolución, y no es el caso) que solo representa sus intereses, aún cuando esos intereses sean los de muchos. Los lobbies, sean de origen humilde o no, civil o empresarial, son grupos de presión que solo se representan a sí mismos, y corresponde a los diputados gestionar el conjunto de los intereses particulares en aras del bien común, y el hecho de que lo hagan pésimamente, o de que algunos se dejen seducir por los intereses particulares de quienes detentan el poder económico, no les quita ese derecho. O sea, que sean malos diputados, como lo son muchos, me temo, no les priva de sus derechos y obligaciones de diputados, y sobre todo no priva al pueblo del derecho a que sus representantes puedan ejercer su labor en libertad, porque si yo voté a un partido confiando en que no haría cosas tales como aprobar una ILP, pongamos, que propusiera instaurar la pena de muerte, ¿dónde quedarían mis derechos si miembros del partido al que voté votaran a favor de esa ley a causa del escrache de los partidarios de la pena de muerte? ¿Por qué habría de pesar más la presión directa en los domicilios de los diputados que la presión indirecta que supone el voto a un partido por su programa electoral?
          ¿Y qué argumento es ese de que no puede tocarse la ILP porque ya es de mínimos? ¿De mínimos para quién? ¿Para los afectados, para los diputados, para el conjunto del país, para el sistema? ¿Y cuáles serían los máximos, la abolición de la propiedad privada? ¿Existen máximos que no constituyan ya toda una agenda política, un programa, ideología? ¿Ha podido la PAH evaluar absolutamente todas las consecuencias para el conjunto del país (no solo para los afectados) de aprobar la ley tal cual está? Tal vez tiene consecuencias nocivas para el interés general que no son capaces de valorar. En el caso de las deudas de los bancos, podríamos haber dejado que estos se hundieran y con ello el Estado habría ahorrado dinero y habríamos minimizado recortes, eso sí, los clientes de dichos bancos (empresas y particulares) se habrían arruinado. Ciertas decisiones requieren una visión de conjunto, nada de fiat iustitia, pereat mundus. Por cierto, que ningún argumento de este tipo justifica que aunque se rescate a las entidades bancarias no se juzgue a los responsables de su quiebra (algo que no está ocurriendo, por desgracia, ¿a ellos, que salen impunes, no se les escrachea?). En el caso de la ILP de la PAH tal vez salvar a algunos nos afectará a todos, pero yo creo que hay que salvarlos, y confío en que una mayoría de diputados pueda llegar a esa conclusión. ¿Pero y si ocurriera que lo mejor para todos fuera aprobar solo dos puntos de dicha ILP? ¿Por qué habría que aprobarla tal cual está? ¿Porque sus promotores la consideran mínima? ¿Y no tienen derecho los diputados a sacar sus propias conclusiones sobre si es mínima o no? ¿Y si llegaran a ampliarla? ¿No sería eso tocarla? ¿Habría que estar entonces en contra de su modificación? No entiendo que se pretenda que no exista debate parlamentario, que se pretenda que la iniciativa legislativa popular pueda y deba sustituir al Parlamento cuando aquella no representa a la soberanía popular y éste, mejor o peor, sí lo hace.

          En conclusión, creo que la ILP de la PAH es una ley que supone un bien común, espero que no sea rechazada finalmente por culpa de la forma en que ha sido defendida su aprobación, lo peor que se puede decir del escrache es que no sirve a los intereses de los afectados por la hipoteca, lástima que sus promotores no hayan sabido (o querido) ver esto, creo que han puesto gravemente en riesgo sus objetivos.


P.S. Los argumentos de este artículo no se ven invalidados por el hecho de que nuestra democracia sea muy imperfecta. Ojalá pudiésemos acudir directamente a nuestros diputados para formularles nuestras peticiones, ojalá fuese más sencillo presentar iniciativas legislativas populares, ojalá pudiésemos obligar a los partidos a cumplir sus programas electorales, ojalá los diputados votasen en conciencia y no bajo disciplina de partido, ojalá todos los corruptos pagasen, ojalá los causantes de la crisis estuvieran en la cárcel… ojalá. Pero no se arregla un mal con otro, no se corrige la falta de democracia con actos dudosamente democráticos.

sábado, 16 de marzo de 2013

¿Por qué la filosofía?

          Ningún amante de la filosofía se ha visto libre de responder a esta pregunta alguna vez, y con cada nueva reforma educativa responderla se va haciendo cada vez más acuciante, porque sistemáticamente el legislador parece no conocer la respuesta ni estar cerca de entenderla.
           El porqué del "por qué". Porque precisamente eso es la filosofía, el porqué de todos los porqués, un rascar en lo profundo de nuestra humanidad, no cabe vivir ajeno al preguntarse. ¿Acerca de qué? De mí mismo, del todo, hasta del propio preguntarse. ¿Qué preguntas se hace el animal? "¿Dónde hay comida, dónde hay un depredador, dónde puedo dormir?" El animal es presente, el ser humano es, como decía Ortega, futurición. Y ese vivir más allá del presente de las necesidades biológicas nos convierte en seres filosóficos. ¿Por qué ese afán entonces del legislador por cercenar la filosofía del cuerpo del saber?
           Porque el legislador no entiende de porqués, solo sabe de "paraqués". Su pregunta es "¿para qué sirve?". El legislador es puro homo faber, necesita de actividades que creen objetos de uso. "¿Qué produce esto? ¿Qué se añade al mundo de las cosas?" -inquiere el legislador. Ha renunciado al discurso y a la acción, a la política, a la vita activa. El legislador ha renunciado a ser legislador... y la filosofía nos lo recuerda, por lo que debe desaparecer para que no quede ningún resquicio por el que pueda colarse la denuncia del escarnio al que el legislador somete a su propia ocupación.
           "¡Ah, pero qué presuntuosos son estos filósofos!" -dice el legislador. ¿Y saben qué? Que tiene razón, en parte. Los filósofos españoles hemos contribuido a cavar nuestra propia tumba. Si el tecnócrata pretende borranos del mapa es porque hemos aceptado gustosos confundir que efectivamente la filosofía sea un saber de segundo orden con que sea una ciencia sin objeto, totalmente ajena a lo mundano. Y peor aún, si somos el arma arrojadiza de "los hunos y los otros" de la dicotomía unamuniana es porque algunos han considerado que su compromiso personal con los hunos o con los otros era el de la filosofía en su conjunto, confundiendo el combate filosófíco contra la ignorancia, el prejuicio y la superstición con sus neurosis personales. La filosofía es esencialmente crítica, sí, pero hay quien confunde la crítica en cuanto capacidad y actitud, esto es, en cuanto filtro de razón que aplicar a aquello que trate de acomodarse en nuestro pensamiento, con la Escuela Crítica, y eso es confundir el todo con la parte. Y si estos errores los cometemos los propios filósofos, ¿qué no hará ese legislador mandarín que nos lleva gobernando desde hace décadas?
          El legislador está harto de preguntas, aborrece el por qué filosófico. Solo quiere respuestas, y cuanto antes. ¿Que este país es incapaz de proporcionarlas? Impórtense. ¡Que inventen ellos! Total, ya importamos todo lo demás... Todo menos ideas, a ellas no parecemos echarlas en falta, ni las tenemos ni las queremos, el yermo intelectual que somos es casi lo único en que todos los españoles estamos de acuerdo, no valemos para eso, resignémonos. Pero esos son los objetos que crea la filosofía, ideas. ¿Quiere objetos el legislador? A ver qué tal estos: "tolerancia", "voluntad general", "prudencia". Son objetos filosóficos, diseños eternos, los crearon con sus manos intelectuales Locke, Rousseau y Aristóteles. Y hay muchos más, y jugar con ellos es saludable para otra cosa que nació un poco antes que la filosofía (¿tendrán algo que ver?): la democracia.
          "¡Acabáramos! Ya están estos filósofos convencidos de que son la reserva espiritual de la democracia." -dice el legislador con sonrisa cínica. Nada más lejos de la realidad. Es una ilusión que la filosofía nos haga demócratas (la lista de filósofos eminentes que no lo han sido es larga), pero nos da razones para ser lo que seamos en lugar de armas o prejuicios, y el mal generado por aquellas siempre es algo menor que el de estas, entre otras cosas porque las razones abren un hueco para nuevas razones mientras que las armas y los prejuicios solo apagan voces. La filosofía sirva al mal o al bien, sirve a la verdad, no hará por sí sola ciudadanos mejores (aunque quiero creer que la filosofía bien enseñada sí lo hace), pero hará personas más inteligentes. ¿Y por qué está tan en entredicho la inteligencia? Eso sí que es democrático, una sociedad de personas inteligentes, autoconscientes, sin prejuicios. Y una sociedad sin prejuicios es una sociedad libre, y por eso no se estudia una filosofía, sino filosofías, y por eso no basta con enseñar a filosofar, sino lo que otros filósofos pensaron antes, fuesen o no demócratas (¿o no se enseña el pensamiento de Hobbes? por ejemplo), porque después de ese recorrido por las distintas filosofías lo que queda son las razones, los objetos que crearon unos y otros, las ideas.
          ¿Por qué la filosofía? Porque es un saber instrumental de alto nivel. Porque cuando hemos aprendido a ordenar las palabras y a ordenar los números, resta aprender a ordenar las razones, a argumentar, a construir un discurso propio. Los alumnos están acostumbrados a verdades reveladas (por sus padres, sus amigos, sus profesores), han renunciado a entender la forma de un argumento, no disntiguen entre verdad y validez. Sólo quieren conclusiones, no indagar en las premisas. Han renunciado a fundamentar, a la justificación, su pregunta es "¿qué quieres oir?". La filosofía trata de poner fin a esa renuncia con sus exasperantes porqués, trata de rescatar al alumno de esta autocomplacencia en la reproductividad técnica del saber, de su dogmatismo relativista. ¿Qué debate público existirá, y de qué calaña, en un país en que no se aprendan estas cosas? Probablemente el que existe a día de hoy en España, el que maman en la televisión en cualquier debate sobre el estado de la Nación o en cualquier tertulia nuestros alumnos, y que convierte en hercúlea la tarea de los profesores de filosofía.
          ¿Por qué la filosofía? Porque toma distancia respecto a lo particular y mediante esa extrema abstracción dota de una visión general a los saberes técnicos. La filosofía no es un toque de alta cultura, sino una perspectiva que hará del filólogo, el historiador o el artista un humanista y del físico, el matemático o el biólogo un científico. La filosofía amplía nuestra visión del mundo, nos distancia del presente, de lo concreto. Sus conocimientos de física habrían hecho de Einstein un gran físico, su perspectiva, su punto de vista, su visión de conjunto hicieron del él un científico revolucionario. La filosofía y la ciencia no se enfrentan, ambas combaten un enemigo común, la ignorancia, y la investigación científica sin perspectiva filosófica tenderá al daltonismo intelectual. Hay una ciencia que resuelve y otra que descubre, y la filosofía es una herramienta al servicio de la segunda. ¿Por qué renunciar a ella? El problema de España, volviendo a Ortega, es y ha sido siempre el de la falta de ciencia.
          ¿Por qué la filosofía? Porque es inherente al ser humano preguntarse, y no hacerlo es conformarse con ser menos de lo que se podría ser. Es vivir con las respuestas sin haberse hecho las preguntas, es vivir sin distancia, sin perspectiva, es presente puro. Es sustituir un instinto natural innato por uno añadido artificialmente. En el puro presente no cabe el progreso, porque el progreso debe medirse mirando al pasado y construyendo el futuro, el presente es resignación. Pero queremos ser China y no Europa, elegimos ser el proletariado, alto y bajo, pero dominado al fin y al cabo, es nuestro puesto, lo asumimos, sin filosofía, "muera la intelectualidad traidora".

viernes, 28 de diciembre de 2012

Vinieron de dentro de...

          Finalmente se consumó el desfalco, la gestión de seis hospitales públicos pasará a ser privada con el apoyo unánime de los diputados del PP de la Asamblea de Madrid. Están en su derecho dirán algunos, su mayoría parlamentaria les legitima para tomar esa decisión. ¿Seguro? Estudiemos un poco los hechos mediante sun diálogo ficticio pero basado en hechos reales.
 
          - ¿Cuál es la razón aducida para privatizar la gestión de dichos hospitales?
          - Que están mal gestionados.
          - ¿Quién los ha gestionado hasta ahora?
          - Aquellos que han votado a favor de su privatización.
          - Vaya... o sea que los gestores de la Comunidad de Madrid reconocen su incompetencia y por ello ceden su responsabilidad a terceros que juzgan más competentes, ¿pero si eso es así, no debería dimitir alguien, pedir perdón, ser juzgado incluso?
          - Noooo, porque en realidad esta mala gestión es fruto de una herencia envenenada, es el resultado de la mala gestión de gobiernos anteriores.
          - ¿El estado actual de las cuentas de la Comunidad de Madrid es responsabilidad de los que la gobernaron hace... 17 años?
          - No exactamente, pero sí del sistema que ellos establecieron, que es extremadamente rígido y no concede suficiente autonomía a los hospitales.
          - ¿Luego lo que convendría es reformar tal vez la función pública o el sistema de gestión de los hospitales?
          - No, porque hay algunos hospitales deficitarios.
          - ¿Los que se construyeron hace más de 17 años?
          - Buenoooo, más o menos.
          - ¿De esos se privatiza la gestión?
          - No exactamente. Se privatiza la gestión de seis hospitales construidos hace dos legislaturas.
          - ¿Por qué?
          - Porque una empresa privada además de dar un servicio necesita generar beneficios, y hay ciertos servicios que no pueden no ser deficitarios. Por ello la empresa privada se ocupará tan solo de los servicios que tengan un coste más asequible.
          - ¿Pero entonces habrá servicios que desaparecerán?
          - Noooo, ni mucho menos. El Servicio Madrileño de Salud en su conjunto seguirá prestando la misma atención pero parcelada: en la práctica los hospitales públicos asumirán los servicios más caros y los hospitales de gestión privada los más asequibles.
          - Pero entonces no es que la gestión privada sea más eficiente.
          - Sí, porque en los hospitales de gestión privada se podrá contratar a menos personal y con un salario menor, pero se les seguirá exigiendo el mismo grado de profesionalidad.
          - Ya, y eso en conjunto podría redundar en un menor gasto total para la Administración, pero, ¿no lleva ya bastantes años la Comunidad de Madrid haciendo contratos eventuales de seis meses de duración y no ha habido ya varias bajadas salariales?
          - Bueno, sí pero...
          - ¿Pero...? O sea que algo que es de todos los madrileños, que funcionaba correctamente y sin excesivo déficit, por culpa de unos gestores que deciden ganar unas elecciones a base de prometer que construirán ocho hospitales (que construyen empresas privadas a las que se les paga luego un canon de alquiler cada año), renuncian al cabo de unos años a la gestión de seis de esos hospitales asumiendo con ello su incompetencia a la hora de gestionarlos, defienden que con esa renuncia se ahorrará dinero cuando en realidad lo que ocurrirá es que ganarán dinero unas empresas privadas a costa de ser financiadas con dinero público y de que la administración asuma las partidas más complejas de la gestión... ¿y dice que esto, que tiene toda la pinta de desfalco en toda regla a los ciudadanos madrileños, es legítimo porque dichos ciudadanos votaron a favor de ello al votar a favor del programa electoral del PP en las últimas elecciones?
          - ¡Sí! Eso es. Bueno... No. No exactamente.
          - ¿No exactamente?
          - Bueno, es que nada de esto aparece en el programa electoral del PP de las pasadas elecciones.
          - ¿Cómo? ¿Ni una ligera mención a la "externalización" de servicios sanitarios, a la colaboración de iniciativa privada y pública en la gestión sanitaria?
          - Ejem. No.
          - ¿Está diciéndome entonces que el voto de los ciudadanos es un cheque en blanco, que el programa de los partidos no les compromete en absoluto en su gestión?
          - Bueno, un poco sí, pero es que la situación económica...
          - ¿Los partidos políticos elaboran sus programas electorales de espaldas a la realidad? ¿Y eso no es incompetencia e irresponsabilidad?
          - No, es que el despilfarro, el déficit generado por los gestores anteriores...
          - ¿Generado hace 17 años?
          - No, del Gobierno de la Nación.
          - ¿Pero la gestión de la Sanidad no lleva años transferida? ¿No la transfirió de hecho el Partido Popular cuando estuvo en el Gobierno?
          - Sí pero...
 
          ¿Sigo? Es más sencillo que todo esto. Hemos puesto a la zorra a cuidar de las gallinas, a gestionar la Sanidad pública a quienes no creen en la gestión pública de la Sanidad, y lo que han hecho es una profecía que se autocumple: gestionar pésimamente para convencernos de que es imposible que gestores públicos gestionen adecuadamente.
          Como ciudadano madrileño siento que estoy asistiendo a una gigantesca estafa. Insisten en que la Sanidad seguirá siendo gratuita y universal, pero ya ha dejado de ser ambas cosas por el copago farmacéutico y con la exclusión de los inmigrantes sin papeles de la atención sanitaria. Es cierto que el ciudadano medio no notará el cambio, en efecto, pero será sencillamente porque los hospitales de gestión pública darán la cobertura necesaria a aquellos pacientes excluidos de los hospitales de gestión privada, es lo bueno del área única sanitaria, los hospitales de gestión privada podrán especializarse en lo vistoso, barato y fácil, y los de gestión pública en lo oscuro, caro y laborioso. Es lo bueno... para Sanitas, Capio y demás empresas del ramo, que son las que sí se están beneficiando profundamente de la gestión de la Comunidad de Madrid. ¿Es o no es un robo? Su dinero ya no financia lo que es suyo, sino a ciertas empresas (pero a las que usted no elige).
          Ya lo sabe, si usted es ciudadano vale lo que vale su voto, le subirán los impuestos, si usted es un banco o una empresa amiga, el Estado o la Comunidad Autónoma financiarán sus deudas. Lo llaman liberalismo pero su nombre real es corporativismo o feudalismo capitalizado. En el rango de los peores sistemas económicos posibles creo que solo el modelo mercantilista del absolutismo lo supera.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz Navidad lovecraftiana

          Estas navidades, aprovechando que este año ha sido el del 75 aniversario de la muerte de H. P. Lovecraft, y que tengo pensado publicar más adelante en Kindle una colección de relatos lovecraftianos que he ido componiendo a lo largo de varios años, me gustaría celebrar ambos acontecimientos con un regalo: la publicación gratuita con licencia CC de un relato de los mitos de Cthulhu. Es un regalo muy modesto porque me temo que mis dotes como escritor de ficción son más que limitadas, pero no es imposible que alguien disfrute leyendo mi pequeño pastiche lovecraftiano. Como dice Stephen King en su muy recomendable ensayo sobre el género de terror Danza Macabra, para disfrutar de los escasos bocados de gourmet que nos proporciona el género de terror hay que consumir antes mucha comida basura y aprender a apreciarla. Así que aquí os dejo mi whopper con queso para contribuir al terrible asalto a vuestras arterias propio de estas fechas:

          La misteriosa desaparición del Lago Témpanos (pdf)
 
          La acción de La misteriosa desaparición del Lago Témpanos tiene lugar en Chile y su título coincide con el titular de una noticia real. Representa un pequeño esfuerzo por escribir un cuento de terror postmoderno con tintes de horror cósmico. Quien dude de la veracidad del sorprendente hecho del que parte el cuento, que consulte en las hemerotecas los periódicos chilenos y españoles del 21 de junio de 2007, no quedará defraudado.
          ¿Qué es el terror cósmico? Según Lovecraft "los niños tendrán siempre miedo a la oscuridad, y los hombres de mente sensible al impulso hereditario temblarán siempre ante la idea de mundos ocultos e insondables de extraña vida que pueden latir en los abismos que se abren más allá de las estrellas, o acosar espantosamente a nuestro propio planeta desde impías dimensiones que solo los muertos y los lunáticos son capaces de vislumbrar". Una forma más prosaica de definir el terror cósmico es entenderlo como el descubrir de la hormiga la existencia de los elefantes, porque es el descubrir del ser humano que él es una hormiga a nivel cósmico. Es el terror de la contingencia. Es un terror materialista que va de la mano del albur de la existencia, del sinsentido del Universo, de su inmensidad y nuestra pequeñez. "Todos mis relatos -dice Lovecraft-, por muy distintos que sean entre sí, se basan en la idea central de que antaño nuestro mundo fue poblado por otras razas que, por practicar la magia negra, perdieron sus conquistas y fueron expulsadas, pero viven aún en el Exterior, dispuestas en todo momento a volver a apoderarse de la Tierra."  ¿Qué son estos primigenios habitantes de la Tierra lovecraftianos? No son más dioses que un elefante, pero por ser nosotros hormigas creemos que sí lo son y los adoramos como tales. La importancia que le damos a lo que somos, en el contexto de un Universo eterno e ilimitado, es la más pura vanitas vanitatis. ¿Hay algo más terrible? Feliz navidad.
 
Licencia Creative Commons
La extraña desaparición del Lago Témpanos por Javier Hernández Iglesias se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.
 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Por la gestión pública de la Sanidad pública

          Los hechos: privatización de la gestión de 6 hospitales, 7 centros de salud y varios de especialidades de la red pública, transformación del Hospital de La Princesa en un centro geriátrico y del Hospital Carlos III en un centro para enfermos crónicos, así como cierre de 3 centros de Urgencia del SUMMA 112.
          El argumento: la Sanidad pública no es rentable.
          Hay dos formas posibles de interpretar el manido eslógan "la Sanidad pública no es rentable": una de esas interpretaciones es falsa (o como mínimo absurda por obvia) y la otra es indignante. La primera de esas interpretaciones o bien es falsa, porque la Sanidad pública sí es rentable desde el punto de vista social, dado que produce el bien o el servicio que está destinada a producir, esto es, atención sanitaria universal y gratuita, o bien es absurda si debemos entender la rentabilidad en su sentido estricto, porque en ese caso la Sanidad pública no tiene por qué comportarse como un fondo de inversión, defender lo contrario sería tanto como decir que ir al cine no es rentable porque no produce renta alguna, ¿obvio no?. La interpretación que resulta indignante es la de que la Sanidad pública no es rentable... para algunos para quien sí podría serlo, pero en este caso disfrazar de defensa de un bien público la maniobra privatizadora, cuando en realidad se trata de generar un bien particular para aquellos que podrían enriquecerse con la gestión de hospitales y centros de salud, es peor que falso o absurdo, es de un cinismo intolerable.
          Así, el argumento de la rentablidad no es válido pero podemos pensar que quien habla de rentabilidad se está refiriendo en realidad a la sostenibilidad. Si es así, resulta entre gracioso e indignante que quienes han sido gestores públicos de la Sanidad durante años, en lugar de buscar culpables del déficit de la Seguridad Social en su gestión, los busquen en la existencia misma de gestión pública. Viene a ser como si yo decido montar un supermercado, lo llevo a la quiebra o al menos a una situación en que ya me es imposible cubrir siquiera los gastos, y culpo por ello al negocio mismo de los supermercados. ¡Los supermercados no son rentables, el sistema es insostenible!
          El consejero Fernández-Lasquetty (en una entrevista que tiene un buen contrapunto en este artículo de David Trueba) culpa a la "rigidez" de la gestión pública de su fracaso como gestor, y él mismo es capaz de hacer la deducción obvia de que si el problema de la sostenibilidad descansa en dicha rigidez, entonces lo necesario sería una "reforma de la función pública". Parece que la acción que se derivaría de este razonamiento sería llevar a cabo dicha reforma, pero no, en el mismo párrafo el consejero dice que "eso es otra cuestión". Pues vaya, juraría que ha sido él quien ha traído a colación dicha cuestión, se ve que en realidad lo que quería decir es: yo no soy culpable del déficit de la Sanidad pública, sino los trabajadores de la Sanidad pública, pero me da pereza meterlos en cintura así que renuncio a mi obligación como gestor y que se ocupe un profesional. En el fondo el consejero está contratando a alguien que haga bien el trabajo que él ha demostrado sobradamente no saber hacer: soy incompetente, busquemos a alguien que no lo sea (pero a mí manténganme en mi puesto y con mi sueldo, oiga). ¿Pero por qué habría de ser más competente un gestor privado? ¿No hay acaso empresas privadas que se arruinan, es lo privado una vacuna contra el fracaso? Supongo que sabrán que en el año 2011 el coste por cama en el Hospital de Valdemoro (privado) fue de 374.000 € mientras que el del Hospital Clínico (público) fue de 337.564 €. Existen varios contraejemplos de la afirmación de que la gestión privada es más eficiente que la pública, conque dejemos de considerar sinónimos "privado" y "eficiente".
           Y si lo que se persigue es eficiencia... no es necesario privatizar la gestión, porque el gestor tendrá un doble objetivo: el que le impone la autoridad pública titular de la Sanidad, esto es, que siga prestando el mismo servicio de forma sostenible, y el fin particular de obtener beneficios. Si este doble objetivo es alcanzable mediante un gestor privado, ¿por qué uno menos ambicioso que incluye tan solo la primera parte no sería alcanzable por un gestor público? ¿Tan mediocres son nuestros gestores actuales, esto es, los mismos que pretenden privatizar la gestión? Si es posible que un hospital sea rentable, sea negocio, ¿por qué es en cambio imposible que no sea altamente deficitario solo por el hecho de ser público? ¿Tan atadas tiene las manos la administración, acaso no se han rebajado ya los salarios de los trabajadores de los centros públicos, no se ha "externalizado" ya gran parte de sus servicios, no se ha aumentado la jornada laboral? ¿Dónde descansa la falta de eficiencia? ¿No supone admitir una incapacidad rayana lo cutre no ser capaz de lograr por uno mismo esa eficiencia?
          Aunque soy profesor de filosofía el mundo sanitario no me es completamente ajeno, mi padre era un pediatra brillante, también mi madre aunque ejerció poco, y vivo con una enfermera. Solo por ello conozco algunos de los problemas del sistema sanitario y algunas de sus soluciones, que no pasan por privatizar la gestión de hospitales y centros de salud. Si algunos facultativos abandonan antes de tiempo su puesto de trabajo para atender en una clínica o en su consulta privada, ¿no sería una buena medida crear un auténtico regimen de incompatibilidades o sencillamente obligar a fichar al personal sanitario como ocurre en otras tantas profesiones? Si las listas de espera en las consultas externas se eternizan entre otras razones porque se empieza a citar a los pacientes a una hora pero se comienza a atenderlos mucho más tarde, ¿no sería más razonable retrasar las primeras citas (caso de que la sesión clínica previa se alargue por sistema y de forma justificada) o adelantar la atención del facultativo? En un párrafo improviso estas medidas (que podrían no gustar a muchos profesionales de la Sanidad pública, cierto), ¿un consejero cuya única función es gestionar la Sanidad, no es capaz de idear otras que no pasen por renunciar a su gestión? Eso ya no es incompetencia, es dejación de funciones, es abandono del puesto de trabajo, es huelga salvaje.
          Por otra parte, es también gracioso que aún con el cambio de gobierno las CCAA gobernadas por el Partido Popular sigan jugando a tirarle la pelota de sus problemas al gobierno central. No se puede defender, como hace Fernández-Lasquetty en la entrevista citada más arriba, que no es una opción no hacer nada porque eso fue lo que hizo Zapatero, pero lamentarse de que es el gobierno central el que obliga a hacer algo imponiendo un límite al déficit. O bien es algo que se debe hacer porque es lo razonable, o bien es una imposición arbitraria, o el gobierno de la Comunidad lo hace voluntariamente o contra su voluntad, no vale decir ambas cosas simultáneamente (a menos, claro está, que el consejero haya renunciado ya incluso al principio de no contradicción, esto es, a la razón misma, cosa que no me extraña porque ese suele ser el resultado de los prejuicios ideológicos, del sectarismo).
          Pero como en otras entradas voy a partir de los principios que dicen defender quienes sostienen una postura distinta de la mía (porque creo que de hecho el problema no son sus principios, sino la lectura que de ellos hacen). No escribo para convencer a los convencidos, ¿qué necesidad hay de eso?, sino para tratar de dar contraargumentos frente a aquellos que sostienen la opinión contraria a la mía. Y el caso es que quienes defienden la privatización de la gestión de centros de salud y hospitales (en su jerga, "externalización") se dicen liberales. El liberalismo se caracteriza por evitar argumentos utlitaristas o consecuencialistas (como los de estados comunistas o teocráticos en que el Estado habría de garantizar la felicidad de su ciudadanos creándola él mismo atendiendo a una determinada concepción del bien que se impondría a la población, incluso contra ella, por su propio bien). El Estado liberal ha de ser independiente de concepciones particulares del bien, éstas pertenecen a los ciudadanos, el Estado ha de ser un árbitro imparcial, eso sí, dentro de un cierto marco: los derechos de los ciudadanos. Respecto a estos no cabe imparcialidad ninguna, el Estado ha de salvoguardarlos sin excusas. Así, la obligación del Estado respecto a estos derechos no es la de proteger a la mayoría de sus ciudadanos, sino a la totalidad de sus ciudadanos. Como bien señalaba Aristóteles, el bien de la mayoría no es el bien común, es el bien particular de la mayor parte de la sociedad, el bien común es aquello que es bueno para el todo, no para la mayor porción. Hay cuestiones en que el Estado ha de satisfacer a la mayoría, pero en asuntos de derechos, en una democracia liberal (por lo menos en un liberalismo de corte rawlsiano), estos han de ser garantizados para todos los ciudadanos sin discusión. Una autovía que una grandes núcleos urbanos tal vez perjudicará a pequeñas poblaciones, pero beneficia a la mayoría, y este criterio de utilidad es válido en cuestiones que no implican derechos básicos. Pero suponiendo que esclavizar a los rubios supusiera un bien para la mayoría de españoles, en este caso no podría someterse el bien de una minoría al de la mayoría, porque en cuestiones de derechos (en este caso el derecho a la libertad) el bien común consiste en la isonomía, en la igualdad ante la ley, de tal forma que en los derechos no puede haber excepciones.
          Bien, por todo ello es inútil el argumento de las encuestas de satisfacción respecto a hospitales o centros de salud de gestión privada, porque aunque el 99% de la población estuviera satisfecha, si esa persona que representara el 1% no estuviera satisfecha por el hecho de que no fue atendida sería suficiente, pues se habría violado su derecho a recibir atención sanitaria, su derecho a la Salud. Esto es, los datos estadísticos no son relevantes para decidir el modelo sanitario si no se adjunta a ellos la explicación por la cual cada una de las personas que en la encuesta dice no estar satisfecha no lo está. Si hay enfermedades que no se tratan (existiendo un tratamiento para ellas) porque su prevalencia entre la población es mínima o porque su tratamiento es muy costoso, y entonces la minoría de ciudadanos a los que se le diagnostica esa enfermedad no es tratada, en ese caso la Sanidad ya no está siendo universal, y con solo esa excepción ya cabe rechazar el modelo propuesto. ¿Es esto un argumento en contra de la gestión privada de hospitales y centros de salud? No, es tan solo la prueba de que las encuestas de satisfacción NO son un argumento válido sino falaz (concretamente se trataría de lo que en lógica informal se conoce por "falacia democrática", que no significa que la democracia sea mala o incorrecta, sino que la cantidad de personas que defienden una opinión no implica necesariamente la verdad de dicha opinión, la verdad de una creencia tiene que ver con la correspondencia con los hechos o con la coherencia de dicha creencia, no con ser una creencia mayoritaria, ¿o es que la Tierra estaba inmóvil en el siglo XIII?). Así que dejen de contar como argumento con las encuestas de satisfacción de los pacientes de hospitales de gestión privada o rastreen una a una las causas de la insatisfacción de cada uno de los pacientes que dicen no estar satisfechos.
          Yo, con lo que estoy marcadamente insatisfecho es con la gestión de lo público del gobierno de la Comunidad de Madrid, indignado con contradicciones tales como que somos una de las comunidades con menos déficit pero a la que ese déficit tan excusable lleva a tomar las medidas más drásticas, y claramente sublevado contra la impunidad con que el Partido Popular se presenta a las elecciones con un programa que luego incumple sin pudor. Si no me creen les desafío a que encuentren en el último programa electoral la más mínima mención siquiera a la "externalización" de la gestión de hospitales y centros de salud.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Así no, así tampoco

          Ayer, como tantos otros ciudadanos hice huelga. Dejé de ganar el sueldo de un día (pérdida que se añadirá a los recortes que viene sufriendo mi nómina) para protestar por las políticas económicas del gobierno. ¿Por qué? Reconozco que lo hice con una fe insuficiente en los objetivos que animaban la huelga y en quien la convocaba. Creo que las huelgas son útiles como medida de presión contra un patrón que cederá ante las pérdidas de su empresa, o incluso contra la Administración cuando un paro continuado en sus servicios daña la imagen de quien detenta el poder hasta el punto de hacerle cejar en alguna de sus políticas. Ninguno de esos casos era el de ayer. Tampoco me inspiran simpatía los principales sindicatos que convocaban el paro, que no tienen las manos limpias respecto al mal que estamos sufriendo pues, por ejemplo, no dudaron en colocar a sus consejeros en cajas de ahorro que desahucian a ciudadanos arruinados, entre otras cosas por la mala gestión de dichas cajas de ahorros.
          ¿Por qué hacer huelga entonces? Por solidaridad y por desesperación. Por solidaridad con compañeros de la lucha que lleva teniendo lugar desde el 15 de Mayo de 2011 por hacer de este país una democracia mejor, muchos de ellos sí creen en la huelga como motor del cambio, y yo creo que cualquier acción revindicativa, si no es masiva, no surtirá ningún efecto, así que decidí sumarme a esa masa. Por desesperación porque aunque mi sabiduría práctica me dice que este no es el mejor medio para alcanzar los fines que se persiguen pero... ¡es prácticamente el único medio que tienen los ciudadanos en esta democracia tan limitada para intentar hacer valer su opinión más allá del voto! El daño que nos están haciendo es muy grande, así que no pienso dejar de disparar ni un solo cartucho, por muy estropeado que esté el que me quede.
          Además de todo esto, sí tengo muy claro del lado de quién no quiero estar: de este Gobierno que miente para llegar al poder e incumple sistemáticamente su programa, que defiende que la ley es igual para todos a la hora de desahuciar familias pero parece olvidarlo cuando se trata de perseguir el fraude fiscal de las grandes fortunas, que olvida que el fracaso de gestión que nos ha llevado a esta situación también es el suyo porque ha arruinado varias comunidades autónomas y que cuando se recrudecen las protestas no duda en ordenar a una policía que es de los ciudadanos en reprimir la voz de estos a ver si nos callamos de una vez.
          Pero no ponerme del lado del Gobierno, solidarizarme con los trabajadores haciendo huelga no significa que la parafernalia y metodología huelguista me guste, porque de hecho no me gusta nada. Todo esto traté de expresarlo muy condensadito con la siguiente foto que compartí en facebook:
          Empleé esta foto como muestra de rechazo a cualquier forma de violencia, pero las críticas de una amiga (gracias Inés) me han hecho ver que además la foto podría sugerir que la violencia física sufrida por un chico de 13 años de manos de la policía es igual a la psicológica sufrida por trabajadores adultos de manos de los piquetes, y en absoluto es así. De hecho me parece que es tan obvio que en absoluto es así que por eso no se me llegó a ocurrir que la imagen pudiera sugerirlo (salvo en mentes como la de Francisco Marhuenda o Hermann Tertsch y demás infaustos palmeros del régimen, manipuladores y mentirosos).
          Por ello ya no compartiría esta foto, porque me parece que deforma la realidad estableciendo un paralelismo entre dos formas de violencia que merecen mi rechazo por el simple hecho de serlo, pero que no son equivalentes. Lo que no me vale son las otras razones que me dio mi amiga para no publicar esta foto: que las imágenes de la derecha son pura propaganda y no reflejan la realidad, que la violencia que aparece en ellas es contra objetos y no contra personas y que esa violencia se ejerce en aras del bien común lo cual debería ser como mínimo un atenuante. Y ahora explicaré por qué, pero lo primero es lo primero:
          Realmente hay que estar muy cegado por la ideología para no sentir náuseas al ver estas imágenes. Nada justifica la actuación del policía porque de hecho nada podría justificarla y es repugnante volcar la responsabilidad moral de la agresión en los padres de la víctima: el responsable es quien agrede (y no "de los padres, que las visten como putas").
          Ahora, ¿decir lo anterior debería inhabilitarme para criticar cualquier otro tipo de violencia que sea de signo contrario o de menor intensidad? ¿Por qué?
          Las imágenes del taxi grafiteado o del supermecado asaltado no son propaganda, son imágenes que reflejan la realidad, cuyo uso, eso sí, puede ser propagandístico. Si son dos accidentes absolutamente aislados y se hacen pasar como la norma se estará haciendo un uso fraudulento de las imágenes, pero no es eso lo que yo pretendía, sino dar una prueba contrastable de una realidad que todos sabemos que existe: la intimidación de los piquetes. Y desde este punto de vista sí tiene sentido adjuntar estas imágenes a la del menor agredido, si el uso de una es propagandístico por centrarse en un caso aislado que no refleja el conjunto, también lo será el uso de la otra, ya que están empleadas conjuntamente. Conque no, señalan hechos: existe la violencia policial injustificada y existe la violencia por parte de los piquetes (y no me vale el "pues yo he estado en muchos piquetes y nunca he visto eso", porque ver, lo que se dice ver, la agresión al menor si no fuera por los medios tampoco la habría visto nadie más que los presentes).
          Viene entonces el siguiente argumento: vale, algunos piquetes harán uso de la violencia, pero es violencia contra objetos y no contra personas. Falso, en el taxi habría un taxista y en el supermercado empleados. Hay diferentes formas de ejercer violencia sobre las personas, una de ellas es la agresión física, otra es la intimidación, que es el tipo de violencia que ejercen los piquetes mediante insultos o en ocasiones recurriendo a destrozar materiales. El fundamento mismo del piquete es la coacción, y esta se lleva a cabo mediante la intimidación: "yo de ti aparcaría el taxi o...". Vamos, que a mí ese lado mafioso de las huelgas en que se insta a "pagar por la protección" me parece lamentable y una vez más el hecho de que algunos empresarios coarten el derecho a la huelga no justifica que los piquetes coarten el derecho a no hacerla. La huelga debería ser un indicador del descontento de aquellos que la hacen, ¿y si no hay tantos ciudadanos descontentos como quieren los convocantes de la huelga, o los hay pero no quieren expresar su descontento mediante una huelga, quién es nadie para obligarles, por qué nadie debería tener la potestad de decidir que la decisión de otra persona no es legítima? ¿Cuál es la función de los piquetes, tratar de garantizar que la huelga sea un éxito aunque no lo sea? Pero entonces, ¿cómo podríamos fiarnos nunca de que el resultado de una huelga refleje realmente el sentir de la ciudadanía si se adultera ese resultado? Que la huelga sea obligatoria anula el sentido de la huelga. "Es para compensar por aquellos trabajadores que quieren hacer huelga y no pueden" se dirá, claro, se ha hecho una estimación de trabajadores cuya empresa no respeta sus derechos laborales y se trata de compensar, ¿no? Aporrear cierres, pegar pegatinas en escaparates, hacer pintadas, insultar es agredir a personas mediante la intimidación. ¿Es mucho peor que un policía le abra la cabeza a un chico de 13 años? Por supuesto, ¿y cuál es el nexo lógico entre esta afirmación y concluir que la violencia de los piquetes, por no ser física, es admisible o que no es violencia?
          Lo que ocurre, me temo, es que los piquetes y quienes los apoyan no perciben el daño que hacen, son insensibles a su propia violencia que no consideran tal, y no porque se realice contra objetos, sino porque el motor de su acción les impide ver la violencia concreta dado que tiene un carácter instrumental. "Estamos trabajando por un bien común", y eso parece ser excusa para pisotear el bien concreto de personas concretas. Pero el caso es que el gobierno también dice tomar las medidas que toma, aquellas contra las que se protesta en forma de huelga, en aras del bien común, y lo mismo hizo el gobierno anterior. Y yo el caso es que me voy cansando de la facilidad con que se putea a la gente en aras al bien común, y piensan y deciden por nosotros por nuestro propio bien. Porque el caso es que son muchos los que se oponen a la huelga considerando que no solo no hace bien ninguno al país, sino que dado que se deja de producir y cuesta dinero, y aparentemente daría mala imagen en el exterior, más bien le hace daño. Quienes defienden la huelga dirán entonces que es un mal necesario para lograr un bien ulterior, a saber: que el gobierno cambie su política. Pero considerar que este objetivo se va a lograr, y que va a lograrse mediante la huelga, me parece que es vivir en una realidad paralela (esto lo digo hoy, pero había que intentarlo), y que precisamente perseguir dicho objetivo haciendo uso de la intimidación no sobre el gobierno, sino sobre otros trabajadores o pequeños empresarios, no solo no acerca dicho objetivo sino que lo aleja. Y por eso me cabrean especialmente ciertas prácticas huelguísticas, porque yo me comprometo con ese mismo objetivo, y quienes emplean medios que la opinión pública rechaza y que atentan contra libertades individuales lo que están es entorpeciendo el camino hacia el bien común.
          Ya para acabar, la foto, el "así no, así tampoco" parece reflejar equidistancia, y por eso ya no lo compartiria, porque no es esa mi postura: yo hice huelga, yo me pongo de parte de unos y en contra de otros, no soy equidistante, pero no por eso voy a suscribir cuanto hagan mis compañeros de viaje.
         

sábado, 29 de septiembre de 2012

No hay ética

          No la hay en el Congreso, donde hasta sesenta y tres diputados cobran dietas por alojamiento pese a tener casa en Madrid. No la hay en los principales partidos políticos, cuyos miembros no dudan en mentir en sus campañas y programas electorales aludiendo herencias recibidas y realidades insospechadas (sin duda esa herencia explica que el PP no cumpla su promesa de hacer un Bachillerato de tres años). No la hay en los ayuntamientos, cuyos alcaldes y concejales deciden sobre su propio sueldo sin otro criterio que su voluntad. No la hay en las comunidades autónomas, que aprovechándose de su control sobre los consejos de las cajas de ahorros se autoconcedieron créditos para infraestructuras inviables que terminaron arruinando tanto a cajas como a autonomías.
          No hay ética entre nuestros gobernantes, ¿por qué iba a haberla en la Escuela? Suprimamos la asignatura de Ética tal y como hace la última propuesta de reforma educativa, así por fin la catadura moral de los ciudadanos de a pie terminará equiparándose a la de políticos como el Ministro de Educación. La ética es seriamente perjudicial para el enriquecimiento personal de algunos políticos, condena la impunidad que ampara la corrupción, y se opone al nepotismo, el cinismo y la hipocresía. La reflexión ética crea ciudadanos autónomos y al poder le interesan súbditos autómatas.
 
          El actual gobierno se había comprometido a suprimir la asignatura de Educación para la Ciudadanía, en lugar de eso ha preferido purgarla de contenidos polémicos y rebautizarla como Educación Cívica y Contitucional. El problema es que si a dicha asignatura se le sustraen los temas controvertidos pierde gran parte de su razón de ser, porque la función de dicha asignatura no es adoctrinar, como se pretende, sino enseñar a polemizar. Es una asignatura concebida no para eludir los problemas, sino para meterse en ellos. El alumno debería aprender a responder por sí mismo a sus propios dilemas éticos, pero si se eliminan las preguntas, los debates abiertos, ¿cómo aprenderá a responder? De ningún modo, sencillamente aprenderá de memoria las respuestas que hay que dar, pero no a justificar sus propias respuestas, que es lo que debería saber hacer un ciudadano autónomo, ese tipo de ciudadano que tanto parece incomodarle al poder político de nuestro país.
          Afortunadamente en la enseñanza obligatoria iba a quedar un islote filosófico en la asignatura de Ética pero parece que los filósofos actuales, por seguir aguijoneando con preguntas como "¿qué es la justicia?" o "¿qué es la democracia?", no vamos a correr mejor suerte de la que corriera Sócrates hace veinticinco siglos. Acusado de corromper a la juventud por exigirle a los ciudadanos atenienses que pusieran en duda sus ideas preconcebidas sobre el bien y la verdad, fue condenado a muerte, como muerta queda la asignatura de Ética en la última reforma educativa. ¿Cumple con ello el Partido Popular un punto de su programa electoral? No, pero seguramente cumple con sus más bajas pasiones: eliminar al ciudadano molesto, ése que es crítico, libre.
          Porque ése y no otro es el objetivo de la asignatura de Ética: hacer ciudadanos libres. Ciudadanos capaces de someter su sistema de valores al juicio de la razón, dispuestos a justificar sus principios y demandar de los demás que justifiquen los suyos lejos de prejuicios y supersticiones. Enseñar a pensar, jamás amaestrar, formar personas dueñas de sí mismas para que precisamente no puedan ser títeres de otras, para que sean menos sugestionables, menos proclives al adoctrinamiento. La autonomía del ser humano es algo incontenible haya o no asignatura de Ética, pero existen sociedades abiertas donde el objetivo es fomentar esa autonomía y sociedades cerradas en que se reprime, y aquí está en juego qué tipo de sociedad queremos ser. De momento, sin que la Ética pueda servir de contrapeso a las falacias y banalidades presentes en los únicos ejercicios de "diálogo" público a que tienen acceso, las tertulias de los medios, nuestros alumnos estarán condenados al relativismo subjetivista y ramplón que preside dichas tertulias en que cualquier opinión vale porque según parece todas, estén justificadas o no, basadas en hechos o no, sean coherentes o no, todas deben ser respetadas. En clase de Ética los alumnos aprenderían (y de momento aprenden todavía) a defender sus opiniones y a discutir las ajenas, pero también a modificar las propias y asumir puntos de vista distintos al que tenían previamente, porque en clase de Ética se les forma en el arte de dar y pedir razones, y se les enseña que es precisamente esa posibilidad de dar y pedir razones la fuente de nuestra autonomía, de nuestra dignidad, y que esto, y no nuestras opiniones, es lo que nos hace a las personas merecedoras de respeto.
 
          Por todo esto no hay ética, no la hay en quien pretende sacar la Ética de la Escuela.
 
 
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