jueves, 8 de diciembre de 2016

"Feminazi" is not one of my words

          Durante una conferencia a la que asistí hace tiempo, Robert Brandom relató una anécdota del juicio a Oscar Wilde por sodomía e indecencia: defendiéndose de las preguntas del hostil interrogatorio de la fiscalía, que trataba de demostrar su exaltación de la obscenidad, Wilde habría respondido serenamente "'Obscenity' is not one of my words" ("'obscenidad' no es una de mis palabras'). Estas palabras de Wilde se emplean en ocasiones en discusiones filosóficas acerca del realismo moral pues implicarían que no existe un hecho o propiedad moral a los que refiera la palabra "obscenidad", y que por tanto la frase "x es obsceno" sería falsa. No creo que esa conclusión realista sea forzosamente correcta, pero no es mi intención discutir aquí acerca de metafísica de la moral, sino hacer mía la afortunada expresión de Wilde. Lo que el genial autor irlandés pretendía subrayar es que para poder pecar hay que ser creyente, no existe el pecado si no existe Dios. Seguirán existiendo las malas acciones, sí, pero hay muchas que desaparecerían de la lista, verbigracia, el sexo prematrimonial, la masturbación, no santificar las fiestas, la falta de recato...
          En los últimos tiempos se ha convertido en tendencia llamar al oprimido opresor, siempre que trate de resistir a la opresión. Todo oprimido que no sea manso es tachado de intolerante. Así, un renacido antisemitismo se disfraza de antisionismo, las víctimas del terrorismo son acusadas de intransigentes por no dorarle la píldora a quienes estuvieron en la cárcel precisamente por colaborar en conventirlas en víctimas y finalmente son las mujeres feministas quienes en realidad son la causa de la misoginia y el sexismo.
          Rosa Díez, por ejemplo, ha sido insultada y linchada, ha sido tratada de fascista e intolerante... precisamente por resistir a la opresión de un nacionalismo fascista e intolerante, del terrorismo etarra y el matonismo de sus socios políticos. Rosa Díez defendía la ilegalización de aquellas asociaciones que colaboraban en la sombra con el terrorismo, o que al menos se negaban a condenarlo (yo personalmente no estaba de acuerdo en esto), luego era intolerante... y lo que hacían aquellos que esos políticos tan tolerantes se negaban a condenar, el tiro en la nuca, en cambio era luchar contra la opresión. Quien emplea la palabra en el parlamento pidiendo que se haga justicia mediante la ley es intolerante, quien asesina o confraterniza con los asesinos es la víctima. Es para llorar, Rosa Díez era violenta por no doblar la cerviz como corresponde al buen oprimido.
          Recientemente han proliferado vídeos de youtubers famosos, artículos en periódicos y entradas de blogs contra el feminismo (a veces con pequeñas apostillas como "moderno" o "radical") y finalmente va imponiéndose el término "feminazismo" entre machirulos y no tan machirulos. ¡Genial! No habíamos conseguido convencer aún de que lo de "ni machista ni feminista, yo persigo la igualdad" es como decir "ni racista ni antiracista yo persigo la igualdad", y ya directamente se vincula el feminismo con el nazismo.
          "No todo el feminismo" dirán algunos, solo el radical. Traduzco: solo el que toca los huevos de verdad. Una vez más la ecuación descrita más arriba: la protesta y lucha enérgica contra la opresión es tildada de agresión, se quiere oprimidos dóciles, que para eso están oprimidos.
          El feminismo es un movimiento muy rico, y hay feministas de todos los colores (también algunos que defienden una ortodoxia con tendencia a excluir algunos colores, sí), igual que ecologistas, liberales... El feminismo admite el disenso más allá de unas ideas básicas (que he tratado de sintetizar de forma muy sencilla en mis entradas de "Feminismo para dummies" I, II y III), lo que un autoinvestido apóstol del feminismo diga o haga no es lo que el feminismo es, lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te haga no te lo hace el feminismo, ni aún cuando diga hacerlo o decirlo en nombre del feminismo. Y en cualquier caso lo que tu ex-mujer, tu madre, tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia te hagan no es nada comparado con lo que las ex-mujeres, las madres, las hijas, las hermanas, las amigas y las novias vienen sufriendo por el simple hecho de tener dos cromosomas X. Contra el sexismo no cabe la equidistancia, y luchar contra el machismo no es intransigencia de la misma forma que no lo es luchar contra cualquier otra forma de intolerancia. Es, por el contrario, un imperativo moral. Una vez entendido esto podremos discutir sobre el alcance de la dicotomía sexo/género (no sobre su probada existencia), sobre el uso o abuso de conceptos como "mansplaining" y el papel de los varones dentro del feminismo (tengo pendiente una entrada sobre esto), sobre el uso de lenguaje inclusivo (a la vista está que no soy partidario), sobre qué medidas y términos son más adecuados para combatir la violencia machista, sobre la discriminación positiva (en este caso sí soy partidario), sobre el alcance de las estructuras de la sociedad patriarcal (no sobre su probada existencia), sobre si la ley del aborto ha de ser de supuestos, de plazos o ha de defenderse el aborto libre, el alcance de la distinción público/privado...
          El feminismo es un movimiento que persigue la igualdad y además es una teoría viva, en evolución, con un rico y fecundo debate de ideas (de hecho yo tiendo a preferir hablar de "feminismos"). Por ello el término "feminazi" no refiere a realidad alguna, es tan solo una forma en que el opresor pretende dar la vuelta a la tortilla y aparecer como víctima. Volviendo a Wilde, pensemos en lo que el uso del término "obscenidad" implica: hay algo que tú haces que me escandaliza y ofende mi pudor, esto es, soy víctima de tus acciones... y eso lo dice el que va a encarcelar a alguien por su orientación sexual. Es lógico que Wilde no aceptara el uso de un término que lo condenaba por su sola existencia, pues habría supuesto aceptar que él, auténtica víctima de la opresión, ejercía una forma de violencia sutil que justificaría la represión a la que se veía sometido.  Yo no soy, como Wilde, como las mujeres, un oprimido, y con más razón por ello mismo solo puedo decir una cosa: "feminazi" is not one of my words.
          
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